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Cómo comunicarse en un conflicto


Estarás de acuerdo conmigo en que nuestra vida está llena de situaciones conflictivas, tanto en el ámbito personal como en el laboral. Es algo inevitable, porque las personas chocamos al tener necesidades, ideas y valores diferentes con respecto a las personas con las que interactuamos (pareja, hijos, compañeros de trabajo, jefe, clientes).

Además de inevitables, los conflictos son muy necesarios y beneficiosos porque provocan que salga a la superficie lo que está oculto y que está dificultando una relación o un proyecto. Por tanto, no debemos tener miedo a los conflictos ni tampoco a generar situaciones incómodas o conflictivas por expresar lo que pensamos o sentimos, ya que es la única manera de avanzar hacia una vida auténtica y plena.

Sin embargo, enfrentarnos a un conflicto no es fácil, es desagradable y a veces traumático. Por eso, muchas veces la tentación es dejar que pase el tiempo a ver si las cosas mejoran o se solucionan solas, la tentación es no hablar o ir posponiendo la decisión para evitar sentir emociones dolorosas. Pero eso sabemos todos que normalmente empeora las cosas. Tarde o temprano explotan, y no de la manera más productiva.

Así que lo más recomendable es abordar los conflictos lo antes posible para evitar que se enquisten. La clave es cómo abordarlos de manera sana y efectiva. Obviamente, tenemos a nuestro alcance la comunicación como herramienta esencial de resolución de conflictos. Pero la clave no es simplemente comunicarse, sino que la clave está en cómo debemos comunicarnos en situaciones de conflicto para resolverlos de manera que ambas partes ganen y sientan que sus necesidades se cubren de manera más satisfactoria. A continuación, voy a compartir 5 pautas que recomiendan psicólogos expertos en gestión de conflictos como Marshall Rosenberg y que también forman parte del método de negociación de la Universidad de Harvard, el más prestigioso del mundo:

No entres en un debate absurdo de quién tiene la razón. Así no se resuelven los conflictos.

  1. Olvídate de tener razón. En un conflicto siempre creemos que tenemos la razón y la verdad. Y nos empeñamos demasiadas veces en tratar de convencer, o peor aún de imponer, nuestra razón. Y claro, la otra persona se empeña en imponernos su razón, generando el bloqueo en la comunicación y empeorando el conflicto. Olvídate de tener razón, deja aparcado tu ego. Lo cierto es que ninguna de las partes tiene razón y al mismo tiempo ambas partes tienen parte de razón, porque todo es cuestión de percepciones subjetivas. No entres en un debate absurdo de quién tiene la razón. Así no se resuelven los conflictos.
  2. Primero escucha y luego habla. Muy conectado con el primer punto, tendemos a hablar demasiado y no dejar hablar a la otra parte del conflicto, lo que va aumentando el enfado, la frustración y la agresividad. Si no escuchamos de verdad y con auténtico interés en entender a la otra persona, no esperemos que nos escuchen y nos comprendan. Primero escucha y luego habla. Al escuchar y dejar hablar a la otra persona, ésta se tranquiliza y desahoga, el tono de la conversación baja y en consecuencia, estará mucho más dispuesta a escucharte. Si ambas parten se escuchan sin interrupciones, el conflicto está más cerca de resolverse.
  3. Cambia los juicios por hechos observables. Cuando estamos secuestrados emocionalmente, no pensamos con claridad. Además, cometemos el grave error de asumir que nuestros juicios y evaluaciones subjetivas son hechos. Pero son sólo tus interpretaciones de los hechos. Cuando hablamos y explicamos nuestra posición con juicios constantes, generamos mucha más agresividad en el otro. Un ejemplo de juicio sería «Tú no me respetas» o «No me apoyas». El problema de estos juicios es que la otra persona te puede replicar: «¡Cómo me puedes decir esto! Por supuesto que te respeto, por supuesto que te apoyo». Esto genera más enfado y agresividad. En lugar de hablar con juicios, basa tu comunicación en conductas y hechos observables. Por ejemplo: «En las últimas tres reuniones, cada vez que defiendo que hay que reeducar los clientes, has dicho que tenemos que decirles que sí a todo lo que pidan». Esto sí es algo observable, ya que es algo que se ha podido escuchar, no sólo por uno mismo sino por el resto de personas que estaban en la reunión. Los hechos y conductas observables son difíciles de negar o de rebatir, mientras que los juicios y evaluaciones son fáciles de desmontar.

    En la mayoría de los conflictos, las necesidades de ambas partes están mucho más cercanas de lo que imaginan

  4. Negocia basado en las necesidades e intereses, no en las posiciones. Esta pauta es uno de los pilares del método Harvard de negociación. En un conflicto siempre debemos negociar. Sin embargo, si negociamos por posiciones (lo que está en la superficie) olvidándonos de lo que verdaderamente necesitamos ambas partes, estamos abocados a empeorar el conflicto. Un ejemplo típico es que en una habitación un hombre quiere la ventana abierta porque tiene calor y otro hombre quiere la ventana cerrada porque tiene frío. Si se empeña cada uno de ellos en defender su posición o postura y se olvidan de lo que verdaderamente necesitan, el conflicto empeorará y probablemente uno de ellos imponga su posición al otro, generando resentimiento y frustración. Pero en la mayoría de los conflictos, las necesidades de ambas partes están mucho más cercanas de lo que imaginan, y abordando claramente cuales son sus intereses resolverían el conflicto de forma satisfactoria para ambos.
  5. Haz propuestas claras y concretas. Cuando alguien nos dice «Te pido que me valores más en mi trabajo» ¿Es una petición concreta? O cuando decimos: «A partir de ahora te propongo que nos comuniquemos más para evitar malos entendidos» ¿Es clara y concreta la propuesta? La respuesta es un NO rotundo en ambos ejemplos. Cuando la propuesta o petición para resolver un conflicto no está comunicada con absoluta concreción, el conflicto no se resuelve y volverán los problemas en breve. Porque cada parte seguramente habrá interpretado de manera diferente lo que es «comunicarnos más» y esa diferente interpretación hará que vuelvan a tener conflictos. Se debe concretar qué significa «comunicarnos más». Una propuesta clara sería «A partir de ahora vamos a tener una reunión semanal de una hora para hablar de los proyectos que tenemos en marcha».

Estas pautas prácticas sin duda nos llevarán no sólo a resolver los conflictos vitales y profesionales que tenemos todos en nuestra vida, sino también a prevenirlos. Es importante para ello que integremos estos comportamientos aunque no exista ningún conflicto.

Escuchemos más, evitemos los juicios e evaluaciones subjetivas, indaguemos en lo que necesitan los demás, y hagamos peticiones y propuestas concretas.

Esto evitará que desgastemos nuestra valiosa energía en conflictos innecesarios, y que dediquemos nuestro tiempo a lo verdaderamente importante. Además, reduciremos el enorme estrés que nos generan los conflictos y podremos disfrutar de una vida más tranquila y feliz.

¿Merece la pena? Pues comienza con un micro-objetivo relacionado con las pautas que te he dado. O también puedes dar un gran paso apuntándote al próximo taller de Comunicación influyente que voy a impartir el próximo 29 de noviembre, donde aprenderás y practicarás las herramientas y técnicas clave de la comunicación efectiva. Pincha en el link a continuación para ver la información detallada de este taller. Taller de comunicación influyente. 2ª edición

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

5 hábitos positivos para empezar bien el curso

Fotografía de Teresa Carril

¡Se terminó el verano! Muchas personas están llorando y lamentándose de lo corto que ha sido, de lo breves que han sido las vacaciones. ¡Y es verdad! Hemos tenido tiempo para descansar, desconectar, disfrutar y estar con nuestros seres queridos más tiempo del habitual. Y claro, ahora nos cuesta volver al trabajo, las obligaciones, etc.

Sin embargo, septiembre es un mes idóneo para replantearte determinadas rutinas o decisiones que no estaban aportándote nada positivo antes del verano. Si empezamos a tomar unas cuantas decisiones pequeñas pero importantes, empezaremos el nuevo curso con energía positiva y eso nos puede llevar a generar unos pequeños hábitos que harán que el curso sea realmente muy productivo y feliz. En este post recomiendo 5 hábitos saludables que pueden ayudarnos a tener más éxito y también más equilibrio emocional los próximos 10 meses. Si quieres, puedes repasar este post que escribí sobre las 4 claves fundamentales para generar hábitos positivos sostenibles

  1. Mejora tu alimentación. No imaginamos el impacto que tiene lo que comemos en nuestra vida. Es enorme. Influye en nuestro estado físico, en nuestra salud, en nuestro estado emocional y en nuestro rendimiento profesional. Y por favor, no hagas dieta, está demostrado por muchos estudios que las dietas no funcionan porque, tarde o temprano, volvemos a nuestro peso antes de la dieta. Esto es porque la dieta nos exige un cambio demasiado brusco y radical, y cuando hemos logrado el objetivo, nuestro cerebro se relaja y vuelve a caer en los malos hábitos. En lugar de ello, empieza muy poco a poco, tomando pequeñas decisiones como por ejemplo comer menos carne roja o carbohidratos refinados, o ir sustituyendo gradualmente el azúcar por un edulcorante natural como la stevia.
  2. Empieza a meditar. La meditación o mindfulness no sólo nos ayuda a manejar mejor el estrés y ansiedad de la vuelta a nuestra vida y trabajo. Ganamos foco, claridad mental, concentración, capacidad de disfrutar del momento presente y perspectiva, lo cual nos lleva a tomar mejores decisiones. El mindfulness es un entrenamiento para conocer cómo funciona nuestra mente, y en segundo lugar, para saber cómo focalizarla y llevarla a estados positivos de bienestar y equilibrio. Como en el resto de hábitos saludables, te recomiendo empezar muy poco a poco, sin ambición, con pequeños objetivos muy alcanzables. Por ejemplo, dedicar 5 minutos a sentarte cómodamente, cerrar los ojos y practicar mindfulness. En mi último libro «7 hábitos de mindfulness para el éxito» puedes aprender el método mindfulness así como las distintas técnicas que existen. En este post puedes leer un resumen de lo esencial del libro. Y si quieres, puedes comprarlo en este link: Comprar libro mindfulness
  3. Reserva tiempos de desconexión digital. La tecnología nos ayuda y nos facilita la vida. Genera más agilidad y eficiencia en el ámbito profesional. Sin embargo, para obtener sus beneficios necesitamos aprender a manejarla, para no convertirnos en esclavos tecnológicos. Cuando estamos enganchados demasiado tiempo al móvil (o a la tablet o al ordenador), nuestra mente se embota, pierde claridad y consciencia sobre nuestras prioridades y también dejamos de ser empáticos. Finalmente, tomamos peores decisiones profesionales y personales, y nuestras relaciones se deterioran. Por tanto, es imprescindible que empieces a dedicar pequeños momentos de tu agenda diaria a desconectar de toda conexión digital. Empieza poco a poco, se trata de ir generando pequeños hábitos sencillos.
  4. Vuelve a hacer ejercicio. Si no has abandonado el ejercicio físico durante el verano, enhorabuena. Pero si lo has hecho, es imprescindible retomarlo con fuerza. El ejercicio físico es tan importante como el tema de la alimentación. Influye en nuestra salud, en nuestro equilibrio emocional, y según muchos estudios científicos, ayuda a mantener nuestro organismo más joven, retrasando el envejecimiento, igual que una alimentación sana y adecuada. Tómatelo, como el resto de recomendaciones, con calma, ve realizando cambios graduales y pequeños, sin prisa ni presión. Esta es la clave para todos los hábitos saludables. No trates de hacer grandes cambios, sino ir incluyendo pequeñísimos cambios en tu rutina con el fin de ir consolidándolos.
  5. Ahorra e invierte un poco de dinero. La mayoría de las personas, o saben que no tienen un colchón financiero y eso les genera malestar y preocupación, o simplemente viven en un nivel de inconsciencia total. En cualquier caso, en un mundo en constante cambio, a cualquiera de nosotros nos puede suceder algo imprevisto que nos obligue a gastar una cantidad importante de dinero en efectivo (que nos despidan de la empresa, que perdamos nuestro cliente más importante, que necesitemos hacer un Master) y la mayoría de las personas no están preparadas financieramente ante estas coyunturas. Para evitarlo, es fundamental generar una rutina de ahorro (aunque sean 200 € al mes al principio) y de inversión, para que nuestro dinero no pierda valor por la inflación (si lo tenemos en el banco o debajo del colchón). Muchos expertos hablan de que deberíamos ahorrar un 25% de lo que ingresamos. Pero insisto, si no lo estás haciendo, empieza ahorrando una pequeña cantidad, y luego, poco a poco, ve incrementando la cantidad en la medida de tus posibilidades. Ahora lo importante no es tanto el importe, sino que generes un hábito positivo. ¿Y dónde invertir para que tu dinero vaya ganando valor y no perdiéndolo con los años? Es recomendable contratar a un asesor financiero que te oriente en función de tu perfil de inversor (más arriesgado o menos). En ese sentido, leí hace poco un consejo buenísimo de un gurú de la inversión. Recomendaba que te entrevistaras con tres asesores financieros, y luego contrataras al que menos hable en la entrevista.

Esto también lo aplicaría si estás pensando en contratar a un coach para lograr tus objetivos de vida o de carrera profesional. ¡Contrata al que menos hable!

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

El secreto de la motivación duradera

Las dos últimas semanas he impartido un taller de automotivación para grupos de empleados de una empresa farmacéutica, y me ha obligado a refrescar y revisar las ideas, técnicas y herramientas clave para potenciar las emociones positivas en nuestra vida de forma sostenible.

Todos queremos sentirnos felices y motivados, con energía positiva y autoconfianza. Pero no es fácil, porque hay muchos elementos que impiden y bloquean nuestra motivación. Algunos ni siquiera los conocemos, así que son aún más difíciles de superar. Por ejemplo, nuestra particular visión del mundo, compuesta de nuestras creencias, ideas preconcebidas y valores, influye de manera crítica. Y normalmente no somos conscientes de cuanto nos limita.

Ante todo, la automotivación no tiene nada que ver con palabras grandilocuentes de ánimo, ni tampoco con caminar descalzos por brasas o cristales. La verdadera motivación, la que nos da fuerza y optimismo sostenible incluso en los momentos más difíciles, se obtiene de un profundo trabajo interno a lo largo de años.

El crecimiento espectacular del bambú japonés

Es como el crecimiento del bambú japonés. Se dice que cultivas la semilla, la abonas, la riegas y la cuidas, pero no crece nada en los primeros días, ni en las primeras semanas, ni en los primeros meses. Si eres un cultivador inexperto, probablemente abandones el cuidado de la semilla porque piensas que estaba mala o que no eres capaz de hacerla brotar. Sin embargo, es un error. Si continúas insistiendo en los cuidados, confiando y conociendo el ciclo de maduración del bambú japonés, comprobarás que tampoco crece nada visible en ¡¡7 años!! Desde luego, es una planta para personas muy pacientes, que apuestan por el largo plazo. Pero lo más sorprendente es que después de siete años, en tan sólo seis semanas el bambú crece hasta 30 metros de altura. Impresionante enseñanza la que nos da. El bambú no creció en sólo 6 semanas, sino en 7 años y seis semanas. ¿Por qué? Pues porque durante todos esos años la planta fue creando un complejísimo y denso sistema de raíces, que luego le permitirían crecer de forma tan espectacular en tan poco tiempo.

La motivación funciona del mismo modo. Las personas debemos apostar y confiar en un trabajo de crecimiento interno a largo plazo, de autoconocimiento constante, de reprogramar nuestra mente y nuestros pensamientos. Y muchas veces, a corto plazo, no veremos ningún resultado especial en nuestra vida y quizá tengamos la tentación de abandonar el cultivo de nuestra motivación interior. Pero debemos confiar y recordar el ciclo de maduración del bambú japonés. Algún día, de pronto, nos daremos cuenta de cuanto hemos crecido como seres humanos, cuanto hemos aprendido y evolucionado, y la gran fortaleza emocional que hemos acumulado. Pero debemos vencer a los enemigos del largo plazo: la pereza, la zona de confort, las recompensas cortoplacistas, el miedo, nuestra visión parcial del mundo.

A continuación, comparto contigo el gran secreto de la motivación duradera, a través de 5 ideas y herramientas que considero fundamentales para desarrollar la automotivación sostenible y profunda. Esto es parte de lo que he estado enseñando y trabajando en los talleres de automotivación para la empresa farmacéutica:

  1. Reprograma tus creencias e ideas limitantes. Si tienes creencias limitantes, tu estado emocional será depresivo y caerás en actitudes tóxicas como el victimismo o la queja. Puedes leer el post que escribí sobre la importancia de las creencias, que titulé Eres lo que crees. Podemos cambiar la programación mental que tenemos, producto de nuestra educación y de nuestras vivencias. ¿Cómo? Hay varias técnicas como la repetición de frases potenciadoras («Soy capaz de lograr mis objetivos…la vida es una aventura…los cambios siempre son una oportunidad para renovarse…si me equivoco, aprendo…yo puedo modificar cualquier aspecto de mi forma de ser»), en sustitución de nuestras creencias limitantes («No soy capaz…la vida es sufrimiento…todos los cambios traen algo malo…si me equivoco, es un fracaso….yo soy así y no puedo cambiar», etc.). También puedes visualizar todos los días, con los ojos cerrados y con todo detalle, tu visión personal (explico más abajo en qué consiste la visión personal).
  2. Pasa de víctima a protagonista. Deja de criticar, juzgar o compararte con los demás. Deja de echar balones fuera y asume de una vez la responsabilidad de tu vida. Tus problemas no son culpa de nadie ni de la mala suerte, sólo tú eres responsable de lo que te sucede en la vida, es decir tus decisiones, tus conductas y tus actitudes. Llegar a esta conclusión tan cruda requiere una gran madurez emocional, que pocas personas tienen. Pero es el camino inevitable para tener una motivación poderosa y duradera. Deja de pensar que todo el mundo está en contra tuya, quizá tu peor enemigo está dentro de ti.
  3. Diseña tu visión motivadora. Debes dedicar tiempo a pensar en qué quieres lograr en tu vida en el largo plazo. Haz una lista de tus objetivos personales y profesionales para dentro de 10 años. ¿Dónde quieres estar dentro de 10 años? ¿Cuales son tus sueños? Es fundamental que miremos a tantos años vista, porque en 10 años cualquier persona puede lograr cualquier objetivo, por imposible que parezca hoy. Así que coge un cuaderno, un bolígrafo y empieza a escribir, como si fuera la carta de los Reyes Magos. Permítete por un rato soñar sin límites. Si no tienes una visión, irás por el mundo perdido, desmotivado, sin rumbo. Y otros decidirán tu destino.
  4. Valora y agradece lo que tienes hoy. Diseñar tu futuro no es incompatible con disfrutar, valorar y dar las gracias por todo lo que te ha sucedido en la vida, o por todo lo que eres y tienes hoy. Si lo piensas un poco, eres una persona privilegiada por tener salud, trabajo, dinero para tus caprichos y viajes, una familia maravillosa, etc. Pero los seres humanos nos enfocamos mucho más en lo que nos falta que en valorar lo que tenemos. Practica la gratitud de las pequeñas experiencias agradables que hayas tenido cada día, y la revisión de los logros que hayas conseguido, aunque sean pequeños. Estos dos ejercicios, practicados a diario, cambiarán tu estado emocional totalmente.
  5. Sal de tu zona de confort. Si quieres mantener viva la llama de la motivación duradera, debes desafiarte y hacer cosas que te den un poquito de miedo. Eso se llama salir de la zona de confort. Yo prácticamente todas las semanas del año tengo actividades que me hacen salir de mi zona de confort. He diseñado para mí una vida que me garantiza esto cada semana, lo cual hace que sea imposible estancarme y acomodarme. La zona de confort, que tan tentadora es, nos impide evolucionar y crecer como seres humanos, y asesina nuestra motivación. Así que debemos ser proactivos y generar situaciones y retos con el fin de obligarnos a salir de la zona cómoda. Te recomiendo la estrategia de los pequeños cambios en lugar de los grandes cambios. Salir de la zona cómoda a través de pequeños cambios no sólo hace más fácil afrontar objetivos y desafíos manejando el miedo, sino que facilita la generación de hábitos sostenibles, lo que es la clave para que dichos cambios se incorporen a nuestra vida de forma totalmente automática y natural.

Para concluir, diré que debemos desarrollar la automotivación intrínseca, esta habilidad clave de la inteligencia emocional, y no esperar a que los demás o los elementos externos se ocupen de nuestra motivación. En este caso, nos convertiremos en personas débiles y dependientes, mientras que si desarrollamos recursos internos de automotivación con las recomendaciones de este post, nunca más buscaremos la motivación fuera. De forma natural, volveremos nuestra mirada hacia nuestro interior, donde están los mayores tesoros del universo. La clave es aprender a encontrar esos tesoros dentro de nosotros…

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Eres lo que crees

Todos tenemos creencias o ideas preconcebidas que nos potencian, y creencias o ideas preconcebidas que nos limitan y condicionan nuestra vida y nuestra efectividad profesional. Las creencias están instaladas en nuestro inconsciente y conforman la visión parcial y subjetiva que tenemos de nosotros mismos y del mundo. Por eso, cada persona es un observador distinto de una misma realidad, algo de lo que generalmente no somos conscientes, creyendo que nuestra realidad es la realidad.

Esto genera un montón de problemas y conflictos en nuestras relaciones personales porque no somos capaces de abrir nuestra mente a otras perspectivas o ideas contrarias a las nuestras. También esta falta de consciencia sobre nuestras creencias limitantes reduce nuestra capacidad de manejar de forma efectiva los cambios constantes de nuestra vida, cada vez más rápidos y regulares. Y desde luego, limita nuestro potencial en el ámbito profesional ya que es muy fácil estancarse y quedarse obsoleto profesionalmente si uno no cuestiona y derriba sus creencias o convicciones limitantes de forma frecuente.

Las creencias limitantes provienen de 4 fuentes principales:

  • Nuestra educación y la cultura/sociedad/religión/país/ciudad/entorno donde hemos crecido.
  • Nuestras experiencias y vivencias, o las experiencias de otras personas.
  • Las ideas y creencias que nos han inculcado personas de referencia de nuestra vida (profesores, padres, jefes, mentores, amigos).
  • La información repetida que recibimos de los medios de comunicación (televisión, redes sociales, publicidad).

Al establecerlas como “verdades absolutas”, nuestras creencias se convierten en una cárcel mental para nosotros, y nos esclavizan sin ser conscientes, porque nunca nos cuestionamos dichas creencias. El problema es que todos nuestros comportamientos, actitudes, estados emocionales y patrones de conductas provienen de dichas creencias. En definitiva, nos convertimos en lo que creemos. Somos lo que creemos.

Las creencias mentales son como las raíces de un árbol, si están podridas da igual que cuidemos y reguemos ese árbol, porque los frutos no saldrán o saldrán podridos, porque las raíces no están saneadas. Igual que las raíces de un árbol, es esencial que echemos una ojeada a nuestras raíces mentales para sanear las raíces podridas y sustituirlas por raíces sanas y fuertes, si queremos acceder a todo nuestro potencial y vivir una vida con mayúsculas.

Para entenderlo mejor, pongamos algunos ejemplos de creencias y «verdades» que nos condicionan y empobrecen nuestra vida:

  • Yo no soy capaz de… (completa la frase: no soy capaz de ser empresario, no soy capaz de ganar mucho dinero, no soy capaz de hablar en público, no soy capaz de liderar a un grupo de personas, esto es imposible de hacer en esta empresa, etc.) Te invito a que te preguntas:¿Es una barrera real o es una barrera tuya mental? Seguramente sea una barrera mental ficticia con la que te estás limitando.
  • Yo soy así y no puedo cambiar. Es una creencia limitante que nos hace rígidos y cierra nuestra mente a cualquier posibilidad de mejorar o evolucionar como personas. He escuchado esta frase a muchas personas para justificar un comportamiento o actitud tóxica. En realidad es una excusa para no cambiar.
  • La vida es sufrimiento. Si tenemos esta creencia seguramente tendremos una actitud victimista y de resignación, que perjudicará gravemente nuestro bienestar emocional y nuestro éxito profesional. ¿Por qué no cuestionar esta idea preconcebida y transformarla en una creencia positiva? Por ejemplo, yo creo que la vida es un misterio y una aventura. Esta creencia hace que afronte la vida de forma apasionada y curiosa, lo que desde luego me proporciona mucha más motivación y energía para cambiar las cosas.
  • Somos pecadores y débiles, y Dios es grande y nos perdonará. ¿Te suena esta creencia? Proviene de nuestra educación católica, y la tenemos muy instalada en el inconsciente, a no ser que la cuestionemos de forma firme y valiente. Las religiones fomentan un conjunto de creencias muy potentes, y en ocasiones, tremendamente limitantes. No hace falta que lo demuestre, sólo hay que mirar la historia y ver cómo las creencias religiosas se radicalizan y provocan torturas, asesinatos y terrorismo masivo. Esta creencia minimiza nuestra grandeza como seres humanos y asume que somos débiles y poco dignos, y que el único digno y grande es Dios. Así que es una creencia muy tóxica, porque nos quita el poder que todos tenemos dentro de nosotros y le otorga el poder a una autoridad externa e intangible. Si conseguimos un logro, se lo debemos a Dios, y si fracasamos, nos lo merecemos por soberbios y Dios nos sacará del hoyo. ¿No te parece tremendamente limitante?

Y podría continuar con otros temas, como el dinero, el trabajo, las relaciones, donde tenemos muchas creencias o convicciones muy perjudiciales.

El problema es que las creencias o convicciones nos proporcionan seguridad en un mundo inestable e incierto. Por eso nos apegamos a ellas y nos cuesta tanto desprendernos de ellas. Muchas veces incluso asociamos nuestra identidad con estas ideas. Además, existe una tendencia automática de nuestro cerebro, estudiada y demostrada por la psicología moderna, de buscar informaciones o datos que refuercen nuestras creencias, mientras que evitamos inconscientemente las informaciones que contradicen nuestras convicciones, lo que hace más difícil salir del bucle de nuestras creencias limitantes y cierra nuestra mente de forma casi irreversible.

Personalmente, el tema de las creencias es uno de los aspectos que llevo trabajando durante los últimos 14 años. He derribado con constancia y esfuerzo creencias limitantes que tenía muy arraigadas en mi inconsciente respecto a mí mismo (no soy capaz de…), creencias limitantes respecto a mi relación con el dinero (lo que me ha permitido mejorar de forma radical mi situación financiera) y convicciones tóxicas con respecto a la vida en general (la vida no tiene sentido, la vida es sufrimiento, soy una persona débil y Dios es fuerte) que al derribarlas han fortalecido mi autoconfianza y mi motivación.

Al final, se trata de mirar en nuestro interior y revisar cómo estamos mirando el mundo, cómo nos estamos mirando a nosotros mismos. ¿Nos ayuda o nos hace sufrir? ¿Nos hunde en la miseria o nos lanza al éxito? Esa es la clave, porque no importa si tus creencias son verdad o mentira, en realidad nadie lo sabe. La clave es si tus ideas, convicciones y creencias te están ayudando a vivir más feliz y a conseguir tus objetivos, o todo lo contrario. Esa es la pregunta que debes hacerte. Y si la respuesta es que te están perjudicando o condicionando, entonces debes comenzar a trabajar en derribarlas.

Y no digas que tú no tienes ideas preconcebidas o creencias limitantes, todos las tenemos. Lo que te sucede es que no te has dado cuenta aún, así que cuanto antes te lo plantees, mejor para ti. En este sentido, la forma más rápida y efectiva es trabajar con un coach en un proceso de coaching individual. En todos mis procesos de coaching animo a mis clientes a trabajar el tema de las creencias limitantes con técnicas y herramientas específicas, para que reprogramen su mapa mental, porque es la clave para un profundo cambio duradero y sostenible.

Comienza a liderar tu vida, a tomar las riendas de tu mente, y no permitas que tu mente siga cerrada y condicionada a causa de tus convicciones y creencias.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Tu intención no importa. Sólo importa el resultado.

Quizá este artículo te suene duro, poco empático o incluso algo cruel. Aun así, quería escribirlo porque es una reflexión que da vueltas en mi cabeza desde hace tiempo. Se trata de la contradicción o la distancia que existe entre nuestras intenciones y el resultado final de nuestras acciones. Y sobre todo ¿Qué es lo que verdaderamente importa? Porque estaremos de acuerdo que en muchas ocasiones en nuestra vida cotidiana existe una gran diferencia entre ambas. ¿Cual es la razón?

Vaya por delante que estoy convencido de que todos, en general, tenemos buenas intenciones cuando hacemos las cosas o cuando tomamos decisiones. Sólo en algunas ocasiones puntuales tratamos de hacer daño o el mal de manera consciente, pero no es lo normal. Quizá sea muy ingenuo, pero he comprobado muchas veces la grandeza del ser humano, y cómo todas las personas tenemos una bondad enorme e innata dentro de nosotros. Lo que sucede es que el miedo, la ignorancia, la inseguridad o la rabia nos nublan la conciencia y nos impiden ser lo que verdaderamente somos.

Insisto, por regla general todos tenemos buenas intenciones. No obstante, ¿Están a la altura los resultados que obtenemos respecto a esas buenas intenciones? Definitivamente, no. Por eso, tenemos tantos conflictos, problemas y tensiones en las relaciones con los demás y con nosotros mismos. Porque aunque tengamos la buena intención de dar un consejo a alguien o corregirle una conducta que consideramos incorrecta, quizá ese alguien no quiere nuestro consejo o comentario crítico, o lo percibe como una actitud soberbia o paternalista. Tal vez queremos proteger a nuestro hijo tratando de que no se equivoque pero eso probablemente impida que nuestro hijo madure y se haga cargo de sus propias decisiones vitales. Una gran distancia entre nuestra intención y el resultado final de nuestra acción.

Más ejemplos. Cuando tenemos adicción al móvil o comemos de manera poco saludable y queremos cambiar, pero no lo hacemos y seguimos igual. O cuando abordamos una conversación difícil con un compañero de trabajo o con nuestra pareja, y nuestra intención inicial es la de escuchar, ser empáticos, respetar el punto de vista del otro y decir lo que sentimos y pensamos sin palabras malsonantes, sin agresividad ni insultos, y sin tratar de imponer nuestra «verdad» al otro. Pero si la conversación deriva hacia algo inesperado, seguramente terminemos cometiendo todos los errores que queríamos evitar. Una vez más, nuestra intención era buena, pero el resultado fue nefasto. O el clásico ejemplo de buenos propósitos de inicio de año, como comenzar a hacer ejercicio regular o estar más tiempo con los hijos. Si esas buenas intenciones no se convierten en un resultado real, ¿De qué nos sirve tanto buen propósito? De nada. De hecho, nos estaremos haciendo mucho daño a nosotros mismos si no cumplimos con esas intenciones.

He escuchado muchas veces, como una manera de justificarnos, la frase: «Mi intención era ayudarte, protegerte, orientarte, etc…» Pero no importa la intención, da exactamente igual. Lo que importa es lo que la otra persona ha recibido realmente de nuestra conducta, de nuestras palabras o de nuestro silencio. Ese es el resultado, y muchas veces difiere radicalmente de nuestra buena intención. En esos casos, que son muy numerosos en nuestra vida, debemos mirarnos a nosotros mismos con espíritu autocrítico, porque tal vez estamos perdidos en el mundo de las intenciones, que no es lo mismo que el mundo de la realidad. Y debemos evitar caer en la fácil autojustificación de que nuestra intención era positiva o la maldita frase «Es que yo soy así y no puedo cambiar», porque la realidad es que no logramos un resultado positivo, y eso es lo que finalmente cuenta en nuestro balance vital. No cuentan en absoluto las buenas intenciones que tuvimos, sino las emociones e impacto real que provocamos en los demás a través de nuestras palabras, conductas, actitudes o decisiones.

Cuando hablo de un resultado positivo, me refiero a un resultado que fomente el respeto, la empatía, la comunicación, la confianza, el amor, la amistad. Me refiero a un resultado que cubra las necesidades y emociones de ambas partes (las tuyas y las de la otra persona o personas). Eso es un resultado positivo.

Como decía al inicio de mi artículo, puede que sea duro o cruel empezar así el año, pero cada día estoy obsesionado con ser una persona más auténtica, más sincera conmigo mismo. Cada día busco que mis comportamientos estén más acordes con mis palabras, que no es fácil. Es un aprendizaje y esfuerzo diario, y que no terminará jamás. Y en esa autenticidad quiero hablarme con total honestidad, sin engañarme con autojustificaciones sobre mis conductas, decisiones o palabras. Quiero centrarme en mis resultados, no en mis intenciones o deseos. Porque al final de nuestra vida, nadie nos juzgará o recordará por nuestras intenciones, sino por nuestros resultados y acciones.

Si fuimos una persona agresiva, irrespetuosa, que gritaba a los demás, que hacía sufrir a sus seres queridos o conocidos, será totalmente irrelevante que tuviéramos buenas intenciones. Y el problema es que muchas veces no somos conscientes del sufrimiento que generamos en nosotros y en los demás. Por eso, la clave, una vez más, es profundizar eternamente en nuestro autoconocimiento. Esa es la llave que abre todas las puertas, porque siempre, ineludiblemente, nos ayudará a conectar con la grandeza que todo ser humano alberga en su interior. No hay otra forma para conectar con nuestra mejor versión que conocernos cada día más, con humildad, con autocrítica y al mismo tiempo con amabilidad y compasión hacia nosotros.

Por tanto, está muy bien que te plantees, como es habitual en estas fechas, tus deseos e intenciones para este año. Pero lo verdaderamente importante es que esos deseos e intenciones los conviertas en verdaderos resultados, es decir, en comportamientos concretos, hábitos sostenibles, decisiones o palabras que contribuyan a un mundo mejor, un mundo más humano, respetuoso y compasivo.

¿Están tus acciones contribuyendo a que en tu pequeño mundo haya más confianza, amor y compasión, o estás fomentando el miedo, los prejuicios y la obsesión por imponer tu razón al otro? Te dejo con esta pregunta para reflexionar.

Apúntate ya al Taller práctico de mindfulness que imparto el próximo 31 de enero. Más información.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

La belleza colateral de las experiencias difíciles

La pasada semana vi la película americana Belleza oculta, protagonizada, entre otros grandes actores, por Will Smith. Es una película original y creativa, pero sobre todo sirve para reflexionar sobre la vida, el amor, el tiempo y la muerte. El protagonista se pasa casi toda la película bloqueado y enfadado con el mundo a causa de la pérdida de su hija. Hasta que determinadas experiencias y conversaciones le hacen reaccionar y ser capaz de ver la «belleza oculta» de la tragedia. Aunque en la versión original en inglés siempre hablan de la belleza colateral, como queriendo significar que esa belleza siempre está ahí, a un lado, no necesariamente oculta. Sin embargo, aunque esté a un lado, no somos capaces de verla cuando estamos rabiosos o invadidos por la emoción de un acontecimiento doloroso.

Nadie quiere sentir rabia, tristeza, miedo o frustración. Tampoco queremos vivir experiencias dolorosas o trágicas, como un despido laboral, la muerte de un familiar cercano o una enfermedad grave propia. No es agradable. Sin embargo, esta es parte de la experiencia humana, y es totalmente inevitable. Nadie está a salvo de vivir estas experiencias. La clave es empezar a aceptarlas como parte de nuestra experiencia. O un paso más profundo y avanzado, comenzar a verlas como experiencias fundamentales de aprendizaje y conexión con una sabiduría más profunda (esa es la belleza colateral). Porque si somos capaces de mirarlas y afrontarlas de cara, esa belleza que existe en todas las experiencias duras se nos revelará.

En mi último libro «7 hábitos de mindfulness para el éxito» hay 2 hábitos que tienen que ver con los profundos mensajes de la película. Uno es «Acércate al dolor» y el otro es «Acepta la vida tal y como es». Puede ser chocante para una persona decirle que se acerque, en lugar de alejarse, del dolor. Esta no es una propuesta masoquista, simplemente es evitar las reacciones automáticas de nuestra mente cuando vivimos experiencias dolorosas: alejarse, evadirse, enfadarse, negarlo, rechazarlo. Porque todas estas reacciones empeoran aún más las cosas.

Por supuesto, es muy saludable tomarnos un tiempo de duelo, en el que nos permitamos estar tristes o enfadados. Sin embargo, no podemos dejarnos llevar por un estado de ánimo excesivamente prolongado de tristeza o rabia, porque esto es lo que nos va a ir matando lentamente. La mejor manera de afrontar una experiencia dura, como transmite bien la película, es mirarla de cara, afrontarla, observar sin juzgar y sentir nuestras emociones, aunque sean desagradables. Si nos acercamos de esta forma a nuestro dolor, el dolor va a ir suavizándose y podremos afrontarlo de manera mucho más rápida y sana. Además, esa actitud de aceptación, apertura y curiosidad nos va a ayudar a ver la belleza colateral de esa experiencia que nos ha hecho sufrir, y con el debido tiempo, es posible que incluso lleguemos a dar las gracias por haber tenido esa experiencia. Seguramentente somos lo que somos gracias a haber pasado por esa experiencia. 

Otro efecto de la aceptación y del acercamiento con curiosidad a las experiencias y emociones dolorosas es comprender a nivel profundo que todo está conectado, y esto se visualiza de forma muy clara en la obsesión que tiene el protagonista del filme con las construcciones de dominó en las cuales el hecho de tocar una sola pieza genera una cadena de conexiones inimaginables, haciendo que todas las piezas de una enorme construcción vayan cayendo. Las personas que son capaces de superar una experiencia trágica o dura y ver la belleza colateral de la misma llegan a un nivel de entendimiento y sabiduría mayor que el resto de personas. Y ese nivel de sabiduría nos lleva a ver la profunda conexión de todas las cosas y todas las personas (mover solo una pieza de dominó termina derribando una construcción de 5000 piezas porque están todas conectadas).

Sí, todo está conectado. Y no somos conscientes de las increíbles conexiones que nos rodean en nuestra vida. De hecho, cada comportamiento, decisión o actitud nuestro impacta en algo o alguien, y el impacto en ese algo o alguien impactará en otra persona o situación, y así hasta el infinito, como las piezas de dominó. Muchas veces, ese impacto vuelve a nosotros como si fuera un boomerang. Así que una decisión cotidiana que estés tomando está teniendo muchas consecuencias (en tus amigos, familiares, compañeros de trabajo, personas desconocidas, en ti mismo/a), muchas más de las que te imaginas. Esta conciencia profunda sobre el impacto de nuestras microdecisiones y conductas puede llevarnos a vivir una vida con más sentido, propósito y responsabilidad, lo cual derivará en una vida más plena y feliz.

Aceptar la vida como es y acercarnos al dolor de nuestras experiencias vitales, en lugar de huir, escapar o rebelarnos, nos permitirá acceder a un nivel superior de conocimiento, plenitud y comprensión de lo que significa la experiencia de vivir. Y ahora, te propongo un ejercicio de reflexión. Recuerda una experiencia muy dura, dolorosa o trágica que hayas tenido, y hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Qué aprendiste de aquella experiencia?
  • ¿Cual fue o ha sido la belleza colateral de dicha experiencia? ¿Qué es lo que te ha dado? (mayor comprensión, reinventarte profesionalmente, ser más fuerte, vivir de forma más auténtica y plena, …)
  • ¿Qué podrías agradecer de aquella experiencia?

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Las 3 claves para lograr resultados extraordinarios

Acabo de terminar el libro «Dinero, domina el juego» del gran conferenciante motivacional Tony Robbins. Soy un devorador de libros, me encanta leer y los libros me han aportado muchísimo durante mi vida. He aprendido conceptos y estrategias fundamentales que han aumentado mi felicidad y también mi rendimiento y liderazgo personal.

En el libro, Tony Robbins aborda el tema de la independencia financiera, que es algo sobre lo que llevo investigando, leyendo y tomando decisiones personales desde hace años. Pero el libro es mucho más. Como de costumbre, Tony es un motivador nato y no puede evitar transmitir en muchas páginas del libro sus habituales discursos sobre lo que nos limita y condiciona, y en el lado opuesto, lo que nos empodera y potencia en nuestra vida personal y carrera profesional. En ese sentido, me encanta cuando detalla los 3 elementos clave que inciden, negativa o positivamente, en nuestros resultados y el logro de nuestros objetivos. Son los siguientes:

1. Los relatos que nos contamos. Todo empieza por las historias que nos contamos a nosotros mismos para justificar nuestra falta de acción, pereza o miedo a tomar decisiones. Nos engañamos a nosotros mismos echando balones fuera, como si nosotros no pudiéramos hacer nada y todo dependiera de otras personas o de elementos externos. Lo peor de todo es que nos creemos nuestros relatos limitantes. Algunos ejemplos muy comunes de relatos limitantes son:

  • «No puedo hacer nada si los demás no dan el primer paso»
  • «No tengo tiempo»
  • «No puedo, no soy capaz de…»
  • «Eso es imposible, no se puede, no es realista…»
  • «La culpa de mis problemas la tiene mi jefe, mi pareja, etc…»

Dentro de este apartado también están las interpretaciones limitantes o distorsionadas que hacemos de la realidad y sobre lo que nos sucede. Cambiar todos estos relatos por unos nuevos relatos que nos den poder es clave para ser una persona de alto rendimiento.

2. El estado emocional. Los relatos que nos contamos inciden directamente en el segundo punto clave que incide en nuestros resultados: las emociones. Si yo me cuento a mí mismo el relato de que «Es imposible intentar planificarse en mi empresa…» o «La culpa de mis resultados es de mi equipo» o «Todo es importante y urgente», eso generará un estado emocional de frustración, victimismo o estrés. Las emociones inciden directamente en nuestras conductas y decisiones porque somos seres esencialmente emocionales. Si no sabemos cómo acceder a un estado emocional de poder y motivación, no conseguiremos jamás resultados extraordinarios. Recuerda: lo primero es cambiar tu relato limitante por otro que te potencie y empodere. Después, tendrás que desarrollar la inteligencia emocional para gestionar las dificultades inevitables que te encontrarás cuando te encamines hacia tus metas y sueños.

3. Las estrategias que usamos. En tercer lugar, es clave que usemos las estrategias efectivas para conseguir resultados extraordinarios. Desde luego, si no hemos dominado los dos primeros aspectos, ninguna estrategia nos servirá porque nuestra mente no tendrá la fortaleza y el equilibrio necesarios. El 90% de las personas utilizan estrategias inadecuadas y poco efectivas para lograr sus objetivos. Debemos aprender cuales son los métodos de las personas de éxito para replicarlos. Por esto es tan importante leer mucho a las personas que han alcanzado el éxito y comparten sus estrategias, asistir a conferencias y cursos de formación en habilidades emocionales, o contratar a un coach que pueda enseñarte las estrategias probadas de éxito para lograr tus objetivos.

Así que empieza a cuestionar tus relatos limitantes y victimistas y cámbialos por unos nuevos que te den poder. Eso cambiará tu estado emocional a un estado de motivación y poder, que tendrás que mantener ante los obstáculos, desarrollando tu habilidad de gestión emocional para manejar el miedo, la frustración y la rabia. Y por último, tendrás que formarte continuamente para aprender las estrategias probadas de éxito para ser más eficiente y disciplinado, y generar unos hábitos positivos sostenibles que te lleven a alcanzar todo lo que te propongas en la vida y el trabajo. ¡A por ello! Tú puedes. Todos podemos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El modelo SCARF de neuroliderazgo

La neurociencia ha avanzado en los últimos 20 años a pasos agigantados. Se dice que hemos aprendido más sobre el funcionamiento de nuestro cerebro en los últimos 30 años que en el resto de siglos de existencia del ser humano. Y aún nos queda muchísimo por conocer de ese fascinante y misterioso órgano que tenemos en nuestra cabeza.

Uno de los campos donde se está desarrollando más es en el campo del liderazgo, con el fin de orientar a los directivos y managers de las empresas a liderar de forma más efectiva a sus equipos con el fin de desarrollar todo su potencial, y que de esta forma alcancen cotas de rendimiento máximas. En este sentido, me gusta especialmente el modelo SCARF, desarrollado por el experto en neuroliderazgo David Rock, y soportado en numerosas investigaciones sobre nuestro cerebro. El término Scarf significa bufanda en inglés, no por casualidad. Si no tenemos bufanda un día de invierno nos vamos a sentir desprotegidos, mientras que con ella nos sentiremos reconfortados. Pues esto es lo que nos aporta el modelo SCARF.

La base sobre la que se sustenta el modelo SCARF es que nuestro cerebro, en primer lugar, es un cerebro social, que busca nuestra interacción con los demás. Está probado que cuando nos sentimos en una situación de exclusión social, se activan los mismos circuitos neurales que cuando tenemos un dolor físico. Esto nos indica que sentirnos integrados socialmente en un equipo de trabajo es fundamental y lo contrario, sentirnos excluidos o marginados, nos genera un enorme estrés y sufrimiento.

Además, nuestro cerebro funciona sobre dos sistemas inconscientes: el sistema de recompensa y el sistema de amenaza. Si nos sentimos amenazados, las personas nos movemos por el miedo, y por tanto, estamos menos dispuestas a confiar y a colaborar. Incluso sale nuestra parte más primitiva y defensiva de competir a costa de los compañeros del equipo, y por supuesto las personas somos mucho menos proactivas y más pasivas. Por tanto, si tenemos un equipo que tiene activado el sistema de amenaza, nunca lograremos los objetivos y resultados que perseguimos como líder. Nunca podremos extraer el máximo rendimiento de ese equipo.

Sin embargo, el otro sistema inconsciente que se activa es el de recompensa. Cuando nos sentimos recompensados nuestra actitud y comportamiento son radicalmente diferentes: en lugar de movernos por el miedo nos movemos por la confianza, y por lo tanto estamos mucho más dispuestos a colaborar con nuestros compañeros, aumenta nuestra creatividad y nuestro compromiso con el equipo y la organización, somos más proactivos y nos sentimos muy motivados. Esto nos lleva a dar lo mejor de nosotros y por tanto, es muy probable que un equipo que se siente recompensado alcance el máximo rendimiento y los objetivos que se ha propuesto.

Pero lo que el modelo SCARF nos aclara es ¿Qué elementos son claves a la hora de que un profesional se siente amenazado o recompensado? El acrónimo SCARF se compone de los 5 aspectos clave, validado por las investigaciones de la neurociencia: Status, Certainty, Authonomy, Relatedness y Fairness. Voy a explicar cada uno de ellos:

  • Status. Se trata de percibir que nuestro status en el equipo está reconocido y que no sentimos amenazado ese status. Un jefe de equipo puede ocasionar una percepción de amenaza del status cuando da más responsabilidades, promociona o aumenta el sueldo a algunos miembros del equipo y no a otros, cuando todos tienen la misma experiencia o conocimientos. O cuando se cuelga la medalla de los logros del equipo, olvidando que todos sus colaboradores han contribuido decisivamente a dichos logros.
  • Certidumbre. Cuando los miembros de un equipo no tienen claro la visión del equipo, el rumbo o los objetivos que están persiguiendo, o no conocen nada de las decisiones de la Dirección de la empresa, o hay una situación de cambio o reestructuración y la información que reciben es ambigua, entonces se sentirán amenazados. Las personas necesitamos certidumbre, transparencia y comunicación constante y exhaustiva.
  • Autonomía. Cualquier profesional se motiva y confía más en sí mismo cuando se le da cierta autonomía y responsabilidad. Una necesidad básica del ser humano es tener cierta sensación de control sobre sus decisiones y sobre su tiempo. Si un Manager coarta esta autonomía y dirige en exceso, su equipo perderá progresivamente motivación, y dejará de intentar cosas nuevas, dejará de proponer ideas de mejora, y por tanto, será la responsabilidad del Manager que este profesional se marche de la empresa o aporte un rendimiento mediocre, muy por debajo de su potencial.
  • Relaciones. En un equipo debe haber buen ambiente, y el Manager debe fomentarlo con acciones concretas. Algunos ejemplos positivos serían organizar comidas de todo el equipo frecuentemente para hablar en un ambiente distendido de temas personales como familia o aficiones, una actividad motivante tipo Team building una vez al año, o generar espacios en las reuniones diarias o semanales para que los miembros del equipo expresen sus inquietudes y necesidades. Todo esto ayuda a que las personas no activen su sistema cerebral de alerta porque sienten amenazada la necesidad de estar conectadas de forma personal y humana con el resto de sus compañeros. Como decía al inicio, somos seres sociales y nuestro cerebro tiene un carácter marcadamente social. Así que si no tenemos una estrecha relación personal con nuestros compañeros, sentiremos desconfianza y esto nos impedirá colaborar, contribuir, arriesgarnos, generar ideas para el equipo.
  • Justicia. La F de Fairness implica que el Manager debe ser justo en la toma de decisiones. No debe mostrar preferencias por ninguna persona del equipo ni actuar movido por ocurrencias que amenacen la sensación de injusticia de parte o todo el equipo. Esto no significa que tenga que tomar decisiones que contenten a todos, lo cual es imposible. El manager debe tomar decisiones, a veces difíciles, y esto es necesario. Pero si algunos miembros del equipo no están de acuerdo o la perciben como injusta, al menos el manager está obligado a explicar su decisión, su motivación y razones. De esta forma las personas de su equipo reducirán de forma notable su sistema de amenaza, porque aunque no compartan la decisión, percibirán justo que se les de una explicación.

En resumen, me parece fundamental que un líder conozca el modelo SCARF con el fin de entender de forma más clara los comportamientos y actitudes de sus colaboradores, que muchas veces pueden parecer incomprensibles e injustificables. Creo que el modelo SCARF ayuda a un líder a ser más empático, a comprender mejor, y por tanto, a influenciar de forma más efectiva y productiva a su equipo para que estén totalmente comprometidos y dando el máximo al equipo. Si no sabemos por qué una persona no colabora, o está desmotivada o incluso enfadada, difícilmente vamos a poder ayudarla a encauzar positivamente su conducta o actitud. Con el modelo SCARF un manager puede mejorar claramente su liderazgo, basado en un mejor conocimiento del funcionamiento del cerebro humano, en definitiva, de la condición humana y las necesidades que nos mueven a nivel inconsciente a todos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El liderazgo amable y empático

Hace un mes asistí al programa presencial de mindfulness (atención plena) e inteligencia emocional de Google denominado Search Inside Yourself. Es el programa que desde 2007 Google está ofreciendo a sus empleados, y que ha ganado fama mundial. Desde entonces, se han formado ya más de 4000 empleados de Google en «Search Inside Yourself», y desde hace pocos años el programa se ofrece en abierto a cualquier persona que quiera profundizar en su liderazgo personal en base a las herramientas del mindfulness y la inteligencia emocional. O lo que podríamos llamar Mindful leadership.

Uno de mis propósitos es la mejora continua, y una de mis creencias esenciales es la de que todos podemos aprender algo siempre, porque de lo contrario o estaríamos muertos o estaríamos engañándonos a nosotros mismos. Nunca debemos perder esa capacidad de aprendizaje y la humildad de reconocer que siempre podemos mejorar como personas y como profesionales.

Lo cierto es que el programa ha sido una experiencia enriquecedora e interesante, y voy a comentar los 3 aspectos que más me han aportado.

  1. Todos somos líderes. Toda persona puede ser un líder en su entorno, sea en su familia o en su trabajo. Y esto no depende de si tienes un cargo específico de director o Manager. El liderazgo no tiene nada que ver con cargos ni títulos, tiene que ver con tu forma de enfrentarte a los retos y dificultades, y también con tu forma de relacionarte con las personas de tu entorno. Un líder es proactivo en lugar de reactivo, un líder decide asumir la responsabilidad de su vida en lugar de ir de víctima del mundo. ¿Eres de los que esperan que las cosas se resuelvan solas, o te pones manos a la obra para conseguir tus objetivos? ¿Te centras más en lo que deberían cambiar los demás, o en lo que deberías cambiar tú? Respondiendo honestamente a estas dos preguntas, puedes saber si actualmente estás adoptando un rol de víctima o un rol de líder.
    En cualquier caso, debemos romper la creencia limitante de que no somos líderes. Borrar la idea de que el liderazgo es algo extraño o un don concedido a unos pocos seres humanos privilegiados. Debemos normalizar la palabra liderazgo, y entender que todos influenciamos en nuestro entorno, ya sea personal y profesional. Y eso es liderazgo. La clave es ¿La influencia que ejercemos en nuestros entornos es positiva o negativa? Seamos honestos. Pero está claro que todos ejercemos una influencia en las personas con las que vivimos (hijos, padres, parejas, hermanos), trabajamos (compañeros, clientes, jefes) o incluso con las que interactuamos una sola vez (un taxista, un camarero…)
  2. Desarrolla tu empatía para ser un mejor líder. Si juzgas constantemente a los demás, si los tratas con agresividad o te enfocas en lo que te diferencia de ellos, no estás siendo un buen líder. Lamentablemente tenemos ahora en España un ejemplo claro de cómo un conjunto de personas en Cataluña pretenden marcar diferencias con el resto de catalanes y españoles, y de situarse por encima, como si fueran superiores o especiales. Eso es mezquino además de tóxico y tremendamente peligroso, como estamos comprobando los últimos meses.
    Por el contrario, el auténtico liderazgo tiene mucho que ver con buscar puntos de encuentro entre seres humanos, en desarrollar la empatía para comprender de forma más profunda a los demás y poder ayudarles a dar lo mejor de sí mismos. Para ayudarte a ser más empático, trata de buscar semejanzas con las personas con las que interactúes en tu día a día (un cliente, un compañero de trabajo, tu hijo o un dependiente de una tienda de ropa). En lugar de centrarte en lo que te distancia de ellas, céntrate en lo que nos une a todos los seres humanos, sin excepción: todos tenemos dificultades, miedos y momentos de sufrimiento. Esto es algo común. Todos tenemos el deseo de liberarnos del sufrimiento y ser felices, esto también es algo común a todos los seres humanos.
  3. Sé amable contigo mismo y con los demás. Uno de los puntos centrales de la meditación budista es el entrenamiento de la autocompasión o amabilidad con uno mismo. Es muy habitual que seamos tremendamente exigentes y duros con nosotros cuando no alcanzamos los elevados estándares que nos hemos impuesto, generándonos una enorme ansiedad y rabia contra nosotros. Así nunca podremos ser líderes en nuestro entorno, puesto que la agresividad que generamos contra nosotros la volcaremos contra los demás. Es inevitable. Así que lo primero es empezar a tratarnos con más amabilidad, permitiéndonos los errores, concediéndonos respiros y momentos de descanso, evitando criticarnos implacablemente. Después, podemos desarrollar la amabilidad con los demás en múltiples oportunidades durante el día. Sonriendo y ofreciendo amabilidad a las personas desconocidas con las que interactúes cada día, preguntando con verdadero interés a nuestros compañeros de trabajo o familiares cómo se encuentran, escuchándoles con atención, etc.

El mundo necesita líderes que fomenten la empatía, la amabilidad y la creencia de que pueden contribuir a un mundo más humano y feliz. Tú puedes ser uno de ellos, da igual la profesión que ejerzas, da igual el rol que tengas en tu familia. Tú puedes ser un líder que ejerza una influencia positiva en tu entorno personal o profesional. La clave es si quieres coger el testigo, si estás dispuesto a hacer lo necesario para ello. Porque ser un líder requiere paciencia, constancia, entrenamiento en las habilidades necesarias (por ejemplo, las aquí mencionadas de la empatía y la amabilidad) y ganas de ser mejor cada día.

Yo, desde hace tiempo, elegí que sí quería ser un líder, y decidí que cada día trataría de ser mejor, para ayudar a los demás a descubrir el potencial que tienen dentro para dar lo mejor de sí mismos en la vida y en su trabajo. Y te aseguro que es un motor potentísimo de automotivación e ilusión diarias.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Somos ya como los replicantes de Blade Runner?

El otro día estuve viendo la película Blade Runner 2049, ya que Blade Runner, la película original de 1982, es una de mis películas favoritas y deseaba ver cómo seguía aquella historia que me fascinó y me sigue fascinando, y que se ha convertido en una de las películas más míticas de la historia del cine.

Aparte de que Blade Runner 2049 es una buena película pero que no está a la altura de la primera, la temática principal está hoy más de actualidad que nunca. Los replicantes, robots diseñados por el hombre para que hicieran de esclavos o para que trabajaran en general a su servicio, serán en un futuro próximo una auténtica realidad. Además, los replicantes tenían emociones, lo que les hacían incluso más humanos que los propios seres humanos de las dos películas. Recuerdo cómo en Blade Runner 1982 los replicantes buscaban su identidad, el sentido de su existencia, y que tenían miedo a la muerte. Mientras que los personajes humanos no tenían ni mucho menos esas inquietudes tan metafísicas.

En el siglo XXI, además de vislumbrar la viabilidad de los robots «humanizados» para hacernos la vida más sencilla y mejor, tenemos ante nuestros ojos una realidad más preocupante: la creciente robotización de los seres humanos.

Uno de los motivos principales es la irrupción de la tecnología en nuestra vida cotidiana. Podemos comprobar cómo los seres humanos, en la era tecnológica, están siendo abducidos literalmente por los móviles. Es frecuente ver grupos de amigos sentados en un bar mirando cada uno su teléfono móvil y sin mirarse a la cara ni comunicarse directamente. O una pareja cenando en un restaurante mirando cada uno su smartphone. También en la calle cualquiera puede darse cuenta de la robotización de las personas, caminando mientras contestan whatsaps o correos electrónicos incluso cuando cruzan un semáforo.

En realidad durante todo el día actuamos más como robots que como personas. Porque hacemos todo en piloto automático, es decir sin conciencia sobre lo que estamos haciendo o experimentando. Desayunamos sin saborear el desayuno, nos duchamos mecánicamente, conducimos y caminamos de forma automática, hacemos nuestro trabajo de forma rutinaria dejándonos llevar por lo que nos ha funcionado en el pasado sin cuestionarnos si hay una forma más creativa o efectiva de hacerlo, consultamos compulsivamente el móvil usándolo en situaciones en las que no es adecuado o simplemente es una falta de respeto, y finalmente llevamos el piloto automático a nuestras relaciones personales, saludando y preguntando mecánicamente «¿Qué tal?» como si fuera un protocolo, sin interesarnos verdaderamente por el otro, olvidando nuestra capacidad para ser empáticos.

Pero además, no nos damos cuenta pero nos dejamos manipular por todo lo que leemos en los medios de comunicación, y también por la publicidad, estrechando nuestra visión crítica sobre las cosas, y pensando y actuando según la ruta marcada por la sociedad. En definitiva, estamos más programados de lo que pudiéramos imaginar, y casi todas nuestras decisiones y conductas han sido marcadas por la sociedad o por otras personas o instituciones; es decir, no son nuestras verdaderas decisiones. La robotización del ser humano está eliminando su libertad. 

Hay que decir que el piloto automático es el modo mental por defecto del cerebro, que lo activa cada vez que repetimos una conducta o acción muchas veces. El cerebro considera que es correcto y lo pasa al inconsciente, convirtiéndose en una acción automática o una rutina. También nuestro cerebro pasa al inconsciente una idea o información que hemos recibido repetidas veces. De ahí que vamos por el mundo con unas ideas preconcebidas sobre las cosas, que consideramos «la verdad».

Lo gracioso es que el cerebro hace esto sin pedirnos permiso, como un intento bienintencionado de liberarnos energía. El problema es que el piloto automático se va apoderando, sin darnos cuenta, de cada vez más facetas de nuestra vida, y finalmente acabamos esclavizados por nuestras propias rutinas y creencias rígidas, y terminamos viviendo el día de la marmota, en el que cada día se repite de forma monótona y machacona.

¿Y cómo se logra revertir esta situación? ¿Cómo desconectamos y salimos del piloto automático para recuperar la grandeza que tenemos, nuestra empatía y generosidad? El mindfulness es la herramienta más efectiva para recuperar nuestra humanidad, el disfrute de las pequeñas cosas, la compasión y la amabilidad. El mindfulness se podría definir como un entrenamiento mental de la atención en el momento presente, sin juicios y con aceptación. Uno de sus principales beneficios es activar el estado de consciencia y desactivar el piloto automático tan dominante en nuestras vidas.

Muchas personas me preguntan por qué el mindfulness está creciendo tanto en nuestra sociedad. Aparte de otras razones, una de las claves es que nos estamos dando cuenta de que así el ser humano no va por buen camino, de que cada vez está más disperso, estresado y deshumanizado, y que necesita una disciplina para reconectar con su humanidad perdida. Esa humanidad recuperada gracias al mindfulness nos hace aumentar nuestra felicidad y bienestar, nos convierte en personas más sensibles y empáticas, y por tanto nos pone en disposición de dar lo mejor de nosotros mismos en la vida y en el trabajo.

No nos convirtamos en replicantes. La grandeza del ser humano está dentro de cada uno de nosotros. Sólo tenemos que despertarla y desarrollarla. A través del entrenamiento mindfulness.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.