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Vivir sin arrepentirse de nada

El último post del año lo dediqué a introducir los enormes aprendizajes que obtuvo Bronnie Ware después de dedicar más de 10 años de su vida a cuidar a enfermos terminales. Bronnie escribió el libro «Los 5 principales arrepentimientos de las personas moribundas» y se convirtió en un éxito de ventas mundial. Repasemos brevemente las 5 principales razones por las cuales los seres humanos nos arrepentimos, algo que aprendió Bronnie con muchos de sus clientes, con los que llegó a entablar relaciones muy profundas.

  1. No haber mantenido el contacto con los amigos auténticos.
  2. No mostrarnos tal y como somos y no expresar nuestros sentimientos a las personas importantes de nuestra vida.
  3. Dedicar demasiado tiempo y energía al trabajo.
  4. Vivir la vida que esperan los demás de nosotros, no la que realmente deseamos.
  5. No darnos el permiso de ser felices, no darnos cuenta de que es una elección de cada día.

Sobre los dos primeros, puedes leer el post «Las 5 decisiones más importantes de nuestra vida» que publiqué hace un mes. En este post me centraré en los otros 3 arrepentimientos, siempre dándole la vuelta con el fin de extraer la decisión clave que necesitamos tomar aquí y ahora, no dentro de un mes ni dentro de un año. Porque la vida no nos espera, lo seguimos comprobando casi cada día. El problema es que creemos que todos vamos a vivir hasta los 80 o 90 años, y por eso no vemos la urgencia de tomar determinadas decisiones con total compromiso. Hasta que un día ya es demasiado tarde, ya no hay tiempo, y de ahí viene terminar nuestra vida de forma muy triste, arrepintiéndonos de no haber tomado determinadas decisiones. Así que en base a los arrepentimientos, veamos las otras 3 decisiones cruciales de nuestra vida:

  1. Mantener un equilibrio entre el tiempo dedicado a tu trabajo y el tiempo dedicado a tu vida personal. Mucha gente dedica demasiado tiempo al trabajo, a intentar lograr una carrera profesional exitosa, a ganar más dinero, etc. Y no hay nada malo en ello, siempre que no estemos sacrificando otros aspectos importantes de nuestra vida. Está claro que el tiempo es limitado, sólo tenemos 1440 minutos al día incluyendo el tiempo para dormir. Y si dedicamos muchas horas al trabajo, estaremos quitándoselo a nuestro tiempo personal para descansar, para nuestras aficiones, para estar con nuestra familia o amigos. Una de las cosas más importantes que he aprendido en mi vida es que si te obsesionas demasiado con un ámbito de tu vida, tu vida se desequilibra, y eso empieza a generarte problemas y agujeros por donde se te va la energía, la motivación y la felicidad. Por eso, una gran decisión es poner límites a tu trabajo. Bronnie tuvo más de un cliente al que le apasionaba su trabajo y por eso se volcó totalmente en él, y aun así, se arrepintió al final de su vida porque su relación con las personas más queridas se había deteriorado para siempre. Así que el hecho de que te encante tu trabajo no justifica el hecho de que desequilibres el resto de áreas vitales.
  2. Vivir la vida que realmente quieres, y no la que esperan los demás o la sociedad de ti. Es evidente que la sociedad en la que crecemos tiene sus reglas y creencias de lo que es una persona exitosa y una persona fracasada. Desde niños se nos va introduciendo sutilmente una programación mental que tiene que ver con lo que se considera correcto y lo que no, lo que está bien y lo que está mal, lo que es verdad y lo que es mentira. Y por supuesto, nunca llegamos a cuestionarlo y eso conlleva vivir acorde con una serie de ideas preconcebidas que muchas veces nos encierran en una prisión que nos hace realmente infelices. Por eso, es necesario tomar la decisión de ser valientes y no dejarnos influenciar por los demás respecto a la vida que queremos vivir, lo que queremos estudiar, en lo que deseamos trabajar, etc. Porque esa es nuestra vida, y es nuestra única vida. Tenemos derecho a elegir cómo queremos vivir. Pero muchas personas querrán cambiarnos, querrán moldearnos con sus rígidas ideas y expectativas, querrán que vivamos la vida que consideran mejor o incluso la vida que no pudieron vivir. No lo olvides, sigue a tu corazón a la hora de tomar las decisiones vitales importantes de tu vida. Por supuesto, escucha todas las opiniones y perspectivas, pero luego eres tú quien tienes que decidir tu camino, nadie más (ni tus padres, ni tu pareja, ni tus amigos ni nadie).
  3. Elegir ser feliz aquí y ahora, darte el permiso de ser feliz hoy, porque es una elección diaria que todos podemos tomar. Es habitual escuchar a todo el mundo quejarse de prácticamente todo, y también juzgar y criticar a los demás. Parece que nunca estamos satisfechos. Cuando llueve nos quejamos porque es incómodo, y cuando no llueve nos preocupamos porque hay sequía. Y así con todo. Cuando conseguimos un objetivo, inmediatamente pensamos en el siguiente. Y solemos perdernos el momento presente porque, o bien estamos dándole vueltas amargamente a un acontecimiento del pasado que ya no se puede cambiar, o bien estamos preocupados por algo que podría suceder en el futuro pero que normalmente no llega a suceder. Todas estas tendencias provienen de nuestra mente limitada, que nos tortura constantemente con su tremenda negatividad y miedo, lo cual nos lleva a vivir una vida pobre y miserable, aunque tengamos sobrados motivos para sentirnos agradecidos y felices. Las personas antes de morir adquieren una sorprendente y repentina sabiduría, y se dan cuenta de este cotidiano amargor absurdo en el que está sumergido el ser humano. Por eso, es importante que tomes la decisión (porque sí, es una decisión personal) de ser feliz ahora mismo, no cuando tus hijos se independicen o tengan un trabajo estable, no cuando te jubiles, no cuando tengas más dinero, no cuando te hagan jefe ni cuando ganes la lotería. Date el permiso de ser feliz ahora mismo, elige la gratitud por las pequeñas cosas cotidianas hoy y cada día del resto de tu vida.

Vivir una vida plena y llegar al final de nuestra existencia sin arrepentirnos de nada es difícil aunque posible. Podemos aprovechar las lecciones que nos han dado las personas que han compartido su vulnerabilidad y sus arrepentimientos, para no repetir sus errores. Ese es su legado, y es nuestra responsabilidad aprovecharlo. Te invito a poner en práctica esta semana las 3 decisiones vitales de este post, con las siguientes preguntas:

  • ¿Dedicas demasiado tiempo a tu trabajo? ¿Te gustaría tener más tiempo para tus hijos, o para estar con tu pareja, o simplemente para cuidarte, para hacer más deporte o para tus aficiones? Entonces es momento de empezar a poner límites. Comienza a salir media hora antes de tu trabajo todos los días, y poco a poco ve adelantando la salida para ir dedicando más tiempo a otras facetas de tu vida. Trabaja para vivir, no vivas para trabajar. Aunque te encante tu trabajo.
  • ¿Estás trabajando en lo que realmente te apasiona? ¿Te gustaría formarte en una vieja pasión olvidada? Nunca es tarde, puedes empezar a vivir la vida que realmente quieres, no la que los demás te han impuesto sutilmente. Apúntate a un curso de una actividad que te motive (baile, teatro, coaching, pintura, etc.)
  • ¿Sueles perderte en preocupaciones por lo que pueda pasar en el futuro? ¿Te sientes irritable o con ansiedad en tu día a día? Una de las prácticas demostradas más efectivas para disfrutar más el momento presente es la meditación mindfulness. Ahora tienes una oportunidad única porque estás a tiempo de inscribirte al curso MBSR de mindfulness, ya que empezamos el 24 de enero y aún hay plazas (en el siguiente párrafo tienes un link con información detallada). Si te interesa, puedes apuntarte al webinar gratuito de presentación del curso el 17 de enero a las 19 h. escribiendo un e-mail a carmen.celemin@execoach.es

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

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Las 5 decisiones más importantes de tu vida

Bronnie Ware tenía una pasión: la música. Quería dedicar su vida a componer canciones e interpretarlas para su público. Pero en su camino se topó algo que transformó completamente su vida y la hizo famosa en todo el mundo. Como su carrera musical no acababa de arrancar y necesitaba dinero para sobrevivir, decidió aceptar un trabajo como cuidadora de una persona mayor, y como la agencia se quedó muy satisfecha con su trabajo, la empezaron a llamar de manera continua para trabajar de cuidadora de numerosas personas mayores que tenían una alta dependencia y a las que les quedaba poco tiempo de vida. Y poco a poco fue especializándose cada vez más, hasta que dedicó más de diez años de su vida a cuidados paliativos.

Como decía, esta experiencia cambió totalmente su perspectiva de la vida, la transformó como ser humano y la hizo famosa, ya que empezó a compartir en su blog personal todos los aprendizajes y lecciones que recibió de las personas moribundas. El blog recibió millones de visitas hasta que decidió publicar un libro autobiográfico donde se centró especialmente en los años que dedicó su vida a cuidar a las personas que estaban a punto de morir y las lecciones vitales esenciales que había aprendido de ellas. El libro «The top 5 regrets of the dying» (Los 5 principales arrepentimientos de las personas moribundas) se convirtió en un best-seller mundial.

Hace poco terminé de leerlo y el libro es impresionante. Creo que todo el mundo debería leerlo para poder vivir una vida más plena y satisfactoria, porque tal y como le sucedió a la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, que también dedicó su vida a atender psicológicamente a enfermos terminales, las lecciones más importantes de su vida las aprendió directamente de las personas que estaban a punto de morir.

Aunque resulte paradójico, parece que cuando vemos inminente nuestra muerte accedemos a una conciencia profunda de lo que realmente es importante, una sabiduría que sin duda existe dentro de nosotros pero a la que, por algún motivo extraño, nos cuesta mucho acceder en nuestra vida, llena de estrés, inconsciencia y falsas expectativas, en la que ponemos el foco en aspectos superficiales y materiales que creemos que nos van a dar la felicidad y sin embargo nos la arrebatan. Si en esos momentos finales de nuestra vida nos damos cuenta de que no hemos honrado y dedicado tiempo a esos aspectos importantes de la vida, surgen los lamentos y arrepentimientos, que son profundamente dolorosos y no permiten a las personas morir en paz.

Basándome en los 5 principales arrepentimientos de los seres humanos antes de morir del libro de Bronnie, hay 5 decisiones vitales que necesitamos tomar para evitar el dolor de lamentarlo cuando ya sea tarde. Y necesitamos tomar dichas decisiones hoy, aquí y ahora, no mañana o el próximo mes o dentro de dos años. Porque como dice Bronnie, la vida no nos espera. Pensamos erróneamente que vamos a vivir muchos años, al menos hasta los 80 o 90 años, y seguramente algunos de nosotros viviremos muchos menos años, o incluso puede que dentro de un mes hayamos dejado de existir (una verdad que hemos comprobado dolorosamente a causa de la pandemia del coronavirus). Y para entonces ya será tarde. Así que la decisión es ahora.

En este post voy a detallar sólo 2 de las 5 decisiones esenciales, para no extenderme demasiado, y abordaré las otras 3 decisiones vitales en el post de enero. Vamos con las dos primeras decisiones:

  1. Mantener el contacto con tus amigos auténticos. A medida que van pasando los años solemos descuidar las relaciones personales importantes, es decir, los amigos de verdad. Y al final de la vida nos sentimos solos, arrepintiéndonos de no haber dedicado tiempo y compromiso a mantener nuestras amistades. Bronnie hace una reflexión para mí esencial: no se trata de mantener las muchas relaciones que todos tenemos con conocidos a los que llamamos erróneamente amigos. Esas relaciones nos aportan poco, simplemente socializar y divertirnos un rato, pero no son auténticos amigos. A lo que se refieren los enfermos terminales es a cuidar y mantener unas pocas amistades que son las verdaderas, con esas personas con las que tenemos conversaciones auténticas, a las que mostramos nuestra vulnerabilidad, amigos que estarían dispuestos a acudir inmediatamente en caso de que les pidiéramos ayuda o apoyo. Piensa en cuantos amigos de esa clase tienes. Seguramente se pueden contar con los dedos de una mano o como mucho con las dos manos. Si piensas que tienes 50 o 100 amigos auténticos, te estás engañando y tienes una idea de la amistad bastante errónea y superficial.
  2. Mostrar tu auténtico yo y expresar tus sentimientos a las personas importantes. Otro arrepentimiento muy habitual en las personas antes de marcharse de este mundo es que no se han mostrado tal y como son a sus hijos, pareja o amigos. En ocasiones no les han demostrado su amor o sus sentimientos con una simple frase como «Te quiero» o «Estoy muy orgulloso de ti». El principal motivo es el miedo a sentirse vulnerables, a ser heridos al mostrarse tal y como son. Pero si queremos vivir una vida plena y no lamentarnos al final de nuestros días necesitamos ser valientes y vencer las barreras educacionales y sociales que nos impiden mostrarnos como somos, con nuestros defectos y virtudes, y expresar lo que sentimos, ya sea rabia, tristeza, miedo, orgullo o alegría. Debemos quitarnos las máscaras con las que nos protegemos pero que finalmente nos impiden conectar profundamente con nuestros seres más queridos. Así que no lo dejes para mañana ni para una ocasión propicia. Recuerda, la vida no te espera. Empieza a expresar tus sentimientos y necesidades a las personas importantes de tu vida, comienza a mostrarte vulnerable, auténtico, humano. Tú, tal como eres. Diles lo mucho que les quieres a las personas más importantes (tu hijo, tu marido, tu esposa, tu madre, tu hermano…), no des por sentado que ya lo saben, porque no es así.

En el próximo post, que publicaré en enero, abordaré las otras 3 decisiones vitales fundamentales de nuestra vida, que son:

  1. Mantener un equilibrio entre el tiempo dedicado a tu trabajo y el tiempo dedicado a tu vida personal.
  2. Vivir la vida que realmente quieres, y no la que esperan los demás o la sociedad de ti.
  3. Elegir ser feliz aquí y ahora, darte el permiso de ser feliz hoy, porque es una elección diaria que todos podemos tomar.

Te espero en enero para compartir contigo en detalle en qué consisten estas 3 decisiones y cómo hacerlo. De momento, te animo a que tomes hoy mismo acciones relacionadas con las dos primeras decisiones, por ejemplo:

  • ¿Qué puedes hacer hoy para seguir conectado/a con algún amigo o amiga especial? Quizá una llamada telefónica para poneros al día, o directamente quedar con ella para un café.
  • ¿A qué persona importante de tu vida te gustaría mostrarte tal y como eres, sin máscaras, hoy mismo? ¿A quién querrías decirle lo mucho que la quieres o lo orgulloso/a que estás de ella?

La vida se va en un suspiro, y no podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo ya que la felicidad está esperándonos en cada momento, en cada rincón, en cada respiración.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Las emociones en la toma de decisiones

Todos necesitamos tomar muchas decisiones a lo largo de nuestra vida, tanto personales como profesionales. Y algunas de ellas son verdaderamente importantes o incluso pueden marcar nuestra vida de manera positiva o todo lo contrario. Por eso, es fundamental que demos la importancia que se merece al impacto de nuestras emociones en la toma de decisiones. Repasemos algunas de las emociones que afectan más a nuestras decisiones.

  • El miedo. Está claro que el miedo impide que tomemos muchas decisiones. Miedo al fracaso, miedo a sufrir, miedo al ridículo, miedo a ser rechazado socialmente. Estos miedos y otros muchos de los que no somos conscientes nos condicionan gravemente y evitan que avancemos hacia nuestras metas y sueños. Por ejemplo, el miedo al fracaso nos impide arriesgarnos y tomar la decisión que necesitamos, como dejar un trabajo desmotivante y lanzarnos a buscar un trabajo que realmente haga honor a nuestras fortalezas y pasiones. El miedo a la soledad puede tenernos esclavizados en una relación tóxica o simplemente que no nos aporta felicidad. Y el miedo a que nuestros hijos sufran puede hacer que tratemos de controlarlos demasiado y generarles estrés y una presión excesiva. También el miedo afecta negativamente a algunas decisiones financieras que tomamos, por ejemplo si vendemos unas acciones de la Bolsa cuando su valoración ha bajado (los expertos dicen que ese es el peor momento para vender porque perdemos dinero, así que nos aconsejan que esperemos a que vuelvan a subir para vender).
  • El enfado. Cuando estamos rabiosos o irritados por una situación frustrante o por una conducta de otra persona que nos ha enfadado, tomamos decisiones precipitadas de las que luego nos arrepentimos. Así como el miedo normalmente nos inhibe e impide tomar decisiones, el enfado tiene el efecto contrario, es decir nos hace tomar decisiones que no deberíamos, con el calentón. Estas decisiones normalmente nos hacen perder credibilidad ante los demás, deterioramos las relaciones tanto en el trabajo como en nuestra vida personal, nos hacen perder influencia hacia los demás y finalmente pueden provocar el aislamiento y la falta de confianza hacia nosotros.
  • La tristeza. Es una emoción que si no la dominamos puede llevarnos a la pasividad, a la apatía, y a no tomar decisiones necesarias para nuestro bienestar o para nuestra carrera profesional. La tristeza nos lleva a teñir el mundo de pesimismo y eso nos influye porque no hacemos nada por cambiar una situación difícil de la que necesitamos salir. Por ello, el efecto más habitual de la tristeza es inhibir nuestra capacidad para la toma de decisiones.
  • La alegría. Puede sorprenderte que la alegría pueda afectarnos negativamente en la toma de decisiones pero es así cuando no la modulamos o equilibramos su intensidad, como ocurre con cualquier otra emoción. Cuando estamos eufóricos y entusiasmados porque todo nos va sobre ruedas y hemos tenido una sucesión de éxitos o experiencias positivas, tendemos a tomar decisiones poco reflexionadas, sin sopesar que las cosas tarde o temprano cambiarán. La alegría excesiva nos puede nublar el juicio, y convertirse en una venda en los ojos que nos impide ver las cosas con realismo y eso nos lleva a tomar malas decisiones que luego tienen consecuencias. Si volvemos a las decisiones financieras, la excesiva alegría o confianza puede perjudicar nuestra solvencia económica si invertimos en Bolsa cuando está en niveles muy altos y hay mucha euforia. Una vez más los expertos nos dicen que tomemos la decisión contraria a la que nos dicta la emoción: no comprar porque probablemente no suba mucho más o incluso empiece a perder valor.

Entonces ¿Qué es lo que debemos hacer con las emociones para poder tomar las decisiones más beneficiosas para nuestra vida? En primer lugar, es crucial permitirnos sentir todas estas emociones ya que son normales y muchas veces son totalmente necesarias. Si nos entrenamos en permanecer conectados con nuestras emociones, seremos más conscientes del efecto que pueden tener en nuestras decisiones. Además, a veces cualquiera de las emociones mencionadas puede ser necesaria precisamente para tomar la mejor decisión.

El miedo no siempre es negativo, no estoy de acuerdo con quien dice que debemos superar nuestros miedos porque son ficticios (es lo que dice el conocido ejecutivo de Google Mo Gawdat en su libro «El algoritmo de la felicidad»). No es verdad. Nunca dejaremos de tener miedos porque forma parte de nuestra esencia como seres humanos, y esto es bueno y necesario para la toma de decisiones. Si no tuviéramos miedo, también tomaríamos decisiones absurdas y precipitadas que nos generarían un elevado sufrimiento, así que olvídate de estos consejos ridículos de que podemos vivir y tomar decisiones sin tener miedo. Una cosa es evitar la parálisis que genera el miedo cuando no lo gestionamos, y otra cosa muy distinta es no escuchar la emoción del miedo cuando aparece en nuestro interior. Igual que la tristeza, la ansiedad, la rabia o la alegría, debemos permitir que emerjan nuestras emociones y escuchar el mensaje que quieren darnos, porque pueden ser muy útiles a la hora de tomar nuestras decisiones.

El segundo paso, después de escuchar y sentir nuestras emociones sin taparlas ni negarlas, es gestionar o regular las emociones, bajar su intensidad, con el fin de que no ciegue nuestra capacidad para el pensamiento crítico y en consecuencia no nos perjudique, ya sea tomando decisiones poco reflexionadas o bien evitando tomar decisiones que son necesarias. Así que la gestión de emociones es una competencia imprescindible si queremos tomar las mejores decisiones. Pero la autorregulación emocional no significa eliminar la emoción, sino bajar su intensidad para que podamos tomar el control de la situación, y decidir con acierto y con plena consciencia.

Las emociones (todas, sin excepción) son imprescindibles y es imposible eliminarlas. La forma más efectiva de que no nos afecten negativamente en la toma de decisiones es escucharlas y gestionarlas. Lo que sí debemos evitar es que controlen y dominen nuestras conductas y decisiones como si fuéramos marionetas. No hay nada más efectivo para esto que desarrollar la consciencia y la gestión emocional, y para ello la práctica de la meditación mindfulness es tremendamente eficaz porque aporta mucha claridad mental y equilibra nuestro estado emocional, precisamente el estado mental que necesitamos para que nuestras decisiones estén bien reflexionadas, libres de sesgos cognitivos y emocionales, y nos conduzcan a nuestros objetivos y nos eleven a los más altos niveles de felicidad y éxito.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Dejar de posponer decisiones difíciles

Hace poco, en un curso de liderazgo para una gran organización, algunos directivos se excusaban de no haber puesto en marcha acciones para mejorar su liderazgo con su equipo porque según ellos, «Ahora No es el momento». Otra justificación que ponían era que ahora estaban sobreviviendo entre urgencias y que cuando se normalizara y tranquilizara la situación, entonces abordarían esas metas y retos. La misma justificación, con las mismas cuatro palabras («Ahora no es el momento») la escuché hace dos meses de una directiva de otra empresa que quería parar su proceso de coaching hasta que todo volviera a la normalidad. Como estarás seguramente intuyendo, todo esto no son más que excusas para no afrontar decisiones incómodas o acciones difíciles que nos lleven a salir de nuestra zona de confort.

Desde que comenzó hace más de dos meses el estado de alarma por la crisis sanitaria del coronavirus, he visto cómo muchas personas ponían en suspenso sus objetivos vitales y profesionales, aplazaban sus decisiones difíciles y posponían sus intenciones de mejorar su liderazgo o cualquier otra habilidad importante. También he observado lamentablemente este parón en seco  a nivel empresarial. Muchas organizaciones han suspendido o pospuesto sus acciones formativas y de desarrollo para cuando la situación volviera a la normalidad. Quizá todos pensaban que la situación excepcional duraría quince días o un mes como máximo. Pero pronto iremos camino de los 3 meses y la situación ha cambiado bastante poco.

Afortunadamente, tengo que decir que también conozco personas, líderes y organizaciones que han tardado muy poco en adaptarse a las nuevas circunstancias y han continuado trabajando en sus planes y objetivos profesionales y empresariales, cambiando el chip rápidamente y aprovechando las oportunidades que ofrece la tecnología para continuar formándose y mejorando, lo que es digno de admiración.

La reflexión para las muchas personas y empresas que han pospuesto, congelado o aplazado sus objetivos y acciones de desarrollo es que han perdido, literalmente, dos meses y medio. Y si no despiertan, seguirán perdiendo semanas e incluso meses en los que podrían avanzar para mejorar su vida o su carrera profesional. Porque lo que estamos viendo claramente es que la normalidad que teníamos antes del 14 de marzo no va a volver en bastante tiempo, así que ¿Seguimos posponiendo las decisiones y acciones importantes de nuestra vida? ¿Para cuando?

La cruda realidad es que cuando las cosas vuelvan a la normalidad, sea cual sea el concepto de normalidad que usemos, las personas que procrastinan van a seguir encontrando excusas y justificaciones para no abordar sus proyectos difíciles o ambiciosos. Empezarán a decir que se tienen que poner al día después de tantos meses de confinamiento, teletrabajo y cambios organizativos. Y que en cuanto pongan orden a todo, entonces se pondrán a trabajar en sus metas y aspiraciones de ser un mejor líder, delegar más en su equipo, o ser un profesional más competente. Una excusa más. Nunca llegan a tomar esas decisiones y acciones que los llevarían a un nuevo nivel de desarrollo en sus vidas, o en sus carreras profesionales o empresariales.

Por tanto, si te has sentido identificado con este patrón procrastinador, es el momento de dejar de poner excusas, de aplazar tus objetivos. No hay otro momento, sólo este momento, aquí y ahora. Empieza hoy mismo a definir pequeñas acciones o decisiones para poner en marcha el motor. Ahora bien, no intentes abarcar demasiado ni marcarte acciones muy ambiciosas a corto plazo, porque es la estrategia perfecta para no hacer nada y volver al punto cero.

En su lugar, utiliza la estrategia japonesa Kaizen para implementar pequeños cambios, pequeñas y sencillas mejoras relacionadas con tu gran objetivo. De esta forma te aseguras de no fracasar en tus primeros intentos, al ser acciones muy fáciles y alcanzables, y de esta forma ir aumentando tu motivación y energía para seguir avanzando. Por ejemplo, si tu objetivo es mejorar tu comunicación y confianza con tu equipo, empieza a hablar menos y escuchar más en las reuniones que tengas esta semana. Sólo este cambio te traerá aprendizajes muy significativos, y sin darte cuenta estarás empezando a ser un mejor líder. O si tu objetivo es hacer un cambio importante y difícil en tu carrera profesional, puedes, como primer pequeño paso, pedir información y presupuesto a un coach para que te ayude a impulsar este cambio.

Los líderes y los ganadores no posponen las decisiones incómodas, no procrastinan las acciones que saben que les van a llevar a un nuevo nivel de desarrollo, y por supuesto, jamás ponen excusas infantiles para justificar que no están haciendo las cosas importantes. Aunque les produzca miedo o pereza, las personas exitosas no se dejan vencer por estas emociones. Simplemente ejecutan las acciones y decisiones difíciles sin esperar a que las cosas mejoren, a que la situación se normalice, o a dejar de tener urgencias en su trabajo.

¿Y tú? ¿Estás actualmente en el grupo de los perdedores que están aplazando o posponiendo? Sal inmediatamente de esa zona tóxica y empieza a afrontar tu vida.

Y si entre tus objetivos está el potenciar tu inteligencia emocional, un primer pequeño paso podría ser consultar la información de los próximos programas online que voy a impartir sobre inteligencia emocional y sobre mindfulness. A continuación tienes los enlaces de ambos cursos por si te lo quieres pensar. Pincha ahora y no lo pospongas para «otro momento» 😉

 

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Lista de cosas para dejar de hacer

Vivimos en un mundo de hacedores humanos. Nos pasamos el día haciendo mil cosas a toda velocidad, sin pararnos un momento a descansar, a tomar conciencia de qué estamos haciendo, de cómo lo estoy haciendo, o para qué. Como no nos da tiempo, caemos frecuentemente en la multitarea, que genera improductividad y una degradación de nuestra atención y concentración, y por tanto, un deterioro de la calidad de nuestro trabajo o ejecución de tareas. Además, esa actitud nos estresa y genera ansiedad, además de destruir lentamente nuestra autoestima y autoconfianza.

Es como una carrera sin fin, una huida hacia adelante de nuestro ser. Porque como dice la maestra Zen Ginny Whitelaw, autora del libro «El líder Zen», cuanto más estamos en el «hacer», menos estamos en el «ser».

¿Realmente son tan importantes las tareas y actividades a las que dedicamos nuestro valiosísimo tiempo diario? Desde luego que no. Al contrario, la mayoría de ellas son bastante superfluas, por no decir estúpidas. Derrochamos el tiempo con actividades que no nos aportan nada positivo. Y convenzámonos de una vez por todas: no hay tiempo para hacer todas las cosas que queremos. El tiempo es limitado, sólo tenemos 1440 minutos cada día, y no son recuperables.

Jim Collins, autor del excelente libro «Empresas que sobresalen», propone una idea genial: confeccionar una lista de cosas para dejar de hacer. La idea surgió porque uno de sus asesores le hizo la siguiente pregunta:

«Imagina que te han diagnosticado una enfermedad rara e incurable, y que sólo te quedan 10 años de vida. ¿Qué harías de otra manera? Y concretamente. ¿Qué dejarías de hacer?»

A Jim le pareció una idea asombrosa y poderosa, y desde entonces, todos los años redacta una lista de cosas para dejar de hacer. ¿No es genial? Todos necesitamos realizar este ejercicio de reflexión, porque la sociedad y nuestra educación nos llevan, sin darnos cuenta, a una vida basada en el hacer y el resultado final,  y no en el ser ni en el proceso. Por eso, es tan habitual que no nos permitamos ni cinco minutos de «no hacer nada», lo cual es tremendamente reparador y mentalmente muy sano.

Te sugiero, por tanto, que en primer lugar te imagines que vas a morir dentro de 10 años. Dijo Steve Jobs que «la muerte es el mejor invento de la vida», en su famoso discurso de Stanford. Y es verdad. Porque nos quita toda la tontería que llevamos encima, y nos proporciona la adecuada perspectiva darnos cuenta de la poca importancia que tienen las cientos de actividades y tareas que realizamos en el día. Nos da la perspectiva para vivir la vida con mayúsculas, aprovechando cada minuto con plenitud.

Con esa perspectiva de que tu tiempo es limitado (que es totalmente cierto), empezarás a discriminar, y a eliminar tareas poco importantes. Pero hay que atreverse. Porque los demás están acostumbrados a vernos en el modo multitarea, sin parar, sin descansar. Y de pronto van a desconfiar de un cambio tan profundo. Pero es cuestión de tiempo, de reeducar a los demás, incluso diría de influenciarles mediante el ejemplo personal. Algunas tareas clásicas de este listado de cosas para dejar de hacer podrían ser:

– Ir a reuniones de trabajo o compromisos sociales que no te aportan nada.
– Ver la TV por inercia, simplemente para no tener que pensar.
– Leer los 150 e-mails que recibes cada día. ¿Es realmente necesario? Un 80% de ellos no son importantes, recuérdalo.
– Hacer un montón de tareas que podrías delegar o simplemente, no hacer y no pasaría nada.
– Trabajar 10 o 12 horas diarias. ¿Para qué?
– Ir a hacer deporte a toda prisa, con estrés, para volver corriendo a la oficina.
– Comer un sandwich de máquina en 10 minutos para seguir trabajando y terminar todo lo pendiente.
– Y en casa, si quisiéramos, podríamos estar haciendo cosas las 24 horas: limpiar, ordenar, arreglar, recolocar, etc.

Si nos comprometemos con el listado de cosas para dejar de hacer, y vamos tachando tareas y cosas de la lista, nos daremos cuenta de que «no pasa nada», y nos reíremos cariñosamente de nosotros mismos, de nuestra ingenuidad (creer que todo era tan importante y crítico, qué estupidez!). Y sentiremos una claridad mental y una libertad hasta entonces desconocidas. Lo digo por experiencia propia.

Empieza a escribir tu listado personal. También lo puedes llamar el listado de tus escapes de energía, es decir, todo lo que haces y te quita energía en el día a día, tanto en tu trabajo como en tu vida personal. Jim Collins dice en su libro que desde que empezó a hacerlo, lo ha repetido cada año. Porque cada año cambian mucho las cosas, surgen nuevos desafíos y problemas, y debemos revisar y actualizar el listado. Siempre con el objetivo de asegurarnos de que estamos dedicando nuestro tiempo y energía a lo que realmente merece la pena, a lo que nos aporta algo valioso, a lo que contribuye a que vivamos una vida más plena y feliz. Y sobre todo, para conectar con nuestro Ser, del que nos hemos ido alejando desde hace muchos, muchos años. Y por eso hemos perdido nuestra motivación, nuestra energía y nuestra ilusión de antaño. La buena noticia es que tu Ser sigue ahí, esperándote a que dejes de empantanarte con miles de tareas inútiles que te alejan de ti mismo y de tu potencial.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Cómo tomar mejores decisiones

Este verano he leído el libro «Decídete o no» de los hermanos Dan y Chip Heath. Es un magnífico libro que pone nombre a muchas estrategias positivas y efectivas que todos hemos usado de forma intuitiva cuando tomamos decisiones importantes. Pero también nos abre la mente sobre los muchos errores que cometemos cuando nos planteamos una decisión. Esto, sin duda, me parece lo más valioso del libro.

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Los hermanos Heath nos hablan, por ejemplo, de la visión estrecha, uno de los principales enemigos de una buena decisión. La visión estrecha es la que proviene de nuestros patrones y creencias inconscientes, de nuestros juicios automáticos, de los recuerdos o experiencias que hemos tenido en nuestra vida pasada. Todo ello nos influye sin darnos cuenta a la hora de tomar una decisión, y en la mayoría de los casos nos condiciona gravemente. La visión estrecha nos limita porque impide una visión más panorámica y global.

Los autores lo explican muy bien de forma metafórica: es como cuando estamos en el teatro y un gran foco ilumina sólo al actor que está actuando. El resto es negro y oscuro para nosotros. No lo vemos. Pero eso no significa que no exista nada en ese espacio oscuro. La visión estrecha es creer que sólo existe lo que está siendo iluminado por el foco. Ampliar esa visión significa mover nuestro foco, para ver las zonas oscuras del escenario. O ampliar el foco para iluminar todo el escenario completo. Quizá descubramos que hay otros actores ahí esperando su momento de entrar a escena, quizá haya técnicos que están preparando en la oscuridad algún decorado.

Es interesante destacar que la visión estrecha es la que aparece cuando estamos en piloto automático, es decir, cuando hacemos las cosas sin conciencia, sin atención. Por tanto, el mindfulness, al potenciar nuestra conciencia y atención sobre nuestra conducta, pensamientos y emociones, es una herramienta poderosísima para combatir la visión estrecha, y por tanto, tomar mejores decisiones.

Un error clásico relacionado con la visión estrecha, y que todos cometemos cuando tomamos una decisión, es el plantearnos nuestras decisiones como dilemas entre A o B. Por ejemplo, ¿Debo aceptar esta oferta de trabajo o no? ¿Estudio un MBA o me apunto a clases de inglés? ¿Le digo a mi jefe que estoy enfadado con su comportamiento o no? El libro muestra estudios concienzudos donde se demuestra que la mayoría de las personas (incluso altos directivos empresariales) nos planteamos sólo 2 alternativas a la hora de tomar una decisión («sí o no», «A o B»…), cuando en realidad hay siempre más opciones que nos ayudarían a tomar la mejor decisión. Esta tendencia es la visión estrecha.

Las decisiones donde nos preguntamos «sí o no», «A o B» (es decir, sólo dos alternativas) suelen fracasar más a menudo. La clave es que no abrimos la mente para ver el bosque, además de los árboles. Una de las herramientas que proponen los autores es la de plantearnos estos dilemas con «y» en lugar de «o».

Por ejemplo, imagina que llevas trabajando en una empresa como empleado desde hace varios años, pero estás desmotivado y quieres dejar el trabajo para crear tu propio proyecto empresarial en una actividad muy distinta. Te gustaría hacerlo pero necesitas el dinero de tu trabajo actual. La pregunta clásica que nos haríamos sería: «¿Sigo trabajando aquí porque necesito el dinero o creo mi propio proyecto empresarial, que es lo que me motiva?». Fíjate que en esta pregunta te estarías planteando sólo dos opciones, que además son imposibles de compatibilizar. Hay dos necesidades esenciales (estabilidad económica y motivación) que se excluyen una a la otra, bajo el prisma de esta pregunta.

Pero ¿Y si nos planteamos la pregunta así: «¿Podría seguir trabajando en la empresa para seguir ahorrando, y al mismo tiempo ir creando mi proyecto empresarial?» Evidentemente, con esta segunda pregunta te darás cuenta de que hay más opciones que A o B, y además podrás cubrir dos necesidades esenciales al mismo tiempo, algo que te parecía imposible con el anterior planteamiento. De esta forma, saldrás del bloqueo y tomarás una decisión más fácilmente. Esta decisión, además, tendrá muchas más posibilidades de ser acertada que si nos la hubiéramos planteado con la disyuntiva del «o».

Así que cuando vayas a tomar una decisión importante, párate un momento (desconecta el piloto automático, que tiene muchísimo que ver con la visión estrecha) y plantéate dicha decisión en términos de «y» en lugar de «o». Amplía tus opciones y habrás dado un paso decisivo para que la decisión sea mucho más acertada.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Motivación: una elección diaria

La pasada semana impartí una conferencia sobre motivación para una audiencia de unos 80 emprendedores en Oviedo. Uno de los mensajes en los que más insistí fue la fuerza de las pequeñas elecciones que hacemos cada día.

Apenas nos damos cuenta, porque la mayoría del tiempo vamos en piloto automático, pero estamos constantemente haciendo microelecciones. Desde elecciones aparentemente banales como la ropa que decido ponerme, hasta elecciones más importantes como la actitud que decido adoptar ante los problemas. Elegimos con qué nos alimentamos cada día, con qué personas vamos a almorzar, qué hacemos cuando llegamos al trabajo, qué programas de televisión vemos, qué información leemos cada día en Internet, si me voy a hacer deporte o me quedo viendo tiendas, si me como un sándwich de máquina o decido tomarme mi tiempo para comer bien, con quién elijo pasar un rato de ocio y qué música elijo ponerme, si decido tomar un riesgo o permanezco en mi zona de confort.

Aunque nos parezca exagerado, dichas elecciones son la clave de nuestra vida y de nuestra motivación. Y la vamos construyendo momento tras momento, día tras día, semana tras semana. ¿Cómo puede estar motivada e ilusionada una persona que ve el telediario todos los días? ¿Qué impacto puede tener en nosotros ver una o dos horas de televisión basura todos los días? ¿Acaso es lo mismo pasar mucho tiempo con una persona positiva que con una negativa?

No estoy diciendo que no estemos informados, pero sí que dosifiquemos al máximo la información que recibimos. El problema es que estamos infoxicados. Recibimos demasiada información con un sesgo negativo y escabroso, que nos proporciona una imagen distorsionada del mundo. Tampoco creo que la televisión sea mala en sí misma, el problema es que de forma automática damos al interruptor y nos tragamos lo que salga de ella.

La clave de todo es ser verdaderamente consciente de qué estoy eligiendo ver, escuchar y hacer en cada momento de mi día. Y reconocer qué impacto tiene cada elección en mi motivación, que es mucho mayor de lo que nos imaginamos. Y a partir de ahí, cambiar lo que sea necesario en mis hábitos diarios para provocar un cambio positivo en mi estado emocional.

Te sugiero que a partir de hoy permanezcas muy atento a tus microelecciones sobre lo que ves, escuchas o haces. Quizá entonces hagas algunos cambios. Tal vez empieces a desconectar tu piloto automático y seas más consciente de lo que estás haciendo con tu vida. Y quizá, ojalá, decidas cambiar todo lo que te contamina, todo lo que te limita, todo lo que hunde tu estado de ánimo. Porque sin darnos cuenta, cada uno de nosotros estamos configurando nuestra realidad, para bien o para mal, a través de miles de pequeñas decisiones.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

Cómo identificar y poner foco en lo verdaderamente importante

Cada día compruebo cómo la mayoría de las personas dedican su atención, tiempo y energía a cosas poco importantes, banales, sin sentido. Y me pregunto ¿Por qué? Por más que lo pienso, me resulta una actitud totalmente irracional, por 4 motivos:

– No nos sentimos felices con esta forma de actuar.

– En el fondo, sabemos lo que es importante.

– En el fondo, también sabemos qué necesitamos cambiar.

– La vida es muy corta, somos mortales, y por tanto nuestro tiempo está limitado.

El problema es que solemos emplearnos en acciones que nos den satisfacción o rendimiento a corto plazo, o bien en acciones que sean fáciles o rápidas de realizar. Nos convencemos a nosotros mismos de que son cosas que “hay que hacer” y además, que es mejor quitárnoslas de encima para poder abordar después las cosas verdaderamente importantes de nuestra vida.

Sin embargo, qué paradoja, nos pasamos así semanas, meses, años de nuestra vida. Y con ese círculo vicioso nunca llegamos a emplear nuestra energía y tiempo en afrontar los retos realmente importantes. Y yo me pregunto: ¿Por qué, si son tan importantes esas decisiones o acciones pendientes,  las vamos aplazando o posponiendo una y otra vez?

Los objetivos y actividades importantes son difíciles, complejos, requieren que yo cambie determinadas actitudes o juicios que tengo, o requieren de mí un esfuerzo especial, y como ya estoy cansado de hacer las millones de tareas inútiles y absurdas del día a día, no me quedan fuerzas para afrontar lo importante. ¿Te suena?

El otro motivo de que no hayas cogido el toro por los cuernos aún es porque hagas lo que hagas ahora, no vas a recibir rendimiento o beneficios hoy, ni mañana, ni probablemente el próximo mes. Lo más seguro es que, si es una acción importante, te proporcione beneficios o satisfacción en un medio o largo plazo, rara vez a corto plazo. De hecho, cuanto más a largo plazo sea el beneficio, más importante es esa tarea o acción.

Por último, los grandes logros sólo se alcanzan repitiendo una y otra vez una acción, decisión o conducta. No se puede alcanzar la cima de una montaña dando el primer paso, por muy grande que haya sido dicho paso.

Así que las 3 claves para identificar lo realmente importante de tu vida, esas acciones, tareas o actividades a las que debes dedicar tu energía y tiempo, son:

– Las actividades o tareas que te van a proporcionar un beneficio en el largo plazo.

– Las tareas o acciones difíciles, que requieren esfuerzo o cambios en tu forma de pensar o actuar.

– Las tareas o actividades que necesitan realizarse repetidas veces, de forma regular, durante un tiempo largo para lograr resultados.

Si analizas estas 3 claves, te darás cuenta de que hay muy pocas cosas verdaderamente importantes en tu vida. Tal vez dos o tres retos, metas o actividades, a las que poner foco y energía. Si identificas muchas, entonces te estás equivocando, y vas a entrar en el síndrome del “Todo es importante y urgente”. No te engañes, simplifica y quítate de encima la basura, y pon el foco en lo realmente importante. Tu vida dará un cambio radical en muy poco tiempo.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com