Existe un constante debate sobre si para lograr el bienestar psicológico es necesario empezar primero a dedicar tiempo y calidad a nuestras relaciones personales, o por el contrario, el habitual mantra de la autoayuda de que antes debemos mejorar nuestro autoconocimiento y relación con nosotros mismos. ¿Por dónde debemos comenzar, entonces? Porque es evidente que ambas tareas son imprescindibles para nuestra felicidad y plenitud.
Para empezar a clarificar este dilema, lo primero que quiero es desterrar el cínico argumento de que dedicarse tiempo a auto-conocerse y a mejorar nuestra relación con nosotros mismos es algo egocéntrico e individualista. Por supuesto, si nos dedicamos a satisfacer todos nuestros caprichos y placeres individuales a costa de aislarnos de los demás y de deteriorar nuestras relaciones familiares o sociales, estamos en el camino equivocado. Es indudable que todos, sin excepción, somos seres sociales que necesitamos tener una importante cantidad y calidad de relaciones para sentirnos bien. No es cuestionable que necesitamos a los demás para vivir y para enriquecer nuestras vidas, y que no podemos aislarnos del mundo y de los demás.
Pero ¿Qué sucede demasiado a menudo con las relaciones? que son una fuente de enorme estrés, sufrimiento y dolor. ¿Cual es la causa? Pues que no hemos hecho el trabajo interno absolutamente necesario de conocernos y de limpiar nuestras inseguridades y complejos profundos, y todo eso lo volcamos en nuestras relaciones, contaminándolas y convirtiéndolas en tóxicas demasiadas veces.
Por eso, defiendo que para poder buscar el bienestar en nuestras relaciones, antes debemos realizar el trabajo interno de conocernos en profundidad, de ser conscientes de nuestros patrones, miedos, inseguridades y necesidades insatisfechas y hacernos responsables de ello, porque de lo contrario buscaremos saciar dichos miedos y necesidades en las relaciones, un camino inevitable de sufrimiento y conflictos.
No podemos buscar satisfacer nuestras profundas necesidades insatisfechas en nuestra relación de pareja, que es lo más habitual, o en nuestros hijos, amigos, jefes, influencers o gurús. De hecho, en muchas ocasiones se trata de necesidades exageradas de atención, cariño, protagonismo, seguridad, reconocimiento o escucha. Seguramente el origen es que no hemos cubierto esas necesidades en nuestra infancia y adolescencia, y sin haber realizado un ejercicio de conciencia y responsabilidad, volcamos todo eso en los demás. Es injusto y como es lógico, conduce a continuos problemas y conflictos que no logramos solucionar. Porque los demás no son responsables de nuestros traumas, heridas y complejos. Los únicos responsables somos nosotros, y por tanto, tenemos el deber de resolverlos y no generar dependencias emocionales tóxicas.
De hecho, exigir a nuestra pareja, familiar o amigos que cubran nuestra necesidad exagerada de reconocimiento, atención, seguridad o compañía es un síntoma de inmadurez emocional. Aunque suene duro, somos nosotros quienes debemos cubrir una gran parte de esas necesidades emocionales, para no intoxicar y deteriorar nuestras relaciones reclamando que los demás las cubran. Esta es una competencia fundamental de la inteligencia emocional.
Por ejemplo, si hemos recibido poco cariño en nuestra infancia por parte de nuestros padres, debemos darnos nosotros mismos ese cariño en el día a día, que puede manifestarse en muchos tipos de acciones, decisiones y conductas, desde cuidarnos comiendo bien o yendo al gimnasio a hablarnos con amabilidad y compasión cuando cometemos errores. Una vez que hayamos integrado ese tipo de comportamiento con uno mismo, entonces no tendremos esa sed de cariño y no lo reclamaremos a los demás con desesperación, sino en una justa medida.
O si nos hemos sentido minusvalorados en varias experiencias profesionales anteriores, debemos trabajar en nosotros mismos para darnos ese reconocimiento y valor a nosotros mismos, y de esa forma cubrir dicha necesidad perdida. Sólo entonces dejaremos de buscar con ansiedad el reconocimiento y la valoración en nuestro jefe actual o en nuestros compañeros.
Es decir, buscar cubrir nuestras necesidades no cubiertas en los demás sólo nos hace más dependientes de los demás, y por tanto más inseguros, menos libres, proyectando hacia el exterior una baja autoconfianza y autoestima.
En definitiva, respecto al dilema de por dónde debemos empezar a generar una sensación de equilibrio emocional, plenitud y bienestar, creo que está claro que necesitamos trabajar en nosotros mismos, dedicarnos tiempo y espacio para conocernos en profundidad, para luego limpiar nuestras heridas y desactivar nuestros miedos y complejos de inferioridad. Porque de lo contrario, todo ese material tóxico vamos a volcarlo en nuestras relaciones. Eso no significa que debamos recluirnos en una cueva durante meses o años para conectar con nosotros y no relacionarnos con nadie hasta que no estemos preparados porque, en primer lugar, no es posible y además tampoco sería saludable.
Pero no caigamos en el rechazo superficial a la afirmación de que para estar bien en nuestras relaciones, antes debemos estar bien con nosotros, porque es una verdad como un templo, por todo lo que he explicado en este post.
Nuestra relación con nosotros mismos es la más importante de todas, porque como dijo la maestra Zen Charlote Joko Beck, «No existe ningún lugar en la tierra donde podamos librarnos de nosotros». Si tenemos una relación difícil y turbulenta con nosotros ¿Cómo podemos pretender tener relaciones saludables y plenas con nuestra pareja, con nuestros hermanos, con nuestros hijos, con nuestros compañeros de trabajo o con nuestros amigos? Es sencillamente imposible.
Se trata, al fin y al cabo, de un círculo virtuoso en el que debemos trabajar durante toda nuestra vida. Potenciar nuestro autoconocimiento y equilibrio interno, limpiando heridas e inseguridades, mejorará drásticamente nuestras relaciones, que a su vez mejorarán nuestra autoestima y bienestar individual, y nos aportarán una enorme riqueza intelectual y emocional, lo que a su vez conducirá a relaciones mucho más plenas, profundas y maduras a nivel emocional.
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JAVIER CARRIL
Coach MCC y conferenciante
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