Este verano he leído el libro “Decídete o no” de los hermanos Dan y Chip Heath. Es un magnífico libro que pone nombre a muchas estrategias positivas y efectivas que todos hemos usado de forma intuitiva cuando tomamos decisiones importantes. Pero también nos abre la mente sobre los muchos errores que cometemos cuando nos planteamos una decisión. Esto, sin duda, me parece lo más valioso del libro.

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Los hermanos Heath nos hablan, por ejemplo, de la visión estrecha, uno de los principales enemigos de una buena decisión. La visión estrecha es la que proviene de nuestros patrones y creencias inconscientes, de nuestros juicios automáticos, de los recuerdos o experiencias que hemos tenido en nuestra vida pasada. Todo ello nos influye sin darnos cuenta a la hora de tomar una decisión, y en la mayoría de los casos nos condiciona gravemente. La visión estrecha nos limita porque impide una visión más panorámica y global.

Los autores lo explican muy bien de forma metafórica: es como cuando estamos en el teatro y un gran foco ilumina sólo al actor que está actuando. El resto es negro y oscuro para nosotros. No lo vemos. Pero eso no significa que no exista nada en ese espacio oscuro. La visión estrecha es creer que sólo existe lo que está siendo iluminado por el foco. Ampliar esa visión significa mover nuestro foco, para ver las zonas oscuras del escenario. O ampliar el foco para iluminar todo el escenario completo. Quizá descubramos que hay otros actores ahí esperando su momento de entrar a escena, quizá haya técnicos que están preparando en la oscuridad algún decorado.

Es interesante destacar que la visión estrecha es la que aparece cuando estamos en piloto automático, es decir, cuando hacemos las cosas sin conciencia, sin atención. Por tanto, el mindfulness, al potenciar nuestra conciencia y atención sobre nuestra conducta, pensamientos y emociones, es una herramienta poderosísima para combatir la visión estrecha, y por tanto, tomar mejores decisiones.

Un error clásico relacionado con la visión estrecha, y que todos cometemos cuando tomamos una decisión, es el plantearnos nuestras decisiones como dilemas entre A o B. Por ejemplo, ¿Debo aceptar esta oferta de trabajo o no? ¿Estudio un MBA o me apunto a clases de inglés? ¿Le digo a mi jefe que estoy enfadado con su comportamiento o no? El libro muestra estudios concienzudos donde se demuestra que la mayoría de las personas (incluso altos directivos empresariales) nos planteamos sólo 2 alternativas a la hora de tomar una decisión (“sí o no”, “A o B”…), cuando en realidad hay siempre más opciones que nos ayudarían a tomar la mejor decisión. Esta tendencia es la visión estrecha.

Las decisiones donde nos preguntamos “sí o no”, “A o B” (es decir, sólo dos alternativas) suelen fracasar más a menudo. La clave es que no abrimos la mente para ver el bosque, además de los árboles. Una de las herramientas que proponen los autores es la de plantearnos estos dilemas con “y” en lugar de “o”.

Por ejemplo, imagina que llevas trabajando en una empresa como empleado desde hace varios años, pero estás desmotivado y quieres dejar el trabajo para crear tu propio proyecto empresarial en una actividad muy distinta. Te gustaría hacerlo pero necesitas el dinero de tu trabajo actual. La pregunta clásica que nos haríamos sería: “¿Sigo trabajando aquí porque necesito el dinero o creo mi propio proyecto empresarial, que es lo que me motiva?”. Fíjate que en esta pregunta te estarías planteando sólo dos opciones, que además son imposibles de compatibilizar. Hay dos necesidades esenciales (estabilidad económica y motivación) que se excluyen una a la otra, bajo el prisma de esta pregunta.

Pero ¿Y si nos planteamos la pregunta así: “¿Podría seguir trabajando en la empresa para seguir ahorrando, y al mismo tiempo ir creando mi proyecto empresarial?” Evidentemente, con esta segunda pregunta te darás cuenta de que hay más opciones que A o B, y además podrás cubrir dos necesidades esenciales al mismo tiempo, algo que te parecía imposible con el anterior planteamiento. De esta forma, saldrás del bloqueo y tomarás una decisión más fácilmente. Esta decisión, además, tendrá muchas más posibilidades de ser acertada que si nos la hubiéramos planteado con la disyuntiva del “o”.

Así que cuando vayas a tomar una decisión importante, párate un momento (desconecta el piloto automático, que tiene muchísimo que ver con la visión estrecha) y plantéate dicha decisión en términos de “y” en lugar de “o”. Amplía tus opciones y habrás dado un paso decisivo para que la decisión sea mucho más acertada.

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sobremi

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.