El famoso gurú de la autoayuda Robin Sharma, autor de best-sellers mundiales como «El monje que vendió su Ferrari» decía en una reciente entrevista que un día de nuestra vida representa nuestra vida en miniatura. Me pareció una reflexión muy interesante, y que comparto plenamente. Seguramente has escuchado la recomendación de marcarte objetivos a largo plazo para aumentar tu motivación y conseguir logros inimaginables para ti. De hecho, yo he compartido varias veces que he realizado dos veces en mi vida un ejercicio de escribir en una hoja todos los objetivos personales y profesionales que quiero lograr en los próximos 10 años, y que ha sido un ejercicio fundamental para mantener el foco en lo importante durante años y alinear mis decisiones diarias con mis grandes y ambiciosas metas.
Sin embargo, esta recomendación, que mantengo porque me ha aportado increíbles beneficios, no está reñida con centrarnos en una medida mucho más pequeña, como es un día de nuestra vida. Y analizarlo con espíritu crítico para detectar aspectos positivos y negativos, porque un día cualquiera es seguramente una perfecta metáfora de cómo estamos viviendo nuestra vida. De ahí que la frase de Sharma me resonó totalmente.
“Para cambiar tu vida, necesitas aprender a cambiar algo que haces todos los días.” John C. Maxwell
Maxwell, otro experto en productividad, nos regaló esta frase profundamente sabia, alineada con la expresión de Sharma sobre que cada día es una versión en miniatura de nuestra vida. En definitiva, quizá tendemos a dar demasiada importancia a medidas más largas o grandes como el año, o como una década, y perdemos el foco en la trascendencia que tiene cómo vivimos un día cualquiera.
Además, como dice Maxwell, si no estamos satisfechos con nuestra vida, es mucho más sencillo y factible empezar a cambiar algo que hacemos un día cualquiera a cambiar todos los aspectos de nuestra vida que nos hacen infelices.
Pero lo primero es observar con objetividad un día de tu vida. Estas preguntas te pueden ayudar:
- ¿Qué es lo que haces desde que te levantas?
- ¿Con quién compartes las horas del día?
- ¿A qué te dedicas un día habitual, ya sea tu trabajo o tus actividades habituales? ¿Te motiva o te desmotiva?
- ¿En qué medida cuidas tu alimentación?
- ¿Caminas, haces deporte o sueles estar sentado durante la mayor parte del día?
- ¿Qué te produce placer y motivación en un día cotidiano?
- ¿Qué te genera estrés o emociones negativas en un día habitual?
Estas preguntas nos pueden dar muchas pistas sobre nuestro día habitual. Yo elegiría un día entre semana, que son mayoría respecto a los dos días del fin de semana, y pueden darnos un diagnóstico mucho más objetivo y preciso. Porque se trata de eso, de diagnosticar qué es lo que estás haciendo en un día común. Con estas preguntas, puedes hacer un análisis in situ, en el mismo día, para observar otros detalles y matices, como tus emociones o algunas actividades o tareas que quizá no eras tan consciente de que le dedicas tiempo en tu día estándar.
Una vez realizado un diagnóstico preciso, crítico y honesto, es hora de hacer un plan de acción para modificar todo aquello que no sea necesario y que te provoque emociones negativas. Por supuesto, todos tenemos tareas o actividades cada día que no nos apetecen o incluso nos desagradan, pero son necesarias por un motivo u otro. Lo importante es eliminar las que no sean imprescindibles y nos generen estrés o sufrimiento.
En un día cualquiera de nuestra vida deberíamos tener algún momento de conexión íntima con nosotros en soledad como la meditación, algún momento para mover el cuerpo o hacer ejercicio, momentos de placer sensorial donde contemplemos belleza o disfrutemos de una comida sabrosa, y momentos para socializar con personas que nos aporten felicidad, además de un trabajo o actividad que nos motive y con el que estemos aportando algo valioso y con sentido para nosotros. Nada más y nada menos.
Estarás pensando que lo que he esbozado en el párrafo anterior es pura ciencia ficción. Sé que soy ambicioso, pero la vida es muy corta y necesitamos ser ambiciosos no sólo con lo que queremos tener o ser dentro de 10 o 20 años, sino con cada día. No tiene sentido pasar un desierto de cientos o miles de días estresantes y llenos de sufrimiento para conseguir un gran objetivo dentro de 5 o 10 años, porque sentiremos que no habrá merecido la pena, tendremos la sensación de que nos hemos perdido la vida durante todos esos años. En mi experiencia personal, lo tengo claro.
Debemos combinar la visión de largo plazo motivadora con el propósito irrenunciable de que cada día merezca la pena por sí mismo.
Te aseguro que yo cada día doy las gracias por lo que he vivido cada día, y lo hago con total honestidad. Porque el día representa la vida que quiero vivir. Pero por supuesto, muchos días vivo situaciones complejas, estresantes, y tengo que lidiar con problemas personales y desafíos profesionales.
Retomando el plan de acción que comentaba tras el diagnóstico de tu día, el siguiente paso es empezar a realizar cambios. Para esta fase te sugiero la estrategia de los cambios pequeños y progresivos que defiende James Clear en su famoso libro «Hábitos atómicos», alineado con la filosofía japonesa Kaizen de la que soy admirador y practicante desde hace años. En definitiva, se trata de ir realizando pequeños cambios, tomando pequeñas decisiones y acciones que progresivamente te vayan acercando a un día que represente realmente la vida que quieres vivir.
Los cambios pequeños son mucho más fáciles de ejecutar y de mantener en el tiempo hasta que se conviertan en hábitos positivos y permanentes, mientras que los cambios radicales y grandes son muy tentadores pero en la mayoría de las ocasiones no suelen consolidarse y generan aún más frustración, ya que después de hacer un enorme esfuerzo cognitivo y emocional, en el medio o largo plazo resulta inútil porque es muy probable que volvamos con la inercia a la situación inicial.
Para lograr los cambios necesarios en un día común de tu semana, también es efectivo elegir un día concreto que sea más factible y sencillo ejecutar dichos cambios. Por ejemplo, los martes. Si quieres generar los hábitos positivos todos los martes, deberás repetir y repetir durante semanas estos cambios pequeños que estás instaurando hasta que sientas que están totalmente automatizados. En ese momento puedes extender esos cambios a otro día de la semana, digamos los jueves, y así sucesivamente hasta conseguir que se haya instalado en todos los días de la semana. En ese momento, aunque te parezca sorprendente, el cambio que habrás logrado es trascendental, con el potencial de cambiar tu vida entera, como decía John C. Maxwell.
No subestimes la importancia de lo que haces, cómo vives y con quién, en un solo día de tu vida, porque insisto: es una metáfora fiel de cómo es tu vida los 364 días restantes del año, y seguramente de tus próximos 5 o 10 años.
La vida es corta, no podemos permitirnos el lujo de vivir un solo día de forma mediocre, triste, y alejado de nuestros valores y necesidades.
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JAVIER CARRIL
Coach MCC y conferenciante
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