Hace una semana mi mujer me contó una anécdota sorprendente sobre este aparatito tan útil, la Blackberry. Un directivo de su compañía le contó que tenía que meterse en el cuarto de baño de su casa para consultar y responder los correos electrónicos de la oficina a través de la Blackberry, para que su mujer no se enterara. Otro directivo que conozco bombardea de correos electrónicos a su equipo durante sus vacaciones, como un poseso.

Estas anécdotas reales reflejan una realidad preocupante. Los adultos nos quejamos constantemente de la adicción de los adolescentes a los videojuegos, y no nos damos cuenta de que nosotros tenemos el mismo tipo de adicción con la Blackberry. ¿Acaso podemos recriminarles algo a las nuevas generaciones? Pues no.

Cada vez más directivos presumen de tener este aparatito, y muchos se creen más importantes por tenerlo. Por eso, muchas veces comen y hasta duermen con la Blackberry (doy fe de esto), por si acaso pueden salvar al mundo en cualquier momento.

Como todo avance tecnológico, es de gran utilidad para momentos en que tienes que estar conectado al trabajo, por ejemplo en viajes o reuniones (no en vacaciones). Sin embargo, cuando su uso excede de lo meramente profesional, pasa a dificultar enormemente nuestras relaciones personales, y por supuesto, nos convierte en estúpidos adictos.

La clave de esta adicción, y esto lo he comprobado en muchas ocasiones, es la carencia de solidez personal, la falta de una vida personal rica y satisfactoria, o carencias emocionales no resueltas.

Mi mujer ha desconectado la Blackberry durante los 15 días de vacaciones que hemos disfrutado al máximo con nuestras tres hijas, utilizando sólo el móvil para llamadas urgentes. Y me ha parecido una decisión muy inteligente y madura. Porque sabía que si la tenía conectada, era muy difícil evitar consultar los correos electrónicos de cada día.

Insisto. No es la herramienta lo que cuestiono. Es el uso que se hace de ella. Y su uso inadecuado constituye una de las muchas locuras en las que nos hemos sumergido los profesionales del mundo desarrollado. No nos desconectamos ni un minuto de nuestro trabajo, creyendo que todo es urgente y de vida o muerte. Y luego nos quejamos de estrés, cuando quienes nos lo provocamos somos nosotros mismos con nuestras conductas infantiles.

Debemos hacer una profunda reflexión sobre la calidad de nuestra comunicación con los demás. Es paradójico, pero cuanto más avanzada es la tecnología para comunicarnos, más se deteriora la comunicación humana. Cuanto más medios y facilidades tenemos, más nos alejamos de las verdaderas relaciones personales, cara a cara.

Si estás de vacaciones, una sugerencia: desconecta la Blackberry…o por lo menos raciona su uso drásticamente. Es tu salud mental y la de tu familia la que está en juego.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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