Javier Carril

/Javier Carril

Los 3 hábitos tóxicos de la mente

Una mente no entrenada se convertirá casi con seguridad en nuestro peor enemigo. Sin embargo, una mente bien entrenada se convertirá en el mejor de nuestros amigos. Uno de mis grandes objetivos es enseñar a los demás lo que yo mismo he aprendido sobre el funcionamiento de la mente. Porque es una máquina impresionante si la sabemos utilizar y manejar. Y la única forma de dominar a la mente es conociéndola y entendiéndola.

Uno de los aspectos esenciales para conocer la mente son los comportamientos repetitivos o patrones, que hemos aprendido desde que nacemos y que sin embargo, nos generan un enorme sufrimiento sin ser conscientes. Es decir, los hábitos mentales tóxicos. Yo destacaría ahora mismo tres fundamentales:

  1. Juicios o prejuicios. Somos máquinas de emitir juicios y prejuicios de forma permanente. De alguna forma emitir juicios no es siempre malo, y de hecho, son necesarios para guiarnos en la vida, y no cometer errores del pasado. Sin embargo, ¿Cuantos errores cometemos también por dejarnos llevar por dichos juicios o prejuicios? ¿Cuantas oportunidades o experiencias nos estamos perdiendo en la vida o el trabajo por dejarnos condicionar por esos juicios? Los juicios contaminan la experiencia tal como es, y seremos muy ingenuos si pensamos que estamos realmente viendo y experimentando la realidad tal como es. En realidad filtramos con las gafas del juicio toda experiencia, hasta el punto que nos alejamos de la verdadera vida si no nos damos cuenta de esto.Un ejemplo de cómo los juicios nos perjudican es cuando alguien nos está contando algo, y nosotros nos creamos inmediatamente nuestra idea preconcebida de lo que nos cuenta, y en ese instante ya hemos dejado de escuchar a la persona. Los juicios, además, generan mucho más estrés en nosotros de lo que imaginamos. En el momento en que decimos «Es una situación horrible» o «Mi compañero es un hipócrita» estamos generando una tensión innecesaria, además de estar filtrando la realidad de modo totalmente subjetivo. Los juicios y prejuicios cierran nuestra mente progresivamente hasta convertirnos en personas rígidas y sin empatía.
  2. Las expectativas. También estamos fabricando expectativas de manera constante sobre absolutamente todo. «Seguro que me va a salir muy bien el examen porque me he esforzado mucho», «Espero disfrutar mucho y relajarme en las vacaciones», «Seguro que en esta fiesta voy a disfrutar muchísimo», «Espero que me aumenten el sueldo este año» son expectativas. ¿Qué nos provocan normalmente estas expectativas? ….Frustración y decepción. Porque un altísimo porcentaje de las situaciones de la vida no son como lo habíamos imaginado, no son tal y como esperábamos que fueran. Por tanto, una persona que no domine esta generación automática y constante de expectativas está garantizándose sufrimiento y frustración para toda la vida. ¿Merece la pena? ¡Ojo! Digo lo mismo que con los juicios: no es que sea malo, en esencia, generar expectativas. Lo negativo y tóxico es no ser consciente de este hábito mental y por tanto, estar esclavizado por él. Y eso es lo que le ocurre a la mayoría de las personas, que no son conscientes de cómo las expectativas están generando una y otra vez frustración, enfado, desengaño, y destrucción de su autoestima.
  3. Los deseos. La sabiduría ancestral budista se centra en este hábito mental de forma muy especial, hasta el punto de definirlo como la principal fuente del sufrimiento humano. Estaremos de acuerdo en que también emitimos deseos constantes sobre todo, tanto positivos como negativos. Es decir, «deseo tener un nuevo móvil», «deseo que no me despidan», «deseo no sentir dolor de cabeza», «deseo que nos concedan el proyecto», «deseo que mis hijos me escuchen», «deseo que mi pareja haga lo que yo quiero», etc. Somos adictos a desear experiencias, vivencias y sensaciones agradables, y a no desear (o a sentir aversión por) experiencias y sensaciones desagradables. Y la adicción nos resta libertad. El deseo tiene una implicación tóxica: el querer que la realidad sea de una determinada manera, es decir, supone un intento por nuestra parte de manipulación de la vida, algo imposible y condenado al fracaso inevitablemente. Y ese fracaso implica infelicidad, contracción y estrés.Por supuesto, hay deseos tremendamente positivos y necesarios, como cuando queremos mejorar como personas, cuando queremos desarrollar alguna habilidad nueva, o potenciar nuestra carrera profesional, o mejorar cualquier aspecto de nuestra vida. Estos deseos nos ayudan a crecer y a salir de nuestra zona de confort. Sin embargo, si nos apegamos demasiado a dichos deseos, si hipotecamos nuestra felicidad a la consecución de dichos objetivos, estaremos siendo esclavos de nuestros deseos y objetivos. Y esto tiene que ver con dejar de ser libres.

Como conclusión a este repaso, es imposible dejar de emitir juicios, deseos y expectativas. Porque es algo que nuestra mente ha aprendido e interiorizado de forma inconsciente, y además los 3 hábitos a veces nos ayudan y benefician. Sin embargo, debemos permanecer muy atentos y despiertos a las consecuencias de dejarnos arrastrar constantemente por ellos, porque de lo contrario viviremos una vida sin libertad, presos de dichos hábitos que en muchísimos momentos son tremendamente tóxicos, nos alejan de la auténtica vida, cierran nuestra mente, eliminan nuestra flexibilidad y devastan nuestra felicidad y equilibrio emocional.

La mejor herramienta que tenemos está, cómo no, dentro de nosotros, y es la conciencia. Ser conscientes de que estamos emitiendo un prejuicio sobre una persona y cómo eso nos puede condicionar, darnos cuenta de que estamos deseando que una situación no suceda o no haya sucedido (y de la consecuencia negativa de resistirse ante la vida) o ser conscientes de que estamos generando una expectativa y cómo eso cierra nuestra mente y la convierte en rígida, es crucial, y de hecho, es la clave para desactivar el enorme poder que tienen sobre nosotros y sobre nuestra felicidad estos 3 hábitos tóxicos mentales.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El feedback en «MasterChef»

El mes pasado impartí una formación para casi 50 Managers de una organización sobre «Líder-Coach» (habilidades de coaching para mejorar su liderazgo). En dicha formación uno de los temas que trabajamos fue cómo dar y pedir feedback efectivo con su equipo, pares, jefes. Las 4 reglas demostradas del feedback efectivo son las siguientes:

1. Descriptivo, no evaluativo. El objetivo de un buen feedback es proporcionar información objetiva, no emitir juicios subjetivos. Este es, según mi experiencia, lo más difícil de conseguir ya que los seres humanos somos máquinas de emitir juicios. Sin embargo, los juicios, cuando son negativos, generan tensión y resistencia, y destruyen la autoestima y la autoconfianza.

2. Frecuente y regular. Debe formar parte del día a día, de la comunicación constante entre Manager y colaborador, para fomentar la mejora continua. No es útil ni efectiva la típica entrevista de evaluación de desempeño, que en la mayoría de las empresas se realiza sólo una vez al año. Esto no sirve de nada.

3. Focalizado en el comportamiento y no en la identidad. Debemos evitar frases como «Tú eres…» porque las personas, cuando damos un feedback negativo dirigido a la identidad, se sienten atacadas. El feedback, siempre enfocado en la conducta.

4. Observable, dando ejemplos concretos para ayudar a entenderlo. Lo mejor para evitar una discusión estéril de quien tiene razón es proporcionar ejemplos reales de situaciones en las cuales la conducta se ha puesto de manifiesto.

Este feedback es efectivo porque consigue el objetivo principal: ayudar a la persona a que libere todo su potencial, a crecer, a aumentar su autoconfianza, su autoestima, lo que le llevará a mejorar su desempeño. Y por supuesto, sólo puede funcionar de verdad cuando es bidireccional. Es decir, cuando el Manager pide proactivamente feedback a su equipo, y lo acepta y agradece, además de intentar trabajar en mejorar los aspectos débiles.

Ahora va mi reflexión. Ayer vi el programa de TVE «MasterChef» (he visto gran parte de los anteriores programas de esta temporada) y volví a quedarme perplejo respecto al feedback que proporcionan los Chefs del programa (Pepe, Jordi y Samanta). Totalmente contrario a los parámetros mencionados anteriormente. Todo son juicios subjetivos, la mayoría negativos y destructivos, sin poner ejemplos concretos, sin mencionar conductas observables («Esto es una guarrada» «Este plato es propio de MasterChef Junior» «El sabor está malo» son ejemplos de este tipo de feedbak poco concreto y destructivo). La mayoría de las veces ese pseudofeedback se dirige a la identidad de la persona, y en no pocas ocasiones es agresivo, humillante y burlón (anoche uno de los concursantes mencionó que parecía que los Chefs se estaban riendo de ellos, y no le faltaba razón). No es de extrañar que en el programa de anoche terminaran llorando varios concursantes.

No sólo eso, se permiten en numerosas ocasiones amenazar a los participantes con represalias (como ayer) y encima, no permiten que los concursantes les den feedback negativo a ellos como maestros (sólo admiten que les muestren servilismo y admiración), porque por supuesto ellos (así lo demuestran con su conducta) están por encima del bien y del mal. Esto lo que fomenta es un entorno de miedo, en lugar de un entorno de confianza. Y el aprendizaje surge, sin duda, en un entorno de confianza, nunca de miedo.

¿Qué pensaríamos si los profesores de nuestros hijos les dieran ese tipo de feedback en el colegio?  Desde luego, sería totalmente intolerable y probablemente les cambiaríamos de colegio. Ese tipo de feedback humillante, arbitrario, sin ninguna consideración y falto de concreción, es el que proporcionan los Chefs del programa de TVE «Masterchef». El programa, aparte de este aspecto, me parece muy pedagógico y divertido, pero no debemos olvidar qué es lo que está proyectando al exterior. Me imagino que el espectáculo y el morbo es lo más importante y es prioritario sobre cualquier otra cosa. Pero no creo que sea un buen ejemplo para mostrar, máxime si es desde una televisión pública.

En el programa de ayer, además de este deplorable feedback que destruye la autoestima y la motivación de las personas, y que en absoluto las ayuda a crecer, se fomentó la competitividad insana, a través de pruebas en las que se logró generar mal rollo entre los propios concursantes. Todo ello está muy lejos de fomentar valores como el trabajo en equipo, el respeto, la buena educación y el feedback constructivo. Hubo, para ser justos, excepciones positivas, como cuando los Chefs animaban a los concursantes a probar su propio plato, o cuando les preguntaban directamente qué opinaban de su plato o del plato de un compañero. Pero en general, la tónica fue muy destructiva. De todas formas, MasterChef no es el único ni el primer programa de televisión que fomenta ese tipo de comportamientos y actitudes agresivas. Ni será el último.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Malala. Un ejemplo de liderazgo inspirador

Este fin de semana me ha impresionado la película sobre la vida de Malala, la niña pakistaní que con sólo 15 años se enfrentó a los talibanes poniendo en riesgo su vida. No tengo palabras para describir la película, que se titula «El me llamó Malala» y es un documental: preciosa, impactante, emocionante, dura, tierna, etc. Te la recomiendo efusivamente. Si quieres ver el trailer oficial, aquí lo tienes: Trailer Película Malala.

Malala

Pero sobre todo, nos retrata a Malala, uno de los ejemplos vivos más inspiradores de liderazgo y valentía en el mundo. Apuesto a que será uno de los personajes más importantes del siglo XXI, a la altura de figuras legendarias como Ghandi, Nelson Mandela o Martin Luther King.

Ya lo dijo el Premio Nobel de la Paz de 1952, Albert Schweitzer: «El ejemplo no es uno de los modos de influir en los demás. Es el único». Y Malala, la primera niña en recibir el Premio Nobel de la Paz en 2014, es un ejemplo de cómo enfrentarse a la intolerancia, el autoritarismo, la injusticia y el terrorismo.

En la película podemos escuchar a Malala decir con toda contundencia que no siente ningún rencor hacia los terroristas que le dispararon en la cabeza, incluso tiene la capacidad de ponerse en el lugar de los terroristas diciendo que sienten miedo y por eso asesinan y destruyen escuelas con sus bombas. Malala habla de compasión, un sentimiento muy necesario en el mundo. Y defiende la igualdad de todos los seres humanos, la libertad para expresarnos, y la educación como el arma más poderosa que tenemos.

Y derriba prejuicios sobre el islam, una religión que, según dice, defiende la paz y la igualdad. En Occidente son muy necesarios personajes como Malala para desterrar que el islam es una religión intolerante y radical. Intolerantes son los que interpretan de modo erróneo y manipulador dicha religión para perpetuarse en el poder. Al fin y al cabo, también el budismo y el cristianismo han sido y siguen siendo objeto de manipulación y radicalización.

Aunque yo no profese ninguna religión, creo que ninguna de ellas es negativa, sino todo lo contrario. Estoy convencido (y la película de Malala me ha ayudado con mi perspectiva del islam) de que todas defienden los mismos valores y principios, desde diferentes puntos de vista y visiones, pero todas respetables. Es muy significativo, en este sentido, que Malala, en su famoso e inspirador discurso ante la ONU, hablara de Mahoma, Buda y Jesucristo, realizando un ejercicio de apertura y tolerancia.

En la película, no sólo es apasionante el retrato de la figura de Malala, sino también el de su padre, gran ejemplo por sus sólidos valores y por su defensa apasionada de la libertad de expresión, algo por lo que también arriesgó su vida. Es absolutamente impresionante y admirable la innegociable lucha por la que han apostado Malala y su padre por los derechos humanos básicos de libertad de expresión, de educación universal y gratuita para todos los niños del mundo, y de enfrentarse sin miedo y a cara descubierta a los talibanes que pretendían eliminar la educación para las mujeres, y asesinar a todo el que se pusiera por delante en sus planes.

Y emociona aún más ver el coste personal que han tenido que sufrir a causa de defendernos a todos (porque no defienden a una niña, o a muchas, sino al ser humano en su globalidad). Malala tiene media cara paralizada y no oye por uno de sus oídos, después del atentado. Su vida normal de niña y adolescente se vio truncada para siempre. Su familia no puede volver a su casa, a su tierra, en Pakistán, porque aún los talibanes tienen la suficiente fuerza para asesinarles, y de hecho mantienen su amenaza de matar a Malala cuando vuelva. Aún así, ni un atisbo de victimismo, de rencor. Ella declara con una firmeza aplastante y sorprendente que ha elegido ser así y hacer lo que hizo. Con todas las consecuencias.

¡Vaya ejemplo para cualquiera de nosotros! Todos deberíamos aprender de ella, de su valentía y de su coherencia inquebrantable. Gracias Malala, por lo que has hecho, y por lo que, estoy seguro, seguirás aportando a la humanidad.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Cómo tomar mejores decisiones

Este verano he leído el libro «Decídete o no» de los hermanos Dan y Chip Heath. Es un magnífico libro que pone nombre a muchas estrategias positivas y efectivas que todos hemos usado de forma intuitiva cuando tomamos decisiones importantes. Pero también nos abre la mente sobre los muchos errores que cometemos cuando nos planteamos una decisión. Esto, sin duda, me parece lo más valioso del libro.

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Los hermanos Heath nos hablan, por ejemplo, de la visión estrecha, uno de los principales enemigos de una buena decisión. La visión estrecha es la que proviene de nuestros patrones y creencias inconscientes, de nuestros juicios automáticos, de los recuerdos o experiencias que hemos tenido en nuestra vida pasada. Todo ello nos influye sin darnos cuenta a la hora de tomar una decisión, y en la mayoría de los casos nos condiciona gravemente. La visión estrecha nos limita porque impide una visión más panorámica y global.

Los autores lo explican muy bien de forma metafórica: es como cuando estamos en el teatro y un gran foco ilumina sólo al actor que está actuando. El resto es negro y oscuro para nosotros. No lo vemos. Pero eso no significa que no exista nada en ese espacio oscuro. La visión estrecha es creer que sólo existe lo que está siendo iluminado por el foco. Ampliar esa visión significa mover nuestro foco, para ver las zonas oscuras del escenario. O ampliar el foco para iluminar todo el escenario completo. Quizá descubramos que hay otros actores ahí esperando su momento de entrar a escena, quizá haya técnicos que están preparando en la oscuridad algún decorado.

Es interesante destacar que la visión estrecha es la que aparece cuando estamos en piloto automático, es decir, cuando hacemos las cosas sin conciencia, sin atención. Por tanto, el mindfulness, al potenciar nuestra conciencia y atención sobre nuestra conducta, pensamientos y emociones, es una herramienta poderosísima para combatir la visión estrecha, y por tanto, tomar mejores decisiones.

Un error clásico relacionado con la visión estrecha, y que todos cometemos cuando tomamos una decisión, es el plantearnos nuestras decisiones como dilemas entre A o B. Por ejemplo, ¿Debo aceptar esta oferta de trabajo o no? ¿Estudio un MBA o me apunto a clases de inglés? ¿Le digo a mi jefe que estoy enfadado con su comportamiento o no? El libro muestra estudios concienzudos donde se demuestra que la mayoría de las personas (incluso altos directivos empresariales) nos planteamos sólo 2 alternativas a la hora de tomar una decisión («sí o no», «A o B»…), cuando en realidad hay siempre más opciones que nos ayudarían a tomar la mejor decisión. Esta tendencia es la visión estrecha.

Las decisiones donde nos preguntamos «sí o no», «A o B» (es decir, sólo dos alternativas) suelen fracasar más a menudo. La clave es que no abrimos la mente para ver el bosque, además de los árboles. Una de las herramientas que proponen los autores es la de plantearnos estos dilemas con «y» en lugar de «o».

Por ejemplo, imagina que llevas trabajando en una empresa como empleado desde hace varios años, pero estás desmotivado y quieres dejar el trabajo para crear tu propio proyecto empresarial en una actividad muy distinta. Te gustaría hacerlo pero necesitas el dinero de tu trabajo actual. La pregunta clásica que nos haríamos sería: «¿Sigo trabajando aquí porque necesito el dinero o creo mi propio proyecto empresarial, que es lo que me motiva?». Fíjate que en esta pregunta te estarías planteando sólo dos opciones, que además son imposibles de compatibilizar. Hay dos necesidades esenciales (estabilidad económica y motivación) que se excluyen una a la otra, bajo el prisma de esta pregunta.

Pero ¿Y si nos planteamos la pregunta así: «¿Podría seguir trabajando en la empresa para seguir ahorrando, y al mismo tiempo ir creando mi proyecto empresarial?» Evidentemente, con esta segunda pregunta te darás cuenta de que hay más opciones que A o B, y además podrás cubrir dos necesidades esenciales al mismo tiempo, algo que te parecía imposible con el anterior planteamiento. De esta forma, saldrás del bloqueo y tomarás una decisión más fácilmente. Esta decisión, además, tendrá muchas más posibilidades de ser acertada que si nos la hubiéramos planteado con la disyuntiva del «o».

Así que cuando vayas a tomar una decisión importante, párate un momento (desconecta el piloto automático, que tiene muchísimo que ver con la visión estrecha) y plantéate dicha decisión en términos de «y» en lugar de «o». Amplía tus opciones y habrás dado un paso decisivo para que la decisión sea mucho más acertada.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 7 pensamientos más estresantes

Según numerosos estudios, el estrés y la ansiedad han aumentado un 25% en los últimos 20 años. Y lo que se consideraba en los años 80 del siglo XX como un caso clínico y patológico de estrés, hoy se considera un nivel normal de estrés. El estrés destruye neuronas de nuestro cerebro con una gran velocidad, deteriora nuestro sistema inmunológico, reduce drásticamente nuestra concentración y rendimiento en el trabajo, y la calidad de nuestra vida.

Cuando hablamos de lo estresados que estamos en nuestra vida, siempre acudimos a los tópicos: la sociedad, el tráfico, el trabajo, mi jefe, el correo electrónico, los grupos de Whatsapp y sus interminables cadenas de mensajes, mi pareja, mis hijos, etc.

Sin embargo, esto no son más que balones fuera que echamos para no asumir la verdadera responsabilidad de nuestro estrés: nosotros. El enemigo no está fuera, sino dentro, y es un enemigo muy poderoso, porque conoce con toda precisión nuestros puntos débiles. Como digo, el enemigo somos nosotros mismos.

¿Y cómo nos generamos estrés? Casi en un 95% proviene de nuestros propios pensamientos incontrolados. Los pensamientos son la mayor fuente de estrés y ansiedad que tenemos. El problema es, en primer lugar, que no somos conscientes de dichos pensamientos, ni de la cantidad ni de la calidad de los mismos. Vamos por la vida con el piloto automático generando millones de pensamientos sin darnos cuenta del impacto brutal que tienen en la calidad de nuestra vida.

El segundo problema es que, además, nos creemos nuestros pensamientos. Es decir, creemos que son la realidad. Y eso hace que nuestra visión de dicha realidad esté totalmente distorsionada por esos pensamientos cambiantes que genera nuestra mente. Pero, ¿Todos los pensamientos son destructivos y estresantes? No, desde luego. ¿Y entonces, qué pensamientos son los verdaderos enemigos, los generadores del estrés continuo y destructivo que sufrimos? Según mi experiencia e investigación durante los últimos 10 años sobre el estrés, hay 7 pensamientos fundamentales que nos generan un enorme nivel de estrés y ansiedad (la ansiedad es el estrés que continúa después de que el factor estresante ha desaparecido). Son los siguientes:

1. Tengo que ser perfecto. Exceso de autoexigencia o perfeccionismo. No me permito equivocarme ni cometer errores, y tampoco me permite disfrutar de nada, al no estar nunca satisfecho de mí mismo ni de lo que hago.

2. Puedo controlarlo todo. Creemos que podemos controlarlo todo en nuestra vida para que cumpla con nuestras expectativas y deseos, y eso es imposible. Hay una parte enorme de situaciones, personas y circunstancias que no dependen de nosotros, y aún así nos empeñamos en querer tenerlo bajo control. Con este pensamiento tenemos garantizado el estrés intenso toda la vida.

3. No puedo, no soy capaz. La creencia de incapacidad es muy limitante y estresante. Cuando pensamos que no somos capaces de conseguir algo, estamos dañando nuestra autoestima, y generando estrés y ansiedad.

4. El pasado. «¿Por qué tomé esa decisión?» «¿Por qué me tuvo que suceder a mí?» «Tenía que haber reaccionado de otra forma», etc. Pensamientos sobre el pasado que ya no se puede cambiar. Nos generamos mucha ansiedad revolcándonos y rebozándonos en el fango de las experiencias o decisiones negativas del pasado. Una cosa es aprender del pasado, y otra es torturarse por cosas que ya no se pueden cambiar.

5. El futuro. «¿Y si…?» Si no estamos estresados por el pasado, estamos agobiados por el futuro, anticipando cosas negativas que pueden suceder en el futuro. La mayoría de las veces nunca suceden, y sin embargo nos hacemos mucho daño. Una cosa es ocuparse de un asunto, y otra muy distinta es preocuparse. Somos expertos en generarnos una enorme burbuja de problemas ficticios que nunca llegan a suceder.

6. Todo es importante y urgente. Creer que todo es de vida y muerte, aunque sea un ridículo e-mail, nos hace estar en un estado de permanente estrés, de consecuencias nefastas para nuestro rendimiento y para nuestra felicidad (por no hablar de los efectos en la salud). Hay muy pocas cosas importantes, y casi nada urgente. Despertemos de esta locura absurda.

7. Tengo razón. Cuando me empeño en tener razón estoy generándome estrés a mí mismo, y en las relaciones con los demás. Hay una frase que dice: «¿Qué eliges en la vida, tener razón o ser feliz?». Cuando estás convencido de que tienes razón, tratarás de convencer, e incluso imponer, tu punto de vista al otro. Pero normalmente la otra persona también creerá que tiene razón, y en el choque de ambos egos se produce el conflicto y la infelicidad.

Espero que este listado te haya ayudado a clarificar con qué pensamientos te generas más ansiedad. Seguro que has identificado varios de ellos, si no todos. Lo primero que debemos hacer es permanecer atentos para detectar cuanto antes dichos pensamientos en mi mente, para entonces empezar a distanciarse de ellos, cuestionarlos y relativizarlos. Te aseguro que tu vida puede empezar a dar un cambio radical. Ya sabes:

Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus actos,
y tus actos se convertirán en tus costumbres.
Tus costumbres configurarán tu carácter,
y el carácter marcará tu destino y tu vida.
Por lo tanto, tus pensamientos se convertirán en tu vida.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

3 motivos para reírnos

Dice Milan Kundera en su último libro «La fiesta de la insignificancia» que ante el mundo, sólo queda una posible resistencia: no tomarlo en serio. La risa es un antídoto para la ansiedad, la preocupación, el estrés o la tristeza. Es sin duda un bien escaso en el mundo en que vivimos, tan lleno de crispación, irritabilidad e indignación. Y deberíamos tomarnos muy en serio reírnos más, porque toda nuestra vida y nuestro trabajo se transformaría, y también nosotros mismos. Al fin y al cabo, nuestra experiencia se basa en una percepción subjetiva de la realidad, y por tanto el observador que somos moldea y distorsiona la realidad, de una forma u otra.

1. Reírnos de nosotros
En primer lugar, y quizá uno de los retos más difíciles que tenemos todos, debemos aprender a reírnos de nosotros mismos. Nos tomamos demasiado en serio, pensando que somos el ombligo del mundo, que somos muy importantes, cuando la realidad es que somos bastante pequeños si tenemos en cuenta que somos uno de los más de 7000 habitantes que vivimos en el planeta tierra, que por cierto es muy pequeñito, y que se encuentra en la Vía Láctea, que es sólo una de las 100 billones de galaxias que existen en el universo.

Esta actitud ignorante de creernos el centro del universo hace que nos enfademos por cualquier cosa que nos hacen o dicen, que nos culpemos y desesperemos cuando cometemos un error, que magnifiquemos situaciones que afectan a nuestro ego, poniendo por delante nuestro orgullo y compitiendo por tener razón y convencer al otro de nuestras razones, en lugar de disfrutar de su compañía. Nos tensamos por ideas preconcebidas sobre el éxito, ideas que hemos comprado a lo largo de nuestra vida o carrera profesional, y nos llevan a estresarnos si no alcanzamos lo que socialmente se espera de nosotros. Las consecuencias de todas estas conductas es una gran rigidez ante la vida, una incapacidad para disfrutar de las experiencias que cada momento el mundo pone ante nuestros ojos, y desde luego una irritabilidad y ansiedad exageradas ante las demandas de nuestra vida. En definitiva, no vivimos.

Es necesario reírnos de nosotros, de nuestras debilidades, de nuestros errores, de nuestra imperfección. Es la única vía para ir más ligeros de equipaje y convivir de forma más tranquila con nosotros. Porque lo que suele suceder es que no nos soportamos a nosotros mismos, y vivir con uno mismo así es un auténtico calvario. Podemos escapar de todos y de todo, pero no de nosotros. Aunque viajemos a miles de kilómetros y nos alejemos de todas las personas que nos conocen, siempre llevaremos con nosotros a nuestro yo. Si uno se toma poco en serio, se reirá mucho más en el día a día, disfrutará de las pequeñas cosas y de las grandes cosas, y detectará oportunidades que otros, sumidos en la bronca o la desesperación consigo mismos o con los demás, no serán capaces de ver. En el fondo estamos hablando de aceptarnos como somos, y disfrutar de la vida tal y como es.

2. Reírnos de nuestros problemas.
Tampoco debemos tomarnos demasiado en serio los problemas que tenemos, o los que tienen nuestras personas queridas. Si miramos todo con cierta perspectiva, la que dan unos cuantos años después de haber vivido una determinada experiencia, nos daremos cuenta de que todo es relativo, de que una experiencia muy dolorosa puede haber sido la semilla de otras experiencias positivas y a veces esenciales para ser quien somos hoy. Ya lo decía Steve Jobs en su famoso discurso en Stanford sobre conectar los puntos. Cuando conectamos dos puntos (experiencias, hechos…) muy lejanos en el tiempo y que aparentemente no tenían ninguna conexión, entendemos todo con mayor lucidez, y nos damos cuenta de que dimos una importancia exagerada a aquella experiencia, sea de éxito o de fracaso. Al fin y al cabo, ¿Qué es el éxito? ¿Qué es el fracaso?

No hay verdades absolutas, y por tanto debemos reírnos de nuestras certezas y de nuestras verdades, porque no son reales. En mi caso, lo que hace 10 años consideraba una certeza, hoy ya no lo es, y lo que considero seguro hoy, dentro de un mes habrá dejado de serlo. Cuando tratas de reencuadrar con perspectiva cualquier experiencia o situación difícil, todo se mueve con mayor fluidez, y empiezas a comprender muchas cosas que antes ni te las habías planteado, y como consecuencia, comienzas a reirte más a menudo.

3. Reírse con los demás.
Si te ríes de ti mismo y de tus problemas y certezas, te aseguro que de forma natural vas a reírte mucho más con los demás: con tus hijos, tus amigos, tu pareja, tus compañeros de trabajo. Y de pronto la vida cambia de color. Lo que antes era gris o negro, ahora es azul, verde o amarillo. Es como si te hubieras cambiado de gafas para ver el mundo. Y los demás, lógicamente, querrán estar más cerca de ti, querrán dejarse influenciar más por ti, y a veces querrán seguirte adonde vayas. Te habrás convertido en una persona influyente, en un líder. ¿Quién dijo que convertirse en un líder era una tarea pesada o dura? Nada más lejos de la realidad. Es realmente divertido.

Dime, ¿Crees que te ríes lo suficiente? Piénsalo un momento. ¿Sueles reírte, bromear, sonreír frecuentemente? Quizá te tomas la vida demasiado en serio, tal vez te tomas a ti mismo/a demasiado en serio. Si no te ríes mucho, en primer lugar plantéate estas 3 preguntas. Este es sólo el primer paso:

– ¿De qué podrías estar agradecido o agradecida en tu vida? Piensa en algo que te haya ocurrido en la vida por lo cual estés agradecido/a.
– ¿A qué persona o personas podrías agradecerle algo importante?
– ¿Recuerdas un pequeño momento positivo o feliz que hayas vivido hoy? Puede ser una comida con un amigo, o haberte reído con tu hija, o haber visto una buena película. Ahora, da las gracias por este pequeño momento de hoy.

Si practicas a menudo el agradecimiento, estarás más preparado/a para empezar a reírte de los 3 motivos que he mencionado. ¡A vivir y a reír!

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Finalista del Premio al mejor libro de empresa

El nuevo año ha comenzado con un auténtico regalo. Mi último libro de cuentos motivacionales «El hombre que se atrevió a soñar» es uno de los libros finalistas al prestigioso premio Knowsquare al mejor libro de empresa 2014.

En el link Los 10 mejores libros del año, según los directivos españoles puedes leer la noticia que salió la pasada semana en prensa, donde se puede observar el altísimo nivel de los libros seleccionados, con varios autores prestigiosos y mediáticos. Lo cierto es que para mí estar en esta lista de finalistas es un auténtico premio, y quiero compartir mi emoción contigo, mi querido y fiel lector.

PORTADA LIBRO CUENTOSsombra

«El hombre que se atrevió a soñar» es un libro en el que animo a soñar en grande, pero sobre todo a vivir la vida con toda plenitud, abrazándola sin dejar nada, ni siquiera el dolor, los fracasos y el sufrimiento. Al contrario, todo eso es parte de la vida y debemos aceptarlo y como digo, abrazarlo.

Es un libro de historias, de relatos cortos que tienen que ver con la auténtica felicidad y no la superficialidad que nos tratan de inyectar desde todas direcciones. Es un libro que trata también del liderazgo personal, de la automotivación, y de la conciencia y responsabilidad con nuestras decisiones y con nuestra vida.

Como todo libro de historias, la propia elaboración del libro tiene sus propias historias desconocidas. Este libro, en concreto, tiene varias peculiares. Por ejemplo, que el proyecto fue rechazado por dos editoriales, antes de que Rasche apostara por él. Esto me dice que siempre debemos perseverar cuando creemos de verdad en algo, y que nunca podemos permitirnos rendirnos.

Otra historia que tiene que ver con el libro es que durante un año estuve regalando 10 de los cuentos (en total el libro consta de 20 cuentos) a cualquier persona que entrara en la página web de mi empresa Execoach, con un enorme éxito de visitas, descargas, y comentarios positivos en las redes sociales. ¿Qué mensaje extraigo de esta historia? Que cuando damos sin esperar recibir, finalmente recibimos mucho más de lo que imaginábamos.

Por último, el libro contiene relatos muy especiales para mí, que tienen que ver con mis propias experiencias vitales, o las experiencias de otras personas con las que me he encontrado y que me han inspirado. Aunque la última historia es todavía más especial, al ser la única historia real, que fue el nacimiento de mi tercera hija Marta, que fue toda una aventura (no te cuento más…;-)

El 29 de enero se conocerá quién es el ganador del premio al mejor Libro de Empresa de 2014. Será muy difícil que gane mi libro, pero da igual. Para mí ya he recibido un maravilloso premio, que es esta nominación. Gracias de corazón a los directivos que forman parte del Jurado y que han apostado por mi libro.

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Feedback = confianza y rendimiento en un equipo

Hace poco tuve una experiencia muy interesante en una sesión de coaching con un equipo. Les propuse una dinámica en la cual debían darse feedback unos a otros de forma abierta y pública. En seguida vi caras de pánico y ansiedad en todos ellos, y supe que el equipo no estaba preparado para una dinámica tan radical para la que es imprescindible que impere la confianza mutua.

El director del equipo propuso hacer una variante más suave del ejercicio: darse feedback entre todos, pero por parejas, no delante de todas las personas del equipo. Es decir, que iban juntándose por parejas, trasladándose a otros despachos para tener privacidad, y luego iban cambiando de pareja, hasta que al final todos se intercambiaron feedback. La indicación del ejercicio es que tenían que decir un aspecto positivo y otro aspecto a mejorar de la otra persona, y luego recibir la misma información del otro.

A pesar de que, a petición del director del equipo, suavizamos la dinámica, seguía habiendo miedos y reticencias. ¿Cómo se tomaría el director del equipo el feedback de sus subordinados, concretamente el aspecto negativo? ¿Cómo afrontarían los miembros del equipo el feedback no sólo hacia su jefe, sino hacia sus compañeros? ¿Cómo recibirían el feedback de cada uno de sus compañeros?

Sin embargo, a medida que iba avanzando el ejercicio, las expresiones iban cambiando, relajándose, incluso tomando matices de entusiasmo y energía positiva. Varios miembros del equipo decían cosas como «Es un ejercicio fundamental», «Deberíamos hacer esto cada dos o tres meses» , «Muy interesante, me ha servido muchísimo para mejorar mi rendimiento y conocerme mejor». El director del equipo se dio cuenta de que no era tan dramático, y terminó entusiasmado con la dinámica.

Esta experiencia me sirvió para darme cuenta de que, a pesar de las apariencias, la mayoría de los equipos no funcionan bajo el entorno de confianza necesario para ser un equipo de alto rendimiento. Y el feedback constante sobre lo positivo y lo negativo es esencial para generar esa confianza mutua entre los miembros de un equipo. Sin confianza, no hay rendimiento. Sin confianza mutua, no hay equipo.

Hoy en día los equipos funcionan dentro de la zona de confort, evitando decir las cosas incómodas, por miedo y por pereza. Evitan afrontar los verdaderos problemas ocultos y deciden «ir tirando», funcionando como pueden. Sin embargo, si queremos un equipo motivado y de alto rendimiento, este desafío tendremos que afrontarlo, no hay más remedio. Para eso, hace falta mucha humildad, y también mucha valentía, para aceptar las críticas constructivas, para aceptar que no soy perfecto, y también para atreverme a decir lo que no está funcionando sin caer en la agresividad.

Y en tu equipo….
1. ¿Hay verdadera confianza?
2. ¿Os dais feedback mutuamente, sea formal o informal, sobre las conductas o actitudes positivas, y también sobre las negativas?
3. ¿Es regular ese feedback?
4. ¿El jefe de equipo está incluido en esta rueda de feedback?

Si has respondido «no» a alguna de estas 4 preguntas, tu equipo tiene un gran reto que afrontar. ¡Adelante!

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sobremi

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Siempre estamos eligiendo

A menudo escucho expresiones como «Qué mala suerte tengo», «¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?» «Qué injusta es la vida conmigo», o «Estoy harto de mi trabajo pero no puedo hacer nada para cambiar la situación». Si nos fijamos bien, este tipo de frases están dando por hecho que esas situaciones difíciles o dolorosas nos llegan sin motivo ni justicia, y que nosotros no tenemos ninguna responsabilidad en ellas. Es como si fueran externas, ajenas a mí y a mis decisiones o comportamientos.

Esa creencia fomenta a largo plazo una sensación de victimismo, además de una incapacidad para resolver la situación, precisamente por creer que el origen está fuera de nuestra influencia o causalidad directa. Es realmente peligroso porque desemboca en culpar a los demás de mis problemas, y por tanto genera resentimiento y deteriora nuestras relaciones, aumentando como un círculo vicioso el victimismo y el rencor.

Pero ¿Y si todo lo que nos sucediera tuviera una causa clara y nítida? ¿Y si esa causa fuera nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestras decisiones? Desde luego, todo sería mucho más fácil de resolver, ¿No? Porque estaría en lo que Stephen Covey llamó «nuestro círculo de influencia». Sin embargo, reconocer esto puede llegar a resultar abrumador y durísimo para una persona acostumbrada a echar balones fuera y a culpar a los demás o a circunstancias externas de sus problemas.

La clave de todo es que, aunque nos parezca increíble, estamos siempre eligiendo. Elegimos qué hacer en cada instante, con quien relacionarnos y de qué manera, qué actitud tomamos ante las cosas, en qué empresa trabajamos y cuantas horas, y miles de decisiones más cada día. Lo que sucede es que la mayor parte de esas decisiones no son conscientes, sino inconscientes. Vienen del llamado modo mental automático, que es nuestro modo habitual de funcionar, condicionado por patrones, sesgos, prejuicios y carencias emocionales que tenemos integradas en nuestro inconsciente. Así, nuestra conducta diaria está programada por todos esos condicionamientos, pero eso no significa que no elijamos, sino que no somos conscientes de dichas elecciones.

Por ejemplo, si necesitamos cariño y aceptación por parte de los demás, nos costará poner límites y «decir no» a los demás, permitiendo que muchas veces invadan nuestro terreno y abusen de nuestra confianza. En ese ejemplo, no podemos culpar a los demás de haber abusado de nuestra confianza, debemos mirar hacia nosotros y resolver esa carencia emocional, con el fin de poder tomar otras decisiones, esta vez sí desde la consciencia.

Otro ejemplo típico es estar atrapado en un trabajo que no me motiva. En lugar de quejarme de mi situación y hacerme la víctima, debo reconocer que si sigo en mi trabajo es porque, aunque sea inconscientemente, lo estoy eligiendo yo, porque prefiero tener seguridad y un sueldo fijo, a verme abocado al riesgo de estar en paro, de quedarme sin ahorros, y que mi familia no tenga las necesidades mínimas cubiertas. Por tanto, es una elección mía, y es fundamental que lo reconozca.

No estamos acostumbrados a ver más allá, a mirar las consecuencias a medio y largo plazo que tienen nuestra conducta, nuestra actitud diaria y nuestras microdecisiones. El problema es que tienen muchas consecuencias, y cuando nos topamos bruscamente con ellas, entonces nos quedamos en estado de shock, sin entender absolutamente nada, y cayendo en el estado victimista y culpabilizador que comentaba al principio. Es como si fuera la única salida a ese estado de shock y confusión, aunque lamentablemente lo que hacemos es encerrarnos aún más en ese callejón sin salida.

La única solución es darle la vuelta a nuestro modo habitual de analizar las cosas. Volver la vista hacia uno mismo y preguntarse de qué forma he contribuido yo a crear esa situación conflictiva o difícil en mi vida, con qué actitudes o comportamientos, y desde luego, cual es el patrón o carencia emocional que hay detrás de mi conducta (necesidad de seguridad, necesidad de cariño, miedo al dolor o al fracaso, etc.)

El fin de todo es elegir, pero de forma totalmente consciente mi actitud y comportamiento. Ya decía Viktor Frankl que esa posibilidad de elegir mi respuesta ante cualquier estímulo, por muy doloroso que sea, es la última libertad del ser humano. De hecho, es la única libertad que nada ni nadie nos puede arrebatar. Y precisamente ahí reside el concepto crucial de la asunción de responsabilidad, que consiste en dejar de mirar hacia fuera y empezar a mirar dentro de nosotros. Aunque puede parecer muy duro al principio, a largo plazo es la mayor fuente de poder que existe. Asumir la responsabilidad y reconocer que nuestras elecciones son la causa de todo lo que nos ocurre, es imprescindible si queremos vivir una vida plena.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El poder de vivir Aquí y Ahora

¿Habitualmente estás preocupado o disgustado por decisiones erróneas que has tomado o situaciones difíciles que han sucedido en el pasado? ¿Sueles preocuparte por cosas del futuro que aún no han sucedido? (y que casi nunca se cumplen)

¿O sueles proyectarte a menudo en el futuro, hacia momentos que deseas que lleguen ya, como el próximo fin de semana, o las próximas vacaciones?

Estas actitudes y pensamientos, como puedes comprobar, están conectados con el pasado o el futuro, no con lo que está sucediendo ahora mismo en tu vida. Y la mayoría de las personas dedican un 90% de sus 70.000 pensamientos diarios al pasado o al futuro. Las consecuencias de no vivir el presente son graves, porque ocasionan mucho sufrimiento, ansiedad y estrés, pero también distracción y bajo rendimiento profesional. Aldous Huxley, en su novela “La isla”, relaciona esta tendencia del ser humano a escapar del momento presente con la locura y la infelicidad.

Lo cierto es que nos perdemos la auténtica vida, ya que no estamos donde tenemos que estar, en lo único que existe realmente, que es el presente, el Aquí y ahora. Si estamos hablando con una persona en nuestro trabajo, y nuestra mente está agobiada por la presentación en público que tenemos que hacer dentro de una hora, será imposible que la escuchemos de verdad, y nos perderemos información que puede ser valiosa. Si estamos saboreando una buena comida con amigos o con nuestra familia, pero nuestra mente está viajando al pasado por una bronca que nos echó nuestro jefe, no disfrutaremos de esos momentos tan especiales. Si estamos preparando una propuesta importante y nuestra mente viaja al futuro para pensar en las próximas vacaciones, tardaremos el doble de tiempo en realizar el informe, y seguramente nuestro trabajo será mediocre.

No vivas en el pasado. El pasado es tan sólo para aprender lo que tengas que aprender, y punto. No es para regodearte en el fango de un error que cometiste, ni para proyectarte 50 veces la película de la bronca de tu jefe en la pantalla de tu mente.

Tampoco vivas en el futuro. Diseña y planifica tu futuro, pero una vez planificado, ponte a trabajar, aquí y ahora, en ese futuro deseado. Proyectarte en las próximas vacaciones sólo va a crearte más frustración y desgana. Acepta tu situación en el momento presente, y a partir de esa aceptación, si no te gusta, comienza a trabajar para cambiarlo.

Vivir el presente, aparcando constantemente nuestros pensamientos improductivos sobre el pasado o el futuro, es un gran desafío. Pero es el camino para degustar y saborear la vida, y también es la única vía para alcanzar nuestros objetivos de manera más rápida y satisfactoria. Anclarse en el Aquí y ahora es la auténtica fuente de la felicidad duradera.

Porque aquí y ahora, ¿Tienes algún problema? Estás vivo o viva, ¿No? En este mismo instante estás leyendo este post. Si has llegado hasta aquí, significa que tienes tiempo para tu desarrollo personal, un motivo más para sentirte feliz y pleno/a en este preciso instante presente. Es el poder de vivir Aquí y ahora. Que te hace relativizar todo, y te proporciona una enorme claridad mental porque te focalizas en lo único real, en lo que está sucediendo ahora mismo, no en lo que pasó o en lo quizá nunca llegue a pasar.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com