El filósofo Aristóteles ya dijo que «La excelencia no es un acto, sino un hábito». El secreto del éxito en la vida y en el trabajo depende directamente del tipo de hábitos que hayamos integrado, así de importantes son. Por muy trascendente que sea una decisión o acción que tomemos en cualquier ámbito, en el largo plazo no producirá un gran impacto en nuestros objetivos o felicidad, si es una decisión o acción puntual y no repetitiva. Y es en el largo plazo donde se revela la importancia de las cosas.
Realmente las decisiones, acciones, conductas y actitudes que repetimos una y otra vez, cientos de veces, miles de veces, a lo largo de meses o años, son las que determinan nuestra vida. Para bien, o para mal.
Y esas decisiones o comportamientos repetidos no tienen por qué ser grandes o ambiciosos. Es más, en el campo de los hábitos es más recomendable avanzar mediante pequeños pasos, como llevo transmitiendo desde hace años tanto en mis libros como en mis formaciones en empresas. Pero las personas tienden a minimizar la trascendencia de las pequeñas cosas, y a buscar la recompensa a corto plazo de lo que hacen. Y es un camino destinado a la frustración y al fracaso.
Personalmente, llevo investigando años el tema de los hábitos, no sólo estudiando a los expertos y las metodologías más efectivas para integrar hábitos positivos sostenibles, sino experimentando todo en mi propia vida y en mis propios objetivos. Por eso puedo afirmar que generar hábitos positivos de manera consciente y proactiva puede cambiarnos la vida, y llevarnos a alcanzar resultados extraordinarios en nuestra carrera profesional y en nuestra vida personal.
Por otro lado, nuestro cerebro funciona en gran medida a través de hábitos que tenemos de manera automática. Aunque no seamos conscientes, tenemos muchas rutinas y hábitos en nuestro día a día. El cerebro aprende por repetición, concretamente cuando hemos repetido alguna acción o conducta durante un buen número de veces (los estudios psicológicos sobre este punto indican que el mínimo de veces que tenemos que repetir una acción está entre 21 y 28 veces consecutivas para que podamos considerarlo un hábito integrado). Las repeticiones van generando conexiones neuronales cada vez más sólidas en nuestro cerebro relacionadas con la acción que repetimos, hasta que se convierte en una conducta o acción automatizada.
No obstante, estas rutinas y hábitos inconscientes pueden ser negativos para nuestro bienestar, para nuestras relaciones o para nuestras metas profesionales. El hábito de tomar una copa de vino o de whisky cuando tenemos un problema, el hábito de salir a fumar cada vez que estamos estresados, el hábito de procrastinar una tarea difícil o pesada, el hábito de decir que sí a todo incluso cuando estamos saturados de trabajo, o el hábito de gastar más de lo que ganamos son algunas rutinas que muchas personas han integrado en su vida, y que no son nada beneficiosas. De modo que el trabajo interno que tenemos es doble: eliminar los hábitos tóxicos, y crear nuevos hábitos positivos.
La cuestión es ¿Cómo hacerlo? En primer lugar, necesitamos parar y reflexionar. Corriendo como pollos sin cabeza en nuestra vida es imposible que tomemos conciencia de todos aquellos hábitos tóxicos que están minando nuestro rendimiento y nuestra felicidad. Así que sentémonos a reflexionar, y a escribir todo aquello que queremos abandonar y dejar ir de nuestras actitudes y comportamientos, así como aquellos nuevos hábitos que queremos integrar. A continuación, es preceptivo que deseemos realmente cambiar. Si no hay voluntad de mejora, aunque hayamos tomado conciencia de lo que necesitamos cambiar, no sólo no mejoraremos, sino que empeoraremos.
Debemos hacernos la difícil pregunta «¿Qué estamos dispuestos a hacer para mejorar nuestros resultados y nuestro bienestar?» Porque es un camino que tiene piedras, y tendremos que retirar dichas piedras con esfuerzo y motivación.
Y una vez que hayamos consolidado el compromiso con nosotros, pongámonos en acción. Aquí viene la parte práctica de los hábitos, donde pueden ayudarnos los consejos y herramientas de los investigadores y expertos en el campo de los hábitos.
En este sentido, es útil conocer el modo de aprender de nuestro cerebro., relacionado con las repeticiones que mencionaba. La primera fase del aprendizaje del cerebro es la denominada incompetencia inconsciente, que es cuando no sabemos que no sabemos. Es decir, cuando ni siquiera somos conscientes de que una rutina nos está perjudicando, o de que un nuevo hábito puede hacernos sentirnos con mucha más energía. En el momento en que tomamos conciencia, hemos escalado una fase del aprendizaje, puesto que estamos ya en la incompetencia consciente. Es decir, al menos ya somos conscientes de que somos incompetentes o que necesitamos cambiar en algo importante.
Si empezamos a trabajar con acciones concretas para lograr dominar una nueva habilidad o conducta, llegará un momento en que escalaremos una nueva fase, que es la competencia consciente. Es cuando hemos repetido unas 14 o 15 veces consecutivas una acción. Aún no hemos logrado interiorizarlo como hábito, pero estamos en el camino. Es la fase crítica donde tenemos que poner el esfuerzo y la motivación. Y a partir de unas 28 veces consecutivas llegamos al nivel más elevado del aprendizaje, la competencia inconsciente. Es el momento en que la acción concreta ha dejado de costarnos esfuerzo, ya que es algo automático que hemos integrado en nuestra vida. En definitiva, un nuevo hábito.
¿Qué estrategias y herramientas nos pueden conducir desde la incompetencia consciente a la competencia inconsciente? James Clear, autor del best-seller «Hábitos atómicos» nos orienta sobre las 4 leyes de los hábitos, que son las siguientes:
1. Hazlo visible: si quieres integrar una acción como hábito, debes generar señales visuales o auditivas en tu entorno para recordarte cumplir con el hábito. Por ejemplo, utilizar post-its de colores, alarmas del móvil, o bien algo físico que tengas que ver sí o sí a diario. Por ejemplo, si quieres comer fruta, sitúa un bol de fruta bien visible en la cocina.
2. Hazlo sencillo: se trata de reducir la ambición y la dificultad de una conducta hasta que sea una pequeña acción muy sencilla y alcanzable, que no te requiera apenas esfuerzo. Es la estrategia japonesa del Kaizen: avanzar hacia un objetivo ambicioso a través de pequeños pasos muy alcanzables, aumentando poco a poco la ambición. El kaizen es una herramienta esencial en la construcción de hábitos, lo digo por experiencia, ya que me ha ayudado de forma crítica en múltiples situaciones para lograr objetivos muy ambiciosos, como por ejemplo la publicación de 5 libros hasta el momento.
3. Hazlo atractivo: Clear recomienda juntar el nuevo hábito que queremos integrar con otra acción o conducta que deseemos hacer. De alguna manera, se trata de hacer más motivadora la nueva acción. Por ejemplo, si queremos dedicar tiempos cortos de concentración en el trabajo con la conocida técnica Pomodoro (20 minutos), podríamos acompañar ese tiempo de concentración con algo que nos apetezca, como escuchar una música motivadora, ponernos un café, o hacerlo en un entorno que sea agradable. Hace poco, una clienta de coaching decidió ir a una Biblioteca porque era un espacio que le motivaba y le ayudaba a generar este hábito.
4. Hacerlo placentero: En este caso se trata de darnos recompensas cada vez que cumplamos con el hábito que nos hemos marcado. Pero ojo, deben ser recompensas saludables. Puede ser cualquier pequeña actividad o acción que nos guste o motive. Por ejemplo, cada vez que consigamos meditar cada mañana o destinar cada mes una cantidad de nuestros ingresos a una cuenta de ahorro, nos damos el premio de tomar un buen desayuno o darnos un pequeño capricho.
¿Qué nuevo hábito quieres introducir en tu entorno laboral o en tu vida personal? Si aplicas las 4 leyes, estarás en el camino de potenciar tus resultados de manera sostenible, así como tu autoestima. Porque la autoestima se construye a través de proponernos retos y metas, y cumplirlas. Ni más ni menos.
Y en el caso de que desees liberarte de algún hábito perjudicial, puedes aplicar las 4 leyes pero a la inversa: hazlo invisible, hazlo difícil, hazlo feo y poco atractivo, y hazlo doloroso.
En caso de que quieras probar un proceso de coaching conmigo para trabajar en tus hábitos, sólo tienes que escribirme a través del formulario de la web y agendamos una entrevista previa. Te dejo el link.
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JAVIER CARRIL
Coach MCC y conferenciante
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