En los últimos años he tenido que impartir numerosos cursos y conferencias relacionados con la inteligencia emocional. Por ello, me he visto obligado a profundizar mucho y a aprender nuevas fórmulas y técnicas para gestionar más eficazmente las emociones.

Me he estudiado a mí mismo concienzudamente, envuelto en emociones turbulentas, que he sufrido en muchos momentos durante los dos últimos años de mi vida. No han sido precisamente mis mejores años a nivel personal. Más bien al contrario, han sido duros y dolorosos.

Pero al final he descubierto que el dolor es un gran maestro, y que si estamos atentos y no rechazamos dicho dolor, podemos aprender mucho de nosotros y de la vida en general. Lo que necesitamos, y que es tan difícil para el ser humano, es estar abiertos a ese dolor, y analizar dicho dolor para ser más libres.

Cada vez considero más vacías las promesas de felicidad que nos hacen constantemente desde múltiples frentes: la publicidad, los programas de TV, los libros de autoayuda…La felicidad, entendida como un estado emocional de satisfacción, serenidad y alegría permanente no existe. Cuanto antes lleguemos a esta decepcionante conclusión, antes entenderemos nuestras emociones y, desde luego, aumentaremos nuestra libertad como personas.

Hay una pregunta que me he realizado insistentemente, una y otra vez, en los últimos dos años, cada vez que me sentía frustrado, triste, decepcionado, rabioso, enfadado…o simplemente hundido. La pregunta es ¿Qué me está diciendo de mí esta emoción o estado de ánimo?

¿Y por qué esta pregunta es tan importante y decisiva? Porque nos incita a ser curiosos, a investigar nuestras emociones, a ser más conscientes, a aprender de nuestras rigideces o esquemas mentales, que son las que provocan todo el sufrimiento. Y cada vez que nos hacemos esta pregunta, nuestro foco se desvía hacia la responsabilidad, en lugar de culpar a los demás de nuestras desgracias o sufrimiento.

Cuando he contestado a esta pregunta honestamente, han surgido todos mis miedos y rigideces mentales. Han aparecido creencias limitadoras como: “Es que ella debería ser de otra manera” o “Es que me ha decepcionado como persona” o “Es el culpable de todo mi dolor…”…Entonces me descubría todas mis trampas, mi rigidez al cambio, mis excesivas expectativas sobre las personas o sobre mí mismo, mis propios errores en la relación o mi obsesión por querer controlar lo incontrolable.

Después de reconocer todo esto, me sentía más libre y sereno (aunque insisto, no más feliz). Pero este ha sido un avance decisivo en mi vida personal y profesional. Y por eso lo comparto en todos los cursos y conferencias sobre gestión de emociones. Les insisto en que tengan curiosidad, que se hagan una y otra vez esta pregunta con mentalidad abierta y de aprendizaje. Que se escuchen a sí mismos, y que reconozcan y acepten los fantasmas personales que surjan de las respuestas a esa pregunta.

Te animo también a ti a que trabajes con esta pregunta cada vez que te sientas mal. Aprenderás mucho, crecerás y serás más libre. Esta promesa, te lo garantizo, sí se cumple.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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