Igual que el gusano se convierte en mariposa cuando muere, las crisis nos transforman en mejores personas, más fuertes y a la vez más humildes.

Todos estamos en un constante proceso dinámico. Nada es estático en nosotros ni en nuestra vida, todo es constante cambio. Y cuando estamos en las fases más duras de una crisis debemos ser conscientes de este proceso. Debemos saber que todos finalmente superamos estas etapas y pasamos a las siguientes, más productivas.

Para eso, creo que es de gran ayuda conocer las etapas más habituales de un proceso de crisis, que nos lleva finalmente a la transformaciónn:

Negación de la crisis. No reconocemos que estamos inmersos en una crisis, negamos la evidencia.

Shock. Reconocemos la crisis y eso nos provoca un bloqueo, un estado de shock en el que nos sentimos paralizados.

Miedo. Sentimos pánico y temor frente a las consecuencias de la crisis, desconocida e inquietante, ante la que nadie nos ha preparado de antemano.

Apertura e identificación de recursos. Todo nuestro organismo se abre 360º para identificar recursos internos y externos que nos ayuden a superar la crisis.

Evaluación y reenfoque de la situación. Valoramos las pérdidas y ganancias que hemos tenido en el viaje, y tratamos de adaptarnos al nuevo mapa que nos ha dejado la crisis.

Superación. Gracias a la aceptación, la identificación de recursos y al reencuadre, superamos la crisis.

También es importante que sepamos que las crisis son necesarias. Cuando una persona supera una crisis, sale fortalecida. Cuando una pareja supera una crisis, profundiza y reinventa su relación, aumenta la sinceridad mutua e incluso recupera la pasión perdida.

Pero si nosotros no realizamos nuestro trabajo, la vida hará ese trabajo por nosotros. Es decir, la vida es el mejor coach que tenemos. Acude a ponernos un espejo delante de nuestras narices cuando más lo necesitamos. Y aunque lo intentemos, no podemos escapar de dicho espejo, tarde o temprano tendremos que mirarnos de frente y abordar nuestra vida con madurez y valor.

Sin embargo, las etapas antes citadas se entremezclan y conviven al mismo tiempo. Por ejemplo, cuando estamos en la fase de evaluación y reenfoque de la situación, tratando de adaptarnos a las nuevas reglas que nos ha impuesto la crisis, podemos caer ocasionalmente en el miedo, en la negación, o incluso en un sentimiento de shock pasajero.

En una crisis vital, perdemos unas cosas y ganamos otras. El sentimiento de pérdida puede llevarnos a sentir tristeza, desesperación, sufrimiento. Porque nada será igual después de dicha crisis. Esto es lo más difícil de asumir: que perdemos para siempre algunas cosas que valorábamos y considerábamos el soporte principal de nuestra vida.

Sin embargo, el reenfoque debe ser centrar nuestra atención en lo que hemos ganado tras esa crisis. ¿Qué hemos descubierto de grande, de maravilloso, de sorprendente, en nosotros, a la hora de afrontar esa crisis? ¿Qué hemos ganado tras dicha crisis? ¿Qué hemos descubierto de positivo en otras personas?

Quiero darte un mensaje: deja que la vida te haga coaching. Deja que la vida te haga preguntas, que te ponga frente a un muro, que te desafíe, que te ponga delante un espejo. O también puedes adelantarte tú y contratar tu coach, para que comience a removerte con sus preguntas y reflexiones, para que te ayude a adoptar una actitud proactiva ante tu vida, en lugar de reactiva. En definitiva, para prevenir una crisis personal o profesional. O si ya estás inmerso en ella, para que te ayude a salir…y transformarte en una persona nueva y diferente.


JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web:
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