¿Te has preguntado cuántas máscaras te pones cada día? Sí, todos nos ponemos máscaras para afrontar los retos que nos pone la vida a cada instante. Es como si representáremos diferentes personajes, por encima de quienes somos en realidad. Por ejemplo, cuando vamos al trabajo, nos ponemos una máscara, tal vez la del compañero gracioso, o la máscara de superwoman, o la máscara del jefe autosuficiente que tiene todas las respuestas.

Cuando estamos con nuestros amigos, nos ponemos otra máscara, que es muy diferente a la que nos ponemos cuando estamos con nuestros hijos (el padre autoritario, o la madre responsable) o con nuestra pareja (el triunfador, el que puede con todo…). A veces nos gusta ponernos las máscaras, pero otras veces no nos apetece nada y aún así nos las ponemos.

¿Y qué opinas? ¿Es negativo ponerse máscaras? Yo creo que no necesariamente. Necesitamos esas máscaras no sólo para lograr nuestros objetivos, sino también para que los demás se sientan mejor y logren también los suyos. Por ejemplo, si yo fuera a impartir un curso a una empresa sin energía y sin ganas, porque en ese momento estoy cansado o desanimado, ¿Sería justo para los asistentes? Desde luego que no. Les perjudicaría claramente que yo me dejara llevar por mi estado de ánimo y me mostrara tal cual estoy en ese instante, sin disimular.

En esas circunstancias me pongo la máscara de comunicador enérgico y motivador, y consigo que la gente se enganche con el curso, que aprenda, que lo disfrute, y que terminen contentos y satisfechos del curso. Y también, cuando termina dicho curso, yo me siento satisfecho de mí mismo, por haber superado mi momento difícil y haber decidido ponerme la máscara.

Eso no quiere decir que no debamos mostrar nuestras emociones, pero en muchos momentos de nuestro día a día estamos obligados a responder ante los demás y ante nosotros mismos. Yo lo llamo responsabilidad.

No obstante, es fundamental que nos quitemos todas las máscaras frecuentemente, y nos miremos al espejo tal cual somos, porque de lo contrario nos podemos identificar demasiado con alguna de esas máscaras, y entonces tendremos problemas. Porque si nos creemos el personaje que hemos creado, lo llevaremos a todos los ámbitos de nuestra vida, y se convertirá, como para el caballero del famoso cuento, en nuestra armadura oxidada. Una armadura que no nos dejará respirar, que nos ahogará, que nos limitará en nuestras relaciones personales, que nos condicionará en nuestra carrera profesional.

Una de las formas más efectivas de desenmascararnos es tratar de conectar con nuestra infancia, con el niño que todos llevamos dentro. Otra manera es expresar nuestras vulnerabilidades y miedos, ya que normalmente las máscaras sirven para disfrazar y disimular dichos miedos. En el fondo, cuando mostramos nuestras emociones y debilidades, estamos siendo muy valientes porque estamos desnudándonos ante los demás.

Por último, recomiendo que nos ríamos de nuestras propias máscaras, y de nuestra obsesión por tapar nuestro verdadero yo, nuestra esencia, ante los demás. Es lo más valioso que tenemos, y sin embargo, ¡Qué poquito lo mostramos! ¿No es verdad?

Aunque las máscaras son necesarias, debemos ser conscientes de cuándo y para qué nos ponemos dichas máscaras. Y por supuesto, debemos cuestionarnos el uso (o abuso) que hacemos de ellas.

Cuando te quitas una máscara, tu cuerpo y tu mente se relajan. La vida parece que fluye, que las cosas se ponen en su sitio. Dejamos de mirar con tanta obsesión qué es lo que opinan los demás y sentimos que nos aceptamos más como personas. Abandonamos el personaje para vivir de forma más auténtica. Somos más libres de nuestras armaduras, y avanzamos en nuestro camino de autoliderazgo. Cuando nos quitamos las máscaras, sorprendentemente los demás se sienten más atraidos por nosotros, es decir que potenciamos nuestra capacidad de influencia y liderazgo sobre los demás.

¿Qué máscaras estás usando?

¿Para qué las usas?

¿Estás abusando de alguna de tus máscaras para ocultar algún miedo o debilidad?

¿Qué te estás perdiendo por abusar de tus máscaras?

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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