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¿Somos ya como los replicantes de Blade Runner?

El otro día estuve viendo la película Blade Runner 2049, ya que Blade Runner, la película original de 1982, es una de mis películas favoritas y deseaba ver cómo seguía aquella historia que me fascinó y me sigue fascinando, y que se ha convertido en una de las películas más míticas de la historia del cine.

Aparte de que Blade Runner 2049 es una buena película pero que no está a la altura de la primera, la temática principal está hoy más de actualidad que nunca. Los replicantes, robots diseñados por el hombre para que hicieran de esclavos o para que trabajaran en general a su servicio, serán en un futuro próximo una auténtica realidad. Además, los replicantes tenían emociones, lo que les hacían incluso más humanos que los propios seres humanos de las dos películas. Recuerdo cómo en Blade Runner 1982 los replicantes buscaban su identidad, el sentido de su existencia, y que tenían miedo a la muerte. Mientras que los personajes humanos no tenían ni mucho menos esas inquietudes tan metafísicas.

En el siglo XXI, además de vislumbrar la viabilidad de los robots «humanizados» para hacernos la vida más sencilla y mejor, tenemos ante nuestros ojos una realidad más preocupante: la creciente robotización de los seres humanos.

Uno de los motivos principales es la irrupción de la tecnología en nuestra vida cotidiana. Podemos comprobar cómo los seres humanos, en la era tecnológica, están siendo abducidos literalmente por los móviles. Es frecuente ver grupos de amigos sentados en un bar mirando cada uno su teléfono móvil y sin mirarse a la cara ni comunicarse directamente. O una pareja cenando en un restaurante mirando cada uno su smartphone. También en la calle cualquiera puede darse cuenta de la robotización de las personas, caminando mientras contestan whatsaps o correos electrónicos incluso cuando cruzan un semáforo.

En realidad durante todo el día actuamos más como robots que como personas. Porque hacemos todo en piloto automático, es decir sin conciencia sobre lo que estamos haciendo o experimentando. Desayunamos sin saborear el desayuno, nos duchamos mecánicamente, conducimos y caminamos de forma automática, hacemos nuestro trabajo de forma rutinaria dejándonos llevar por lo que nos ha funcionado en el pasado sin cuestionarnos si hay una forma más creativa o efectiva de hacerlo, consultamos compulsivamente el móvil usándolo en situaciones en las que no es adecuado o simplemente es una falta de respeto, y finalmente llevamos el piloto automático a nuestras relaciones personales, saludando y preguntando mecánicamente «¿Qué tal?» como si fuera un protocolo, sin interesarnos verdaderamente por el otro, olvidando nuestra capacidad para ser empáticos.

Pero además, no nos damos cuenta pero nos dejamos manipular por todo lo que leemos en los medios de comunicación, y también por la publicidad, estrechando nuestra visión crítica sobre las cosas, y pensando y actuando según la ruta marcada por la sociedad. En definitiva, estamos más programados de lo que pudiéramos imaginar, y casi todas nuestras decisiones y conductas han sido marcadas por la sociedad o por otras personas o instituciones; es decir, no son nuestras verdaderas decisiones. La robotización del ser humano está eliminando su libertad. 

Hay que decir que el piloto automático es el modo mental por defecto del cerebro, que lo activa cada vez que repetimos una conducta o acción muchas veces. El cerebro considera que es correcto y lo pasa al inconsciente, convirtiéndose en una acción automática o una rutina. También nuestro cerebro pasa al inconsciente una idea o información que hemos recibido repetidas veces. De ahí que vamos por el mundo con unas ideas preconcebidas sobre las cosas, que consideramos «la verdad».

Lo gracioso es que el cerebro hace esto sin pedirnos permiso, como un intento bienintencionado de liberarnos energía. El problema es que el piloto automático se va apoderando, sin darnos cuenta, de cada vez más facetas de nuestra vida, y finalmente acabamos esclavizados por nuestras propias rutinas y creencias rígidas, y terminamos viviendo el día de la marmota, en el que cada día se repite de forma monótona y machacona.

¿Y cómo se logra revertir esta situación? ¿Cómo desconectamos y salimos del piloto automático para recuperar la grandeza que tenemos, nuestra empatía y generosidad? El mindfulness es la herramienta más efectiva para recuperar nuestra humanidad, el disfrute de las pequeñas cosas, la compasión y la amabilidad. El mindfulness se podría definir como un entrenamiento mental de la atención en el momento presente, sin juicios y con aceptación. Uno de sus principales beneficios es activar el estado de consciencia y desactivar el piloto automático tan dominante en nuestras vidas.

Muchas personas me preguntan por qué el mindfulness está creciendo tanto en nuestra sociedad. Aparte de otras razones, una de las claves es que nos estamos dando cuenta de que así el ser humano no va por buen camino, de que cada vez está más disperso, estresado y deshumanizado, y que necesita una disciplina para reconectar con su humanidad perdida. Esa humanidad recuperada gracias al mindfulness nos hace aumentar nuestra felicidad y bienestar, nos convierte en personas más sensibles y empáticas, y por tanto nos pone en disposición de dar lo mejor de nosotros mismos en la vida y en el trabajo.

No nos convirtamos en replicantes. La grandeza del ser humano está dentro de cada uno de nosotros. Sólo tenemos que despertarla y desarrollarla. A través del entrenamiento mindfulness.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Propósitos de nuevo año: ¿Cuantos lo consiguen?

¿Te has preguntado qué porcentaje de personas no cumplen sus propósitos de nuevo año? Cada vez que hago esta pregunta en la parte final de los cursos de Mindfulness que imparto en numerosas empresas, todos los participantes responden, entre sonrisas irónicas, que entre un 90% y un 99% no cumplen sus propósitos de nuevo año…

En Reino Unido se realizó esta misma pregunta a 3000 personas, y un 88% reconocieron que no habían cumplido sus propósitos de inicio de año. Es abrumador y realmente triste que prácticamente el 90% de la población no consiga sus objetivos. Entonces, ¿Para qué nos marcamos, año tras año, nuevos objetivos? ¿Para fracasar y sentirnos mal con nosotros mismos? Porque esta es la consecuencia de fracasar. Nos frustramos y desmotivamos, y eso nos lleva a pensar que no tenemos fuerza de voluntad, que no somos capaces, y cosas por el estilo que poco a poco van hundiendo nuestra autoestima. Es decir, es más serio de lo que parece.

Pero ¿Cual es la razón principal que declararon ese 88% del estudio? El motivo fundamental es que nos marcamos hitos demasiado ambiciosos a corto plazo. O dicho de otro modo, somos demasiado impacientes y poco realistas. Así que ¿Por qué no adoptamos la estrategia contraria? Es decir, marcarnos objetivos muy pequeños y poco ambiciosos al principio, y cuando los tengamos consolidados, continuamos avanzando y aumentando la dificultad de los mismos.

Lo más normal es que, si adoptamos esta estrategia de «pasitos pequeños constantes», vayamos logrando pequeños éxitos, lo cual nos va a proporcionar motivación y autoconfianza, lo que desembocará en pensamientos positivos sobre nosotros (justo el proceso contrario al que describíamos anteriormente, tan destructivo e inútil). Es decir, se trata de jugar con una red de seguridad, de garantizarnos la imposibilidad de fracasar, y de ir aumentando nuestra autoestima poco a poco, pero de forma sólida.

El gurú del crecimiento personal Anthony Robbins dijo: «Nos subestimamos respecto a lo que podemos lograr en el largo plazo, y nos sobreestimamos respecto a lo que podemos conseguir a corto plazo». Totalmente de acuerdo. Si no queremos formar parte de la legión de personas que se sienten fracasadas por no lograr, año tras año, sus propósitos de inicio de año, probemos por una vez la estrategia contraria a la habitual. Empecemos dando un pasito, y convirtámoslo en un hábito sólido antes de dar el siguiente pasito, y así sucesivamente.

Es mucho más fácil generar un hábito realizando avances pequeños y fáciles. Es la filosofía del Kaizen, metodología de origen japonés de hace 500 años, que luego se exportó a Occidente y al mundo empresarial con notable éxito (en la segunda guerra mundial, en la cadena de montaje de las fábricas de Toyota, en los procesos de calidad empresariales mediante la mejora continua…).

Además del kaizen (mejora continua a través de pequeñas mejoras o pasitos), es importante tener en cuenta que el cerebro funciona por repetición. Es decir, cuando queremos incorporar una acción o conducta como un hábito, debemos repetir dicha acción una y otra vez, hasta que nuestro cerebro ha generado las suficientes conexiones neuronales como para automatizarlo y pasarlo al inconsciente. Relacionado con esto, tenemos la teoría, validada por diversos estudios, de los 21 días consecutivos de media. Es decir, que para generar un hábito, debes repetir la misma acción unos 21 días consecutivos. Fue William James, el padre de la psicología moderna, quien defendió por primera vez esta teoría.

Si mezclamos el kaizen con la repetición de la conducta, es evidente que es mucho más fácil repetir 21 días consecutivos una acción sencilla y pequeña que una ambiciosa y compleja. Muchas personas empiezan con mucha fuerza con sus propósitos, pero luego se van deshinchando por el camino hasta que, pocos meses después, han vuelto al inicio. La razón es que es muy complicado repetir 21 días consecutivos un cambio demasiado grande. Sencillamente, al cerebro le cuesta enormemente sostener todo ese tiempo un gran cambio.

Conclusión. No tengas prisa ni impaciencia. Empieza poquito a poquito, márcate hitos totalmente alcanzables, incluso ridículamente sencillos y fáciles de conseguir. Y cuando notes que están consolidados, subes el siguiente escalón para consolidarlo de nuevo a través de la repetición. Aunque te parezca un proceso lento, te aseguro que no lo es. En poco tiempo te encontrarás inmerso en una nueva realidad, que te dará una gran confianza y motivación, que se extenderán a todas las facetas de tu vida y de tu trabajo. Y ya pertenecerás al selecto 20% de personas que sí logran sus propósitos de inicio de año.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Las 4 claves para generar hábitos positivos

«Somos lo que hacemos cada día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito». Dijo Aristóteles. Un hábito es una acción o conducta que tenemos integrada en el inconsciente, y que por tanto realizamos sin ningún esfuerzo de nuestro cerebro. Es algo que hacemos sin cuestionarnos, sin dudar, de forma regular.

Hace poco leí que se había realizado una encuesta en el Reino Unido a 3000 personas, sobre el grado de cumplimiento de sus nuevos propósitos de inicio de año. ¿Adivinas qué porcentaje de personas reconocieron que no habían conseguido dichos propósitos? El 88%. 

A toda persona que le pregunto esto me responde incluso con porcentajes superiores, lo que me indica que todos tenemos muy claro que por lo general no cumplimos nuestros propósitos de inicio de año. Empezamos con muchas ganas y con mucha fuerza, pero como una burbuja nos vamos desinflando lentamente. Pero ¿Cual es la razón principal?

El motivo principal es que nos planteamos nuestros objetivos con la estrategia equivocada, es decir, somos demasiado ambiciosos y poco realistas. O quizá debería decir impacientes. La impaciencia, el cortoplacismo, y querer realizar cambios demasiado bruscos o ambiciosos nos llevan a un fracaso inevitable. Este fracaso, año tras año, tiene consecuencias. Cuando fracasamos a la hora de cumplir nuestros compromisos, nuestro estado de ánimo, nuestra autoestima y nuestra autoconfianza se van deteriorando progresivamente, hasta que dejamos de creer en nosotros. Este es un día trágico en la vida de una persona.

Estoy leyendo un libro donde se repasa la filosofía de numerosos personajes de éxito del siglo XX y XXI, y la mayoría de ellos habla de la importancia trascendental de la perseverancia y la disciplina, que se concreta en la capacidad de generar hábitos. Todos coinciden que es mucho más importante esta perseverancia que el talento o la inteligencia.

Los hábitos positivos autogenerados cambian nuestra estructura cerebral, generan nuevas y fuertes conexiones neuronales, desafían nuestras creencias o juicios autolimitantes, y potencian nuestra motivación y autoestima. Para lograr incorporar hábitos positivos y productivos a nuestra vida, es importante conocer unas claves prácticas fundamentales para aprender a generarlos. Pruébalos por ti mismo y verás que funcionan:

1. Repite, repite y repite la acción. La primera clave es repetir la misma acción o conducta una y otra vez. La repetición genera conexiones neuronales en nuestro cerebro cada vez más sólidas. Si es una acción semanal, repítela todas las semanas. Si es una acción diaria, todos los días. Sin descanso, sin fallar. Pero si fallas, no te preocupes, continúa sin juzgarte ni castigarte, no tiene sentido derrochar energía inútil en tratarte mal a ti mismo. Simplemente continúa repitiendo la acción o conducta. Hay teorías aceptadas de la psicología moderna que nos recomiendan un mínimo de 21 veces consecutivas, aunque esto puede variar ligeramente para ti. Lo importante del número 21 es que no te permite relajarte si has repetido 15 días consecutivos una misma acción. Debes seguir.

2. Da pasos muy pequeños de forma constante. Al contrario de nuestra estrategia habitual con los nuevos propósitos, debemos plantearnos avanzar mediante pasitos muy pequeños, avances muy poco ambiciosos. Cuanto más pequeño y sencillo sea el paso, más garantías tienes de que lo vas a cumplir, lo cual va a generar en ti confianza y motivación para seguir avanzando, y para ir aumentando la dificultad a medida que te sientes más preparado. No debes dejar que tus prejuicios te saboteen diciéndote cosas como «A este ritmo no voy a lograrlo nunca», o «Esto es demasiado lento». No permitas que la impaciencia y el cortoplacismo derrumben tu estrategia. Confía y los resultados llegarán.

3. Hazlo siempre en el mismo momento y lugar. Si la conducta que queremos incorporar como hábito la hacemos unos días a primera hora del día, otros días a última hora, y otros días no la hacemos, entonces estamos mareando a nuestro cerebro. Se trata de ponérselo fácil, y es de sentido común que haciéndolo siempre en el mismo momento y lugar, conseguiremos incorporarlo mucho antes a nuestra rutina. Nuestro propio cerebro llegará a recordarnos que debemos hacerlo a la hora elegida.

4. Comprométete con alguien, además de contigo. El compromiso público tiene una demostrada eficacia, porque si le contamos nuestro objetivo o propósito a alguien que nos importa, es más probable que lo cumplamos. ¿Por qué? Pues por la presión positiva que supone que una persona conozca nuestras intenciones. Si no lo conseguimos, estamos demostrando ante al menos una persona importante que no somos coherentes, y eso duele.

Te garantizo que con estas cuatro claves prácticas puedes incorporar cualquier acción o comportamiento a tu inconsciente como un hábito positivo. Yo lo he probado personalmente en muchas ocasiones, y con distintos objetivos. Siempre me ha funcionado. ¡Animo! Empieza a pensar en tus nuevos propósitos para el 2016, y a partir de enero, comienza a aplicar estas claves. ¡Te deseo mucho éxito!

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Resiliencia: supéralo y gana.

El conocido neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, que superó el trauma de los campos de concentración nazis, incluyendo la matanza de sus padres, define el concepto de resiliencia como la capacidad para superar situaciones dolorosas y traumas saliendo fortalecido de ellos.

Es interesante la diferencia que hace Cyrulnik entre el concepto de resistencia y el de resiliencia. Resistencia sería la capacidad de mantenerse firme y fuerte en el momento de sufrir la situación traumática o dolorosa. Sin embargo, el hecho de mantenerse fuerte en ese momento crítico no significa que lo superes en tu vida, no significa que ese hecho no deje secuelas y consecuencias emocionales posteriores que condicionen tu vida. Aquí entra el concepto de resiliencia, que tiene que ver más con el post-trauma, es decir, con la capacidad de superar esa situación dolorosa después de haberse producido y además salir fortalecido, y crecer gracias a la experiencia.

Un ejemplo fácil de entender es el de los soldados cuando luchan en una guerra. Hay soldados que son muy valientes y resistentes psicológicamente, pero que después del conflicto, cuando vuelven a su vida normal, se hunden a nivel emocional. El caso de los resilientes es el de un soldado que, independientemente de lo valiente y resistente que haya sido en el conflicto, cuando vuelve es capaz de rehacer su vida, de superar los traumas de la guerra y salir fortalecido psicológicamente.

Por tanto, la resiliencia podría resumirse en dos palabras: Superarlo y Crecer, o Superarlo y Ganar. Pero ¿Cuál es la clave de las personas resilientes? ¿Se puede desarrollar esta capacidad?

Una de las claves es el apoyo de personas cercanas, como familiares y amigos, para ayudar a una persona a superar una situación muy dolorosa. Por lo tanto, es esencial cuidar las relaciones emocionales de nuestro entorno más cercano.

Otra de las claves es reconocer la realidad y aceptarla. Uno de los motivos por los que no superamos situaciones graves y dolorosas es porque las negamos y además las rechazamos como injustas. En definitiva, no las aceptamos positivamente. Elisabeth Kübler-Ross ya habló de las fases del duelo, y las primeras fases están siempre relacionadas con la negación, el enfado y la falta de aceptación del fallecimiento de la persona querida.

Pero la aceptación no es algo intelectual, es algo experiencial. Obviamente es importante darnos cuenta del círculo destructivo en el que estamos cuando no aceptamos una situación y nos aferramos al pasado, pero no es suficiente. Es necesario que la aceptación impregne todas nuestras células, nuestro inconsciente. Una de las formas más efectivas que conozco para lograrlo , y además he podido comprobar en mi propia piel, es practicando el mindfulness (técnicas de atención plena).

A través del mindfulness, entrenamos al cerebro para que aprenda a relacionarse con todo tipo de experiencias de un modo más productivo, incluyendo las experiencias dolorosas. El mindfulness desarrolla la habilidad en el cerebro de aceptar toda experiencia como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Para ello, se potencia la curiosidad, la inquietud por descubrir qué hay detrás, y por supuesto la humildad.

Pero insisto, esto no es algo intelectual ni racional. Por eso, una vez entendido qué es y para qué sirve el mindfulness, lo que debemos hacer es ponernos a practicarlo. Sólo así podremos llegar a interiorizarlo, y estar mucho más preparados para las experiencias duras de nuestra vida.

Habremos desarrollado la resiliencia, sólo si practicamos el mindfulness con regularidad durante meses, o incluso años, porque una capacidad inconsciente del cerebro no se consigue desarrollar en un día, ni en una semana. Debemos invertir tiempo y disciplina si queremos ser personas resilientes.

Como todo lo importante en nuestra vida, desarrollar la capacidad de la resiliencia sólo se consigue en el largo plazo, y nos exige paciencia, disciplina y desde luego, confianza.

¿Quieres conocer mis Cuentos cortos motivacionales? Descárgatelos de forma gratuita en este link: http://www.execoach.es/portfolio-item/cuentos-cortos/

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

No te rindas, pase lo que pase

Como casi todos los veranos, procuro dedicar algo del tiempo libre que tengo para practicar una de mis aficiones favoritas: el ajedrez.

Antes de ayer estaba jugando una partida de ajedrez on line con un desconocido. Después de unos veinte minutos de juego, él claramente tenía ventaja sobre mí, me había ido comiendo varias piezas clave y para colmo había logrado una reina adicional, la pieza más fuerte del ajedrez. Sencillamente, yo no tenía nada que hacer. Como veía la partida perdida, con una superioridad aplastante de mi adversario, pensé en abandonar, cerrar la web y dedicarme a otra cosa.

Pero una vocecita dentro de mí me dijo: “Igual que hay que ganar con dignidad, hay que saber perder con dignidad”. Pensé que a mi adversario le gustaría completar la partida hasta el final, darme el jaque mate, y que sería un poco ruin por mi parte abandonar y no darle esa satisfacción. Así que continué, cada vez más desesperado por mi inferioridad.

Para mí era imposible ganar esa partida. Sin embargo, de pronto detecté un pequeñísimo punto débil en mi rival, una minúscula y ridícula oportunidad de ganar esa partida, en caso de que él cometiera unos errores garrafales e imposibles. Mi rival siguió acosándome, estaba a un movimiento o dos de darme Jaque Mate, pero yo continué mi resistencia, con la absurda esperanza de poder aprovechar esa oportunidad.

Y de pronto sucedió. Mi rival estaba tan ciego con su aplastante superioridad, tan obsesionado con ganarme rápidamente, que perdió la perspectiva y no vio lo que yo había visto desde hacía varios minutos: que él tenía un punto débil decisivo. Entonces yo aproveché mi oportunidad, hice mi movimiento y le di Jaque Mate.

El ajedrez es un juego fascinante. Y esto es lo que más me gusta: lo decisivo que resulta la psicología, la paciencia y la fe para ganar. De esta partida extraje dos lecciones que podemos aplicar a nuestra vida.

La primera es que, aunque te vayan maravillosamente bien las cosas, aunque estés teniendo un éxito descomunal, no te confíes, no te ciegues, porque el batacazo puede ser muy, muy duro. Esto es lo que le ocurrió a mi rival del ajedrez. Por eso, mantente alerta siempre, ya sea en tu vida personal como profesional. Esta alerta no tiene por qué impedirte disfrutar del éxito, pero te hará ver los peligros ocultos que toda situación esconde.

La segunda lección aprendida en esta partida es que nunca debemos rendirnos.Por muy mal que veamos la situación, por muy desesperados que nos encontremos, sigamos alerta, sigamos luchando y trabajando por lo que queremos, porque siempre hay una oportunidad, siempre hay una posibilidad para salir del túnel, aunque nos parezca imposible desde nuestra limitada perspectiva. Lo importante es no abandonar, no rendirte, no desesperar, aunque la realidad sea desesperada. Protégete de los peligros y agresiones de tu entorno, pero mantente agazapado esperando tu oportunidad. No dudes de que dicha oportunidad llegará. Y tú estarás ahí para aprovecharla.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

¡Yo puedo conseguirlo!

El pasado jueves 24 participé impartiendo dos conferencias en Expomanagement 2012, dentro del auditorio “Gestión de personas” que patrocinaba mi empresa Execoach durante todo el día, acogiendo conferencias del equipo de Execoach y también de otros prestigiosos ponentes como Santiago Álvarez de Mon.

Una de las dos conferencias que impartí, que trató sobre motivación y superación en momentos críticos, la tuve que preparar en tan sólo un día, ya que el ponente inicialmente programado, Curro Avalos, tuvo un problema de salud imprevisto  que le impidió acudir a la cita. Al principio fue un jarro de agua fria, ya que estaba centrado en mi otra conferencia, sobre Shadow Coaching, pero luego lo vi como un gran reto, y empecé a decirme a mí mismo: “Puedo impartir esa conferencia, y puedo tener un gran éxito”.

Yo pienso que todo en la vida sucede por algún motivo. Si mi amigo Curro tuvo un problema de salud que le impidió dar la conferencia y la responsabilidad cayó en mí, por algo sería. De hecho, días después, doy gracias al universo por haberme dado esa oportunidad, ya que la ponencia fue un éxito rotundo y espectacular. Posiblemente fue uno de los momentos más bonitos de mi vida, y sin duda uno de los momentos álgidos de mi carrera profesional. Nunca antes una audiencia me había aplaudido durante tanto rato como en esta conferencia.

¿Por qué? Quizá porque lo afronté como un desafío y me arriesgué mucho. No dejé que mi autosaboteador interno me dominara, ese que dice que no soy capaz, que soy débil y mediocre. Hice salir conscientemente a mi motivador interno y empecé a decirme: “Puedo, soy capaz”, durante todo el día que estuve preparándola.

De hecho, al final de la ponencia realicé este ejercicio con los asistentes, un ejercicio que tenía mucho riesgo, pero resultó ser decisivo en el éxito final. Indiqué a las casi 300 personas que había en el auditorio pensar en una meta o sueño que les motivara e ilusionara conseguir, luego les hice levantarse, e ir caminando por la sala diciendo a cada persona con la que se cruzara la frase siguiente: “Yo puedo conseguirlo”, todo ambientado con la motivadora canción “Ain´t no mountain high enough” de Marvin Gaye, que quedará anclada a mi mente para siempre como símbolo de  un triunfo especial e inolvidable. Después les hice que utilizaran la fisiología para aumentar la intensidad de la motivación, utilizando el puño cerrado (como hace Rafa Nadal) y elevando su volumen de voz mientras seguían diciendo la frase. El resultado fue un éxtasis total.

“Yo puedo conseguirlo” es la frase clave que debemos decirnos frecuentemente, para acallar al saboteador interno que todos tenemos, y que nos dice lo contrario. Todos debemos hacer emerger al motivador interno que también tenemos. El resultado puede ser espectacular si lo hacemos de forma repetida y regularmente. Y por otro lado, la otra lección de mi experiencia es que debemos tomar riesgos en nuestra vida. Es el único camino para vivir una vida extraordinaria.

¿Y tú? ¿Puedes conseguir tus sueños, tus metas personales y profesionales? Sí, tú puedes.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

El peligro de la autocomplacencia

Hace unos días leí una entrevista a Amy Chua, escritora del polémico libro “Madre Tigre, Hijos leones”. Es doctora en derecho por Harvard y catedrática en la Universidad de Yale. Es decir, no es una persona cualquiera. Me llamó la atención sus reflexiones sobre las diferencias en la educación de los hijos en Occidente y en China, además del declive de nuestra sociedad occidental.

Según Amy, en Occidente somos demasiado permisivos, damos demasiadas concesiones en la educación de los hijos, les damos de todo (es verdad) y los hijos son como unas máquinas insaciables de pedir y pedir. Nunca están satisfechos. De hecho, según Amy, los niños occidentales no son más felices que los niños chinos, aunque estos estén sometidos a una disciplina mucho más estricta. Además de no ganarles a los chinos en economía, ahora resulta que tampoco les ganamos en felicidad.

Esto está relacionado con la segunda reflexión: Occidente está en declive, por nuestra autocomplacencia, falta de esfuerzo y de disciplina. Tiene bastante que ver, según mi punto de vista, con la obsesión occidental por la búsqueda de la felicidad. Algo absurdo e imposible, y que a la larga provoca un resentimiento y un desencanto difícil de superar. Nos hemos centrado tanto en las últimas décadas en querer ser felices, que nos hemos olvidado del valor del esfuerzo y de la disciplina.

Por el contrario, los chinos nos están comiendo el terreno y en pocos años se convertirán en la primera potencia mundial. Y encima, lo saben. Según la escritora, los chinos opinan que los europeos nos hemos acostumbrado demasiado al estado de bienestar, somos perezosos y no hemos reaccionado.

Da que pensar, ¿No? La verdad es que si atendemos a la gran crisis que estamos sufriendo los europeos, tienen mucho sentido estas reflexiones. En general, los europeos estamos todavía en los algodones de una vida demasiado placentera.

Te invito a que te hagas una reflexión personal sobre ti mismo: ¿Realmente estás adormecido? ¿Estás demasiado cómodo en tu trabajo o en tu vida? ¿Gastas más de lo necesario (el último smartphone, el último modelo de coche, etc.)? ¿Te falta autodisciplina en tu vida? ¿Tienes una actitud de alerta para anticiparte a los cambios que van a llegar sí o sí en los próximos años?

Ayer mismo viví la fuerza de este veneno en una sesión de coaching de equipo en una empresa: autocomplacencia, falta de autocrítica y mediocridad. El equipo con el que estaba trabajando me dijo que ya funcionaban bien y que no querían cambiar, a pesar de las evidentes señales que les daba yo de que necesitaban mejorar.

Si no nos despertamos, nos despertarán a tortazos.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/

Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

By |enero 17th, 2012|coaching, disciplina, esfuerzo, Europa, felicidad, Occidente|0 Comments