Casi a diario escucho a conocidos o amigos despotricar del comportamiento psicótico y esquizofrénico de sus jefes. Y esto me hace tomar más conciencia de la necesidad que existe de formación y coaching para los directivos en las empresas.

Directivos que no respetan ni siquiera a nivel personal a sus colaboradores, que los manipulan conscientemente, que en ocasiones los machacan y humillan con comentarios personales, que los amenazan con despedirles a la mínima, que chantajean emocionalmente abusando de su poder, que por supuesto no escuchan sus inquietudes ni necesidades, y que se dejan llevar por su insatisfacción personal o profesional, derivando su frustración en las personas que tienen a su cargo.

Sé que muchas personas han llegado a caer en la depresión, a pedir ayuda a terapeutas o a medicarse para soportar este comportamiento de su jefe. A menudo sufren estas situaciones en silencio, porque las represalias pueden ser brutales, como el despido, algo muy serio teniendo en cuenta la crisis que estamos padeciendo.

Este prototipo tan extendido lo llamo el jefe-verdugo. Porque son auténticos verdugos de sus víctimas/colaboradores. El jefe-verdugo descarga su frustración y su victimismo en las personas que tiene más cerca, abusando de su posición de poder.

Lo peor de todo es que muchas veces el jefe-verdugo sabe camuflarse muy bien bajo la capa de un profesional serio, equilibrado y que sabe gestionar sus emociones. Esto es verdaderamente peligroso, porque, para colmo, muchas de sus víctimas aparecen a los ojos de los demás como conflictivas o difíciles.

Es complicado erradicar este tipo de comportamientos en la empresa, pero como mínimo la alta dirección debe estar muy atenta a este tipo de personajes patéticos.

Hace un par de años conocí un ejemplo maravilloso de una multinacional, aquí en España. Uno de estos desequilibrados llevaba años causando bajas laborales por depresión y estrés extremo y continuado a su equipo de colaboradores. ¡¡Años!! Hasta que entró un nuevo director general, más sensible y humano que su predecesor, y decidió marginarle de sus funciones y responsabilidades, pidiendo disculpas públicamente, en representación de la empresa, por el comportamiento durante años de este impresentable. Ejemplos como éste me hacen tener esperanza en el auténtico compromiso de algunas empresas.

Es evidente que no se puede ser mejor líder que persona. Para ser un buen jefe, un excelente líder, lo primero que debe ser es buena persona. Y una buena persona no humilla ni manipula a los demás.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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