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Resiliencia y mindfulness

El conocido neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, que superó el trauma de los campos de concentración nazis, incluyendo la matanza de sus padres, define el concepto de resiliencia como la capacidad para superar situaciones o experiencias dolorosas y traumas, saliendo fortalecido de ellos.

Es interesante la diferencia que hace Cyrulnik entre el concepto de resistencia y el de resiliencia. Resistencia sería la capacidad de mantenerse firme y fuerte en el momento de sufrir la situación traumática o dolorosa. Sin embargo, el hecho de mantenerse fuerte en ese momento crítico no significa que lo superes en tu vida, no significa que ese hecho no deje secuelas y consecuencias emocionales posteriores que condicionen tu vida. Aquí entra el concepto de resiliencia, que tiene que ver más con el post-trauma, es decir, con la capacidad de superar esa situación dolorosa después de haberse producido y además salir fortalecido, y crecer gracias a la experiencia.

Un ejemplo fácil de entender es el de los soldados cuando luchan en una guerra. Hay soldados que son muy valientes y resistentes psicológicamente, pero que después del conflicto, cuando vuelven a su vida normal, se hunden a nivel emocional. El caso de los resilientes es el de un soldado que, independientemente de lo valiente y resistente que haya sido en el conflicto, cuando vuelve es capaz de rehacer su vida, de superar los traumas de la guerra y salir fortalecido psicológicamente. Por tanto, la resiliencia podría resumirse en dos palabras: Superarlo y Crecer, o Superarlo y Ganar.

En el mundo empresarial del siglo XXI, que se ha definido por los gurús como VUCA (volátil, incierto, complejo y ambigüo), la resiliencia es algo fundamental. Salvando las distancias con respecto a eventos extremos como los mencionados, en la vida o el trabajo las personas se enfrentan a situaciones difíciles o incluso traumáticas como la muerte de un familiar muy cercano, el despido de tu puesto de trabajo, una enfermedad grave que te diagnostican, o simplemente la presión de los objetivos en el trabajo mes a mes. Y en esas situaciones la persona resiliente es más capaz de superarlas y salir fortalecido de ellas.

Una de las claves para desarrollar la resiliencia es reconocer la realidad y aceptarla. La razón por la cual no superamos situaciones graves y dolorosas es porque las negamos y además las rechazamos como injustas, anclándonos en estados emocionales negativos como el resentimiento. En definitiva, no hemos pasado página. Otra de las claves de la resiliencia es ser capaces de “ver” más allá de una experiencia difícil y dolorosa, detectando las oportunidades de aprendizaje y crecimiento. Esto sólo lo podemos lograr si abrimos nuestra mente, con una visión “out of the box”.

Pero ni la aceptación ni la apertura mental son algo fácil y rápido de conseguir, porque requieren un cambio en nuestro cerebro a nivel inconsciente y en gran parte emocional. ¿Y cómo se pueden desarrollar estas capacidades, relacionadas con la resiliencia, a nivel inconsciente? ¿Existe una herramienta para ello? Sí existe y se llama Mindfulness (atención plena), como se evidenció en una investigación en 2014 de la Universidad de California y la Escuela de Medicina de San Diego, en la cual un grupo de soldados marines estadounidenses incrementaron su resiliencia y su capacidad de recuperarse positivamente de experiencias estresantes relacionadas con su participación en la guerra, después de un entrenamiento basado en la metodología mindfulness.

El mindfulness es un entrenamiento mental a través del cual desarrollamos todo el potencial de nuestro cerebro. Para explicar de forma fácilmente recordable la esencia de dicho entrenamiento, he creado el modelo mnemotécnico de las 6 As (AAAAAA). Dirigir la Atención al Aquí y Ahora, con una actitud de Apertura, Aceptación y Amabilidad. A Continuación desarrollo las 6 As:

A: Atención. Aprendemos a través del entrenamiento mindfulness a dirigir y focalizar conscientemente nuestra atención, evitando que la mente se distraiga y divague.

A: Aquí. Focalizamos la atención en el lugar donde estamos en este instante, ya que no existe otro lugar que aquí.

A: Ahora. Focalizamos la atención en el momento presente, porque no hay otro momento que este (Carpe diem). Esto implica no engancharse a los pensamientos sobre el futuro y el pasado.

A: Apertura. Es una atención abierta, curiosa, en la cual evitamos juzgar las experiencias, y evitamos contaminarnos por ideas preconcebidas, prejuicios, etc. como si volviéramos a percibir las cosas con la mente de un niño.

A: Aceptación. Entrenamos la cualidad de aceptar lo que “es”, sin querer cambiar la experiencia, sin esperar un resultado determinado, aceptando también lo desagradable o incómodo que aparezca, y no rechazándolo.

A: Amabilidad. Desarrollamos la compasión y amabilidad con nosotros, combatiendo nuestra tendencia habitual a tratarnos dura y agresivamente, a juzgarnos y reprocharnos nuestros errores y decisiones.

A través del mindfulness, entrenamos al cerebro para que aprenda a relacionarse con todo tipo de experiencias de un modo más productivo, incluyendo las experiencias dolorosas. El mindfulness desarrolla la habilidad en el cerebro de aceptar toda experiencia como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Y dejamos de estar condicionados por nuestros hábitos mentales: juicios, expectativas, deseos, torturarse por hechos del pasado (que se llama rumiación), generarse ansiedad por acontecimientos del futuro que aún no han sucedido (llamado pre-ocupación). Todos estos hábitos de la mente nos generan, sin darnos cuenta, mucho sufrimiento, ansiedad y estrés.

En este sentido, es muy interesante el trabajo de investigación que lleva realizando desde hace más de 30 años el Center for Mindfulness de la Universidad de Massachusetts respecto a la efectividad del Mindfulness para aprender a manejar el estrés y la ansiedad, y el Centro de Mindfulness de la Universidad de Oxford relacionado con la eficacia del mindfulness para prevenir y superar la depresión. El mindfulness, cuando se practica con regularidad, cambia la fisiología del cerebro, activando el cortex prefrontal izquierdo, relacionado con un aumento de emociones positivas, y reduce la actividad de zonas cerebrales relacionadas con la depresión (el lóbulo temporal derecho), el miedo o la rabia (la amígdala).

En el libro “El camino del Mindfulness”, John Teasdale, Mark Williams y Zindel Segal, investigadores y responsables del programa de mindfulness de Oxford, describen 7 cambios claves que se producen en las personas que integran el mindfulness como una práctica regular:

  1. De vivir con el “piloto automático” a vivir de manera consciente y atenta.
  2. De hurgar en el pasado (rumiar) y en el futuro (pre-ocuparse) a estar plenamente en el momento presente.
  3. De condicionar la experiencia a través de la mente (con juicios, recuerdos) a sentir la experiencia directamente.
  4. De intentar evitar y escapar de las experiencias poco agradables a acercarse a ellas con curiosidad.
  5. De querer que las cosas y las personas sean diferentes a aceptar las cosas tal y como son.
  6. De creerse todos los pensamientos como si fueran la verdad absoluta, a verlos como simples interpretaciones o fenómenos mentales pasajeros, que no tienen por qué corresponder con la realidad.
  7. De tratarse a uno mismo duramente a tratarse con amabilidad, compasión y aceptación.

Podemos intuir claramente que las personas resilientes han aprendido a desarrollar estos comportamientos y actitudes como hábitos, que son las que se logran a través del entrenamiento mindfulness. ¿Qué impacto tendría en nuestra vida si desarrolláramos estos 7 hábitos del mindfulness? ¿Seríamos más felices? ¿Nos iría mejor también en nuestra carrera profesional? A mí no me cabe la menor duda.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La comunicación que soluciona conflictos

Todos tenemos conflictos en nuestras vidas o trabajos. Los conflictos son inevitables, e incluso a veces son necesarios para aclarar situaciones, resolver viejas heridas, o mejorar relaciones. Pero ¿Sabemos cómo resolverlos de forma positiva?

En general, solemos hacer lo contrario: aumentar el conflicto hasta límites totalmente innecesarios, lo que genera un gran sufrimiento y estrés en nosotros y también en los demás. El ser humano es paradójico y contradictorio, y es habitual que se haga daño a sí mismo y a sus seres queridos, consciente o inconscientemente. En primer lugar, identifiquemos algunos grandes enemigos de la resolución positiva de conflictos:

  • Orgullo mal entendido. Si crees que te han herido, tu objetivo inconfesable será vengarte y tratar de humillar o dañar a la persona que te ha herido. Tu objetivo no será resolver el problema, sino devolverle la afrenta a la otra persona.
  • Falta de empatía. Ir a resolver un conflicto en un momento poco oportuno, por ejemplo cuando la persona tiene prisa o está estresada por otros motivos. Esto es falta de empatía porque no te planteas las necesidades de la otra persona. Otro ejemplo de falta de empatía sería “vomitar” lo que quieres decirle sin haberle preguntado y escuchado antes.
  • Ideas de poder falsas. Hay determinados roles en los que confundimos autoridad con autoritarismo, respeto con poder. Por ejemplo, cuando somos responsables de un equipo, pensamos que ellos deben obedecernos y hacer lo que dice “el jefe”. De lo contrario, pensamos que no nos respetan. Otro rol en el cual nos confundimos con la idea del poder es el de padres, porque nos ponemos en un nivel de superioridad respecto a nuestros hijos, y asumimos que podemos imponerles las conductas o actitudes. Esta cultura es la del miedo, que no genera una mejora sostenible.
  • Querer tener la razón. Una vez escuché la frase “En la vida tenemos que elegir: tener razón o ser felices” y me impactó. Lo cierto que es que querer imponer al otro nuestra “verdad” es algo muy perjudicial para resolver un conflicto, ya que la otra persona también tiene su visión de la situación. Más veces de las que creemos nuestro objetivo principal es que nos dén la razón, con el único fin de satisfacer a nuestro ego.

Dicho esto, a continuación voy a exponer 5 aspectos fundamentales para comunicarnos con más efectividad e influencia, de manera que podamos resolver y prevenir nuestros conflictos vitales de un modo productivo y positivo.

  1. Elige un buen momento para ti (en el que estés sereno/a y tranquilo/a) y sobre todo, comprueba que es un buen momento para la otra persona para hablar y abordar el conflicto. Incluso pregúntale “¿Es un buen momento para hablar?” Si te dice que no, acéptalo y pregúntale cuando podéis hablar. Esto es demostrar empatía.
  2. Evita totalmente los reproches, juicios, culpabilizaciones o ataques personales. Lo único que vas a conseguir es que la otra persona se cierre y bloquee su escucha a lo que quieras decirle en el futuro. Nunca vas a resolver un conflicto con esa estrategia. Más bien al contrario, vas a empeorarlo, muchas veces dañando la relación con esa persona de forma irreversible.
  3. Plantea los hechos, de forma lo más objetiva posible, y verifica con la otra persona su versión de los mismos hechos, para llegar a un entendimiento y a un acuerdo sobre ello. Si hay algo en lo que tengáis perspectivas distintas, manifiesta tu respeto sobre su visión sin dejar de exponer la tuya.
  4. Mantén siempre presente tu objetivo de resolver el conflicto. Es fácil enredarse cuando la otra persona reacciona de forma agresiva y empieza a dispararnos con ataques personales o reproches. La clave para mantener el control emocional es recordar en todo momento qué quieres lograr con esa comunicación. ¿Es vencer al otro? ¿Es humillarle? ¿Es demostrarle que tienes razón? ¿O es entenderte con ella y llegar a acuerdos con los que os sintáis cómodos ambos?
  5. Interésate por las necesidades y emociones de la otra persona. Normalmente cuando estamos enfadados con alguien lo único que creemos que debemos hacer es manifestar nuestro enfado criticando a la otra persona. Y no nos preocupamos en absoluto de sus motivaciones y sentimientos, lo cual es esencial para que derribe sus barreras y desactive su actitud defensiva y agresiva. Escucha, escucha y escucha.

Hay muchas personas que confunden la agresividad con la asertividad (o lo que es lo mismo, la sinceridad empática). Ser agresivo es decir lo que piensas aunque no sea el momento adecuado, aunque sea gritando, aunque sea juzgando y reprochando al otro. Mientras que ser asertivo o empáticamente sincero es decir lo que piensas, necesitas y sientes de forma clara pero sin juzgar ni atacar a la otra persona, buscando el momento adecuado para la otra persona, sin gritar ni elevar el tono de voz, y por supuesto, interesándote por entender su “versión” de los hechos, sus necesidades y emociones.

Mi recomendación es que no intentes cumplir a la perfección con todo esto desde el primer momento, sino darte la oportunidad de ir mejorando poco a poco tu comunicación, aprendiendo de los errores que sin duda vas a seguir cometiendo. Lo peor de todo sería convertirte en un cínico que piensa que hay que decir las cosas tal cual las pensamos sin ningún tipo de filtro, y que lo planteado en este artículo es hipocresía o tonterías que están de moda.

Sin duda, si esa es “tu verdad” vas a sufrir mucho, y vas a hacer sufrir mucho a los demás. Y poco a poco, notarás cómo cada vez más personas de tu vida o trabajo, algunas de ellas las más importantes, se van progresivamente alejando de ti, dejando de contarte sus cosas, y manteniendo una distancia prudencial. En ese momento, te habrás quedado solo/a, aunque ni siquiera te des cuenta ni entiendas por qué.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los efectos cerebrales del mindfulness

Una de las cosas que digo siempre a los participantes de mis cursos de Mindfulness es que además de practicar todos los días como mínimo 10 minutos, lean mucho al respecto. Yo he leído muchísimos libros relacionados con el mindfulness, la meditación zen y la meditación vipassana. Y me han ayudado a entender lo que he ido experimentando con la práctica diaria y también en los retiros intensivos de práctica que he realizado.

Muchas veces en los libros encuentras también recomendaciones para salvar dificultades en la práctica, o para resolver dudas que van surgiendo de manera regular. En definitiva, el complemento de la lectura me parece esencial a la hora de profundizar en los enormes beneficios que tiene el mindfulness para nuestra vida y para nuestro trabajo.

En estos momentos estoy leyendo el libro “Cerebro y mindfulness”, de Daniel J. Siegel. El autor es doctor en Medicina por la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard e investigador sobre el mindfulness y el cerebro en la Universidad de California.

Uno de los aspectos más interesantes que destaca en el libro es que cuando practicamos mindfulness activamos, además de otras zonas del cerebro, el sistema de neuronas espejo. Este sistema de neuronas interviene en la capacidad del ser humano de entender a los demás, de empatizar con ellos, incluso de imitar sus actitudes y comportamientos. Es una especie de capacidad para sintonizar con los demás, con sus estados de ánimo e intenciones. Es sorprendente que el mindfulness active este sistema de neuronas espejo cuando practicamos en soledad. El autor señala que, según este hallazgo, a través del entrenamiento mindfulness estaríamos potenciando la sintonía intrapersonal (sintonizar con uno mismo) además de la sintonía interpersonal (con los demás).

Todos los expertos en inteligencia emocional llevan diciendo años que para desarrollar la empatía con los demás (tomar conciencia de sus emociones), es necesario desarrollar la autoconciencia emocional (tomar conciencia de nuestras emociones). Ahora ya sabemos que la respuesta está en el sistema de neuronas espejo, que activamos primero para conectar y ser conscientes de nuestras propias emociones, para luego conectar con las de los demás.

En otras palabras, con la práctica del mindfulness conectamos con nuestro ser en una relación amable, de sintonía y empatía. Esta sintonía se va desarrollando con este entrenamiento mental, porque todos sabemos que al principio tenemos relaciones muy tormentosas con nosotros mismos: nos juzgamos duramente, nos castigamos y reprochamos errores o conductas que no consideramos correctas, y nos autogeneramos un enorme sufrimiento por nuestra excesiva autoexigencia.

Es lógico pensar, desde esta perspectiva científica que nos da Siegel en su libro, por qué el mindfulness nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos, y por ende, con los demás. Estamos desarrollando nuestro cerebro en distintas zonas relacionadas con las emociones positivas (cortex prefrontal izquierdo), así como de la activación del sistema de neuronas espejo. Además, reducimos la actividad en la amígdala, órgano situado en el sistema límbico cerebral que dispara neuronalmente las emociones básicas negativas como el miedo o la ira.

Como decía al principio, leer estos hallazgos en un libro científico me ayuda a entender mejor la sensación de integración, armonía, y sintonía conmigo y con el mundo en general, cuando practico mindfulness. Cuando me siento cada mañana con la mente fresca, simplemente para estar quieto, en silencio, viviendo el aquí y ahora, el momento presente, y escucho los pájaros, el tráfico lejano de algún coche, el sonido de mi propia respiración, mis pensamientos y emociones instante tras instante, con aceptación y curiosidad, me siento en paz conmigo y el mundo. Es la aceptación de lo que “es”. Y esta sensación tiene un impacto enorme en mi día a día, en mi forma de afrontar los problemas personales y profesionales.

El entrenamiento mental mindfulness cambia totalmente nuestra relación con nosotros mismos, con los demás, y con la vida. Y entender a nivel racional y científico lo que experimentamos física y emocionalmente en la práctica nos motivará a seguir practicando y experimentando las sensaciones de sintonía e integración, para seguir avanzando y profundizando en dichas sensaciones. Esto incrementará nuestra capacidad para disfrutar más de las cosas, aliviará drásticamente el estrés, seremos más felices y también más productivos en nuestra profesión.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Mindfulness para vivir una vida plena

Acabo de volver de un curso/retiro intensivo de 9 días para instructores de Mindfulness, que ha realizado el Center for Mindfulness de la Universidad de Massachussets, centro pionero en el campo del mindfulness. La experiencia ha sido inolvidable, profunda y poderosa.

Asistimos unos 150 participantes de todo el mundo (España, Canadá, India, Brasil, Rumanía, Chile, Argentina, Francia…) que hemos conectado con nosotros y entre nosotros, pero esencialmente hemos reconectado con nuestra vida.

Hemos practicado muchas horas de meditación, pero también hemos trabajado en grupos, parejas, individualmente…en numerosas dinámicas y ejercicios de reflexión en las que profundizamos en los fundamentos del mindfulness, y en las competencias que debe tener un instructor de mindfulness.

Hemos sentido muchas emociones, a veces contradictorias. También hemos desarrollado mucho nuestro autoconocimiento, clave del crecimiento personal. Autoconocimiento de nuestro potencial, pero también de nuestros hábitos limitantes (juicios, pensamientos negativos, patrones de conducta, creencias….)

¿Y cómo conectamos con nosotros y con nuestra vida a través del mindfulness? Aprendiendo a practicar actitudes como la apertura a la experiencia tal y como es, aceptándola completamente (lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste), y no huyendo o rechazando lo que no nos gusta de nuestra vida. Dicho así puede parecer sencillo, pero es una de las actitudes más complicadas para el ser humano, empeñado siempre en querer que las cosas sean diferentes a cómo son, fuente principal de nuestro sufrimiento. Es una actitud que no se logra de forma intelectual o teórica, sólo es posible desarrollarla mediante la práctica constante del mindfulness durante años. Diría que es un aprendizaje durante toda la vida.

Cuando practicamos intensamente mindfulness, nos encontraremos aspectos de nosotros mismos que no nos gustan. En este caso también es esencial abrirse a los descubrimientos que realicemos, y no esconder nuestros aspectos oscuros o emociones como el miedo, la rabia o la tristeza. La apertura es crucial para “estar” con lo que haya surgido: por ejemplo, darnos cuenta de cómo estamos constantemente juzgando a los demás como si fueramos superiores. O quizá conectar con el miedo a enfrentarnos a relaciones difíciles que tenemos en el trabajo o en la vida personal, o tal vez tomemos más conciencia de nuestra insatisfacción o infelicidad con nuestro trabajo.

No hay otro camino para una vida plena: conectarnos con nosotros mismos abrazando todas las partes que habitan dentro de nosotros, y abrazando también todos los aspectos de nuestra vida, los positivos y los negativos. Y el mindfulness es una preciosa oportunidad que tenemos para lograrlo. El mindfulness nos hace despertar, porque lo habitual es vivir desconectados de nosotros, estresados y ansiosos, haciendo muchas cosas que no queremos hacer. Y sólo tenemos una vida. Merece la pena aprovecharla y disfrutarla al máximo.

Si te interesa el Mindfulness, apúntate a mi próximo taller de 1 día, el próximo 5 de noviembre de 10 a 19 h. Pincha en el siguiente link si quieres más información. Ver información Curso Mindfulness 

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El coach es el Mago de Oz

En la película “El Mago de Oz”, todos los personajes emprenden un viaje lleno de peligros y dificultades para que el Mago de Oz les conceda lo que desean. Esta es la actitud habitual de las personas, que pretenden siempre que Dios, la suerte, las demás personas, o cualquier otro tipo de circunstancias externas les solucionen la vida.

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Sin embargo, al final de la película se descubre que el Mago de Oz realmente no es ningún mago, sino una persona normal que se rodea de misterio para parecer una especie de Dios. Al principio los personajes sufren una enorme decepción y se enfadan con el impostor que hace de Mago de Oz. Sin embargo, cuando el hombre que está detrás del Mago empieza a hablar con Dorothy y sus amigos, comienza a hacer un poderoso coaching.

¿Por qué? Pues porque simplemente, lo que hace es elevar la conciencia de todos los personajes para que se den cuenta del poder interior que tienen dentro, y de que no necesitan a ningún Mago de Oz para descubrirlo y potenciarlo. Les hace ver que todo aquello que deseaban tener siempre lo tuvieron, siempre estuvo dentro de ellos.

El hombre de hojalata creía que no tenía corazón, y por eso quería que el Mago de Oz le concediera un corazón (que representa nuestras pasiones, entusiasmo y emociones) pero gracias a la conversación con el Mago de Oz, se da cuenta de que ha sentido emociones durante el viaje, que ha llorado, y que por tanto, siempre tuvo ese corazón que deseaba tanto.

El león buscaba al Mago de Oz para que le diera valor y coraje, ya que creía que era un león cobarde. Finalmente, también se da cuenta de que siempre tuvo ese valor dentro de sí mismo, porque el Mago le ayuda a recordar una situación en la que se enfrentó a la Bruja venciendo sus miedos.

El espantapájaros quería tener un cerebro, que representa la inteligencia, porque creía que era un ser plano que no era capaz de analizar, tomar decisiones y pensar. También se da cuenta de que es muy inteligente y que tiene gran capacidad de organización y decisión.

Así pues, todos buscaban sentirse completos (tener la inteligencia, el valor y la pasión) y lo descubren mirando dentro de ellos. El mago de Oz es como el coach que les ayuda, sencillamente, a mirar y descubrir dentro de ellos lo que realmente estaban buscando fuera. Eso es, nada más y nada menos, el coaching. El despertador de nuestro poder interno.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 5 propósitos para un Gran Año

Es muy probable que los últimos días del 2013 hayamos dedicado algún momento a pensar en cómo ha sido el año que termina, nuestros éxitos y fracasos, nuestros deseos cumplidos y nuestras frustraciones. Además, es casi inevitable comenzar a pensar en cómo queremos que sea el nuevo año que nos viene, en los futuros retos que tendremos que abordar, en los objetivos que quisiéramos lograr, o los propósitos que desearíamos alcanzar.

Estas reflexiones y cavilaciones son muy positivas, porque nos hacen parar, aunque sean sólo unos minutos, nos permiten hacer un alto en el camino para después seguir adelante, quizá con nuevos aprendizajes, nuevas energías, y probablemente con nuevos sueños e ilusiones.

Existen 5 grandes propósitos globales que todos deberíamos plantearnos en estas fechas para disfrutar de un Gran Año 2014. Estos son:

1. Propósito Financiero. ¿Cómo están tus cuentas? ¿Números rojos? ¿Gastas más que ingresas? ¿Están tus ahorros dándote la rentabilidad que deseas? Es importante que afrontemos este tema de una vez, y que nos asesoremos por expertos financieros e inversores. Es muy probable que si tenemos algún dinero ahorrado, no estemos sacándole una buena rentabilidad. Debemos decidir qué es lo que queremos hacer con nuestro dinero, y si tenemos dificultades de liquidez o falta de ahorros, entonces tenemos que hacer cambios en nuestro estilo de vida para reducir gastos o aumentar nuestros ingresos.

2. Propósito Laboral. ¿Estás realmente contento y motivado con tu trabajo actual? ¿Te motiva ir a trabajar cada día o resulta una pesada carga? Pasamos la mitad de nuestra vida en el trabajo, así que si no nos apasiona lo que hacemos, debemos hacer un cambio urgente, porque las consecuencias a largo plazo pueden ser nefastas. Muévete con todos tus contactos, sé proactivo/a y dedica un espacio de cada día a la búsqueda de un nuevo trabajo que te motive. Y si no lo encuentras, móntatelo por tu cuenta. Hay millones de personas que ya lo han hecho. ¿Por qué no vas a poder tú?

3. Propósito Emocional. Revisa tus relaciones personales, sobre todo con las personas más cercanas, familiares, amigos y compañeros de trabajo. Todos tenemos conversaciones pendientes, quizá necesitamos pedir perdón o manifestar nuestros sentimientos o necesidades a alguien, puede que sea bueno dar las gracias a una persona que nos haya ayudado últimamente, o tal vez queramos pedir un cambio de comportamiento. Es imprescindible que abordemos este propósito de manera global, porque notaremos una maravillosa sensación de alivio y libertad.

4. Propósito Interior. Así como necesitamos revisar nuestras relaciones interpersonales, es esencial que analicemos la relación con uno mismo. Debemos dedicarnos tiempo a nosotros mismos, para potenciar nuestro autoconocimiento, para evaluar los juicios, creencias y emociones con que nos autolimitamos y debilitamos, así como para aumentar todo lo que nos potencia y da energía. En este sentido, yo siempre recomendaré practicar meditación de forma regular. Los beneficios son espectaculares y están demostrados científicamente en miles de estudios: claridad mental, equilibrio emocional, foco en lo importante.

5. Propósito Físico. Debemos cuidar mejor de nuestro cuerpo. Nos lo han dicho cientos de veces y sabemos de sobra que es necesario para la salud, pero nos cuesta muchísimo tener un hábito de hacer ejercicio físico regular. Empieza por un objetivo muy pequeño, tal vez salir a correr una vez cada quince días, o simplemente apúntate al gimnasio, a baile, o a aprender algún deporte nuevo. Cumplir esta acción tan fácil te dará ánimos y confianza, armas que podrás usar en los siguientes pasos. Así hasta que consigas incorporar el ejercicio físico a tu vida. Y no olvidemos la otra parte de este propósito: la alimentación. Piensa si todo lo que comes es porque te apetece o es porque necesitas calmar tu ansiedad. Y a partir de ahí, siendo más consciente, toma pequeñas decisiones para cambiar malos hábitos que tengas.

¿Cuál de estos propósitos quieres afrontar primero? ¿Cuál de ellos has descuidado en los últimos años? Te aconsejo que te marques un pequeño objetivo, con una fecha concreta, en uno de los 5 propósitos. Concentra tu energía en ese pequeño objetivo y ejecútalo cuanto antes. Ese puede ser el principio de un Gran Año para ti, un año en el que tomes las riendas de todas las áreas de tu vida.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

Resiliencia: supéralo y gana.

El conocido neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, que superó el trauma de los campos de concentración nazis, incluyendo la matanza de sus padres, define el concepto de resiliencia como la capacidad para superar situaciones dolorosas y traumas saliendo fortalecido de ellos.

Es interesante la diferencia que hace Cyrulnik entre el concepto de resistencia y el de resiliencia. Resistencia sería la capacidad de mantenerse firme y fuerte en el momento de sufrir la situación traumática o dolorosa. Sin embargo, el hecho de mantenerse fuerte en ese momento crítico no significa que lo superes en tu vida, no significa que ese hecho no deje secuelas y consecuencias emocionales posteriores que condicionen tu vida. Aquí entra el concepto de resiliencia, que tiene que ver más con el post-trauma, es decir, con la capacidad de superar esa situación dolorosa después de haberse producido y además salir fortalecido, y crecer gracias a la experiencia.

Un ejemplo fácil de entender es el de los soldados cuando luchan en una guerra. Hay soldados que son muy valientes y resistentes psicológicamente, pero que después del conflicto, cuando vuelven a su vida normal, se hunden a nivel emocional. El caso de los resilientes es el de un soldado que, independientemente de lo valiente y resistente que haya sido en el conflicto, cuando vuelve es capaz de rehacer su vida, de superar los traumas de la guerra y salir fortalecido psicológicamente.

Por tanto, la resiliencia podría resumirse en dos palabras: Superarlo y Crecer, o Superarlo y Ganar. Pero ¿Cuál es la clave de las personas resilientes? ¿Se puede desarrollar esta capacidad?

Una de las claves es el apoyo de personas cercanas, como familiares y amigos, para ayudar a una persona a superar una situación muy dolorosa. Por lo tanto, es esencial cuidar las relaciones emocionales de nuestro entorno más cercano.

Otra de las claves es reconocer la realidad y aceptarla. Uno de los motivos por los que no superamos situaciones graves y dolorosas es porque las negamos y además las rechazamos como injustas. En definitiva, no las aceptamos positivamente. Elisabeth Kübler-Ross ya habló de las fases del duelo, y las primeras fases están siempre relacionadas con la negación, el enfado y la falta de aceptación del fallecimiento de la persona querida.

Pero la aceptación no es algo intelectual, es algo experiencial. Obviamente es importante darnos cuenta del círculo destructivo en el que estamos cuando no aceptamos una situación y nos aferramos al pasado, pero no es suficiente. Es necesario que la aceptación impregne todas nuestras células, nuestro inconsciente. Una de las formas más efectivas que conozco para lograrlo , y además he podido comprobar en mi propia piel, es practicando el mindfulness (técnicas de atención plena).

A través del mindfulness, entrenamos al cerebro para que aprenda a relacionarse con todo tipo de experiencias de un modo más productivo, incluyendo las experiencias dolorosas. El mindfulness desarrolla la habilidad en el cerebro de aceptar toda experiencia como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Para ello, se potencia la curiosidad, la inquietud por descubrir qué hay detrás, y por supuesto la humildad.

Pero insisto, esto no es algo intelectual ni racional. Por eso, una vez entendido qué es y para qué sirve el mindfulness, lo que debemos hacer es ponernos a practicarlo. Sólo así podremos llegar a interiorizarlo, y estar mucho más preparados para las experiencias duras de nuestra vida.

Habremos desarrollado la resiliencia, sólo si practicamos el mindfulness con regularidad durante meses, o incluso años, porque una capacidad inconsciente del cerebro no se consigue desarrollar en un día, ni en una semana. Debemos invertir tiempo y disciplina si queremos ser personas resilientes.

Como todo lo importante en nuestra vida, desarrollar la capacidad de la resiliencia sólo se consigue en el largo plazo, y nos exige paciencia, disciplina y desde luego, confianza.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

¿Qué te está regalando la vida?


El pasado fin de semana ha sido sencillo y relativamente tranquilo. Sin embargo, he disfrutado de momentos fantásticos con mis hijas. Y digo “disfrutar” porque he sido muy consciente de que los he vivido intensamente, aunque puedan parecer hechos muy normales. He reído a carcajadas con ellas, he tenido alguna conversación maravillosa y sorprendente a las 12 de la noche, y las he visto vivir intensamente, VIVIR con mayúsculas, a cada una con su personalidad y con su edad. En definitiva, he sido actor y espectador de un espectáculo increíble: la vida en su máximo esplendor y esencia.

Y eso me hace reflexionar sobre el enorme regalo que me ofrece la vida a cada minuto. No sólo en mi vida personal sino también a nivel profesional como coach y empresario. ¿Y qué hago yo con este regalo? Pues no siempre lo valoro como se merece, la verdad. Soy humano, y a veces mi ceguera o mis miedos me impiden disfrutar al máximo de dicho regalo. Sin embargo, considero un objetivo diario el hecho de ser muy consciente cada día de lo privilegiado que soy, y doy gracias a menudo por todo lo que la vida me ha ofrecido y sigue ofreciéndome.

Y de nuevo quiero ser muy sincero contigo: mi vida no ha sido ni es de color de rosa en todos los momentos. Como la vida de cualquiera, he tenido y sigo teniendo instantes de sufrimiento, experiencias difíciles y fracasos. Pero eso no cambia ni una coma lo que de verdad siento que es la vida: un auténtico regalo.

Mi pregunta es: ¿Qué te está regalando la vida en este momento? Permítete parar un momento y pensar sobre esta pregunta que todos nos debemos hacer una y otra vez, día tras día.

Y ahí va mi segunda pregunta: ¿Qué estás haciendo tú con ese regalo?

Observa si lo estás apreciando en su justa medida, pregúntate si estás bebiéndote la vida a sorbos con pasión o si por el contrario, estás desperdiciando y menospreciando ese regalo. Quizá te quejas frecuente e injustificadamente de tu situación, tal vez desgastas demasiada energía criticando a otras personas o a ti mismo/a, o probablemente ves demasiado la televisión o te pasas la vida estresado/a trabajando y contestando e-mails a las 11 h. de la noche. Si es así, despierta de una vez y empieza a disfrutar del aquí y ahora. Porque la vida es muy, muy corta. Y sólo existe lo que está sucediendo ahora mismo, en este lugar. Y tú te lo estás perdiendo…y lo peor es que nunca…nunca este momento se volverá a repetir.

¿A qué esperas para salir con ella a escena?

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

Descubre tus pasiones, no tus habilidades

Hoy de nuevo voy a compartir un error que suelen cometer mis clientes de coaching de forma habitual. Y no sólo mis clientes, es algo que escucho muy a menudo en foros, conferencias y artículos. Es algo ya muy manido, y a pesar de que parece la solución a nuestros problemas, lo que provoca es un bloqueo absoluto. El error del que hablo es centrarnos en descubrir nuestras habilidades y fortalezas.

Sí, seguramente te resulte chocante mi planteamiento. Porque lo has oído miles de veces: descubre tus fortalezas, en lo que eres bueno, tus cualidades. Y ese es el camino para triunfar y alcanzar tus objetivos. Sin embargo, lejos de convertirse en la solución, a la mayoría de la gente la confunde y bloquea aún más, porque no acaban de localizar o detectar realmente sus fortalezas, más allá de lo obvio y conocido de sobra por la persona. Y te preguntan qué pueden hacer para descubrir sus fortalezas.

Lo que yo propongo es mucho más fácil y práctico. Céntrate en lo que te apasiona, en lo que realmente te divierte y te gusta hacer, sea lo que sea, sin limitaciones, aunque sea en un ámbito diferente al trabajo. Párate un momento y piensa qué te apasiona de verdad. Esto es mucho más fácil de identificar para cualquier persona. Y además, es precisamente lo que te apasiona lo que te debe guiar en tu carrera profesional. Porque muchas veces somos muy hábiles para un trabajo que no nos gusta. Entonces, ¿Para qué queremos identificar esa fortaleza? ¿Para seguir amargados?

Por tanto, si te focalizas en tus pasiones, tu energía se enfocará en lo que verdaderamente te apetece y motiva hacer en tu carrera profesional. Y no te preocupes si crees que no tienes las habilidades para desarrollar esa pasión. Olvídate de esas creencias limitantes. Simplemente, guía tus pasos para cumplir ese deseo, para dedicarte profesionalmente a lo que te apasiona. Con el tiempo descubrirás que estás hecho para eso que te apasiona, que eres muy bueno en ese trabajo, que de pronto has descubierto que tenías fortalezas ocultas que jamás te imaginabas que tendrías.

Este es el camino. Te aseguro que lo he comprobado no sólo en mi caso sino en otras muchas personas que se enfocaron en lo que realmente les apetecía hacer, lo que les apasionaba.

Jamás me imaginé que podía crear y dirigir una empresa y llevo 7 años dirigiendo Execoach.Jamás me imaginé que podría tener habilidades para escribir y ya he publicado dos libros. Jamás me imaginé que tenía las cualidades para apoyar a las personas hacia sus objetivos y sueños, y aquí estoy, con 7 años a mis espaldas como coach de cientos de personas y miles de sesiones de coaching.

¿La clave?: hace 8 años empecé a centrarme en lo que deseaba hacer, en lo que me apasionaba. Y me dejé llevar por esa pasión. El resto vino de forma natural, casi mágica.

Ahora, piensa: ¿Cuáles son tus 5 pasiones?

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

No te rindas, pase lo que pase

Como casi todos los veranos, procuro dedicar algo del tiempo libre que tengo para practicar una de mis aficiones favoritas: el ajedrez.

Antes de ayer estaba jugando una partida de ajedrez on line con un desconocido. Después de unos veinte minutos de juego, él claramente tenía ventaja sobre mí, me había ido comiendo varias piezas clave y para colmo había logrado una reina adicional, la pieza más fuerte del ajedrez. Sencillamente, yo no tenía nada que hacer. Como veía la partida perdida, con una superioridad aplastante de mi adversario, pensé en abandonar, cerrar la web y dedicarme a otra cosa.

Pero una vocecita dentro de mí me dijo: “Igual que hay que ganar con dignidad, hay que saber perder con dignidad”. Pensé que a mi adversario le gustaría completar la partida hasta el final, darme el jaque mate, y que sería un poco ruin por mi parte abandonar y no darle esa satisfacción. Así que continué, cada vez más desesperado por mi inferioridad.

Para mí era imposible ganar esa partida. Sin embargo, de pronto detecté un pequeñísimo punto débil en mi rival, una minúscula y ridícula oportunidad de ganar esa partida, en caso de que él cometiera unos errores garrafales e imposibles. Mi rival siguió acosándome, estaba a un movimiento o dos de darme Jaque Mate, pero yo continué mi resistencia, con la absurda esperanza de poder aprovechar esa oportunidad.

Y de pronto sucedió. Mi rival estaba tan ciego con su aplastante superioridad, tan obsesionado con ganarme rápidamente, que perdió la perspectiva y no vio lo que yo había visto desde hacía varios minutos: que él tenía un punto débil decisivo. Entonces yo aproveché mi oportunidad, hice mi movimiento y le di Jaque Mate.

El ajedrez es un juego fascinante. Y esto es lo que más me gusta: lo decisivo que resulta la psicología, la paciencia y la fe para ganar. De esta partida extraje dos lecciones que podemos aplicar a nuestra vida.

La primera es que, aunque te vayan maravillosamente bien las cosas, aunque estés teniendo un éxito descomunal, no te confíes, no te ciegues, porque el batacazo puede ser muy, muy duro. Esto es lo que le ocurrió a mi rival del ajedrez. Por eso, mantente alerta siempre, ya sea en tu vida personal como profesional. Esta alerta no tiene por qué impedirte disfrutar del éxito, pero te hará ver los peligros ocultos que toda situación esconde.

La segunda lección aprendida en esta partida es que nunca debemos rendirnos.Por muy mal que veamos la situación, por muy desesperados que nos encontremos, sigamos alerta, sigamos luchando y trabajando por lo que queremos, porque siempre hay una oportunidad, siempre hay una posibilidad para salir del túnel, aunque nos parezca imposible desde nuestra limitada perspectiva. Lo importante es no abandonar, no rendirte, no desesperar, aunque la realidad sea desesperada. Protégete de los peligros y agresiones de tu entorno, pero mantente agazapado esperando tu oportunidad. No dudes de que dicha oportunidad llegará. Y tú estarás ahí para aprovecharla.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.