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¿Por qué debes escribir tus objetivos?

Observo cada día en mi vida personal y en mi trabajo cómo muchas personas están bloqueadas por el estrés y sus problemas cotidianos, cómo se sienten paralizadas para tomar decisiones importantes, y cómo se resignan a vivir una vida por debajo de su potencial. Y me produce tristeza y frustración, lo confieso. Por eso me dedico profesionalmente al coaching y al desarrollo personal, porque sé cómo ayudar a estas personas a salir de dichos bloqueos. Sencillamente porque yo mismo he estado inmerso en ese estado de confusión y resignación durante muchos momentos de mi vida, hasta que descubrí las herramientas para salir de forma efectiva.

Sin embargo, lo primero que tiene que suceder para que una persona comience a liberar su estrés, su confusión y su bloqueo emocional es querer trabajar en ello. Es como si una persona con sobrepeso se quejara amargamente de su peso pero no hiciera nada para bajarlo. Hay muchísima información en Internet y en las redes sobre qué podemos hacer, tanto en el caso del sobrepeso como en el caso de sentirnos desvalidos y confusos emocionalmente ante los retos y pruebas que nos pone la vida. Entonces ¿Por qué tanta gente se siente infeliz y deprimida? En mi experiencia, porque no está dispuesta a hacer el trabajo interno necesario. Y sin duda, es un trabajo personal muy importante.

En un proceso de coaching lo primero que preguntamos a nuestros clientes es ¿Qué objetivo quieres lograr en el proceso de coaching? Esta pregunta aparentemente sencilla es tremendamente difícil para muchas personas, que no saben realmente lo que quieren. Ya de por sí es clave que se hagan esta pregunta, porque les obliga a planteárselo y reflexionar sobre ello. Además, aunque sea inconscientemente, la pregunta obliga a su cerebro a hacer un potente cambio de chip: enfocarse en metas y no en problemas. Y esto tiene una consecuencia inmediata: surge la motivación.

Una vez que las personas comienzan a pensar en objetivos y no en problemas, las emociones comienzan a cambiar. Empiezan a ver posible un auténtico giro, antes inimaginable. Y el foco ya no está en las quejas y el victimismo, sino en ser creativos para resolver cómo pueden alcanzar dichos objetivos. El bloqueo y la parálisis comienzan a desvanecerse, y en su lugar aparece una sensación de poder y de motivación, porque comienzan a conectar con su enorme potencial. Es increíble lo mágico que es y lo poco que las personas lo llevan a la práctica.

Pero hay un aspecto clave en la definición de objetivos, y que he comprobado no sólo en mi propia experiencia a la hora de marcarme mis metas durante años, sino en mis clientes de coaching. Se trata de escribir los objetivos. ¿Por qué hay que escribir los objetivos? Los beneficios son varios:

  • Aumentan la claridad y la concreción. Cuando tenemos en la cabeza nuestras metas, no son específicas sino vagas y difusas. Necesitamos escribirlas en un papel para poder aterrizarlas y así tener más claridad y compromiso.
  • Aumentan tu compromiso con tus objetivos. Sin duda, cuando hemos escrito los objetivos, nuestro compromiso es mucho más alto. Estamos asumiendo la responsabilidad de nuestra vida en lugar de culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros males. Esto sucede no sólo por estar físicamente registrados en un lugar (ordenador, cuaderno) sino porque al escribirlos los hemos concretado.
  • Permiten hacer un seguimiento de tus avances. Como es lógico, si no son concretos ni están registrados en ningún sitio, será muy difícil medir los avances y hacer un seguimiento. Por lo tanto, es bastante poco probable que los consigamos. Para tener más opciones de lograr lo que queremos, debemos escribirlo para hacer un seguimiento regular. Una idea es leer una vez al mes los objetivos que escribiste, con el fin de recordártelos y seguir enfocado/a en ellos.
  • Aumentan las posibilidades de lograrlos. Por todos los motivos anteriores, como seguramente deducirás, es muchísimo más factible lograr tus objetivos si los has escrito. Pero además, neurológicamente estamos lanzando un mensaje subliminal a nuestro cerebro: «Este objetivo es posible conseguirlo para mí». Y nuestro cerebro no cuestiona los mensajes que le lanzamos, los interioriza y se pone en marcha (porque ojo, el cerebro tampoco cuestiona el mensaje de «No puedo conseguirlo, soy un desastre, etc.»)

Ya tienes 2 claves fáciles de implementar para salir de tu bloqueo emocional y parálisis de decisión. Ponte a pensar qué objetivos quieres lograr a nivel individual, en tus relaciones y en tu trabajo. Ponle una fecha algo lejana para no limitarte. Y luego escribe todos tus objetivos en un papel o en un documento en el ordenador. Haz todo lo que puedas para aterrizar y concretar todos los objetivos. Y tú mismo podrás comprobar cómo tu estado emocional empieza a cambiar. Por supuesto, esto no es suficiente si no nos ponemos en acción. A partir de esa lista de objetivos, el siguiente paso es marcarnos pequeñas acciones muy alcanzables y sencillas para cada objetivo (y escribirlas también, por supuesto). Finalmente, tendrás que poner en marcha dichas acciones, con el fin de ir aprendiendo lo que funciona y lo que no funciona, y de esa forma continuar avanzando hasta conseguirlo.

¿Qué te parece? Te animo ahora mismo a escribir tus objetivos vitales y profesionales en un papel en blanco. Es siempre el inicio de una vida mejor.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Educar para reconectar con nuestro potencial

Recientemente la editorial de mi último libro «Reconecta contigo» me comunicó que un profesor de un Instituto de Cádiz había elegido mi libro para que sus alumnos lo leyeran a lo largo del curso y debatieran sobre sus aprendizajes en un círculo de lectura creado por dicho profesor. El propósito del círculo es, al parecer, ayudar a sus alumnos a reflexionar sobre aspectos esenciales de la vida, ayudados de un libro.

La iniciativa me pareció fabulosa, y sentí un enorme orgullo y alegría al saber que el profesor había seleccionado mi libro este año. De hecho, la editorial me envió las reflexiones y aprendizajes de los alumnos, inspirados por la lectura de mi libro, y quiero compartirlas en este post. Por supuesto, aunque no aparece ningún nombre, pedí permiso al profesor para compartir estas reflexiones. Aquí van algunas:

«Esta lectura personalmente me ha servido muchísimo. He aprendido muchas cosas que debo cambiar, aprender y aportar a mí y a los que me rodean. 

El libro a mí me ha enseñado la parte bonita y «fea» de la vida, pero aún así te hace verla maravillosa. Te enseña a ver las cosas de otra manera, a no tomarte las cosas tan a lo personal, a saber disfrutar de los momentos que te va regalando la vida y no estar apegada al pasado ni angustiada por el futuro, sino viviendo el presente, el aquí y el ahora. El poder volver a confiar en alguien, en decir pues puedo contarle x cosas a x persona. Que pedir perdón, mostrar tus sentimientos, decir lo que sientes, lo que piensas y buscar ayuda o apoyo, no es de débiles. En darle valor a cada detalle de la vida y de las personas. Aprender de lo bueno que tiene y de lo malo, no siempre quedarnos con lo malo de las cosas o personas. 

Saber sanar las heridas, hablando de ellas, y no intentar tapar o echar las cosas a la espalda, porque llega el día en el que no puedes levantarte de tanto peso. En luchar por las cosas que queremos y no solo lo material, porque como el libro nos enseñó, cuando logramos lo material nos decepcionamos o aburrimos de ello con facilidad, porque nos ha costado más conseguirlo que lo que realmente tiene de valor o importancia. Para mí estas cosas son las que más estoy poniendo en práctica, gracias al libro.»

¡Qué maravilla liberarnos de lastres que nos impiden vivir con plenitud, como el resentimiento o la preocupación por el futuro! Y también es especialmente relevante la conciencia de vivir la vida tal como es, no huyendo o rechazando la parte «fea» o oscura. Eso es, simplemente, vivir con sabiduría, pero ¡Nos cuesta tanto! ¡Nos encanta contarnos historias ilusorias sobre la vida o imaginarnos todo perfecto! Y luego viene la dura caída, el inevitable desencanto al enfrentarnos con la vida. Por eso, el camino es aceptar, aceptar y aceptar la vida como es, y a partir de ahí, trabajar en mejorar las cosas. Comparto otra fantástica reflexión de otra alumna:

«Considero que últimamente sobre todo con mi familia pago con ellos el hecho de que no me encuentro bien y como dice el libro nuestra relación con los demás se ve afectada si no conseguimos estar bien con nosotros. Ahora mismo me estoy concentrando sobre todo en intentar manejar una discusión e intento poder poner en práctica el pedir perdón, ya que es una cosa que consideraba que no me costaba pues siempre cuando creía que debía pedirlo lo decía, pero llevo una semana sintiendo que le debo pedir perdón a una persona de mi entorno porque pagué una frustración personal con ella y acabamos discutiendo y soy incapaz de pedirlo. Creo que es más que nada porque esa persona también me hizo daño a mí en la discusión. 

También he de decir que me he dado cuenta de que veo siempre los problemas más grandes de lo que son y que mi «Yo complaciente» que es incapaz de decir «no» también hace que me cargue algunas veces de más cosas de las que puedo hacer y me acabo agobiando mucho por no poder hacer las cosas como a mí me gustarían. Por último, me he dado cuenta de que en el libro hay cosas con las que puedes estar más o menos de acuerdo, pero te hace pensar en cosas que antes no le dabas importancia.

Es emocionante comprobar la gran madurez de los adolescentes, a pesar de estar en una etapa tan complicada de su evolución personal. Me hubiera encantado que a mis 18 años pudiera tomar conciencia de mi «Yo complaciente» o cualquier otro aspecto de mi personalidad que me estuviera limitando, como esta chica. Comparto otra reflexión de otro chico:

«En lo personal el libro me ha parecido de mucha ayuda, aunque no haya podido aplicar del todo sus enseñanzas debido a los problemas con el estudio, y las tareas me serán de mucha ayuda más adelante, ya que me hizo ver lo hermosa que ha sido mi vida, el increíble potencial que tengo dentro de mí, que no hay que criticar a las personas sin conocerlas. Intentar no verme abrumado por los problemas pequeños, aprender a expresar mis pensamientos y liberarme en el círculo de lectura.»

Me encanta que gracias a mi libro este chico se haya dado cuenta de que tiene un potencial interior increíble y que es importante expresar sus pensamientos. Si además le he ayudado a ver lo hermosa que es la vida en esta etapa de tanta confusión y sufrimiento, pues más feliz aún me hace. Y la última reflexión de otra chica:

«He podido darme cuenta que cada uno llevamos una «carga» en nuestro interior y el ser humano tiende a ser egoísta y a pensar que las cargas nuestras son más graves que las de los demás. Gracias a este libro me he vuelto más empática, he aprendido a ponerme en la situación y a volverme más racional, y sobre todo a conectar con los demás.»

Existe una clara tendencia social que preocupa mucho a los expertos: el excesivo individualismo de las sociedades desarrolladas. Un ejemplo extremo es Suecia, desde hace décadas en la vanguardia de lo que se considera una sociedad avanzada, donde sin embargo existe una cara oscura, reflejada de forma impactante en el documental «La teoría sueca del amor».

En el documental se analiza cómo en Suecia, el referente máximo de la sociedad del bienestar, la mitad de las personas viven solas, y muchas también mueren solas y son encontradas muertas semanas después de su fallecimiento en su apartamento. Y sólo se detecta porque los vecinos empiezan a notar un olor horrible y llaman a la policía. También se cuenta en el documental cómo las mujeres ya prefieren ser madres solas, sin el apoyo de un padre. En definitiva, el individualismo crece imparable en contra de una realidad biológica del ser humano: somos seres sociales y necesitamos relacionarnos con los demás para sentirnos plenos. Por eso me parece relevante el aprendizaje de esta última chica que dice que gracias a «Reconecta contigo» se ha vuelto más empática, y que está conectando mejor con los demás.

En definitiva, siento una enorme gratitud por estos jóvenes y por su profesor. Me han hecho sentir que, con mi granito de arena, estoy contribuyendo a un mundo más consciente, empático y humano, y a que cada vez haya más personas despiertas y conscientes de su enorme potencial interior. Gracias.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Cómo gestionar la incertidumbre

Coincidirás conmigo en que vivimos en un mundo totalmente incierto y en constante cambio, ya que no podemos predecir qué va a suceder ni siquiera mañana. De hecho, mañana nuestra vida puede dar un vuelco brutal y cambiar para siempre por un hecho concreto, y dicho vuelco puede ser a peor pero también a mejor. La incertidumbre, aunque ha formado parte de la existencia del ser humano desde sus antepasados, ha aumentado en los últimos años exponencialmente, a causa de los avances tecnológicos sin precedentes y la globalización. La pandemia, la guerra de Ucrania, la amenaza del cambio climático o casi cualquier evento conflictivo en cualquier parte del mundo nos afectan, generándonos estrés, ansiedad y miedo.

Pero además en nuestras vidas sufrimos una alta incertidumbre a nivel profesional y laboral tanto si trabajamos como empleados en una empresa como si dirigimos nuestra propia empresa, ya que en cualquier momento nos podemos quedar sin trabajo o sin clientes. También sufrimos incertidumbre a nivel financiero, puesto que dependemos no sólo de nuestra capacidad de gestionar bien nuestros ingresos y gastos, sino del estado de la economía nacional y mundial (tenemos el claro ejemplo de la altísima inflación actual y la subida estratosférica de la electricidad, que afecta directamente a nuestra economía personal). También vivimos con ansiedad e incertidumbre otros aspectos cruciales para nuestra estabilidad emocional como nuestra salud y la salud de nuestros familiares más cercanos. Todos sabemos, y yo lo he vivido en primera persona, que tenemos la ilusión de que estamos sanos y de pronto un día, en una revisión rutinaria, nos pueden descubrir algo grave como un cáncer, o podemos sufrir un infarto repentino.

Nuestro cerebro busca constantemente la seguridad y la estabilidad, de modo que una constante y altísima incertidumbre y volatilidad en todos los ámbitos de nuestra vida nos provocan altos índices de estrés. Y no es el estrés funcional y positivo, que es el que nos alerta de peligros reales y efímeros de modo que podamos actuar y reaccionar para sobrevivir. La constante incertidumbre nos genera el llamado estrés crónico, que es devastador para nuestra salud mental.

Por tanto, la pregunta urgente es ¿Se puede manejar o gestionar la incertidumbre, y reducir el estrés crónico que nos produce?

Afortunadamente, tenemos recursos, disciplinas y técnicas a nuestro alcance que pueden ayudarnos a gestionar la sensación de que no tenemos un suelo estable sobre el que pisar. Voy a detallar 4 alternativas efectivas para manejar con mayor sabiduría y equilibrio lo incierto y volátil de nuestras vidas.

  1. Crea un plan B, incluso un plan C. Si quieres estar tranquilo y seguro, un buen recurso es crearte un plan B o incluso un plan C para todos los ámbitos de tu vida. Esto significa dejar de ser un ingenuo creyendo que todo va a salir según tus planes. Esto casi nunca sucede. Por eso, debes ir trabajando en un plan B de forma constante, por si sucede lo peor. Esto tiene que ver con el denominado análisis pre-mortem, en el que imaginamos qué es lo peor que puede suceder, y en base a ese escenario dramático posible, generamos planes que puedan minimizar el daño o incluso eliminarlo.
    Por ejemplo, en el plano financiero ¿Tienes un buen colchón de ahorros como para poder vivir sin ingresos durante al menos un año? ¿Tienes dinero invertido en buenos productos de inversión que te permitan al menos igualar a la alta inflación que está minando el valor de tu dinero en estos momentos? Si has respondido «no» a cualquiera de esas dos preguntas, no tienes un plan B ni un plan C. Y te encuentras en una situación de alto riesgo.
    En el ámbito profesional, ¿Te estás formando de manera continua en habilidades profesionales o herramientas que potencien tu empleabilidad y tu marca personal en caso de que te despidan de tu empresa? Si no lo estás haciendo, no tienes un plan B y eres muy vulnerable. En todos los ámbitos importantes de nuestra vida necesitamos al menos crear un plan B (y aún mejor un B y un C) por si el plan A no funciona. Esto nos proporcionará una solidez y estabilidad emocional tremenda que nos ayudará a tomar mejores decisiones e incluso a tomar mayores riesgos que nos lleven a lograr mayores éxitos.
  2. Focalízate en lo que depende de ti. Puede sonar obvio pero no es tan obvio cuando normalmente no lo hacemos. Centramos demasiado nuestra energía en lo que no depende de nosotros, permitiendo la sobreexposición a los medios de comunicación y redes sociales, que aumentan nuestra ansiedad de manera espectacular porque interiorizamos la creencia de que no podemos hacer nada con todo lo que sucede en el mundo. Vivir centrado en todo lo que no depende de nosotros nos genera una parálisis total, que nos impide tomar decisiones y salir del estado de ansiedad. La mejor manera de salir de este círculo vicioso es hacerse la pregunta «¿Qué puedo hacer/cambiar/mejorar yo respecto a este problema o situación?» Y ponerse a ello con proactividad. A veces podemos tomar decisiones que cambien drásticamente nuestra situación (como por ejemplo, creando nuestro plan B) y otras simplemente debemos ser muy selectivos con lo que permitimos que entre en nuestra mente (exceso de información nefasta, exceso de tiempo viendo redes sociales, exceso de grupos de WhatsApp con un montón de material tóxico, etc.). En cualquier caso, tomar decisiones nos libera de un montón de estrés y ansiedad. Y por ello, es esencial no tener miedo a tomar una decisión equivocada, porque muchas veces lo peor es no tomar ninguna decisión.
  3. Recuerda siempre el mantra: «Esto también pasará». Las enseñanzas budistas nos hablan desde hace miles de años de una ley universal de la existencia: la impermanencia. Es decir, que todo es efímero, que todo cambia constantemente, que todo pasa. Hoy en día lo llamamos volatilidad y no nos gusta, pero podemos hacer que sea nuestra amiga, especialmente en momentos críticos o etapas muy duras e inciertas como la pandemia, repitiéndonos el mantra «Esto también pasará», porque indudablemente, sea lo que sea, va a pasar, sencillamente porque es una ley universal de la vida. La pandemia terminará, la guerra de Ucrania también, pero surgirán nuevos conflictos y crisis de todo tipo que pondrán a prueba nuestra resiliencia. Recordemos en esos momentos la ley de la impermanencia y honremos dicha ley, aceptando que la vida es incierta y cambiante, aceptando la vida tal como es. Y repitámonos el mantra «Esto también pasará.» ¡Ojo! La impermanencia también se debe aplicar a las etapas y momentos de felicidad, es decir, lo bueno también pasará tarde o temprano, por lo que repetirse el mantra también en las etapas exitosas y felices nos aportará más sabiduría y serenidad para disfrutar sin caer en la euforia excesiva o en un delirio de ceguera. Ya sabes, cuanto más alto subas, más dura será la caída.
  4. Incorpora la meditación mindfulness. Si existe una disciplina que nos puede ayudar enormemente a gestionar la incertidumbre es la meditación mindfulness, ya que se trata de un entrenamiento mental para ser capaces de estar más tiempo en el momento presente, en el aquí y ahora, con aceptación y sin juzgar. Al focalizarnos más en el presente, dejamos de ser una marioneta de nuestra mente divagadora, constantemente pensando en el futuro o rumiando el pasado con sus pensamientos. Además, la mayoría de los pensamientos de futuro son negativos, generadores de preocupación, miedo y ansiedad («¿Y si…?»). Y en cuanto a los pensamientos de pasado, también suelen ser negativos, relacionados con errores o malas experiencias que no acabamos de digerir y seguimos rumiando como las vacas («¿Por qué…?»). Estudios de la Neurociencia han demostrado que la práctica del Mindfulness reduce la red neuronal por defecto del cerebro, que tiene que ver con la tendencia a divagar y a estar perdidos en nuestros pensamientos agobiantes de futuro y pasado, y al mismo tiempo aumenta la red neuronal experimentadora, que tiene que ver con experimentar el presente, nuestras sensaciones corporales y los 5 sentidos. Es decir, que pasamos mucho menos tiempo estresados con nuestros pensamientos y mucho más tiempo viviendo el presente, sin esa contaminación mental.

En definitiva, la incertidumbre forma parte de nuestra vida y el mundo en el que vivimos, no depende de nosotros, así que más vale aceptarla como parte de lo que significa vivir. Sin embargo, hay estrategias y disciplinas con las que podemos minimizar y manejar eficazmente el estrés y el miedo que nos ocasiona la incertidumbre. La clave es focalizarse en lo que podemos controlar, tomar decisiones, practicar la meditación mindfulness todos los días, tener siempre un plan B e incluso un plan C, y a partir de ahí, confiar en que las cosas siempre pasarán, y finalmente todo irá bien.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Los niveles de conciencia y la felicidad

El ser humano lleva buscando la felicidad desde hace miles de años, después de haber logrado cubrir sus necesidades básicas fundamentales. Y a estas alturas de su historia, aún no nos ponemos de acuerdo en cómo alcanzar la deseada e idealizada felicidad. No faltan gurús que dicen tener el secreto de dicha felicidad duradera lanzándonos recetas pobres, superficiales y muchas veces tremendamente cursis. «El secreto de la felicidad es aprender a amar» dice uno de esos gurús. «La clave es ser agradecidos y dar las gracias por la vida, que es maravillosa» nos dice otro gurú. Esto está muy bien, pero ¿Eso es todo? Estos seudogurús dan consejos como si la vida no tuviera la otra cara oscura, que es al menos igual de importante y por la que justificadamente podríamos también decir que la vida es una tortura o una lucha llena de sufrimiento. Seudogurús hay muchos en las redes sociales, incluyendo colegas de mi profesión de coaching o algunos profesores de mindfulness.

Desde luego, siempre hay aportaciones interesantes y que aportan claridad por parte de grandes maestros espirituales, así como de algunos reconocidos psicólogos. Pero siempre estas personas, que realmente nos ofrecen luz sobre cómo ser más felices y sentirnos mejor con nuestras vidas, hablan de manera realista, aterrizada, humilde, y contemplando las dos caras de la vida: la maravillosa y la horrorosa. No hablar de la segunda como si no existiera genera una gigantesca frustración y ansiedad en millones de personas porque creen que sólo los gurús y personas especiales son capaces de ser felices, y sin embargo ellos son torpes y miserables que sufren cada día sin saber qué hacer con su vida.

En mi experiencia, sin lugar a dudas, me ha ayudado definitivamente la perspectiva de estos maestros que hablan claro, sin florituras ni adornando las cosas ni vendiendo una especie de receta mágica. Y todos ellos se focalizan en un aspecto clave, que es elevar nuestro nivel de conciencia. Porque cuanto más elevado sea nuestro nivel de conciencia sobre uno mismo, sobre la vida y sobre nuestras relaciones, no cabe duda que seremos más felices. Con la reserva de que la felicidad no es un estado permanente, sino un estado al que se va y se viene, igual que el dolor y el sufrimiento.

¿Y qué es el nivel de conciencia? Para explicarlo de manera sencilla, funcionar en piloto automático es justo lo contrario de vivir con consciencia nuestra vida. Y vivir en automático es una auténtica pandemia. La gente vive corriendo, como pollos sin cabeza, sin ser consciente de todo lo que sucede a su alrededor, y mucho menos de lo que sucede en su interior (sus emociones, pensamientos, creencias, valores, juicios, sesgos). Cuando vivimos con tal nivel de inconsciencia, lo normal es que vivamos estresados, ansiosos, ignorantes, enfadados, deprimidos y eso sí, haciendo cosas todo el día sin pararnos a reflexionar o a simplemente descansar y «no hacer» nada.

Precisamente cuando dejamos de hacer cosas sin parar y nos permitimos «no hacer» empezamos a darnos cuenta de muchas cosas. Pero claro, algunas de esas cosas no queremos verlas, nos asustan, nos deprimen, y por tanto inventamos un montón de estrategias para huir de nuestros problemas y preocupaciones. Estas estrategias no hacen más que empeorar nuestro estado emocional, ya que huir y escapar de nuestros problemas y miedos es igual que escapar de nosotros mismos. Es el equivalente a la inconsciencia, a vivir con un nivel nulo o bajísimo de consciencia. Este es el motivo por el que, básicamente, sufrimos.

¿Y cómo subimos en la escala de los niveles de conciencia? Hay reconocidos maestros espirituales como el Dr. David R. Hawkins, autor de libros de referencia como «Dejar ir», que han creado su propia escala de niveles de conciencia, detallando qué actitudes y conductas están relacionadas con cada nivel de conciencia. Pero más allá de modelos o escalas, para mí la clave es saber que el secreto para vivir una vida plena y razonablemente feliz es elevar nuestro nivel de conciencia. Y desde luego, hay disciplinas y estrategias probadas para ayudarnos a este objetivo. Así transformamos el objetivo clásico de la humanidad desde hace miles de años de alcanzar la felicidad por un objetivo mucho más alcanzable y concreto como es el de ir aumentando progresivamente nuestro nivel de conciencia.

Las disciplinas probadas que mencionaba, y que yo mismo he experimentado durante los últimos 17 años de mi vida, son la meditación y el coaching. Cuando hablo de meditación, incluyo distintas variantes como la meditación zen, el mindfulness o la vipassana, que en el fondo son casi lo mismo. Y respecto al coaching, hay diversas formas de lograr aumentar nuestro nivel de conciencia: una es formarse como coach con un programa largo y profundo, y la otra forma es contratar a un coach para realizar un proceso de coaching. Tanto el coaching como la meditación tienen un pilar básico fundamental: generar y elevar conciencia. Y esto significa que gracias a practicar con regularidad (y guiados por los maestros o expertos de confianza, no los seudogurús que proliferan tanto en las redes) vamos a ir saliendo del piloto automático, comenzaremos a cuestionarnos por qué y para qué hacemos las cosas. Y también iremos despertando y descubriendo quienes somos realmente, más allá de etiquetas, roles, creencias e ideas preconcebidas generadas por la cantidad de programas mentales que nos han introducido desde la infancia.

Elevar el nivel de conciencia implica despertar a una visión nueva de la vida. Implica dejar de hacernos las víctimas en nuestra vida, hacernos responsables de nuestros errores y malas decisiones, reconocer nuestros puntos débiles y no culpar a nadie de lo que nos sucede en la vida. También implica ir descubriendo enormes tesoros, como la increíble sabiduría que habita en cada uno de nosotros, el enorme potencial que tenemos como seres humanos, algo que ni podíamos imaginar cuando estábamos inmersos en el piloto automático, quejándonos de todo, haciéndonos la víctima, manipulando, mintiendo y haciendo cosas sólo para gustar y ser aceptados socialmente. Y aquí empezamos a salir de nuestro mundo egocéntrico y de nuestra ignorancia y arrogancia, y empezamos a descubrir una realidad paralela, sólo disponible para aquellas personas privilegiadas que han descubierto estas disciplinas y las han practicado con regularidad (meditación, coaching), y que gracias a ello acceden a esa nueva dimensión donde comprenden en profundidad la vida, y en consecuencia, honran determinadas leyes fundamentales de la existencia. Estas personas han despertado de la anestesia mental y emocional masiva.

Desgraciadamente, la mayoría de las personas del planeta viven en una nube de ignorancia e inconsciencia que es la causa principal del sufrimiento y la infelicidad. La buena noticia es que cada vez más personas conocen y se abren a las disciplinas mencionadas. Tanto el coaching como la meditación han cambiado mi vida por completo, y también han transformado el concepto de mí mismo y de mi identidad como ser humano. Pero claro, esto no es un destino sino un camino de aprendizaje para toda la vida. Es decir, se trata de ir trabajando en nuestro autoconocimiento y nivel de conciencia de manera continua hasta el final de nuestra existencia. Y cuanto más alto sea nuestro nivel de conciencia, más felices seremos y más disfrutaremos del regalo de la vida tal y como es, abrazando tanto la parte luminosa como la parte oscura, que existe y es real. No neguemos la parte oscura de la vida y entonces tendremos toda la luz, aunque suene paradójico.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Menos consejos y más coaching

La pasada semana, como cada tres años, renové mi certificación de coach con la International Coach Federation, y entre otros requisitos, los coaches estamos obligados a pasar un breve curso sobre ética profesional, y luego pasar con éxito un breve examen sobre los contenidos del curso. A mí me parece fantástico que al menos cada tres años se nos obligue a parar y reflexionar sobre los temas éticos de nuestra profesión de coaches, porque sin duda tenemos una gran responsabilidad en nuestro trabajo. Podemos hacer daño y perjudicar seriamente a las personas si no cumplimos unos estándares y principios éticos.

Uno de los aspectos éticos del coaching, aunque parezca chocante, es nuestro compromiso de evitar dar consejos a nuestros clientes. Para ello somos entrenados cuando nos formamos y certificamos, y desde luego si damos consejos no conseguimos pasar los exámenes que nos proporcionan la certificación.

Pero es sin duda uno de los retos más difíciles a los que nos enfrentamos, porque la educación que recibimos desde niños está basada en el consejo directo de nuestros padres, hermanos, profesores, amigos y mentores. Estamos programados para recibir consejos y los pedimos activamente en nuestra vida de adultos, y por supuesto también estamos programados para dar consejos y recomendaciones a nuestros hijos, hermanos, amigos y conocidos. Porque eso es lo que hemos entendido que era lo correcto para ayudar a alguien en una situación complicada. Nada más lejos de la realidad.

Como parte del curso sobre ética, leí el interesante artículo From the toolbox. Do you give advice to your clients? que revelaba el resultado de una investigación neurocientífica sobre qué nos sucede a las personas cuando alguien nos da un consejo directo de lo que deberíamos hacer. La investigación revelaba que cuando recibimos un consejo, sólo la parte racional de nuestro cerebro reacciona y se involucra, pero no nuestra parte emocional. Esto implica que, como somos seres emocionales y nos movemos fundamentalmente por emociones, no nos sentimos realmente comprometidos con los consejos que nos dan los demás. Y sin la parte emocional implicada, existen más probabilidades de que no hagamos nada, o que la decisión que tomemos sea inadecuada o incluso dañina para nosotros.

Estoy convencido de que los consejos satisfacen más al ego de quien los da que a los intereses de la persona que los recibe. La persona que da el consejo se siente orgullosa creyendo haberle solucionado la vida a la otra persona, y probablemente se auto-pavonee de lo inteligente que es, y de lo valiosa que es su experiencia. Pero en realidad no ha ayudado en absoluto a la persona a la que ha dado el consejo.

Es decir, cuando nos dan un consejo sobre una decisión difícil, nos están arrebatando la necesaria autonomía para tomar nuestra decisión. Y también abdicamos de nuestra responsabilidad sobre dicha decisión. Si seguimos el consejo, siempre podremos culpar a la otra persona si no salió bien. Y si por el contrario, seguimos el consejo y fue un éxito, ¿Quién fue el responsable del éxito de la decisión tomada? La persona que nos dio el consejo, claro. Así que tanto si la decisión derivada del consejo nos lleva al resultado deseado como si no, no asumimos la responsabilidad de nuestras decisiones. Esto tiene consecuencias bastante importantes. Por ejemplo, no desarrollamos nuestra autoconfianza, nuestra autonomía ni nuestra capacidad para tomar decisiones difíciles. Nos hacemos dependientes de los demás y de alguna manera no maduramos porque siempre delegamos nuestra responsabilidad en las personas a las que pedimos consejo.

Además, si la persona que nos da el consejo tiene una relación de poder sobre nosotros (nuestro jefe, nuestro padre o madre, un profesor) nos sentimos presionados a seguir su consejo, porque sabemos que nos van a preguntar posteriormente si seguimos su consejo. Y en caso de no haberles hecho caso, sabemos que se van a sentir heridos o enfadados y eso hace que tendamos a hacer lo que nos han dicho, a pesar de no estar convencidos de que sea lo que realmente queremos. Este es un camino directo a vivir con arreglo a las expectativas y presiones de los demás y no por lo que realmente nos motiva en la vida.

Sin embargo, el coaching propone cambiar la tendencia que tenemos todos de depender de los demás para tomar las decisiones difíciles de nuestra vida, ya que en lugar de dar consejos hacemos preguntas abiertas para que la persona reflexione sobre las implicaciones de la decisión o dilema que quiere resolver, y sobre todo para que conecte con su sabiduría interior y finalmente tome una decisión que sea propia, no prestada de otra persona. Ahí nuestro cerebro límbico, responsable de las emociones, sí se involucra y se produce un compromiso real y total dentro del cerebro, aparte de la importantísima asunción de responsabilidad.

El gran psicoterapeuta Marshall Rosenberg dijo que antes de dar un consejo, deberíamos pensarlo hasta tres veces. He comprobado por comentarios de personas conocidas cómo muchos psicoterapeutas dan consejos directos a sus pacientes frecuentemente, y creo que todo terapeuta debería formarse en coaching, para darse cuenta del perjuicio que están ocasionando a sus pacientes aconsejándoles qué deben hacer en sus desafíos vitales y profesionales.

Cuando un psicoterapeuta da un consejo directo a su paciente, está limitando su capacidad de crear sus propias soluciones y de conectar con su sabiduría innata, está limitando su libertad y autonomía para decidir acorde con sus valores, está impidiendo su madurez emocional, que emerge cuando asumimos la responsabilidad sobre nuestras decisiones.

Quiero aclarar que no estoy generalizando respecto a que todos los psicoterapeutas dan consejos y recomendaciones a sus pacientes. Pero me preocupa escuchar frecuentemente testimonios directos de personas muy cercanas revelando que su psicólogo le ha dicho que tiene que hacer esto o lo otro.

La International Coach Federation admite varias alternativas al consejo. La principal es hacer preguntas abiertas y no condicionadas (es decir, evitando consejos disfrazados de preguntas) para que la persona desarrolle su propia solución y conecte con sus recursos internos. También podemos compartir ejemplos en términos generales sobre personas que han afrontado una situación similar de esta u otra manera, y luego preguntar al cliente qué piensa de esos ejemplos, cómo le resuenan con sus valores y su forma de ver el mundo. También es válido explicarles una herramienta práctica que puede servirles y preguntarles si la ven útil y valiosa para su situación concreta. Estas alternativas están devolviendo la responsabilidad a la persona, habilitando a la persona para diseñar su vida y tomar sus propias decisiones.

Como conclusión, si alguien te pide un consejo, sea un amigo, familiar o colega del trabajo, piénsatelo tres veces antes de darlo. Valora el perjuicio que estás causando a esta persona y las implicaciones que tiene. Y en vez de eso, puedes hablarle de un libro o de un curso que ha sido valioso para muchas personas en situaciones similares, ponerle ejemplos de lo que hicieron otras personas en su misma situación, o hacerle preguntas abiertas y no condicionadas. Quizá tu ego no engorde, pero sabrás que estarás apoyando de forma mucho más sana y sostenible a la persona que necesita tu ayuda o apoyo.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Tu brújula interior: propósito, visión y valores

En 2007, después de mi formación en coaching, dediqué una mañana a escribir mi visión personal a 10 años. En este ejercicio escribí todo aquello que quería lograr en 2017, sin límites, con una ambición total, mis metas gigantes tanto en el ámbito personal como el profesional. He dicho muchas veces en mis conferencias o entrevistas que este ejercicio ha sido una de las cosas más importantes que he hecho en mi vida. Fue un ejercicio que me ayudó a estar focalizado en lo importante durante esos diez años, a mantenerme motivado y proactivo hacia mis metas y prioridades.

Aunque algunos de aquellos objetivos y sueños no se cumplieron, otros sí los logré, e incluso conseguí cosas increíbles que no me planteaba ni siquiera en 2007, como llegar a publicar 4 libros. Lo importante, desde mi experiencia, no fue tanto si conseguí o no conseguí todas mis metas gigantes, sino si me sirvió y ayudó a dar lo mejor de mí mismo durante aquellos años. Y la respuesta definitiva es sí.

Por eso, en 2019 volví a hacer el mismo ejercicio, y escribí en un documento todo aquello que quiero lograr en mi vida en 2029, dentro de 10 años. Me puse a soñar, a reflexionar sobre mis prioridades, y una vez más evité ponerme límites. Desde que lo escribí, lo reviso cada semana, puntualmente. Simplemente lo reviso y a veces añado alguna cosa o modifico algún matiz. Leerlo cada semana atentamente, observando mis emociones al imaginarme que lo conseguiré, vuelve a ser un ejercicio esencial para mantenerme centrado, motivado y dar el máximo de mí cada día. Por eso, siempre sugiero a todos mis clientes de coaching que realicen este ejercicio, con unas pautas muy específicas para que tenga efectividad.

Pero además, hace un año revisé mi propósito personal y lo añadí en el mismo documento de mi visión personal a 10 años, propósito que puedes ver en esta página de mi web Sobre mí

Mientras que la visión personal tiene que ver con la pregunta ¿Qué logros quiero conseguir en mi vida?, el propósito se refiere a la pregunta ¿Para qué quiero conseguir esos objetivos?, es decir, ahonda en lo más profundo de nuestras necesidades y motivaciones humanas, y conecta con nuestro alma. Por eso, cuando pasamos nuestras metas por el barniz del propósito, algunas se quedan en el camino porque no están conectadas con nuestro ser más profundo. El propósito tiene que ver con el legado que queremos dejar en el mundo cuando nos marchemos, la contribución que deseamos hacer para que este mundo sea un poquito mejor. Para mí, tener claro cual es nuestro propósito vital es fundamental para vivir una vida plena y para desarrollar nuestro talento.

Y en tercer lugar, para completar el triángulo de nuestra brújula interior, es esencial hacer una reflexión profunda sobre cuales son nuestros 5 o 7 valores más importantes. Y más aún, qué valores nos gustaría tener integrados en nuestro ser para desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos. En mi documento de la brújula interior, además de mi visión personal a 10 años con todos mis objetivos gigantes y sueños, he añadido mi propósito vital y también mis 7 valores principales (autenticidad, coraje, compromiso, salud, equilibrio, gratitud y aprendizaje). De cada valor definí, en dos o tres frases, lo que significa para mí cada valor, o dicho de otra manera, qué es lo que debo hacer para estar cumpliendo cada día con cada valor.

Leer cada semana mis 7 valores con sus conductas y actitudes asociadas, junto con la visión y el propósito, me proporciona un rumbo tremendamente claro y poderoso y un criterio para tomar mis decisiones tanto profesionales como personales. Y también me permite gestionar mi tiempo de una manera más efectiva, eliminando sin piedad tareas y actividades de mi agenda que no estén conectadas con mis valores, con mi propósito y con mi visión.

Pues aquí te dejo mi desafío: empezar a pensar, sin límites, tu visión personal, es decir cuales son tus metas a largo plazo, concretamente a 10 años. Es clave que te marques tus objetivos con este margen tan amplio porque en 10 años cualquier persona puede revolucionar su vida y lograr cualquier sueño que se marque, con la adecuada disciplina, formación y actitud. Pero no en 5 o 3 años. Este ejercicio puedes hacerlo escrito o también de manera más visual, utilizando fotos o imágenes que te inspiren.

Además de tu visión personal, te sugiero empezar a pensar en tu propósito vital. ¿Para qué has nacido? ¿Para qué quieres vivir y trabajar? ¿Qué contribución quieres hacer a este mundo?

Y en tercer lugar, plantéate tus valores, reflexionando sobre qué es lo más importante para ti, qué es lo que te mueve en tus decisiones, y también los valores que te gustaría incorporar en tu ser, definiendo claramente qué significa cada valor para ti.

Por último, revisa el documento de tu visión personal a 10 años, tu propósito y tus valores cada semana, modificando lo que creas conveniente. Es una herramienta dinámica, que va evolucionando a medida que tú mismo vas evolucionando, conociéndote más y conectando más con tu alma.

Te aseguro que es un ejercicio que, si le dedicas tiempo, reflexión y compromiso, puede transformar tu vida. Y si cuando empieces te sientes estancado y no sabes cómo definirlo, puedes solicitar una sesión de coaching conmigo para que pueda orientarte sobre los detalles más específicos de los tres elementos, que sería imposible detallar en un post.

Si quieres saber qué es el mindfulness, los beneficios que te puede aportar, aprender a practicar mindfulness e integrarlo en tu vida cotidiana, compra mi último libro «7 hábitos de mindfulness para el éxito», pinchando en el siguiente link: Comprar el libro

 

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

¿Gestionar o liderar el cambio?

No hace falta que te diga que vivimos en un mundo en vertiginoso y constante cambio porque todos lo estamos viviendo (o sufriendo) en nuestras propias carnes. El cambio constante a nivel social, económico y también en nuestro entorno profesional, genera una gran incertidumbre, por el hecho de no saber qué va a suceder con nuestra vida no ya dentro de unos años, sino dentro de 3 meses o incluso menos. Tenemos la combinación perfecta (cambios e incertidumbre constante) para que sintamos ansiedad y estrés crónicos, y para que vayamos como pollos sin cabeza por nuestra vida, sin un foco ni rumbo claros.

La pregunta es ¿Cómo gestionar nuestras emociones en este entorno? ¿Qué hacer para tomar las mejores decisiones y aprovechar las oportunidades que nos ofrece este mundo tan cambiante e incierto? Porque lejos de estabilizarse, la tendencia es que se aceleren cada vez más los cambios y se intensifique la sensación de incertidumbre, así que no tenemos más remedio que aprender a manejarnos en este mundo tan complejo.

Hay dos habilidades, desde mi experiencia, en las que debemos entrenarnos. Una es la gestión o manejo de los cambios que nos sobrevienen inevitablemente, que es un entrenamiento muy concreto. La otra habilidad es la de liderar los cambios que nosotros queremos ver en nuestra vida. Ambas son fundamentales si queremos vivir la vida que queremos, si queremos ser líderes de nuestra organización y referentes en el sector donde desarrollemos nuestra carrera profesional. Ambas son críticas si queremos tener un auténtico y sostenible bienestar mental y físico, y si queremos hacer algo valioso por este mundo. Voy a analizar cada una de estas habilidades, y te recomendaré qué disciplinas o estrategias te pueden ayudar a desarrollar ambas habilidades.

1. GESTIONAR LOS CAMBIOS. Como he dicho, hay un montón de cambios y situaciones inciertas que nos llegan y nos afectan a todos, y no podemos hacer nada para evitarlo, forma parte del mundo en el que vivimos. Una reorganización en la empresa en la que trabajas y que termina afectando a tu trabajo, una regulación o ley nueva que implica costes o perjuicios para tu economía familiar, una nueva herramienta tecnológica que tu empresa implanta y que tienes que dominar de forma obligatoria, o un cambio de jefe con una forma de trabajar totalmente diferente a la que estabas acostumbrado/a. Estas son situaciones cambiantes típicas que remueven los cimientos de tu estabilidad y generan tensión, preocupación, miedo y estrés. La clave con este tipo de situaciones no es tratar de evitarlas, sino estar preparado/a para cuando lleguen. Porque van a llegar sí o sí. Y van a poner a prueba tu capacidad de adaptación y flexibilidad así como tu manejo de las emociones.

¿Qué estrategias podemos usar para aumentar nuestra capacidad de adaptación y la gestión emocional? Sin duda, aprender la técnica del mindfulness (atención plena). Es la mejor herramienta que conozco para gestionar los cambios y la incertidumbre. El mindfulness es un entrenamiento mental para estar presente, focalizado/a en el aquí y ahora, aceptando la experiencia que estés teniendo aunque sea desagradable. El mindfulness te entrena, por tanto, en la aceptación de las cosas tal y como son cuando no puedes cambiarlas. No se trata de rendirte ni de resignarte, sino de ser inteligente y no pegarte cabezazos frente a un muro cuando no puedes derribar dicho muro.

Aunque gestionar el cambio no deja de ser una actitud reactiva, porque reaccionamos ante algo que se nos pone enfrente, es clave aprender y entrenarse para responder de forma adecuada y positiva. La aportación del famoso psiquiatra Viktor Frankl puede servirnos de gran inspiración, ya que su trágica experiencia le enseñó que el ser humano tiene la capacidad de elegir su actitud ante cualquier circunstancia, aunque sea tremendamente dramática o crítica. En esa capacidad de elegir, decía Frankl, reside nuestra libertad, y en esa libertad la plenitud de nuestra vida. Por lo tanto, todos tenemos la capacidad para establecer un espacio entre el estímulo y nuestra respuesta, en lugar de reaccionar automáticamente desesperándonos, enfadándonos con el mundo o haciéndonos la víctima. Y el mindfulness nos enseña a no responder de forma impulsiva, sino a parar y a elegir nuestra respuesta, que será la más productiva y positiva.

2. LIDERAR LOS CAMBIOS. A diferencia de la reactividad de gestionar el cambio, liderar el cambio tiene un carácter proactivo. Significa que tratamos de diseñar nuestro futuro, que nos marcamos unas metas a largo plazo, y luego establecemos un plan de acción para lograr los objetivos. Con esta habilidad estamos liderando los cambios que queremos implementar en nuestra carrera profesional o en nuestra vida personal. Esta habilidad es clave porque si sólo gestionamos los cambios que nos llegan, probablemente nunca llegaremos a vivir la vida que queremos, siempre estaremos en modo «apagafuegos», lo cual no es suficiente. Si queremos ser líderes en nuestro entorno y alcanzar el éxito en cualquier ámbito, no nos queda más remedio que empezar a impulsar los cambios, lo que implica reflexionar sobre qué es lo que queremos, una cuestión altamente complicada para la mayoría de las personas, que no saben realmente lo que quieren.

El cambio al que me refiero aquí incluye cambiarse a uno mismo/a, que es uno de los desafíos más difíciles para un ser humano. Cambiarse a uno mismo/a para mejorar como persona y como profesional, para desarrollar nuestro potencial, para dar lo mejor de nosotros con el fin de mejorar este mundo.

¿Qué estrategias o apoyos podemos utilizar para entrenarnos en la habilidad de ser líderes de nuestro propio cambio? Obviamente, un proceso de coaching con un coach profesional es algo fundamental porque a través de tu proceso vas a aprender y a practicar con las herramientas clave para liderar tu vida y tu carrera, porque el coaching te va a obligar a asumir la responsabilidad evitando las excusas y los victimismos, algo necesario para ser proactivo/a y empezar a impulsar los cambios que quieres lograr en tu vida. Una de las herramientas del coaching es la creación de tu visión personal a 10 años, que yo personalmente utilizo en todos los procesos de coaching con mis clientes. La visión a 10 años te ayuda a identificar qué es lo que realmente quieres para tu vida, te proporciona foco para no perderte en la maraña de cambios constantes, urgencias permanentes y presiones de los demás.

Además de la visión y otras herramientas, en un proceso de coaching te voy a hacer muchas preguntas, preguntas a las que no estás acostumbrado/a, porque nadie nos hace, ni siquiera nosotros. Son preguntas que te harán darte cuenta de obstáculos y barreras internas que están impidiéndote avanzar hacia tus objetivos, y también de fortalezas que tienes que ni te imaginas. Las preguntas de un coach te impulsan también a tomar las riendas de tu vida, y liderar el cambio que quieres ver en tu entorno, con un plan de acción claro y por etapas, que es otra de las herramientas esenciales de la habilidad de liderar el cambio.

Resumiendo, la habilidad de gestionar el cambio es absolutamente crítica hoy en día porque hay muchísimos cambios que vamos a tener que digerir y asimilar a lo largo de los años de vida que nos quedan, y cuanto antes lo hagamos mejor que mejor, menos energía derrocharemos innecesariamente. Por otro lado, la habilidad para liderar el cambio es igualmente importante, ya que nos permite adelantarnos, y no dejarnos llevar por la marea de los cambios, sino establecer una hoja de ruta con un mapa bien definido que, con flexibilidad y constancia, nos llevará a descubrir la grandeza que tenemos dentro, y nos aportará los máximos niveles de motivación y rendimiento posibles.

Así que a la pregunta de ¿Qué es más importante, gestionar o liderar el cambio? mi respuesta es que ambas. Lo bueno es que tenemos a nuestro alcance herramientas y estrategias efectivas para lograr desarrollar ambas habilidades, que van a ser cada vez más importantes en el futuro, no ya para el éxito personal y profesional, sino incluso para la pura supervivencia en un mundo altamente complejo e hipercompetitivo. Puedes empezar ahora mismo, ya sea contratando un proceso de coaching, o bien apuntándote a un curso de mindfulness (en breve comunicaré la fecha de mi próximo curso de mindfulness, si te interesa formarte en mindfulness o información sobre un proceso de coaching conmigo, escríbeme a través del formulario de la web).

Y si quieres ir abriendo boca, puedes comprar mi último libro «7 hábitos de mindfulness para el éxito», pinchando en el siguiente link: Comprar el libro

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Eres lo que crees

Todos tenemos creencias o ideas preconcebidas que nos potencian, y creencias o ideas preconcebidas que nos limitan y condicionan nuestra vida y nuestra efectividad profesional. Las creencias están instaladas en nuestro inconsciente y conforman la visión parcial y subjetiva que tenemos de nosotros mismos y del mundo. Por eso, cada persona es un observador distinto de una misma realidad, algo de lo que generalmente no somos conscientes, creyendo que nuestra realidad es la realidad.

Esto genera un montón de problemas y conflictos en nuestras relaciones personales porque no somos capaces de abrir nuestra mente a otras perspectivas o ideas contrarias a las nuestras. También esta falta de consciencia sobre nuestras creencias limitantes reduce nuestra capacidad de manejar de forma efectiva los cambios constantes de nuestra vida, cada vez más rápidos y regulares. Y desde luego, limita nuestro potencial en el ámbito profesional ya que es muy fácil estancarse y quedarse obsoleto profesionalmente si uno no cuestiona y derriba sus creencias o convicciones limitantes de forma frecuente.

Las creencias limitantes provienen de 4 fuentes principales:

  • Nuestra educación y la cultura/sociedad/religión/país/ciudad/entorno donde hemos crecido.
  • Nuestras experiencias y vivencias, o las experiencias de otras personas.
  • Las ideas y creencias que nos han inculcado personas de referencia de nuestra vida (profesores, padres, jefes, mentores, amigos).
  • La información repetida que recibimos de los medios de comunicación (televisión, redes sociales, publicidad).

Al establecerlas como “verdades absolutas”, nuestras creencias se convierten en una cárcel mental para nosotros, y nos esclavizan sin ser conscientes, porque nunca nos cuestionamos dichas creencias. El problema es que todos nuestros comportamientos, actitudes, estados emocionales y patrones de conductas provienen de dichas creencias. En definitiva, nos convertimos en lo que creemos. Somos lo que creemos.

Las creencias mentales son como las raíces de un árbol, si están podridas da igual que cuidemos y reguemos ese árbol, porque los frutos no saldrán o saldrán podridos, porque las raíces no están saneadas. Igual que las raíces de un árbol, es esencial que echemos una ojeada a nuestras raíces mentales para sanear las raíces podridas y sustituirlas por raíces sanas y fuertes, si queremos acceder a todo nuestro potencial y vivir una vida con mayúsculas.

Para entenderlo mejor, pongamos algunos ejemplos de creencias y «verdades» que nos condicionan y empobrecen nuestra vida:

  • Yo no soy capaz de… (completa la frase: no soy capaz de ser empresario, no soy capaz de ganar mucho dinero, no soy capaz de hablar en público, no soy capaz de liderar a un grupo de personas, esto es imposible de hacer en esta empresa, etc.) Te invito a que te preguntas:¿Es una barrera real o es una barrera tuya mental? Seguramente sea una barrera mental ficticia con la que te estás limitando.
  • Yo soy así y no puedo cambiar. Es una creencia limitante que nos hace rígidos y cierra nuestra mente a cualquier posibilidad de mejorar o evolucionar como personas. He escuchado esta frase a muchas personas para justificar un comportamiento o actitud tóxica. En realidad es una excusa para no cambiar.
  • La vida es sufrimiento. Si tenemos esta creencia seguramente tendremos una actitud victimista y de resignación, que perjudicará gravemente nuestro bienestar emocional y nuestro éxito profesional. ¿Por qué no cuestionar esta idea preconcebida y transformarla en una creencia positiva? Por ejemplo, yo creo que la vida es un misterio y una aventura. Esta creencia hace que afronte la vida de forma apasionada y curiosa, lo que desde luego me proporciona mucha más motivación y energía para cambiar las cosas.
  • Somos pecadores y débiles, y Dios es grande y nos perdonará. ¿Te suena esta creencia? Proviene de nuestra educación católica, y la tenemos muy instalada en el inconsciente, a no ser que la cuestionemos de forma firme y valiente. Las religiones fomentan un conjunto de creencias muy potentes, y en ocasiones, tremendamente limitantes. No hace falta que lo demuestre, sólo hay que mirar la historia y ver cómo las creencias religiosas se radicalizan y provocan torturas, asesinatos y terrorismo masivo. Esta creencia minimiza nuestra grandeza como seres humanos y asume que somos débiles y poco dignos, y que el único digno y grande es Dios. Así que es una creencia muy tóxica, porque nos quita el poder que todos tenemos dentro de nosotros y le otorga el poder a una autoridad externa e intangible. Si conseguimos un logro, se lo debemos a Dios, y si fracasamos, nos lo merecemos por soberbios y Dios nos sacará del hoyo. ¿No te parece tremendamente limitante?

Y podría continuar con otros temas, como el dinero, el trabajo, las relaciones, donde tenemos muchas creencias o convicciones muy perjudiciales.

El problema es que las creencias o convicciones nos proporcionan seguridad en un mundo inestable e incierto. Por eso nos apegamos a ellas y nos cuesta tanto desprendernos de ellas. Muchas veces incluso asociamos nuestra identidad con estas ideas. Además, existe una tendencia automática de nuestro cerebro, estudiada y demostrada por la psicología moderna, de buscar informaciones o datos que refuercen nuestras creencias, mientras que evitamos inconscientemente las informaciones que contradicen nuestras convicciones, lo que hace más difícil salir del bucle de nuestras creencias limitantes y cierra nuestra mente de forma casi irreversible.

Personalmente, el tema de las creencias es uno de los aspectos que llevo trabajando durante los últimos 14 años. He derribado con constancia y esfuerzo creencias limitantes que tenía muy arraigadas en mi inconsciente respecto a mí mismo (no soy capaz de…), creencias limitantes respecto a mi relación con el dinero (lo que me ha permitido mejorar de forma radical mi situación financiera) y convicciones tóxicas con respecto a la vida en general (la vida no tiene sentido, la vida es sufrimiento, soy una persona débil y Dios es fuerte) que al derribarlas han fortalecido mi autoconfianza y mi motivación.

Al final, se trata de mirar en nuestro interior y revisar cómo estamos mirando el mundo, cómo nos estamos mirando a nosotros mismos. ¿Nos ayuda o nos hace sufrir? ¿Nos hunde en la miseria o nos lanza al éxito? Esa es la clave, porque no importa si tus creencias son verdad o mentira, en realidad nadie lo sabe. La clave es si tus ideas, convicciones y creencias te están ayudando a vivir más feliz y a conseguir tus objetivos, o todo lo contrario. Esa es la pregunta que debes hacerte. Y si la respuesta es que te están perjudicando o condicionando, entonces debes comenzar a trabajar en derribarlas.

Y no digas que tú no tienes ideas preconcebidas o creencias limitantes, todos las tenemos. Lo que te sucede es que no te has dado cuenta aún, así que cuanto antes te lo plantees, mejor para ti. En este sentido, la forma más rápida y efectiva es trabajar con un coach en un proceso de coaching individual. En todos mis procesos de coaching animo a mis clientes a trabajar el tema de las creencias limitantes con técnicas y herramientas específicas, para que reprogramen su mapa mental, porque es la clave para un profundo cambio duradero y sostenible.

Comienza a liderar tu vida, a tomar las riendas de tu mente, y no permitas que tu mente siga cerrada y condicionada a causa de tus convicciones y creencias.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

¿Por qué todos necesitamos un coach?

No tengo ninguna duda que todos necesitamos un coach, en uno o varios momentos de nuestra vida. Me refiero, por supuesto, a trabajar con un coach profesional, ya sea para lograr objetivos personales o profesionales. Yo mismo he tenido mi propio coach.

¿Por qué lo necesitamos todos? Resumiendo, puede haber muchos más motivos, pero creo que toda persona necesita un coach, aunque no lo reconozca o no lo sepa, por 3 motivos fundamentales:

  1. Para conocerte mejor, ayudarte a cuestionarte a ti mismo/a,  y definir tus auténticas metas.
  2. Para que asumas la responsabilidad de tu vida, de tus decisiones, actitudes y conductas. 
  3. Para movilizarte a actuar, tomar las decisiones y generar los hábitos necesarios para conseguir tus objetivos, venciendo el miedo, la pereza y las excusas.

Método Coaching de Javier Carril

Es muy habitual que no tengamos claridad sobre nuestra vida, sobre quienes somos, sobre cuales son nuestros valores y cuales son nuestros sesgos mentales. Ni siquiera tenemos claros cuales son nuestros objetivos.

El gran problema es no ser consciente de esta falta de claridad. El verdadero ignorante no es el que no sabe, sino el que cree que ya lo sabe todo. Y es bastante probable que hayamos caído en una especie de auto complacencia inconsciente en la cual no nos estemos dando cuenta de nuestras limitaciones, carencias y obstáculos internos. Y en este caso, sin duda no estaremos logrando todo lo que podríamos lograr si tuviéramos claridad, si aumentáramos nuestro nivel de conciencia sobre todo lo mencionado antes. En definitiva, creemos que nos conocemos y que lo tenemos todo muy claro, pero no es cierto. 

El coach te obliga a pararte, a reflexionar con espíritu crítico sobre tus decisiones, acciones y actitudes, así como sobre tus ideas preconcebidas y convicciones. Gerry Spence dijo: «Prefiero que mi mente se abra movida por la curiosidad en lugar de que se cierre movida por la convicción». ¡Qué común es que nuestra mente se vaya cerrando más y más movida por nuestras convicciones! Esas convicciones que nos ofrecen tanta seguridad, pero una vida mediocre e infeliz. Por eso, uno de los aspectos que un coach va a hacer es que examines tus convicciones e ideas preconcebidas, con el fin de que seas consciente de cómo esas convicciones están limitando tu potencial.

Además, el coach va a explorar contigo tus valores y motivaciones profundas, tu misión en la vida, tu visión personal. A todo esto me gusta llamarle nuestras raíces. Si fuéramos un árbol, lo anterior conforman las raíces, la base de todo. Si las raíces de un árbol están podridas o mal cuidadas, será imposible que ese árbol crezca sano y dé frutos sabrosos. Una persona es igual, debe examinar sus raíces y limpiar las que estén en mal estado, las que no le ayuden a crecer y evolucionar como ser humano. A partir de limpiar las raíces, podemos empezar a cambiar nuestras conductas, actitudes, decisiones y estrategias para alcanzar la mejor versión de nosotros y alcanzar logros inimaginables ahora mismo.

Uno de los obstáculos que veo en las personas que no se quieren plantear esta introspección es el miedo. Creemos que vamos a encontrar cosas muy oscuras si miramos dentro de nosotros. Sin embargo, un buen coach te ayudará a realizar esa introspección de manera amable y saludable, incluso apasionante. Y te aseguro que vas a encontrar más luz que oscuridad en tus raíces, más elementos sorprendentemente poderosos que limitantes. Así que merece la pena ahondar y ver bajo la superficie de tu vida y de tu ego, para conectar con tu ser más profundo.

¿Más razones para que todo el mundo necesite un coach? Desde luego, porque no sólo todos necesitamos aumentar nuestro nivel de consciencia y autoconocimiento hasta el infinito, sino también necesitamos que nos movilicen hacia las acciones y decisiones que nos van a llevar a alcanzar todos los objetivos y sueños que tengamos. Y una vez más, aparece como fuerza terrible el miedo: el miedo al cambio, el miedo a sufrir, el miedo a que nos hagan daño, el miedo al fracaso.

Para ello, el coaching es una metodología que ayuda a establecer etapas, pequeñas metas, pequeños logros y avances, con el fin de superar nuestros miedos. La clave para cambiar nuestras ideas y convicciones limitantes está en la acción. Sólo actuando y tomando decisiones vamos a aprender todo lo que necesitamos aprender de cual es el obstáculo que nos está impidiendo alcanzar lo que deseamos, ya sea en la vida personal como en la carrera profesional. Por ello, un coach va a movilizarte para que experimentes, pruebes, actúes y tomes decisiones en tu vida real, como si fuera un laboratorio donde irás avanzando a través de aciertos y errores. Y sobre todo, la clave será ir generando unos hábitos duraderos relacionados con esas acciones y conductas, para que el cambio sea sostenible y permanente. Puedes echar un vistazo a este otro post que escribí sobre 5 estrategias para lograr nuestros objetivos.

Por último, aunque suene chocante, una de las razones más poderosas de la necesidad de tener un coach es el hecho de que no te va a dar soluciones o consejos, ya que este es el elemento esencial de la metodología del coaching, de ahí que un coach te va a hacer muchas preguntas y va a evitar resolverte la vida. Porque es crítico que empecemos a asumir la responsabilidad de nuestra vida puesto que nosotros sabemos mejor que nadie lo que necesitamos y queremos. Cuando un profesional nos recomienda ir por un camino o por otro, nos está limitando gravemente, porque nos impide pensar por nosotros mismos y decidir por nosotros mismos, que es la esencia del autoliderazgo y del crecimiento personal. Es como si estuvieran castrando todo nuestro enorme poder personal, porque cuando un profesional nos da una recomendación asume que nosotros solos no podemos conseguirlo y además nos impide pensar, lo cual es mucho más cómodo.

El coach no va a actuar de esta manera, porque confía plenamente que tú tienes las soluciones y las respuestas en tu interior, sólo necesitas despejar la niebla que te impide ver con claridad. En eso consiste la labor del coach, en ayudarte a despejar esa niebla para que poco a poco vayas aumentando esa claridad y vayas tomando las decisiones importantes que necesitas tomar para elevarte a un nivel superior en tu vida y en tu trabajo.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Las 3 claves para lograr resultados extraordinarios

Acabo de terminar el libro «Dinero, domina el juego» del gran conferenciante motivacional Tony Robbins. Soy un devorador de libros, me encanta leer y los libros me han aportado muchísimo durante mi vida. He aprendido conceptos y estrategias fundamentales que han aumentado mi felicidad y también mi rendimiento y liderazgo personal.

En el libro, Tony Robbins aborda el tema de la independencia financiera, que es algo sobre lo que llevo investigando, leyendo y tomando decisiones personales desde hace años. Pero el libro es mucho más. Como de costumbre, Tony es un motivador nato y no puede evitar transmitir en muchas páginas del libro sus habituales discursos sobre lo que nos limita y condiciona, y en el lado opuesto, lo que nos empodera y potencia en nuestra vida personal y carrera profesional. En ese sentido, me encanta cuando detalla los 3 elementos clave que inciden, negativa o positivamente, en nuestros resultados y el logro de nuestros objetivos. Son los siguientes:

1. Los relatos que nos contamos. Todo empieza por las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificar nuestra falta de acción, pereza o miedo a tomar decisiones. Nos engañamos a nosotros mismos echando balones fuera, como si nosotros no pudiéramos hacer nada y todo dependiera de otras personas o de elementos externos. Lo peor de todo es que nos creemos nuestros relatos limitantes. Algunos ejemplos muy comunes de relatos limitantes son:

  • «No puedo hacer nada si los demás no dan el primer paso»
  • «No tengo tiempo»
  • «No puedo, no soy capaz de…»
  • «Eso es imposible, no se puede, no es realista…»
  • «La culpa de mis problemas la tiene mi jefe, mi pareja, etc…»

Dentro de este apartado también están las interpretaciones limitantes o distorsionadas que hacemos de la realidad y sobre lo que nos sucede. Cambiar todos estos relatos por unos nuevos relatos que nos den poder es clave para ser una persona de alto rendimiento.

2. El estado emocional. Los relatos que nos contamos inciden directamente en el segundo punto clave que incide en nuestros resultados: las emociones. Si yo me cuento a mí mismo el relato de que «Es imposible intentar planificarse en mi empresa…» o «La culpa de mis resultados es de mi equipo» o «Todo es importante y urgente», eso generará un estado emocional de frustración, victimismo o estrés. Las emociones inciden directamente en nuestras conductas y decisiones porque somos seres esencialmente emocionales. Si no sabemos cómo acceder a un estado emocional de poder y motivación, no conseguiremos jamás resultados extraordinarios. Recuerda: lo primero es cambiar tu relato limitante por otro que te potencie y empodere. Después, tendrás que desarrollar la inteligencia emocional para gestionar las dificultades inevitables que te encontrarás cuando te encamines hacia tus metas y sueños.

3. Las estrategias que usamos. En tercer lugar, es clave que usemos las estrategias efectivas para conseguir resultados extraordinarios. Desde luego, si no hemos dominado los dos primeros aspectos, ninguna estrategia nos servirá porque nuestra mente no tendrá la fortaleza y el equilibrio necesarios. El 90% de las personas utilizan estrategias inadecuadas y poco efectivas para lograr sus objetivos. Debemos aprender cuales son los métodos de las personas de éxito para replicarlos. Por esto es tan importante leer mucho a las personas que han alcanzado el éxito y comparten sus estrategias, asistir a conferencias y cursos de formación en habilidades emocionales, o contratar a un coach que pueda enseñarte las estrategias probadas de éxito para lograr tus objetivos.

Así que empieza a cuestionar tus relatos limitantes y victimistas y cámbialos por unos nuevos que te den poder. Eso cambiará tu estado emocional a un estado de motivación y poder, que tendrás que mantener ante los obstáculos, desarrollando tu habilidad de gestión emocional para manejar el miedo, la frustración y la rabia. Y por último, tendrás que formarte continuamente para aprender las estrategias probadas de éxito para ser más eficiente y disciplinado, y generar unos hábitos positivos sostenibles que te lleven a alcanzar todo lo que te propongas en la vida y el trabajo. ¡A por ello! Tú puedes. Todos podemos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.