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10º Aniversario de mi libro «Zen Coaching»

Hace 10 años (en 2008) publiqué mi primer libro «Zen Coaching». Durante estos años he recibido numerosos comentarios sobre el libro, personalmente o a través de e-mails, y según lo que muchos coaches profesionales me han dicho, se ha convertido en uno de los libros de referencia del coaching. En este punto he creído que es un buen momento para celebrar el décimo aniversario de este libro tan importante para mi vida y para mi carrera profesional.

Por dos motivos fundamentales. El primero es que me gusta celebrar las cosas. Me gusta y creo que es necesario pararse a reflexionar sobre nuestros logros y éxitos vitales, reconocernos el mérito sin avergonzarnos ni mostrar falsa modestia, y celebrarlo. Así que quiero celebrarlo contigo, querido lector fiel durante estos 12 años en los que llevo publicando un artículo por mes.

El segundo motivo es que las ideas y herramientas que planteo en el libro siguen estando totalmente vigentes para mí, diez años después. A continuación, voy a exponerte las 10 ideas clave más importantes del libro:

  1. El Zen Coaching es la fusión de las dos disciplinas más potentes de desarrollo y crecimiento personal de Oriente y Occidente.
  2. El coaching te ayuda a enfocarte y a plantearte objetivos motivadores para superarte y salir de tu zona de confort, mientras que el zen te equilibra a nivel emocional y te ayuda a vivir el presente con plenitud. Así que para mí, el zen coaching te aporta los dos aspectos esenciales para tener una vida personal y profesional plena y motivante. Ambas disciplinas son complementarias, pero al mismo tiempo tienen algunos aspectos en común, por ejemplo la importancia de la conciencia o la necesidad de asumir la responsabilidad sobre nuestra vida.
  3. Desafía tus asunciones, presuposiciones, creencias o ideas preconcebidas. Y no digas que no las tienes o que no te condicionan. Eso nos pasa a todos los seres humanos, es mejor reconocerlo y trabajar en ello, que ignorarlo y seguir esclavizado por ellas sin darse cuenta.
  4. Márcate metas y objetivos motivadores a largo plazo en 3 ámbitos: Ser, Hacer y Tener. Y es importante que lo hagas en ese orden. Primero, ¿Quién quieres ser dentro de 10 años? Qué cualidades, habilidades, valores quieres haber incorporado. En segundo lugar, ¿Qué quieres hacer? ¿Qué quieres haber logrado como profesional, qué retos? Y por último, ¿Qué quieres tener o poseer? Aquí me refería a aspectos materiales (dinero, casas, y otras posesiones).
  5. Acepta las cosas como son cuando no puedas cambiarlas. No desgastes tu valiosa energía en luchar contra los muros infranqueables de tu vida. Es mejor dirigir nuestra mirada hacia otros parajes, donde sí podamos cambiar las cosas. Tratar de cambiar lo que no se puede cambiar no es idealista, es estúpido e inconsciente. Además nos agota y nos impide lograr otras metas importantes.
  6. Vive aquí y ahora. No existe otro momento que el presente. Cuanto más vivas el presente más feliz serás, y mayor será tu rendimiento y efectividad profesional. La mayoría del tiempo lo pasamos pensando en cosas del pasado y el futuro, perdiéndonos el regalo que supone el momento presente. Aquí está una de las claves: el hecho de estar presentes en nuestras vidas no nos impide marcarnos metas gigantes y luchar por ellas, sino precisamente lo contrario.
  7. Asume la responsabilidad de tu vida. Deja de hacerte la víctima, deja de quejarte de tu jefe, de tu compañero, de tu pareja o de tus hijos, y empieza a mirarte a ti mismo. Tu vida, para bien y para mal, es lo que tú has hecho con ella, no es responsabilidad de nadie si tu trabajo no te motiva. Sólo asumiendo que todo lo has provocado tú, de una manera consciente o inconsciente, te convertirás en protagonista de tu vida y no en un espectador victimista.
  8. Conviértete en el dueño de tu tiempo. Los seres humanos desperdician muchísimo tiempo de su corta vida en actividades, tareas, trabajos o relaciones que no les aportan nada, o incluso les hacen más infelices. Es crítico que empieces a valorar tu tiempo como si fuera tu activo más valioso, porque de hecho lo es. Y el primer paso es empezar a ser despiadado con todo lo superfluo o poco útil, para después dedicar tiempo a lo importante y no urgente, que es donde está el secreto del alto rendimiento.
  9. Avanza mediante pequeños pasos. No te atolondres queriendo conseguir demasiado rápido tus objetivos. Las cosas importantes requieren de paciencia, constancia y disciplina. Así que empieza a dar pequeños pasos, no dejando de avanzar en ningún momento. Como dice la expresión «sin prisa, pero sin pausa». Los pasos pequeños, además, te ayudarán a generar hábitos positivos sostenibles, una de las cosas más importantes que debes aprender.
  10. Toma decisiones y actúa. Es importante reflexionar sobre los pasos a dar, pero nunca vamos a tener la seguridad total sobre si acertaremos en nuestras decisiones, ni tampoco dispondremos de toda la información que necesitamos. Debemos tomar decisiones en un mundo de incertidumbre y cambios constantes, y aprender constantemente de los errores para seguir mejorando y avanzando. La parálisis por excesivo análisis no es una opción. Te adelantarán por los dos lados y te quedarás atrás si no actúas a pesar del miedo y de la falta de información.

Para terminar, voy a compartir uno de esos muchos comentarios que me han hecho las personas que han leído el libro durante estos 10 años. Comentarios como éste me emocionan profundamente cada vez que los leo, y me animan a seguir con toda la ilusión del mundo.

«Una mañana, me levanté y me dije: ¿Es esto lo que quiero para mi vida? y la mañana siguiente de nuevo, y otra más, y entonces pensé: algo hay que cambiar. Mi cabeza estaba en la búsqueda de un cambio y la vida te lleva por lugares que quizás no pensabas transitar. Uno de estos días de búsqueda entro en una librería y buscando algún tipo de título que me llamara la atención tomé en mis manos Zen Coaching, de un tal Javier Carril. Mi vida desde ese momento a hoy es otra.
Poco a poco soy y hago realmente lo que he ido soñando ser, me dedico tiempo para mi (hago running), para mi familia (juego con mis niños), para capacitarme continuamente en lo que me gusta. Elijo mis trabajos y no por el dinero que voy a ganar, sino por los desafíos y las satisfacciones que me dan. Muchas veces la vida no te da lo que pedís, pero te acerca algo que necesitas. Gracias Javier.» Fernando Cieco Delgado.

Un millón de gracias a ti, Fernando. Y a todos los que me habéis escrito.

Más información: www.zencoaching.es

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Autoexigencia = Estrés y sufrimiento

Nos han educado para ser autoexigentes, para presionarnos y dar lo mejor de nosotros mismos. Nuestros padres y profesores, y después nuestros jefes y mentores, nos han enseñado que debemos estar alerta para competir al máximo porque de lo contrario fracasaremos y otros más autoexigentes nos adelantarán en la carrera de la vida. Y esa programación que hemos recibido en nuestro cerebro continúa durante toda nuestra vida, en el inconsciente, haciendo el trabajo de presionarnos y exigirnos más de lo que es sano y razonable. Ni siquiera nos damos cuenta de los cientos de comportamientos y actitudes que provoca la autoexigencia.

Está claro que la autoexigencia tiene y ha tenido efectos beneficiosos, nos ha obligado a salir de nuestra zona de confort, nos ha llevado a nuestros éxitos en la vida y en la carrera profesional. Esto no lo pongo en duda. La exigencia, en su justa medida, es necesaria para mejorar. Sin embargo, ¿Dónde está la justa medida? Es muy difícil de medir y controlar para evitar los efectos perversos de la exigencia.

La autoexigencia nos lleva a no valorar adecuadamente nuestros logros, a focalizarnos obsesivamente en lo que falta en nuestra vida, en lo que no está completo, en lugar de centrarnos en lo que hemos conseguido avanzar, en todo lo que hemos mejorado. Ahí comienzan los efectos perniciosos de la exigencia.

Exigencia o Excelencia. La exigencia es querer hacerlo todo perfecto desde ahora mismo (así que está anclado en el corto plazo), mientras que la excelencia no busca la perfección inmediata, sino que se centra en la mejora en el largo plazo. Cuando buscamos la excelencia, no nos importa cometer errores porque forman parte de esa mejora, mientras que cuando estamos esclavizados por la exigencia no nos permitimos los errores ni los fracasos. Eso hace que la exigencia, paradójicamente, nos impida mejorar verdaderamente en cualquier ámbito (deporte, una tarea compleja, una habilidad interpersonal) porque la esencia de la mejora continua se basa en la prueba-error. Cuando probamos conductas o acciones nuevas, estamos saliendo de la zona de confort, y aprendemos. A veces, estas pruebas resultan exitosas y otras fallidas, pero el hecho de aceptar los errores como parte del proceso de aprendizaje y mejora es clave.

Sin embargo, la exigencia nos bloquea y paraliza en un círculo vicioso en el cual no avanzamos porque nos obsesionamos con no tropezar, con evitar el error. Y por supuesto, si fallamos, la autoexigencia nos lleva a machacarnos, a castigarnos y fustigarnos sin piedad. Así que nuestro cerebro sigue potenciando el aprendizaje de que no debe probar cosas nuevas porque el simple hecho de probar supone la probabilidad del error.

Conclusión: busquemos la excelencia y no la exigencia de la perfección. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, mientras que la exigencia se centra en el resultado a corto plazo. La excelencia tiene paciencia, la exigencia no. Y el alto rendimiento necesita paciencia.

Exigencia o Preferencia. La maestra zen Charlotte Joko Beck, autora de uno de mis libros de cabecera, «La vida tal y como es», dice que no es lo mismo exigir que preferir. Cuando exigimos a la vida algo y no nos da lo que queremos, nos estresamos y nos desesperamos. Esa es la actitud habitual de los seres humanos, como si la vida nos debiera esto o aquello. La vida no nos debe nada y el hecho de exigir que nuestra vida sea perfecta, divertida, tranquila y placentera siempre nos hace rígidos, y nos genera un enorme sufrimiento cuando las cosas no son como esperábamos.

Charlotte dice que, por el contrario, la preferencia es normal y mucho más sana. Todos preferimos, obviamente, conseguir nuestras metas, tener una vida tranquila y feliz, que nos vaya bien en nuestras relaciones sociales, etc. Pero la preferencia no implica tensión, como ocurre con la exigencia. Cuando preferimos que las cosas sean de una manera y luego resulta que son diferentes, es normal que sintamos tristeza, enfado, frustración, pero será en una intensidad muchísimo menor que si nuestra actitud fuera la exigencia. Seremos más capaces de aceptar positivamente las adversidades y dificultades, y de relacionarnos con la vida de forma mucho más sana. Por lo tanto, si queremos vivir una vida menos estresante y con menos sufrimiento, debemos dejar de exigir, y sustituirlo por preferir.

Exigencia o petición. La exigencia se traslada inevitablemente a nuestras relaciones personales y profesionales, donde hemos aprendido a exigir, y nos hemos hecho adictos. Exigimos a nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros familiares y a nuestros compañeros de trabajo que se comporten como nosotros pensamos que es lo correcto, sobre todo si tenemos una posición de poder respecto a ellos (por ejemplo, con un hijo o con un subordinado en el trabajo). Pero ¿Quiénes somos nosotros para pensar que estamos en lo correcto? ¿Quienes somos para creer que tenemos la verdad?

Cuando exigimos, generamos tensión, conflictos, agresividad, y después la gente se aleja de nosotros, se distancia, y deja de confiar en nosotros. Por el contrario, tenemos todo el derecho a manifestar nuestra opinión, preferencias, necesidades y emociones. Y tenemos derecho a pedir un cambio de comportamiento, pero no a exigir un cambio de comportamiento.

Y ¿Cómo sabemos que estamos haciendo una petición en lugar de una exigencia? Claramente, como nos dijo el psicólogo Marshall Rosenberg con su Modelo de Comunicación No Violenta, sabemos que estamos exigiendo si castigamos (de forma obvia o sutil) a la otra persona si no cumple nuestra exigencia. Hay diversas maneras de castigar a los demás cuando no cumplen nuestras exigencias: manteniéndonos distantes emocionalmente, dejando de hablarles, o bien gritándoles, juzgándoles, culpándoles, amenazándoles o insultándoles.

Mientras, manifestando nuestra petición, si la otra persona no cumple lo que hemos pedido, no trataremos de dañarla, o vengarnos de ella. Aceptaremos que tiene todo el derecho a tomar sus decisiones y a comportarse como elija en su vida. Obviamente, si ese comportamiento nos afecta y nos produce un daño importante, tendremos que hacer algo para evitar ese daño. Nosotros también tenemos derecho a tomar nuestras decisiones y conductas, siempre que no busquemos hacer daño al otro.

Te animo, como conclusión a este post, a que reflexiones sobre estas preguntas:

  • ¿Estás exigiendo algo a la vida? ¿Qué consecuencias tiene esta exigencia?
  • ¿Estás exigiendo o pidiendo en tus relaciones personales o profesionales? ¿Qué haces si no cumplen con tus exigencias? ¿Qué consecuencias tiene?

Preferir en lugar de exigir, pedir en lugar de exigir, buscar la excelencia en lugar de la perfección. Vivirás más tranquilo y feliz, y conseguirás tus metas de forma más sencilla y sin tanto sufrimiento.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Quién eres?: el valor de la humildad

La pasada semana leí una breve entrevista del ex-futbolista Pedja Mijatovic, famoso sobre todo por el gol que le dio la séptima copa de Europa al Real Madrid. Aquel momento fue el más importante de su carrera deportiva. En esta entrevista le preguntan si cambiaría aquel gol por algo, a lo que responde: «Por la salud de mi hijo que murió hace ocho años. Y no sólo por su vida. Cambiaría todo lo que he conseguido por haberle escuchado decir algo. Porque él, Andrea, era paralítico cerebral, no hablaba, no caminaba, no se comunicaba. Lo habría dado todo por escuchar un «Hola, cómo estás». No pudo ser.»

Más adelante, profundiza sobre esta experiencia: «Yo en los años más bonitos de mi carrera viví la enfermedad de mi hijo. En esos momentos en los que crees que incluso puedes volar, cuando te sentías poderoso y notabas el calor de toda la gente, mi hijo siempre tenía crisis. Muchos días y noches en el hospital. Eso ha sido un contrapeso mío. Yo me decía: «No eres nadie, ya ves que no eres nadie, no puedes hacer nada para que tu hijo mejore». Te preguntas: «¿Quién eres?». Y la respuesta es nadie. Mi hijo ha tenido una misión en mi vida. La de salvar a su padre. Piensas que eres Dios y en realidad no eres nadie».

Me impresionaron profundamente sus palabras, porque desprenden una gran sabiduría y una gran humildad. Ambas, curiosamente, se consiguen después de sufrir mucho, después de tener una gran crisis. El éxito, muchas veces, no te hace más sabio, y desde luego es raro que te haga más humilde, sino todo lo contrario. El éxito nos embota y nos hace creer que somos Dioses, hasta que tarde o temprano, la vida nos da la lección que necesitamos.

Tengo la creencia de que el ser humano tiene una grandeza enorme dentro. Cualquier ser humano tiene ese potencial en su interior. Lo he comprobado muchas veces, y me ha conmovido hondamente. Por tanto, cualquiera de nosotros puede conseguir grandes metas y contribuir a cambiar el mundo. Me gusta la idea de salir de nuestra zona de confort y descubrir que somos capaces de mucho más de lo que imaginamos.

Pero también creo, aunque sea paradójico, que no somos nadie, como dice Mijatovic. En el sentido de que cada uno de nosotros somos una minúscula parte de la enormidad del universo, es decir, somos uno más de los cientos de miles de seres vivos que han pasado por el planeta tierra, y además somos mortales. Por tanto, es fundamental ser humildes y reconocer que no somos nadie. ¿O acaso no es verdad que cualquiera de nosotros puede morir mañana mismo? Quizá una enfermedad repentina, un accidente, un atentado terrorista…Es importante recordar esto, sobre todo cuando estamos en la cresta de la ola, en una etapa de mucho éxito. Mijatovic reconoce que cuando era algo parecido a un Dios, un ídolo de masas al ser un futbolista multimillonario de éxito, no fue capaz de salvar a su hijo. De nada le sirvió la fama, el éxito o el dinero para conseguir el objetivo más importante para él.

Siempre me han gustado las paradojas. Ya comenté en mi primer libro «Zen Coaching» que el mundo es paradójico, la vida es paradójica, y por tanto debemos abrir nuestra mente a las paradojas. Mi modelo Zen Coaching es paradójico. Que el ser humano tenga una enorme grandeza y al mismo tenga una enorme fragilidad, es una paradoja. Que cada uno de nosotros podamos lograr cosas increíbles es verdad. Que cada uno de nosotros deba asumir, con humildad, que no somos nadie, nada más que una mínima parte del universo, también es verdad.

Tengo la convicción de que en esta paradoja se esconde una enorme sabiduría y claridad. Porque si nos creemos sólo personas únicas y elegidas, caeremos en la arrogancia y la soberbia. Mientras que si nos creemos sólo que no somos nadie, podemos caer en la resignación y la depresión. Entonces, ¿Quienes somos? Esta es una de las preguntas más importantes que podemos hacernos en la vida. Aunque no esperes tener una respuesta. Lo importante no es encontrar la respuesta perfecta o exacta, lo importante es hacernos esta pregunta y cuestionarnos todas las respuestas estereotipadas y superficiales que nos saldrán: soy Fulanito (sólo es nuestro nombre), soy padre o madre (sólo es un rol), soy coach o abogado o empresario (sólo es nuestra profesión), soy perfeccionista (sólo es una forma de comportarnos), etc.

De momento, recuperemos ambas creencias: la primera (soy especial y grande) para lanzarnos a mejorar el mundo con nuestra vida y nuestro trabajo, para aumentar nuestras nobles ambiciones. Y la segunda (no soy nada, sólo una minúscula parte del universo infinito y de la humanidad) para aterrizarnos, para equilibrarnos, para ser más humildes.

El mundo necesita personas ambiciosas pero que al mismo tiempo sean humildes. Todos, probablemente, necesitamos potenciar más una u otra parte. ¿Cual necesitas reforzar tú? 

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 10 libros que me cambiaron la vida

Este es un post muy especial. Hoy quiero compartir los 10 libros que han cambiado mi vida en los últimos 8 años. Los 10 libros sin los cuales yo no sería quien soy. Estos libros me han ayudado a ampliar mi visión del mundo, a entender con más claridad la vida, a descubrir los mecanismos ocultos que sustentan las relaciones, a conocer las claves de vivir con plenitud, y también los conceptos fundamentales para alcanzar nuestras metas y sueños.

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Tengo que decir que ha sido realmente difícil elegir sólo 10, ya que hay otros muchos libros extraordinarios que se han quedado, por poco, fuera de esta lista Top Ten, como El poder del ahora o Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. Pero había que elegir.

La lista es un homenaje a estos autores y libros únicos, y al mismo tiempo, una manera de compartir contigo mis descubrimientos y aprendizajes más valiosos durante los últimos 8 años, esperando que alguno de estos libros te aporte tanto como me han aportado a mí. Aquí va mi regalo para ti:

1. Coaching para el éxito; de Talane Miedaner.
Un libro sencillo, ameno, práctico, pero con un profundo carácter transformador. Fue el libro con el que conocí y me apasioné por el coaching, y que convertí en mi profesión desde hace 8 años. Cuando leí este libro maravilloso, supe que esa era mi vocación,  en un momento crítico de mi vida, en que estaba perdido y desorientado desde el punto de vista personal y profesional. Así que, nunca mejor dicho, este libro me salvó la vida.

2. La vida tal como es; de Charlotte Joko Beck.
Nunca he leído un libro con tanta sabiduría, con tanta claridad sobre el sentido de nuestra vida, sobre cómo afrontar el sufrimiento, nunca un libro me enseñó tanto sobre cómo vivir una vida plena. El título lo dice todo: la vida tal como es, desprovista de falsas expectativas y engañosas ilusiones, que es muy diferente al concepto erróneo que tenemos de lo que debería ser la vida, a la que pedimos y exigimos tanto, causa de todo nuestro sufrimiento. Descubrir las ideas simples y esenciales de esta maestra Zen me han ayudado a afrontar y superar los peores momentos de mi vida.

3. Controle su destino; de Anthony Robbins.
Un libro fundamental con el que derribé muchas creencias limitantes sobre mí mismo, y que me ayudó a descubrir el potencial que tenía dentro. Robbins me hizo atreverme a marcarme metas y sueños ambiciosos y motivadores, que se han convertido en una brújula esencial en mi carrera profesional desde hace años. En su momento me ayudó decisivamente a creer y confiar en mí mismo, a descubrir el oro que tenía escondido en mi interior, y a sacarlo a la luz. Visto en retrospectiva, en los últimos 8 años he conseguido metas y sueños que jamás imaginé que lograría, y una parte muy importante se lo debo a este libro y sus rompedoras ideas.

4. La rueda de la vida; de Elisabeth Kübler Ross.
La autora de esta apasionante autobiografía fue una famosa psiquiatra que dedicó su vida a cuidar a las personas en la última fase de su vida, es decir, cuando eran enfermos terminales. El libro, lejos de ser negativo o tétrico, es un canto a la vida. Nadie nos puede enseñar más sobre la auténtica vida que un enfermo terminal, ya que en ese momento se focaliza en lo esencial, en perdonar, en aceptar, en vivir el presente. La vida de esta psiquiatra y sus enseñanzas me impactaron muchísimo, y me di cuenta de que debemos dedicar nuestra vida a lo que de verdad nos importe, porque esa es la única forma de vivir con significado y pasión.

5. Zen, un camino hacia la propia identidad; de Enomiya Lassalle.
El zen ha sido, junto con el coaching, la disciplina que más ha transformado mi vida y a mí mismo. El zen me enseñó a vivir en el aquí y ahora, a apreciar el presente, a dar las gracias, a “ver” con claridad, a focalizarme en lo importante, a calmar mis tormentas interiores, a superar mis miedos más terribles. He leído muchos libros sobre zen, pero elijo el de Lassalle por ser un ejemplo excelente de fusión y convivencia entre la cultura oriental y la occidental. El libro es un profundo viaje hacia nuestra auténtica identidad, al conocimiento de quienes somos, y para qué estamos aquí.

6. Amar lo que es; de Byron Katie.
El libro y la metodología de Byron Katie me influyeron enormemente, quizá porque su método de las 4 preguntas tiene mucho de coaching, y mucho de zen. Byron Katie me ayudó, desde otra óptica, a entender la diferencia entre dolor y sufrimiento, y eso tan difícil que es aceptar las cosas tal cual son, a las personas tal cual son, a mí mismo tal y como soy. A través de cuestionar sistemáticamente mis pensamientos, y distanciarme de ellos, logré entender y manejar muchos de los conflictos que tenía conmigo mismo y con los demás, y eso me ayudó a asumir la responsabilidad de mis decisiones.

7. Comunicación no violenta; de Marshall Rosenberg.
Este libro, y el método de Comunicación no Violenta, me parece un monumento que debería ser declarado patrimonio de la humanidad. Marshall Rosenberg es uno de los grandes líderes de nuestro siglo, un hombre sencillo que creó esta increíble metodología para comunicarnos con nosotros y con los demás de forma sincera y humana, mostrando y escuchando nuestras emociones y necesidades, dando lo mejor de nosotros. Gracias a él, he resuelto algunos conflictos en mi vida que me parecían imposibles de resolver.

8. El camino del kaizen; de Robert Maurer.
Cuando leí este libro, me fascinó inmediatamente la magia del kaizen para alcanzar nuestras metas de forma simple y rápida, superando el miedo y saliendo de nuestra zona de confort. He aplicado el Kaizen en mi vida y en mi trabajo en numerosas ocasiones, y he podido experimentar la eficacia y belleza de esta metodología de origen japonés para superar nuestras barreras, y convertirnos en mejores profesionales y personas, pasito a pasito. Gracias al Kaizen, logré escribir mis libros, y he consolidado hábitos positivos en mi vida como la práctica de la meditación diaria, una alimentación más equilibrada, ejercicio físico regular, etc.

9. El hombre en busca de sentido; de Viktor Frankl.
Otro libro que debería considerarse patrimonio de la humanidad. Porque el ser humano debería agradecer a Frankl haber compartido su experiencia en los campos de concentración nazis, y lo que descubrió sobre el ser humano. En concreto, la grandeza del hombre, y la certeza de que nadie nos puede quitar la libertad interior de elegir nuestra actitud ante cualquier circunstancia. El libro me ha ayudado a asumir mi responsabilidad en los momentos duros, y también me enseñó que siempre debemos marcarnos un sueño, una visión personal, para caminar por el mundo dando lo mejor de nosotros.

10. Padre rico, padre pobre; de Robert T. Kiyosaki.
Puede sorprender el libro de Kiyosaki en esta lista que podríamos calificar como una lista con tendencia a lo espiritual. Sin embargo, esta obra tiene mucha más profundidad de lo que parece, y me enseñó algo impagable como es la inteligencia financiera, es decir, cómo manejar el dinero de forma más productiva y consciente. Es una asignatura que deberían enseñar en los colegios desde Educación Primaria. A mí me ha servido enormemente para olvidarme de los problemas y agobios económicos, y para eliminar ideas falsas y limitadoras sobre el dinero. Definitivamente, es un libro que me ha influenciado muchísimo, y que me ha hecho tomar muchas decisiones financieras vitales para mi vida personal y profesional.

Debo reconocer que este viaje por los 10 libros que más han cambiado mi vida ha sido apasionante y mágico, porque me ha permitido volver a degustarlos, a conectar emocionalmente con las enseñanzas y descubrimientos increíbles que me han regalado. Te invito a que elijas uno de ellos y cuando lo hayas leído, me escribas un comentario en Twitter o aquí en mi blog. Estaré encantado de escuchar tu opinión.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

Los últimos 4 días para aprender a vivir

Imagina que vas a morir dentro de 4 días, y se te permite elegir, sin limitaciones de ningún tipo (espacio, dinero, personas…) lo que vas a hacer en esos 4 días. Este ejercicio lo planteé en mi libro “Zen Coaching” Ed. Díaz de Santos (2008) y varias personas me han comentado que ha transformado sus vidas. ¿Te atreves a hacerlo?

PRIMER DÍA. Dedicado al ocio y a la diversión
Escribe todo lo que harías durante el primer día, relacionado con tus hobbies, aficiones, actividades que te produzcan más placer o diversión. Es un día sólo para ti. Permítete ser todo lo egoísta que quieras.

SEGUNDO DÍA. Dedicado a una actividad profesional remunerada que te apasione.
Escribe en qué actividad profesional trabajarías durante este día, una profesión que te apasione, aunque nunca la hayas desarrollado o aprendido. Imagínate que ya tienes la formación o experiencia precisa para trabajar en ello. No te limites en cuanto a tiempo, dinero, etc.

TERCER DÍA. Dedicado a compartirlo con las personas que más quieres.
Escribe todo lo que harías durante este día con las personas más especiales para ti. ¿Con quién o quiénes pasarías este día, y qué harías con ellos?

CUARTO DÍA. Dedicado al perdón y al agradecimiento.
Escribe lo que harías durante este día dedicado a pedir perdón y a dar las gracias a todas las personas que desees. Escriba a qué personas y los motivos para darles las gracias y/o pedirles perdón.

Este ejercicio te revelará muchas cosas sobre ti, si lo haces con verdadero interés y compromiso. Te aclarará cuales son tus verdaderas prioridades, y cuales son tus valores más importantes. Una vez que hayas realizado el ejercicio, el siguiente paso es preguntarte ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿A qué estás dedicando tu tiempo? ¿En actividades superficiales u obligaciones absurdas a las que te has encadenado? ¿Tu trabajo te apasiona y hace que des lo mejor de ti mismo/a?

La famosa psiquiatra del siglo XX Elisabeth Kübler Ross dedicó su vida a atender emocionalmente a personas de todo el mundo que estaban a punto de morir, ya en su fase terminal. Ella decía que fueron las personas que más le enseñaron sobre la vida. El motivo es que estas personas valoraban en esos últimos instantes de su vida las cosas realmente importantes de la vida: querían compartir el mayor tiempo posible con las personas queridas, se daban cuenta de que habían perdido mucha energía en disputas y actividades superfluas, y disfrutaban simplemente de estar vivos.

Te animo a que me escribas, a través del formulario de contacto, tus conclusiones (y decisiones) después de haber realizado el ejercicio de los 4 días.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com