Según numerosos estudios, el estrés y la ansiedad han aumentado un 25% en los últimos 20 años. Y lo que se consideraba en los años 80 del siglo XX como un caso clínico y patológico de estrés, hoy se considera un nivel normal de estrés. El estrés destruye neuronas de nuestro cerebro con una gran velocidad, deteriora nuestro sistema inmunológico, reduce drásticamente nuestra concentración y rendimiento en el trabajo, y la calidad de nuestra vida.

Cuando hablamos de lo estresados que estamos en nuestra vida, siempre acudimos a los tópicos: la sociedad, el tráfico, el trabajo, mi jefe, el correo electrónico, los grupos de Whatsapp y sus interminables cadenas de mensajes, mi pareja, mis hijos, etc.

Sin embargo, esto no son más que balones fuera que echamos para no asumir la verdadera responsabilidad de nuestro estrés: nosotros. El enemigo no está fuera, sino dentro, y es un enemigo muy poderoso, porque conoce con toda precisión nuestros puntos débiles. Como digo, el enemigo somos nosotros mismos.

¿Y cómo nos generamos estrés? Casi en un 95% proviene de nuestros propios pensamientos incontrolados. Los pensamientos son la mayor fuente de estrés y ansiedad que tenemos. El problema es, en primer lugar, que no somos conscientes de dichos pensamientos, ni de la cantidad ni de la calidad de los mismos. Vamos por la vida con el piloto automático generando millones de pensamientos sin darnos cuenta del impacto brutal que tienen en la calidad de nuestra vida.

El segundo problema es que, además, nos creemos nuestros pensamientos. Es decir, creemos que son la realidad. Y eso hace que nuestra visión de dicha realidad esté totalmente distorsionada por esos pensamientos cambiantes que genera nuestra mente. Pero, ¿Todos los pensamientos son destructivos y estresantes? No, desde luego. ¿Y entonces, qué pensamientos son los verdaderos enemigos, los generadores del estrés continuo y destructivo que sufrimos? Según mi experiencia e investigación durante los últimos 10 años sobre el estrés, hay 7 pensamientos fundamentales que nos generan un enorme nivel de estrés y ansiedad (la ansiedad es el estrés que continúa después de que el factor estresante ha desaparecido). Son los siguientes:

1. Tengo que ser perfecto. Exceso de autoexigencia o perfeccionismo. No me permito equivocarme ni cometer errores, y tampoco me permite disfrutar de nada, al no estar nunca satisfecho de mí mismo ni de lo que hago.

2. Puedo controlarlo todo. Creemos que podemos controlarlo todo en nuestra vida para que cumpla con nuestras expectativas y deseos, y eso es imposible. Hay una parte enorme de situaciones, personas y circunstancias que no dependen de nosotros, y aún así nos empeñamos en querer tenerlo bajo control. Con este pensamiento tenemos garantizado el estrés intenso toda la vida.

3. No puedo, no soy capaz. La creencia de incapacidad es muy limitante y estresante. Cuando pensamos que no somos capaces de conseguir algo, estamos dañando nuestra autoestima, y generando estrés y ansiedad.

4. El pasado. “¿Por qué tomé esa decisión?” “¿Por qué me tuvo que suceder a mí?” “Tenía que haber reaccionado de otra forma”, etc. Pensamientos sobre el pasado que ya no se puede cambiar. Nos generamos mucha ansiedad revolcándonos y rebozándonos en el fango de las experiencias o decisiones negativas del pasado. Una cosa es aprender del pasado, y otra es torturarse por cosas que ya no se pueden cambiar.

5. El futuro. “¿Y si…?” Si no estamos estresados por el pasado, estamos agobiados por el futuro, anticipando cosas negativas que pueden suceder en el futuro. La mayoría de las veces nunca suceden, y sin embargo nos hacemos mucho daño. Una cosa es ocuparse de un asunto, y otra muy distinta es preocuparse. Somos expertos en generarnos una enorme burbuja de problemas ficticios que nunca llegan a suceder.

6. Todo es importante y urgente. Creer que todo es de vida y muerte, aunque sea un ridículo e-mail, nos hace estar en un estado de permanente estrés, de consecuencias nefastas para nuestro rendimiento y para nuestra felicidad (por no hablar de los efectos en la salud). Hay muy pocas cosas importantes, y casi nada urgente. Despertemos de esta locura absurda.

7. Tengo razón. Cuando me empeño en tener razón estoy generándome estrés a mí mismo, y en las relaciones con los demás. Hay una frase que dice: “¿Qué eliges en la vida, tener razón o ser feliz?”. Cuando estás convencido de que tienes razón, tratarás de convencer, e incluso imponer, tu punto de vista al otro. Pero normalmente la otra persona también creerá que tiene razón, y en el choque de ambos egos se produce el conflicto y la infelicidad.

Espero que este listado te haya ayudado a clarificar con qué pensamientos te generas más ansiedad. Seguro que has identificado varios de ellos, si no todos. Lo primero que debemos hacer es permanecer atentos para detectar cuanto antes dichos pensamientos en mi mente, para entonces empezar a distanciarse de ellos, cuestionarlos y relativizarlos. Te aseguro que tu vida puede empezar a dar un cambio radical. Ya sabes:

Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus actos,
y tus actos se convertirán en tus costumbres.
Tus costumbres configurarán tu carácter,
y el carácter marcará tu destino y tu vida.
Por lo tanto, tus pensamientos se convertirán en tu vida.

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sobremi

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.