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La práctica cotidiana del mindfulness

El último objetivo que buscamos cuando empezamos a practicar la meditación mindfulness (atención plena) es que el estado mental que logramos durante la meditación se traslade a nuestra vida cotidiana. Cuando practicamos meditación nuestras ondas cerebrales descienden a ondas alpha, que están relacionadas con un estado de máxima relajación y receptividad del cerebro, mayor velocidad de aprendizaje, y mayor creatividad. Baja el volumen de nuestros pensamientos, y recuperamos el equilibrio emocional y la claridad mental.

Imagina que ese estado de máximo potencial del cerebro lo llevamos a la vida cotidiana: esa claridad mental, ese equilibrio emocional, esa creatividad y capacidad de aprendizaje. Sin duda, nuestra vida personal y profesional cambiaría profundamente. Y eso es lo que sucede. Te lo digo por experiencia. Hace 12 años estaba inmerso en una grave crisis personal y profesional, no le veía sentido a mi trabajo (trabajaba como publicista), y me topé bruscamente con la sensación de mortalidad a causa de un problema grave de salud. Estaba perdido, no sabía quien era ni qué quería. Necesitaba respuestas urgentes a todas mis preguntas. Es lo que Jon Kabat Zinn llamó la catástrofe total en su libro «Vivir con plenitud las crisis».

La meditación zen, y después la meditación mindfulness me dio las respuestas que necesitaba en aquel momento, y literalmente cambió mi vida para siempre. Desde entonces he ido ganando progresivamente claridad sobre mis metas, sobre mis valores, sobre mi propósito vital. Y he ido logrando estar más en el presente, disfrutando del momento, de las pequeñas experiencias de cada día, lo que ha aumentado mi felicidad. Es decir, que el mindfulness ha inundado mi vida personal y profesional.

Pero ¿Cómo podemos saber si estamos cultivando el mindfulness en nuestra vida cotidiana? Voy a poner varios ejemplos muy concretos, que pueden servir también de pautas prácticas de aplicación:

  • Dedica unos 10 minutos al día a estar solo contigo mismo, en silencio, inmóvil, simplemente tratando de prestar atención al momento presente sin juicios y con aceptación (a tu respiración, a tus sensaciones en el cuerpo, a los sonidos, a tus pensamientos y emociones).
  • Procura levantarte con tiempo suficiente para no ir corriendo a todas partes, y angustiado por la posibilidad de llegar tarde al trabajo.
  • Cuando desayunes, presta atención a la preparación y luego trata de saborear lo que comas. Observa los colores, la textura, el olor de lo que estés comiendo, y luego céntrate en saborearlo. Evita poner la radio, la TV o mirar el móvil mientras estés desayunando.
  • Cuando vayas conduciendo a tu trabajo, concéntrate en conducir y trata de ir más despacio de lo habitual, respetando al resto de conductores, las señales de velocidad, etc.
  • En tu trabajo, saluda a tus compañeros conscientemente, no como una fórmula protocolaria. Pregúntales qué tal están de forma sincera y auténtica.
  • Pregúntate frecuentemente durante el día «¿Qué emoción siento?» y ponle un nombre a tu emoción: alegría, frustración, orgullo, tranquilidad, estrés, etc.
  • En tu trabajo, márcate dos objetivos importantes para ti a lograr en el día. dichos objetivos deben ser muy alcanzables. Y planifícate el día para lograr estos dos objetivos. Si es necesario y posible, libérate tareas poco importantes para dejar espacio a estos dos objetivos importantes.
  • Durante el día, prográmate hacer pausas productivas de 5 minutos cada hora y media de trabajo, con el fin de hacer varias respiraciones conscientes, o para levantarte de tu silla y estirarte o darte un paseo. Esto hará que tu concentración sea máxima durante todo el día.
  • Cuando estés enfocado en una tarea importante en tu trabajo, trata de no distraerte con los correos electrónicos o whatsaps que van llegando a tu móvil. Si te cuesta trabajo, cierra el programa de correo durante una hora o más, y mete el móvil en un cajón para no verlo.
  • Si asistes a una reunión, concentra toda tu atención en la reunión, escuchando al resto de participantes, y aportando tus ideas de forma proactiva, evitando consultar tu móvil o dejar que tu mente se distraiga con otros temas fuera de la reunión.
  • Evita abrir varios frentes en tu trabajo cayendo en el improductivo hábito de la multitarea.
  • Si sientes estrés porque tu mente genera pensamientos negativos relacionados con el futuro (preocupaciones, tareas pendientes) ocúpate de lo que tengas que ocuparte y después vuelve a centrarte en el trabajo con máxima atención.
  • Cada vez que tu mente se marche al futuro (recuerdos, preocupaciones) o al pasado (rumiación) vuelve a traerla al momento presente, al aquí y ahora. Quizá te ayude conectar con tu respiración, haciendo varias respiraciones conscientes.
  • Cuando vuelvas a casa, aparca el coche en el garage de tu casa, apaga el motor y dedica 5 minutos, con los ojos cerrados, a sentir tu respiración. Eso te ayudará a desintoxicarte del estrés del día, y entrar a tu vida familiar más sereno y centrado.
  • Escucha con atención plena a tu pareja, a tus hijos, cuando te cuenten sus experiencias del día, evitando juzgarles o tratando de darles rápidamente tus consejos y opiniones. Sólo escucha con empatía y compasión.
  • En la cena, procura que toda tu familia esté presente, evitando móviles, TV o cualquier otra distracción.
  • En general, ¡deja de mirar al móvil cada 5 minutos! Empieza tu desintoxicación digital hoy mismo.

Podría continuar, pero seguro que ya puedes hacerte una idea de la enorme aplicabilidad del mindfulness para aumentar nuestra felicidad y nuestra eficiencia en el trabajo. Siempre digo que el mindfulness es aplicable desde el minuto 1 de nuestra vida. En cualquier momento podemos poner la atención en el aquí y ahora, con curiosidad, sin juicios, con aceptación y con amabilidad. Esa atención plena tan especial cambiará totalmente nuestra percepción de los demás, de las experiencias diarias, de nosotros mismos como individuos.

Puedes empezar a practicar desde ahora mismo. ¿Dónde estás? ¿Qué estás haciendo? Sea lo que sea, dirige toda tu atención al presente, a lo que estés haciendo o lo que estés sintiendo y experimentando en tu mente y cuerpo. Y no dejes que tu mente lo contamine con juicios, expectativas o deseos. Simplemente, vive ese momento con la mayor plenitud.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Somos ya como los replicantes de Blade Runner?

El otro día estuve viendo la película Blade Runner 2049, ya que Blade Runner, la película original de 1982, es una de mis películas favoritas y deseaba ver cómo seguía aquella historia que me fascinó y me sigue fascinando, y que se ha convertido en una de las películas más míticas de la historia del cine.

Aparte de que Blade Runner 2049 es una buena película pero que no está a la altura de la primera, la temática principal está hoy más de actualidad que nunca. Los replicantes, robots diseñados por el hombre para que hicieran de esclavos o para que trabajaran en general a su servicio, serán en un futuro próximo una auténtica realidad. Además, los replicantes tenían emociones, lo que les hacían incluso más humanos que los propios seres humanos de las dos películas. Recuerdo cómo en Blade Runner 1982 los replicantes buscaban su identidad, el sentido de su existencia, y que tenían miedo a la muerte. Mientras que los personajes humanos no tenían ni mucho menos esas inquietudes tan metafísicas.

En el siglo XXI, además de vislumbrar la viabilidad de los robots «humanizados» para hacernos la vida más sencilla y mejor, tenemos ante nuestros ojos una realidad más preocupante: la creciente robotización de los seres humanos.

Uno de los motivos principales es la irrupción de la tecnología en nuestra vida cotidiana. Podemos comprobar cómo los seres humanos, en la era tecnológica, están siendo abducidos literalmente por los móviles. Es frecuente ver grupos de amigos sentados en un bar mirando cada uno su teléfono móvil y sin mirarse a la cara ni comunicarse directamente. O una pareja cenando en un restaurante mirando cada uno su smartphone. También en la calle cualquiera puede darse cuenta de la robotización de las personas, caminando mientras contestan whatsaps o correos electrónicos incluso cuando cruzan un semáforo.

En realidad durante todo el día actuamos más como robots que como personas. Porque hacemos todo en piloto automático, es decir sin conciencia sobre lo que estamos haciendo o experimentando. Desayunamos sin saborear el desayuno, nos duchamos mecánicamente, conducimos y caminamos de forma automática, hacemos nuestro trabajo de forma rutinaria dejándonos llevar por lo que nos ha funcionado en el pasado sin cuestionarnos si hay una forma más creativa o efectiva de hacerlo, consultamos compulsivamente el móvil usándolo en situaciones en las que no es adecuado o simplemente es una falta de respeto, y finalmente llevamos el piloto automático a nuestras relaciones personales, saludando y preguntando mecánicamente «¿Qué tal?» como si fuera un protocolo, sin interesarnos verdaderamente por el otro, olvidando nuestra capacidad para ser empáticos.

Pero además, no nos damos cuenta pero nos dejamos manipular por todo lo que leemos en los medios de comunicación, y también por la publicidad, estrechando nuestra visión crítica sobre las cosas, y pensando y actuando según la ruta marcada por la sociedad. En definitiva, estamos más programados de lo que pudiéramos imaginar, y casi todas nuestras decisiones y conductas han sido marcadas por la sociedad o por otras personas o instituciones; es decir, no son nuestras verdaderas decisiones. La robotización del ser humano está eliminando su libertad. 

Hay que decir que el piloto automático es el modo mental por defecto del cerebro, que lo activa cada vez que repetimos una conducta o acción muchas veces. El cerebro considera que es correcto y lo pasa al inconsciente, convirtiéndose en una acción automática o una rutina. También nuestro cerebro pasa al inconsciente una idea o información que hemos recibido repetidas veces. De ahí que vamos por el mundo con unas ideas preconcebidas sobre las cosas, que consideramos «la verdad».

Lo gracioso es que el cerebro hace esto sin pedirnos permiso, como un intento bienintencionado de liberarnos energía. El problema es que el piloto automático se va apoderando, sin darnos cuenta, de cada vez más facetas de nuestra vida, y finalmente acabamos esclavizados por nuestras propias rutinas y creencias rígidas, y terminamos viviendo el día de la marmota, en el que cada día se repite de forma monótona y machacona.

¿Y cómo se logra revertir esta situación? ¿Cómo desconectamos y salimos del piloto automático para recuperar la grandeza que tenemos, nuestra empatía y generosidad? El mindfulness es la herramienta más efectiva para recuperar nuestra humanidad, el disfrute de las pequeñas cosas, la compasión y la amabilidad. El mindfulness se podría definir como un entrenamiento mental de la atención en el momento presente, sin juicios y con aceptación. Uno de sus principales beneficios es activar el estado de consciencia y desactivar el piloto automático tan dominante en nuestras vidas.

Muchas personas me preguntan por qué el mindfulness está creciendo tanto en nuestra sociedad. Aparte de otras razones, una de las claves es que nos estamos dando cuenta de que así el ser humano no va por buen camino, de que cada vez está más disperso, estresado y deshumanizado, y que necesita una disciplina para reconectar con su humanidad perdida. Esa humanidad recuperada gracias al mindfulness nos hace aumentar nuestra felicidad y bienestar, nos convierte en personas más sensibles y empáticas, y por tanto nos pone en disposición de dar lo mejor de nosotros mismos en la vida y en el trabajo.

No nos convirtamos en replicantes. La grandeza del ser humano está dentro de cada uno de nosotros. Sólo tenemos que despertarla y desarrollarla. A través del entrenamiento mindfulness.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los efectos cerebrales del mindfulness

Una de las cosas que digo siempre a los participantes de mis cursos de Mindfulness es que además de practicar todos los días como mínimo 10 minutos, lean mucho al respecto. Yo he leído muchísimos libros relacionados con el mindfulness, la meditación zen y la meditación vipassana. Y me han ayudado a entender lo que he ido experimentando con la práctica diaria y también en los retiros intensivos de práctica que he realizado.

Muchas veces en los libros encuentras también recomendaciones para salvar dificultades en la práctica, o para resolver dudas que van surgiendo de manera regular. En definitiva, el complemento de la lectura me parece esencial a la hora de profundizar en los enormes beneficios que tiene el mindfulness para nuestra vida y para nuestro trabajo.

En estos momentos estoy leyendo el libro «Cerebro y mindfulness», de Daniel J. Siegel. El autor es doctor en Medicina por la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard e investigador sobre el mindfulness y el cerebro en la Universidad de California.

Uno de los aspectos más interesantes que destaca en el libro es que cuando practicamos mindfulness activamos, además de otras zonas del cerebro, el sistema de neuronas espejo. Este sistema de neuronas interviene en la capacidad del ser humano de entender a los demás, de empatizar con ellos, incluso de imitar sus actitudes y comportamientos. Es una especie de capacidad para sintonizar con los demás, con sus estados de ánimo e intenciones. Es sorprendente que el mindfulness active este sistema de neuronas espejo cuando practicamos en soledad. El autor señala que, según este hallazgo, a través del entrenamiento mindfulness estaríamos potenciando la sintonía intrapersonal (sintonizar con uno mismo) además de la sintonía interpersonal (con los demás).

Todos los expertos en inteligencia emocional llevan diciendo años que para desarrollar la empatía con los demás (tomar conciencia de sus emociones), es necesario desarrollar la autoconciencia emocional (tomar conciencia de nuestras emociones). Ahora ya sabemos que la respuesta está en el sistema de neuronas espejo, que activamos primero para conectar y ser conscientes de nuestras propias emociones, para luego conectar con las de los demás.

En otras palabras, con la práctica del mindfulness conectamos con nuestro ser en una relación amable, de sintonía y empatía. Esta sintonía se va desarrollando con este entrenamiento mental, porque todos sabemos que al principio tenemos relaciones muy tormentosas con nosotros mismos: nos juzgamos duramente, nos castigamos y reprochamos errores o conductas que no consideramos correctas, y nos autogeneramos un enorme sufrimiento por nuestra excesiva autoexigencia.

Es lógico pensar, desde esta perspectiva científica que nos da Siegel en su libro, por qué el mindfulness nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos, y por ende, con los demás. Estamos desarrollando nuestro cerebro en distintas zonas relacionadas con las emociones positivas (cortex prefrontal izquierdo), así como de la activación del sistema de neuronas espejo. Además, reducimos la actividad en la amígdala, órgano situado en el sistema límbico cerebral que dispara neuronalmente las emociones básicas negativas como el miedo o la ira.

Como decía al principio, leer estos hallazgos en un libro científico me ayuda a entender mejor la sensación de integración, armonía, y sintonía conmigo y con el mundo en general, cuando practico mindfulness. Cuando me siento cada mañana con la mente fresca, simplemente para estar quieto, en silencio, viviendo el aquí y ahora, el momento presente, y escucho los pájaros, el tráfico lejano de algún coche, el sonido de mi propia respiración, mis pensamientos y emociones instante tras instante, con aceptación y curiosidad, me siento en paz conmigo y el mundo. Es la aceptación de lo que «es». Y esta sensación tiene un impacto enorme en mi día a día, en mi forma de afrontar los problemas personales y profesionales.

El entrenamiento mental mindfulness cambia totalmente nuestra relación con nosotros mismos, con los demás, y con la vida. Y entender a nivel racional y científico lo que experimentamos física y emocionalmente en la práctica nos motivará a seguir practicando y experimentando las sensaciones de sintonía e integración, para seguir avanzando y profundizando en dichas sensaciones. Esto incrementará nuestra capacidad para disfrutar más de las cosas, aliviará drásticamente el estrés, seremos más felices y también más productivos en nuestra profesión.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La importancia de las pequeñas cosas

Como siempre que empieza un nuevo año, es un buen momento para replantearnos cómo estamos viviendo nuestra vida, a qué actividades y relaciones estamos dedicando nuestro valioso tiempo, y si nos hace felices nuestro trabajo, al que dedicamos la mitad de nuestra vida.

El cine me apasiona desde que era un niño. No voy al cine sólo para pasar un buen rato o para entretenerme, como tantas millones de personas. No. El cine para mí es mucho más que eso. Me ha ayudado a conocerme mejor, a entender mejor el mundo, el ser humano, las relaciones, y desde luego, comprender un poquito más el misterio de la vida.

Hablando del misterio de la vida y de cine, hace unas semanas vi la película «Mi vida sin mí», de Isabel Coixet. Es una película del año 2003, que llevaba tiempo queriendo ver. Y me pareció un filme maravilloso y emocionante sobre el sentido de la vida. Aborda el tema de la muerte y qué es lo que nos sucede cuando la vemos cerca, muy cerca.
Cartel pelicula Mividasinmi

Esto me recuerda lo que decía Steve Jobs en su famoso discurso en la Universidad de Stanford: «La muerte es el mejor invento de la vida». Jobs argumentaba que gracias a sentirla cerca, empezó a apreciar la vida como nunca. Estoy completamente de acuerdo. Hace 10 años la vislumbré a lo lejos después de un problema grave de salud que tuve, y esa experiencia me cambió la perspectiva completamente.

Desde entonces decidí empezar a apreciar y valorar de verdad todo lo que tenía en mi vida, y por otro lado, decidí cambiar todo aquello que no me gustaba o motivaba, entre otras cosas mi trabajo de publicista. Desde entonces me dedico a ayudar a los demás a alcanzar sus objetivos personales y profesionales (coaching), y también a ayudarles a aprender a disfrutar más de la vida y a aliviar el sufrimiento y el estrés (mindfulness). Me siento cada día con más energía y motivación, y sigo recordando frecuentemente que la vida es muy corta, que se termina en un abrir y cerrar de ojos, y por tanto, debemos aprovecharla al máximo.

Volviendo a la película, empieza con una secuencia preciosa que refleja el cambio de perspectiva que tenemos cuando «despertamos» y conectamos con la auténtica vida, y cómo empezamos a focalizarnos en las pequeñas cosas de cada día, en disfrutar de la belleza de un amanecer, de la luna, de la sensación de la lluvia, de un momento de risas con nuestros hijos, en definitiva del momento presente, del aquí y ahora. Ahí está la auténtica felicidad, en las pequeñas y cotidianas experiencias que vivimos momento tras momento, no en las grandes metas y logros.

Con esto no quiero decir que no nos debamos marcar objetivos ni sueños, por supuesto. Soy el primer defensor de que tenemos que salir de nuestra zona de confort y atrevernos a desafiar nuestros límites, saliendo a luchar por nuestros sueños. Pero no debemos nunca olvidarnos del presente e hipotecarlo a lograr esas metas, porque si lo hacemos, entonces esos sueños y objetivos comienzan a esclavizarnos y a generar infelicidad, y entonces no merecen la pena.

La importancia de las pequeñas cosas. Esta es una de las lecciones clave que he aprendido gracias a mis experiencias personales, pero también gracias a la práctica desde hace 10 años de la meditación mindfulness. El Mindfulness es un tipo de meditación para focalizarnos en el momento presente, aquí y ahora, sin juicios y con una actitud de apertura, curiosidad y aceptación. Y la práctica regular nos hace mucho más felices y más sabios.

El mindfulness nos ayuda a ser más conscientes de la importancia de vivir y disfrutar con plenitud cada momento presente, porque realmente es lo único que existe. El pasado ya pasó, y el futuro aún no ha llegado, por lo tanto no existen. Y el presente siempre es perfecto, porque nos está enseñando siempre la lección que necesitamos. Pero si no estamos en el presente con toda nuestra conciencia, pasamos la vida dormidos, anestesiados, con el piloto automático, con la mente llena de preocupaciones, fantasías y reflexiones inútiles.

Reconozco que soy de esa clase de personas a las que se refiere la protagonista de la película «Mi vida sin mí», que les gusta mirar a la luna, que son capaces de estar contemplando el mar durante horas o una puesta de sol, que disfrutan simplemente del frescor del aire en la cara mientras caminan. Y mi intención es seguir avanzando y disfrutando cada vez más de todas esas pequeñas joyas que tenemos delante de nuestras narices cada día…

¿Y tú? ¿Cuanta importancia le das a las pequeñas cosas de la vida? ¿Disfrutas del presente o estás demasiado tiempo preocupándote de cosas del futuro o del pasado? Quizá estas preguntas te ayuden a afrontar de forma distinta el nuevo año que acaba de empezar. Empieza ahora mismo, estés donde estés. Este es el único momento y el único lugar…para ser feliz.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Para qué vas a trabajar cada día?

Desde hace años han aparecido muchas teorías sobre cuales son nuestras fuentes de motivación. Desde la famosa pirámide de necesidades de Abraham Maslow hasta las aportaciones de Daniel Pink, defendiendo los tres conceptos de autonomía, capacidad y propósito.

A mí me gusta especialmente la que propone Tony Hsieh, director ejecutivo y principal artífice del crecimiento espectacular de la empresa Zappos. Tony habla de 3 fuentes de felicidad en el trabajo. Mientras las lees, te propongo que simultáneamente te vayas haciendo la siguiente pregunta: ¿Para qué vas a trabajar cada día?, con el fin de definir cual de las tres fuentes de motivación tiene más importancia para ti:

1. Placer.
Hay millones de personas que van a trabajar cada día para conseguir placer. Es decir, para lograr el nivel de vida que desean para sí mismos y para sus familias. Esto incluye estudios, ropa, ocio, diversión, comer en restaurantes, viajar por el mundo. Es decir, la motivación es lo que consigues gracias al dinero que te da tu trabajo. El trabajo es un medio, no un fin en sí mismo para alcanzar la motivación.

2. Pasión.
Hay otras personas que les apasiona su trabajo, y realizarlo es su fuente principal de felicidad laboral. En este caso el trabajo es un fin en sí mismo para lograr la motivación. Tiene que ver con la sensación de que el tiempo vuela cuando estás realizando las tareas propias de tu profesión, o con lo que el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi popularizó como el concepto de flujo en su famoso libro. Es un estado de máxima creatividad y rendimiento, donde te olvidas incluso de ti mismo debido a la pasión que sientes por lo que estás haciendo.

3. Fines elevados. 
Quizá la motivación en tu trabajo provenga de algo más profundo, algo más grande que tú mismo, una causa mayor a la que estés contribuyendo con tu trabajo de cada día. El caso más típico podría ser las profesionales sociales como las ONGs, o trabajos relacionados con la salud como médicos, enfermeras, etc. Pero también puede ser un coach que esté ayudando a sus clientes a despertar y desarrollar las capacidades que llevan dentro, o un abogado que defiende legalmente a sus clientes, o un directivo que desarrolla a sus colaboradores como líderes, para expandir el liderazgo en toda la organización.

En realidad, casi cualquier profesión puede conectar con un fin elevado. Y también diría que casi cualquier profesión puede ser digna de pasión, y por supuesto cualquier trabajo es un medio para alcanzar otras metas como ganar dinero, tener un buen nivel de vida y poder tener momentos de placer y bienestar. Creo sinceramente que cualquier motivación es respetable y lícita. De hecho, muchas personas se sienten motivadas por las 3 fuentes a la vez, unas con mayor fuerza que otras, claro. Es mi caso personal, ya que además de ser un medio para disfrutar de muchas cosas que me gustan (viajar, comer bien, divertirme, etc.) mi trabajo me apasiona y el tiempo se me pasa volando porque disfruto mucho. Pero además siento que a través de mi trabajo diario puedo ayudar a muchas personas a mejorar su vida, a ser más felices, a lograr sus objetivos, a desarrollar todo su potencial. Este es el fin elevado.

La cuestión clave es saber cual de ellas es la más preponderante en este momento de tu vida. Se trata de conectar con el propósito de tu trabajo. No es una pregunta cualquiera la que te propongo. ¿Para qué vas a trabajar cada día? Al fin y al cabo, ¿Cuantas horas pasas en tu trabajo? ¿8, 10, 14 horas diarias? Es mucho tiempo diario como para no saber para qué y por qué empleas ese tiempo de tu vida en ese trabajo. 

Cuando uno se plantea este tipo de preguntas, estamos explorando cual es probablemente mi misión en mi trabajo, y quizá no lleguemos a ninguna conclusión trascendental…o sí. Porque sólo explorando en nuestro interior y realizándonos preguntas poderosas, podemos llegar a conectar con nuestra misión vital, con el sentido de nuestra vida, con nuestro «para qué» en la tierra.

Si finalmente llegas a la conclusión de que no vas a trabajar por un fin elevado, y que lo haces para disfrutar de tu trabajo porque te encanta, pues estupendo. Y si llegas a la conclusión de que trabajas para ganar dinero y para vivir una vida placentera y llena de comodidades, y eso es lo que quieres, pues también estupendo. Lo importante es ser honestos con nosotros mismos, y saber qué nos está movilizando a diario en nuestro trabajo.

Y bien, ¿Has llegado a alguna respuesta? ¿Para qué vas a trabajar cada día? ¿Para lograr placer, para sentir pasión, o para contribuir a un fin elevado? 

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Mindfulness para vivir una vida plena

Acabo de volver de un curso/retiro intensivo de 9 días para instructores de Mindfulness, que ha realizado el Center for Mindfulness de la Universidad de Massachussets, centro pionero en el campo del mindfulness. La experiencia ha sido inolvidable, profunda y poderosa.

Asistimos unos 150 participantes de todo el mundo (España, Canadá, India, Brasil, Rumanía, Chile, Argentina, Francia…) que hemos conectado con nosotros y entre nosotros, pero esencialmente hemos reconectado con nuestra vida.

Hemos practicado muchas horas de meditación, pero también hemos trabajado en grupos, parejas, individualmente…en numerosas dinámicas y ejercicios de reflexión en las que profundizamos en los fundamentos del mindfulness, y en las competencias que debe tener un instructor de mindfulness.

Hemos sentido muchas emociones, a veces contradictorias. También hemos desarrollado mucho nuestro autoconocimiento, clave del crecimiento personal. Autoconocimiento de nuestro potencial, pero también de nuestros hábitos limitantes (juicios, pensamientos negativos, patrones de conducta, creencias….)

¿Y cómo conectamos con nosotros y con nuestra vida a través del mindfulness? Aprendiendo a practicar actitudes como la apertura a la experiencia tal y como es, aceptándola completamente (lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste), y no huyendo o rechazando lo que no nos gusta de nuestra vida. Dicho así puede parecer sencillo, pero es una de las actitudes más complicadas para el ser humano, empeñado siempre en querer que las cosas sean diferentes a cómo son, fuente principal de nuestro sufrimiento. Es una actitud que no se logra de forma intelectual o teórica, sólo es posible desarrollarla mediante la práctica constante del mindfulness durante años. Diría que es un aprendizaje durante toda la vida.

Cuando practicamos intensamente mindfulness, nos encontraremos aspectos de nosotros mismos que no nos gustan. En este caso también es esencial abrirse a los descubrimientos que realicemos, y no esconder nuestros aspectos oscuros o emociones como el miedo, la rabia o la tristeza. La apertura es crucial para «estar» con lo que haya surgido: por ejemplo, darnos cuenta de cómo estamos constantemente juzgando a los demás como si fueramos superiores. O quizá conectar con el miedo a enfrentarnos a relaciones difíciles que tenemos en el trabajo o en la vida personal, o tal vez tomemos más conciencia de nuestra insatisfacción o infelicidad con nuestro trabajo.

No hay otro camino para una vida plena: conectarnos con nosotros mismos abrazando todas las partes que habitan dentro de nosotros, y abrazando también todos los aspectos de nuestra vida, los positivos y los negativos. Y el mindfulness es una preciosa oportunidad que tenemos para lograrlo. El mindfulness nos hace despertar, porque lo habitual es vivir desconectados de nosotros, estresados y ansiosos, haciendo muchas cosas que no queremos hacer. Y sólo tenemos una vida. Merece la pena aprovecharla y disfrutarla al máximo.

Si te interesa el Mindfulness, apúntate a mi próximo taller de 1 día, el próximo 5 de noviembre de 10 a 19 h. Pincha en el siguiente link si quieres más información. Ver información Curso Mindfulness 

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Para ser feliz hay que PARAR

Todo el mundo habla de Mindfulness: en las empresas, en los medios de comunicación, en la educación e incluso en el deporte. ¿Es una moda o ha venido para quedarse? Yo no tengo ninguna duda de que el mindfulness será una de las revoluciones humanistas del siglo XXI, imprescindible para compensar la robotización del ser humano provocada por el desarrollo tecnológico, el uso masivo y permanente del móvil, y el aumento constante de estímulos que bombardean nuestra capacidad para conectarnos con nosotros mismos y con los demás. A estímulos me refiero a mensajes de Twitter, Facebook, Whatsapp, e-mail, cientos de canales de TV, Internet, etc.

Pero ¿Qué es el mindfulness? En este post quiero compartir un modelo nemotécnico que he creado, y que nos puede ayudar a entender de forma sencilla qué es y para qué nos sirve el mindfulness en nuestra vida, y al mismo tiempo a recordar rápidamente las claves para poder aplicarlo en cualquier momento de nuestro trabajo o de nuestra vida.

Me gusta el nombre de este modelo: PARADA,  ya que está totalmente relacionado con el espíritu del mindfulness. Porque para conectar con el modo mental de Atención plena (mindfulness) es necesario parar. Y todos sabemos lo tremendamente difícil que nos resulta dejar de correr y correr a todas partes, haciendo miles de tareas, la mayor parte de las veces sin un rumbo previamente definido, y sin ningún sentido. Como el Conejo de Alicia en el País de las Maravillas, que al preguntarle adonde tenía que ir, simplemConejo_Blancoente contestaba: «Llego muy tarde, tengo mucha prisa». Así estamos nosotros cuando el piloto automático se apodera de todas las facetas de nuestra vida.

Echemos un vistazo al modelo PARADA.

PARAR. Como he dicho, es necesario que paremos, para conectar con nosotros, con la acción o tarea que estamos realizando en este momento. Si no paramos, no podremos avanzar ni disfrutar de nada en la vida.
ATENDER. Paramos para poner atención plena a lo que está sucediendo aquí y ahora, en el momento presente, que es lo único real, lo único que existe. En lugar de estar preocupados por el pasado o el futuro, atendemos a lo que este momento demanda de nosotros. Esta es la clave de la concentración y el alto rendimiento.
REGISTRAR. Cuando paramos para atender, dirigimos nuestra atención con el fin de poder registrar la experiencia con la máxima ecuanimidad y serenidad. Se trata de registrar nuestros pensamientos, emociones, conductas, reacciones automáticas, y también de registrar cómo se encuentran los demás (empatía) y el entorno (visión sistémica). Para ello, debemos registrar todo con la mente de un científico, con total apertura y evitando juicios, expectativas o etiquetas que contaminan nuestra visión (esto es correcto, esto es incorrecto, esto es malo, esto es bueno, me gustaría que…, debería ser…).
ACEPTAR. Todo lo que registramos en el momento presente, tanto dentro de mí como fuera de mí, lo hacemos con aceptación, no resistiéndonos a las cosas tal y como son, no luchando contra ellas ni contra nosotros mismos. La aceptación es una actitud clave para poder ir más allá de nuestros actuales límites mentales.
DESCUBRIR. Cuando cubrimos las anteriores fases del modelo, empezamos a ver las cosas con mucha más claridad y serenidad, y eso hace que empecemos a descubrir lo que es la auténtica realidad. Por tanto, el mindfulness supone un auténtico despertar a la vida, aumentando nuestra comprensión y visión de nosotros y de los demás, ayudándonos a actuar de forma más adecuada en todo momento, potenciando nuestra felicidad y rendimiento en el trabajo.
ASOMBRARSE. Puede parecer cursi, pero cuando conectamos con la auténtica verdad de las cosas, aceptándola totalmente, con una mente curiosa y dispuesta a experimentar, empezamos a darnos cuenta del milagro de la vida, de las maravillas que nos rodean a cada instante (y que no valoramos en absoluto normalmente). Abrir el grifo de la ducha y que salga agua caliente, el sabor intenso del café de por la mañana, la brisa que nos acaricia cuando caminamos por la calle a primera hora, la intensa luz del sol cuando ha amanecido, ver a nuestros hijos cada día, etc. Aprendemos a disfrutar del momento, con más intensidad y plenitud.

Recuerda. Si quieres vivir una vida con mayúsculas, aplica el modelo PARADA con frecuencia, en cualquier momento de tu trabajo o tu vida. Cuando lo hayas aplicado durante varios meses, te sentirás más feliz, con menos estrés, tendrás más claridad mental y serás más eficiente en tu trabajo. En definitiva, todo en tu vida habrá cambiado para siempre.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

3 motivos para reírnos

Dice Milan Kundera en su último libro «La fiesta de la insignificancia» que ante el mundo, sólo queda una posible resistencia: no tomarlo en serio. La risa es un antídoto para la ansiedad, la preocupación, el estrés o la tristeza. Es sin duda un bien escaso en el mundo en que vivimos, tan lleno de crispación, irritabilidad e indignación. Y deberíamos tomarnos muy en serio reírnos más, porque toda nuestra vida y nuestro trabajo se transformaría, y también nosotros mismos. Al fin y al cabo, nuestra experiencia se basa en una percepción subjetiva de la realidad, y por tanto el observador que somos moldea y distorsiona la realidad, de una forma u otra.

1. Reírnos de nosotros
En primer lugar, y quizá uno de los retos más difíciles que tenemos todos, debemos aprender a reírnos de nosotros mismos. Nos tomamos demasiado en serio, pensando que somos el ombligo del mundo, que somos muy importantes, cuando la realidad es que somos bastante pequeños si tenemos en cuenta que somos uno de los más de 7000 habitantes que vivimos en el planeta tierra, que por cierto es muy pequeñito, y que se encuentra en la Vía Láctea, que es sólo una de las 100 billones de galaxias que existen en el universo.

Esta actitud ignorante de creernos el centro del universo hace que nos enfademos por cualquier cosa que nos hacen o dicen, que nos culpemos y desesperemos cuando cometemos un error, que magnifiquemos situaciones que afectan a nuestro ego, poniendo por delante nuestro orgullo y compitiendo por tener razón y convencer al otro de nuestras razones, en lugar de disfrutar de su compañía. Nos tensamos por ideas preconcebidas sobre el éxito, ideas que hemos comprado a lo largo de nuestra vida o carrera profesional, y nos llevan a estresarnos si no alcanzamos lo que socialmente se espera de nosotros. Las consecuencias de todas estas conductas es una gran rigidez ante la vida, una incapacidad para disfrutar de las experiencias que cada momento el mundo pone ante nuestros ojos, y desde luego una irritabilidad y ansiedad exageradas ante las demandas de nuestra vida. En definitiva, no vivimos.

Es necesario reírnos de nosotros, de nuestras debilidades, de nuestros errores, de nuestra imperfección. Es la única vía para ir más ligeros de equipaje y convivir de forma más tranquila con nosotros. Porque lo que suele suceder es que no nos soportamos a nosotros mismos, y vivir con uno mismo así es un auténtico calvario. Podemos escapar de todos y de todo, pero no de nosotros. Aunque viajemos a miles de kilómetros y nos alejemos de todas las personas que nos conocen, siempre llevaremos con nosotros a nuestro yo. Si uno se toma poco en serio, se reirá mucho más en el día a día, disfrutará de las pequeñas cosas y de las grandes cosas, y detectará oportunidades que otros, sumidos en la bronca o la desesperación consigo mismos o con los demás, no serán capaces de ver. En el fondo estamos hablando de aceptarnos como somos, y disfrutar de la vida tal y como es.

2. Reírnos de nuestros problemas.
Tampoco debemos tomarnos demasiado en serio los problemas que tenemos, o los que tienen nuestras personas queridas. Si miramos todo con cierta perspectiva, la que dan unos cuantos años después de haber vivido una determinada experiencia, nos daremos cuenta de que todo es relativo, de que una experiencia muy dolorosa puede haber sido la semilla de otras experiencias positivas y a veces esenciales para ser quien somos hoy. Ya lo decía Steve Jobs en su famoso discurso en Stanford sobre conectar los puntos. Cuando conectamos dos puntos (experiencias, hechos…) muy lejanos en el tiempo y que aparentemente no tenían ninguna conexión, entendemos todo con mayor lucidez, y nos damos cuenta de que dimos una importancia exagerada a aquella experiencia, sea de éxito o de fracaso. Al fin y al cabo, ¿Qué es el éxito? ¿Qué es el fracaso?

No hay verdades absolutas, y por tanto debemos reírnos de nuestras certezas y de nuestras verdades, porque no son reales. En mi caso, lo que hace 10 años consideraba una certeza, hoy ya no lo es, y lo que considero seguro hoy, dentro de un mes habrá dejado de serlo. Cuando tratas de reencuadrar con perspectiva cualquier experiencia o situación difícil, todo se mueve con mayor fluidez, y empiezas a comprender muchas cosas que antes ni te las habías planteado, y como consecuencia, comienzas a reirte más a menudo.

3. Reírse con los demás.
Si te ríes de ti mismo y de tus problemas y certezas, te aseguro que de forma natural vas a reírte mucho más con los demás: con tus hijos, tus amigos, tu pareja, tus compañeros de trabajo. Y de pronto la vida cambia de color. Lo que antes era gris o negro, ahora es azul, verde o amarillo. Es como si te hubieras cambiado de gafas para ver el mundo. Y los demás, lógicamente, querrán estar más cerca de ti, querrán dejarse influenciar más por ti, y a veces querrán seguirte adonde vayas. Te habrás convertido en una persona influyente, en un líder. ¿Quién dijo que convertirse en un líder era una tarea pesada o dura? Nada más lejos de la realidad. Es realmente divertido.

Dime, ¿Crees que te ríes lo suficiente? Piénsalo un momento. ¿Sueles reírte, bromear, sonreír frecuentemente? Quizá te tomas la vida demasiado en serio, tal vez te tomas a ti mismo/a demasiado en serio. Si no te ríes mucho, en primer lugar plantéate estas 3 preguntas. Este es sólo el primer paso:

– ¿De qué podrías estar agradecido o agradecida en tu vida? Piensa en algo que te haya ocurrido en la vida por lo cual estés agradecido/a.
– ¿A qué persona o personas podrías agradecerle algo importante?
– ¿Recuerdas un pequeño momento positivo o feliz que hayas vivido hoy? Puede ser una comida con un amigo, o haberte reído con tu hija, o haber visto una buena película. Ahora, da las gracias por este pequeño momento de hoy.

Si practicas a menudo el agradecimiento, estarás más preparado/a para empezar a reírte de los 3 motivos que he mencionado. ¡A vivir y a reír!

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sobremi

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Alcanza tus objetivos sin morir en el intento

Esta semana se ha publicado una entrevista que me realizaron en el blog Liderazgo Hoy, un sitio web que te recomiendo si quieres profundizar en tus habilidades de liderazgo. En la entrevista reflexiono junto a Víctor Hugo Manzanilla, director del blog, sobre las 10 claves del Zen Coaching y cómo nos pueden ayudar a alcanzar nuestras metas más ambiciosas, sin morir en el intento.

Me refiero a que todos estamos muchas veces demasiado obsesionados por nuestros objetivos. Y no pocas veces hipotecamos nuestro bienestar y nuestra felicidad por lograr cuanto antes dichos objetivos. Finalmente, cuando llegamos a conseguirlos, no nos sentimos felices o nos dura muy poco esos momentos placenteros, y nos damos cuenta del grave error que hemos cometido. Tal vez nos hayamos perdido diez años de nuestra vida, quizá hayamos destruido nuestra familia o hayamos dañado seriamente nuestra salud, a causa del estrés que nos hemos autogenerado para alcanzar esa meta tan importante.

Pero hay otras opciones, sin duda. Y eso es lo que propongo en la entrevista, que puedes escuchar en este link: Entrevista.

En mi experiencia personal, es posible soñar y trabajar por alcanzar nuestros sueños, y al mismo tiempo disfrutar del momento presente, disfrutar del Aquí y Ahora, un concepto relacionado con la práctica y la filosofía Zen, de la que soy un ferviente defensor desde que la descubrí hace ya ocho años. Si tus metas no te permiten disfrutar de tu vida ahora mismo, en este instante…esas grandes metas, por maravillosas y estimulantes que sean, no tienen sentido. 

La clave es marcarte metas ambiciosas y motivadoras, pero no apegarte a ellas como una lapa. La clave es ser flexible y aceptar que no todo está bajo tu control, y que una parte muy importante te vendrá dado por la vida, te guste o no. La clave está en centrarte en el proceso de lograr tus objetivos, y no en el destino final. Me refiero a que lo más importante es lo que vives, lo que aprendes, lo que disfrutas y también lo que sufres, lo que creces y avanzas como ser humano, en el camino de alcanzar esas metas. No las metas en sí mismas.

Y tal vez estés preguntándote: ¿Y si no alcanzo mis metas? Entonces no alcanzaré mi felicidad. Falso. Lograr o no tus objetivos no tiene nada que ver con la felicidad. Ese es el gran error en el que caen millones de personas durante toda su vida. Serás feliz o no, independientemente de que consigas o no tus metas. Y la única manera de sentir felicidad, sin duda, es que vivas la vida ahora mismo con toda plenitud y pasión, cada momento, sin esperar a conseguir algo. Simplemente vive aquí y ahora. Y tu perspectiva sobre la vida y sobre ti mismo cambiará totalmente.


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JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros «Cuentos para adultos que quieren ser felices» (Descárgatelos aquí) «DesESTRÉSate», Ed. Alienta, 2010…y «Zen Coaching», ed. Díaz de Santos, 2008.