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¿Por qué debes escribir tus objetivos?

Observo cada día en mi vida personal y en mi trabajo cómo muchas personas están bloqueadas por el estrés y sus problemas cotidianos, cómo se sienten paralizadas para tomar decisiones importantes, y cómo se resignan a vivir una vida por debajo de su potencial. Y me produce tristeza y frustración, lo confieso. Por eso me dedico profesionalmente al coaching y al desarrollo personal, porque sé cómo ayudar a estas personas a salir de dichos bloqueos. Sencillamente porque yo mismo he estado inmerso en ese estado de confusión y resignación durante muchos momentos de mi vida, hasta que descubrí las herramientas para salir de forma efectiva.

Sin embargo, lo primero que tiene que suceder para que una persona comience a liberar su estrés, su confusión y su bloqueo emocional es querer trabajar en ello. Es como si una persona con sobrepeso se quejara amargamente de su peso pero no hiciera nada para bajarlo. Hay muchísima información en Internet y en las redes sobre qué podemos hacer, tanto en el caso del sobrepeso como en el caso de sentirnos desvalidos y confusos emocionalmente ante los retos y pruebas que nos pone la vida. Entonces ¿Por qué tanta gente se siente infeliz y deprimida? En mi experiencia, porque no está dispuesta a hacer el trabajo interno necesario. Y sin duda, es un trabajo personal muy importante.

En un proceso de coaching lo primero que preguntamos a nuestros clientes es ¿Qué objetivo quieres lograr en el proceso de coaching? Esta pregunta aparentemente sencilla es tremendamente difícil para muchas personas, que no saben realmente lo que quieren. Ya de por sí es clave que se hagan esta pregunta, porque les obliga a planteárselo y reflexionar sobre ello. Además, aunque sea inconscientemente, la pregunta obliga a su cerebro a hacer un potente cambio de chip: enfocarse en metas y no en problemas. Y esto tiene una consecuencia inmediata: surge la motivación.

Una vez que las personas comienzan a pensar en objetivos y no en problemas, las emociones comienzan a cambiar. Empiezan a ver posible un auténtico giro, antes inimaginable. Y el foco ya no está en las quejas y el victimismo, sino en ser creativos para resolver cómo pueden alcanzar dichos objetivos. El bloqueo y la parálisis comienzan a desvanecerse, y en su lugar aparece una sensación de poder y de motivación, porque comienzan a conectar con su enorme potencial. Es increíble lo mágico que es y lo poco que las personas lo llevan a la práctica.

Pero hay un aspecto clave en la definición de objetivos, y que he comprobado no sólo en mi propia experiencia a la hora de marcarme mis metas durante años, sino en mis clientes de coaching. Se trata de escribir los objetivos. ¿Por qué hay que escribir los objetivos? Los beneficios son varios:

  • Aumentan la claridad y la concreción. Cuando tenemos en la cabeza nuestras metas, no son específicas sino vagas y difusas. Necesitamos escribirlas en un papel para poder aterrizarlas y así tener más claridad y compromiso.
  • Aumentan tu compromiso con tus objetivos. Sin duda, cuando hemos escrito los objetivos, nuestro compromiso es mucho más alto. Estamos asumiendo la responsabilidad de nuestra vida en lugar de culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros males. Esto sucede no sólo por estar físicamente registrados en un lugar (ordenador, cuaderno) sino porque al escribirlos los hemos concretado.
  • Permiten hacer un seguimiento de tus avances. Como es lógico, si no son concretos ni están registrados en ningún sitio, será muy difícil medir los avances y hacer un seguimiento. Por lo tanto, es bastante poco probable que los consigamos. Para tener más opciones de lograr lo que queremos, debemos escribirlo para hacer un seguimiento regular. Una idea es leer una vez al mes los objetivos que escribiste, con el fin de recordártelos y seguir enfocado/a en ellos.
  • Aumentan las posibilidades de lograrlos. Por todos los motivos anteriores, como seguramente deducirás, es muchísimo más factible lograr tus objetivos si los has escrito. Pero además, neurológicamente estamos lanzando un mensaje subliminal a nuestro cerebro: «Este objetivo es posible conseguirlo para mí». Y nuestro cerebro no cuestiona los mensajes que le lanzamos, los interioriza y se pone en marcha (porque ojo, el cerebro tampoco cuestiona el mensaje de «No puedo conseguirlo, soy un desastre, etc.»)

Ya tienes 2 claves fáciles de implementar para salir de tu bloqueo emocional y parálisis de decisión. Ponte a pensar qué objetivos quieres lograr a nivel individual, en tus relaciones y en tu trabajo. Ponle una fecha algo lejana para no limitarte. Y luego escribe todos tus objetivos en un papel o en un documento en el ordenador. Haz todo lo que puedas para aterrizar y concretar todos los objetivos. Y tú mismo podrás comprobar cómo tu estado emocional empieza a cambiar. Por supuesto, esto no es suficiente si no nos ponemos en acción. A partir de esa lista de objetivos, el siguiente paso es marcarnos pequeñas acciones muy alcanzables y sencillas para cada objetivo (y escribirlas también, por supuesto). Finalmente, tendrás que poner en marcha dichas acciones, con el fin de ir aprendiendo lo que funciona y lo que no funciona, y de esa forma continuar avanzando hasta conseguirlo.

¿Qué te parece? Te animo ahora mismo a escribir tus objetivos vitales y profesionales en un papel en blanco. Es siempre el inicio de una vida mejor.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Los 6 sabios ciegos y el elefante

En la India había seis sabios ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era de todos el más sabio, y uno de sus temas preferidos era sobre cómo era realmente un elefante. Un día decidieron conocer lo que era un elefante. Un guía los adentró en la selva puestos en fila, uno tras otro, asidos a una larga cuerda que los unía. No habían andado mucho cuando de pronto se encontraron con un gran elefante tumbado sobre su costado apaciblemente. Mientras se acercaban el elefante se incorporó, pero enseguida perdió interés y se preparó para degustar su desayuno de frutas que ya había preparado.

Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal.

El primero de todos, chocó de frente con el costado del animal.

-¡Oh, hermanos míos! –exclamó- yo os digo que el elefante es exactamente como una pared de barro secada al sol.

Llegó el turno del segundo de los ciegos, que tocó uno de los colmillos del elefante.

– Yo os digo que la forma de este animal es exactamente como la de una lanza curvada… sin duda, esta es.

El resto de los sabios no podían evitar burlarse en voz baja, ya que ninguno se acababa de creer los que los otros decían. El tercer ciego agarró la trompa del animal notando su forma alargada.

– Escuchad, este elefante es… como una larga serpiente.

Los demás sabios disentían en silencio, ya que en nada se parecía a la forma que ellos habían podido tocar. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y  prendió la cola, notando cada una de las arrugas. El sabio no tuvo dudas y exclamó:

– ¡Ya lo tengo! El elefante es igual a una vieja cuerda.

El quinto de los sabios tocó por casualidad la oreja del animal y dijo:

– Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano. 

El sexto sabio agarró con fuerza su gruesa pata.

– Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la forma que el tronco de una gran palmera.

Ahora todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a su casa, donde retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante. Seguramente todos los sabios tenían parte de razón, ya que de algún modo todas las formas que habían experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del elefante. 

REFLEXIONES SOBRE EL CUENTO

Uno de los síntomas claros de la ignorancia es, paradójicamente, creer que estamos en posesión de la verdad, o dicho de otra forma, creer que tenemos la razón. Es increíble lo común que es esta necia convicción. Yo me encuentro constantemente con personas convencidas de que saben lo que es verdad o lo que es correcto. Esta actitud ignorante proviene muchas veces de una creencia errónea de que tenemos que demostrar ante los demás que tenemos las ideas claras, porque eso demuestra seguridad en uno mismo.

Sin embargo, esta actitud egocéntrica nos conduce a numerosos conflictos con personas que nos cuestionan o que tienen otra perspectiva diferente, como ocurre en el cuento. Si no queremos caer en la ignorancia y en el egocentrismo, debemos tener una mente abierta, y no asumir que lo que vemos es toda la realidad, sino una pequeña parte de dicha realidad, y abrirnos a las percepciones o visiones de los demás. Sin duda, este es el profundo mensaje del cuento. Porque otro síntoma de la ignorancia es tener la creencia ilusoria de que constantemente tenemos la visión completa, ya que esto nunca es así.

Todos interpretamos la realidad con nuestros filtros, que provienen de nuestras experiencias pasadas, la educación que hemos recibido, nuestras creencias e ideas preconcebidas. Darnos cuenta de cómo distorsionamos y contaminamos la realidad con nuestros juicios y pensamientos es una demostración de sabiduría y podemos desarrollarla a través de la práctica del mindfulness o de un proceso de coaching individual. Ambas disciplinas nos ayudan a no estar condicionados por dichos sesgos cognitivos, a ver las cosas con más claridad y ecuanimidad, y de paso a evitar enzarzarnos en discusiones y conflictos inútiles como el de los 6 ciegos del cuento.

Lo contrario de la ignorancia, como he dicho, es sabiduría. Si queremos vivir y actuar con sabiduría en nuestra vida, necesitamos recordarnos que no lo sabemos todo, que no tenemos la visión completa de las situaciones, y por tanto, que necesitamos ser abiertos y estar dispuestos a escuchar al otro, así como aprender de las personas que tienen una visión diferente de la nuestra, porque completará nuestra perspectiva limitada. En lugar de pelear con los demás para ver quién gana en la discusión, te animo a escuchar más, a dejar de hacer asunciones, y de paso, a mejorar tu visión del mundo y tus relaciones con los demás.  

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Educar para reconectar con nuestro potencial

Recientemente la editorial de mi último libro «Reconecta contigo» me comunicó que un profesor de un Instituto de Cádiz había elegido mi libro para que sus alumnos lo leyeran a lo largo del curso y debatieran sobre sus aprendizajes en un círculo de lectura creado por dicho profesor. El propósito del círculo es, al parecer, ayudar a sus alumnos a reflexionar sobre aspectos esenciales de la vida, ayudados de un libro.

La iniciativa me pareció fabulosa, y sentí un enorme orgullo y alegría al saber que el profesor había seleccionado mi libro este año. De hecho, la editorial me envió las reflexiones y aprendizajes de los alumnos, inspirados por la lectura de mi libro, y quiero compartirlas en este post. Por supuesto, aunque no aparece ningún nombre, pedí permiso al profesor para compartir estas reflexiones. Aquí van algunas:

«Esta lectura personalmente me ha servido muchísimo. He aprendido muchas cosas que debo cambiar, aprender y aportar a mí y a los que me rodean. 

El libro a mí me ha enseñado la parte bonita y «fea» de la vida, pero aún así te hace verla maravillosa. Te enseña a ver las cosas de otra manera, a no tomarte las cosas tan a lo personal, a saber disfrutar de los momentos que te va regalando la vida y no estar apegada al pasado ni angustiada por el futuro, sino viviendo el presente, el aquí y el ahora. El poder volver a confiar en alguien, en decir pues puedo contarle x cosas a x persona. Que pedir perdón, mostrar tus sentimientos, decir lo que sientes, lo que piensas y buscar ayuda o apoyo, no es de débiles. En darle valor a cada detalle de la vida y de las personas. Aprender de lo bueno que tiene y de lo malo, no siempre quedarnos con lo malo de las cosas o personas. 

Saber sanar las heridas, hablando de ellas, y no intentar tapar o echar las cosas a la espalda, porque llega el día en el que no puedes levantarte de tanto peso. En luchar por las cosas que queremos y no solo lo material, porque como el libro nos enseñó, cuando logramos lo material nos decepcionamos o aburrimos de ello con facilidad, porque nos ha costado más conseguirlo que lo que realmente tiene de valor o importancia. Para mí estas cosas son las que más estoy poniendo en práctica, gracias al libro.»

¡Qué maravilla liberarnos de lastres que nos impiden vivir con plenitud, como el resentimiento o la preocupación por el futuro! Y también es especialmente relevante la conciencia de vivir la vida tal como es, no huyendo o rechazando la parte «fea» o oscura. Eso es, simplemente, vivir con sabiduría, pero ¡Nos cuesta tanto! ¡Nos encanta contarnos historias ilusorias sobre la vida o imaginarnos todo perfecto! Y luego viene la dura caída, el inevitable desencanto al enfrentarnos con la vida. Por eso, el camino es aceptar, aceptar y aceptar la vida como es, y a partir de ahí, trabajar en mejorar las cosas. Comparto otra fantástica reflexión de otra alumna:

«Considero que últimamente sobre todo con mi familia pago con ellos el hecho de que no me encuentro bien y como dice el libro nuestra relación con los demás se ve afectada si no conseguimos estar bien con nosotros. Ahora mismo me estoy concentrando sobre todo en intentar manejar una discusión e intento poder poner en práctica el pedir perdón, ya que es una cosa que consideraba que no me costaba pues siempre cuando creía que debía pedirlo lo decía, pero llevo una semana sintiendo que le debo pedir perdón a una persona de mi entorno porque pagué una frustración personal con ella y acabamos discutiendo y soy incapaz de pedirlo. Creo que es más que nada porque esa persona también me hizo daño a mí en la discusión. 

También he de decir que me he dado cuenta de que veo siempre los problemas más grandes de lo que son y que mi «Yo complaciente» que es incapaz de decir «no» también hace que me cargue algunas veces de más cosas de las que puedo hacer y me acabo agobiando mucho por no poder hacer las cosas como a mí me gustarían. Por último, me he dado cuenta de que en el libro hay cosas con las que puedes estar más o menos de acuerdo, pero te hace pensar en cosas que antes no le dabas importancia.

Es emocionante comprobar la gran madurez de los adolescentes, a pesar de estar en una etapa tan complicada de su evolución personal. Me hubiera encantado que a mis 18 años pudiera tomar conciencia de mi «Yo complaciente» o cualquier otro aspecto de mi personalidad que me estuviera limitando, como esta chica. Comparto otra reflexión de otro chico:

«En lo personal el libro me ha parecido de mucha ayuda, aunque no haya podido aplicar del todo sus enseñanzas debido a los problemas con el estudio, y las tareas me serán de mucha ayuda más adelante, ya que me hizo ver lo hermosa que ha sido mi vida, el increíble potencial que tengo dentro de mí, que no hay que criticar a las personas sin conocerlas. Intentar no verme abrumado por los problemas pequeños, aprender a expresar mis pensamientos y liberarme en el círculo de lectura.»

Me encanta que gracias a mi libro este chico se haya dado cuenta de que tiene un potencial interior increíble y que es importante expresar sus pensamientos. Si además le he ayudado a ver lo hermosa que es la vida en esta etapa de tanta confusión y sufrimiento, pues más feliz aún me hace. Y la última reflexión de otra chica:

«He podido darme cuenta que cada uno llevamos una «carga» en nuestro interior y el ser humano tiende a ser egoísta y a pensar que las cargas nuestras son más graves que las de los demás. Gracias a este libro me he vuelto más empática, he aprendido a ponerme en la situación y a volverme más racional, y sobre todo a conectar con los demás.»

Existe una clara tendencia social que preocupa mucho a los expertos: el excesivo individualismo de las sociedades desarrolladas. Un ejemplo extremo es Suecia, desde hace décadas en la vanguardia de lo que se considera una sociedad avanzada, donde sin embargo existe una cara oscura, reflejada de forma impactante en el documental «La teoría sueca del amor».

En el documental se analiza cómo en Suecia, el referente máximo de la sociedad del bienestar, la mitad de las personas viven solas, y muchas también mueren solas y son encontradas muertas semanas después de su fallecimiento en su apartamento. Y sólo se detecta porque los vecinos empiezan a notar un olor horrible y llaman a la policía. También se cuenta en el documental cómo las mujeres ya prefieren ser madres solas, sin el apoyo de un padre. En definitiva, el individualismo crece imparable en contra de una realidad biológica del ser humano: somos seres sociales y necesitamos relacionarnos con los demás para sentirnos plenos. Por eso me parece relevante el aprendizaje de esta última chica que dice que gracias a «Reconecta contigo» se ha vuelto más empática, y que está conectando mejor con los demás.

En definitiva, siento una enorme gratitud por estos jóvenes y por su profesor. Me han hecho sentir que, con mi granito de arena, estoy contribuyendo a un mundo más consciente, empático y humano, y a que cada vez haya más personas despiertas y conscientes de su enorme potencial interior. Gracias.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Eliminar los «deberías» de nuestra vida

Existe un pensamiento que se repite en nuestra mente millones de veces y que nos provoca un enorme estrés y ansiedad, a veces incluso culpabilidad. Es el pensamiento que empieza por «debería…». ¿Te suena? Te pongo algunos ejemplos:

  • Debería hacer más deporte
  • Debería estar más con mi familia
  • Debería comunicarme más
  • Debería mejorar mi inglés
  • Debería decirle a mi jefe que me de más autonomía
  • Debería comer más sano
  • Debería meditar

¿Qué nos aporta este patrón de pensamiento tan común y extendido? ¿Algún beneficio? Rotundamente no.

Normalmente nuestros «deberías» son una tortura psicológica que permitimos e incluso que fomentamos, pero que no generan ninguna acción. Es decir, son pensamientos improductivos porque no nos motivan a tomar decisiones para mejorar o cambiar aspectos de nuestra vida. Simplemente, son basura mental que nos hacen estar más irritables, más estresados, porque van minando nuestra autoestima lenta pero eficazmente.

El problema con este patrón mental, igual que cualquier otro, es que no seamos conscientes de su constante invasión cotidiana en nuestra actividad mental, y de su devastador efecto emocional en nosotros. La inconsciencia nos conduce a la ignorancia, y ésta al sufrimiento. Por tanto, el primer punto fundamental para gestionar nuestros «deberías» es mantenernos atentos a su aparición en el día a día.

En segundo lugar, pensemos en el auténtico significado de los pensamientos que empiezan con «debería». En realidad son expectativas que produce una parte que todos tenemos en nuestro interior: nuestro «yo juez». También aquí aparece con peso otra parte de nosotros que nos limita, nuestro «yo complaciente». ¿Y de dónde vienen esas expectativas? De lo que los demás esperan de nosotros, o de lo que se supone que la sociedad espera de nosotros, con el fin de aceptarnos como personas dignas de respeto y admiración. . Si analizamos de cerca los «deberías» nos daremos cuenta que son historias que nos contamos a nosotros mismos y creencias limitantes que tenemos interiorizadas, pero que no son verdad. ¿Quién dice que «debería» hacer esto o aquello? ¿Quién dice que «debería» ser de esta manera o aquella?

Pero además del estrés que nos provocan, los «deberías» tienen otro gran coste: no nos movilizan para actuar. Nos quedamos rumiando lo que deberíamos ser y hacer, pero no tomamos decisiones, no actuamos, no nos ocupamos. Así que ¿Cómo nos liberamos de estos «deberías» tan tóxicos? Cambiando nuestro lenguaje.

¿Qué pasaría si cada vez que tu mente parlotea «deberías» sin parar, transformaras cada uno de ellos en un «Quiero hacerlo» o «Voy a hacerlo», o «Elijo hacerlo»? O bien, «No quiero hacerlo» o «No voy a hacerlo» o «Elijo no hacerlo». Hay un cambio de perspectiva importantísima, aunque parezca superficial. El lenguaje que utilizamos para hablar con nosotros puede limitarnos y conducirnos a la parálisis y ansiedad constante, o bien puede potenciarnos y movilizarnos a actuar y a ocuparnos de nuestra vida.

Cuando cambiamos nuestros «deberías» por los «quieros» algo cambia a nivel emocional. De pronto, nos damos cuenta de que no estamos obligados a hacer todo eso que nuestro «juez implacable» o nuestro «yo complaciente» nos dice, sino que podemos elegir hacerlo o no hacerlo. Y entonces emerge sutilmente un empoderamiento, lejos del victimismo y culpabilidad de los «deberías». Nos damos cuenta de que podemos elegir hacer o ser lo que realmente consideremos que nos va a ayudar a crecer como personas o a mejorar nuestro bienestar. Y si no lo vamos a hacer, entonces dejémonos de tonterías y de excusas camufladas de «deberías».

Así que el transformar un «debería» victimista en un «elijo hacerlo o no hacerlo» supone una asunción de responsabilidad. Tomamos responsabilidad de nuestra vida como adultos protagonistas de nuestra vida, y dejamos de actuar como niños inmaduros.

Por tanto, si existen muchos «deberías» en tu vida, ¿No crees que es hora de tomar una decisión adulta y consciente? Si no quieres hacer deporte asumiendo las consecuencias de esa decisión, ¡No lo hagas! Si no estás pasando más tiempo con tu familia, deja de torturarte a ti mismo/a y sé realmente honesto/a contigo. ¿De verdad quieres pasar más tiempo con tu familia? ¿O en realidad trabajas 14 horas diarias porque eso es lo que te motiva y no quieres pasar más tiempo con tu familia? ¡Pues asume tu responsabilidad y toma la decisión! Aunque parezca duro lo que estoy diciendo, es mejor ser sinceros con nosotros mismos y con nuestras verdaderas prioridades, que pasar el resto de nuestra vida pretendiendo engañarnos y fingiendo ser personas que en realidad no somos.

Porque en definitiva, lo que determina nuestras prioridades y valores no son todos los «deberías» que andamos diciendo todo el día para parecer grandes personas. Nuestras auténticas prioridades se reflejan en nuestras decisiones, en el tiempo que dedicamos realmente a las actividades y áreas de nuestra vida. Y los demás lo saben. Dejemos de llenarnos la boca diciendo que «deberíamos comer más sano» si luego nos atiborramos de comida basura. Dejemos de decirnos que «deberíamos dejar ese trabajo que no nos llena» y tomemos una decisión diciendo: «He decidido cambiar a un trabajo que me motive» o «Acepto quedarme en mi trabajo actual porque me da seguridad financiera». Eso es ser maduro y responsable. Lo contrario es poner excusas, disfrazar lo que no queremos ver con los «deberías», y no ocuparnos de diseñar la vida que queremos. Para terminar, transformemos los deberías del inicio del artículo:

  • Voy a hacer más deporte (o no)
  • Quiero estar más con mi familia (o no quiero…)
  • Me comprometo (o no) a comunicarme más
  • Voy a mejorar mi inglés (o no voy a hacerlo)
  • Voy a decirle a mi jefe que que me de más autonomía (o no voy a hacerlo)
  • Elijo (o no) comer más sano
  • He decidido meditar (o no meditar)

Todo empieza a cambiar cuando cuando cambiamos nuestro lenguaje interno, cuando empezamos a comunicarnos con nosotros desde la responsabilidad y no desde el victimismo y la obligación. Cada tema deja de ser una imposición o expectativa de nuestro «yo juez» o «yo complaciente» que está buscando ser aceptado y agradar a todo el mundo. Y entonces empieza a convertirse en una elección consciente y responsable tomada desde nuestro ser. Así que a partir de ahora, mantente atento/a a la aparición de tus «deberías» y transfórmalos en una verdadera decisión.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Cómo gestionar la incertidumbre

Coincidirás conmigo en que vivimos en un mundo totalmente incierto y en constante cambio, ya que no podemos predecir qué va a suceder ni siquiera mañana. De hecho, mañana nuestra vida puede dar un vuelco brutal y cambiar para siempre por un hecho concreto, y dicho vuelco puede ser a peor pero también a mejor. La incertidumbre, aunque ha formado parte de la existencia del ser humano desde sus antepasados, ha aumentado en los últimos años exponencialmente, a causa de los avances tecnológicos sin precedentes y la globalización. La pandemia, la guerra de Ucrania, la amenaza del cambio climático o casi cualquier evento conflictivo en cualquier parte del mundo nos afectan, generándonos estrés, ansiedad y miedo.

Pero además en nuestras vidas sufrimos una alta incertidumbre a nivel profesional y laboral tanto si trabajamos como empleados en una empresa como si dirigimos nuestra propia empresa, ya que en cualquier momento nos podemos quedar sin trabajo o sin clientes. También sufrimos incertidumbre a nivel financiero, puesto que dependemos no sólo de nuestra capacidad de gestionar bien nuestros ingresos y gastos, sino del estado de la economía nacional y mundial (tenemos el claro ejemplo de la altísima inflación actual y la subida estratosférica de la electricidad, que afecta directamente a nuestra economía personal). También vivimos con ansiedad e incertidumbre otros aspectos cruciales para nuestra estabilidad emocional como nuestra salud y la salud de nuestros familiares más cercanos. Todos sabemos, y yo lo he vivido en primera persona, que tenemos la ilusión de que estamos sanos y de pronto un día, en una revisión rutinaria, nos pueden descubrir algo grave como un cáncer, o podemos sufrir un infarto repentino.

Nuestro cerebro busca constantemente la seguridad y la estabilidad, de modo que una constante y altísima incertidumbre y volatilidad en todos los ámbitos de nuestra vida nos provocan altos índices de estrés. Y no es el estrés funcional y positivo, que es el que nos alerta de peligros reales y efímeros de modo que podamos actuar y reaccionar para sobrevivir. La constante incertidumbre nos genera el llamado estrés crónico, que es devastador para nuestra salud mental.

Por tanto, la pregunta urgente es ¿Se puede manejar o gestionar la incertidumbre, y reducir el estrés crónico que nos produce?

Afortunadamente, tenemos recursos, disciplinas y técnicas a nuestro alcance que pueden ayudarnos a gestionar la sensación de que no tenemos un suelo estable sobre el que pisar. Voy a detallar 4 alternativas efectivas para manejar con mayor sabiduría y equilibrio lo incierto y volátil de nuestras vidas.

  1. Crea un plan B, incluso un plan C. Si quieres estar tranquilo y seguro, un buen recurso es crearte un plan B o incluso un plan C para todos los ámbitos de tu vida. Esto significa dejar de ser un ingenuo creyendo que todo va a salir según tus planes. Esto casi nunca sucede. Por eso, debes ir trabajando en un plan B de forma constante, por si sucede lo peor. Esto tiene que ver con el denominado análisis pre-mortem, en el que imaginamos qué es lo peor que puede suceder, y en base a ese escenario dramático posible, generamos planes que puedan minimizar el daño o incluso eliminarlo.
    Por ejemplo, en el plano financiero ¿Tienes un buen colchón de ahorros como para poder vivir sin ingresos durante al menos un año? ¿Tienes dinero invertido en buenos productos de inversión que te permitan al menos igualar a la alta inflación que está minando el valor de tu dinero en estos momentos? Si has respondido «no» a cualquiera de esas dos preguntas, no tienes un plan B ni un plan C. Y te encuentras en una situación de alto riesgo.
    En el ámbito profesional, ¿Te estás formando de manera continua en habilidades profesionales o herramientas que potencien tu empleabilidad y tu marca personal en caso de que te despidan de tu empresa? Si no lo estás haciendo, no tienes un plan B y eres muy vulnerable. En todos los ámbitos importantes de nuestra vida necesitamos al menos crear un plan B (y aún mejor un B y un C) por si el plan A no funciona. Esto nos proporcionará una solidez y estabilidad emocional tremenda que nos ayudará a tomar mejores decisiones e incluso a tomar mayores riesgos que nos lleven a lograr mayores éxitos.
  2. Focalízate en lo que depende de ti. Puede sonar obvio pero no es tan obvio cuando normalmente no lo hacemos. Centramos demasiado nuestra energía en lo que no depende de nosotros, permitiendo la sobreexposición a los medios de comunicación y redes sociales, que aumentan nuestra ansiedad de manera espectacular porque interiorizamos la creencia de que no podemos hacer nada con todo lo que sucede en el mundo. Vivir centrado en todo lo que no depende de nosotros nos genera una parálisis total, que nos impide tomar decisiones y salir del estado de ansiedad. La mejor manera de salir de este círculo vicioso es hacerse la pregunta «¿Qué puedo hacer/cambiar/mejorar yo respecto a este problema o situación?» Y ponerse a ello con proactividad. A veces podemos tomar decisiones que cambien drásticamente nuestra situación (como por ejemplo, creando nuestro plan B) y otras simplemente debemos ser muy selectivos con lo que permitimos que entre en nuestra mente (exceso de información nefasta, exceso de tiempo viendo redes sociales, exceso de grupos de WhatsApp con un montón de material tóxico, etc.). En cualquier caso, tomar decisiones nos libera de un montón de estrés y ansiedad. Y por ello, es esencial no tener miedo a tomar una decisión equivocada, porque muchas veces lo peor es no tomar ninguna decisión.
  3. Recuerda siempre el mantra: «Esto también pasará». Las enseñanzas budistas nos hablan desde hace miles de años de una ley universal de la existencia: la impermanencia. Es decir, que todo es efímero, que todo cambia constantemente, que todo pasa. Hoy en día lo llamamos volatilidad y no nos gusta, pero podemos hacer que sea nuestra amiga, especialmente en momentos críticos o etapas muy duras e inciertas como la pandemia, repitiéndonos el mantra «Esto también pasará», porque indudablemente, sea lo que sea, va a pasar, sencillamente porque es una ley universal de la vida. La pandemia terminará, la guerra de Ucrania también, pero surgirán nuevos conflictos y crisis de todo tipo que pondrán a prueba nuestra resiliencia. Recordemos en esos momentos la ley de la impermanencia y honremos dicha ley, aceptando que la vida es incierta y cambiante, aceptando la vida tal como es. Y repitámonos el mantra «Esto también pasará.» ¡Ojo! La impermanencia también se debe aplicar a las etapas y momentos de felicidad, es decir, lo bueno también pasará tarde o temprano, por lo que repetirse el mantra también en las etapas exitosas y felices nos aportará más sabiduría y serenidad para disfrutar sin caer en la euforia excesiva o en un delirio de ceguera. Ya sabes, cuanto más alto subas, más dura será la caída.
  4. Incorpora la meditación mindfulness. Si existe una disciplina que nos puede ayudar enormemente a gestionar la incertidumbre es la meditación mindfulness, ya que se trata de un entrenamiento mental para ser capaces de estar más tiempo en el momento presente, en el aquí y ahora, con aceptación y sin juzgar. Al focalizarnos más en el presente, dejamos de ser una marioneta de nuestra mente divagadora, constantemente pensando en el futuro o rumiando el pasado con sus pensamientos. Además, la mayoría de los pensamientos de futuro son negativos, generadores de preocupación, miedo y ansiedad («¿Y si…?»). Y en cuanto a los pensamientos de pasado, también suelen ser negativos, relacionados con errores o malas experiencias que no acabamos de digerir y seguimos rumiando como las vacas («¿Por qué…?»). Estudios de la Neurociencia han demostrado que la práctica del Mindfulness reduce la red neuronal por defecto del cerebro, que tiene que ver con la tendencia a divagar y a estar perdidos en nuestros pensamientos agobiantes de futuro y pasado, y al mismo tiempo aumenta la red neuronal experimentadora, que tiene que ver con experimentar el presente, nuestras sensaciones corporales y los 5 sentidos. Es decir, que pasamos mucho menos tiempo estresados con nuestros pensamientos y mucho más tiempo viviendo el presente, sin esa contaminación mental.

En definitiva, la incertidumbre forma parte de nuestra vida y el mundo en el que vivimos, no depende de nosotros, así que más vale aceptarla como parte de lo que significa vivir. Sin embargo, hay estrategias y disciplinas con las que podemos minimizar y manejar eficazmente el estrés y el miedo que nos ocasiona la incertidumbre. La clave es focalizarse en lo que podemos controlar, tomar decisiones, practicar la meditación mindfulness todos los días, tener siempre un plan B e incluso un plan C, y a partir de ahí, confiar en que las cosas siempre pasarán, y finalmente todo irá bien.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Los niveles de conciencia y la felicidad

El ser humano lleva buscando la felicidad desde hace miles de años, después de haber logrado cubrir sus necesidades básicas fundamentales. Y a estas alturas de su historia, aún no nos ponemos de acuerdo en cómo alcanzar la deseada e idealizada felicidad. No faltan gurús que dicen tener el secreto de dicha felicidad duradera lanzándonos recetas pobres, superficiales y muchas veces tremendamente cursis. «El secreto de la felicidad es aprender a amar» dice uno de esos gurús. «La clave es ser agradecidos y dar las gracias por la vida, que es maravillosa» nos dice otro gurú. Esto está muy bien, pero ¿Eso es todo? Estos seudogurús dan consejos como si la vida no tuviera la otra cara oscura, que es al menos igual de importante y por la que justificadamente podríamos también decir que la vida es una tortura o una lucha llena de sufrimiento. Seudogurús hay muchos en las redes sociales, incluyendo colegas de mi profesión de coaching o algunos profesores de mindfulness.

Desde luego, siempre hay aportaciones interesantes y que aportan claridad por parte de grandes maestros espirituales, así como de algunos reconocidos psicólogos. Pero siempre estas personas, que realmente nos ofrecen luz sobre cómo ser más felices y sentirnos mejor con nuestras vidas, hablan de manera realista, aterrizada, humilde, y contemplando las dos caras de la vida: la maravillosa y la horrorosa. No hablar de la segunda como si no existiera genera una gigantesca frustración y ansiedad en millones de personas porque creen que sólo los gurús y personas especiales son capaces de ser felices, y sin embargo ellos son torpes y miserables que sufren cada día sin saber qué hacer con su vida.

En mi experiencia, sin lugar a dudas, me ha ayudado definitivamente la perspectiva de estos maestros que hablan claro, sin florituras ni adornando las cosas ni vendiendo una especie de receta mágica. Y todos ellos se focalizan en un aspecto clave, que es elevar nuestro nivel de conciencia. Porque cuanto más elevado sea nuestro nivel de conciencia sobre uno mismo, sobre la vida y sobre nuestras relaciones, no cabe duda que seremos más felices. Con la reserva de que la felicidad no es un estado permanente, sino un estado al que se va y se viene, igual que el dolor y el sufrimiento.

¿Y qué es el nivel de conciencia? Para explicarlo de manera sencilla, funcionar en piloto automático es justo lo contrario de vivir con consciencia nuestra vida. Y vivir en automático es una auténtica pandemia. La gente vive corriendo, como pollos sin cabeza, sin ser consciente de todo lo que sucede a su alrededor, y mucho menos de lo que sucede en su interior (sus emociones, pensamientos, creencias, valores, juicios, sesgos). Cuando vivimos con tal nivel de inconsciencia, lo normal es que vivamos estresados, ansiosos, ignorantes, enfadados, deprimidos y eso sí, haciendo cosas todo el día sin pararnos a reflexionar o a simplemente descansar y «no hacer» nada.

Precisamente cuando dejamos de hacer cosas sin parar y nos permitimos «no hacer» empezamos a darnos cuenta de muchas cosas. Pero claro, algunas de esas cosas no queremos verlas, nos asustan, nos deprimen, y por tanto inventamos un montón de estrategias para huir de nuestros problemas y preocupaciones. Estas estrategias no hacen más que empeorar nuestro estado emocional, ya que huir y escapar de nuestros problemas y miedos es igual que escapar de nosotros mismos. Es el equivalente a la inconsciencia, a vivir con un nivel nulo o bajísimo de consciencia. Este es el motivo por el que, básicamente, sufrimos.

¿Y cómo subimos en la escala de los niveles de conciencia? Hay reconocidos maestros espirituales como el Dr. David R. Hawkins, autor de libros de referencia como «Dejar ir», que han creado su propia escala de niveles de conciencia, detallando qué actitudes y conductas están relacionadas con cada nivel de conciencia. Pero más allá de modelos o escalas, para mí la clave es saber que el secreto para vivir una vida plena y razonablemente feliz es elevar nuestro nivel de conciencia. Y desde luego, hay disciplinas y estrategias probadas para ayudarnos a este objetivo. Así transformamos el objetivo clásico de la humanidad desde hace miles de años de alcanzar la felicidad por un objetivo mucho más alcanzable y concreto como es el de ir aumentando progresivamente nuestro nivel de conciencia.

Las disciplinas probadas que mencionaba, y que yo mismo he experimentado durante los últimos 17 años de mi vida, son la meditación y el coaching. Cuando hablo de meditación, incluyo distintas variantes como la meditación zen, el mindfulness o la vipassana, que en el fondo son casi lo mismo. Y respecto al coaching, hay diversas formas de lograr aumentar nuestro nivel de conciencia: una es formarse como coach con un programa largo y profundo, y la otra forma es contratar a un coach para realizar un proceso de coaching. Tanto el coaching como la meditación tienen un pilar básico fundamental: generar y elevar conciencia. Y esto significa que gracias a practicar con regularidad (y guiados por los maestros o expertos de confianza, no los seudogurús que proliferan tanto en las redes) vamos a ir saliendo del piloto automático, comenzaremos a cuestionarnos por qué y para qué hacemos las cosas. Y también iremos despertando y descubriendo quienes somos realmente, más allá de etiquetas, roles, creencias e ideas preconcebidas generadas por la cantidad de programas mentales que nos han introducido desde la infancia.

Elevar el nivel de conciencia implica despertar a una visión nueva de la vida. Implica dejar de hacernos las víctimas en nuestra vida, hacernos responsables de nuestros errores y malas decisiones, reconocer nuestros puntos débiles y no culpar a nadie de lo que nos sucede en la vida. También implica ir descubriendo enormes tesoros, como la increíble sabiduría que habita en cada uno de nosotros, el enorme potencial que tenemos como seres humanos, algo que ni podíamos imaginar cuando estábamos inmersos en el piloto automático, quejándonos de todo, haciéndonos la víctima, manipulando, mintiendo y haciendo cosas sólo para gustar y ser aceptados socialmente. Y aquí empezamos a salir de nuestro mundo egocéntrico y de nuestra ignorancia y arrogancia, y empezamos a descubrir una realidad paralela, sólo disponible para aquellas personas privilegiadas que han descubierto estas disciplinas y las han practicado con regularidad (meditación, coaching), y que gracias a ello acceden a esa nueva dimensión donde comprenden en profundidad la vida, y en consecuencia, honran determinadas leyes fundamentales de la existencia. Estas personas han despertado de la anestesia mental y emocional masiva.

Desgraciadamente, la mayoría de las personas del planeta viven en una nube de ignorancia e inconsciencia que es la causa principal del sufrimiento y la infelicidad. La buena noticia es que cada vez más personas conocen y se abren a las disciplinas mencionadas. Tanto el coaching como la meditación han cambiado mi vida por completo, y también han transformado el concepto de mí mismo y de mi identidad como ser humano. Pero claro, esto no es un destino sino un camino de aprendizaje para toda la vida. Es decir, se trata de ir trabajando en nuestro autoconocimiento y nivel de conciencia de manera continua hasta el final de nuestra existencia. Y cuanto más alto sea nuestro nivel de conciencia, más felices seremos y más disfrutaremos del regalo de la vida tal y como es, abrazando tanto la parte luminosa como la parte oscura, que existe y es real. No neguemos la parte oscura de la vida y entonces tendremos toda la luz, aunque suene paradójico.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Objetivo vs intención

Cuando queremos cambiar algo de nuestra vida que no nos hace felices, solemos manifestarlo a nuestras personas más cercanas, usando frases como:

  • «Me gustaría conseguir…»
  • «Debería hacer…»
  • «Voy a intentar hacer…»
  • «Tengo que hacer…»

No hay nada de malo en estas frases si somos conscientes de lo que significan. Tan sólo son deseos, expectativas o intenciones positivas. Nada más. El problema es confundir estas expresiones con el hecho de habernos marcado un verdadero objetivo, que lleva consigo, por definición, un auténtico compromiso con lograrlo. Probablemente todos comenzamos con estos deseos o intenciones positivas y está genial. Pero en algún momento necesitamos transformar esas intenciones positivas en verdaderos objetivos. De lo contrario, esas manifestaciones se quedarán en simples deseos sin cumplir, y generarán un efecto devastador en nuestra autoestima y nuestra motivación, porque serán una cantinela constante en nuestra mente que nos tortura y recuerda lo débiles y poco disciplinados que somos. Generará en nosotros frustración, enfado, culpabilidad y finalmente resignación.

Hay personas que hablan y hablan sobre sus deseos, intenciones y propósitos de cambiar o mejorar aspectos de su vida, como un trabajo desmotivante, un cuerpo con sobrepeso o una ansiedad galopante. Sin embargo, no hacen nada. O si hacen algo, es puntual y efímero, y termina difuminándose poco a poco. ¿Eres tú una de estas personas? ¿Qué te hace sentir? Seguro que no es algo de lo que estés satisfecho/a. Pero te voy a dar una buena noticia: puedes cambiar ese patrón.

Pero para poder convertir tus «Debería…» y «Me gustaría…» en objetivos necesitas asumir un auténtico compromiso. De lo contrario es mejor ni empezar. En mi caso, siempre tengo una lista de deseos e intenciones positivas, pero los dejo congelados en el estado «Intención» hasta que siento que estoy preparado para conseguirlo. Entonces lo transformo en una meta porque se ha convertido en prioritario, y me comprometo totalmente con el objetivo. Voy a por ello con todas mis fuerzas.

Para definir bien el objetivo utilizo el modelo MARTE. MARTE son las iniciales de las características que debe tener un objetivo para que no sea una simple intención o deseo. Es decir, un objetivo debe ser Medible, Alcanzable y Retador al mismo tiempo, debe estar Temporizado (fecha de inicio, fecha de finalización) y sobre todo, debe ser Específico.

Al dejar congeladas mis intenciones positivas o deseos, sin comprometerme con ellos ni hablar de ellos con nadie hasta estar realmente preparado para acometerlos, evito la frustración y culpabilidad que emerge cuando sabemos que no estamos trabajando activamente en algo que queremos cambiar y que hemos expresado abiertamente. En el momento en que decidimos ir a por ello con toda nuestra energía, es cuando debemos convertirlo en objetivo y compartir nuestro objetivo con las personas cercanas, que es el llamado compromiso público, una estrategia efectiva de presión positiva.

Soy un firme seguidor de la frase “Cuando un samurai dice que va a hacer algo, ya está hecho”, que pertenece al código del Bushido de los Samurais. Esta frase es la máxima expresión del compromiso. Y me lo aplico diariamente a mí mismo. Es decir, raramente hablo de mis intenciones o ideas de mejorar o cambiar aspectos de mi vida que se han deteriorado o descolocado. Sin embargo, cuando me comprometo verbalmente con alguien a que voy a hacer algo, ya sea en el ámbito personal como en el profesional, esa persona puede estar segura de que lo haré en la forma y fecha a la que me he comprometido. Este nivel de compromiso nos proporciona una confianza y una fortaleza mental y emocional espectaculares. Además, transmitimos a los demás una imagen de credibilidad, confianza y liderazgo. Pero claro, ¡Hay que cumplir sin excusas!

No tiene ningún sentido ni utilidad hablar de las muchas intenciones positivas que tenemos. Es mejor ser prudentes porque de lo contrario transmitimos debilidad y falta de disciplina y liderazgo a los demás. Y cuando nos comprometemos, es crucial que empleemos todos nuestros recursos y habilidades para cumplir con nuestro objetivo.

Para terminar, yo diría que además de la importancia de la imagen que transmitimos a los demás, está el mensaje que nos damos a nosotros mismos cuando no cumplimos o cuando nos pasamos la vida deseando cosas sin ponernos a trabajar en serio para conseguirlas. Sin duda, es una carga muy pesada. Así que sé consciente de tus deseos e intenciones positivas, pero déjalos congelados hasta el momento en que sientas que estás preparado/a para afrontarlas. Y en ese momento, ve a por ellos con todas tus fuerzas, y comprométete a muerte tanto contigo como con los demás.

Por supuesto, debemos pedir apoyo si sentimos que no tenemos las estrategias o habilidades necesarias para ello. Contratar a un Coach para que te ayude a transformar tus «Deberías..» y «Tengo que…» en auténticos objetivos es algo que hacen las personas de éxito, las personas inconformistas y ambiciosas. Un Coach además se asegurará de ayudarte a identificar todo aquello que te esté impidiendo avanzar, y también de que finalmente actúes y sigas un plan seguro para alcanzar tus objetivos.

Te animo a que escribas una lista de todas tus intenciones positivas y deseos. Y después, decide si estás preparado/a para afrontar uno de ellos. Si es así, conviértelo en un objetivo MARTE y aplica la máxima de los Samurais. Comprométeme al máximo sin excusas ni justificaciones. En el momento en que digas a alguien (o a ti mismo/a) que vas a lograr dicho objetivo, ya estará hecho.

Ya está abierta la convocatoria para la 2ª edición del curso «MBSR (Reducción de estrés con Mindfulness)» que impartiré online desde mediados de enero a marzo. Mira en el link toda la información. Curso MBSR online

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Menos consejos y más coaching

La pasada semana, como cada tres años, renové mi certificación de coach con la International Coach Federation, y entre otros requisitos, los coaches estamos obligados a pasar un breve curso sobre ética profesional, y luego pasar con éxito un breve examen sobre los contenidos del curso. A mí me parece fantástico que al menos cada tres años se nos obligue a parar y reflexionar sobre los temas éticos de nuestra profesión de coaches, porque sin duda tenemos una gran responsabilidad en nuestro trabajo. Podemos hacer daño y perjudicar seriamente a las personas si no cumplimos unos estándares y principios éticos.

Uno de los aspectos éticos del coaching, aunque parezca chocante, es nuestro compromiso de evitar dar consejos a nuestros clientes. Para ello somos entrenados cuando nos formamos y certificamos, y desde luego si damos consejos no conseguimos pasar los exámenes que nos proporcionan la certificación.

Pero es sin duda uno de los retos más difíciles a los que nos enfrentamos, porque la educación que recibimos desde niños está basada en el consejo directo de nuestros padres, hermanos, profesores, amigos y mentores. Estamos programados para recibir consejos y los pedimos activamente en nuestra vida de adultos, y por supuesto también estamos programados para dar consejos y recomendaciones a nuestros hijos, hermanos, amigos y conocidos. Porque eso es lo que hemos entendido que era lo correcto para ayudar a alguien en una situación complicada. Nada más lejos de la realidad.

Como parte del curso sobre ética, leí el interesante artículo From the toolbox. Do you give advice to your clients? que revelaba el resultado de una investigación neurocientífica sobre qué nos sucede a las personas cuando alguien nos da un consejo directo de lo que deberíamos hacer. La investigación revelaba que cuando recibimos un consejo, sólo la parte racional de nuestro cerebro reacciona y se involucra, pero no nuestra parte emocional. Esto implica que, como somos seres emocionales y nos movemos fundamentalmente por emociones, no nos sentimos realmente comprometidos con los consejos que nos dan los demás. Y sin la parte emocional implicada, existen más probabilidades de que no hagamos nada, o que la decisión que tomemos sea inadecuada o incluso dañina para nosotros.

Estoy convencido de que los consejos satisfacen más al ego de quien los da que a los intereses de la persona que los recibe. La persona que da el consejo se siente orgullosa creyendo haberle solucionado la vida a la otra persona, y probablemente se auto-pavonee de lo inteligente que es, y de lo valiosa que es su experiencia. Pero en realidad no ha ayudado en absoluto a la persona a la que ha dado el consejo.

Es decir, cuando nos dan un consejo sobre una decisión difícil, nos están arrebatando la necesaria autonomía para tomar nuestra decisión. Y también abdicamos de nuestra responsabilidad sobre dicha decisión. Si seguimos el consejo, siempre podremos culpar a la otra persona si no salió bien. Y si por el contrario, seguimos el consejo y fue un éxito, ¿Quién fue el responsable del éxito de la decisión tomada? La persona que nos dio el consejo, claro. Así que tanto si la decisión derivada del consejo nos lleva al resultado deseado como si no, no asumimos la responsabilidad de nuestras decisiones. Esto tiene consecuencias bastante importantes. Por ejemplo, no desarrollamos nuestra autoconfianza, nuestra autonomía ni nuestra capacidad para tomar decisiones difíciles. Nos hacemos dependientes de los demás y de alguna manera no maduramos porque siempre delegamos nuestra responsabilidad en las personas a las que pedimos consejo.

Además, si la persona que nos da el consejo tiene una relación de poder sobre nosotros (nuestro jefe, nuestro padre o madre, un profesor) nos sentimos presionados a seguir su consejo, porque sabemos que nos van a preguntar posteriormente si seguimos su consejo. Y en caso de no haberles hecho caso, sabemos que se van a sentir heridos o enfadados y eso hace que tendamos a hacer lo que nos han dicho, a pesar de no estar convencidos de que sea lo que realmente queremos. Este es un camino directo a vivir con arreglo a las expectativas y presiones de los demás y no por lo que realmente nos motiva en la vida.

Sin embargo, el coaching propone cambiar la tendencia que tenemos todos de depender de los demás para tomar las decisiones difíciles de nuestra vida, ya que en lugar de dar consejos hacemos preguntas abiertas para que la persona reflexione sobre las implicaciones de la decisión o dilema que quiere resolver, y sobre todo para que conecte con su sabiduría interior y finalmente tome una decisión que sea propia, no prestada de otra persona. Ahí nuestro cerebro límbico, responsable de las emociones, sí se involucra y se produce un compromiso real y total dentro del cerebro, aparte de la importantísima asunción de responsabilidad.

El gran psicoterapeuta Marshall Rosenberg dijo que antes de dar un consejo, deberíamos pensarlo hasta tres veces. He comprobado por comentarios de personas conocidas cómo muchos psicoterapeutas dan consejos directos a sus pacientes frecuentemente, y creo que todo terapeuta debería formarse en coaching, para darse cuenta del perjuicio que están ocasionando a sus pacientes aconsejándoles qué deben hacer en sus desafíos vitales y profesionales.

Cuando un psicoterapeuta da un consejo directo a su paciente, está limitando su capacidad de crear sus propias soluciones y de conectar con su sabiduría innata, está limitando su libertad y autonomía para decidir acorde con sus valores, está impidiendo su madurez emocional, que emerge cuando asumimos la responsabilidad sobre nuestras decisiones.

Quiero aclarar que no estoy generalizando respecto a que todos los psicoterapeutas dan consejos y recomendaciones a sus pacientes. Pero me preocupa escuchar frecuentemente testimonios directos de personas muy cercanas revelando que su psicólogo le ha dicho que tiene que hacer esto o lo otro.

La International Coach Federation admite varias alternativas al consejo. La principal es hacer preguntas abiertas y no condicionadas (es decir, evitando consejos disfrazados de preguntas) para que la persona desarrolle su propia solución y conecte con sus recursos internos. También podemos compartir ejemplos en términos generales sobre personas que han afrontado una situación similar de esta u otra manera, y luego preguntar al cliente qué piensa de esos ejemplos, cómo le resuenan con sus valores y su forma de ver el mundo. También es válido explicarles una herramienta práctica que puede servirles y preguntarles si la ven útil y valiosa para su situación concreta. Estas alternativas están devolviendo la responsabilidad a la persona, habilitando a la persona para diseñar su vida y tomar sus propias decisiones.

Como conclusión, si alguien te pide un consejo, sea un amigo, familiar o colega del trabajo, piénsatelo tres veces antes de darlo. Valora el perjuicio que estás causando a esta persona y las implicaciones que tiene. Y en vez de eso, puedes hablarle de un libro o de un curso que ha sido valioso para muchas personas en situaciones similares, ponerle ejemplos de lo que hicieron otras personas en su misma situación, o hacerle preguntas abiertas y no condicionadas. Quizá tu ego no engorde, pero sabrás que estarás apoyando de forma mucho más sana y sostenible a la persona que necesita tu ayuda o apoyo.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Cómo salir de la tristeza y el desánimo

Todos tenemos días en los que nos sentimos bajos de energía, desmotivados o tristes. Yo el primero. De hecho, durante las últimas semanas me he encontrado así algunos días, a causa de determinadas circunstancias personales y profesionales complicadas, y supongo que por el largo año de pandemia que llevamos, que a todos nos ha minado de una manera u otra. Y el caso es que me ha sorprendido. Porque hacía mucho tiempo que no sentía esta sensación de desánimo y tristeza.

No obstante, hay algo que me ha ayudado a salir de ese estado emocional de tristeza un día tras otro, y quería compartirlo contigo. Es algo bastante simple, pero poderoso. Esos días me hacía la siguiente pregunta: ¿Qué puedo hacer yo para que hoy sea un día extraordinario?. Y de pronto, mi cerebro empezaba a tratar de responder a la pregunta, con una cascada de respuestas e ideas de cómo darle la vuelta a mi estado emocional y terminar el día con la sensación motivante de haber creado un día extraordinario a pesar del inicio.

Te soy sincero: funcionó. Cada día que me sentía de ese modo, me hacía la misma pregunta y después de responderme, me ponía en marcha. Esencialmente, las respuestas iban desde tratarme a mí mismo con paciencia y autocompasión hasta comprometerme a cumplir todas las actividades, tareas y reuniones que tenía programadas, tanto de trabajo como a nivel personal, así como respetar el tiempo planificado para meditar, descansar y estar con mi familia. Y por supuesto, el firme propósito de no tapar mis emociones, de permitirme sentirlas aunque fueran desagradables, e indagar en ellas, para descubrir qué mensaje me querían trasladar en cada momento.

Una sola pregunta poderosa puede cambiar totalmente nuestro día. Y está en nuestras manos. Tenemos un gran poder para evitar el bloqueo, la parálisis, la rendición y la resignación. Porque una cosa es permitir sentir las emociones de tristeza, frustración y ansiedad, y otra cosa es permitir que nos dominen y limiten nuestra vida y nuestros objetivos. Si nos dejamos arrastrar por la tristeza y el desánimo, lo más probable es que dejemos de hacer las cosas que teníamos previstas en el día, que al finalizar la jornada sintamos que hemos perdido un día y en consecuencia nos sintamos mucho peor. Es decir, agravamos la situación. Y si no lo gestionamos, esto se puede repetir al día siguiente y al siguiente, siendo una espiral descendente que nos puede llevar a un estado de ánimo depresivo del que sea realmente difícil salir.

La pregunta poderosa ¿Qué puedo hacer yo para que hoy sea un día extraordinario?produce en mí un efecto impresionante que me ayuda a no caer víctima de las emociones negativas y tiene un profundo e impactante significado: La capacidad de elegir que tenemos todos los seres humanos. La capacidad de elegir nuestra actitud, incluso en las circunstancias más críticas de nuestra vida, como dijo el psiquiatra Viktor Frankl, pionero de la automotivación y la resiliencia.

Todo esto, por supuesto, es inteligencia emocional, y en concreto las 3 primeras competencias: autoconciencia de emociones, autorregulación de emociones y automotivación. Son capacidades fundamentales para nuestra vida y nuestro trabajo, si queremos vivir una vida extraordinaria y lograr metas ambiciosas.

Cada vez que te levantes triste, deprimido, desmoralizado, apático, hastiado o sin fuerzas, hazte esta pregunta: ¿Qué puedo hacer yo para hacer de este día un día extraordinario? Escucha las respuestas que te da tu mente, y sigue los pasos que te dicta tu sabiduría interior, que emerge cuando nos hacemos este tipo de preguntas poderosas.

Todos podemos reconectar con nuestro poder interior, con nuestra sabiduría innata, con nuestro Ser superior. Aplicarnos el coaching y sus preguntas poderosas, practicar meditación mindfulness con regularidad, y usar técnicas de inteligencia emocional son recursos imprescindibles para nuestra vida.

Si quieres aprender más estrategias y claves prácticas para tu bienestar emocional y tu autoconfianza, vente el miércoles 19 de mayo a la presentación de mi nuevo libro «Reconecta contigo» a las 19.30 h. (hora de España) Sólo tienes que pinchar en el link que te paso a continuación. Es un link donde te conectarás por Youtube en directo al webinar de la presentación. ¡¡Estás invitado/a!! Aquí lo tienes. Link Webinar «Método Reconecta contigo»

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

¿Nuevos propósitos para 2021?

Después de la conmoción mundial que hemos vivido durante el 2020 con la pandemia, hemos comenzado el 2021 en España con «Filomena», el temporal que ha dejado las mayores nevadas de la historia en muchos puntos de España, y desde luego en Madrid, donde vivo. Muchos nos preguntamos ¿Qué más puede suceder de único y extraordinario? ¿Qué nos puede deparar el 2021 después de lo que hemos vivido el año pasado?

Pero el nuevo año también invita a plantearnos nuevos propósitos y objetivos para mejorar nuestra vida. Es, sin duda, positivo marcarnos metas que nos parecen importantes y llevamos tiempo posponiendo, siempre que nos comprometamos firmemente para hacerlas sí o sí, sin excusas. De lo contrario, será una fuente de frustración y desmotivación si no los cumplimos. Al menos los nuevos propósitos, que están enteramente bajo nuestro control (al contrario que las pandemias globales y las nevadas históricas), debemos cumplirlos. Porque esa es la clave de la salud mental y emocional, focalizarnos en lo que sí podemos controlar, y evitar poner el foco en todo lo que no podemos controlar, que es una gran parte de nuestras vidas.

Por eso son importantes los nuevos propósitos, porque nos proporcionan un equilibrio emocional y una fortaleza mental que nos ayuda muchísimo en tiempos de incertidumbre y de acontecimientos que están totalmente fuera de nuestro control.

¿Qué te gustaría haber logrado a finales de 2021? Trata de visualizarte a finales del mes de diciembre, imaginando que has conseguido el objetivo o propósito que quieres. ¿Qué sentirás? ¿Qué pensarás sobre ti? ¿Qué obstáculos tendrás que resolver durante el año para conseguirlo? Puedes hacer la visualización como un ejercicio formal, es decir cerrando los ojos e imaginándote realmente a ti mismo allí, en el mes de diciembre de 2021, celebrando que has conseguido ese propósito tan importante. ¿Cómo lo vas a celebrar?

Y respecto a los propósitos, hay muchos de ellos realmente buenos, que está demostrado que contribuyen claramente a nuestra felicidad y bienestar. Vamos a repasar algunos muy habituales, quizá te sirvan como ideas si aún estás pensándolo:

  1. Empezar a hacer deporte de manera regular. Da el primer paso, apúntate a un gimnasio o a clases de algún deporte que te divierta. O empieza a caminar todos los días durante media hora. La clave es empezar, aunque sea de manera muy modesta, con la intención de ir incrementando la dificultad y el compromiso del objetivo.
  2. Aprender a meditar. La ciencia ha demostrado con miles de estudios que meditar de manera regular aumenta nuestro bienestar psicológico y reduce el estrés y la ansiedad. Si llevas tiempo con este propósito, tienes ahora una oportunidad única, porque voy a impartir un webinar gratuito sobre mindfulness (la meditación más practicada en el mundo) el próximo lunes 18 de enero. Apúntate escribiendo un email a carmen.celemin@execoach.es
  3. Formarte en algo que potencie tu perfil profesional. Todos los expertos en empleo y carrera profesional coinciden que las soft skills (habilidades interpersonales) son fundamentales para el éxito profesional. De hecho, serán la ventaja competitiva determinante que las empresas del siglo XXI demandarán en sus profesionales. Aquí tienes una sugerencia de cursos en habilidades interpersonales a precios muy económicos. Execoach Academy
  4. Ahorrar un 20% de tus ingresos mensuales. Haz un seguimiento exhaustivo durante un mes de todos tus gastos, anotando el concepto y los euros gastados. Te dará una información importantísima que te servirá para darte cuenta de dónde estás despilfarrando el dinero. Otra estrategia es programar una transferencia automática mensual de 100 o 200 € desde tu cuenta bancaria a un producto de ahorro o un fondo de inversión indexado. Así no tendrás que recordarlo y en unos meses te sorprenderás de la cantidad acumulada y de lo mucho que puedes ahorrar.

Finalmente, para garantizarte lograr uno de estos propósitos o cualquier otro, y llegar a finales de 2021 con el orgullo y la alegría de haber conseguido ese objetivo tan importante, puedes contratar un coach profesional que te apoye, te proporcione estrategias de éxito y te haga seguimiento hasta alcanzar el éxito. El porcentaje de éxito aumenta radicalmente cuando cuentas con un coach. Si estás interesado, pídeme información y te la enviaré con mucho gusto.

¡A por ello, entonces! Suceda lo que suceda este año que no esté bajo nuestro control, te deseo que consigas tus propósitos de nuevo año, que sí están bajo tu control.

 

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.