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Mindfulness y autocontrol emocional

Esta semana recibí un correo electrónico que de inmediato me generó una gran indignación y enfado. Según mi opinión, el e-mail era totalmente injusto y me revolvió el estómago. Inmediatamente, me dispuse a contestar al individuo, tratando de comunicarme de la forma más objetiva posible, aportando datos y hechos al arbitrario y subjetivo mensaje que había recibido.

Una vez que lo había escrito lo revisé antes de enviarlo. Me di cuenta de que me había dejado llevar por mi enfado en una frase, en la cual yo hacía un juicio y un diagnóstico, en lugar de ceñirme a datos y hechos. Era una frase que seguramente activaba la agresividad ya existente en la persona que me envió el mensaje. Entonces, después de unos segundos pensándolo, decidí eliminar la frase. Me di cuenta de que esa frase sobraba, y de que sólo era una forma de desahogar mi ira. Dicha frase no era relevante y podía producir más tensión.

Envié el e-mail corregido. Pero durante las dos horas siguientes el mensaje hiriente que había recibido siguió revoloteando mi mente, seguía revuelto emocionalmente. Aunque eso sí, fui plenamente consciente de mis sentimientos, lo bastante como para no dejarme envolverme y confundirme por ellos, y poco a poco toda la vorágine emocional fue disolviéndose.

Posteriormente, ya después de comer, analicé todo el proceso y me resultó muy interesante como una experiencia donde mi práctica regular del mindfulness (meditación para la atención plena) salió a la superficie. A través del mindfulness entrenas tu cerebro en el autocontrol emocional, para no reaccionar inmediatamente a los estímulos que aparecen, por más desagradables o incómodos que sean. Simplemente lo observas, lo experimentas aunque sea negativo, y luego, si es necesario, actúas para hacerlo desaparecer. Pero lo habitual es que si somos lo suficientemente fuertes, no sea necesario hacer nada, porque se resuelve solo. Aquí estoy hablando, en realidad, de autoliderazgo. En este sentido, escribí hace poco un artículo sobre la relación entre mindfulness y liderazgo, si quieres leerlo pincha aquí.

En definitiva, se trata de generar un espacio cada vez más amplio entre el estímulo y nuestra respuesta, con el fin de poder decidir qué respuesta es la más adecuada y efectiva. Si me hubiera dejado arrastrar por mi enfado, le hubiera enviado ese e-mail con esa frase poco afortunada, que hubiera complicado aún más las cosas. En ese espacio entre el estímulo y mi respuesta estuvo la clave del autocontrol emocional y de la conducta correcta.

Gracias a la práctica regular del mindfulness, todos podemos ser mucho más autoconscientes de nuestras emociones, y podemos también ser capaces de controlar nuestras emociones negativas, para manejarlas mejor y poder elegir la conducta más efectiva y positiva en cada situación.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

Asertividad y empatía: mejora tu comunicación

Muchas personas no tienen del todo claro qué es la asertividad. Lo he comprobado en varias ocasiones, por ejemplo recuerdo un directivo al que hice coaching que decía que él era muy asertivo, porque decía las cosas muy claras. Esto no es exactamente ser asertivo.

Decir las cosas claras es importante, no es nada positivo callarse ante lo que consideramos injusto o erróneo. Esta actitud o forma de comunicarnos se denomina pasividad, que tiene consecuencias nefastas sobre todo para uno mismo. Pero decir las cosas claras a veces resulta ser muy agresivo, dependiendo de en qué momento o lugar lo digamos, o del estado de ánimo en el que estemos en el momento de decirlo. Por tanto, la asertividad no es decir las cosas claras.

Vamos a definirlo correctamente. La asertividad es la capacidad de decir y expresar mis opiniones, necesidades y emociones de forma clara, respetando las necesidades, emociones y  derechos de la otra parte. Para ser asertivo debemos pararnos antes de comunicar algo difícil, evaluando si es el momento o lugar más adecuado para la otra persona, y también tratando de adivinar cómo recibirá nuestra comunicación el otro, cómo se sentirá cuando yo se lo transmita.

Si has prestado atención al anterior párrafo, te habrás dado cuenta de que estamos hablando de empatía. Empatía es coloquialmente, “ponerse en los zapatos del otro”, o sea, la capacidad para tener en cuenta al otro e interesarnos realmente por sus necesidades y emociones cuando vamos a comunicarle algo. Para ser asertivos en la comunicación, debemos ser empáticos obligatoriamente. Si no cumplimos esta segunda parte, si no prestamos atención a cómo puede sentirse la otra persona o cual puede ser la mejor forma de comunicarle algo, entonces nuestra comunicación será percibida como agresiva.

La asertividad y la empatía son dos caras de la misma moneda. Es imposible ser asertivo sin ser empático, y es imposible que una persona empática resulte agresiva. Así que sí, debemos decir las cosas claras, pero pensando en la otra persona con verdadero interés, para si es necesario, adaptar nuestra comunicación a “su momento”, a “su necesidad”, a “sus sentimientos”. Esto no es disfrazar o envolver una comunicación difícil hasta hacerla irreconocible y que incluso no llegue a entenderse. Esto sería, una vez más, pasividad, no asertividad. El asertivo es empático, pero no condescendiente ni temeroso de decir lo que piensa, necesita y siente. El asertivo es firme, pero no agresivo.

La mayoría de los conflictos humanos, tanto en el ámbito laboral como en el personal, son debidos a una mala comunicación. La mala comunicación puede ser por dos motivos:

  • Falta de comunicación. Es decir, pasividad, no se dicen las cosas que es necesario decir.
  • Comunicación agresiva. Se dicen las cosas pero sin empatía, sin filtros, generando violencia y resentimiento.

La asertividad sería por tanto, el punto de equilibrio que, como de costumbre, es difícil de alcanzar, sobre todo cuando nos sentimos frustrados, enfadados o indignados con la otra persona. Por eso, para ser un comunicador asertivo necesitamos también ejercitar el autocontrol emocional, porque de lo contrario podemos dañar para siempre la relación con esa persona, y seguramente vamos a arrepentirnos durante mucho tiempo de nuestra reacción descontrolada.

Cuando no nos comunicamos con asertividad, y usamos alguno de los otros dos estilos de comunicación (pasivo o agresivo) vamos a pagar un precio muy alto en nuestro trabajo o en nuestra vida. Vamos a dañar a los demás y a nosotros mismos. Y no vale decir “Es que soy así, es que es mi carácter y no puedo evitarlo”. Esto es una excusa banal para escapar de nuestra responsabilidad. La asertividad y la empatía, si se tiene verdadero interés, son habilidades que se pueden aprender y desarrollar con el tiempo.

Y ahora, pregúntate.

  • ¿Hay alguna situación o relación en la que te estés callando cosas que necesitas expresar?
  • ¿Estás expresando demasiado agresivamente tus necesidades y opiniones, sin tener en cuenta cómo se siente la otra parte?

Entonces, es hora de empezar a cambiar y a mejorar tu comunicación.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

Resiliencia: supéralo y gana.

El conocido neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, que superó el trauma de los campos de concentración nazis, incluyendo la matanza de sus padres, define el concepto de resiliencia como la capacidad para superar situaciones dolorosas y traumas saliendo fortalecido de ellos.

Es interesante la diferencia que hace Cyrulnik entre el concepto de resistencia y el de resiliencia. Resistencia sería la capacidad de mantenerse firme y fuerte en el momento de sufrir la situación traumática o dolorosa. Sin embargo, el hecho de mantenerse fuerte en ese momento crítico no significa que lo superes en tu vida, no significa que ese hecho no deje secuelas y consecuencias emocionales posteriores que condicionen tu vida. Aquí entra el concepto de resiliencia, que tiene que ver más con el post-trauma, es decir, con la capacidad de superar esa situación dolorosa después de haberse producido y además salir fortalecido, y crecer gracias a la experiencia.

Un ejemplo fácil de entender es el de los soldados cuando luchan en una guerra. Hay soldados que son muy valientes y resistentes psicológicamente, pero que después del conflicto, cuando vuelven a su vida normal, se hunden a nivel emocional. El caso de los resilientes es el de un soldado que, independientemente de lo valiente y resistente que haya sido en el conflicto, cuando vuelve es capaz de rehacer su vida, de superar los traumas de la guerra y salir fortalecido psicológicamente.

Por tanto, la resiliencia podría resumirse en dos palabras: Superarlo y Crecer, o Superarlo y Ganar. Pero ¿Cuál es la clave de las personas resilientes? ¿Se puede desarrollar esta capacidad?

Una de las claves es el apoyo de personas cercanas, como familiares y amigos, para ayudar a una persona a superar una situación muy dolorosa. Por lo tanto, es esencial cuidar las relaciones emocionales de nuestro entorno más cercano.

Otra de las claves es reconocer la realidad y aceptarla. Uno de los motivos por los que no superamos situaciones graves y dolorosas es porque las negamos y además las rechazamos como injustas. En definitiva, no las aceptamos positivamente. Elisabeth Kübler-Ross ya habló de las fases del duelo, y las primeras fases están siempre relacionadas con la negación, el enfado y la falta de aceptación del fallecimiento de la persona querida.

Pero la aceptación no es algo intelectual, es algo experiencial. Obviamente es importante darnos cuenta del círculo destructivo en el que estamos cuando no aceptamos una situación y nos aferramos al pasado, pero no es suficiente. Es necesario que la aceptación impregne todas nuestras células, nuestro inconsciente. Una de las formas más efectivas que conozco para lograrlo , y además he podido comprobar en mi propia piel, es practicando el mindfulness (técnicas de atención plena).

A través del mindfulness, entrenamos al cerebro para que aprenda a relacionarse con todo tipo de experiencias de un modo más productivo, incluyendo las experiencias dolorosas. El mindfulness desarrolla la habilidad en el cerebro de aceptar toda experiencia como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Para ello, se potencia la curiosidad, la inquietud por descubrir qué hay detrás, y por supuesto la humildad.

Pero insisto, esto no es algo intelectual ni racional. Por eso, una vez entendido qué es y para qué sirve el mindfulness, lo que debemos hacer es ponernos a practicarlo. Sólo así podremos llegar a interiorizarlo, y estar mucho más preparados para las experiencias duras de nuestra vida.

Habremos desarrollado la resiliencia, sólo si practicamos el mindfulness con regularidad durante meses, o incluso años, porque una capacidad inconsciente del cerebro no se consigue desarrollar en un día, ni en una semana. Debemos invertir tiempo y disciplina si queremos ser personas resilientes.

Como todo lo importante en nuestra vida, desarrollar la capacidad de la resiliencia sólo se consigue en el largo plazo, y nos exige paciencia, disciplina y desde luego, confianza.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

El yo pequeño y el Yo Superior

En las últimas semanas he vivido, como seguramente tú, momentos buenos y malos, experiencias alegres y también complicadas. Es decir, la vida misma. En los momentos malos, he logrado incorporar el hábito, con mucho entrenamiento y constancia, de observarme a mí mismo, cuales son mis emociones y mis pensamientos, cómo ambos afectan a mi conducta y mis decisiones. Y cada vez soy más consciente de que todos tenemos un yo pequeño, débil, vulnerable, lleno de miedos y necesidades insatisfechas, que reacciona protegiéndose y defendiéndose, a veces incluso con agresividad. En los momentos de presión y sufrimiento surge de inmediato nuestro “yo pequeño”, cortoplacista y egocéntrico.

Pero todos tenemos  también un “Yo superior”. El Yo superior es el que se eleva sobre circunstancias puntuales y mira más allá, con una visión más global y a largo plazo. El Yo superior es capaz de ver las implicaciones y consecuencias de los actos y decisiones, y es capaz de distanciarse lo suficiente para actuar de la manera más poderosa y efectiva.

Nuestro Yo superior tiene claridad mental y serenidad emocional, está conectado con los valores y es fuerte, tiene autoconfianza y, en lugar de preocuparse de proteger su territorio, conecta con la vida en su perspectiva más profunda. Conecta con las necesidades de los demás, tiene verdadera empatía, controla las emociones y es capaz de canalizar dichas emociones hacia la decisión más beneficiosa para todos los implicados.

En resumen, el “yo pequeño” está más preocupado de pedir a la vida que cubra sus deseos y expectativas constantes, lo que siempre a la larga genera frustración y resentimiento, mientras que el “Yo superior” está ocupado en servir a la vida de la mejor manera posible. Es decir, su foco está en dar lo mejor de sí mismo a lo que la vida le está pidiendo en cada instante.

En los momentos difíciles que mencionaba antes, me ha sucedido lo siguiente: al principio me dejo llevar por mi “yo pequeño”, con las emociones negativas y el sufrimiento que implica. De pronto, me doy cuenta y soy capaz de distanciarme de ese “yo pequeño”, observando cómo opera y qué limitaciones me impone. Y entonces, decido preguntar por mi “Yo superior”. Y me cuestiono: “¿Cómo actuaría en esta situación mi “Yo superior”, ese Yo que no siente miedo ni amenaza, que está centrado en servir de la mejor manera a la vida? Esa pregunta es muy poderosa, y de pronto surge la respuesta. La acción cambia completamente. Ahora es el momento de decidir. ¿A quién hago caso, a mi “yo pequeño” o a mi “Yo superior”?

Cuando he decidido seguir las indicaciones de mi “Yo superior” todo en mi vida ha ido mejor, mucho mejor. Mientras que cuando me dejo arrastrar por mi “yo pequeño”, lo único que hago es complicar aún más las cosas, generando más sufrimiento para mí y para los demás.

Cuando te encuentres ante una decisión difícil o una situación que te esté generando emociones negativas, párate un instante y pregúntate: “¿Qué haría ahora mi “Yo Superior”, esa parte de mí sin miedos ni inseguridades?” Luego, tú decides.

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JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros Cuentos para adultos que quieren ser felices (Descárgatelos aquí) DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

Pesadilla en la cocina y en la oficina

Anoche, por primera vez vi el programa de TV “Pesadilla en la cocina”, en la Sexta, con el cocinero Chicote. Lo cierto es que no me gustan en general este tipo de programas y nunca los veo, pero ayer me llamó la atención los primeros minutos y al final vi el programa completo.

Y confieso que me resultó altamente interesante por varios motivos. El primero, porque se pudo observar, en carne viva, la tensión y el estrés existente en las empresas hoy en día. Y se pudo palpar el altísimo nivel de sufrimiento que están soportando muchísimas personas en todo tipo de organizaciones, ya sean pequeños negocios como los restaurantes del programa, ya sean grandes multinacionales. La pesadilla es real, no sólo en la cocina, sino también en la oficina.

En el programa que vi ayer el dueño del restaurante era un tirano que maltrataba y gritaba continuamente a todo su equipo (incluida su mujer), y además se proclamaba como el gran salvador del negocio, repitiendo constantemente: “Si no estuviera yo aquí gritando, esto se hundiría”. Fue especialmente interesante el momento en que el equipo se sintió libre para hablar y empezó a decir que no se sentían respetados, que ir a trabajar cada día al restaurante era un infierno, y que todos, sin excepción, no aportaban sus ideas ni decían su opinión porque tenían…(adivínalo) MIEDO.

El dueño estaba perplejo ante las declaraciones de su equipo, esas personas con las que trabaja a diario, y que sin ellas no sería nadie. ¿Por qué? Porque no escuchaba ni se preocupaba por las personas que trabajan en su equipo. Cuando veía estas imágenes ¡Me sonaban tan cercanas y tan reales! Porque yo he conocido y presenciado en muchas ocasiones estas situaciones en el mundo de la empresa. Jefes despóticos y egocéntricos que faltan al respeto a su gente, que hacen sufrir, que desmotivan, que gestionan con el miedo y que van de grandes salvadores del mundo. En definitiva, jefes inútiles y muy tóxicos.

El otro aspecto que me fascinó es que el dueño, una vez que escuchó a su equipo y después de tener una conversación con Chicote, el cocinero-showman del programa, conectó consigo mismo y se dio cuenta de que no era feliz. Al fin y al cabo, su falta de recursos o habilidades empresariales y personales le habían llevado a una situación de extremo sufrimiento que no sabía canalizar, y por tanto, vomitaba toda su ira y frustración en su equipo. Una vez que tomó conciencia de la realidad (porque estaba totalmente ciego) y de que él podía darle la vuelta a la situación, su rostro cambió radicalmente, sus gestos se relajaron y empezó a sonreir. Esto trajo consigo un cambio radical de conducta con su equipo.

Mi conclusión final es que toda persona, aunque parezca un monstruo, tiene sentimientos y en el fondo, quiere hacerlo lo mejor que puede. Todas las personas tenemos un fondo positivo. El problema es que en muchas ocasiones no sabemos cómo hacerlo mejor y necesitamos que alguien, como por ejemplo un coach profesional, nos ayude a quitarnos la venda de los ojos y actuar de manera más efectiva y positiva. Un coach especializado en habilidades personales y empresariales(trabajo en equipo, liderazgo, inteligencia emocional) puede dar un giro radical a una situación insostenible como la que existe hoy en día en muchísimos negocios y empresas. El coaching es más necesario que nunca en un momento tan crítico como el que vivimos.

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros Cuentos para adultos que quieren ser felices (Descárgatelos aquí) DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.

No te rindas, pase lo que pase

Como casi todos los veranos, procuro dedicar algo del tiempo libre que tengo para practicar una de mis aficiones favoritas: el ajedrez.

Antes de ayer estaba jugando una partida de ajedrez on line con un desconocido. Después de unos veinte minutos de juego, él claramente tenía ventaja sobre mí, me había ido comiendo varias piezas clave y para colmo había logrado una reina adicional, la pieza más fuerte del ajedrez. Sencillamente, yo no tenía nada que hacer. Como veía la partida perdida, con una superioridad aplastante de mi adversario, pensé en abandonar, cerrar la web y dedicarme a otra cosa.

Pero una vocecita dentro de mí me dijo: “Igual que hay que ganar con dignidad, hay que saber perder con dignidad”. Pensé que a mi adversario le gustaría completar la partida hasta el final, darme el jaque mate, y que sería un poco ruin por mi parte abandonar y no darle esa satisfacción. Así que continué, cada vez más desesperado por mi inferioridad.

Para mí era imposible ganar esa partida. Sin embargo, de pronto detecté un pequeñísimo punto débil en mi rival, una minúscula y ridícula oportunidad de ganar esa partida, en caso de que él cometiera unos errores garrafales e imposibles. Mi rival siguió acosándome, estaba a un movimiento o dos de darme Jaque Mate, pero yo continué mi resistencia, con la absurda esperanza de poder aprovechar esa oportunidad.

Y de pronto sucedió. Mi rival estaba tan ciego con su aplastante superioridad, tan obsesionado con ganarme rápidamente, que perdió la perspectiva y no vio lo que yo había visto desde hacía varios minutos: que él tenía un punto débil decisivo. Entonces yo aproveché mi oportunidad, hice mi movimiento y le di Jaque Mate.

El ajedrez es un juego fascinante. Y esto es lo que más me gusta: lo decisivo que resulta la psicología, la paciencia y la fe para ganar. De esta partida extraje dos lecciones que podemos aplicar a nuestra vida.

La primera es que, aunque te vayan maravillosamente bien las cosas, aunque estés teniendo un éxito descomunal, no te confíes, no te ciegues, porque el batacazo puede ser muy, muy duro. Esto es lo que le ocurrió a mi rival del ajedrez. Por eso, mantente alerta siempre, ya sea en tu vida personal como profesional. Esta alerta no tiene por qué impedirte disfrutar del éxito, pero te hará ver los peligros ocultos que toda situación esconde.

La segunda lección aprendida en esta partida es que nunca debemos rendirnos.Por muy mal que veamos la situación, por muy desesperados que nos encontremos, sigamos alerta, sigamos luchando y trabajando por lo que queremos, porque siempre hay una oportunidad, siempre hay una posibilidad para salir del túnel, aunque nos parezca imposible desde nuestra limitada perspectiva. Lo importante es no abandonar, no rendirte, no desesperar, aunque la realidad sea desesperada. Protégete de los peligros y agresiones de tu entorno, pero mantente agazapado esperando tu oportunidad. No dudes de que dicha oportunidad llegará. Y tú estarás ahí para aprovecharla.

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un nuevo método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.