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Las 3 claves para lograr resultados extraordinarios

Acabo de terminar el libro “Dinero, domina el juego” del gran conferenciante motivacional Tony Robbins. Soy un devorador de libros, me encanta leer y los libros me han aportado muchísimo durante mi vida. He aprendido conceptos y estrategias fundamentales que han aumentado mi felicidad y también mi rendimiento y liderazgo personal.

En el libro, Tony Robbins aborda el tema de la independencia financiera, que es algo sobre lo que llevo investigando, leyendo y tomando decisiones personales desde hace años. Pero el libro es mucho más. Como de costumbre, Tony es un motivador nato y no puede evitar transmitir en muchas páginas del libro sus habituales discursos sobre lo que nos limita y condiciona, y en el lado opuesto, lo que nos empodera y potencia en nuestra vida personal y carrera profesional. En ese sentido, me encanta cuando detalla los 3 elementos clave que inciden, negativa o positivamente, en nuestros resultados y el logro de nuestros objetivos. Son los siguientes:

1. Los relatos que nos contamos. Todo empieza por las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificar nuestra falta de acción, pereza o miedo a tomar decisiones. Nos engañamos a nosotros mismos echando balones fuera, como si nosotros no pudiéramos hacer nada y todo dependiera de otras personas o de elementos externos. Lo peor de todo es que nos creemos nuestros relatos limitantes. Algunos ejemplos muy comunes de relatos limitantes son:

  • “No puedo hacer nada si los demás no dan el primer paso”
  • “No tengo tiempo”
  • “No puedo, no soy capaz de…”
  • “Eso es imposible, no se puede, no es realista…”
  • “La culpa de mis problemas la tiene mi jefe, mi pareja, etc…”

Dentro de este apartado también están las interpretaciones limitantes o distorsionadas que hacemos de la realidad y sobre lo que nos sucede. Cambiar todos estos relatos por unos nuevos relatos que nos den poder es clave para ser una persona de alto rendimiento.

2. El estado emocional. Los relatos que nos contamos inciden directamente en el segundo punto clave que incide en nuestros resultados: las emociones. Si yo me cuento a mí mismo el relato de que “Es imposible intentar planificarse en mi empresa…” o “La culpa de mis resultados es de mi equipo” o “Todo es importante y urgente”, eso generará un estado emocional de frustración, victimismo o estrés. Las emociones inciden directamente en nuestras conductas y decisiones porque somos seres esencialmente emocionales. Si no sabemos cómo acceder a un estado emocional de poder y motivación, no conseguiremos jamás resultados extraordinarios. Recuerda: lo primero es cambiar tu relato limitante por otro que te potencie y empodere. Después, tendrás que desarrollar la inteligencia emocional para gestionar las dificultades inevitables que te encontrarás cuando te encamines hacia tus metas y sueños.

3. Las estrategias que usamos. En tercer lugar, es clave que usemos las estrategias efectivas para conseguir resultados extraordinarios. Desde luego, si no hemos dominado los dos primeros aspectos, ninguna estrategia nos servirá porque nuestra mente no tendrá la fortaleza y el equilibrio necesarios. El 90% de las personas utilizan estrategias inadecuadas y poco efectivas para lograr sus objetivos. Debemos aprender cuales son los métodos de las personas de éxito para replicarlos. Por esto es tan importante leer mucho a las personas que han alcanzado el éxito y comparten sus estrategias, asistir a conferencias y cursos de formación en habilidades emocionales, o contratar a un coach que pueda enseñarte las estrategias probadas de éxito para lograr tus objetivos.

Así que empieza a cuestionar tus relatos limitantes y victimistas y cámbialos por unos nuevos que te den poder. Eso cambiará tu estado emocional a un estado de motivación y poder, que tendrás que mantener ante los obstáculos, desarrollando tu habilidad de gestión emocional para manejar el miedo, la frustración y la rabia. Y por último, tendrás que formarte continuamente para aprender las estrategias probadas de éxito para ser más eficiente y disciplinado, y generar unos hábitos positivos sostenibles que te lleven a alcanzar todo lo que te propongas en la vida y el trabajo. ¡A por ello! Tú puedes. Todos podemos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Presentación de mi libro “7 hábitos de mindfulness”

Me hace mucha ilusión compartir contigo que el próximo jueves 19 de abril a las 19 h. presento mi nuevo libro “7 hábitos de Mindfulness para el éxito” en el auditorio de la Torre BBVA Saenz de Oiza, en Pº Castellana, 81. Madrid. Y por supuesto, ¡Estás invitado! Me encantará, querido lector o lectora, que vengas y me acompañes en este momento tan especial.

Te adjunto aquí la invitación a la presentación. Es necesario confirmar enviando un e-mail a eventos@editorialkolima.com

Hoy mismo he impartido un taller de 4 horas de mindfulness para directivos de Recursos Humanos y de Prevención de Riesgos de unas 23 empresas. Los participantes han realizado reflexiones interesantes sobre la importancia de desarrollar la atención en el momento presente a través del entrenamiento mindfulness para evitar accidentes laborales de tráfico (muy habituales) y también accidentes con maquinaria peligrosa. Otra de las conclusiones es que la atención y la conciencia ayuda a los empleados a ser menos impulsivos y reactivos ante los problemas, reduciéndose drásticamente los conflictos y mejorando el clima laboral y la motivación. El mindfulness debe ser una herramienta preventiva, nunca reactiva. Es decir, las empresas deben tomar medidas de forma proactiva para prevenir accidentes y bajas laborales por estrés, ansiedad o depresión, que tienen un altísimo coste humano y económico. Se debe promover meditación en lugar de medicación.

Me gustan esas bolas de cristal de nieve, que contienen una figura o un paisaje y que al agitarla se llena de nieve volando dentro de la bola de cristal, y no deja ver lo que hay en el interior. Si dejamos quieta la bola, poco a poco, los copitos de nieve de la bola se van posando en la superficie y entonces podemos ver con claridad la imagen (un árbol de Navidad, unas bailarinas, una casa rural en un paisaje invernal, etc.).

Pues bien, nuestra mente es como la bola de nieve cuando la agitamos. Confundida por el maremagnum de pensamientos (copitos de nieve) que llenan nuestra mente constantemente, no somos capaces de ver con claridad la realidad. Los pensamientos nublan nuestra conciencia y andamos estresados y dispersos, haciendo cosas sin parar, a toda velocidad, como pollos sin cabeza, sin rumbo.

Necesitamos parar. Sólo parando frecuentemente lograremos que los copitos de nieve se posen en la superficie y nos dejen ver la “imagen” de nuestra vida. Cuando paremos, miremos hacia fuera, hacia un lado, hacia otro. Miremos hacia dentro también, hacia nuestro interior, prestémonos atención para ver cómo nos sentimos. Después de la parada, nuestra mente habrá ganado claridad y serenidad. Y si paramos frecuentemente, nuestra percepción de las cosas irá siendo más clara y precisa, y eso nos ayudará a mejorar nuestra vida y nuestra carrera profesional. En definitiva, si quieres avanzar, debes parar, aunque suene paradójico. La mayoría de las personas está abducida por el modo “hacer”, y  no se para nunca para reflexionar, para cuestionarse, para refocalizarse. Sigue corriendo a todas partes, como los hámsters que corren en la rueda interminablemente y sin sentido.

Si vienes a la presentación, te contaré muchas más cosas, trataré de provocar tu reflexión, de inspirarte y de remover tu conciencia. Además, experimentarás el mindfulness a través de un ejercicio práctico guiado, y por supuesto te podrás llevar un ejemplar firmado por mí si quieres. ¡Anímate y nos vemos el día 19!

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

4 claves de inteligencia emocional

El pasado fin de semana he estado impartiendo el módulo de inteligencia emocional dentro del Master de Desarrollo Personal del Instituto Pensamiento Positivo. Ha sido una experiencia muy intensa, porque han sido 15 horas de formación en emociones, incluyendo una parte de comunicación emocional, para un grupo de 38 personas.

Hemos repasado las 5 competencias de forma práctica y experiencial:

  1. Autoconciencia emocional
  2. Gestión emocional
  3. Automotivación
  4. Empatía
  5. Inteligencia social (donde estaba incluida la comunicación asertiva)

Y he incidido mucho en una serie de ideas básicas sobre educación emocional, que quiero compartir contigo en este post. Son las siguientes 4 claves:

  1. No hay emociones negativas. Las emociones son información, y de hecho una información muy valiosa, para guiarnos y hacernos evolucionar, así como para lograr nuestras metas personales y profesionales. Así que desde esta perspectiva, ninguna emoción es negativa. Por ejemplo, el miedo no sólo sirve para protegernos de los peligros reales (un incendio, una carretera estrecha de montaña, un atracador…), sino también para hacernos crecer. Si una decisión o acción nos da miedo, entonces es una clara señal de que debemos tomarla porque nos va a hacer salir de la zona de confort. Por tanto, debes prestar atención al mensaje que te está dando una emoción complicada como la rabia o la tristeza, lo que yo llamo indagar en nuestras emociones. En ese momento comenzarás a aprovechar la capacidad de tus emociones para guiarte en la vida y en la carrera profesional.
  2. Date permiso a sentir todas las emociones. La educación emocional que hemos recibido es muy destructiva, porque nos han repetido miles de veces frases como “No llores” “No te enfades que no tiene importancia” “No tengas miedo que eso es de cobardes” “No estés triste”. Todos los expertos en inteligencia emocional nos dicen que el primer paso para gestionar nuestras emociones dolorosas es hacer justo lo contrario: darnos permiso para sentirlas, aceptarlas, y no evitarlas, rechazarlas o taparlas (con un lexatin, comiendo compulsivamente o con cualquier otro parche). Es como si pretendiéramos tapar un manantial que brota de una montaña. ¿Qué pasaría con el agua que hemos intentado bloquear? Que tarde o temprano saldrá por otro sitio y creará quizá 5 manantiales. Esto es lo que sucede con nuestras emociones si las tapamos o evitamos: que salen tarde o temprano, y no de la mejor manera.
  3. Conviértete en un observador emocional. Dice Daniel Goleman en su libro “Focus” que “La atención regula la emoción”. Efectivamente, debemos entrenarnos en observar nuestras emociones a diario, preguntándonos ¿Ahora cómo me siento? o ¿últimamente, cual es mi estado de ánimo?, para acostumbrarnos a estar en contacto con nuestras emociones. Una herramienta esencial en este punto es etiquetar la emoción, que se ha demostrado tremendamente eficaz para bajar la intensidad de una emoción difícil. Etiquetar la emoción es ponerle un nombre preciso que defina cómo me siento. Por ejemplo, “frustración, miedo, tristeza, resignación, preocupación, ansiedad…” Sólo con poner atención en nosotros a nivel emocional y etiquetando la emoción que sentimos lograremos regular la emoción. Si esta autoobservación la incorporamos de manera permanente en nuestra día a día, habremos avanzando un paso de gigante en nuestra inteligencia emocional.
  4. Cuestiona tus pensamientos. Nuestros pensamientos no son hechos, no son la verdad, sino una mera interpretación subjetiva de los hechos, experiencias y situaciones que vivimos. Sin embargo, nos creemos nuestros pensamientos constantemente, y eso nos genera una enorme cantidad de problemas y decisiones equivocadas, porque actuamos en base a interpretaciones realizadas con nuestros filtros mentales. El problema es que la mayoría de las veces filtramos nuestras experiencias de forma negativa, y eso nos hace sentirnos preocupados, resentidos, estrenados y enfadados. Distorsionamos la realidad y nos contamos unas películas  tremendas de drama o de terror. Lo peor es que nos creemos nuestros dramas. Empieza por cuestionar tus pensamientos, y deja de creer que son verdad. No lo son. Y si no me crees, trata de recordar una situación incómoda que se haya repetido en tu vida varias veces. Seguro que algunas veces te has sentido incómodo o ansioso en esa situación, y otras veces la has gestionado de forma serena e incluso con sentido del humor. ¿Cual es el motivo? Pues que tu interpretación o pensamientos sobre esa situación eran muy distintos.

Partiendo de estas 4 claves esenciales, podemos empezar a relacionarnos con nuestros pensamientos y emociones de una forma mucho más sana y productiva, que nos ayude a conseguir una vida más feliz y también una carrera profesional más exitosa. Hay muchos estudios e investigaciones que revelan que las personas que tienen autocontrol emocional tienen muchas más probabilidades de ser felices y de tener éxito en la vida que las personas que carecen de él.

Pues bien, te propongo empezar a entrenarte ahora. ¿Qué estás sintiendo ahora? Sea lo que sea, dale permiso, acepta lo que sientes y ponle un nombre. En segundo lugar, puedes indagar en la emoción. ¿De dónde viene? ¿Qué necesitas? ¿Qué pensamientos generan esa emoción? ¿Son verdad dichos pensamientos o estás creyéndote tu propio drama?

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

By |febrero 13th, 2018|Sin categoría|0 Comments

El liderazgo amable y empático

Hace un mes asistí al programa presencial de mindfulness (atención plena) e inteligencia emocional de Google denominado Search Inside Yourself. Es el programa que desde 2007 Google está ofreciendo a sus empleados, y que ha ganado fama mundial. Desde entonces, se han formado ya más de 4000 empleados de Google en “Search Inside Yourself”, y desde hace pocos años el programa se ofrece en abierto a cualquier persona que quiera profundizar en su liderazgo personal en base a las herramientas del mindfulness y la inteligencia emocional. O lo que podríamos llamar Mindful leadership.

Uno de mis propósitos es la mejora continua, y una de mis creencias esenciales es la de que todos podemos aprender algo siempre, porque de lo contrario o estaríamos muertos o estaríamos engañándonos a nosotros mismos. Nunca debemos perder esa capacidad de aprendizaje y la humildad de reconocer que siempre podemos mejorar como personas y como profesionales.

Lo cierto es que el programa ha sido una experiencia enriquecedora e interesante, y voy a comentar los 3 aspectos que más me han aportado.

  1. Todos somos líderes. Toda persona puede ser un líder en su entorno, sea en su familia o en su trabajo. Y esto no depende de si tienes un cargo específico de director o Manager. El liderazgo no tiene nada que ver con cargos ni títulos, tiene que ver con tu forma de enfrentarte a los retos y dificultades, y también con tu forma de relacionarte con las personas de tu entorno. Un líder es proactivo en lugar de reactivo, un líder decide asumir la responsabilidad de su vida en lugar de ir de víctima del mundo. ¿Eres de los que esperan que las cosas se resuelvan solas, o te pones manos a la obra para conseguir tus objetivos? ¿Te centras más en lo que deberían cambiar los demás, o en lo que deberías cambiar tú? Respondiendo honestamente a estas dos preguntas, puedes saber si actualmente estás adoptando un rol de víctima o un rol de líder.
    En cualquier caso, debemos romper la creencia limitante de que no somos líderes. Borrar la idea de que el liderazgo es algo extraño o un don concedido a unos pocos seres humanos privilegiados. Debemos normalizar la palabra liderazgo, y entender que todos influenciamos en nuestro entorno, ya sea personal y profesional. Y eso es liderazgo. La clave es ¿La influencia que ejercemos en nuestros entornos es positiva o negativa? Seamos honestos. Pero está claro que todos ejercemos una influencia en las personas con las que vivimos (hijos, padres, parejas, hermanos), trabajamos (compañeros, clientes, jefes) o incluso con las que interactuamos una sola vez (un taxista, un camarero…)
  2. Desarrolla tu empatía para ser un mejor líder. Si juzgas constantemente a los demás, si los tratas con agresividad o te enfocas en lo que te diferencia de ellos, no estás siendo un buen líder. Lamentablemente tenemos ahora en España un ejemplo claro de cómo un conjunto de personas en Cataluña pretenden marcar diferencias con el resto de catalanes y españoles, y de situarse por encima, como si fueran superiores o especiales. Eso es mezquino además de tóxico y tremendamente peligroso, como estamos comprobando los últimos meses.
    Por el contrario, el auténtico liderazgo tiene mucho que ver con buscar puntos de encuentro entre seres humanos, en desarrollar la empatía para comprender de forma más profunda a los demás y poder ayudarles a dar lo mejor de sí mismos. Para ayudarte a ser más empático, trata de buscar semejanzas con las personas con las que interactúes en tu día a día (un cliente, un compañero de trabajo, tu hijo o un dependiente de una tienda de ropa). En lugar de centrarte en lo que te distancia de ellas, céntrate en lo que nos une a todos los seres humanos, sin excepción: todos tenemos dificultades, miedos y momentos de sufrimiento. Esto es algo común. Todos tenemos el deseo de liberarnos del sufrimiento y ser felices, esto también es algo común a todos los seres humanos.
  3. Sé amable contigo mismo y con los demás. Uno de los puntos centrales de la meditación budista es el entrenamiento de la autocompasión o amabilidad con uno mismo. Es muy habitual que seamos tremendamente exigentes y duros con nosotros cuando no alcanzamos los elevados estándares que nos hemos impuesto, generándonos una enorme ansiedad y rabia contra nosotros. Así nunca podremos ser líderes en nuestro entorno, puesto que la agresividad que generamos contra nosotros la volcaremos contra los demás. Es inevitable. Así que lo primero es empezar a tratarnos con más amabilidad, permitiéndonos los errores, concediéndonos respiros y momentos de descanso, evitando criticarnos implacablemente. Después, podemos desarrollar la amabilidad con los demás en múltiples oportunidades durante el día. Sonriendo y ofreciendo amabilidad a las personas desconocidas con las que interactúes cada día, preguntando con verdadero interés a nuestros compañeros de trabajo o familiares cómo se encuentran, escuchándoles con atención, etc.

El mundo necesita líderes que fomenten la empatía, la amabilidad y la creencia de que pueden contribuir a un mundo más humano y feliz. Tú puedes ser uno de ellos, da igual la profesión que ejerzas, da igual el rol que tengas en tu familia. Tú puedes ser un líder que ejerza una influencia positiva en tu entorno personal o profesional. La clave es si quieres coger el testigo, si estás dispuesto a hacer lo necesario para ello. Porque ser un líder requiere paciencia, constancia, entrenamiento en las habilidades necesarias (por ejemplo, las aquí mencionadas de la empatía y la amabilidad) y ganas de ser mejor cada día.

Yo, desde hace tiempo, elegí que sí quería ser un líder, y decidí que cada día trataría de ser mejor, para ayudar a los demás a descubrir el potencial que tienen dentro para dar lo mejor de sí mismos en la vida y en su trabajo. Y te aseguro que es un motor potentísimo de automotivación e ilusión diarias.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Somos ya como los replicantes de Blade Runner?

El otro día estuve viendo la película Blade Runner 2049, ya que Blade Runner, la película original de 1982, es una de mis películas favoritas y deseaba ver cómo seguía aquella historia que me fascinó y me sigue fascinando, y que se ha convertido en una de las películas más míticas de la historia del cine.

Aparte de que Blade Runner 2049 es una buena película pero que no está a la altura de la primera, la temática principal está hoy más de actualidad que nunca. Los replicantes, robots diseñados por el hombre para que hicieran de esclavos o para que trabajaran en general a su servicio, serán en un futuro próximo una auténtica realidad. Además, los replicantes tenían emociones, lo que les hacían incluso más humanos que los propios seres humanos de las dos películas. Recuerdo cómo en Blade Runner 1982 los replicantes buscaban su identidad, el sentido de su existencia, y que tenían miedo a la muerte. Mientras que los personajes humanos no tenían ni mucho menos esas inquietudes tan metafísicas.

En el siglo XXI, además de vislumbrar la viabilidad de los robots “humanizados” para hacernos la vida más sencilla y mejor, tenemos ante nuestros ojos una realidad más preocupante: la creciente robotización de los seres humanos.

Uno de los motivos principales es la irrupción de la tecnología en nuestra vida cotidiana. Podemos comprobar cómo los seres humanos, en la era tecnológica, están siendo abducidos literalmente por los móviles. Es frecuente ver grupos de amigos sentados en un bar mirando cada uno su teléfono móvil y sin mirarse a la cara ni comunicarse directamente. O una pareja cenando en un restaurante mirando cada uno su smartphone. También en la calle cualquiera puede darse cuenta de la robotización de las personas, caminando mientras contestan whatsaps o correos electrónicos incluso cuando cruzan un semáforo.

En realidad durante todo el día actuamos más como robots que como personas. Porque hacemos todo en piloto automático, es decir sin conciencia sobre lo que estamos haciendo o experimentando. Desayunamos sin saborear el desayuno, nos duchamos mecánicamente, conducimos y caminamos de forma automática, hacemos nuestro trabajo de forma rutinaria dejándonos llevar por lo que nos ha funcionado en el pasado sin cuestionarnos si hay una forma más creativa o efectiva de hacerlo, consultamos compulsivamente el móvil usándolo en situaciones en las que no es adecuado o simplemente es una falta de respeto, y finalmente llevamos el piloto automático a nuestras relaciones personales, saludando y preguntando mecánicamente “¿Qué tal?” como si fuera un protocolo, sin interesarnos verdaderamente por el otro, olvidando nuestra capacidad para ser empáticos.

Pero además, no nos damos cuenta pero nos dejamos manipular por todo lo que leemos en los medios de comunicación, y también por la publicidad, estrechando nuestra visión crítica sobre las cosas, y pensando y actuando según la ruta marcada por la sociedad. En definitiva, estamos más programados de lo que pudiéramos imaginar, y casi todas nuestras decisiones y conductas han sido marcadas por la sociedad o por otras personas o instituciones; es decir, no son nuestras verdaderas decisiones. La robotización del ser humano está eliminando su libertad. 

Hay que decir que el piloto automático es el modo mental por defecto del cerebro, que lo activa cada vez que repetimos una conducta o acción muchas veces. El cerebro considera que es correcto y lo pasa al inconsciente, convirtiéndose en una acción automática o una rutina. También nuestro cerebro pasa al inconsciente una idea o información que hemos recibido repetidas veces. De ahí que vamos por el mundo con unas ideas preconcebidas sobre las cosas, que consideramos “la verdad”.

Lo gracioso es que el cerebro hace esto sin pedirnos permiso, como un intento bienintencionado de liberarnos energía. El problema es que el piloto automático se va apoderando, sin darnos cuenta, de cada vez más facetas de nuestra vida, y finalmente acabamos esclavizados por nuestras propias rutinas y creencias rígidas, y terminamos viviendo el día de la marmota, en el que cada día se repite de forma monótona y machacona.

¿Y cómo se logra revertir esta situación? ¿Cómo desconectamos y salimos del piloto automático para recuperar la grandeza que tenemos, nuestra empatía y generosidad? El mindfulness es la herramienta más efectiva para recuperar nuestra humanidad, el disfrute de las pequeñas cosas, la compasión y la amabilidad. El mindfulness se podría definir como un entrenamiento mental de la atención en el momento presente, sin juicios y con aceptación. Uno de sus principales beneficios es activar el estado de consciencia y desactivar el piloto automático tan dominante en nuestras vidas.

Muchas personas me preguntan por qué el mindfulness está creciendo tanto en nuestra sociedad. Aparte de otras razones, una de las claves es que nos estamos dando cuenta de que así el ser humano no va por buen camino, de que cada vez está más disperso, estresado y deshumanizado, y que necesita una disciplina para reconectar con su humanidad perdida. Esa humanidad recuperada gracias al mindfulness nos hace aumentar nuestra felicidad y bienestar, nos convierte en personas más sensibles y empáticas, y por tanto nos pone en disposición de dar lo mejor de nosotros mismos en la vida y en el trabajo.

No nos convirtamos en replicantes. La grandeza del ser humano está dentro de cada uno de nosotros. Sólo tenemos que despertarla y desarrollarla. A través del entrenamiento mindfulness.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Autoexigencia = Estrés y sufrimiento

Nos han educado para ser autoexigentes, para presionarnos y dar lo mejor de nosotros mismos. Nuestros padres y profesores, y después nuestros jefes y mentores, nos han enseñado que debemos estar alerta para competir al máximo porque de lo contrario fracasaremos y otros más autoexigentes nos adelantarán en la carrera de la vida. Y esa programación que hemos recibido en nuestro cerebro continúa durante toda nuestra vida, en el inconsciente, haciendo el trabajo de presionarnos y exigirnos más de lo que es sano y razonable. Ni siquiera nos damos cuenta de los cientos de comportamientos y actitudes que provoca la autoexigencia.

Está claro que la autoexigencia tiene y ha tenido efectos beneficiosos, nos ha obligado a salir de nuestra zona de confort, nos ha llevado a nuestros éxitos en la vida y en la carrera profesional. Esto no lo pongo en duda. La exigencia, en su justa medida, es necesaria para mejorar. Sin embargo, ¿Dónde está la justa medida? Es muy difícil de medir y controlar para evitar los efectos perversos de la exigencia.

La autoexigencia nos lleva a no valorar adecuadamente nuestros logros, a focalizarnos obsesivamente en lo que falta en nuestra vida, en lo que no está completo, en lugar de centrarnos en lo que hemos conseguido avanzar, en todo lo que hemos mejorado. Ahí comienzan los efectos perniciosos de la exigencia.

Exigencia o Excelencia. La exigencia es querer hacerlo todo perfecto desde ahora mismo (así que está anclado en el corto plazo), mientras que la excelencia no busca la perfección inmediata, sino que se centra en la mejora en el largo plazo. Cuando buscamos la excelencia, no nos importa cometer errores porque forman parte de esa mejora, mientras que cuando estamos esclavizados por la exigencia no nos permitimos los errores ni los fracasos. Eso hace que la exigencia, paradójicamente, nos impida mejorar verdaderamente en cualquier ámbito (deporte, una tarea compleja, una habilidad interpersonal) porque la esencia de la mejora continua se basa en la prueba-error. Cuando probamos conductas o acciones nuevas, estamos saliendo de la zona de confort, y aprendemos. A veces, estas pruebas resultan exitosas y otras fallidas, pero el hecho de aceptar los errores como parte del proceso de aprendizaje y mejora es clave.

Sin embargo, la exigencia nos bloquea y paraliza en un círculo vicioso en el cual no avanzamos porque nos obsesionamos con no tropezar, con evitar el error. Y por supuesto, si fallamos, la autoexigencia nos lleva a machacarnos, a castigarnos y fustigarnos sin piedad. Así que nuestro cerebro sigue potenciando el aprendizaje de que no debe probar cosas nuevas porque el simple hecho de probar supone la probabilidad del error.

Conclusión: busquemos la excelencia y no la exigencia de la perfección. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, mientras que la exigencia se centra en el resultado a corto plazo. La excelencia tiene paciencia, la exigencia no. Y el alto rendimiento necesita paciencia.

Exigencia o Preferencia. La maestra zen Charlotte Joko Beck, autora de uno de mis libros de cabecera, “La vida tal y como es”, dice que no es lo mismo exigir que preferir. Cuando exigimos a la vida algo y no nos da lo que queremos, nos estresamos y nos desesperamos. Esa es la actitud habitual de los seres humanos, como si la vida nos debiera esto o aquello. La vida no nos debe nada y el hecho de exigir que nuestra vida sea perfecta, divertida, tranquila y placentera siempre nos hace rígidos, y nos genera un enorme sufrimiento cuando las cosas no son como esperábamos.

Charlotte dice que, por el contrario, la preferencia es normal y mucho más sana. Todos preferimos, obviamente, conseguir nuestras metas, tener una vida tranquila y feliz, que nos vaya bien en nuestras relaciones sociales, etc. Pero la preferencia no implica tensión, como ocurre con la exigencia. Cuando preferimos que las cosas sean de una manera y luego resulta que son diferentes, es normal que sintamos tristeza, enfado, frustración, pero será en una intensidad muchísimo menor que si nuestra actitud fuera la exigencia. Seremos más capaces de aceptar positivamente las adversidades y dificultades, y de relacionarnos con la vida de forma mucho más sana. Por lo tanto, si queremos vivir una vida menos estresante y con menos sufrimiento, debemos dejar de exigir, y sustituirlo por preferir.

Exigencia o petición. La exigencia se traslada inevitablemente a nuestras relaciones personales y profesionales, donde hemos aprendido a exigir, y nos hemos hecho adictos. Exigimos a nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros familiares y a nuestros compañeros de trabajo que se comporten como nosotros pensamos que es lo correcto, sobre todo si tenemos una posición de poder respecto a ellos (por ejemplo, con un hijo o con un subordinado en el trabajo). Pero ¿Quiénes somos nosotros para pensar que estamos en lo correcto? ¿Quienes somos para creer que tenemos la verdad?

Cuando exigimos, generamos tensión, conflictos, agresividad, y después la gente se aleja de nosotros, se distancia, y deja de confiar en nosotros. Por el contrario, tenemos todo el derecho a manifestar nuestra opinión, preferencias, necesidades y emociones. Y tenemos derecho a pedir un cambio de comportamiento, pero no a exigir un cambio de comportamiento.

Y ¿Cómo sabemos que estamos haciendo una petición en lugar de una exigencia? Claramente, como nos dijo el psicólogo Marshall Rosenberg con su Modelo de Comunicación No Violenta, sabemos que estamos exigiendo si castigamos (de forma obvia o sutil) a la otra persona si no cumple nuestra exigencia. Hay diversas maneras de castigar a los demás cuando no cumplen nuestras exigencias: manteniéndonos distantes emocionalmente, dejando de hablarles, o bien gritándoles, juzgándoles, culpándoles, amenazándoles o insultándoles.

Mientras, manifestando nuestra petición, si la otra persona no cumple lo que hemos pedido, no trataremos de dañarla, o vengarnos de ella. Aceptaremos que tiene todo el derecho a tomar sus decisiones y a comportarse como elija en su vida. Obviamente, si ese comportamiento nos afecta y nos produce un daño importante, tendremos que hacer algo para evitar ese daño. Nosotros también tenemos derecho a tomar nuestras decisiones y conductas, siempre que no busquemos hacer daño al otro.

Te animo, como conclusión a este post, a que reflexiones sobre estas preguntas:

  • ¿Estás exigiendo algo a la vida? ¿Qué consecuencias tiene esta exigencia?
  • ¿Estás exigiendo o pidiendo en tus relaciones personales o profesionales? ¿Qué haces si no cumplen con tus exigencias? ¿Qué consecuencias tiene?

Preferir en lugar de exigir, pedir en lugar de exigir, buscar la excelencia en lugar de la perfección. Vivirás más tranquilo y feliz, y conseguirás tus metas de forma más sencilla y sin tanto sufrimiento.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Prepárate para el gran cambio que viene

Recientemente he leído el libro “La sociedad de coste marginal cero” de Jeremy Rifkin, uno de los pensadores sociales más importantes del mundo. Curiosamente, fue el libro que ganó el Premio Knowsquare al mejor libro de empresa en 2014, el año en que mi libro “El hombre que se atrevió a soñar” fue finalista al mismo premio. En el libro el autor habla de los elementos clave que nos indican que ya estamos en la Tercera Revolución industrial, y defiende que en los próximos veinticinco años esta Revolución se asentará y consolidará. Esto quiere decir que todos vamos a vivir muchos cambios, tanto en nuestras vidas como en nuestras carreras profesionales. Da igual a qué nos dediquemos, el cambio va a ser profundo y debemos estar preparados, porque de lo contrario será como un tsunami que nos engullirá con su enorme fuerza y nos zarandeará como si fuéramos marionetas. Y eso significa mucho sufrimiento.

La gran Ola de Kanagawa. Artista: Katsushika Hokusai

A nuestro cerebro no le gustan nada los cambios. De hecho, se estresa notablemente con cada cambio que tiene que digerir. Y más aún cuando nos confiamos demasiado y nos dejamos envolver por nuestra zona de confort. Es ahí donde la gran ola nos puede destruir.

La revolución tecnológica que ya llevamos viviendo desde hace décadas está transformando nuestras vidas y nuestros trabajos. Puede que en los próximos años millones de personas se queden sin trabajo por la robotización de las empresas. Los robots, la inteligencia artificial, y en general el Internet de las cosas producirá un incremento espectacular de la productividad, aparte de mejorar la calidad de nuestra vida a niveles impresionantes, ya que según Rifkin, podremos satisfacer la mayoría de nuestras necesidades a un coste cercano a cero.

También viviremos en un mundo mucho más transparente, donde nuestra información privada circulará de forma libre por la red, porque nosotros mismos lo hemos permitido e incluso potenciado, a través de las redes sociales y otros instrumentos. Eso implica una mayor vulnerabilidad porque se puede vender o mal utilizar dicha información. Aun así, yo soy muy optimista respecto a toda esta revolución y no lo veo como algo apocalíptico, como muchas personas. Yo veo muchas más oportunidades que amenazas. De hecho, me siento muy emocionado por todo lo va a suceder las próximas décadas, me apasiona y estimula.

Desde luego, muchas personas que están instaladas en el conformismo lo van a pasar realmente mal. Probablemente se queden sin trabajo y sin ingresos, y o bien reaccionan o bien se hundirán. Sin embargo, otras muchas personas sabrán interpretar y reaccionar ante lo que se avecina, y podrán generar abundancia y riqueza. ¿De qué depende el hecho de beneficiarse e incluso disfrutar de los futuros cambios? ¿Cómo podemos prepararnos para el cambio constante? A continuación, detallo 4 claves para prepararse para la revolución que viene y salir exitoso:

  1. Mantente alerta a las tendencias.
    Es obvio que si te enteras de las tendencias más importantes relacionadas con tu profesión, y más en general, con las tendencias sociales y económicas, te podrás anticipar y tomar decisiones que pueden ser decisivas para tu éxito profesional. Para ello, apúntate a webs, publicaciones y newsletters que te aporten ese conocimiento actualizado de lo que está sucediendo en el mundo. Focalízate en las lecturas, porque no es cuestión de ver las noticias y el telediario todos los días, eso lo que hará es confundirte con noticias superficiales y darte una visión catastrofista del mundo, que no sirve para nada. Debes ser muy selectivo con lo que lees, recuerda que el tiempo es tu recurso más valioso. Así que bórrate de las publicaciones o newsletters que no te aportan nada, y dedica un tiempo específico a la semana a leer artículos o libros que te den una visión global de las innovaciones que se estén produciendo. En los últimos 10 años he leído mucho sobre temas tan diversos como finanzas e inversiones, meditación, innovación, psicología, dirección de empresas y negocios, sociología, etc.
  2. Fórmate con foco y constancia.
    Asiste a conferencias y cursos, ya sea presenciales o en Internet, no sólo de tu profesión sino de otras áreas que puedan darte una visión más global. Hoy todo está interconectado, y puede que consigas detectar algo importante para tu trabajo en una ponencia sobre algo diferente (por ejemplo, sobre tendencias sociales, sobre psicología, sobre finanzas). La formación continuada es clave para estar preparado para los cambios, ya que aprendiendo cosas nuevas obligamos al cerebro a estar activo, a no instalarse en la comodidad y al mismo tiempo estamos formándonos en disciplinas que nos pueden dar una ventaja competitiva en el mercado. Aunque también es verdad que debemos focalizarnos. Conozco a muchas personas demasiado obsesionadas con formarse constantemente en cualquier cosa que aparezca en el mercado, y al final terminan dispersándose con muchas disciplinas y temáticas diferentes, lo que aumenta su confusión.
  3. Cultiva la curiosidad
    El mundo siempre ha sido de los curiosos, y de hecho, el ser humano ha realizado los más grandes avances de la historia gracias a la curiosidad. Y sin duda el futuro seguirá siendo de los curiosos. Sin embargo, la falta de curiosidad es uno de nuestros grandes males. Cuanto más vamos creciendo, nuestro cerebro se va cerrando cada vez más a lo nuevo, y aparecen esos pensamientos de “Esto ya lo sé” o “Esto ya lo he probado” o “Esto es verdad”, “Esto es mentira”, etc. Cuando nos instalamos en las ideas preconcebidas, en nuestras convicciones más firmes, aparece la rigidez mental que nos impide curiosear y descubrir la pepita de oro que se esconde en el fondo del lago. La experiencia está sobrevalorada, en mi opinión. Creo que debemos recuperar la capacidad de ver las cosas como si fuera la primera vez, la mente de principiante que nos recomienda la filosofía zen. Porque la falta de curiosidad es como una venda que nos ponemos en los ojos, que nos impide detectar oportunidades clave para nuestro futuro éxito. El mindfulness es un entrenamiento mental donde desarrollamos, entre otras cualidades, la curiosidad.
  4. Abre la mente para ver lo positivo.
    Como decía antes, yo estoy muy excitado respecto a lo que se avecina en el mundo las próximas décadas, y también estoy listo para cambiar todo lo necesario para adaptarme a esos cambios. Ya lo he hecho de forma constante en los últimos 12 años, desde que abandoné mi carrera como publicista y empecé en una nueva profesión que en aquel momento prácticamente nadie conocía: el coaching. Después, he tenido que adaptarme a numerosos cambios y desafíos, y a detectar en un momento clave el auge del mindfulness para convertirme en uno de los mayores expertos en la materia en España. Estoy convencido de que esta actitud abierta y positiva me seguirá aportando una gran ventaja competitiva respecto a las personas que ven esta revolución social, económica, tecnológica e industrial como algo catastrófico o amenazante. El miedo es una emoción muy dañina cuando nos domina y paraliza. Sin embargo, mantener la apertura mental y el foco en las oportunidades de esta revolución nos genera una emoción de confianza, de tranquilidad. Y la confianza es un estado mental mucho más productivo y creativo que el miedo.

Si empiezas desde ya a tomar decisiones y acciones en los 4 puntos clave, y los mantienes toda tu vida, estarás preparado para el cambio constante y brutal que se avecina. Y en lugar de que el tsunami te arrase, serás capaz de bucear por debajo de la gran ola, e incluso surfear y disfrutar de ella.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Quién eres?: el valor de la humildad

La pasada semana leí una breve entrevista del ex-futbolista Pedja Mijatovic, famoso sobre todo por el gol que le dio la séptima copa de Europa al Real Madrid. Aquel momento fue el más importante de su carrera deportiva. En esta entrevista le preguntan si cambiaría aquel gol por algo, a lo que responde: “Por la salud de mi hijo que murió hace ocho años. Y no sólo por su vida. Cambiaría todo lo que he conseguido por haberle escuchado decir algo. Porque él, Andrea, era paralítico cerebral, no hablaba, no caminaba, no se comunicaba. Lo habría dado todo por escuchar un “Hola, cómo estás”. No pudo ser.”

Más adelante, profundiza sobre esta experiencia: “Yo en los años más bonitos de mi carrera viví la enfermedad de mi hijo. En esos momentos en los que crees que incluso puedes volar, cuando te sentías poderoso y notabas el calor de toda la gente, mi hijo siempre tenía crisis. Muchos días y noches en el hospital. Eso ha sido un contrapeso mío. Yo me decía: “No eres nadie, ya ves que no eres nadie, no puedes hacer nada para que tu hijo mejore”. Te preguntas: “¿Quién eres?”. Y la respuesta es nadie. Mi hijo ha tenido una misión en mi vida. La de salvar a su padre. Piensas que eres Dios y en realidad no eres nadie”.

Me impresionaron profundamente sus palabras, porque desprenden una gran sabiduría y una gran humildad. Ambas, curiosamente, se consiguen después de sufrir mucho, después de tener una gran crisis. El éxito, muchas veces, no te hace más sabio, y desde luego es raro que te haga más humilde, sino todo lo contrario. El éxito nos embota y nos hace creer que somos Dioses, hasta que tarde o temprano, la vida nos da la lección que necesitamos.

Tengo la creencia de que el ser humano tiene una grandeza enorme dentro. Cualquier ser humano tiene ese potencial en su interior. Lo he comprobado muchas veces, y me ha conmovido hondamente. Por tanto, cualquiera de nosotros puede conseguir grandes metas y contribuir a cambiar el mundo. Me gusta la idea de salir de nuestra zona de confort y descubrir que somos capaces de mucho más de lo que imaginamos.

Pero también creo, aunque sea paradójico, que no somos nadie, como dice Mijatovic. En el sentido de que cada uno de nosotros somos una minúscula parte de la enormidad del universo, es decir, somos uno más de los cientos de miles de seres vivos que han pasado por el planeta tierra, y además somos mortales. Por tanto, es fundamental ser humildes y reconocer que no somos nadie. ¿O acaso no es verdad que cualquiera de nosotros puede morir mañana mismo? Quizá una enfermedad repentina, un accidente, un atentado terrorista…Es importante recordar esto, sobre todo cuando estamos en la cresta de la ola, en una etapa de mucho éxito. Mijatovic reconoce que cuando era algo parecido a un Dios, un ídolo de masas al ser un futbolista multimillonario de éxito, no fue capaz de salvar a su hijo. De nada le sirvió la fama, el éxito o el dinero para conseguir el objetivo más importante para él.

Siempre me han gustado las paradojas. Ya comenté en mi primer libro “Zen Coaching” que el mundo es paradójico, la vida es paradójica, y por tanto debemos abrir nuestra mente a las paradojas. Mi modelo Zen Coaching es paradójico. Que el ser humano tenga una enorme grandeza y al mismo tenga una enorme fragilidad, es una paradoja. Que cada uno de nosotros podamos lograr cosas increíbles es verdad. Que cada uno de nosotros deba asumir, con humildad, que no somos nadie, nada más que una mínima parte del universo, también es verdad.

Tengo la convicción de que en esta paradoja se esconde una enorme sabiduría y claridad. Porque si nos creemos sólo personas únicas y elegidas, caeremos en la arrogancia y la soberbia. Mientras que si nos creemos sólo que no somos nadie, podemos caer en la resignación y la depresión. Entonces, ¿Quienes somos? Esta es una de las preguntas más importantes que podemos hacernos en la vida. Aunque no esperes tener una respuesta. Lo importante no es encontrar la respuesta perfecta o exacta, lo importante es hacernos esta pregunta y cuestionarnos todas las respuestas estereotipadas y superficiales que nos saldrán: soy Fulanito (sólo es nuestro nombre), soy padre o madre (sólo es un rol), soy coach o abogado o empresario (sólo es nuestra profesión), soy perfeccionista (sólo es una forma de comportarnos), etc.

De momento, recuperemos ambas creencias: la primera (soy especial y grande) para lanzarnos a mejorar el mundo con nuestra vida y nuestro trabajo, para aumentar nuestras nobles ambiciones. Y la segunda (no soy nada, sólo una minúscula parte del universo infinito y de la humanidad) para aterrizarnos, para equilibrarnos, para ser más humildes.

El mundo necesita personas ambiciosas pero que al mismo tiempo sean humildes. Todos, probablemente, necesitamos potenciar más una u otra parte. ¿Cual necesitas reforzar tú? 

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

5 pautas para ser más eficiente

Cualquiera que sea tu profesión o cargo en la empresa que trabajes, este artículo aplica de forma exactamente igual. Todos queremos mejorar nuestra eficiencia para hacer las tareas del trabajo en menos tiempo y con más calidad. Sin embargo, lo más habitual que escucho a los profesionales en las empresas son frases como “No tengo tiempo”, “Es imposible planificar el día porque siempre me destrozan mi planificación”, “Los imprevistos y urgencias me comen el día”, “Nunca logro dedicar tiempo a mis temas prioritarios”…¿Es necesario que siga?

Todas estas frases tienen algo en común: el victimismo. En lugar de pensar en cómo podría hacer las cosas de otra forma o qué necesito cambiar de mi forma de organizarme, me dejo llevar por la resignación, asumiendo que es imposible que las cosas se puedan cambiar. Y desde luego hay un margen muy amplio de mejora si dejamos de lado el victimismo y la resignación y empezamos a asumir nuestra responsabilidad.  Pero claro, es más cómodo y fácil quejarse, echar balones fuera o culpar a elementos externos de algo que depende de nosotros. Sin embargo, esa actitud derrotista es un veneno que va contaminándonos silenciosa y lentamente, hasta que acaba con nuestro ánimo, energía y motivación. Por tanto, los mayores perjudicados somos nosotros.

A continuación voy a dar 5 pautas para ser más eficientes en el trabajo, que cualquier persona puede aplicar…si quiere:

  1. Haz pausas. Todos los expertos en alto rendimiento dicen que necesitamos parar de trabajar cada hora y media, durante unos 5 minutos, con el fin de rendir al máximo en nuestra jornada laboral. Sin embargo, lo normal es que el estrés nos arrastre y no paremos durante toda una mañana sin respirar, sin descansar, sin parar. A veces estamos sentados en nuestra silla de trabajo durante tres o cuatro horas seguidas, nos duele el culo o la espalda y sin embargo no paramos. La pausa puede ser de varios tipos. Simplemente dejo de hacer lo que estoy haciendo y hago un ejercicio de perspectiva para cuestionarme cómo estoy realizando una tarea, o si puedo delegarla en alguien. También puedo preguntarme si la tarea que estoy haciendo en este momento es la más importante y prioritaria (casi seguro que no) con el fin de refocalizarme. O me levanto y hago unos estiramientos, o doy un pequeño paseo. Lo que vas a notar si haces pausas a menudo en tu jornada es que cada vez que vuelves al trabajo, tu mente está más despejada y puedes concentrarte mucho mejor. Y también, que tienes menos estrés.
  2. No te disperses con la tecnología. Cuando estamos intentando concentrarnos en el trabajo es normal que tengamos el móvil al lado, así que a los pocos minutos vamos a ver que hemos recibido varios whatsapps y entonces lo habitual es lanzarnos a mirarlos, con la ansiedad que nos caracteriza. También los correos electrónicos que van llegando a la bandeja de entrada son una constante fuente de dispersión. Daniel Goleman, en su libro “Focus”, menciona que se han realizado estudios donde se demuestra que cuando estamos concentrados en una tarea y nos distraemos para contestar un correo electrónico o un WhatsApp, tardamos entre 10 y 15 minutos en volver a tener el mismo nivel de concentración que teníamos. Es decir, una enorme pérdida de eficiencia. Lo mejor es dejar el móvil en un cajón y cerrar el correo electrónico cuando queramos realizar una tarea con la mayor concentración. Y dedicar tiempos concretos y previamente establecidos para consultar los mensajes tanto profesionales como personales.
  3. Márcate objetivos muy realistas. Es también típico del ser humano querer abarcar más de lo que razonablemente puede. O lo que es lo mismo, plantearse objetivos inalcanzables, sencillamente porque no prevemos que un alto porcentaje del día se va en imprevistos y urgencias. Esto hay que asumirlo y aceptarlo positivamente, como algo natural. Lo contrario sería rigidez mental ante los cambios y la incertidumbre de nuestro mundo. Lo que recomiendo es planificar cada día en función de lo que preveamos que pueda llegar a ser. Normalmente sabemos si un día va a ser muy complicado de reuniones y temas urgentes, o bien va a ser un día en principio más tranquilo. En los días tranquilos, aun así, dejemos un margen amplio porque también surgirán imprevistos, y marquémonos un par de objetivos muy, muy realistas. Por supuesto, esos objetivos deben ser importantes para nosotros. Y durante ese día, mantengamos la atención para completarlos o al menos, avanzar en ellos. Si haces esto, junto con el resto de pautas, seguro que muchos días empezarás a comprobar que sí es posible lograr avanzar o terminar acciones y objetivos que consideras importantes para tu trabajo o responsabilidad.
  4. Ocúpate y no pospongas. Otro mal hábito en el que somos expertos es el de posponer las acciones, objetivos o tareas que nos dan pereza o que nos resultan incómodas o difíciles (una conversación, una tarea larga). Debemos dejar de jugar como los niños y ponernos serios con nosotros. Eso significa no permitirnos posponer esas tareas u objetivos importantes, y ocuparnos de ellos inmediatamente, sin pensar en ello. Cuando no nos ocupamos de las cosas importantes, lo que hacemos es preocuparnos por ellas, que es muy distinto. Preocuparse es estresante, genera ansiedad y desgasta nuestra energía. Preocuparse es totalmente inútil y destructivo. Y además, es incompatible con ocuparse. Así que deja de posponer y ocúpate ya: toma esa decisión, afronta aquella tarea, etc.
  5. Pon límites a los demás. Por último, nuestra eficiencia es bajísima porque el miedo a tener un conflicto o un problema en el trabajo provoca que no pongamos límites a los demás, y digamos sí a todo lo que nos piden o exigen. Aunque nos cueste, debemos aprender a decir no, porque esto incide directamente en el respeto que nos tendremos a nosotros mismos, y también en el respeto que nos tendrán los demás. Si no ponemos límites, nos saturaremos de trabajo y dejaremos de hacerlo con calidad y atención, cometeremos más errores y estaremos estresados todo el día. Ojo, que esto muchas veces es algo auto impuesto por nosotros, nadie nos está exigiendo las cosas para ya, y somos nosotros quienes nos montamos la película de que si no hacemos una tarea que nos han pedido de inmediato, nos van a despedir o algo parecido.

La alta eficiencia no es fácil. Nadie dijo que era algo sencillo, aunque sí es posible alcanzarla si uno trabaja en estos 5 puntos con paciencia y constancia. Dejemos de poner excusas y pongámonos serios con nosotros mismos. La recompensa por este esfuerzo es elevadísima. Tendremos más tiempo para descansar,  más tiempo para disfrutar de nuestras actividades de ocio o con nuestra familia y amigos. Nuestra autoestima subirá notablemente, al percibir que podemos lograr lo que nos proponemos, y la calidad de nuestro trabajo mejorará porque estaremos más enfocados en lo verdaderamente importante. Habremos tomado las riendas de nuestra vida y dejaremos de ser marionetas de las urgencias, de los imprevistos, de los caprichos de los demás y de nuestros propios miedos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

By |mayo 10th, 2017|Sin categoría|0 Comments

Los 8 comportamientos del Líder-Coach

Esta semana he presentado un proyecto de programa formativo “Líder-Coach” para una empresa cliente con la que estamos trabajando en Execoach desde hace un año. El objetivo es formar a un grupo de directivos y mandos intermedios de la empresa en habilidades de liderazgo basadas en la metodología y filosofía del coaching.

En la presentación, les hablé de la conocida metáfora de la bellota y el roble. Una bellota, a primera vista, nos puede parecer fea y pequeña, pero es interesante recordar que si a esa bellota la cuidamos y la alimentamos proporcionándole agua y luz, poco a poco irá creciendo y convirtiéndose al cabo de unos años en un roble fuerte y majestuoso. Es decir, toda bellota tiene el potencial de convertirse en un roble.

Con las personas ocurre lo mismo. Muchas hemos sido, o hemos creído ser una bellota fea y pequeña. Yo mismo hace doce años tenía ese concepto de mí. Creía que no servía para mucho, y que era una persona débil y fracasada. Entonces descubrí el coaching, y decidí certificarme como coach profesional, y eso cambió mi vida. Poco a poco fue cambiando el concepto que tenía de mí, y también cambió la manera de observar el mundo. Con los años he ido consolidando la idea de que podía convertirme en un fuerte y majestuoso roble. De hecho, hoy puedo decir que me siento así, siento que he desplegado profundamente muchas de mis capacidades y habilidades, que estaban dormidas u ocultas en algún rincón oscuro de mi interior. Esto es aplicable a cualquier persona.

Cuando interiorizas la filosofía del coaching, te das cuenta de que no sólo tú tienes un roble dentro de ti, lo creas o no lo que creas. También lo tienen los demás, cualquier persona con la que te cruces. La clave es conectar con ese potencial y esa grandeza que toda persona tiene en su interior, para empezar a desarrollarla y desplegarla, como hace el buen jardinero que va alimentando y cuidando la bellota hasta que se convierte en el roble. En ese sentido, un buen líder cree en ese talento dormido en las personas, y basado en esa creencia, insiste en ayudar a sus colaboradores para que descubran y despierten esa grandeza.

 

¿Y cómo lo hace un líder-coach? Voy a enumerar los 8 comportamientos clave para desarrollar el potencial de una persona:

  1. Cuestiona tus “verdades” y creencias limitantes.
  2. Enfócate más en las personas que en las tareas.
  3. Conviértete en un Jefe Desarrollador de Personas y no un Jefe Solucionador o Papá-Jefe.
  4. Utiliza las preguntas poderosas del coaching para empoderar a las personas, en vez de dar órdenes o darles la solución.
  5. Escucha para comprender, y no para intentar convencer.
  6. Reconoce y felicita regularmente el esfuerzo y la actitud de tu equipo.
  7. Da y pide feedback de forma frecuente a tu equipo para promover la mejora continua.
  8. Desafía a tus colaboradores para que salgan de su zona de confort.

Todas estas conductas no son fáciles, porque lo fácil y rápido a corto plazo es decir a mi equipo lo que tiene que hacer y cómo. Lo fácil es que no te cuestionen como jefe. Lo fácil es no escuchar para no tener que cambiar la opinión o decisión. Lo fácil es no pedir feedback porque te pueden decir cosas que no te gusten, etc.

Convertirse en un auténtico líder-coach requiere entrenamiento y formación, paciencia y coraje. Tenemos que formarnos y aprender una nueva forma de tratar con las personas. No sólo con los colaboradores, sino con nuestros pares o jefes, el coaching es totalmente aplicable en todo tipo de relaciones profesionales. Sin embargo, el esfuerzo es imprescindible, porque las personas de las nuevas generaciones necesitan y exigen un nuevo estilo de liderazgo, alejado de la jerarquía, el autoritarismo y el paternalismo.

Como dije en la presentación a mi cliente, introducir este tipo de entrenamiento basado en el coaching en una empresa supone un cambio cultural muy profundo, que tiene que ver con una nueva forma de liderar, una nueva manera de hacer las cosas, un nuevo modo de trabajar con las personas para sacar lo mejor de ellas, todo el talento que tienen. Y esto también requiere compromiso, fe en la metodología del coaching, paciencia y constancia. Porque un cambio cultural puede requerir varios años de trabajo constante en una misma dirección.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.