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¿Somos ya como los replicantes de Blade Runner?

El otro día estuve viendo la película Blade Runner 2049, ya que Blade Runner, la película original de 1982, es una de mis películas favoritas y deseaba ver cómo seguía aquella historia que me fascinó y me sigue fascinando, y que se ha convertido en una de las películas más míticas de la historia del cine.

Aparte de que Blade Runner 2049 es una buena película pero que no está a la altura de la primera, la temática principal está hoy más de actualidad que nunca. Los replicantes, robots diseñados por el hombre para que hicieran de esclavos o para que trabajaran en general a su servicio, serán en un futuro próximo una auténtica realidad. Además, los replicantes tenían emociones, lo que les hacían incluso más humanos que los propios seres humanos de las dos películas. Recuerdo cómo en Blade Runner 1982 los replicantes buscaban su identidad, el sentido de su existencia, y que tenían miedo a la muerte. Mientras que los personajes humanos no tenían ni mucho menos esas inquietudes tan metafísicas.

En el siglo XXI, además de vislumbrar la viabilidad de los robots “humanizados” para hacernos la vida más sencilla y mejor, tenemos ante nuestros ojos una realidad más preocupante: la creciente robotización de los seres humanos.

Uno de los motivos principales es la irrupción de la tecnología en nuestra vida cotidiana. Podemos comprobar cómo los seres humanos, en la era tecnológica, están siendo abducidos literalmente por los móviles. Es frecuente ver grupos de amigos sentados en un bar mirando cada uno su teléfono móvil y sin mirarse a la cara ni comunicarse directamente. O una pareja cenando en un restaurante mirando cada uno su smartphone. También en la calle cualquiera puede darse cuenta de la robotización de las personas, caminando mientras contestan whatsaps o correos electrónicos incluso cuando cruzan un semáforo.

En realidad durante todo el día actuamos más como robots que como personas. Porque hacemos todo en piloto automático, es decir sin conciencia sobre lo que estamos haciendo o experimentando. Desayunamos sin saborear el desayuno, nos duchamos mecánicamente, conducimos y caminamos de forma automática, hacemos nuestro trabajo de forma rutinaria dejándonos llevar por lo que nos ha funcionado en el pasado sin cuestionarnos si hay una forma más creativa o efectiva de hacerlo, consultamos compulsivamente el móvil usándolo en situaciones en las que no es adecuado o simplemente es una falta de respeto, y finalmente llevamos el piloto automático a nuestras relaciones personales, saludando y preguntando mecánicamente “¿Qué tal?” como si fuera un protocolo, sin interesarnos verdaderamente por el otro, olvidando nuestra capacidad para ser empáticos.

Pero además, no nos damos cuenta pero nos dejamos manipular por todo lo que leemos en los medios de comunicación, y también por la publicidad, estrechando nuestra visión crítica sobre las cosas, y pensando y actuando según la ruta marcada por la sociedad. En definitiva, estamos más programados de lo que pudiéramos imaginar, y casi todas nuestras decisiones y conductas han sido marcadas por la sociedad o por otras personas o instituciones; es decir, no son nuestras verdaderas decisiones. La robotización del ser humano está eliminando su libertad. 

Hay que decir que el piloto automático es el modo mental por defecto del cerebro, que lo activa cada vez que repetimos una conducta o acción muchas veces. El cerebro considera que es correcto y lo pasa al inconsciente, convirtiéndose en una acción automática o una rutina. También nuestro cerebro pasa al inconsciente una idea o información que hemos recibido repetidas veces. De ahí que vamos por el mundo con unas ideas preconcebidas sobre las cosas, que consideramos “la verdad”.

Lo gracioso es que el cerebro hace esto sin pedirnos permiso, como un intento bienintencionado de liberarnos energía. El problema es que el piloto automático se va apoderando, sin darnos cuenta, de cada vez más facetas de nuestra vida, y finalmente acabamos esclavizados por nuestras propias rutinas y creencias rígidas, y terminamos viviendo el día de la marmota, en el que cada día se repite de forma monótona y machacona.

¿Y cómo se logra revertir esta situación? ¿Cómo desconectamos y salimos del piloto automático para recuperar la grandeza que tenemos, nuestra empatía y generosidad? El mindfulness es la herramienta más efectiva para recuperar nuestra humanidad, el disfrute de las pequeñas cosas, la compasión y la amabilidad. El mindfulness se podría definir como un entrenamiento mental de la atención en el momento presente, sin juicios y con aceptación. Uno de sus principales beneficios es activar el estado de consciencia y desactivar el piloto automático tan dominante en nuestras vidas.

Muchas personas me preguntan por qué el mindfulness está creciendo tanto en nuestra sociedad. Aparte de otras razones, una de las claves es que nos estamos dando cuenta de que así el ser humano no va por buen camino, de que cada vez está más disperso, estresado y deshumanizado, y que necesita una disciplina para reconectar con su humanidad perdida. Esa humanidad recuperada gracias al mindfulness nos hace aumentar nuestra felicidad y bienestar, nos convierte en personas más sensibles y empáticas, y por tanto nos pone en disposición de dar lo mejor de nosotros mismos en la vida y en el trabajo.

No nos convirtamos en replicantes. La grandeza del ser humano está dentro de cada uno de nosotros. Sólo tenemos que despertarla y desarrollarla. A través del entrenamiento mindfulness.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

CARPE DIEM. Vive el momento presente.

La vida es corta. La vida se pasa en un suspiro. ¿Somos realmente conscientes de que dentro de unos cuantos años habremos desaparecido por completo? No lo creo. Sin embargo, nuestra vida sería mucho más plena y feliz si lo recordáramos más a menudo. En mi caso, la certeza de que voy a morir, la seguridad de que mi vida tiene fecha de caducidad me activa, me pone las pilas. Y entonces dejo de perder energía en pequeños problemas, y me focalizo en lo importante de mi vida.

Elisabeth Kübler Ross, autora del maravilloso libro “La rueda de la vida”, después de su larga experiencia atendiendo a enfermos terminales, decía que las personas que están a punto de morir fueron las que más le enseñaron sobre la vida. Todos conocemos casos reales en los que un problema grave de salud cambia la perspectiva de una persona, y por supuesto, sus prioridades.

Yo mismo tuve esa experiencia dolorosa, pero imprescindible, hace 12 años cuando me diagnosticaron un angioma en el cerebro, con sus potenciales conscuencias. De pronto experimenté mi fragilidad como ser humano, mi total vulnerabilidad. Y la certeza de que en un instante toda mi vida, mis esfuerzos, mi sufrimiento y mi felicidad podían desaparecer por completo. Después del shock que sentí y del periodo de adaptación psicológica que necesité realizar, me di cuenta de que mi perspectiva sobre las cosas había cambiado. De pronto, casi nada me parecía importante, empecé a relativizar todo y me sentí mucho más ligero. Ese estado mental me permitió tomar algunas de las mejores decisiones de mi vida y de mi carrera profesional.

Seguramente has visto la famosa secuencia de la película “El club de los poetas muertos” en la que el profesor Keating anima a sus alumnos a vivir la vida intensamente, mientras les enseña las fotografías de antiguos alumnos que ya fallecieron hace años. Y les transmite la filosofía del Carpe Diem, es decir “Vive el momento”. Esto, por cierto, es lo que nos enseña la práctica de la meditación: sólo existe este momento, ya que todo lo demás son creaciones mentales pasajeras y sin solidez. Preocupaciones del futuro que luego se desvanecen, pensamientos sobre acontecimientos del pasado que ya no volverán…Por lo tanto, vivamos este momento con la máxima plenitud. Y el siguiente. Y el siguiente.

Sin embargo, Carpe Diem se puede interpretar de manera irresponsable. Y utilizarlo como excusa nihilista para actuar sin freno ni límites, haciendo daño a los demás. Como no hay que preocuparse por nada del futuro, la excusa sería gastar todo nuestro dinero en nuestros caprichos, irnos constantemente de vacaciones, dejar nuestro trabajo y dedicarse a disfrutar de la dolce vita, o en casos más extremos podría servir de justificación para robar, contaminar el medio ambiente o incluso asesinar a otro ser humano. Esta interpretación distorsionada nos llevará a la autodestrucción y a una vida superficial y sin sentido.

No. Carpe Diem es aprovechar el momento presente con responsabilidad. Significa conectar con la auténtica vida para saborearla al máximo, y como consecuencia, cuidarla en todos los aspectos. El hecho de vivir el presente con intensidad no significa que nos olvidemos de planificar el futuro ni de reflexionar sobre nuestro pasado. No significa que nos dejemos llevar compulsivamente por nuestros deseos y caprichos. Se trata de evitar ser prisioneros de nuestros objetivos como si fueran el Santo Grial, y de evitar el aplazamiento constante de nuestra felicidad para otro momento. Esa tendencia a creer que: “Seré feliz cuando me vaya de vacaciones…” o “Seré feliz cuando esta persona cambie…” o “Seré feliz cuando por fin me cambie de trabajo”… Y así vamos aplazando la felicidad hasta que nos damos cuenta que hemos echado a perder nuestra vida…El único momento para empezar a ser feliz es este instante. Ahora mismo.

Por otro lado, el presente es perfecto porque nos da la lección que necesitamos en todo momento. Sin duda, siempre es una lección que necesitamos aprender para vivir con más plenitud nuestra vida, aunque nos duela mucho.

El poder de conectarnos con el ahora es inmenso y puede transformar nuestra vida totalmente. Es un auténtico despertar a otra forma de vivir la vida, con más libertad y consciencia. Rápidamente nos sentiremos más relajados, más ligeros al habernos quitado todas las mochilas del pasado y del futuro que tanto nos condicionan, y seremos conscientes de innumerables matices y detalles de la vida que se nos escapan de forma alarmante en el estado de inconsciencia en el que vivimos.

Por cierto, ¿Dónde estás en este momento, mientras lees este post? Da igual. Estés donde estés, este es tu momento para empezar a vivir de verdad. Carpe Diem.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 3 hábitos tóxicos de la mente

Una mente no entrenada se convertirá casi con seguridad en nuestro peor enemigo. Sin embargo, una mente bien entrenada se convertirá en el mejor de nuestros amigos. Uno de mis grandes objetivos es enseñar a los demás lo que yo mismo he aprendido sobre el funcionamiento de la mente. Porque es una máquina impresionante si la sabemos utilizar y manejar. Y la única forma de dominar a la mente es conociéndola y entendiéndola.

Uno de los aspectos esenciales para conocer la mente son los comportamientos repetitivos o patrones, que hemos aprendido desde que nacemos y que sin embargo, nos generan un enorme sufrimiento sin ser conscientes. Es decir, los hábitos mentales tóxicos. Yo destacaría ahora mismo tres fundamentales:

  1. Juicios o prejuicios. Somos máquinas de emitir juicios y prejuicios de forma permanente. De alguna forma emitir juicios no es siempre malo, y de hecho, son necesarios para guiarnos en la vida, y no cometer errores del pasado. Sin embargo, ¿Cuantos errores cometemos también por dejarnos llevar por dichos juicios o prejuicios? ¿Cuantas oportunidades o experiencias nos estamos perdiendo en la vida o el trabajo por dejarnos condicionar por esos juicios? Los juicios contaminan la experiencia tal como es, y seremos muy ingenuos si pensamos que estamos realmente viendo y experimentando la realidad tal como es. En realidad filtramos con las gafas del juicio toda experiencia, hasta el punto que nos alejamos de la verdadera vida si no nos damos cuenta de esto.Un ejemplo de cómo los juicios nos perjudican es cuando alguien nos está contando algo, y nosotros nos creamos inmediatamente nuestra idea preconcebida de lo que nos cuenta, y en ese instante ya hemos dejado de escuchar a la persona. Los juicios, además, generan mucho más estrés en nosotros de lo que imaginamos. En el momento en que decimos “Es una situación horrible” o “Mi compañero es un hipócrita” estamos generando una tensión innecesaria, además de estar filtrando la realidad de modo totalmente subjetivo. Los juicios y prejuicios cierran nuestra mente progresivamente hasta convertirnos en personas rígidas y sin empatía.
  2. Las expectativas. También estamos fabricando expectativas de manera constante sobre absolutamente todo. “Seguro que me va a salir muy bien el examen porque me he esforzado mucho”, “Espero disfrutar mucho y relajarme en las vacaciones”, “Seguro que en esta fiesta voy a disfrutar muchísimo”, “Espero que me aumenten el sueldo este año” son expectativas. ¿Qué nos provocan normalmente estas expectativas? ….Frustración y decepción. Porque un altísimo porcentaje de las situaciones de la vida no son como lo habíamos imaginado, no son tal y como esperábamos que fueran. Por tanto, una persona que no domine esta generación automática y constante de expectativas está garantizándose sufrimiento y frustración para toda la vida. ¿Merece la pena? ¡Ojo! Digo lo mismo que con los juicios: no es que sea malo, en esencia, generar expectativas. Lo negativo y tóxico es no ser consciente de este hábito mental y por tanto, estar esclavizado por él. Y eso es lo que le ocurre a la mayoría de las personas, que no son conscientes de cómo las expectativas están generando una y otra vez frustración, enfado, desengaño, y destrucción de su autoestima.
  3. Los deseos. La sabiduría ancestral budista se centra en este hábito mental de forma muy especial, hasta el punto de definirlo como la principal fuente del sufrimiento humano. Estaremos de acuerdo en que también emitimos deseos constantes sobre todo, tanto positivos como negativos. Es decir, “deseo tener un nuevo móvil”, “deseo que no me despidan”, “deseo no sentir dolor de cabeza”, “deseo que nos concedan el proyecto”, “deseo que mis hijos me escuchen”, “deseo que mi pareja haga lo que yo quiero”, etc. Somos adictos a desear experiencias, vivencias y sensaciones agradables, y a no desear (o a sentir aversión por) experiencias y sensaciones desagradables. Y la adicción nos resta libertad. El deseo tiene una implicación tóxica: el querer que la realidad sea de una determinada manera, es decir, supone un intento por nuestra parte de manipulación de la vida, algo imposible y condenado al fracaso inevitablemente. Y ese fracaso implica infelicidad, contracción y estrés.Por supuesto, hay deseos tremendamente positivos y necesarios, como cuando queremos mejorar como personas, cuando queremos desarrollar alguna habilidad nueva, o potenciar nuestra carrera profesional, o mejorar cualquier aspecto de nuestra vida. Estos deseos nos ayudan a crecer y a salir de nuestra zona de confort. Sin embargo, si nos apegamos demasiado a dichos deseos, si hipotecamos nuestra felicidad a la consecución de dichos objetivos, estaremos siendo esclavos de nuestros deseos y objetivos. Y esto tiene que ver con dejar de ser libres.

Como conclusión a este repaso, es imposible dejar de emitir juicios, deseos y expectativas. Porque es algo que nuestra mente ha aprendido e interiorizado de forma inconsciente, y además los 3 hábitos a veces nos ayudan y benefician. Sin embargo, debemos permanecer muy atentos y despiertos a las consecuencias de dejarnos arrastrar constantemente por ellos, porque de lo contrario viviremos una vida sin libertad, presos de dichos hábitos que en muchísimos momentos son tremendamente tóxicos, nos alejan de la auténtica vida, cierran nuestra mente, eliminan nuestra flexibilidad y devastan nuestra felicidad y equilibrio emocional.

La mejor herramienta que tenemos está, cómo no, dentro de nosotros, y es la conciencia. Ser conscientes de que estamos emitiendo un prejuicio sobre una persona y cómo eso nos puede condicionar, darnos cuenta de que estamos deseando que una situación no suceda o no haya sucedido (y de la consecuencia negativa de resistirse ante la vida) o ser conscientes de que estamos generando una expectativa y cómo eso cierra nuestra mente y la convierte en rígida, es crucial, y de hecho, es la clave para desactivar el enorme poder que tienen sobre nosotros y sobre nuestra felicidad estos 3 hábitos tóxicos mentales.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La profundidad del mindfulness

La pasada semana he tenido el privilegio de participar en una formación intensiva de The Center for Mindfulness de la Universidad de Massachusetts para profesores del programa MBSR de mindfulness, el programa pionero creado por Jon Kabat Zin. Ha sido una mezcla entre curso de formación y retiro intensivo de práctica de meditación mindfulness, y los profesores han sido Florence Meyer y Saki Santorelli.

Estoy convencido de que los 120 participantes fuimos mucho más conscientes de la enorme profundidad e impacto social que está teniendo, y puede tener en el futuro, el mindfulness en el mundo. Sentirme partícipe de esta ola de personas comprometidas con el alivio del sufrimiento en el mundo, y con el desarrollo de la grandeza del ser humano, me emocionó intensamente. Estoy convencido de que lo que sucedió la pasada semana en ese lugar va a tener un gran impacto, no sólo en las vidas de cada uno de los que participamos, sino en las vidas de muchas personas con las que tenemos o tendremos contacto en el futuro. Sinceramente, estoy convencido de que el impacto se prolongará años, o incluso generaciones.

¿Y qué es lo que hicimos allí, en este curso llamado “MBSR en Medicina Cuerpo-Mente”? En primer lugar, mirar hacia dentro y hacia abajo, según palabras de Saki Santorelli. Según nos explicó maravillosamente, el único camino para vivir una vida plena es ir hacia dentro y hacia abajo, es decir, a nuestros sótanos oscuros (donde guardamos y ocultamos las heridas que arrastramos, las experiencias dolorosas, nuestras vulnerabilidades, inseguridades, miedos, creencias limitantes). Porque en la oscuridad más profunda es donde encontraremos la luz más brillante. O como dice Rumi en un poema: Si quieres la luna, no huyas de la oscuridad. Si quieres una rosa, no te escondas de sus espinas…”

Para ello, hicimos un viaje a través de la práctica intensiva del mindfulness, en sus distintas vertientes (meditación sentada, meditación caminando, yoga), para contactar con todo aquello que no queremos mirar en nuestra vida porque nos resulta incómodo o doloroso, pero también para contactar con la enorme grandeza que tenemos como seres humanos. Y en este sentido, lo que viví durante todo el curso me hizo reconectar con la fe en el ser humano, con la confianza en su inmenso potencial.

Todos tenemos una responsabilidad fundamental en esta vida. La responsabilidad de ser mejores cada día a nivel individual, para aportar al mundo lo mejor de nosotros, y así generar una influencia positiva para que este mundo sea un mundo más humano, más consciente, más compasivo, y más responsable. Y sólo podemos conseguirlo si miramos dentro de nosotros con humildad, con honestidad y valentía. No conozco ninguna disciplina más poderosa que el mindfulness en este sentido.

En definitiva, ha sido para mí una experiencia muy transformadora, gracias en gran parte al inspirador Saki Santorelli, que en cada frase, en cada gesto, desplegaba una sabiduría y una presencia impresionantes. Tuve muchos momentos emotivos, de conexión y empatía profunda con las personas que se atrevían a coger el micrófono para compartir experiencias tremendamente íntimas de sí mismos. O instantes de conexión íntima conmigo, cuando me dejé impregnar por las preguntas, citas, poemas, imágenes, anécdotas, o investigaciones científicas que nos trasladaron, así como cuando practiqué durante horas la meditación mindfulness.

Quizá podría concluir este post con el final de un poema de Mary Oliver que nos leyeron en el curso, y que dice:

“Dime, ¿Qué tienes planeado hacer
con tu única, salvaje y preciosa vida?”

Te traslado esta pregunta para tu reflexión personal.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La fuerza del silencio y de “no hacer”

A primeros de agosto hice un retiro de meditación mindfulness (atención plena) de 5 días. En el retiro practicamos la meditación sentada, en periodos de 30 a 45 minutos, y también la meditación caminando, de forma intensiva durante todo el día. Había momentos para descansar, y cada día la maestra nos daba una charla sobre temas fundamentales, como el origen del sufrimiento, la felicidad, o cómo gestionar nuestros pensamientos y emociones.

No es el primer retiro que he hecho, ni será el último. Porque siempre constituyen para mí experiencias muy profundas y que tienen efectos importantísimos en el largo plazo, aunque no sea siempre consciente. En un retiro de este tipo no se habla, es decir, se hace todo en silencio. Se come en silencio, se camina en silencio, se medita en silencio, se escucha las charlas de la maestra en silencio.

Muchas personas dicen que les parece horroroso estar 5 días sin hablar, ¡¡y desconectado del móvil!!. Yo siempre creo que lo dicen porque no lo han experimentado nunca, ya que el silencio y la desconexión del móvil tiene unas enormes cualidades. Por ejemplo, te convierte en una persona más auténtica. ¿Por qué?

No nos damos cuenta de las máscaras que nos ponemos en nuestra vida para aparentar lo que no somos, para mostrar un personaje a la sociedad que cumpla con sus expectativas, y para complacer las normas y reglas sociales. Todo ello con el fin de sentirnos aceptados y queridos por los demás. En definitiva, sacrificamos la autenticidad por un “seudoamor” distorsionado y falso, en una especie de intercambio perverso que nos lleva a alejarnos cada vez más de nuestro ser.

Y eso lo hacemos, en gran medida, mediante la conversación social: contando nuestra vida, nuestros éxitos y experiencias, opinando, juzgando, comparando, etc. También proyectamos nuestro “personaje” cuando compartimos imágenes de nuestra vida “perfecta” en Facebook, Instagram o Twitter. O cuando hacemos algo sólo para complacer a los demás.

Por tanto, cuando estamos en silencio, no tenemos que hablar ni mostrar ninguna imagen “perfecta” de nosotros. No tenemos que cumplir con las convenciones sociales de tener que hablar, aunque no nos apetezca. Y es realmente liberador. Es muy liberador ser uno mismo, aunque también puede ser aterrador. Porque el silencio y las condiciones de un retiro intensivo de meditación provocan una conexión profunda con uno mismo. Y dicha conexión hace que veamos reflejadas también nuestras carencias emocionales, apegos, resistencias y miedos. Nuestra vulnerabilidad como seres frágiles que somos.

Después de experimentar varios retiros, estoy convencido de que nunca terminamos de conocernos. Siempre quedan cosas que descubrir, explorar, investigar y resolver. El autoconocimiento no tiene límites, y en mi caso, en este retiro he descubierto aspectos de mí que no me gustan, y otros que sí, he conectado con mis cualidades y también con mis debilidades. La clave aquí es permanecer abierto y compasivo con uno mismo y con todo lo que surja en el retiro.

Un retiro, por tanto, es como un viaje, tal y como nos dijo la maestra. Un viaje a nuestro interior, y en dicho viaje hay momentos dulces, y momentos amargos. Yo sentí paz interior, plenitud, felicidad, bienestar, y también miedo, preocupación, ansiedad, impaciencia. Como la vida misma. Sin embargo, al finalizar el retiro, y como siempre me sucede, me sentí eufórico, enérgico, con una enorme claridad mental y motivación para afrontar los desafíos de mi vida. Como decía antes, la experiencia es siempre transformadora. Y el silencio es un elemento esencial para que así sea.

¡No sabemos cuanto necesitamos silencio en nuestras vidas! Vivimos en medio de una sociedad frenética y ruidosa, y muchas veces generamos nosotros mismos ese ruido y ese movimiento sin sentido, porque nos incomoda el silencio y el hecho de parar y “no hacer”. Pero es el único camino hacia la autenticidad y la felicidad verdadera y duradera. Debemos buscar momentos frecuentes y regulares de silencio y de “no hacer”. Esto significa conectar con nuestro ser, al que se accede a través de la meditación mindfulness.

Quizá sea un buen propósito de inicio de curso el hecho de buscar un momento todos los días para “no hacer” nada, para estar en silencio con uno mismo, simplemente para ser. Y no me estoy refiriendo a un momento para sentarse y empezar a planificar, reflexionar, y hacer la lista de tareas. No, no tiene nada que ver con esto. Se trata de lo que promueve el mindfulness: estar presente de verdad con nuestra vida, de forma incondicional, con total aceptación, curiosidad y apertura.

Si ahora no tenemos esos momentos regulares de silencio y de “no hacer”, probablemente nos estemos perdiendo lo más importante: nuestra vida.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El estímulo y la respuesta

En las conferencias y cursos que imparto sobre Mindfulness hay un aspecto que siempre destaco: el estímulo y la respuesta.

En nuestra vida recibimos millones de estímulos a diario, a una velocidad vertiginosa. Estímulos externos o internos. Ejemplos de estímulos externos son un whatsapp, un correo electrónico, un atasco de tráfico repentino, un grito de un compañero o jefe en el trabajo, una crítica o elogio de alguien en una reunión. En cuanto a estímulos internos, me refiero a pensamientos (se dice que llegamos a producir unos 70.000 pensamientos al día), emociones y sensaciones físicas.

Así que junta todo eso y sale un cóctel difícil de digerir para nuestro cerebro. El comportamiento habitual del cerebro es reaccionar automáticamente ante estos estímulos, y en principio esta reacción no está mal. Es más, es un modo de supervivencia y ahorro de energía de nuestro cerebro.

Sin embargo, muchas veces esta reacción automática, sin pensar la respuesta, nos causa enormes problemas personales, estrés, ansiedad y sufrimiento innecesarios. También nos lleva a convertirnos en marionetas de la tecnología, como avisan numerosos expertos en comportamiento humano, ya que reaccionamos a los tentadores estímulos de nuestros dispositivos móviles sin ser conscientes, de forma compulsiva, y muchas veces en situaciones en las que no es apropiado. Por ejemplo, cuando estamos en una reunión de trabajo o en una comida con nuestra familia y recibimos un whatsapp o e-mail. Muchas veces lo leemos e incluso respondemos sin darnos cuenta de que estamos manifestando una falta de interés o de respeto hacia las personas con las que estamos compartiendo ese momento.

En estas situaciones, entre el estímulo y nuestra respuesta no hay un espacio para pensar dicha respuesta. Simplemente, nos dejamos llevar por nuestro inconsciente para responder de forma automática. Y la mayoría de las veces, dicha respuesta automática no es la mejor que podemos dar.

Cuando alguien nos critica o dice algo que nos duele, muchas veces nuestra respuesta automática es atacar y defendernos, generando más conflicto y por supuesto más estrés en nuestra vida. En lugar de parar unos segundos a procesar la crítica o el ataque y pensar la respuesta, nos dejamos llevar por nuestro instinto agresivo.

El piloto automático también nos domina cuando aparecen cambios negativos en nuestro trabajo o vida personal. Aquí aparecen nuestras resistencias y miedos inconscientes, lo que genera una mala gestión de dicho cambio, ya que la mejor forma de manejar una situación de cambio o incertidumbre es abrirse a lo que pueda aportarnos dicha situación, en lugar de rechazarlo o resistirnos a él.

¿Cual es la alternativa? Aprender a generar una pausa o espacio entre los estímulos y mi respuesta, con el fin de pensar antes de actuar, con el objetivo de dar una respuesta más adecuada o positiva frente a ese estímulo. Cuando somos conscientes, somos mejores personas, más responsables, más inteligentes y empáticas. Por lo tanto, cuando generamos ese espacio de consciencia, respondemos desplegando todas nuestras capacidades y habilidades.

Viktor Frankl, famoso neurólogo y psiquiatra, fundador de la logoterapia, sobrevivió durante 3 años a los campos de concentración nazis Auschwitz y Dachau. Después de esta experiencia terrible, escribió numerosos libros en los que reflexionaba sobre el ser humano y el sentido de la vida. Su obra más conocida es “El hombre en busca de sentido”, y en la cual escribe su famosísima reflexión: “Entre el estímulo y la respuesta siempre hay un espacio. En este espacio reside nuestra libertad y nuestra capacidad para elegir la respuesta. Y en esta respuesta reside nuestro crecimiento personal y nuestra felicidad. Siempre podemos elegir nuestra respuesta y nuestra actitud ante las situaciones de nuestra vida, da igual lo críticas o dolorosas que sean.”

Viktor Frankl

Nuestra vida sería mucho más plena y feliz si entrenáramos nuestra capacidad para generar ese espacio entre los estímulos y nuestra respuesta. También tomaríamos mejores decisiones, viviríamos con mucho menos estrés, y proyectaríamos hacia el exterior una imagen de autocontrol y equilibrio emocional. Mantendríamos una actitud más abierta ante los cambios y dificultades de la vida, y evitaríamos la actitud de ataque y defensa automáticos que tantos problemas y sufrimiento nos ocasiona. Y todo ello nos llevaría a una drástica mejora de nuestra autoestima y autoconfianza. Porque simplemente estaríamos dando lo mejor de nosotros, como personas y profesionales.

El mindfulness es una disciplina de entrenamiento mental para generar y aumentar el espacio entre el estímulo y la respuesta. Una forma práctica de lograrlo es con lo que yo llamo la pausa mindfulness. Por ejemplo, imagina que estás concentrado en una tarea importante en tu trabajo y notas cómo el móvil está recibiendo varios e-mails y whatsapps. La pausa mindfulness nos ayudaría a no dejarnos llevar por la tentación de interrumpirnos y consultar dichos mensajes, con el fin de continuar y terminar con la tarea importante.

Otro ejemplo de pausa mindfulness es hacer una parada de un minuto en la mitad de la mañana. Durante ese minuto primero ponemos consciencia en nuestra respiración, observándola, conectando conscientemente con ella. A continuación, ponemos el foco en cómo llevamos los objetivos del día, por si debemos reenfocar nuestra agenda y evitar dedicar nuestro valioso tiempo a las urgencias o temas poco importantes. O también podemos chequear si la tarea que estamos realizando es la más importante en ese instante.

Esta pausa mindfulness nos va a permitir ser más conscientes de la calidad de nuestro trabajo, con el fin de que poco a poco vayamos focalizándonos en lo verdaderamente importante.

Recuerda. En el espacio entre el estímulo y nuestra respuesta está la clave de nuestra libertad y nuestra felicidad. Y todos podemos aprender a generar dicho espacio en nuestra vida y en nuestro trabajo, mediante entrenamiento, compromiso y constancia.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Estás despierto o estás anestesiado?

La pasada semana he estado recluido en un retiro de meditación zen. Ha sido, como otras veces, durísimo, tanto desde el punto de vista psicológico como físico. Sin embargo, la experiencia ha sido totalmente transformadora. Siempre lo es.

En un retiro zen (llamado sesshin) pones al límite tu capacidad de resistencia y autocontrol, y pasas muchos momentos oscuros y turbulentos. Por eso, no es una actividad apta para todos los públicos, aunque eso sí, uno rompe todas sus creencias limitantes cuando ve a hombres de casi ochenta años realizando el sesshin hasta el final.

Precisamente en los momentos de mayor sufrimiento y oscuridad, o precisamente por haber pasado por ellos, es cuando surgen los instantes mágicos de paz y serenidad total. Es cuando logras conectar contigo mismo, y cuando despiertas a la verdad y a la vida tal y como es. Hasta entonces, estás perdido, desorientado, anestesiado.

Hay tantas cosas que compartiría contigo de esta maravillosa experiencia, que es imposible escribirlos en un solo post, así que tendré que ir escribiendo sucesivos post en el blog.

Hay una palabra que me viene a la cabeza constantemente cuando analizo lo que ocurrió la semana pasada en el retiro. La palabra es compromiso. Las sesenta personas que estábamos allí realizando el retiro estábamos comprometidos hasta el final con lo que habíamos llegado a hacer. En cada uno de los numerosísimos e infinitos espacios de meditación sentada de 30 minutos que tuvimos, y por supuesto en el resto de actividades del sesshin, cada uno de nosotros entregaba el alma para dar lo mejor de sí mismo, y luchaba contra sí mismo para superar la dura prueba, tratando como podía de soportar el dolor, de mantener la concentración, de anclarse al presente, luchando contra sus propios personajes (el controlador, el miedoso, el vulnerable, el dependiente, etc.), otras veces siendo abrumado por ellos, y al final aceptándolos para llegar a la paz y a un estado de serenidad y olvido total, incluso de uno mismo.

Cuando vuelves a la realidad cotidiana después del retiro, las cosas siguen ahí donde las dejaste, las personas siguen siendo las mismas, el tráfico es igual y los problemas también siguen siendo los mismos. El que, definitivamente, ha cambiado eres tú, y tu forma de ver y vivir todo eso. De pronto lo que antes te resultaba tedioso o imposible de manejar, ahora te parece sencillo e incluso interesante. Lo que ha cambiado es tu forma de mirar el mundo, has despertado y has dejado de estar anestesiado, que es como está la mayoría de las personas, perdidas entre el materialismo, el consumismo, la codicia, el miedo y la envidia. Y todo ello sin apenas darse cuenta, porque están anestesiados.

Y tú, ¿Estás anestesiado también? Es el momento de despertar a la auténtica vida.

¿Quieres conocer mis Cuentos cortos motivacionales? Descárgate los 5 primeros de la serie, todos tienen mucho que ver con ese despertar a la vida del que hablo en este post. Descárgatelos de forma gratuita en este link: http://www.execoach.es/portfolio-item/cuentos-cortos/

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros Cuentos para adultos que quieren ser felices (Descárgatelos aquí) DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

La solución es ir, no huir.

En nuestra vida, muchas veces, queremos desaparecer. Queremos huir de todo, de nuestros problemas, de nuestra vida, incluso de nuestros amigos y familiares. Y también queremos huir de nosotros mismos.

A veces nos marchamos, nos vamos a otro lugar, a otro país, a otro continente, cuanto más lejos de todo, mejor. Ponemos espacio de por medio entre nosotros y nuestra vida, con el fin de tomar distancia emocional y poder tomar mejores decisiones. Todo ello puede ser muy positivo, incluso a veces decisivo. Creo que debemos permitirnos esta pausa de vez en cuando, como si se parase el tiempo a nuestro alrededor.

Pero no podemos estar toda la vida huyendo. No podemos estar toda nuestra vida poniendo espacio y tierra con la excusa de que “lo necesitamos”. Porque quizá lo que de verdad necesitamos es otra cosa. Quizá lo que necesitamos es, sencillamente, valor. Valor para enfrentarnos a nosotros mismos, valor para abordar con responsabilidad y determinación nuestros desafíos. Valor para decir “lo siento” o “gracias” o “te quiero” o “te dejo”. Y ese valor lo tenemos todos en nuestro interior, de eso estoy seguro.

Lo que tenemos que tener muy claro es que, por muy lejos que nos vayamos, no podemos desprendernos de nosotros mismos. En ningún lugar del planeta, por muy lejano que sea, podrás liberarte de ti mismo o de ti misma. En ningún lugar podrás hacer desaparecer tus pensamientos. En ningún lugar podrás eliminar esa vocecita que te tortura insistentemente. 

Puede que lo consigas durante cinco minutos, dos horas o veinte días, a miles de kilómetros de tu casa, con océanos y montañas de por medio. Pero tarde o temprano, tendrás que afrontar tu vida, tendrás que mirarla de frente. Tendrás que aceptarla y afrontarla con valentía. Huir hacia delante o hacia atrás no es la solución. La solución es ir.

Antes de que sea demasiado tarde, di lo que necesites decir, expresa tus emociones. Aunque el resto del mundo no reaccione, o siga actuando como hasta ahora, tú debes hacer tu tarea. Y tu tarea es tomar las decisiones que consideres que debes tomar, tu tarea es asumir la responsabilidad de tu vida y dejar de ir de víctima o de verdugo. Tu tarea es, en definitiva, vivir de verdad, asumiendo que la vida es dolor y placer, sufrimiento y felicidad a partes iguales.

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

By |noviembre 19th, 2012|coaching, decisión, felicidad, responsabilidad, solución, valor, vida|4 Comments