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Autoexigencia = Estrés y sufrimiento

Nos han educado para ser autoexigentes, para presionarnos y dar lo mejor de nosotros mismos. Nuestros padres y profesores, y después nuestros jefes y mentores, nos han enseñado que debemos estar alerta para competir al máximo porque de lo contrario fracasaremos y otros más autoexigentes nos adelantarán en la carrera de la vida. Y esa programación que hemos recibido en nuestro cerebro continúa durante toda nuestra vida, en el inconsciente, haciendo el trabajo de presionarnos y exigirnos más de lo que es sano y razonable. Ni siquiera nos damos cuenta de los cientos de comportamientos y actitudes que provoca la autoexigencia.

Está claro que la autoexigencia tiene y ha tenido efectos beneficiosos, nos ha obligado a salir de nuestra zona de confort, nos ha llevado a nuestros éxitos en la vida y en la carrera profesional. Esto no lo pongo en duda. La exigencia, en su justa medida, es necesaria para mejorar. Sin embargo, ¿Dónde está la justa medida? Es muy difícil de medir y controlar para evitar los efectos perversos de la exigencia.

La autoexigencia nos lleva a no valorar adecuadamente nuestros logros, a focalizarnos obsesivamente en lo que falta en nuestra vida, en lo que no está completo, en lugar de centrarnos en lo que hemos conseguido avanzar, en todo lo que hemos mejorado. Ahí comienzan los efectos perniciosos de la exigencia.

Exigencia o Excelencia. La exigencia es querer hacerlo todo perfecto desde ahora mismo (así que está anclado en el corto plazo), mientras que la excelencia no busca la perfección inmediata, sino que se centra en la mejora en el largo plazo. Cuando buscamos la excelencia, no nos importa cometer errores porque forman parte de esa mejora, mientras que cuando estamos esclavizados por la exigencia no nos permitimos los errores ni los fracasos. Eso hace que la exigencia, paradójicamente, nos impida mejorar verdaderamente en cualquier ámbito (deporte, una tarea compleja, una habilidad interpersonal) porque la esencia de la mejora continua se basa en la prueba-error. Cuando probamos conductas o acciones nuevas, estamos saliendo de la zona de confort, y aprendemos. A veces, estas pruebas resultan exitosas y otras fallidas, pero el hecho de aceptar los errores como parte del proceso de aprendizaje y mejora es clave.

Sin embargo, la exigencia nos bloquea y paraliza en un círculo vicioso en el cual no avanzamos porque nos obsesionamos con no tropezar, con evitar el error. Y por supuesto, si fallamos, la autoexigencia nos lleva a machacarnos, a castigarnos y fustigarnos sin piedad. Así que nuestro cerebro sigue potenciando el aprendizaje de que no debe probar cosas nuevas porque el simple hecho de probar supone la probabilidad del error.

Conclusión: busquemos la excelencia y no la exigencia de la perfección. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, mientras que la exigencia se centra en el resultado a corto plazo. La excelencia tiene paciencia, la exigencia no. Y el alto rendimiento necesita paciencia.

Exigencia o Preferencia. La maestra zen Charlotte Joko Beck, autora de uno de mis libros de cabecera, “La vida tal y como es”, dice que no es lo mismo exigir que preferir. Cuando exigimos a la vida algo y no nos da lo que queremos, nos estresamos y nos desesperamos. Esa es la actitud habitual de los seres humanos, como si la vida nos debiera esto o aquello. La vida no nos debe nada y el hecho de exigir que nuestra vida sea perfecta, divertida, tranquila y placentera siempre nos hace rígidos, y nos genera un enorme sufrimiento cuando las cosas no son como esperábamos.

Charlotte dice que, por el contrario, la preferencia es normal y mucho más sana. Todos preferimos, obviamente, conseguir nuestras metas, tener una vida tranquila y feliz, que nos vaya bien en nuestras relaciones sociales, etc. Pero la preferencia no implica tensión, como ocurre con la exigencia. Cuando preferimos que las cosas sean de una manera y luego resulta que son diferentes, es normal que sintamos tristeza, enfado, frustración, pero será en una intensidad muchísimo menor que si nuestra actitud fuera la exigencia. Seremos más capaces de aceptar positivamente las adversidades y dificultades, y de relacionarnos con la vida de forma mucho más sana. Por lo tanto, si queremos vivir una vida menos estresante y con menos sufrimiento, debemos dejar de exigir, y sustituirlo por preferir.

Exigencia o petición. La exigencia se traslada inevitablemente a nuestras relaciones personales y profesionales, donde hemos aprendido a exigir, y nos hemos hecho adictos. Exigimos a nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros familiares y a nuestros compañeros de trabajo que se comporten como nosotros pensamos que es lo correcto, sobre todo si tenemos una posición de poder respecto a ellos (por ejemplo, con un hijo o con un subordinado en el trabajo). Pero ¿Quiénes somos nosotros para pensar que estamos en lo correcto? ¿Quienes somos para creer que tenemos la verdad?

Cuando exigimos, generamos tensión, conflictos, agresividad, y después la gente se aleja de nosotros, se distancia, y deja de confiar en nosotros. Por el contrario, tenemos todo el derecho a manifestar nuestra opinión, preferencias, necesidades y emociones. Y tenemos derecho a pedir un cambio de comportamiento, pero no a exigir un cambio de comportamiento.

Y ¿Cómo sabemos que estamos haciendo una petición en lugar de una exigencia? Claramente, como nos dijo el psicólogo Marshall Rosenberg con su Modelo de Comunicación No Violenta, sabemos que estamos exigiendo si castigamos (de forma obvia o sutil) a la otra persona si no cumple nuestra exigencia. Hay diversas maneras de castigar a los demás cuando no cumplen nuestras exigencias: manteniéndonos distantes emocionalmente, dejando de hablarles, o bien gritándoles, juzgándoles, culpándoles, amenazándoles o insultándoles.

Mientras, manifestando nuestra petición, si la otra persona no cumple lo que hemos pedido, no trataremos de dañarla, o vengarnos de ella. Aceptaremos que tiene todo el derecho a tomar sus decisiones y a comportarse como elija en su vida. Obviamente, si ese comportamiento nos afecta y nos produce un daño importante, tendremos que hacer algo para evitar ese daño. Nosotros también tenemos derecho a tomar nuestras decisiones y conductas, siempre que no busquemos hacer daño al otro.

Te animo, como conclusión a este post, a que reflexiones sobre estas preguntas:

  • ¿Estás exigiendo algo a la vida? ¿Qué consecuencias tiene esta exigencia?
  • ¿Estás exigiendo o pidiendo en tus relaciones personales o profesionales? ¿Qué haces si no cumplen con tus exigencias? ¿Qué consecuencias tiene?

Preferir en lugar de exigir, pedir en lugar de exigir, buscar la excelencia en lugar de la perfección. Vivirás más tranquilo y feliz, y conseguirás tus metas de forma más sencilla y sin tanto sufrimiento.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Prepárate para el gran cambio que viene

Recientemente he leído el libro “La sociedad de coste marginal cero” de Jeremy Rifkin, uno de los pensadores sociales más importantes del mundo. Curiosamente, fue el libro que ganó el Premio Knowsquare al mejor libro de empresa en 2014, el año en que mi libro “El hombre que se atrevió a soñar” fue finalista al mismo premio. En el libro el autor habla de los elementos clave que nos indican que ya estamos en la Tercera Revolución industrial, y defiende que en los próximos veinticinco años esta Revolución se asentará y consolidará. Esto quiere decir que todos vamos a vivir muchos cambios, tanto en nuestras vidas como en nuestras carreras profesionales. Da igual a qué nos dediquemos, el cambio va a ser profundo y debemos estar preparados, porque de lo contrario será como un tsunami que nos engullirá con su enorme fuerza y nos zarandeará como si fuéramos marionetas. Y eso significa mucho sufrimiento.

La gran Ola de Kanagawa. Artista: Katsushika Hokusai

A nuestro cerebro no le gustan nada los cambios. De hecho, se estresa notablemente con cada cambio que tiene que digerir. Y más aún cuando nos confiamos demasiado y nos dejamos envolver por nuestra zona de confort. Es ahí donde la gran ola nos puede destruir.

La revolución tecnológica que ya llevamos viviendo desde hace décadas está transformando nuestras vidas y nuestros trabajos. Puede que en los próximos años millones de personas se queden sin trabajo por la robotización de las empresas. Los robots, la inteligencia artificial, y en general el Internet de las cosas producirá un incremento espectacular de la productividad, aparte de mejorar la calidad de nuestra vida a niveles impresionantes, ya que según Rifkin, podremos satisfacer la mayoría de nuestras necesidades a un coste cercano a cero.

También viviremos en un mundo mucho más transparente, donde nuestra información privada circulará de forma libre por la red, porque nosotros mismos lo hemos permitido e incluso potenciado, a través de las redes sociales y otros instrumentos. Eso implica una mayor vulnerabilidad porque se puede vender o mal utilizar dicha información. Aun así, yo soy muy optimista respecto a toda esta revolución y no lo veo como algo apocalíptico, como muchas personas. Yo veo muchas más oportunidades que amenazas. De hecho, me siento muy emocionado por todo lo va a suceder las próximas décadas, me apasiona y estimula.

Desde luego, muchas personas que están instaladas en el conformismo lo van a pasar realmente mal. Probablemente se queden sin trabajo y sin ingresos, y o bien reaccionan o bien se hundirán. Sin embargo, otras muchas personas sabrán interpretar y reaccionar ante lo que se avecina, y podrán generar abundancia y riqueza. ¿De qué depende el hecho de beneficiarse e incluso disfrutar de los futuros cambios? ¿Cómo podemos prepararnos para el cambio constante? A continuación, detallo 4 claves para prepararse para la revolución que viene y salir exitoso:

  1. Mantente alerta a las tendencias.
    Es obvio que si te enteras de las tendencias más importantes relacionadas con tu profesión, y más en general, con las tendencias sociales y económicas, te podrás anticipar y tomar decisiones que pueden ser decisivas para tu éxito profesional. Para ello, apúntate a webs, publicaciones y newsletters que te aporten ese conocimiento actualizado de lo que está sucediendo en el mundo. Focalízate en las lecturas, porque no es cuestión de ver las noticias y el telediario todos los días, eso lo que hará es confundirte con noticias superficiales y darte una visión catastrofista del mundo, que no sirve para nada. Debes ser muy selectivo con lo que lees, recuerda que el tiempo es tu recurso más valioso. Así que bórrate de las publicaciones o newsletters que no te aportan nada, y dedica un tiempo específico a la semana a leer artículos o libros que te den una visión global de las innovaciones que se estén produciendo. En los últimos 10 años he leído mucho sobre temas tan diversos como finanzas e inversiones, meditación, innovación, psicología, dirección de empresas y negocios, sociología, etc.
  2. Fórmate con foco y constancia.
    Asiste a conferencias y cursos, ya sea presenciales o en Internet, no sólo de tu profesión sino de otras áreas que puedan darte una visión más global. Hoy todo está interconectado, y puede que consigas detectar algo importante para tu trabajo en una ponencia sobre algo diferente (por ejemplo, sobre tendencias sociales, sobre psicología, sobre finanzas). La formación continuada es clave para estar preparado para los cambios, ya que aprendiendo cosas nuevas obligamos al cerebro a estar activo, a no instalarse en la comodidad y al mismo tiempo estamos formándonos en disciplinas que nos pueden dar una ventaja competitiva en el mercado. Aunque también es verdad que debemos focalizarnos. Conozco a muchas personas demasiado obsesionadas con formarse constantemente en cualquier cosa que aparezca en el mercado, y al final terminan dispersándose con muchas disciplinas y temáticas diferentes, lo que aumenta su confusión.
  3. Cultiva la curiosidad
    El mundo siempre ha sido de los curiosos, y de hecho, el ser humano ha realizado los más grandes avances de la historia gracias a la curiosidad. Y sin duda el futuro seguirá siendo de los curiosos. Sin embargo, la falta de curiosidad es uno de nuestros grandes males. Cuanto más vamos creciendo, nuestro cerebro se va cerrando cada vez más a lo nuevo, y aparecen esos pensamientos de “Esto ya lo sé” o “Esto ya lo he probado” o “Esto es verdad”, “Esto es mentira”, etc. Cuando nos instalamos en las ideas preconcebidas, en nuestras convicciones más firmes, aparece la rigidez mental que nos impide curiosear y descubrir la pepita de oro que se esconde en el fondo del lago. La experiencia está sobrevalorada, en mi opinión. Creo que debemos recuperar la capacidad de ver las cosas como si fuera la primera vez, la mente de principiante que nos recomienda la filosofía zen. Porque la falta de curiosidad es como una venda que nos ponemos en los ojos, que nos impide detectar oportunidades clave para nuestro futuro éxito. El mindfulness es un entrenamiento mental donde desarrollamos, entre otras cualidades, la curiosidad.
  4. Abre la mente para ver lo positivo.
    Como decía antes, yo estoy muy excitado respecto a lo que se avecina en el mundo las próximas décadas, y también estoy listo para cambiar todo lo necesario para adaptarme a esos cambios. Ya lo he hecho de forma constante en los últimos 12 años, desde que abandoné mi carrera como publicista y empecé en una nueva profesión que en aquel momento prácticamente nadie conocía: el coaching. Después, he tenido que adaptarme a numerosos cambios y desafíos, y a detectar en un momento clave el auge del mindfulness para convertirme en uno de los mayores expertos en la materia en España. Estoy convencido de que esta actitud abierta y positiva me seguirá aportando una gran ventaja competitiva respecto a las personas que ven esta revolución social, económica, tecnológica e industrial como algo catastrófico o amenazante. El miedo es una emoción muy dañina cuando nos domina y paraliza. Sin embargo, mantener la apertura mental y el foco en las oportunidades de esta revolución nos genera una emoción de confianza, de tranquilidad. Y la confianza es un estado mental mucho más productivo y creativo que el miedo.

Si empiezas desde ya a tomar decisiones y acciones en los 4 puntos clave, y los mantienes toda tu vida, estarás preparado para el cambio constante y brutal que se avecina. Y en lugar de que el tsunami te arrase, serás capaz de bucear por debajo de la gran ola, e incluso surfear y disfrutar de ella.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Propósitos de nuevo año: ¿Cuantos lo consiguen?

¿Te has preguntado qué porcentaje de personas no cumplen sus propósitos de nuevo año? Cada vez que hago esta pregunta en la parte final de los cursos de Mindfulness que imparto en numerosas empresas, todos los participantes responden, entre sonrisas irónicas, que entre un 90% y un 99% no cumplen sus propósitos de nuevo año…

En Reino Unido se realizó esta misma pregunta a 3000 personas, y un 88% reconocieron que no habían cumplido sus propósitos de inicio de año. Es abrumador y realmente triste que prácticamente el 90% de la población no consiga sus objetivos. Entonces, ¿Para qué nos marcamos, año tras año, nuevos objetivos? ¿Para fracasar y sentirnos mal con nosotros mismos? Porque esta es la consecuencia de fracasar. Nos frustramos y desmotivamos, y eso nos lleva a pensar que no tenemos fuerza de voluntad, que no somos capaces, y cosas por el estilo que poco a poco van hundiendo nuestra autoestima. Es decir, es más serio de lo que parece.

Pero ¿Cual es la razón principal que declararon ese 88% del estudio? El motivo fundamental es que nos marcamos hitos demasiado ambiciosos a corto plazo. O dicho de otro modo, somos demasiado impacientes y poco realistas. Así que ¿Por qué no adoptamos la estrategia contraria? Es decir, marcarnos objetivos muy pequeños y poco ambiciosos al principio, y cuando los tengamos consolidados, continuamos avanzando y aumentando la dificultad de los mismos.

Lo más normal es que, si adoptamos esta estrategia de “pasitos pequeños constantes”, vayamos logrando pequeños éxitos, lo cual nos va a proporcionar motivación y autoconfianza, lo que desembocará en pensamientos positivos sobre nosotros (justo el proceso contrario al que describíamos anteriormente, tan destructivo e inútil). Es decir, se trata de jugar con una red de seguridad, de garantizarnos la imposibilidad de fracasar, y de ir aumentando nuestra autoestima poco a poco, pero de forma sólida.

El gurú del crecimiento personal Anthony Robbins dijo: “Nos subestimamos respecto a lo que podemos lograr en el largo plazo, y nos sobreestimamos respecto a lo que podemos conseguir a corto plazo”. Totalmente de acuerdo. Si no queremos formar parte de la legión de personas que se sienten fracasadas por no lograr, año tras año, sus propósitos de inicio de año, probemos por una vez la estrategia contraria a la habitual. Empecemos dando un pasito, y convirtámoslo en un hábito sólido antes de dar el siguiente pasito, y así sucesivamente.

Es mucho más fácil generar un hábito realizando avances pequeños y fáciles. Es la filosofía del Kaizen, metodología de origen japonés de hace 500 años, que luego se exportó a Occidente y al mundo empresarial con notable éxito (en la segunda guerra mundial, en la cadena de montaje de las fábricas de Toyota, en los procesos de calidad empresariales mediante la mejora continua…).

Además del kaizen (mejora continua a través de pequeñas mejoras o pasitos), es importante tener en cuenta que el cerebro funciona por repetición. Es decir, cuando queremos incorporar una acción o conducta como un hábito, debemos repetir dicha acción una y otra vez, hasta que nuestro cerebro ha generado las suficientes conexiones neuronales como para automatizarlo y pasarlo al inconsciente. Relacionado con esto, tenemos la teoría, validada por diversos estudios, de los 21 días consecutivos de media. Es decir, que para generar un hábito, debes repetir la misma acción unos 21 días consecutivos. Fue William James, el padre de la psicología moderna, quien defendió por primera vez esta teoría.

Si mezclamos el kaizen con la repetición de la conducta, es evidente que es mucho más fácil repetir 21 días consecutivos una acción sencilla y pequeña que una ambiciosa y compleja. Muchas personas empiezan con mucha fuerza con sus propósitos, pero luego se van deshinchando por el camino hasta que, pocos meses después, han vuelto al inicio. La razón es que es muy complicado repetir 21 días consecutivos un cambio demasiado grande. Sencillamente, al cerebro le cuesta enormemente sostener todo ese tiempo un gran cambio.

Conclusión. No tengas prisa ni impaciencia. Empieza poquito a poquito, márcate hitos totalmente alcanzables, incluso ridículamente sencillos y fáciles de conseguir. Y cuando notes que están consolidados, subes el siguiente escalón para consolidarlo de nuevo a través de la repetición. Aunque te parezca un proceso lento, te aseguro que no lo es. En poco tiempo te encontrarás inmerso en una nueva realidad, que te dará una gran confianza y motivación, que se extenderán a todas las facetas de tu vida y de tu trabajo. Y ya pertenecerás al selecto 20% de personas que sí logran sus propósitos de inicio de año.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Quieres ser un Líder o una Víctima?

Este fin de semana he asistido al 2º Leadership Forum de Galicia, el Congreso sobre liderazgo, habilidades directivas y coaching. El viernes me regalé el día para asistir a otras ponencias como oyente, y el sábado impartí mi conferencia “El líder Coach”. He tenido el honor de compartir ponencia con grandes referentes como Patricia Ramírez, Emilio Duró, Sergio Fernández, Alejandro Hernández o Mónica Esgueva.

 

Ya el año pasado impartí la ponencia “Zen Coaching”, y según los organizadores, fue una de las dos conferencias más valoradas por el público asistente el año pasado, y por ello me volvieron a invitar, lo cual para mí ha sido una doble satisfacción.

El Leadership Forum de Galicia se ha consolidado ya como un evento imprescindible para reflexionar sobre las últimas tendencias en coaching y liderazgo. La verdad es que, tanto este año como el pasado me he sentido fenomenal, me han acogido y atendido de forma muy cordial y amable, y la organización del congreso ha sido impecable, así que desde aquí doy la enhorabuena a los artífices de este evento.

Mi ponencia se basó en la necesidad de incorporar a la sociedad un nuevo estilo de liderazgo, basado en la filosofía del coaching. No sólo hablé del mundo de la empresa donde los directivos aún dirigen a sus equipos con el estilo obsoleto del control y jerarquía. También me referí a la capacidad de influencia que todos podemos ejercer sobre nuestro entorno si aplicamos las 5 claves que di en la conferencia. Porque el liderazgo no sólo se ejerce cuando uno tiene un equipo o está en un nivel jerárquico superior a otros. El liderazgo se desarrolla en todas las direcciones, y por tanto, podemos liderar a colegas del mismo nivel jerárquico que yo, podemos liderar a clientes, podemos liderar a nuestros jefes ¡Claro que sí!

Y sobre todo, podemos liderar nuestra vida. Para ello, debemos dejar de ser controladores y caprichosos, debemos abandonar nuestra tendencia obsesiva a que la vida esté al servicio de nuestros deseos y expectativas. Eso no funciona así. El Líder Coach es el que adopta una actitud de servir a la vida de la mejor manera posible, dando el máximo de sí mismo. En lugar de exigir y pedir a la vida, enfoca su energía en servir y dar a la vida todo lo que es y tiene.

Por ejemplo, si tienes un fracaso importante, la actitud de estar al servicio de lo que me pide la vida sería aceptar positivamente ese fracaso, y aprender de los errores cometidos, para a continuación seguir adelante con el máximo entusiasmo. Este enfoque es el de un líder. Lo contrario sería una actitud victimista, de quejarse de lo injusta que es la vida o las personas, de culpabilizar a otros, de echar balones fuera.

¿Y tú, qué actitud adoptas habitualmente? ¿Qué quieres ser en tu vida, un Líder o una Víctima?

¿Quieres conocer mis Cuentos cortos motivacionales? Descárgate los 5 primeros de la serie, todos tienen mucho que ver con el autoliderazgo del que hablo en este post. Descárgatelos de forma gratuita en este link: http://www.execoach.es/portfolio-item/cuentos-cortos/

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros Cuentos para adultos que quieren ser felices (Descárgatelos aquí) DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, ed. Díaz de Santos, 2008.

El pensamiento positivo

La pasada semana leí un artículo sobre una interesante investigación sobre el pensamiento positivoy sus peligros. En dicha investigación se revelaba que el pensamiento positivo eleva el ánimo, proporciona autoestima y motiva a las personas con un estado de ánimo positivo, mientras que hunde aún más a las personas que tienen falta de autoestima y desánimo general.

El pensamiento positivo es una filosofía ya tremendamente conocida y explotada hasta la saciedad por miles de libros de autoayuda, numerosos seminarios y conferenciantes motivacionales que garantizan la felicidad a las personas que acuden a ellos con la gran promesa de que se puede alcanzar el Santo Grial de la felicidad.

Yo mismo doy conferencias y cursos relacionados con la motivación. Estoy convencido de los beneficios del pensamiento positivo, y en mis conferencias explico cuales son las causas de la desmotivación, cómo podemos encontrar sentido a nuestras vidas, y qué hacer para sentir la máxima energía y motivación.

Sin embargo, una dosis de autocrítica general constructiva siempre viene bien. Y el estudio que mencionaba pone un punto de atención a esta vorágine de promesas maravillosas que se realizan, muchas veces de forma peligrosa y poco responsable.

Por mi parte, creo que el pensamiento positivo no es la panacea de la felicidad. Simplemente es una herramienta más, que se debe usar en determinadas situaciones y que no vale para todo. El hecho de prometer, como hace el pensamiento positivo, que toda persona tiene el control total de su destino es la mayor barbaridad del mundo, porque elimina una parte esencial de nuestra vida: lo que no depende de nosotros.

No estamos aislados del mundo, vivimos interconectados con millones de personas, que toman sus propias decisiones imposibles de controlar o dirigir. Por tanto, una parte de mis éxitos se deberá lógicamente a mi esfuerzo, mi constancia, mi creatividad, mi inteligencia, o mi gestión emocional. Pero no el 100%. Siempre habrá un porcentaje de elementos incontrolables, decisiones de otras personas a diferentes niveles, que afectarán positiva o negativamente al hecho de lograr mis metas.

Por otro lado, en mi experiencia, herramientas del pensamiento positivo como las afirmaciones positivas tienen sus limitaciones. El hecho de decirte a ti mismo machaconamente “Voy a conseguir mi meta” no implica que lo vayas a lograr, porque además de los elementos externos de los que hablaba antes, puede haber elementos internos de tu inconsciente que te estén frenando. Por tanto, una parte esencial es saber trabajar con el inconsciente.

¿Y cómo lo hacemos? Ahí tenemos a nuestra disposición las técnicas de meditación, concentración y visualización, que provienen tanto de Occidente (PNL) como de Oriente (Zen), a través de las cuales podemos actuar sobre nuestro inconsciente de forma positiva y profunda. Estas herramientas, en mi opinión y experiencia, suponen un escalón superior y más profundo que el propuesto por el pensamiento positivo.

Si te interesa profundizar en el tema de la búsqueda de la felicidad, te invito a que leas mi nuevo cuento “El gurú de la felicidad”, descargable gratuitamente en este link: http://www.execoach.es/portfolio-item/cuentos-cortos/

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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