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Mindfulness aplicado al uso de la tecnología

Este verano, mientras disfrutaba del increíble lujo de disfrutar de quince días de vacaciones en la playa, he estado leyendo el libro «Mindfulness digital» del profesor de la Universidad de Washington David M. Levy. El problema de nuestra hiperconectividad digital y del uso consciente de la tecnología me ha interesado profundamente desde hace años, y de hecho en todos los cursos de mindfulness que imparto en organizaciones lo incluyo como una de las áreas más importantes de aplicación del mindfulness, porque la hiperconectividad digital afecta dramáticamente no sólo a nuestra eficiencia profesional sino a nuestro bienestar y felicidad.

Todos sabemos que la tecnología ha invadido nuestras vidas y nuestros trabajos de forma brusca y vertiginosa. Hace no muchos años no existían las redes sociales ni tampoco teníamos smartphones que son auténticos ordenadores en miniatura, con enorme capacidad y múltiples posibilidades. En nuestros teléfonos móviles accedemos al correo electrónico del trabajo y personal, nos comunicamos por WhatsApp con nuestros amigos y familiares, accedemos al mundo a través de Internet, compartimos fotos y reflexiones vitales en Instagram, Twitter o Facebook, utilizamos todo tipo de aplicaciones que nos hacen la vida más cómoda y aumentan nuestra efectividad como Uber o los Carsharing, o aplicaciones para comprobar lo saludables que son todos los productos del supermercado. Jugamos a videojuegos, escuchamos la música que queremos, controlamos las calorías que comemos o los pasos que damos,  y otras muchas cosas más que hacemos con ese aparato que forma parte ya de nosotros, ese aparato que nos pone histéricos si lo perdemos: el teléfono móvil.

El problema es que es una herramienta tan poderosa y valiosa, y ha entrado en nuestras vidas con tanta velocidad, que no hemos aprendido a usarla de manera racional. Y en muchos casos, se ha convertido en nuestro peor enemigo, ya que perdemos demasiado tiempo enganchados de nuestros móviles, ya sea consultando los miles de mensajes, videos y tonterías que recibimos en los grupos de WhatsApp, consultando cada dos por tres el número de likes que tenemos en una publicación en Instagram o Facebook, o jugando a videojuegos.

En el libro mencionado, Levy comparte una serie de experimentos que realizó con alumnos de sus diversas clases en la Universidad, en los que les proponía aplicar el mindfulness (o atención plena) al uso de la tecnología y también al hábito tan extendido de la multitarea, que está muy conectado con la tecnología y su velocidad. En uno de los experimentos, los participantes tenían que observar e incluso grabarse con una aplicación durante unos veinte minutos en una jornada habitual en la que usaban el ordenador o su teléfono móvil para distintos usos personales y profesionales, por ejemplo el correo electrónico. El objetivo era comprobar qué uso hacían de la tecnología, si realmente estaban focalizados en sus prioridades o todo lo contrario. El resultado fue que, según los testimonios de los propios participantes al ver sus grabaciones, eran totalmente inconscientes de su uso de la tecnología y solían caer constantemente en la multitarea. Esa inconsciencia les llevaba a dispersarse permanentemente. Por ejemplo, era muy frecuente que de manera inconsciente pasaran de una cosa a otra a toda velocidad, y que de una noticia que leían se enganchaban a otra web, y esa web les llevaba a otra, o bien se aburrían de la tarea principal y entraban una y otra vez a sus perfiles de Instagram o Facebook con la consiguiente dispersión, y así hasta el infinito sin la menor conciencia del tiempo que empleaban.

En nuestra actividad on line, ya sea con nuestro ordenador o con nuestro smartphone, es tremendamente fácil dispersarse, olvidarse del mundo, desconectarse de nuestras prioridades, y emplear mucho más tiempo del que teníamos pensado a consultar las noticias, los mensajes de WhatsApp o las redes sociales. De pronto la tecnología nos abduce totalmente, es como si absorbiera nuestro cerebro por completo y lo tuviera bajo su control, y nosotros no fuéramos capaces de recuperar dicho cerebro para tomar de nuevo el control de nuestra conducta y decisiones. En definitiva, los experimentos del profesor Levy demuestran lo que muchos psicólogos y sociólogos dicen desde hace años: que no usamos de forma consciente ni inteligente la tecnología, y que el teléfono móvil nos domina y no al contrario. Tenemos un serio problema de uso compulsivo y patológico de la tecnología. Somos marionetas de nuestros smartphones.

Este uso inconsciente y descontrolado de la tecnología tiene muchas consecuencias en nuestro bienestar. En primer lugar, perdemos una gigantesca cantidad de tiempo viendo videos, mensajes y notificaciones superfluas (chistes malos, memes sin gracia, fakenews, comentarios crispados y agresivos, videos groseros, etc.) que no mejoran nuestra vida en absoluto sino más bien al contrario. Ese desperdicio del tiempo es trágico, ya que el tiempo es el recurso más valioso con el que contamos para lograr nuestros objetivos personales y profesionales. Y es un recurso limitado. Tan sólo tenemos 1440 minutos al día, incluidas las horas de sueño. Esos 1440 minutos son un regalo que se nos concede a todas las personas con el fin de que lo usemos de forma sabia. La mayor parte de la gente tira a la basura gran parte de esos minutos preciosos con este uso inconsciente de la tecnología. Y recordemos que sólo tenemos una vida.

Por supuesto, nuestras relaciones personales se deterioran gravemente cuando estamos conectados constantemente, ya que dejamos de escuchar, de estar presentes, de ser empáticos con los demás. Todos hemos visto grupos de amigos reunidos en un parque, sin hablar entre ellos, consultando cada uno su teléfono móvil. O una familia cenando en un restaurante sin hablar, todos mirando como tontos sus móviles.

Pero ¿Cual es la solución a este serio problema? Empezar a aplicar la conciencia al uso de la tecnología, pero esto no es algo fácil ni automático. Necesitamos introducir el mindfulness a nuestras vidas y luego aplicarlo al uso digital. Cuanto más practiquemos las técnicas mindfulness, más fácilmente nos daremos cuenta de nuestra falta de control e inconsciencia, y antes corregiremos nuestra tendencia a dejarnos llevar por el atractivo irresistible de las aplicaciones y usos digitales. Esto nos llevará a poder tomar elecciones, con libertad, de qué uso hacemos de lo digital, algo que no sucede normalmente.

Cuando hablo de aplicar mindfulness, es algo sencillo, pero no fácil. Mindfulness es la capacidad de prestar atención, de manera sostenida, a la experiencia del momento presente sin juzgar. Se trata por tanto de estar atentos, para ser conscientes de cómo usamos la tecnología. Incluso podemos medir con un cronómetro el tiempo que pasamos consultando las redes sociales, el correo electrónico o el WhatsApp, para tener una medida objetiva y exacta de dicho uso. Seguro que nos llevaríamos grandes sorpresas, y extraeríamos conclusiones muy valiosas sobre qué estamos haciendo con el tiempo limitado de nuestra vida. Finalmente, esa conciencia nos puede llevar a tomar decisiones que limiten nuestro uso excesivo de lo digital, incluso la sabia elección de tomarnos tiempos de total desconexión digital, algo que también recomienda el libro «Mindfulness digital». En otro experimento, se invita a los participantes a una total desconexión digital de unas 24 horas, que lleva a los participantes a hacer descubrimientos increíbles, por ejemplo darse cuenta de lo agradable que es sentir el sol o la brisa en nuestra piel, tener una agradable conversación libre de móviles con nuestra pareja, o simplemente saborear la comida sin la intrusión de las redes sociales. En definitiva, vivir la vida real. Permitir demasiado espacio de nuestro día a la vida virtual nos robotiza, nos desconecta de nosotros, de la vida y de los demás. 

Lo que es interesante también de los experimentos del profesor Levy es que los participantes reconocen que la vida on line y la multitarea les genera mucho estrés y ansiedad. Es sorprendente porque siempre asociamos el uso de la tecnología a algo placentero. El conocido síndrome FOMO (Fear of missing out), la ansiedad de cuantos likes voy a tener en una publicación, el deseo de tener muchos seguidores, así como el constante bombardeo de estímulos digitales (mensajes, notificaciones, e-mails) generan más estrés de lo que somos conscientes. En este sentido, es sorprendente el nivel de inconsciencia sobre cuanto estrés nos genera el uso de la tecnología.

Como conclusión, si queremos un nivel mayor de bienestar y felicidad en nuestra vida, si queremos reducir nuestro estrés y ansiedad, si queremos tener una sensación de mayor control de nuestras decisiones, conductas y emociones, si queremos tener relaciones más plenas y felices, es fundamental empezar a trabajar en un uso más consciente y sabio de la tecnología, con el fin de que la usemos como la herramienta valiosa que sin duda es, en lugar de que se convierta en nuestro tirano, en nuestra mayor fuente de pérdida de tiempo y eficiencia, y en nuestra peor adicción. Necesitamos tomar las riendas para dejar de ser víctimas de la tecnología, y poder aprovechar todo el valor que nos ofrece, y como consecuencia poder disfrutar de las pequeñas maravillas de la vida cotidiana, así como a emplear nuestro valioso tiempo en lo verdaderamente importante.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

5 pautas para dar feedback incómodo de forma constructiva

Todos nos encontramos en numerosas situaciones en las que otras personas se comportan o actúan de manera negativa o perjudicial para nuestros intereses o para los intereses más amplios de un equipo de trabajo al que pertenecemos o que estamos liderando. En esas ocasiones tenemos tres elecciones:

  1. Dar el feedback incómodo de manera agresiva, poco empática, generando mayor tensión y agresividad en la otra persona, y seguramente perdiendo capacidad de influencia en la petición del cambio de conducta.
  2. No dar feedback incómodo, es decir callarnos, de manera que cedemos y nos aguantamos con una situación perjudicial, lo cual generará resentimiento en nosotros y nos llevará a acumular material tóxico en nuestro interior. Además, la otra persona seguirá comportándose de la misma forma porque nadie le ha dicho el impacto negativo que está produciendo en su entorno.
  3. Dar el feedback incómodo de manera constructiva y clara, empatizando con el otro, y al mismo tiempo teniendo muy claro que tenemos derecho a defender nuestras necesidades amenazadas por la conducta de un compañero de trabajo, un jefe o un familiar.

Aclaremos la palabra feedback. El termino literalmente significa retroalimentación pero este vocablo quizá resulte algo complejo. Es algo mucho más simple, feedback es comunicar una información a alguien sobre su conducta o actitud. Y por cierto, el feedback puede ser positivo o de reconocimiento de una conducta positiva o puede ser negativo, que en el mundo empresarial se suele denominar feedback de mejora.

La cuestión clave es cómo comunicamos una información a alguien sobre una conducta que está impactando negativamente en nuestro bienestar mental y emocional o en el rendimiento y eficiencia de un equipo en una organización, de la forma más constructiva pero al mismo tiempo firme y clara. A continuación, te recomiendo una serie de pautas, que son aplicables al mundo empresarial pero también a la vida personal:

1. Céntrate en la conducta, no en la identidad. Muchas veces decimos «Eres una persona muy egocéntrica» o «Eres muy desorganizado» o «Eres demasiado prudente». Este feedback no es constructivo y genera más agresividad, la otra persona se pone a la defensiva y considera estas frases injustas. ¿Por qué? Porque al dirigirse a la identidad de la persona, generaliza y asume que esta persona no es capaz de actuar de manera diferente en ninguna circunstancia ni situación. En lugar de a la identidad, focalízate en la conducta: «En las últimas reuniones tus intervenciones han sido más prudentes» o «Tu mesa está llena de papeles y cosas, necesitas dedicar tiempo a organizarla». Esto es mucho más objetivo y constructivo.

2. Céntrate en la conducta o acción observable, no en tus juicios. La mayor parte del feedback que damos está basado en juicios o evaluaciones subjetivas, interpretaciones que hacemos que muchas veces no tienen base objetiva. Debemos centrarnos en hechos o conductas que observemos o hayamos observado con nuestros sentidos (la vista, el oído). Un feedback basado en juicios subjetivos sería «Me tienes marginado en el Departamento» o «No tienes empatía conmigo cuando me siento triste». En estos dos casos debemos aterrizar esas percepciones subjetivas en algo observable, por ejemplo: «En los dos últimos proyectos no me has asignado ninguna tarea, mientras que al resto del equipo sí» y en el segundo ejemplo podríamos decir «Cuando estoy triste y te cuento lo que me pasa, me dices que tienes muchas cosas que hacer y no tienes tiempo para escucharme». Los juicios subjetivos es mejor guardárnoslos y no transmitirlos, porque perdemos una enorme influencia en la otra persona al elevar un muro en la comunicación. Los juicios generan agresividad y actitudes defensivas en los demás, y además siempre son discutibles porque al fin y al cabo, son percepciones subjetivas. Los hechos y conductas observables no son discutibles.

3. Dale feedback desde tu experiencia, evitando críticas o reproches. Una forma de expresar un feedback de manera tóxica es transmitiéndole tu opinión o emitiendo un reproche, por ejemplo: «Me parece impresentable que hayas enviado ese e-mail» o «Me parece fatal que ayer te marcharas antes de la hora». Los reproches o opiniones críticas son totalmente tóxicos a la hora de dar feedback porque generan también actitudes defensivas, violencia y pocas ganas de cambiar de actitud. Es más, las personas se enrocan muchas veces en su conducta al recibir esta clase de feedback destructivo. En su lugar, comunica lo que la actitud o comportamiento del otro te genera a ti a nivel emocional o a nivel de tus necesidades no satisfechas. Por ejemplo:  «A mí me hubiera ayudado que tú hicieras…» «Me generó dudas cuando dijiste…» «Me sentí confundido cuando tú…» «Me sentí muy enfadado cuando te marchaste ayer antes de la hora». Este feedback es claro, firme, directo, pero no agresivo. Porque es totalmente lícito comunicar nuestras necesidades no cubiertas y nuestras emociones.

4. Usa un lenguaje concreto, evitando generalizar. Cuando estamos enfadados o frustrados y queremos dar un feedback difícil, solemos caer en frases del estilo «Siempre tengo que estar arreglando tus problemas» o «Nunca participas en las reuniones con tus ideas» o «Se nota tu falta de compromiso en todo. No colaboras nada». Utilizar los generalizadores o universales «Todo, siempre, nunca, nada» es tremendamente agresivo e injusto, y es un lenguaje propio de personas con pocas habilidades de control emocional o simplemente inconscientes del impacto del lenguaje sobre las personas, que es brutal. Haz todo lo posible para aterrizar, para concretar en algo más real, como por ejemplo «Las dos últimas semanas no has participado en las reuniones de equipo» o «El otro día te pedí ayuda para terminar el informe y me dijiste que tenías que hacer muchas cosas».

5. Practica con modelos y herramientas ya existentes. Existen varios modelos o herramientas muy poderosos para dar feedback, así que te recomiendo practicar con ellos e incluso escribir antes tu feedback y revisarlo, ya que muchas veces al leer lo que hemos escrito nos damos cuenta de nuestros errores. El modelo Situación-Conducta-Impacto es muy útil para dar un feedback muy concreto y hacer que la persona sea consciente del impacto de su comportamiento o actitud. Otra herramienta fabulosa es el Modelo de Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg, que recomienda 4 fases: 1. Hechos o conductas observables, 2: Tus emociones, 3. Tus necesidades amenazadas y 4. Tu petición o propuesta que quieres hacer a la otra persona. Puedes leer más sobre este modelo en este otro post.

Cuando logramos dar feedback constructivo y claro, con las pautas anteriores, aumentamos de manera exponencial nuestras capacidades de influencia y liderazgo, porque logramos que las personas entiendan de verdad qué es lo que están haciendo y sus consecuencias, sin agresividad innecesaria por nuestra parte, lo cual hará mucho más probable que cambien su actitud o conducta, al recibir una información concreta pero con respeto y consideración.

En tu entorno profesional debes dar feedback casi continuo si quieres que las cosas mejoren, pero recuerda que no da igual cómo comuniques dicho feedback, ya que se puede volver en tu contra si no lo haces con las recomendaciones anteriores. Y desde luego, en tu vida personal también tendrás muchas oportunidades en las que sea necesario dar un feedback firme y constructivo (a tus hijos, a tu pareja…). Así que te invito a empezar a practicar. Ten paciencia, no es fácil, por eso es importante entrenarse, aprender de tus errores e ir corrigiéndolos para ir mejorando de manera continua.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

5 hábitos positivos para empezar bien el curso

Fotografía de Teresa Carril

¡Se terminó el verano! Muchas personas están llorando y lamentándose de lo corto que ha sido, de lo breves que han sido las vacaciones. ¡Y es verdad! Hemos tenido tiempo para descansar, desconectar, disfrutar y estar con nuestros seres queridos más tiempo del habitual. Y claro, ahora nos cuesta volver al trabajo, las obligaciones, etc.

Sin embargo, septiembre es un mes idóneo para replantearte determinadas rutinas o decisiones que no estaban aportándote nada positivo antes del verano. Si empezamos a tomar unas cuantas decisiones pequeñas pero importantes, empezaremos el nuevo curso con energía positiva y eso nos puede llevar a generar unos pequeños hábitos que harán que el curso sea realmente muy productivo y feliz. En este post recomiendo 5 hábitos saludables que pueden ayudarnos a tener más éxito y también más equilibrio emocional los próximos 10 meses. Si quieres, puedes repasar este post que escribí sobre las 4 claves fundamentales para generar hábitos positivos sostenibles

  1. Mejora tu alimentación. No imaginamos el impacto que tiene lo que comemos en nuestra vida. Es enorme. Influye en nuestro estado físico, en nuestra salud, en nuestro estado emocional y en nuestro rendimiento profesional. Y por favor, no hagas dieta, está demostrado por muchos estudios que las dietas no funcionan porque, tarde o temprano, volvemos a nuestro peso antes de la dieta. Esto es porque la dieta nos exige un cambio demasiado brusco y radical, y cuando hemos logrado el objetivo, nuestro cerebro se relaja y vuelve a caer en los malos hábitos. En lugar de ello, empieza muy poco a poco, tomando pequeñas decisiones como por ejemplo comer menos carne roja o carbohidratos refinados, o ir sustituyendo gradualmente el azúcar por un edulcorante natural como la stevia.
  2. Empieza a meditar. La meditación o mindfulness no sólo nos ayuda a manejar mejor el estrés y ansiedad de la vuelta a nuestra vida y trabajo. Ganamos foco, claridad mental, concentración, capacidad de disfrutar del momento presente y perspectiva, lo cual nos lleva a tomar mejores decisiones. El mindfulness es un entrenamiento para conocer cómo funciona nuestra mente, y en segundo lugar, para saber cómo focalizarla y llevarla a estados positivos de bienestar y equilibrio. Como en el resto de hábitos saludables, te recomiendo empezar muy poco a poco, sin ambición, con pequeños objetivos muy alcanzables. Por ejemplo, dedicar 5 minutos a sentarte cómodamente, cerrar los ojos y practicar mindfulness. En mi último libro «7 hábitos de mindfulness para el éxito» puedes aprender el método mindfulness así como las distintas técnicas que existen. En este post puedes leer un resumen de lo esencial del libro. Y si quieres, puedes comprarlo en este link: Comprar libro mindfulness
  3. Reserva tiempos de desconexión digital. La tecnología nos ayuda y nos facilita la vida. Genera más agilidad y eficiencia en el ámbito profesional. Sin embargo, para obtener sus beneficios necesitamos aprender a manejarla, para no convertirnos en esclavos tecnológicos. Cuando estamos enganchados demasiado tiempo al móvil (o a la tablet o al ordenador), nuestra mente se embota, pierde claridad y consciencia sobre nuestras prioridades y también dejamos de ser empáticos. Finalmente, tomamos peores decisiones profesionales y personales, y nuestras relaciones se deterioran. Por tanto, es imprescindible que empieces a dedicar pequeños momentos de tu agenda diaria a desconectar de toda conexión digital. Empieza poco a poco, se trata de ir generando pequeños hábitos sencillos.
  4. Vuelve a hacer ejercicio. Si no has abandonado el ejercicio físico durante el verano, enhorabuena. Pero si lo has hecho, es imprescindible retomarlo con fuerza. El ejercicio físico es tan importante como el tema de la alimentación. Influye en nuestra salud, en nuestro equilibrio emocional, y según muchos estudios científicos, ayuda a mantener nuestro organismo más joven, retrasando el envejecimiento, igual que una alimentación sana y adecuada. Tómatelo, como el resto de recomendaciones, con calma, ve realizando cambios graduales y pequeños, sin prisa ni presión. Esta es la clave para todos los hábitos saludables. No trates de hacer grandes cambios, sino ir incluyendo pequeñísimos cambios en tu rutina con el fin de ir consolidándolos.
  5. Ahorra e invierte un poco de dinero. La mayoría de las personas, o saben que no tienen un colchón financiero y eso les genera malestar y preocupación, o simplemente viven en un nivel de inconsciencia total. En cualquier caso, en un mundo en constante cambio, a cualquiera de nosotros nos puede suceder algo imprevisto que nos obligue a gastar una cantidad importante de dinero en efectivo (que nos despidan de la empresa, que perdamos nuestro cliente más importante, que necesitemos hacer un Master) y la mayoría de las personas no están preparadas financieramente ante estas coyunturas. Para evitarlo, es fundamental generar una rutina de ahorro (aunque sean 200 € al mes al principio) y de inversión, para que nuestro dinero no pierda valor por la inflación (si lo tenemos en el banco o debajo del colchón). Muchos expertos hablan de que deberíamos ahorrar un 25% de lo que ingresamos. Pero insisto, si no lo estás haciendo, empieza ahorrando una pequeña cantidad, y luego, poco a poco, ve incrementando la cantidad en la medida de tus posibilidades. Ahora lo importante no es tanto el importe, sino que generes un hábito positivo. ¿Y dónde invertir para que tu dinero vaya ganando valor y no perdiéndolo con los años? Es recomendable contratar a un asesor financiero que te oriente en función de tu perfil de inversor (más arriesgado o menos). En ese sentido, leí hace poco un consejo buenísimo de un gurú de la inversión. Recomendaba que te entrevistaras con tres asesores financieros, y luego contrataras al que menos hable en la entrevista.

Esto también lo aplicaría si estás pensando en contratar a un coach para lograr tus objetivos de vida o de carrera profesional. ¡Contrata al que menos hable!

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Las 3 claves para lograr resultados extraordinarios

Acabo de terminar el libro «Dinero, domina el juego» del gran conferenciante motivacional Tony Robbins. Soy un devorador de libros, me encanta leer y los libros me han aportado muchísimo durante mi vida. He aprendido conceptos y estrategias fundamentales que han aumentado mi felicidad y también mi rendimiento y liderazgo personal.

En el libro, Tony Robbins aborda el tema de la independencia financiera, que es algo sobre lo que llevo investigando, leyendo y tomando decisiones personales desde hace años. Pero el libro es mucho más. Como de costumbre, Tony es un motivador nato y no puede evitar transmitir en muchas páginas del libro sus habituales discursos sobre lo que nos limita y condiciona, y en el lado opuesto, lo que nos empodera y potencia en nuestra vida personal y carrera profesional. En ese sentido, me encanta cuando detalla los 3 elementos clave que inciden, negativa o positivamente, en nuestros resultados y el logro de nuestros objetivos. Son los siguientes:

1. Los relatos que nos contamos. Todo empieza por las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificar nuestra falta de acción, pereza o miedo a tomar decisiones. Nos engañamos a nosotros mismos echando balones fuera, como si nosotros no pudiéramos hacer nada y todo dependiera de otras personas o de elementos externos. Lo peor de todo es que nos creemos nuestros relatos limitantes. Algunos ejemplos muy comunes de relatos limitantes son:

  • «No puedo hacer nada si los demás no dan el primer paso»
  • «No tengo tiempo»
  • «No puedo, no soy capaz de…»
  • «Eso es imposible, no se puede, no es realista…»
  • «La culpa de mis problemas la tiene mi jefe, mi pareja, etc…»

Dentro de este apartado también están las interpretaciones limitantes o distorsionadas que hacemos de la realidad y sobre lo que nos sucede. Cambiar todos estos relatos por unos nuevos relatos que nos den poder es clave para ser una persona de alto rendimiento.

2. El estado emocional. Los relatos que nos contamos inciden directamente en el segundo punto clave que incide en nuestros resultados: las emociones. Si yo me cuento a mí mismo el relato de que «Es imposible intentar planificarse en mi empresa…» o «La culpa de mis resultados es de mi equipo» o «Todo es importante y urgente», eso generará un estado emocional de frustración, victimismo o estrés. Las emociones inciden directamente en nuestras conductas y decisiones porque somos seres esencialmente emocionales. Si no sabemos cómo acceder a un estado emocional de poder y motivación, no conseguiremos jamás resultados extraordinarios. Recuerda: lo primero es cambiar tu relato limitante por otro que te potencie y empodere. Después, tendrás que desarrollar la inteligencia emocional para gestionar las dificultades inevitables que te encontrarás cuando te encamines hacia tus metas y sueños.

3. Las estrategias que usamos. En tercer lugar, es clave que usemos las estrategias efectivas para conseguir resultados extraordinarios. Desde luego, si no hemos dominado los dos primeros aspectos, ninguna estrategia nos servirá porque nuestra mente no tendrá la fortaleza y el equilibrio necesarios. El 90% de las personas utilizan estrategias inadecuadas y poco efectivas para lograr sus objetivos. Debemos aprender cuales son los métodos de las personas de éxito para replicarlos. Por esto es tan importante leer mucho a las personas que han alcanzado el éxito y comparten sus estrategias, asistir a conferencias y cursos de formación en habilidades emocionales, o contratar a un coach que pueda enseñarte las estrategias probadas de éxito para lograr tus objetivos.

Así que empieza a cuestionar tus relatos limitantes y victimistas y cámbialos por unos nuevos que te den poder. Eso cambiará tu estado emocional a un estado de motivación y poder, que tendrás que mantener ante los obstáculos, desarrollando tu habilidad de gestión emocional para manejar el miedo, la frustración y la rabia. Y por último, tendrás que formarte continuamente para aprender las estrategias probadas de éxito para ser más eficiente y disciplinado, y generar unos hábitos positivos sostenibles que te lleven a alcanzar todo lo que te propongas en la vida y el trabajo. ¡A por ello! Tú puedes. Todos podemos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El modelo SCARF de neuroliderazgo

La neurociencia ha avanzado en los últimos 20 años a pasos agigantados. Se dice que hemos aprendido más sobre el funcionamiento de nuestro cerebro en los últimos 30 años que en el resto de siglos de existencia del ser humano. Y aún nos queda muchísimo por conocer de ese fascinante y misterioso órgano que tenemos en nuestra cabeza.

Uno de los campos donde se está desarrollando más es en el campo del liderazgo, con el fin de orientar a los directivos y managers de las empresas a liderar de forma más efectiva a sus equipos con el fin de desarrollar todo su potencial, y que de esta forma alcancen cotas de rendimiento máximas. En este sentido, me gusta especialmente el modelo SCARF, desarrollado por el experto en neuroliderazgo David Rock, y soportado en numerosas investigaciones sobre nuestro cerebro. El término Scarf significa bufanda en inglés, no por casualidad. Si no tenemos bufanda un día de invierno nos vamos a sentir desprotegidos, mientras que con ella nos sentiremos reconfortados. Pues esto es lo que nos aporta el modelo SCARF.

La base sobre la que se sustenta el modelo SCARF es que nuestro cerebro, en primer lugar, es un cerebro social, que busca nuestra interacción con los demás. Está probado que cuando nos sentimos en una situación de exclusión social, se activan los mismos circuitos neurales que cuando tenemos un dolor físico. Esto nos indica que sentirnos integrados socialmente en un equipo de trabajo es fundamental y lo contrario, sentirnos excluidos o marginados, nos genera un enorme estrés y sufrimiento.

Además, nuestro cerebro funciona sobre dos sistemas inconscientes: el sistema de recompensa y el sistema de amenaza. Si nos sentimos amenazados, las personas nos movemos por el miedo, y por tanto, estamos menos dispuestas a confiar y a colaborar. Incluso sale nuestra parte más primitiva y defensiva de competir a costa de los compañeros del equipo, y por supuesto las personas somos mucho menos proactivas y más pasivas. Por tanto, si tenemos un equipo que tiene activado el sistema de amenaza, nunca lograremos los objetivos y resultados que perseguimos como líder. Nunca podremos extraer el máximo rendimiento de ese equipo.

Sin embargo, el otro sistema inconsciente que se activa es el de recompensa. Cuando nos sentimos recompensados nuestra actitud y comportamiento son radicalmente diferentes: en lugar de movernos por el miedo nos movemos por la confianza, y por lo tanto estamos mucho más dispuestos a colaborar con nuestros compañeros, aumenta nuestra creatividad y nuestro compromiso con el equipo y la organización, somos más proactivos y nos sentimos muy motivados. Esto nos lleva a dar lo mejor de nosotros y por tanto, es muy probable que un equipo que se siente recompensado alcance el máximo rendimiento y los objetivos que se ha propuesto.

Pero lo que el modelo SCARF nos aclara es ¿Qué elementos son claves a la hora de que un profesional se siente amenazado o recompensado? El acrónimo SCARF se compone de los 5 aspectos clave, validado por las investigaciones de la neurociencia: Status, Certainty, Authonomy, Relatedness y Fairness. Voy a explicar cada uno de ellos:

  • Status. Se trata de percibir que nuestro status en el equipo está reconocido y que no sentimos amenazado ese status. Un jefe de equipo puede ocasionar una percepción de amenaza del status cuando da más responsabilidades, promociona o aumenta el sueldo a algunos miembros del equipo y no a otros, cuando todos tienen la misma experiencia o conocimientos. O cuando se cuelga la medalla de los logros del equipo, olvidando que todos sus colaboradores han contribuido decisivamente a dichos logros.
  • Certidumbre. Cuando los miembros de un equipo no tienen claro la visión del equipo, el rumbo o los objetivos que están persiguiendo, o no conocen nada de las decisiones de la Dirección de la empresa, o hay una situación de cambio o reestructuración y la información que reciben es ambigua, entonces se sentirán amenazados. Las personas necesitamos certidumbre, transparencia y comunicación constante y exhaustiva.
  • Autonomía. Cualquier profesional se motiva y confía más en sí mismo cuando se le da cierta autonomía y responsabilidad. Una necesidad básica del ser humano es tener cierta sensación de control sobre sus decisiones y sobre su tiempo. Si un Manager coarta esta autonomía y dirige en exceso, su equipo perderá progresivamente motivación, y dejará de intentar cosas nuevas, dejará de proponer ideas de mejora, y por tanto, será la responsabilidad del Manager que este profesional se marche de la empresa o aporte un rendimiento mediocre, muy por debajo de su potencial.
  • Relaciones. En un equipo debe haber buen ambiente, y el Manager debe fomentarlo con acciones concretas. Algunos ejemplos positivos serían organizar comidas de todo el equipo frecuentemente para hablar en un ambiente distendido de temas personales como familia o aficiones, una actividad motivante tipo Team building una vez al año, o generar espacios en las reuniones diarias o semanales para que los miembros del equipo expresen sus inquietudes y necesidades. Todo esto ayuda a que las personas no activen su sistema cerebral de alerta porque sienten amenazada la necesidad de estar conectadas de forma personal y humana con el resto de sus compañeros. Como decía al inicio, somos seres sociales y nuestro cerebro tiene un carácter marcadamente social. Así que si no tenemos una estrecha relación personal con nuestros compañeros, sentiremos desconfianza y esto nos impedirá colaborar, contribuir, arriesgarnos, generar ideas para el equipo.
  • Justicia. La F de Fairness implica que el Manager debe ser justo en la toma de decisiones. No debe mostrar preferencias por ninguna persona del equipo ni actuar movido por ocurrencias que amenacen la sensación de injusticia de parte o todo el equipo. Esto no significa que tenga que tomar decisiones que contenten a todos, lo cual es imposible. El manager debe tomar decisiones, a veces difíciles, y esto es necesario. Pero si algunos miembros del equipo no están de acuerdo o la perciben como injusta, al menos el manager está obligado a explicar su decisión, su motivación y razones. De esta forma las personas de su equipo reducirán de forma notable su sistema de amenaza, porque aunque no compartan la decisión, percibirán justo que se les de una explicación.

En resumen, me parece fundamental que un líder conozca el modelo SCARF con el fin de entender de forma más clara los comportamientos y actitudes de sus colaboradores, que muchas veces pueden parecer incomprensibles e injustificables. Creo que el modelo SCARF ayuda a un líder a ser más empático, a comprender mejor, y por tanto, a influenciar de forma más efectiva y productiva a su equipo para que estén totalmente comprometidos y dando el máximo al equipo. Si no sabemos por qué una persona no colabora, o está desmotivada o incluso enfadada, difícilmente vamos a poder ayudarla a encauzar positivamente su conducta o actitud. Con el modelo SCARF un manager puede mejorar claramente su liderazgo, basado en un mejor conocimiento del funcionamiento del cerebro humano, en definitiva, de la condición humana y las necesidades que nos mueven a nivel inconsciente a todos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La práctica cotidiana del mindfulness

El último objetivo que buscamos cuando empezamos a practicar la meditación mindfulness (atención plena) es que el estado mental que logramos durante la meditación se traslade a nuestra vida cotidiana. Cuando practicamos meditación nuestras ondas cerebrales descienden a ondas alpha, que están relacionadas con un estado de máxima relajación y receptividad del cerebro, mayor velocidad de aprendizaje, y mayor creatividad. Baja el volumen de nuestros pensamientos, y recuperamos el equilibrio emocional y la claridad mental.

Imagina que ese estado de máximo potencial del cerebro lo llevamos a la vida cotidiana: esa claridad mental, ese equilibrio emocional, esa creatividad y capacidad de aprendizaje. Sin duda, nuestra vida personal y profesional cambiaría profundamente. Y eso es lo que sucede. Te lo digo por experiencia. Hace 12 años estaba inmerso en una grave crisis personal y profesional, no le veía sentido a mi trabajo (trabajaba como publicista), y me topé bruscamente con la sensación de mortalidad a causa de un problema grave de salud. Estaba perdido, no sabía quien era ni qué quería. Necesitaba respuestas urgentes a todas mis preguntas. Es lo que Jon Kabat Zinn llamó la catástrofe total en su libro «Vivir con plenitud las crisis».

La meditación zen, y después la meditación mindfulness me dio las respuestas que necesitaba en aquel momento, y literalmente cambió mi vida para siempre. Desde entonces he ido ganando progresivamente claridad sobre mis metas, sobre mis valores, sobre mi propósito vital. Y he ido logrando estar más en el presente, disfrutando del momento, de las pequeñas experiencias de cada día, lo que ha aumentado mi felicidad. Es decir, que el mindfulness ha inundado mi vida personal y profesional.

Pero ¿Cómo podemos saber si estamos cultivando el mindfulness en nuestra vida cotidiana? Voy a poner varios ejemplos muy concretos, que pueden servir también de pautas prácticas de aplicación:

  • Dedica unos 10 minutos al día a estar solo contigo mismo, en silencio, inmóvil, simplemente tratando de prestar atención al momento presente sin juicios y con aceptación (a tu respiración, a tus sensaciones en el cuerpo, a los sonidos, a tus pensamientos y emociones).
  • Procura levantarte con tiempo suficiente para no ir corriendo a todas partes, y angustiado por la posibilidad de llegar tarde al trabajo.
  • Cuando desayunes, presta atención a la preparación y luego trata de saborear lo que comas. Observa los colores, la textura, el olor de lo que estés comiendo, y luego céntrate en saborearlo. Evita poner la radio, la TV o mirar el móvil mientras estés desayunando.
  • Cuando vayas conduciendo a tu trabajo, concéntrate en conducir y trata de ir más despacio de lo habitual, respetando al resto de conductores, las señales de velocidad, etc.
  • En tu trabajo, saluda a tus compañeros conscientemente, no como una fórmula protocolaria. Pregúntales qué tal están de forma sincera y auténtica.
  • Pregúntate frecuentemente durante el día «¿Qué emoción siento?» y ponle un nombre a tu emoción: alegría, frustración, orgullo, tranquilidad, estrés, etc.
  • En tu trabajo, márcate dos objetivos importantes para ti a lograr en el día. dichos objetivos deben ser muy alcanzables. Y planifícate el día para lograr estos dos objetivos. Si es necesario y posible, libérate tareas poco importantes para dejar espacio a estos dos objetivos importantes.
  • Durante el día, prográmate hacer pausas productivas de 5 minutos cada hora y media de trabajo, con el fin de hacer varias respiraciones conscientes, o para levantarte de tu silla y estirarte o darte un paseo. Esto hará que tu concentración sea máxima durante todo el día.
  • Cuando estés enfocado en una tarea importante en tu trabajo, trata de no distraerte con los correos electrónicos o whatsaps que van llegando a tu móvil. Si te cuesta trabajo, cierra el programa de correo durante una hora o más, y mete el móvil en un cajón para no verlo.
  • Si asistes a una reunión, concentra toda tu atención en la reunión, escuchando al resto de participantes, y aportando tus ideas de forma proactiva, evitando consultar tu móvil o dejar que tu mente se distraiga con otros temas fuera de la reunión.
  • Evita abrir varios frentes en tu trabajo cayendo en el improductivo hábito de la multitarea.
  • Si sientes estrés porque tu mente genera pensamientos negativos relacionados con el futuro (preocupaciones, tareas pendientes) ocúpate de lo que tengas que ocuparte y después vuelve a centrarte en el trabajo con máxima atención.
  • Cada vez que tu mente se marche al futuro (recuerdos, preocupaciones) o al pasado (rumiación) vuelve a traerla al momento presente, al aquí y ahora. Quizá te ayude conectar con tu respiración, haciendo varias respiraciones conscientes.
  • Cuando vuelvas a casa, aparca el coche en el garage de tu casa, apaga el motor y dedica 5 minutos, con los ojos cerrados, a sentir tu respiración. Eso te ayudará a desintoxicarte del estrés del día, y entrar a tu vida familiar más sereno y centrado.
  • Escucha con atención plena a tu pareja, a tus hijos, cuando te cuenten sus experiencias del día, evitando juzgarles o tratando de darles rápidamente tus consejos y opiniones. Sólo escucha con empatía y compasión.
  • En la cena, procura que toda tu familia esté presente, evitando móviles, TV o cualquier otra distracción.
  • En general, ¡deja de mirar al móvil cada 5 minutos! Empieza tu desintoxicación digital hoy mismo.

Podría continuar, pero seguro que ya puedes hacerte una idea de la enorme aplicabilidad del mindfulness para aumentar nuestra felicidad y nuestra eficiencia en el trabajo. Siempre digo que el mindfulness es aplicable desde el minuto 1 de nuestra vida. En cualquier momento podemos poner la atención en el aquí y ahora, con curiosidad, sin juicios, con aceptación y con amabilidad. Esa atención plena tan especial cambiará totalmente nuestra percepción de los demás, de las experiencias diarias, de nosotros mismos como individuos.

Puedes empezar a practicar desde ahora mismo. ¿Dónde estás? ¿Qué estás haciendo? Sea lo que sea, dirige toda tu atención al presente, a lo que estés haciendo o lo que estés sintiendo y experimentando en tu mente y cuerpo. Y no dejes que tu mente lo contamine con juicios, expectativas o deseos. Simplemente, vive ese momento con la mayor plenitud.

Si quieres aprender los fundamentos y técnicas de la meditación Mindfulness, apúntate a la 10ª edición de nuestro próximo taller, el 1 de febrero de 2020 en Madrid ¡Aún quedan plazas! En el siguiente link tienes toda la información. Curso de Mindfulness (atención plena).

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Prepárate para el gran cambio que viene

Recientemente he leído el libro «La sociedad de coste marginal cero» de Jeremy Rifkin, uno de los pensadores sociales más importantes del mundo. Curiosamente, fue el libro que ganó el Premio Knowsquare al mejor libro de empresa en 2014, el año en que mi libro «El hombre que se atrevió a soñar» fue finalista al mismo premio. En el libro el autor habla de los elementos clave que nos indican que ya estamos en la Tercera Revolución industrial, y defiende que en los próximos veinticinco años esta Revolución se asentará y consolidará. Esto quiere decir que todos vamos a vivir muchos cambios, tanto en nuestras vidas como en nuestras carreras profesionales. Da igual a qué nos dediquemos, el cambio va a ser profundo y debemos estar preparados, porque de lo contrario será como un tsunami que nos engullirá con su enorme fuerza y nos zarandeará como si fuéramos marionetas. Y eso significa mucho sufrimiento.

La gran Ola de Kanagawa. Artista: Katsushika Hokusai

A nuestro cerebro no le gustan nada los cambios. De hecho, se estresa notablemente con cada cambio que tiene que digerir. Y más aún cuando nos confiamos demasiado y nos dejamos envolver por nuestra zona de confort. Es ahí donde la gran ola nos puede destruir.

La revolución tecnológica que ya llevamos viviendo desde hace décadas está transformando nuestras vidas y nuestros trabajos. Puede que en los próximos años millones de personas se queden sin trabajo por la robotización de las empresas. Los robots, la inteligencia artificial, y en general el Internet de las cosas producirá un incremento espectacular de la productividad, aparte de mejorar la calidad de nuestra vida a niveles impresionantes, ya que según Rifkin, podremos satisfacer la mayoría de nuestras necesidades a un coste cercano a cero.

También viviremos en un mundo mucho más transparente, donde nuestra información privada circulará de forma libre por la red, porque nosotros mismos lo hemos permitido e incluso potenciado, a través de las redes sociales y otros instrumentos. Eso implica una mayor vulnerabilidad porque se puede vender o mal utilizar dicha información. Aun así, yo soy muy optimista respecto a toda esta revolución y no lo veo como algo apocalíptico, como muchas personas. Yo veo muchas más oportunidades que amenazas. De hecho, me siento muy emocionado por todo lo va a suceder las próximas décadas, me apasiona y estimula.

Desde luego, muchas personas que están instaladas en el conformismo lo van a pasar realmente mal. Probablemente se queden sin trabajo y sin ingresos, y o bien reaccionan o bien se hundirán. Sin embargo, otras muchas personas sabrán interpretar y reaccionar ante lo que se avecina, y podrán generar abundancia y riqueza. ¿De qué depende el hecho de beneficiarse e incluso disfrutar de los futuros cambios? ¿Cómo podemos prepararnos para el cambio constante? A continuación, detallo 4 claves para prepararse para la revolución que viene y salir exitoso:

  1. Mantente alerta a las tendencias.
    Es obvio que si te enteras de las tendencias más importantes relacionadas con tu profesión, y más en general, con las tendencias sociales y económicas, te podrás anticipar y tomar decisiones que pueden ser decisivas para tu éxito profesional. Para ello, apúntate a webs, publicaciones y newsletters que te aporten ese conocimiento actualizado de lo que está sucediendo en el mundo. Focalízate en las lecturas, porque no es cuestión de ver las noticias y el telediario todos los días, eso lo que hará es confundirte con noticias superficiales y darte una visión catastrofista del mundo, que no sirve para nada. Debes ser muy selectivo con lo que lees, recuerda que el tiempo es tu recurso más valioso. Así que bórrate de las publicaciones o newsletters que no te aportan nada, y dedica un tiempo específico a la semana a leer artículos o libros que te den una visión global de las innovaciones que se estén produciendo. En los últimos 10 años he leído mucho sobre temas tan diversos como finanzas e inversiones, meditación, innovación, psicología, dirección de empresas y negocios, sociología, etc.
  2. Fórmate con foco y constancia.
    Asiste a conferencias y cursos, ya sea presenciales o en Internet, no sólo de tu profesión sino de otras áreas que puedan darte una visión más global. Hoy todo está interconectado, y puede que consigas detectar algo importante para tu trabajo en una ponencia sobre algo diferente (por ejemplo, sobre tendencias sociales, sobre psicología, sobre finanzas). La formación continuada es clave para estar preparado para los cambios, ya que aprendiendo cosas nuevas obligamos al cerebro a estar activo, a no instalarse en la comodidad y al mismo tiempo estamos formándonos en disciplinas que nos pueden dar una ventaja competitiva en el mercado. Aunque también es verdad que debemos focalizarnos. Conozco a muchas personas demasiado obsesionadas con formarse constantemente en cualquier cosa que aparezca en el mercado, y al final terminan dispersándose con muchas disciplinas y temáticas diferentes, lo que aumenta su confusión.
  3. Cultiva la curiosidad
    El mundo siempre ha sido de los curiosos, y de hecho, el ser humano ha realizado los más grandes avances de la historia gracias a la curiosidad. Y sin duda el futuro seguirá siendo de los curiosos. Sin embargo, la falta de curiosidad es uno de nuestros grandes males. Cuanto más vamos creciendo, nuestro cerebro se va cerrando cada vez más a lo nuevo, y aparecen esos pensamientos de «Esto ya lo sé» o «Esto ya lo he probado» o «Esto es verdad», «Esto es mentira», etc. Cuando nos instalamos en las ideas preconcebidas, en nuestras convicciones más firmes, aparece la rigidez mental que nos impide curiosear y descubrir la pepita de oro que se esconde en el fondo del lago. La experiencia está sobrevalorada, en mi opinión. Creo que debemos recuperar la capacidad de ver las cosas como si fuera la primera vez, la mente de principiante que nos recomienda la filosofía zen. Porque la falta de curiosidad es como una venda que nos ponemos en los ojos, que nos impide detectar oportunidades clave para nuestro futuro éxito. El mindfulness es un entrenamiento mental donde desarrollamos, entre otras cualidades, la curiosidad.
  4. Abre la mente para ver lo positivo.
    Como decía antes, yo estoy muy excitado respecto a lo que se avecina en el mundo las próximas décadas, y también estoy listo para cambiar todo lo necesario para adaptarme a esos cambios. Ya lo he hecho de forma constante en los últimos 12 años, desde que abandoné mi carrera como publicista y empecé en una nueva profesión que en aquel momento prácticamente nadie conocía: el coaching. Después, he tenido que adaptarme a numerosos cambios y desafíos, y a detectar en un momento clave el auge del mindfulness para convertirme en uno de los mayores expertos en la materia en España. Estoy convencido de que esta actitud abierta y positiva me seguirá aportando una gran ventaja competitiva respecto a las personas que ven esta revolución social, económica, tecnológica e industrial como algo catastrófico o amenazante. El miedo es una emoción muy dañina cuando nos domina y paraliza. Sin embargo, mantener la apertura mental y el foco en las oportunidades de esta revolución nos genera una emoción de confianza, de tranquilidad. Y la confianza es un estado mental mucho más productivo y creativo que el miedo.

Si empiezas desde ya a tomar decisiones y acciones en los 4 puntos clave, y los mantienes toda tu vida, estarás preparado para el cambio constante y brutal que se avecina. Y en lugar de que el tsunami te arrase, serás capaz de bucear por debajo de la gran ola, e incluso surfear y disfrutar de ella.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Lista de cosas para dejar de hacer

Vivimos en un mundo de hacedores humanos. Nos pasamos el día haciendo mil cosas a toda velocidad, sin pararnos un momento a descansar, a tomar conciencia de qué estamos haciendo, de cómo lo estoy haciendo, o para qué. Como no nos da tiempo, caemos frecuentemente en la multitarea, que genera improductividad y una degradación de nuestra atención y concentración, y por tanto, un deterioro de la calidad de nuestro trabajo o ejecución de tareas. Además, esa actitud nos estresa y genera ansiedad, además de destruir lentamente nuestra autoestima y autoconfianza.

Es como una carrera sin fin, una huida hacia adelante de nuestro ser. Porque como dice la maestra Zen Ginny Whitelaw, autora del libro «El líder Zen», cuanto más estamos en el «hacer», menos estamos en el «ser».

¿Realmente son tan importantes las tareas y actividades a las que dedicamos nuestro valiosísimo tiempo diario? Desde luego que no. Al contrario, la mayoría de ellas son bastante superfluas, por no decir estúpidas. Derrochamos el tiempo con actividades que no nos aportan nada positivo. Y convenzámonos de una vez por todas: no hay tiempo para hacer todas las cosas que queremos. El tiempo es limitado, sólo tenemos 1440 minutos cada día, y no son recuperables.

Jim Collins, autor del excelente libro «Empresas que sobresalen», propone una idea genial: confeccionar una lista de cosas para dejar de hacer. La idea surgió porque uno de sus asesores le hizo la siguiente pregunta:

«Imagina que te han diagnosticado una enfermedad rara e incurable, y que sólo te quedan 10 años de vida. ¿Qué harías de otra manera? Y concretamente. ¿Qué dejarías de hacer?»

A Jim le pareció una idea asombrosa y poderosa, y desde entonces, todos los años redacta una lista de cosas para dejar de hacer. ¿No es genial? Todos necesitamos realizar este ejercicio de reflexión, porque la sociedad y nuestra educación nos llevan, sin darnos cuenta, a una vida basada en el hacer y el resultado final,  y no en el ser ni en el proceso. Por eso, es tan habitual que no nos permitamos ni cinco minutos de «no hacer nada», lo cual es tremendamente reparador y mentalmente muy sano.

Te sugiero, por tanto, que en primer lugar te imagines que vas a morir dentro de 10 años. Dijo Steve Jobs que «la muerte es el mejor invento de la vida», en su famoso discurso de Stanford. Y es verdad. Porque nos quita toda la tontería que llevamos encima, y nos proporciona la adecuada perspectiva darnos cuenta de la poca importancia que tienen las cientos de actividades y tareas que realizamos en el día. Nos da la perspectiva para vivir la vida con mayúsculas, aprovechando cada minuto con plenitud.

Con esa perspectiva de que tu tiempo es limitado (que es totalmente cierto), empezarás a discriminar, y a eliminar tareas poco importantes. Pero hay que atreverse. Porque los demás están acostumbrados a vernos en el modo multitarea, sin parar, sin descansar. Y de pronto van a desconfiar de un cambio tan profundo. Pero es cuestión de tiempo, de reeducar a los demás, incluso diría de influenciarles mediante el ejemplo personal. Algunas tareas clásicas de este listado de cosas para dejar de hacer podrían ser:

– Ir a reuniones de trabajo o compromisos sociales que no te aportan nada.
– Ver la TV por inercia, simplemente para no tener que pensar.
– Leer los 150 e-mails que recibes cada día. ¿Es realmente necesario? Un 80% de ellos no son importantes, recuérdalo.
– Hacer un montón de tareas que podrías delegar o simplemente, no hacer y no pasaría nada.
– Trabajar 10 o 12 horas diarias. ¿Para qué?
– Ir a hacer deporte a toda prisa, con estrés, para volver corriendo a la oficina.
– Comer un sandwich de máquina en 10 minutos para seguir trabajando y terminar todo lo pendiente.
– Y en casa, si quisiéramos, podríamos estar haciendo cosas las 24 horas: limpiar, ordenar, arreglar, recolocar, etc.

Si nos comprometemos con el listado de cosas para dejar de hacer, y vamos tachando tareas y cosas de la lista, nos daremos cuenta de que «no pasa nada», y nos reíremos cariñosamente de nosotros mismos, de nuestra ingenuidad (creer que todo era tan importante y crítico, qué estupidez!). Y sentiremos una claridad mental y una libertad hasta entonces desconocidas. Lo digo por experiencia propia.

Empieza a escribir tu listado personal. También lo puedes llamar el listado de tus escapes de energía, es decir, todo lo que haces y te quita energía en el día a día, tanto en tu trabajo como en tu vida personal. Jim Collins dice en su libro que desde que empezó a hacerlo, lo ha repetido cada año. Porque cada año cambian mucho las cosas, surgen nuevos desafíos y problemas, y debemos revisar y actualizar el listado. Siempre con el objetivo de asegurarnos de que estamos dedicando nuestro tiempo y energía a lo que realmente merece la pena, a lo que nos aporta algo valioso, a lo que contribuye a que vivamos una vida más plena y feliz. Y sobre todo, para conectar con nuestro Ser, del que nos hemos ido alejando desde hace muchos, muchos años. Y por eso hemos perdido nuestra motivación, nuestra energía y nuestra ilusión de antaño. La buena noticia es que tu Ser sigue ahí, esperándote a que dejes de empantanarte con miles de tareas inútiles que te alejan de ti mismo y de tu potencial.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 7 pensamientos más estresantes

Según numerosos estudios, el estrés y la ansiedad han aumentado un 25% en los últimos 20 años. Y lo que se consideraba en los años 80 del siglo XX como un caso clínico y patológico de estrés, hoy se considera un nivel normal de estrés. El estrés destruye neuronas de nuestro cerebro con una gran velocidad, deteriora nuestro sistema inmunológico, reduce drásticamente nuestra concentración y rendimiento en el trabajo, y la calidad de nuestra vida.

Cuando hablamos de lo estresados que estamos en nuestra vida, siempre acudimos a los tópicos: la sociedad, el tráfico, el trabajo, mi jefe, el correo electrónico, los grupos de Whatsapp y sus interminables cadenas de mensajes, mi pareja, mis hijos, etc.

Sin embargo, esto no son más que balones fuera que echamos para no asumir la verdadera responsabilidad de nuestro estrés: nosotros. El enemigo no está fuera, sino dentro, y es un enemigo muy poderoso, porque conoce con toda precisión nuestros puntos débiles. Como digo, el enemigo somos nosotros mismos.

¿Y cómo nos generamos estrés? Casi en un 95% proviene de nuestros propios pensamientos incontrolados. Los pensamientos son la mayor fuente de estrés y ansiedad que tenemos. El problema es, en primer lugar, que no somos conscientes de dichos pensamientos, ni de la cantidad ni de la calidad de los mismos. Vamos por la vida con el piloto automático generando millones de pensamientos sin darnos cuenta del impacto brutal que tienen en la calidad de nuestra vida.

El segundo problema es que, además, nos creemos nuestros pensamientos. Es decir, creemos que son la realidad. Y eso hace que nuestra visión de dicha realidad esté totalmente distorsionada por esos pensamientos cambiantes que genera nuestra mente. Pero, ¿Todos los pensamientos son destructivos y estresantes? No, desde luego. ¿Y entonces, qué pensamientos son los verdaderos enemigos, los generadores del estrés continuo y destructivo que sufrimos? Según mi experiencia e investigación durante los últimos 10 años sobre el estrés, hay 7 pensamientos fundamentales que nos generan un enorme nivel de estrés y ansiedad (la ansiedad es el estrés que continúa después de que el factor estresante ha desaparecido). Son los siguientes:

1. Tengo que ser perfecto. Exceso de autoexigencia o perfeccionismo. No me permito equivocarme ni cometer errores, y tampoco me permite disfrutar de nada, al no estar nunca satisfecho de mí mismo ni de lo que hago.

2. Puedo controlarlo todo. Creemos que podemos controlarlo todo en nuestra vida para que cumpla con nuestras expectativas y deseos, y eso es imposible. Hay una parte enorme de situaciones, personas y circunstancias que no dependen de nosotros, y aún así nos empeñamos en querer tenerlo bajo control. Con este pensamiento tenemos garantizado el estrés intenso toda la vida.

3. No puedo, no soy capaz. La creencia de incapacidad es muy limitante y estresante. Cuando pensamos que no somos capaces de conseguir algo, estamos dañando nuestra autoestima, y generando estrés y ansiedad.

4. El pasado. «¿Por qué tomé esa decisión?» «¿Por qué me tuvo que suceder a mí?» «Tenía que haber reaccionado de otra forma», etc. Pensamientos sobre el pasado que ya no se puede cambiar. Nos generamos mucha ansiedad revolcándonos y rebozándonos en el fango de las experiencias o decisiones negativas del pasado. Una cosa es aprender del pasado, y otra es torturarse por cosas que ya no se pueden cambiar.

5. El futuro. «¿Y si…?» Si no estamos estresados por el pasado, estamos agobiados por el futuro, anticipando cosas negativas que pueden suceder en el futuro. La mayoría de las veces nunca suceden, y sin embargo nos hacemos mucho daño. Una cosa es ocuparse de un asunto, y otra muy distinta es preocuparse. Somos expertos en generarnos una enorme burbuja de problemas ficticios que nunca llegan a suceder.

6. Todo es importante y urgente. Creer que todo es de vida y muerte, aunque sea un ridículo e-mail, nos hace estar en un estado de permanente estrés, de consecuencias nefastas para nuestro rendimiento y para nuestra felicidad (por no hablar de los efectos en la salud). Hay muy pocas cosas importantes, y casi nada urgente. Despertemos de esta locura absurda.

7. Tengo razón. Cuando me empeño en tener razón estoy generándome estrés a mí mismo, y en las relaciones con los demás. Hay una frase que dice: «¿Qué eliges en la vida, tener razón o ser feliz?». Cuando estás convencido de que tienes razón, tratarás de convencer, e incluso imponer, tu punto de vista al otro. Pero normalmente la otra persona también creerá que tiene razón, y en el choque de ambos egos se produce el conflicto y la infelicidad.

Espero que este listado te haya ayudado a clarificar con qué pensamientos te generas más ansiedad. Seguro que has identificado varios de ellos, si no todos. Lo primero que debemos hacer es permanecer atentos para detectar cuanto antes dichos pensamientos en mi mente, para entonces empezar a distanciarse de ellos, cuestionarlos y relativizarlos. Te aseguro que tu vida puede empezar a dar un cambio radical. Ya sabes:

Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus actos,
y tus actos se convertirán en tus costumbres.
Tus costumbres configurarán tu carácter,
y el carácter marcará tu destino y tu vida.
Por lo tanto, tus pensamientos se convertirán en tu vida.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Las 10 causas que desmotivan a los equipos

Este año seré uno de los ponentes de Expocoaching, la Feria más importante sobre el sector del coaching que se celebra en España. Será el próximo sábado 25 de abril sobre las 12.30 h. cuando impartiré la conferencia «Coaching de equipos de alto rendimiento». Después de la conferencia, firmaré ejemplares de mi último libro «El hombre que se atrevió a soñar».
Reflexionando sobre los equipos de alto rendimiento he recopilado las 10 causas que desmotivan a los equipos, y que les impiden obtener los resultados extraordinarios que podrían llegar a lograr. Esta recopilación está basada en la experiencia directa que he vivido con equipos reales y profesionales a los que he acompañado a lo largo de los últimos 10 años, a través de coaching y otras acciones de desarrollo. Los propios equipos son los que me han transmitido qué les faltaba, qué necesitaban, qué les desmoralizaba, desesperaba o enfadaba. Repasemos las 10 causas principales:

  1. No hay una visión conocida y compartida.
  2. No se reconoce el esfuerzo, el trabajo bien hecho, los pequeños logros.
  3. No hay desarrollo profesional.
  4. No se permite opinar con libertad ni se promueve la participación en las decisiones.
  5. No hay autonomía para tomar decisiones (No se delega).
  6. No hay interés por la parte humana de los profesionales (necesidades, inquietudes, conciliación vida personal…)
  7. Falta de flexibilidad (horarios, forma de trabajar).
  8. Falta de comunicación constante de decisiones, acciones, visión, valores.
  9. Pérdida de tiempo (reuniones eternas o sin convocar, demasiados e-mails…)
  10. Personas tóxicas, conflictivas, agresivas o quejicas.

Las personas que forman los equipos necesitan un rumbo motivador hacia el que avanzar, necesitan sentir que las tareas que realizan contribuyen a algo valioso, quieren sentirse importantes y valiosos. Por tanto, cuando no se les da espacios para aportar su creatividad, para opinar, para tomar decisiones con autonomía, se desenganchan del proyecto empresarial. Cuando no ven caminos para aprender y desarrollarse como profesionales, o no se les comunican las informaciones y decisiones importantes de la empresa, dejan de comprometerse con ella y sus directivos.

La visión, misión y valores no son frases bonitas para exponer en la página web, o para cumplir con el protocolo de empresa responsable y profesional. Es mucho más. La visión y misión debe ser una herramienta fundamental, permanentemente comunicada, recordada y aterrizada en acciones y decisiones, así como los valores, que deben concretarse en conductas y actitudes específicas de los profesionales en el día a día. De lo contrario, sólo son palabras tan bonitas como superficiales.

Quizá estás en otra situación: crees que tus profesionales están motivados y contentos, y sin embargo, no es así. Quizá porque nunca te has preocupado de generar espacios donde puedan expresarse con total tranquilidad. O les has preguntado pero no dicen nada negativo, tal vez porque no hay confianza, quizá porque tienen miedo a hablar.

Si eres un responsable de un equipo, o el director general de una compañía, por favor reflexiona con honestidad y autocrítica sobre los 10 puntos, para ver en qué estás fallando tú o los directivos de tu empresa. Te pido que no culpes a la gente, no descargues la responsabilidad en tus profesionales, sino que asumas la parte de responsabilidad que tienes en esta situación, y que comiences a tomar decisiones y acciones con el fin de resolver los puntos que estén desmotivando a tus empleados. Al fin y al cabo, tú y tu empresa también estáis pagando las consecuencias ¿No?

Si te interesa seguir profundizando en los equipos de alto rendimiento, ven a mi conferencia en Expocoaching, donde compartiré más claves y herramientas para potenciar la productividad de los equipos, para aumentar su motivación y sus capacidades, con el fin de alcanzar resultados extraordinarios. Si te interesa el desarrollo personal y profesional, no te puedes perder Expocoaching! Anímate y compra tu entrada. Te espero!

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