El equilibrio es un valor esencial en la vida, sobre el que deberíamos reflexionar a menudo. Porque lo normal es que haya mucho desequilibrio en nuestros comportamientos, decisiones, relaciones personales o en el tiempo que dedicamos a las distintas áreas o facetas vitales y profesionales. ¿Por qué existe tanto desequilibrio? En mi experiencia, la causa principal es que interiormente estamos bastante desequilibrados. Si interiormente tenemos desequilibrio, eso es lo que vamos a generar en el exterior.
En primer lugar, me voy a centrar en los desequilibrios exteriores que tenemos, que no son más que el reflejo de nuestros desequilibrios interiores. Sin embargo, es muy importante que los observemos y detectemos, porque son las señales o síntomas de problemas más profundos. Muchas veces tratamos de cubrir necesidades emocionales, miedos, complejos e inseguridades a través de estos desequilibrios. A estos comportamientos extremos podríamos denominarlos también como adicciones.
¿Cuales son los desequilibrios más habituales de las personas? A continuación, hago un repaso de los más comunes:
1. Workaholic: dedicar demasiado tiempo y energía a nuestro trabajo es peligroso. El trabajo y la carrera profesional es una de las áreas donde más personas vuelcan sus desequilibrios, con consecuencias desastrosas para su salud mental y física, puesto que tarde o temprano el estrés crónico y extremo que genera la adicción al trabajo conducirá al síndrome de Burnout o incluso a una depresión. Pero también la adicción por el trabajo tiene un impacto trágico en las relaciones personales, tanto familiares como amistades, puesto que al no dedicarles el mínimo tiempo necesario van destruyéndose o deteriorándose gravemente.
Una trampa frecuente de los workaholics es cuando les gusta o apasiona su trabajo, porque sirve de excusa perfecta para dedicarle horas y horas, incluso fines de semana. Pero por mucho que algo nos apasione, no puede desestabilizar toda nuestra vida. Sencillamente, no compensa ni debemos permitirlo.
Hay que tener en cuenta que este desequilibrio, como todos los demás, nos convierte en esclavos, ya que nos quita libertad de elección, aunque no seamos conscientes y creamos que estamos eligiendo y decidiendo por nosotros. Es falso. Hemos perdido la capacidad de discernir lo que es saludable y lo que no lo es. Cuando tenemos una adicción a cualquier actividad o ámbito, nuestro juicio se nubla y no pensamos con claridad.
2. Deporte extremo: obsesionarnos con obtener objetivos excesivos como una musculatura exagerada o correr las 6 maratones más importantes del mundo es otro desequilibrio muy común. Esta adicción al deporte ha explotado desde hace años, especialmente en entornos de ejecutivos obsesionados por lograr resultados extraordinarios en todos los ámbitos de su vida, no sólo en su trabajo. He visto a personas que se han lesionado gravemente las rodillas o incluso han tenido afecciones del corazón por llevar hasta el límite sus cuerpos, hasta que han dicho basta. Y desde luego, todos hemos escuchado noticias de personas que han fallecido porque han llevado demasiado lejos su obsesión por alcanzar una cima de una montaña o por saltar peligrosamente desde alturas elevadas a un río.
Insisto, llevar al extremo y dedicar un excesivo tiempo a tonificar nuestra musculatura, a hacer running o a cualquier otro deporte es una señal clara de que debemos resolver algo en nuestro interior. Y el deporte extremo no lo va a solucionar, eso seguro.
Otra trampa respecto a esta adicción es que como socialmente hacer deporte se considera muy beneficioso y saludable (lo que es cierto), los obsesionados con el deporte tienen una justificación perfecta para dedicar todo el tiempo y energía a esta actividad.
3. Nutrición extra saludable: comer sano, tomando todo tipo de complementos naturales, vitaminas, alimentos sin gluten, o directamente convirtiéndonos en vegetarianos o veganos también parece, a priori, algo digno de admiración y elogio. Y de nuevo, es la trampa perfecta para caer en comportamientos patológicos y obsesivos respecto a la alimentación. Cuando llegamos a estos extremos, no sólo podemos estar poniendo en riesgo nuestra salud sino nuestras relaciones, ya que nuestra obsesión genera rechazo en los demás, y es posible que llegue un momento en que nuestros amigos no quieran quedar con nosotros para cenar, ya que elegir los platos compartidos que cumplan con las exigencias extremas de estos adictos a la comida saludable puede resultar una auténtica odisea.
Desde luego, hay otros desequilibrios donde tratamos de cubrir nuestros desequilibrios internos, como relaciones de dependencia emocional, el alcohol, o el tabaco. Estos quizá son más difíciles de justificar como beneficiosos, como los anteriores, pero no dejan de ser adicciones que reflejan que hay algo dentro de nosotros que no tenemos resuelto.
Y ahora que hemos visto las señales o síntomas, veamos cuales suelen ser las causas de que nos embarquemos en este tipo de obsesiones y patologías. Como he dicho, se trata de aspectos que no hemos resuelto de nosotros, o que hemos tapado consciente o inconscientemente, ya sea porque es algo que no sabemos gestionar o porque nos resulta más cómodo taparlo que afrontarlo. Veamos 5 tipos de desequilibrios internos que nos llevan a desequilibrar nuestra vida:
1. Complejo de inferioridad
2. Miedo a nuestras partes oscuras
3. Miedo a mostrarnos vulnerables y auténticos
4. Relación cruel y excesivamente autoexigente con nosotros
5. No afrontar conflictos internos como no poner límites a los demás o no decir las cosas incómodas
6. Traumas no superados (a veces inconscientes)
Y te preguntarás ¿Qué puedo hacer si me he visto reflejado en alguno de estos desequilibrios? En primer lugar, ser consciente de que tu comportamiento adictivo (ya sea al deporte, a la nutrición saludable, al trabajo o a fumar) no es normal, sino un desequilibrio conductual que está ocultando un desequilibrio más profundo de tipo psicológico y emocional.
A continuación, debes indagar en la causa raíz, es decir, qué desequilibrio interior de los anteriores mencionados puede estar generando aquellas conductas. Se suele decir que en el momento en que detectamos la verdadera y profunda causa de un problema, la solución es fácil de identificar.
Para ayudarte a detectar esta causa raíz puedes contratar a un coach que te haga las preguntas poderosas y difíciles que necesitas (se suele decir que es mucho más importante que alguien te haga las preguntas adecuadas a que te de soluciones o recomendaciones), o también empezar a meditar regularmente. La meditación de atención plena (popularmente conocida como mindfulness) produce conciencia y claridad en tu mente, lo que puede ayudarte a ver lo que no has sido capaz de ver hasta ahora, o lo que no has querido ver. Incluso aspectos del subconsciente van emergiendo poco a poco a medida que llevamos un tiempo meditando.
Otro ejercicio poderoso que puedes hacer es el hacer tu lista de valores, dentro de los cuales esté el valor del equilibrio. Es un ejercicio que yo personalmente hice hace años. Redacté mi lista de principales valores, y uno de dichos valores fue el equilibrio, porque me di cuenta de que estaba metido en un desequilibrio como los que he descrito que estaba perjudicando mi relación de pareja y con mi familia. Desde entonces, tomar decisiones que me proporcionen equilibrio físico, mental, emocional y espiritual se ha convertido en una prioridad y una brújula fundamental que guía todas mis acciones y decisiones, tanto vitales como profesionales.
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JAVIER CARRIL
Coach MCC y conferenciante
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