El otro día charlaba con Sagrario sobre el sentido de la vida, mientras saboreábamos un café de sobremesa. Hablar con ella, sin prisas, con total tranquilidad (algo a veces desafiante teniendo en cuenta que tenemos 3 hijas), me produce un placer cada día mayor. El tiempo vuela, y me gustaría continuar así durante horas.

El caso es que nos preguntábamos: ¿Cuál es el sentido de que estemos aquí? Tiene que haber un sentido, un propósito. Quizás nos reencarnemos, o pasemos a un estado intangible relacionado con nuestro alma o espíritu, y sigamos siendo conscientes de nuestra identidad, o incluso de la vida de las personas que hemos dejado aquí. Quizá, pero nadie puede tener absoluta seguridad sobre ello, por muy fuertes que sean sus creencias, religiosas o no.

Finalmente, la conclusión más razonable fue que el sentido de la vida es la propia vida. ¡Qué simple! ¿Verdad?…o no tan simple. Porque cuando pensamos profundamente en esta frase, las implicaciones son enormes. Significa que no hipotecamos nuestra vida aquí esperando un premio o recompensa en la otra vida. Pero también significa que no vale “todo”, o sea actuar pensando que hay que divertirse sin freno, y sin responsabilidades!

Focalizarnos en que el sentido de nuestra vida es la propia vida, el día a día, el aquí y ahora, el momento presente, nos da una perspectiva muy diferente, y sobre todo nos confronta y desafía con el fin de no buscar excusas o postponer determinadas acciones difíciles. Nos ayuda a enfocarnos en lo importante, en aprovechar el tiempo al máximo para exprimir el jugo de cualquier experiencia, y también a reflexionar y descansar, para evitar que vayamos toda la vida desbocados sin ninguna dirección clara.

También nos ayuda a disfrutar de lo que tenemos, en lugar de estar centrados en lo que nos falta. Nos ayuda a aceptar, en lugar de resistirnos a lo inevitable. En definitiva, nos hace ver las cosas en una nueva dimensión más positiva y al mismo tiempo, más realista.

Y por supuesto, si creemos que el sentido de nuestra vida es nuestra vida misma (lo que hacemos o dejamos de hacer cada día, lo que decimos o lo que nos callamos, lo que pensamos en cada momento), dejaremos un legado mucho más profundo y rico para nuestros hijos, amigos, familiares o conocidos que se queden aquí cuando nos marchemos…

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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