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¿Por qué debes escribir tus objetivos?

Observo cada día en mi vida personal y en mi trabajo cómo muchas personas están bloqueadas por el estrés y sus problemas cotidianos, cómo se sienten paralizadas para tomar decisiones importantes, y cómo se resignan a vivir una vida por debajo de su potencial. Y me produce tristeza y frustración, lo confieso. Por eso me dedico profesionalmente al coaching y al desarrollo personal, porque sé cómo ayudar a estas personas a salir de dichos bloqueos. Sencillamente porque yo mismo he estado inmerso en ese estado de confusión y resignación durante muchos momentos de mi vida, hasta que descubrí las herramientas para salir de forma efectiva.

Sin embargo, lo primero que tiene que suceder para que una persona comience a liberar su estrés, su confusión y su bloqueo emocional es querer trabajar en ello. Es como si una persona con sobrepeso se quejara amargamente de su peso pero no hiciera nada para bajarlo. Hay muchísima información en Internet y en las redes sobre qué podemos hacer, tanto en el caso del sobrepeso como en el caso de sentirnos desvalidos y confusos emocionalmente ante los retos y pruebas que nos pone la vida. Entonces ¿Por qué tanta gente se siente infeliz y deprimida? En mi experiencia, porque no está dispuesta a hacer el trabajo interno necesario. Y sin duda, es un trabajo personal muy importante.

En un proceso de coaching lo primero que preguntamos a nuestros clientes es ¿Qué objetivo quieres lograr en el proceso de coaching? Esta pregunta aparentemente sencilla es tremendamente difícil para muchas personas, que no saben realmente lo que quieren. Ya de por sí es clave que se hagan esta pregunta, porque les obliga a planteárselo y reflexionar sobre ello. Además, aunque sea inconscientemente, la pregunta obliga a su cerebro a hacer un potente cambio de chip: enfocarse en metas y no en problemas. Y esto tiene una consecuencia inmediata: surge la motivación.

Una vez que las personas comienzan a pensar en objetivos y no en problemas, las emociones comienzan a cambiar. Empiezan a ver posible un auténtico giro, antes inimaginable. Y el foco ya no está en las quejas y el victimismo, sino en ser creativos para resolver cómo pueden alcanzar dichos objetivos. El bloqueo y la parálisis comienzan a desvanecerse, y en su lugar aparece una sensación de poder y de motivación, porque comienzan a conectar con su enorme potencial. Es increíble lo mágico que es y lo poco que las personas lo llevan a la práctica.

Pero hay un aspecto clave en la definición de objetivos, y que he comprobado no sólo en mi propia experiencia a la hora de marcarme mis metas durante años, sino en mis clientes de coaching. Se trata de escribir los objetivos. ¿Por qué hay que escribir los objetivos? Los beneficios son varios:

  • Aumentan la claridad y la concreción. Cuando tenemos en la cabeza nuestras metas, no son específicas sino vagas y difusas. Necesitamos escribirlas en un papel para poder aterrizarlas y así tener más claridad y compromiso.
  • Aumentan tu compromiso con tus objetivos. Sin duda, cuando hemos escrito los objetivos, nuestro compromiso es mucho más alto. Estamos asumiendo la responsabilidad de nuestra vida en lugar de culpar a los demás o a las circunstancias de nuestros males. Esto sucede no sólo por estar físicamente registrados en un lugar (ordenador, cuaderno) sino porque al escribirlos los hemos concretado.
  • Permiten hacer un seguimiento de tus avances. Como es lógico, si no son concretos ni están registrados en ningún sitio, será muy difícil medir los avances y hacer un seguimiento. Por lo tanto, es bastante poco probable que los consigamos. Para tener más opciones de lograr lo que queremos, debemos escribirlo para hacer un seguimiento regular. Una idea es leer una vez al mes los objetivos que escribiste, con el fin de recordártelos y seguir enfocado/a en ellos.
  • Aumentan las posibilidades de lograrlos. Por todos los motivos anteriores, como seguramente deducirás, es muchísimo más factible lograr tus objetivos si los has escrito. Pero además, neurológicamente estamos lanzando un mensaje subliminal a nuestro cerebro: «Este objetivo es posible conseguirlo para mí». Y nuestro cerebro no cuestiona los mensajes que le lanzamos, los interioriza y se pone en marcha (porque ojo, el cerebro tampoco cuestiona el mensaje de «No puedo conseguirlo, soy un desastre, etc.»)

Ya tienes 2 claves fáciles de implementar para salir de tu bloqueo emocional y parálisis de decisión. Ponte a pensar qué objetivos quieres lograr a nivel individual, en tus relaciones y en tu trabajo. Ponle una fecha algo lejana para no limitarte. Y luego escribe todos tus objetivos en un papel o en un documento en el ordenador. Haz todo lo que puedas para aterrizar y concretar todos los objetivos. Y tú mismo podrás comprobar cómo tu estado emocional empieza a cambiar. Por supuesto, esto no es suficiente si no nos ponemos en acción. A partir de esa lista de objetivos, el siguiente paso es marcarnos pequeñas acciones muy alcanzables y sencillas para cada objetivo (y escribirlas también, por supuesto). Finalmente, tendrás que poner en marcha dichas acciones, con el fin de ir aprendiendo lo que funciona y lo que no funciona, y de esa forma continuar avanzando hasta conseguirlo.

¿Qué te parece? Te animo ahora mismo a escribir tus objetivos vitales y profesionales en un papel en blanco. Es siempre el inicio de una vida mejor.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Eliminar los «deberías» de nuestra vida

Existe un pensamiento que se repite en nuestra mente millones de veces y que nos provoca un enorme estrés y ansiedad, a veces incluso culpabilidad. Es el pensamiento que empieza por «debería…». ¿Te suena? Te pongo algunos ejemplos:

  • Debería hacer más deporte
  • Debería estar más con mi familia
  • Debería comunicarme más
  • Debería mejorar mi inglés
  • Debería decirle a mi jefe que me de más autonomía
  • Debería comer más sano
  • Debería meditar

¿Qué nos aporta este patrón de pensamiento tan común y extendido? ¿Algún beneficio? Rotundamente no.

Normalmente nuestros «deberías» son una tortura psicológica que permitimos e incluso que fomentamos, pero que no generan ninguna acción. Es decir, son pensamientos improductivos porque no nos motivan a tomar decisiones para mejorar o cambiar aspectos de nuestra vida. Simplemente, son basura mental que nos hacen estar más irritables, más estresados, porque van minando nuestra autoestima lenta pero eficazmente.

El problema con este patrón mental, igual que cualquier otro, es que no seamos conscientes de su constante invasión cotidiana en nuestra actividad mental, y de su devastador efecto emocional en nosotros. La inconsciencia nos conduce a la ignorancia, y ésta al sufrimiento. Por tanto, el primer punto fundamental para gestionar nuestros «deberías» es mantenernos atentos a su aparición en el día a día.

En segundo lugar, pensemos en el auténtico significado de los pensamientos que empiezan con «debería». En realidad son expectativas que produce una parte que todos tenemos en nuestro interior: nuestro «yo juez». También aquí aparece con peso otra parte de nosotros que nos limita, nuestro «yo complaciente». ¿Y de dónde vienen esas expectativas? De lo que los demás esperan de nosotros, o de lo que se supone que la sociedad espera de nosotros, con el fin de aceptarnos como personas dignas de respeto y admiración. . Si analizamos de cerca los «deberías» nos daremos cuenta que son historias que nos contamos a nosotros mismos y creencias limitantes que tenemos interiorizadas, pero que no son verdad. ¿Quién dice que «debería» hacer esto o aquello? ¿Quién dice que «debería» ser de esta manera o aquella?

Pero además del estrés que nos provocan, los «deberías» tienen otro gran coste: no nos movilizan para actuar. Nos quedamos rumiando lo que deberíamos ser y hacer, pero no tomamos decisiones, no actuamos, no nos ocupamos. Así que ¿Cómo nos liberamos de estos «deberías» tan tóxicos? Cambiando nuestro lenguaje.

¿Qué pasaría si cada vez que tu mente parlotea «deberías» sin parar, transformaras cada uno de ellos en un «Quiero hacerlo» o «Voy a hacerlo», o «Elijo hacerlo»? O bien, «No quiero hacerlo» o «No voy a hacerlo» o «Elijo no hacerlo». Hay un cambio de perspectiva importantísima, aunque parezca superficial. El lenguaje que utilizamos para hablar con nosotros puede limitarnos y conducirnos a la parálisis y ansiedad constante, o bien puede potenciarnos y movilizarnos a actuar y a ocuparnos de nuestra vida.

Cuando cambiamos nuestros «deberías» por los «quieros» algo cambia a nivel emocional. De pronto, nos damos cuenta de que no estamos obligados a hacer todo eso que nuestro «juez implacable» o nuestro «yo complaciente» nos dice, sino que podemos elegir hacerlo o no hacerlo. Y entonces emerge sutilmente un empoderamiento, lejos del victimismo y culpabilidad de los «deberías». Nos damos cuenta de que podemos elegir hacer o ser lo que realmente consideremos que nos va a ayudar a crecer como personas o a mejorar nuestro bienestar. Y si no lo vamos a hacer, entonces dejémonos de tonterías y de excusas camufladas de «deberías».

Así que el transformar un «debería» victimista en un «elijo hacerlo o no hacerlo» supone una asunción de responsabilidad. Tomamos responsabilidad de nuestra vida como adultos protagonistas de nuestra vida, y dejamos de actuar como niños inmaduros.

Por tanto, si existen muchos «deberías» en tu vida, ¿No crees que es hora de tomar una decisión adulta y consciente? Si no quieres hacer deporte asumiendo las consecuencias de esa decisión, ¡No lo hagas! Si no estás pasando más tiempo con tu familia, deja de torturarte a ti mismo/a y sé realmente honesto/a contigo. ¿De verdad quieres pasar más tiempo con tu familia? ¿O en realidad trabajas 14 horas diarias porque eso es lo que te motiva y no quieres pasar más tiempo con tu familia? ¡Pues asume tu responsabilidad y toma la decisión! Aunque parezca duro lo que estoy diciendo, es mejor ser sinceros con nosotros mismos y con nuestras verdaderas prioridades, que pasar el resto de nuestra vida pretendiendo engañarnos y fingiendo ser personas que en realidad no somos.

Porque en definitiva, lo que determina nuestras prioridades y valores no son todos los «deberías» que andamos diciendo todo el día para parecer grandes personas. Nuestras auténticas prioridades se reflejan en nuestras decisiones, en el tiempo que dedicamos realmente a las actividades y áreas de nuestra vida. Y los demás lo saben. Dejemos de llenarnos la boca diciendo que «deberíamos comer más sano» si luego nos atiborramos de comida basura. Dejemos de decirnos que «deberíamos dejar ese trabajo que no nos llena» y tomemos una decisión diciendo: «He decidido cambiar a un trabajo que me motive» o «Acepto quedarme en mi trabajo actual porque me da seguridad financiera». Eso es ser maduro y responsable. Lo contrario es poner excusas, disfrazar lo que no queremos ver con los «deberías», y no ocuparnos de diseñar la vida que queremos. Para terminar, transformemos los deberías del inicio del artículo:

  • Voy a hacer más deporte (o no)
  • Quiero estar más con mi familia (o no quiero…)
  • Me comprometo (o no) a comunicarme más
  • Voy a mejorar mi inglés (o no voy a hacerlo)
  • Voy a decirle a mi jefe que que me de más autonomía (o no voy a hacerlo)
  • Elijo (o no) comer más sano
  • He decidido meditar (o no meditar)

Todo empieza a cambiar cuando cuando cambiamos nuestro lenguaje interno, cuando empezamos a comunicarnos con nosotros desde la responsabilidad y no desde el victimismo y la obligación. Cada tema deja de ser una imposición o expectativa de nuestro «yo juez» o «yo complaciente» que está buscando ser aceptado y agradar a todo el mundo. Y entonces empieza a convertirse en una elección consciente y responsable tomada desde nuestro ser. Así que a partir de ahora, mantente atento/a a la aparición de tus «deberías» y transfórmalos en una verdadera decisión.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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5 claves para la desconexión digital

Vaya por delante que soy un ferviente defensor de la digitalización de nuestras vidas, de las redes sociales y de la tecnología en general. Estoy convencido de que tienen unas posibilidades enormes para enriquecer nuestra vida y para ayudarnos también en nuestras carreras profesionales. El móvil, Internet y las millones de aplicaciones que existen nos facilitan la vida y nos ayudan en nuestros trabajos, además de posibilitarnos hacer gestiones en tan sólo minutos que hace una década nos habría supuesto días.

De hecho, esta semana he tenido que cancelar un viaje de placer que había organizado a Egipto y al mismo tiempo he tenido que organizar de urgencia un viaje a Barcelona por un problema familiar. Todas las gestiones las hice en menos de una hora. Cancelé el viaje programado a Egipto con la agencia, comuniqué la incidencia al seguro que había contratado a través de su página web adjuntando toda la documentación, y reservé hotel y billete de tren a Barcelona para el día siguiente. Fui consciente de cuánto nos ayuda la tecnología en momentos difíciles.

Sin embargo, pasamos demasiado tiempo frente a nuestros dispositivos digitales. Nuestros smartphones son juguetes demasiado tentadores donde tenemos absolutamente todo: correo electrónico, WhatsApp, las aplicaciones para hacer cualquier gestión que necesitemos, y por supuesto, las redes sociales. Cualquiera puede darse cuenta de la enorme dependencia y adicción a nuestros teléfonos móviles mirando a la gente en un café, en el metro o incluso en la calle. Todos vamos mirando el teléfono, absortos, y ausentes de la vida real analógica que se despliega a nuestro alrededor. Sabemos por estudios realizados, véase el excelente documental «The social dilema», que los algoritmos de las redes sociales están conscientemente programados para mantenernos enganchados el mayor tiempo posible. Y vaya si lo consiguen, convirtiéndonos en miserables marionetas de la tecnología y vulnerables a la manipulación subliminal de una ideología concreta o con el objetivo de que compremos más y gastemos más dinero. Hemos perdido gran parte de nuestra libertad como seres humanos.

Pero ¿Cómo hemos llegado hasta esta situación? No cabe duda que una de las razones es que nadie nos ha enseñado a utilizar el juguete llamado «smartphone». Se ha introducido bruscamente en nuestras vidas proporcionándonos diversión, entretenimiento, agilidad y rapidez. Pero la verdadera razón de nuestra adicción y falta de desconexión digital es nuestra debilidad emocional y mental. No soportamos el aburrimiento ni la ansiedad, y tenemos nuestro teléfono móvil disponible las 24 horas del día para sacarnos de dichas emociones incómodas. Abrimos Instagram y de pronto vemos fotos idílicas de paisajes, videos de influencers diciéndonos lo divertida e interesante que es su vida, recetas de cocina y miles de opciones más. Es como si abriéramos una enorme ventana a un mundo lleno de opciones.

Un buen día, sin apenas darnos cuenta, pasamos horas mirando Instagram, Twitter o Facebook, conectados de forma permanente a nuestro correo electrónico, o enganchados a nuestros grupos de WhatsApp, leyendo interminables mensajes o chistes estúpidos y banales que son simplemente basura para nuestra mente. Y entonces perdemos contacto con la realidad, nuestra capacidad crítica se reduce drásticamente, se incrementa la posibilidad de que nos manipulen y engañen, y aumenta nuestra ansiedad y estrés al observar que los demás parece que viven una vida de película y siempre son felices mientras nos parece que nuestra vida es mediocre y miserable. También perdemos contacto y conexión con los demás deteriorando nuestras relaciones personales, perdemos también contacto con nosotros y con la vida. Necesitamos un plan para la desconexión digital.

A continuación, te sugiero 5 claves para la desconexión digital, con el fin de recuperar tu libertad y tu equilibrio mental y emocional, y fomentar una saludable relación con la tecnología:

  1. Consulta tus redes sociales de forma programada y limitada. En lugar de mirarlas constantemente y sin limitaciones de tiempo, imponte la disciplina de mirarlas sólo una vez al día. Márcate un límite de 5 minutos por cada red social. Por ejemplo, 5 minutos a Instagram, 5 minutos a LinkedIn, etc.
  2. No mires ni respondas inmediatamente a tus whatsapps. No seas esclavo de tu WhatsApp. Igual que con las redes, no interrumpas conversaciones importantes, eventos especiales con la familia o amigos ni momentos de ocio individuales por responder un mensaje. Los mensajes seguirán a la vuelta y no se habrá hundido el mundo. Por cierto, sal de los grupos de WhatsApp que no te aporten nada positivo o te generen más estrés. Olvídate de querer agradar a todo el mundo.
  3. Camina todos los días un mínimo de media hora. Actividades puramente analógicas como el ejercicio suave nos ayudan a mantener el contacto con la vida real más allá de la vida digital. Obligarte a caminar además te ayuda a estar en forma, a disfrutar del día, a observar el color de los árboles o el cielo, a sentir la sensación del sol y el aire en tu piel, a observar a la gente con la que te cruzas. En definitiva, para reconectar con la vida.
  4. Acepta y gestiona tu aburrimiento y ansiedad. Cada vez que sientas aburrimiento (en la sala de espera del médico, cuando vayas en transporte público o en un atasco de tráfico) o ansiedad (un problema que no te deja descansar la mente) es esencial que lo aceptes como emociones normales. Es una base fundamental de la inteligencia emocional, no huir de las emociones incómodas. En lugar de consultar tu móvil tratando de eliminar y escapar de esas emociones, acepta tu emoción, observa qué pensamientos provocan el aburrimiento o la ansiedad. Recuerda que acudir a lo digital quizá alivie a corto plazo tu estrés y ansiedad pero lo aumentarán en el medio largo plazo.
  5. Observa con curiosidad lo que sucede a tu alrededor. Hay un mundo maravilloso y lleno de belleza en el aquí y ahora, esperando siempre a ser descubierto por nosotros. Si nos ponemos las orejeras de burro mirando sólo nuestro smartphone nos perderemos todo lo que sucede en nuestro día a día, y la vida se nos pasará sin apenas habernos dado cuenta de nada. Si queremos vivir una vida plena y emocionalmente estimulante, necesitamos mantenernos despiertos, atentos y curiosos. La vida tiene mucho que ofrecernos si le damos la oportunidad, pero si le cerramos la puerta reduciendo todo nuestro foco a la pantalla de nuestro teléfono móvil, nos meteremos en un oscuro túnel adictivo y seremos muy infelices.

Hay mundo y vida más allá de lo digital. Si no gestionamos el uso consciente e inteligente de nuestros dispositivos digitales, seremos marionetas y esclavos de la tecnología, perderemos nuestra libertad y seremos mucho más débiles mental y emocionalmente, más dependientes de los likes, más ansiosos al creer (erróneamente) que los demás siempre son más felices o se divierten más que nosotros, y más vulnerables a la manipulación de los algoritmos y a los medios de comunicación.

¿Estás listo para empezar con tu plan de desconexión digital? Tu salud mental y emocional te lo agradecerán.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Cómo gestionar la incertidumbre

Coincidirás conmigo en que vivimos en un mundo totalmente incierto y en constante cambio, ya que no podemos predecir qué va a suceder ni siquiera mañana. De hecho, mañana nuestra vida puede dar un vuelco brutal y cambiar para siempre por un hecho concreto, y dicho vuelco puede ser a peor pero también a mejor. La incertidumbre, aunque ha formado parte de la existencia del ser humano desde sus antepasados, ha aumentado en los últimos años exponencialmente, a causa de los avances tecnológicos sin precedentes y la globalización. La pandemia, la guerra de Ucrania, la amenaza del cambio climático o casi cualquier evento conflictivo en cualquier parte del mundo nos afectan, generándonos estrés, ansiedad y miedo.

Pero además en nuestras vidas sufrimos una alta incertidumbre a nivel profesional y laboral tanto si trabajamos como empleados en una empresa como si dirigimos nuestra propia empresa, ya que en cualquier momento nos podemos quedar sin trabajo o sin clientes. También sufrimos incertidumbre a nivel financiero, puesto que dependemos no sólo de nuestra capacidad de gestionar bien nuestros ingresos y gastos, sino del estado de la economía nacional y mundial (tenemos el claro ejemplo de la altísima inflación actual y la subida estratosférica de la electricidad, que afecta directamente a nuestra economía personal). También vivimos con ansiedad e incertidumbre otros aspectos cruciales para nuestra estabilidad emocional como nuestra salud y la salud de nuestros familiares más cercanos. Todos sabemos, y yo lo he vivido en primera persona, que tenemos la ilusión de que estamos sanos y de pronto un día, en una revisión rutinaria, nos pueden descubrir algo grave como un cáncer, o podemos sufrir un infarto repentino.

Nuestro cerebro busca constantemente la seguridad y la estabilidad, de modo que una constante y altísima incertidumbre y volatilidad en todos los ámbitos de nuestra vida nos provocan altos índices de estrés. Y no es el estrés funcional y positivo, que es el que nos alerta de peligros reales y efímeros de modo que podamos actuar y reaccionar para sobrevivir. La constante incertidumbre nos genera el llamado estrés crónico, que es devastador para nuestra salud mental.

Por tanto, la pregunta urgente es ¿Se puede manejar o gestionar la incertidumbre, y reducir el estrés crónico que nos produce?

Afortunadamente, tenemos recursos, disciplinas y técnicas a nuestro alcance que pueden ayudarnos a gestionar la sensación de que no tenemos un suelo estable sobre el que pisar. Voy a detallar 4 alternativas efectivas para manejar con mayor sabiduría y equilibrio lo incierto y volátil de nuestras vidas.

  1. Crea un plan B, incluso un plan C. Si quieres estar tranquilo y seguro, un buen recurso es crearte un plan B o incluso un plan C para todos los ámbitos de tu vida. Esto significa dejar de ser un ingenuo creyendo que todo va a salir según tus planes. Esto casi nunca sucede. Por eso, debes ir trabajando en un plan B de forma constante, por si sucede lo peor. Esto tiene que ver con el denominado análisis pre-mortem, en el que imaginamos qué es lo peor que puede suceder, y en base a ese escenario dramático posible, generamos planes que puedan minimizar el daño o incluso eliminarlo.
    Por ejemplo, en el plano financiero ¿Tienes un buen colchón de ahorros como para poder vivir sin ingresos durante al menos un año? ¿Tienes dinero invertido en buenos productos de inversión que te permitan al menos igualar a la alta inflación que está minando el valor de tu dinero en estos momentos? Si has respondido «no» a cualquiera de esas dos preguntas, no tienes un plan B ni un plan C. Y te encuentras en una situación de alto riesgo.
    En el ámbito profesional, ¿Te estás formando de manera continua en habilidades profesionales o herramientas que potencien tu empleabilidad y tu marca personal en caso de que te despidan de tu empresa? Si no lo estás haciendo, no tienes un plan B y eres muy vulnerable. En todos los ámbitos importantes de nuestra vida necesitamos al menos crear un plan B (y aún mejor un B y un C) por si el plan A no funciona. Esto nos proporcionará una solidez y estabilidad emocional tremenda que nos ayudará a tomar mejores decisiones e incluso a tomar mayores riesgos que nos lleven a lograr mayores éxitos.
  2. Focalízate en lo que depende de ti. Puede sonar obvio pero no es tan obvio cuando normalmente no lo hacemos. Centramos demasiado nuestra energía en lo que no depende de nosotros, permitiendo la sobreexposición a los medios de comunicación y redes sociales, que aumentan nuestra ansiedad de manera espectacular porque interiorizamos la creencia de que no podemos hacer nada con todo lo que sucede en el mundo. Vivir centrado en todo lo que no depende de nosotros nos genera una parálisis total, que nos impide tomar decisiones y salir del estado de ansiedad. La mejor manera de salir de este círculo vicioso es hacerse la pregunta «¿Qué puedo hacer/cambiar/mejorar yo respecto a este problema o situación?» Y ponerse a ello con proactividad. A veces podemos tomar decisiones que cambien drásticamente nuestra situación (como por ejemplo, creando nuestro plan B) y otras simplemente debemos ser muy selectivos con lo que permitimos que entre en nuestra mente (exceso de información nefasta, exceso de tiempo viendo redes sociales, exceso de grupos de WhatsApp con un montón de material tóxico, etc.). En cualquier caso, tomar decisiones nos libera de un montón de estrés y ansiedad. Y por ello, es esencial no tener miedo a tomar una decisión equivocada, porque muchas veces lo peor es no tomar ninguna decisión.
  3. Recuerda siempre el mantra: «Esto también pasará». Las enseñanzas budistas nos hablan desde hace miles de años de una ley universal de la existencia: la impermanencia. Es decir, que todo es efímero, que todo cambia constantemente, que todo pasa. Hoy en día lo llamamos volatilidad y no nos gusta, pero podemos hacer que sea nuestra amiga, especialmente en momentos críticos o etapas muy duras e inciertas como la pandemia, repitiéndonos el mantra «Esto también pasará», porque indudablemente, sea lo que sea, va a pasar, sencillamente porque es una ley universal de la vida. La pandemia terminará, la guerra de Ucrania también, pero surgirán nuevos conflictos y crisis de todo tipo que pondrán a prueba nuestra resiliencia. Recordemos en esos momentos la ley de la impermanencia y honremos dicha ley, aceptando que la vida es incierta y cambiante, aceptando la vida tal como es. Y repitámonos el mantra «Esto también pasará.» ¡Ojo! La impermanencia también se debe aplicar a las etapas y momentos de felicidad, es decir, lo bueno también pasará tarde o temprano, por lo que repetirse el mantra también en las etapas exitosas y felices nos aportará más sabiduría y serenidad para disfrutar sin caer en la euforia excesiva o en un delirio de ceguera. Ya sabes, cuanto más alto subas, más dura será la caída.
  4. Incorpora la meditación mindfulness. Si existe una disciplina que nos puede ayudar enormemente a gestionar la incertidumbre es la meditación mindfulness, ya que se trata de un entrenamiento mental para ser capaces de estar más tiempo en el momento presente, en el aquí y ahora, con aceptación y sin juzgar. Al focalizarnos más en el presente, dejamos de ser una marioneta de nuestra mente divagadora, constantemente pensando en el futuro o rumiando el pasado con sus pensamientos. Además, la mayoría de los pensamientos de futuro son negativos, generadores de preocupación, miedo y ansiedad («¿Y si…?»). Y en cuanto a los pensamientos de pasado, también suelen ser negativos, relacionados con errores o malas experiencias que no acabamos de digerir y seguimos rumiando como las vacas («¿Por qué…?»). Estudios de la Neurociencia han demostrado que la práctica del Mindfulness reduce la red neuronal por defecto del cerebro, que tiene que ver con la tendencia a divagar y a estar perdidos en nuestros pensamientos agobiantes de futuro y pasado, y al mismo tiempo aumenta la red neuronal experimentadora, que tiene que ver con experimentar el presente, nuestras sensaciones corporales y los 5 sentidos. Es decir, que pasamos mucho menos tiempo estresados con nuestros pensamientos y mucho más tiempo viviendo el presente, sin esa contaminación mental.

En definitiva, la incertidumbre forma parte de nuestra vida y el mundo en el que vivimos, no depende de nosotros, así que más vale aceptarla como parte de lo que significa vivir. Sin embargo, hay estrategias y disciplinas con las que podemos minimizar y manejar eficazmente el estrés y el miedo que nos ocasiona la incertidumbre. La clave es focalizarse en lo que podemos controlar, tomar decisiones, practicar la meditación mindfulness todos los días, tener siempre un plan B e incluso un plan C, y a partir de ahí, confiar en que las cosas siempre pasarán, y finalmente todo irá bien.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Los niveles de conciencia y la felicidad

El ser humano lleva buscando la felicidad desde hace miles de años, después de haber logrado cubrir sus necesidades básicas fundamentales. Y a estas alturas de su historia, aún no nos ponemos de acuerdo en cómo alcanzar la deseada e idealizada felicidad. No faltan gurús que dicen tener el secreto de dicha felicidad duradera lanzándonos recetas pobres, superficiales y muchas veces tremendamente cursis. «El secreto de la felicidad es aprender a amar» dice uno de esos gurús. «La clave es ser agradecidos y dar las gracias por la vida, que es maravillosa» nos dice otro gurú. Esto está muy bien, pero ¿Eso es todo? Estos seudogurús dan consejos como si la vida no tuviera la otra cara oscura, que es al menos igual de importante y por la que justificadamente podríamos también decir que la vida es una tortura o una lucha llena de sufrimiento. Seudogurús hay muchos en las redes sociales, incluyendo colegas de mi profesión de coaching o algunos profesores de mindfulness.

Desde luego, siempre hay aportaciones interesantes y que aportan claridad por parte de grandes maestros espirituales, así como de algunos reconocidos psicólogos. Pero siempre estas personas, que realmente nos ofrecen luz sobre cómo ser más felices y sentirnos mejor con nuestras vidas, hablan de manera realista, aterrizada, humilde, y contemplando las dos caras de la vida: la maravillosa y la horrorosa. No hablar de la segunda como si no existiera genera una gigantesca frustración y ansiedad en millones de personas porque creen que sólo los gurús y personas especiales son capaces de ser felices, y sin embargo ellos son torpes y miserables que sufren cada día sin saber qué hacer con su vida.

En mi experiencia, sin lugar a dudas, me ha ayudado definitivamente la perspectiva de estos maestros que hablan claro, sin florituras ni adornando las cosas ni vendiendo una especie de receta mágica. Y todos ellos se focalizan en un aspecto clave, que es elevar nuestro nivel de conciencia. Porque cuanto más elevado sea nuestro nivel de conciencia sobre uno mismo, sobre la vida y sobre nuestras relaciones, no cabe duda que seremos más felices. Con la reserva de que la felicidad no es un estado permanente, sino un estado al que se va y se viene, igual que el dolor y el sufrimiento.

¿Y qué es el nivel de conciencia? Para explicarlo de manera sencilla, funcionar en piloto automático es justo lo contrario de vivir con consciencia nuestra vida. Y vivir en automático es una auténtica pandemia. La gente vive corriendo, como pollos sin cabeza, sin ser consciente de todo lo que sucede a su alrededor, y mucho menos de lo que sucede en su interior (sus emociones, pensamientos, creencias, valores, juicios, sesgos). Cuando vivimos con tal nivel de inconsciencia, lo normal es que vivamos estresados, ansiosos, ignorantes, enfadados, deprimidos y eso sí, haciendo cosas todo el día sin pararnos a reflexionar o a simplemente descansar y «no hacer» nada.

Precisamente cuando dejamos de hacer cosas sin parar y nos permitimos «no hacer» empezamos a darnos cuenta de muchas cosas. Pero claro, algunas de esas cosas no queremos verlas, nos asustan, nos deprimen, y por tanto inventamos un montón de estrategias para huir de nuestros problemas y preocupaciones. Estas estrategias no hacen más que empeorar nuestro estado emocional, ya que huir y escapar de nuestros problemas y miedos es igual que escapar de nosotros mismos. Es el equivalente a la inconsciencia, a vivir con un nivel nulo o bajísimo de consciencia. Este es el motivo por el que, básicamente, sufrimos.

¿Y cómo subimos en la escala de los niveles de conciencia? Hay reconocidos maestros espirituales como el Dr. David R. Hawkins, autor de libros de referencia como «Dejar ir», que han creado su propia escala de niveles de conciencia, detallando qué actitudes y conductas están relacionadas con cada nivel de conciencia. Pero más allá de modelos o escalas, para mí la clave es saber que el secreto para vivir una vida plena y razonablemente feliz es elevar nuestro nivel de conciencia. Y desde luego, hay disciplinas y estrategias probadas para ayudarnos a este objetivo. Así transformamos el objetivo clásico de la humanidad desde hace miles de años de alcanzar la felicidad por un objetivo mucho más alcanzable y concreto como es el de ir aumentando progresivamente nuestro nivel de conciencia.

Las disciplinas probadas que mencionaba, y que yo mismo he experimentado durante los últimos 17 años de mi vida, son la meditación y el coaching. Cuando hablo de meditación, incluyo distintas variantes como la meditación zen, el mindfulness o la vipassana, que en el fondo son casi lo mismo. Y respecto al coaching, hay diversas formas de lograr aumentar nuestro nivel de conciencia: una es formarse como coach con un programa largo y profundo, y la otra forma es contratar a un coach para realizar un proceso de coaching. Tanto el coaching como la meditación tienen un pilar básico fundamental: generar y elevar conciencia. Y esto significa que gracias a practicar con regularidad (y guiados por los maestros o expertos de confianza, no los seudogurús que proliferan tanto en las redes) vamos a ir saliendo del piloto automático, comenzaremos a cuestionarnos por qué y para qué hacemos las cosas. Y también iremos despertando y descubriendo quienes somos realmente, más allá de etiquetas, roles, creencias e ideas preconcebidas generadas por la cantidad de programas mentales que nos han introducido desde la infancia.

Elevar el nivel de conciencia implica despertar a una visión nueva de la vida. Implica dejar de hacernos las víctimas en nuestra vida, hacernos responsables de nuestros errores y malas decisiones, reconocer nuestros puntos débiles y no culpar a nadie de lo que nos sucede en la vida. También implica ir descubriendo enormes tesoros, como la increíble sabiduría que habita en cada uno de nosotros, el enorme potencial que tenemos como seres humanos, algo que ni podíamos imaginar cuando estábamos inmersos en el piloto automático, quejándonos de todo, haciéndonos la víctima, manipulando, mintiendo y haciendo cosas sólo para gustar y ser aceptados socialmente. Y aquí empezamos a salir de nuestro mundo egocéntrico y de nuestra ignorancia y arrogancia, y empezamos a descubrir una realidad paralela, sólo disponible para aquellas personas privilegiadas que han descubierto estas disciplinas y las han practicado con regularidad (meditación, coaching), y que gracias a ello acceden a esa nueva dimensión donde comprenden en profundidad la vida, y en consecuencia, honran determinadas leyes fundamentales de la existencia. Estas personas han despertado de la anestesia mental y emocional masiva.

Desgraciadamente, la mayoría de las personas del planeta viven en una nube de ignorancia e inconsciencia que es la causa principal del sufrimiento y la infelicidad. La buena noticia es que cada vez más personas conocen y se abren a las disciplinas mencionadas. Tanto el coaching como la meditación han cambiado mi vida por completo, y también han transformado el concepto de mí mismo y de mi identidad como ser humano. Pero claro, esto no es un destino sino un camino de aprendizaje para toda la vida. Es decir, se trata de ir trabajando en nuestro autoconocimiento y nivel de conciencia de manera continua hasta el final de nuestra existencia. Y cuanto más alto sea nuestro nivel de conciencia, más felices seremos y más disfrutaremos del regalo de la vida tal y como es, abrazando tanto la parte luminosa como la parte oscura, que existe y es real. No neguemos la parte oscura de la vida y entonces tendremos toda la luz, aunque suene paradójico.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.


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Vivir sin arrepentirse de nada

El último post del año lo dediqué a introducir los enormes aprendizajes que obtuvo Bronnie Ware después de dedicar más de 10 años de su vida a cuidar a enfermos terminales. Bronnie escribió el libro «Los 5 principales arrepentimientos de las personas moribundas» y se convirtió en un éxito de ventas mundial. Repasemos brevemente las 5 principales razones por las cuales los seres humanos nos arrepentimos, algo que aprendió Bronnie con muchos de sus clientes, con los que llegó a entablar relaciones muy profundas.

  1. No haber mantenido el contacto con los amigos auténticos.
  2. No mostrarnos tal y como somos y no expresar nuestros sentimientos a las personas importantes de nuestra vida.
  3. Dedicar demasiado tiempo y energía al trabajo.
  4. Vivir la vida que esperan los demás de nosotros, no la que realmente deseamos.
  5. No darnos el permiso de ser felices, no darnos cuenta de que es una elección de cada día.

Sobre los dos primeros, puedes leer el post «Las 5 decisiones más importantes de nuestra vida» que publiqué hace un mes. En este post me centraré en los otros 3 arrepentimientos, siempre dándole la vuelta con el fin de extraer la decisión clave que necesitamos tomar aquí y ahora, no dentro de un mes ni dentro de un año. Porque la vida no nos espera, lo seguimos comprobando casi cada día. El problema es que creemos que todos vamos a vivir hasta los 80 o 90 años, y por eso no vemos la urgencia de tomar determinadas decisiones con total compromiso. Hasta que un día ya es demasiado tarde, ya no hay tiempo, y de ahí viene terminar nuestra vida de forma muy triste, arrepintiéndonos de no haber tomado determinadas decisiones. Así que en base a los arrepentimientos, veamos las otras 3 decisiones cruciales de nuestra vida:

  1. Mantener un equilibrio entre el tiempo dedicado a tu trabajo y el tiempo dedicado a tu vida personal. Mucha gente dedica demasiado tiempo al trabajo, a intentar lograr una carrera profesional exitosa, a ganar más dinero, etc. Y no hay nada malo en ello, siempre que no estemos sacrificando otros aspectos importantes de nuestra vida. Está claro que el tiempo es limitado, sólo tenemos 1440 minutos al día incluyendo el tiempo para dormir. Y si dedicamos muchas horas al trabajo, estaremos quitándoselo a nuestro tiempo personal para descansar, para nuestras aficiones, para estar con nuestra familia o amigos. Una de las cosas más importantes que he aprendido en mi vida es que si te obsesionas demasiado con un ámbito de tu vida, tu vida se desequilibra, y eso empieza a generarte problemas y agujeros por donde se te va la energía, la motivación y la felicidad. Por eso, una gran decisión es poner límites a tu trabajo. Bronnie tuvo más de un cliente al que le apasionaba su trabajo y por eso se volcó totalmente en él, y aun así, se arrepintió al final de su vida porque su relación con las personas más queridas se había deteriorado para siempre. Así que el hecho de que te encante tu trabajo no justifica el hecho de que desequilibres el resto de áreas vitales.
  2. Vivir la vida que realmente quieres, y no la que esperan los demás o la sociedad de ti. Es evidente que la sociedad en la que crecemos tiene sus reglas y creencias de lo que es una persona exitosa y una persona fracasada. Desde niños se nos va introduciendo sutilmente una programación mental que tiene que ver con lo que se considera correcto y lo que no, lo que está bien y lo que está mal, lo que es verdad y lo que es mentira. Y por supuesto, nunca llegamos a cuestionarlo y eso conlleva vivir acorde con una serie de ideas preconcebidas que muchas veces nos encierran en una prisión que nos hace realmente infelices. Por eso, es necesario tomar la decisión de ser valientes y no dejarnos influenciar por los demás respecto a la vida que queremos vivir, lo que queremos estudiar, en lo que deseamos trabajar, etc. Porque esa es nuestra vida, y es nuestra única vida. Tenemos derecho a elegir cómo queremos vivir. Pero muchas personas querrán cambiarnos, querrán moldearnos con sus rígidas ideas y expectativas, querrán que vivamos la vida que consideran mejor o incluso la vida que no pudieron vivir. No lo olvides, sigue a tu corazón a la hora de tomar las decisiones vitales importantes de tu vida. Por supuesto, escucha todas las opiniones y perspectivas, pero luego eres tú quien tienes que decidir tu camino, nadie más (ni tus padres, ni tu pareja, ni tus amigos ni nadie).
  3. Elegir ser feliz aquí y ahora, darte el permiso de ser feliz hoy, porque es una elección diaria que todos podemos tomar. Es habitual escuchar a todo el mundo quejarse de prácticamente todo, y también juzgar y criticar a los demás. Parece que nunca estamos satisfechos. Cuando llueve nos quejamos porque es incómodo, y cuando no llueve nos preocupamos porque hay sequía. Y así con todo. Cuando conseguimos un objetivo, inmediatamente pensamos en el siguiente. Y solemos perdernos el momento presente porque, o bien estamos dándole vueltas amargamente a un acontecimiento del pasado que ya no se puede cambiar, o bien estamos preocupados por algo que podría suceder en el futuro pero que normalmente no llega a suceder. Todas estas tendencias provienen de nuestra mente limitada, que nos tortura constantemente con su tremenda negatividad y miedo, lo cual nos lleva a vivir una vida pobre y miserable, aunque tengamos sobrados motivos para sentirnos agradecidos y felices. Las personas antes de morir adquieren una sorprendente y repentina sabiduría, y se dan cuenta de este cotidiano amargor absurdo en el que está sumergido el ser humano. Por eso, es importante que tomes la decisión (porque sí, es una decisión personal) de ser feliz ahora mismo, no cuando tus hijos se independicen o tengan un trabajo estable, no cuando te jubiles, no cuando tengas más dinero, no cuando te hagan jefe ni cuando ganes la lotería. Date el permiso de ser feliz ahora mismo, elige la gratitud por las pequeñas cosas cotidianas hoy y cada día del resto de tu vida.

Vivir una vida plena y llegar al final de nuestra existencia sin arrepentirnos de nada es difícil aunque posible. Podemos aprovechar las lecciones que nos han dado las personas que han compartido su vulnerabilidad y sus arrepentimientos, para no repetir sus errores. Ese es su legado, y es nuestra responsabilidad aprovecharlo. Te invito a poner en práctica esta semana las 3 decisiones vitales de este post, con las siguientes preguntas:

  • ¿Dedicas demasiado tiempo a tu trabajo? ¿Te gustaría tener más tiempo para tus hijos, o para estar con tu pareja, o simplemente para cuidarte, para hacer más deporte o para tus aficiones? Entonces es momento de empezar a poner límites. Comienza a salir media hora antes de tu trabajo todos los días, y poco a poco ve adelantando la salida para ir dedicando más tiempo a otras facetas de tu vida. Trabaja para vivir, no vivas para trabajar. Aunque te encante tu trabajo.
  • ¿Estás trabajando en lo que realmente te apasiona? ¿Te gustaría formarte en una vieja pasión olvidada? Nunca es tarde, puedes empezar a vivir la vida que realmente quieres, no la que los demás te han impuesto sutilmente. Apúntate a un curso de una actividad que te motive (baile, teatro, coaching, pintura, etc.)
  • ¿Sueles perderte en preocupaciones por lo que pueda pasar en el futuro? ¿Te sientes irritable o con ansiedad en tu día a día? Una de las prácticas demostradas más efectivas para disfrutar más el momento presente es la meditación mindfulness. Ahora tienes una oportunidad única porque estás a tiempo de inscribirte al curso MBSR de mindfulness, ya que empezamos el 24 de enero y aún hay plazas (en el siguiente párrafo tienes un link con información detallada). Si te interesa, puedes apuntarte al webinar gratuito de presentación del curso el 17 de enero a las 19 h. escribiendo un e-mail a carmen.celemin@execoach.es

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

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Las 5 decisiones más importantes de tu vida

Bronnie Ware tenía una pasión: la música. Quería dedicar su vida a componer canciones e interpretarlas para su público. Pero en su camino se topó algo que transformó completamente su vida y la hizo famosa en todo el mundo. Como su carrera musical no acababa de arrancar y necesitaba dinero para sobrevivir, decidió aceptar un trabajo como cuidadora de una persona mayor, y como la agencia se quedó muy satisfecha con su trabajo, la empezaron a llamar de manera continua para trabajar de cuidadora de numerosas personas mayores que tenían una alta dependencia y a las que les quedaba poco tiempo de vida. Y poco a poco fue especializándose cada vez más, hasta que dedicó más de diez años de su vida a cuidados paliativos.

Como decía, esta experiencia cambió totalmente su perspectiva de la vida, la transformó como ser humano y la hizo famosa, ya que empezó a compartir en su blog personal todos los aprendizajes y lecciones que recibió de las personas moribundas. El blog recibió millones de visitas hasta que decidió publicar un libro autobiográfico donde se centró especialmente en los años que dedicó su vida a cuidar a las personas que estaban a punto de morir y las lecciones vitales esenciales que había aprendido de ellas. El libro «The top 5 regrets of the dying» (Los 5 principales arrepentimientos de las personas moribundas) se convirtió en un best-seller mundial.

Hace poco terminé de leerlo y el libro es impresionante. Creo que todo el mundo debería leerlo para poder vivir una vida más plena y satisfactoria, porque tal y como le sucedió a la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross, que también dedicó su vida a atender psicológicamente a enfermos terminales, las lecciones más importantes de su vida las aprendió directamente de las personas que estaban a punto de morir.

Aunque resulte paradójico, parece que cuando vemos inminente nuestra muerte accedemos a una conciencia profunda de lo que realmente es importante, una sabiduría que sin duda existe dentro de nosotros pero a la que, por algún motivo extraño, nos cuesta mucho acceder en nuestra vida, llena de estrés, inconsciencia y falsas expectativas, en la que ponemos el foco en aspectos superficiales y materiales que creemos que nos van a dar la felicidad y sin embargo nos la arrebatan. Si en esos momentos finales de nuestra vida nos damos cuenta de que no hemos honrado y dedicado tiempo a esos aspectos importantes de la vida, surgen los lamentos y arrepentimientos, que son profundamente dolorosos y no permiten a las personas morir en paz.

Basándome en los 5 principales arrepentimientos de los seres humanos antes de morir del libro de Bronnie, hay 5 decisiones vitales que necesitamos tomar para evitar el dolor de lamentarlo cuando ya sea tarde. Y necesitamos tomar dichas decisiones hoy, aquí y ahora, no mañana o el próximo mes o dentro de dos años. Porque como dice Bronnie, la vida no nos espera. Pensamos erróneamente que vamos a vivir muchos años, al menos hasta los 80 o 90 años, y seguramente algunos de nosotros viviremos muchos menos años, o incluso puede que dentro de un mes hayamos dejado de existir (una verdad que hemos comprobado dolorosamente a causa de la pandemia del coronavirus). Y para entonces ya será tarde. Así que la decisión es ahora.

En este post voy a detallar sólo 2 de las 5 decisiones esenciales, para no extenderme demasiado, y abordaré las otras 3 decisiones vitales en el post de enero. Vamos con las dos primeras decisiones:

  1. Mantener el contacto con tus amigos auténticos. A medida que van pasando los años solemos descuidar las relaciones personales importantes, es decir, los amigos de verdad. Y al final de la vida nos sentimos solos, arrepintiéndonos de no haber dedicado tiempo y compromiso a mantener nuestras amistades. Bronnie hace una reflexión para mí esencial: no se trata de mantener las muchas relaciones que todos tenemos con conocidos a los que llamamos erróneamente amigos. Esas relaciones nos aportan poco, simplemente socializar y divertirnos un rato, pero no son auténticos amigos. A lo que se refieren los enfermos terminales es a cuidar y mantener unas pocas amistades que son las verdaderas, con esas personas con las que tenemos conversaciones auténticas, a las que mostramos nuestra vulnerabilidad, amigos que estarían dispuestos a acudir inmediatamente en caso de que les pidiéramos ayuda o apoyo. Piensa en cuantos amigos de esa clase tienes. Seguramente se pueden contar con los dedos de una mano o como mucho con las dos manos. Si piensas que tienes 50 o 100 amigos auténticos, te estás engañando y tienes una idea de la amistad bastante errónea y superficial.
  2. Mostrar tu auténtico yo y expresar tus sentimientos a las personas importantes. Otro arrepentimiento muy habitual en las personas antes de marcharse de este mundo es que no se han mostrado tal y como son a sus hijos, pareja o amigos. En ocasiones no les han demostrado su amor o sus sentimientos con una simple frase como «Te quiero» o «Estoy muy orgulloso de ti». El principal motivo es el miedo a sentirse vulnerables, a ser heridos al mostrarse tal y como son. Pero si queremos vivir una vida plena y no lamentarnos al final de nuestros días necesitamos ser valientes y vencer las barreras educacionales y sociales que nos impiden mostrarnos como somos, con nuestros defectos y virtudes, y expresar lo que sentimos, ya sea rabia, tristeza, miedo, orgullo o alegría. Debemos quitarnos las máscaras con las que nos protegemos pero que finalmente nos impiden conectar profundamente con nuestros seres más queridos. Así que no lo dejes para mañana ni para una ocasión propicia. Recuerda, la vida no te espera. Empieza a expresar tus sentimientos y necesidades a las personas importantes de tu vida, comienza a mostrarte vulnerable, auténtico, humano. Tú, tal como eres. Diles lo mucho que les quieres a las personas más importantes (tu hijo, tu marido, tu esposa, tu madre, tu hermano…), no des por sentado que ya lo saben, porque no es así.

En el próximo post, que publicaré en enero, abordaré las otras 3 decisiones vitales fundamentales de nuestra vida, que son:

  1. Mantener un equilibrio entre el tiempo dedicado a tu trabajo y el tiempo dedicado a tu vida personal.
  2. Vivir la vida que realmente quieres, y no la que esperan los demás o la sociedad de ti.
  3. Elegir ser feliz aquí y ahora, darte el permiso de ser feliz hoy, porque es una elección diaria que todos podemos tomar.

Te espero en enero para compartir contigo en detalle en qué consisten estas 3 decisiones y cómo hacerlo. De momento, te animo a que tomes hoy mismo acciones relacionadas con las dos primeras decisiones, por ejemplo:

  • ¿Qué puedes hacer hoy para seguir conectado/a con algún amigo o amiga especial? Quizá una llamada telefónica para poneros al día, o directamente quedar con ella para un café.
  • ¿A qué persona importante de tu vida te gustaría mostrarte tal y como eres, sin máscaras, hoy mismo? ¿A quién querrías decirle lo mucho que la quieres o lo orgulloso/a que estás de ella?

La vida se va en un suspiro, y no podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo ya que la felicidad está esperándonos en cada momento, en cada rincón, en cada respiración.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

El temido septiembre: cómo gestionar la vuelta

Septiembre suele ser un mes difícil para la mayoría de las personas. Para mí, de hecho, está siendo duro porque he desconectado totalmente de mi trabajo durante 4 semanas, y claro, la vuelta me está generando esta semana diversas emociones, como estrés, apatía y momentos puntuales de bloqueo y ansiedad.

Después de haber desconectado de nuestras obligaciones para descansar y movernos sin horarios y haciendo lo que más nos apetece, la vuelta a la realidad nos produce una gran resaca. A veces incluso pensamos que mejor no hubiéramos desconectado tanto, porque el baño de realidad es aún más doloroso, pero evidentemente necesitamos un mínimo de dos o tres semanas para descansar y volver con nuevas energías al nuevo curso. No cabe duda que las primeras semanas de septiembre son duras incluso para los que, como yo, nos encanta nuestro trabajo y tenemos ilusión por lo que hacemos a diario. Hay que reconocer que pasar de «cero» presión y «cero» responsabilidades a afrontar retos y proyectos desafiantes que nos hacen salir de nuestra zona de confort genera estrés y ansiedad.

Pero ¿Qué recomiendo yo, en base a lo que llevo probando desde hace años con muy buenos resultados, para que la vuelta sea mucho menos angustiosa? ¿Qué necesitamos hacer para afrontar la vuelta de septiembre de forma más positiva, y así salir del estado de bloqueo y apatía en el que muchas personas están en estos momentos? 

En primer lugar, permitirnos las emociones difíciles como el estrés, la ansiedad, la apatía, la baja energía y la tristeza. Son emociones normales cuando realizamos un cambio tan brusco, del placer y el disfrute a las obligaciones y presiones del trabajo. Lo que empeora las cosas y hace más dura la vuelta es juzgarnos por sentir dichas emociones, decirnos que no es normal y que algo falla en nuestra vida, que deberíamos estar con mucha energía tras haber descansado en las vacaciones. Todos estos juicios, como digo, no ayudan, porque se basan en una falta de empatía y autocompasión hacia nosotros mismos. Tenemos derecho a sentirnos así, no pasa nada, no somos raros ni inadecuados. Simplemente, démonos permiso y aceptemos que son emociones pasajeras, normales ante un cambio así.

Lo segundo que a mí me sirve es darme un tiempo para hacer una transición suave de un entorno vacacional a un entorno de responsabilidades y trabajo. Es realmente complicado volver de la playa un domingo y empezar a trabajar al día siguiente o a los dos días. Es importante darnos unos días de transición, donde vayamos mentalizándonos del cambio, vayamos preparándonos para la vuelta y así no sea tan estresante. Lo ideal, en mi opinión, es tener una semana desde que volvemos desde nuestro último destino vacacional hasta cuando empezamos realmente a trabajar. En esa semana, debemos ir preparando suavemente la vuelta, sin presiones, haciendo pequeñas gestiones, empezando a mirar lo que nos espera el primer día y la primera semana de trabajo, pero sin entrar a mirar e-mails o documentos de trabajo.

Esa semana de transición nos sirve también para cumplir la tercera sugerencia: ir recuperando las pequeñas rutinas saludables que tenías antes de las vacaciones, o incorporar nuevas rutinas o hábitos positivos. Me refiero a comer de forma más saludable (en vacaciones es bueno darse permiso para salirse algo de la dieta habitual), retomar el deporte o la meditación si lo hemos dejado en vacaciones, o cualquier otro hábito que, además de mejorar nuestro bienestar psicológico y físico, nos ayude a tener la sensación de control, que es uno de los aspectos más positivos de los hábitos. Es la sensación de que en algunos ámbitos de nuestra vida, aunque sean pequeños, tenemos el control. En un mundo volátil, incierto y caótico como el que vivimos, esta sensación es un tesoro incalculable que mucha gente no valora en su justa medida. Para mí, es un elemento clave de la autoestima y la autoconfianza.

Finalmente, tómatelo todo con mucha calma, ten paciencia contigo mismo/a, trátate con autocompasión y date tus tiempos y tus espacios. Te lo mereces. Aplica la metodología del Kaizen, de la que he hablado muchas veces en este blog porque me apasiona y la aplico desde hace muchos años para lograr mis objetivos de manera firme y segura. El kaizen es aplicar cambios pequeños positivos a nuestra vida en lugar de grandes cambios. Los cambios pequeños, repetidos diariamente, producen auténticos milagros. Se trata de integrar la mejora continua sin grandes inversiones de tiempo, esfuerzo o dinero. El kaizen es un punto fundamental en la generación de hábitos positivos realmente duraderos. Si quieres profundizar en el kaizen, puedes leer este otro post de mi blog. Propósitos de nuevo año ¿Cuantos lo consiguen? 

Así que la vuelta de septiembre, tan temida, no tiene por qué ser tan terrible, aunque como he dicho, es normal que genere emociones difíciles que son normales, y que necesitamos aprender a aceptar y a gestionar. ¡Mucho ánimo en la vuelta! Estoy convencido de que con estas sugerencias vas a estar dando lo mejor de ti mucho antes de lo que piensas.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Las emociones en la toma de decisiones

Todos necesitamos tomar muchas decisiones a lo largo de nuestra vida, tanto personales como profesionales. Y algunas de ellas son verdaderamente importantes o incluso pueden marcar nuestra vida de manera positiva o todo lo contrario. Por eso, es fundamental que demos la importancia que se merece al impacto de nuestras emociones en la toma de decisiones. Repasemos algunas de las emociones que afectan más a nuestras decisiones.

  • El miedo. Está claro que el miedo impide que tomemos muchas decisiones. Miedo al fracaso, miedo a sufrir, miedo al ridículo, miedo a ser rechazado socialmente. Estos miedos y otros muchos de los que no somos conscientes nos condicionan gravemente y evitan que avancemos hacia nuestras metas y sueños. Por ejemplo, el miedo al fracaso nos impide arriesgarnos y tomar la decisión que necesitamos, como dejar un trabajo desmotivante y lanzarnos a buscar un trabajo que realmente haga honor a nuestras fortalezas y pasiones. El miedo a la soledad puede tenernos esclavizados en una relación tóxica o simplemente que no nos aporta felicidad. Y el miedo a que nuestros hijos sufran puede hacer que tratemos de controlarlos demasiado y generarles estrés y una presión excesiva. También el miedo afecta negativamente a algunas decisiones financieras que tomamos, por ejemplo si vendemos unas acciones de la Bolsa cuando su valoración ha bajado (los expertos dicen que ese es el peor momento para vender porque perdemos dinero, así que nos aconsejan que esperemos a que vuelvan a subir para vender).
  • El enfado. Cuando estamos rabiosos o irritados por una situación frustrante o por una conducta de otra persona que nos ha enfadado, tomamos decisiones precipitadas de las que luego nos arrepentimos. Así como el miedo normalmente nos inhibe e impide tomar decisiones, el enfado tiene el efecto contrario, es decir nos hace tomar decisiones que no deberíamos, con el calentón. Estas decisiones normalmente nos hacen perder credibilidad ante los demás, deterioramos las relaciones tanto en el trabajo como en nuestra vida personal, nos hacen perder influencia hacia los demás y finalmente pueden provocar el aislamiento y la falta de confianza hacia nosotros.
  • La tristeza. Es una emoción que si no la dominamos puede llevarnos a la pasividad, a la apatía, y a no tomar decisiones necesarias para nuestro bienestar o para nuestra carrera profesional. La tristeza nos lleva a teñir el mundo de pesimismo y eso nos influye porque no hacemos nada por cambiar una situación difícil de la que necesitamos salir. Por ello, el efecto más habitual de la tristeza es inhibir nuestra capacidad para la toma de decisiones.
  • La alegría. Puede sorprenderte que la alegría pueda afectarnos negativamente en la toma de decisiones pero es así cuando no la modulamos o equilibramos su intensidad, como ocurre con cualquier otra emoción. Cuando estamos eufóricos y entusiasmados porque todo nos va sobre ruedas y hemos tenido una sucesión de éxitos o experiencias positivas, tendemos a tomar decisiones poco reflexionadas, sin sopesar que las cosas tarde o temprano cambiarán. La alegría excesiva nos puede nublar el juicio, y convertirse en una venda en los ojos que nos impide ver las cosas con realismo y eso nos lleva a tomar malas decisiones que luego tienen consecuencias. Si volvemos a las decisiones financieras, la excesiva alegría o confianza puede perjudicar nuestra solvencia económica si invertimos en Bolsa cuando está en niveles muy altos y hay mucha euforia. Una vez más los expertos nos dicen que tomemos la decisión contraria a la que nos dicta la emoción: no comprar porque probablemente no suba mucho más o incluso empiece a perder valor.

Entonces ¿Qué es lo que debemos hacer con las emociones para poder tomar las decisiones más beneficiosas para nuestra vida? En primer lugar, es crucial permitirnos sentir todas estas emociones ya que son normales y muchas veces son totalmente necesarias. Si nos entrenamos en permanecer conectados con nuestras emociones, seremos más conscientes del efecto que pueden tener en nuestras decisiones. Además, a veces cualquiera de las emociones mencionadas puede ser necesaria precisamente para tomar la mejor decisión.

El miedo no siempre es negativo, no estoy de acuerdo con quien dice que debemos superar nuestros miedos porque son ficticios (es lo que dice el conocido ejecutivo de Google Mo Gawdat en su libro «El algoritmo de la felicidad»). No es verdad. Nunca dejaremos de tener miedos porque forma parte de nuestra esencia como seres humanos, y esto es bueno y necesario para la toma de decisiones. Si no tuviéramos miedo, también tomaríamos decisiones absurdas y precipitadas que nos generarían un elevado sufrimiento, así que olvídate de estos consejos ridículos de que podemos vivir y tomar decisiones sin tener miedo. Una cosa es evitar la parálisis que genera el miedo cuando no lo gestionamos, y otra cosa muy distinta es no escuchar la emoción del miedo cuando aparece en nuestro interior. Igual que la tristeza, la ansiedad, la rabia o la alegría, debemos permitir que emerjan nuestras emociones y escuchar el mensaje que quieren darnos, porque pueden ser muy útiles a la hora de tomar nuestras decisiones.

El segundo paso, después de escuchar y sentir nuestras emociones sin taparlas ni negarlas, es gestionar o regular las emociones, bajar su intensidad, con el fin de que no ciegue nuestra capacidad para el pensamiento crítico y en consecuencia no nos perjudique, ya sea tomando decisiones poco reflexionadas o bien evitando tomar decisiones que son necesarias. Así que la gestión de emociones es una competencia imprescindible si queremos tomar las mejores decisiones. Pero la autorregulación emocional no significa eliminar la emoción, sino bajar su intensidad para que podamos tomar el control de la situación, y decidir con acierto y con plena consciencia.

Las emociones (todas, sin excepción) son imprescindibles y es imposible eliminarlas. La forma más efectiva de que no nos afecten negativamente en la toma de decisiones es escucharlas y gestionarlas. Lo que sí debemos evitar es que controlen y dominen nuestras conductas y decisiones como si fuéramos marionetas. No hay nada más efectivo para esto que desarrollar la consciencia y la gestión emocional, y para ello la práctica de la meditación mindfulness es tremendamente eficaz porque aporta mucha claridad mental y equilibra nuestro estado emocional, precisamente el estado mental que necesitamos para que nuestras decisiones estén bien reflexionadas, libres de sesgos cognitivos y emocionales, y nos conduzcan a nuestros objetivos y nos eleven a los más altos niveles de felicidad y éxito.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.

Cómo salir de la tristeza y el desánimo

Todos tenemos días en los que nos sentimos bajos de energía, desmotivados o tristes. Yo el primero. De hecho, durante las últimas semanas me he encontrado así algunos días, a causa de determinadas circunstancias personales y profesionales complicadas, y supongo que por el largo año de pandemia que llevamos, que a todos nos ha minado de una manera u otra. Y el caso es que me ha sorprendido. Porque hacía mucho tiempo que no sentía esta sensación de desánimo y tristeza.

No obstante, hay algo que me ha ayudado a salir de ese estado emocional de tristeza un día tras otro, y quería compartirlo contigo. Es algo bastante simple, pero poderoso. Esos días me hacía la siguiente pregunta: ¿Qué puedo hacer yo para que hoy sea un día extraordinario?. Y de pronto, mi cerebro empezaba a tratar de responder a la pregunta, con una cascada de respuestas e ideas de cómo darle la vuelta a mi estado emocional y terminar el día con la sensación motivante de haber creado un día extraordinario a pesar del inicio.

Te soy sincero: funcionó. Cada día que me sentía de ese modo, me hacía la misma pregunta y después de responderme, me ponía en marcha. Esencialmente, las respuestas iban desde tratarme a mí mismo con paciencia y autocompasión hasta comprometerme a cumplir todas las actividades, tareas y reuniones que tenía programadas, tanto de trabajo como a nivel personal, así como respetar el tiempo planificado para meditar, descansar y estar con mi familia. Y por supuesto, el firme propósito de no tapar mis emociones, de permitirme sentirlas aunque fueran desagradables, e indagar en ellas, para descubrir qué mensaje me querían trasladar en cada momento.

Una sola pregunta poderosa puede cambiar totalmente nuestro día. Y está en nuestras manos. Tenemos un gran poder para evitar el bloqueo, la parálisis, la rendición y la resignación. Porque una cosa es permitir sentir las emociones de tristeza, frustración y ansiedad, y otra cosa es permitir que nos dominen y limiten nuestra vida y nuestros objetivos. Si nos dejamos arrastrar por la tristeza y el desánimo, lo más probable es que dejemos de hacer las cosas que teníamos previstas en el día, que al finalizar la jornada sintamos que hemos perdido un día y en consecuencia nos sintamos mucho peor. Es decir, agravamos la situación. Y si no lo gestionamos, esto se puede repetir al día siguiente y al siguiente, siendo una espiral descendente que nos puede llevar a un estado de ánimo depresivo del que sea realmente difícil salir.

La pregunta poderosa ¿Qué puedo hacer yo para que hoy sea un día extraordinario?produce en mí un efecto impresionante que me ayuda a no caer víctima de las emociones negativas y tiene un profundo e impactante significado: La capacidad de elegir que tenemos todos los seres humanos. La capacidad de elegir nuestra actitud, incluso en las circunstancias más críticas de nuestra vida, como dijo el psiquiatra Viktor Frankl, pionero de la automotivación y la resiliencia.

Todo esto, por supuesto, es inteligencia emocional, y en concreto las 3 primeras competencias: autoconciencia de emociones, autorregulación de emociones y automotivación. Son capacidades fundamentales para nuestra vida y nuestro trabajo, si queremos vivir una vida extraordinaria y lograr metas ambiciosas.

Cada vez que te levantes triste, deprimido, desmoralizado, apático, hastiado o sin fuerzas, hazte esta pregunta: ¿Qué puedo hacer yo para hacer de este día un día extraordinario? Escucha las respuestas que te da tu mente, y sigue los pasos que te dicta tu sabiduría interior, que emerge cuando nos hacemos este tipo de preguntas poderosas.

Todos podemos reconectar con nuestro poder interior, con nuestra sabiduría innata, con nuestro Ser superior. Aplicarnos el coaching y sus preguntas poderosas, practicar meditación mindfulness con regularidad, y usar técnicas de inteligencia emocional son recursos imprescindibles para nuestra vida.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y autor de 5 libros.