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El estímulo y la respuesta

En las conferencias y cursos que imparto sobre Mindfulness hay un aspecto que siempre destaco: el estímulo y la respuesta.

En nuestra vida recibimos millones de estímulos a diario, a una velocidad vertiginosa. Estímulos externos o internos. Ejemplos de estímulos externos son un whatsapp, un correo electrónico, un atasco de tráfico repentino, un grito de un compañero o jefe en el trabajo, una crítica o elogio de alguien en una reunión. En cuanto a estímulos internos, me refiero a pensamientos (se dice que llegamos a producir unos 70.000 pensamientos al día), emociones y sensaciones físicas.

Así que junta todo eso y sale un cóctel difícil de digerir para nuestro cerebro. El comportamiento habitual del cerebro es reaccionar automáticamente ante estos estímulos, y en principio esta reacción no está mal. Es más, es un modo de supervivencia y ahorro de energía de nuestro cerebro.

Sin embargo, muchas veces esta reacción automática, sin pensar la respuesta, nos causa enormes problemas personales, estrés, ansiedad y sufrimiento innecesarios. También nos lleva a convertirnos en marionetas de la tecnología, como avisan numerosos expertos en comportamiento humano, ya que reaccionamos a los tentadores estímulos de nuestros dispositivos móviles sin ser conscientes, de forma compulsiva, y muchas veces en situaciones en las que no es apropiado. Por ejemplo, cuando estamos en una reunión de trabajo o en una comida con nuestra familia y recibimos un whatsapp o e-mail. Muchas veces lo leemos e incluso respondemos sin darnos cuenta de que estamos manifestando una falta de interés o de respeto hacia las personas con las que estamos compartiendo ese momento.

En estas situaciones, entre el estímulo y nuestra respuesta no hay un espacio para pensar dicha respuesta. Simplemente, nos dejamos llevar por nuestro inconsciente para responder de forma automática. Y la mayoría de las veces, dicha respuesta automática no es la mejor que podemos dar.

Cuando alguien nos critica o dice algo que nos duele, muchas veces nuestra respuesta automática es atacar y defendernos, generando más conflicto y por supuesto más estrés en nuestra vida. En lugar de parar unos segundos a procesar la crítica o el ataque y pensar la respuesta, nos dejamos llevar por nuestro instinto agresivo.

El piloto automático también nos domina cuando aparecen cambios negativos en nuestro trabajo o vida personal. Aquí aparecen nuestras resistencias y miedos inconscientes, lo que genera una mala gestión de dicho cambio, ya que la mejor forma de manejar una situación de cambio o incertidumbre es abrirse a lo que pueda aportarnos dicha situación, en lugar de rechazarlo o resistirnos a él.

¿Cual es la alternativa? Aprender a generar una pausa o espacio entre los estímulos y mi respuesta, con el fin de pensar antes de actuar, con el objetivo de dar una respuesta más adecuada o positiva frente a ese estímulo. Cuando somos conscientes, somos mejores personas, más responsables, más inteligentes y empáticas. Por lo tanto, cuando generamos ese espacio de consciencia, respondemos desplegando todas nuestras capacidades y habilidades.

Viktor Frankl, famoso neurólogo y psiquiatra, fundador de la logoterapia, sobrevivió durante 3 años a los campos de concentración nazis Auschwitz y Dachau. Después de esta experiencia terrible, escribió numerosos libros en los que reflexionaba sobre el ser humano y el sentido de la vida. Su obra más conocida es “El hombre en busca de sentido”, y en la cual escribe su famosísima reflexión: “Entre el estímulo y la respuesta siempre hay un espacio. En este espacio reside nuestra libertad y nuestra capacidad para elegir la respuesta. Y en esta respuesta reside nuestro crecimiento personal y nuestra felicidad. Siempre podemos elegir nuestra respuesta y nuestra actitud ante las situaciones de nuestra vida, da igual lo críticas o dolorosas que sean.”

Viktor Frankl

Nuestra vida sería mucho más plena y feliz si entrenáramos nuestra capacidad para generar ese espacio entre los estímulos y nuestra respuesta. También tomaríamos mejores decisiones, viviríamos con mucho menos estrés, y proyectaríamos hacia el exterior una imagen de autocontrol y equilibrio emocional. Mantendríamos una actitud más abierta ante los cambios y dificultades de la vida, y evitaríamos la actitud de ataque y defensa automáticos que tantos problemas y sufrimiento nos ocasiona. Y todo ello nos llevaría a una drástica mejora de nuestra autoestima y autoconfianza. Porque simplemente estaríamos dando lo mejor de nosotros, como personas y profesionales.

El mindfulness es una disciplina de entrenamiento mental para generar y aumentar el espacio entre el estímulo y la respuesta. Una forma práctica de lograrlo es con lo que yo llamo la pausa mindfulness. Por ejemplo, imagina que estás concentrado en una tarea importante en tu trabajo y notas cómo el móvil está recibiendo varios e-mails y whatsapps. La pausa mindfulness nos ayudaría a no dejarnos llevar por la tentación de interrumpirnos y consultar dichos mensajes, con el fin de continuar y terminar con la tarea importante.

Otro ejemplo de pausa mindfulness es hacer una parada de un minuto en la mitad de la mañana. Durante ese minuto primero ponemos consciencia en nuestra respiración, observándola, conectando conscientemente con ella. A continuación, ponemos el foco en cómo llevamos los objetivos del día, por si debemos reenfocar nuestra agenda y evitar dedicar nuestro valioso tiempo a las urgencias o temas poco importantes. O también podemos chequear si la tarea que estamos realizando es la más importante en ese instante.

Esta pausa mindfulness nos va a permitir ser más conscientes de la calidad de nuestro trabajo, con el fin de que poco a poco vayamos focalizándonos en lo verdaderamente importante.

Recuerda. En el espacio entre el estímulo y nuestra respuesta está la clave de nuestra libertad y nuestra felicidad. Y todos podemos aprender a generar dicho espacio en nuestra vida y en nuestro trabajo, mediante entrenamiento, compromiso y constancia.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

¿Adónde vas tan deprisa?

La pasada semana asistí a una interesante conferencia de Tim Gallwey, autor del best seller mundial “El juego interior del tenis”, y uno de los creadores y pioneros de la metodología del coaching. Comenzó la conferencia con un vídeo en el cual una masa de personas caminaba lentamente por la calle hacia su trabajo. Entonces, la imagen desaparecía y aparecían varias preguntas abiertas de coaching:

¿Dónde vas cuando vas al trabajo?
¿Para qué?
¿Qué harás cuando llegues allí?

La sensación cuando vi las imágenes y las preguntas fue inquietante, y al mismo tiempo muy real. La gran mayoría de las personas caminan por su vida sin rumbo, sin conciencia, sin cuestionarse nada, sin parar un instante para preguntarse si tiene algún sentido el caminar en la dirección en la que está caminando. No es de extrañar que el trabajo, la vida, y las relaciones terminen siendo una carga difícil de soportar, como la famosa mochila simbólica de la película Up in the Air, que llevaba siempre George Clooney a sus conferencias motivacionales.

Siempre cuando observo a tanta gente ir corriendo de aquí para allá, estresada, haciendo mil cosas como si fueran importantísimas (y realmente no lo son), me pregunto: ¿Adónde vamos tan deprisa? ¿Para qué corremos tanto en hacer una cosa detrás de la otra? Con esa conducta inconsciente, es normal que estemos completamente dispersos y estresados, o con una profunda depresión.

Pero hay otro modo de vivir la vida y el trabajo. Y la palabra clave es Atención. Atención a nuestra vida, a nosotros mismos, a nuestra forma de afrontar las cosas, a nuestro modo de relacionarnos, atención a nuestras ideas y juicios preconcebidos. John Whitmore, otro de los pioneros del coaching, dijo: “Sólo podemos controlar aquello de lo que nos damos cuenta. Aquello de lo que no nos damos cuenta nos controla a nosotros”.

Es hora de empezar a tomar el control de nuestra vida, en lugar de dejarnos llevar por la corriente del río. De lo contrario, esa corriente nos llevará algún día a unas profundas cataratas, y la caída será muy dolorosa.

Siempre insisto que la clave para poner más atención a nuestra vida, y por tanto mayor control, es la práctica del Mindfulness. El mindfulness es un entrenamiento mental de la atención en el aquí y ahora, que nos ayuda a gestionar mucho mejor lo negativo (experiencias dolorosas, emociones como la tristeza, la ira o el miedo), y a disfrutar mucho más de lo positivo (las pequeñas cosas de la vida, que normalmente no valoramos ni disfrutamos). Nos ayuda, en definitiva, a ser mucho más felices.

Como cualquier otro músculo del cuerpo, podemos fortalecer mediante entrenamiento el músculo mental de la atención y la conciencia. Un modo sencillo de explicar en qué consiste la práctica mindfulness es mediante modelos mnemotécnicos, sistemas sencillos que nos permiten recordar de forma rápida las claves de una metodología. El siguiente lo he creado para ayudar a las muchas personas a las que doy formación en la práctica del Mindfulness. Lo llamo el modelo de las 5 As (AAAAA):

A: Atención (debemos dirigir conscientemente nuestra atención, evitando que la mente se distraiga y divague)

A: Aquí (focalizo mi atención en el espacio donde estoy en este instante, ya que no existe otro lugar que aquí)

A: Ahora (focalizo mi atención en el presente, no hay otro momento que este. Implica dejar pasar y no engancharse a los pensamientos sobre el futuro y el pasado, tanto positivos como negativos, a lo que la mente es adicta)

A: Apertura (mi actitud debe ser de apertura, sin juicios, sin ideas preconcebidas, con curiosidad, como si volviéramos a percibir las cosas con la mente de un niño)

A: Aceptación (mi actitud debe ser la de aceptación positiva, sin querer cambiar la experiencia tal y como es, sin esperar un resultado determinado, aceptando también lo desagradable o incómodo que aparezca, y no rechazándolo)

El mindfulness tiene la capacidad de ralentizar nuestra vida. De esa manera, podemos observarla con más claridad y detalle, y por tanto, comprender lo que ahora no comprendemos, y finalmente tomar el control. Ahora pregúntate. ¿Adónde vas tan deprisa en tu vida? ¿Qué sentido tiene?

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Mindfulness: entrena tu mente

En una reciente investigación de la doctora Elisabeth Kirby, de la Universidad de California, se ha comprobado, una vez más, la directa conexión entre los niveles de estrés y nuestro rendimiento profesional. 

La investigación demuestra que determinados niveles de estrés, cuando son puntuales y se producen de forma intermitente, pueden aumentar nuestro rendimiento hasta convertirlo en óptimo. Sin embargo, cuando tenemos una experiencia de prolongado o continuado estrés, llega un momento (umbral) en que nuestro rendimiento cae en picado, hasta convertirnos en personas dispersas, confusas y con bajo rendimiento.

El ser humano, hace millones de años, cuando su cerebro no estaba tan evolucionado, tenía estas experiencias puntuales e intermitentes de estrés, al igual que un ciervo o cualquier otro animal. Un ciervo experimenta estrés, y sus reacciones fisiológicas asociadas, cuando un depredador aparece y le persigue para devorarlo. El estrés puntual funciona como un mecanismo de defensa ante una amenaza a su supervivencia, y le hace correr a la máxima velocidad que puede. Si se salva, dicho estrés desaparece casi inmediatamente, porque el ciervo no sigue agobiado o estresado pensando en lo que le ha sucedido hace un rato.

Sin embargo, el hombre sí lo hace. Me refiero a que después de una situación estresante (una bronca con nuestro jefe), nuestro cerebro continúa generando pensamientos agobiantes sobre dicha experiencia durante minutos, horas, y a veces durante semanas o meses. Todos estos pensamientos sobre el pasado son precisamente provocados por la progresiva complejidad y sofisticación a lo largo de millones de años de evolución de esta máquina impresionante que tenemos dentro de nuestra cabeza.

Igual que esto, también nuestra mente genera muchísimos pensamientos sobre el futuro inmediato o lejano. A veces queriendo que llegue el próximo fin de semana o las próximas vacaciones, y otras preocupándose por situaciones o experiencias negativas (“Y si sucede…”) que aún no han sucedido, y que en la mayoría de ocasiones, nunca llegan a suceder.

Por eso, nuestro cerebro, si no lo entrenamos adecuadamente, nos genera inevitablemente esa experiencia prolongada de estrés que la investigadora del estudio comenta como perjudicial y devastadora para nuestro rendimiento. Aunque no tengamos una situación de amenaza o peligro para nuestra integridad, estamos estresados, ansiosos y tensos, generando problemas ficticios o regodeándonos en decisiones erróneas del pasado.

Eso hace que casi nunca estemos realmente presentes en el Aquí y Ahora, concepto clave de la concentración, y del alto rendimiento. Si tenemos nuestra mente ocupada y llena con cosas del pasado o el futuro, no la podemos ocupar en lo que tenemos que hacer en cada momento, con total presencia y atención. Tampoco hay espacio para lo nuevo, por lo que esta tendencia del cerebro es también muy destructiva respecto a la creatividad y la innovación.

Pero ¿Cómo entrenamos a nuestro cerebro para evitar este desgaste total de energía? ¿Cómo logramos dirigir nuestra mente hacia el aquí y ahora, para estar plenamente concentrados en la tarea que tenemos delante? ¿Cómo limpiamos nuestra mente saturada, para poder ser más creativos e innovadores? La respuesta es el Mindfulness.

El Mindfulness es una técnica, validada por cientos de investigaciones y estudios neurocientíficos, con la cual entrenamos nuestra mente para desarrollar su máximo potencial. Mediante el mindfulness, logramos desarrollar numerosas habilidades cognitivas y emocionales, como la gestión de emociones, la concentración, la presencia, el foco y la claridad mental.

Necesitamos técnicas de entrenamiento mental como el Mindfulness, porque cada vez tenemos más información, de múltiples fuentes, cada vez soportamos más estímulos (WhatsApp, Twitter, e-mail, etc.) y nuestra mente está cada vez más dispersa, descentrada y estresada. Es decir, tenemos una mente cerrada y bloqueada que no nos sirve de mucho.

Entrenemos la mente para abrirla como un paracaídas, para potenciarla, para que nos lleve a los máximos niveles de éxito y felicidad, tanto en la vida como el trabajo.

Apúntate a la 3ª Edición del Curso de Mindfulness, el próximo 27 de noviembre de 10 a 19 h. Impartido por Javier Carril. Ver programa completo de contenidos y cómo inscribirse.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Las 4 creaciones mentales que nos impiden ver la realidad

Desde antes del verano estoy leyendo la novela 1Q84 de Murakami. Aparte de estar totalmente enganchado, me resulta interesante cómo la exploración que hace de la realidad tiene muchas conexiones con nuestra experiencia diaria. En la novela los dos personajes protagonistas viven en 1984, pero en un momento determinado de su historia se introducen, sin saberlo, en otra realidad, podríamos decir en otro mundo. Ese mundo, para diferenciarlo, lo denominan 1Q84. Es un mundo donde los protagonistas conectan con su verdadero talento, o con su parte más elevada y poderosa, podríamos decir.

Vivimos en una realidad que no es real, a causa de nuestras creaciones mentales. La mente genera elementos que nos condicionan y nos impiden ver la auténtica realidad y disfrutarla al máximo. Las 4 creaciones de la mente que yo destacaría son:

1. Los millones de pensamientos y emociones que generamos sobre el pasado. Bien nos estamos preocupando por decisiones que hemos tomado o situaciones que hemos experimentado en el pasado, o bien estamos absortos en momentos positivos y felices del pasado. Ambos nos nublan la vista y nos desenfocan de la auténtica verdad. Es importante emplear un tiempo en analizar y aprender de la experiencia pasada, pero a partir de ahí, hay que centrarse en lo que toca hacer aquí y ahora.

2. Los millones de pensamientos y emociones relacionados con el futuro. Es muy frecuente que nos generemos ansiedad y estrés anticipando y preocupándonos por situaciones que aún no han sucedido, y que probablemente no sucederán nunca. O puede que habitualmente nos enfoquemos en lo que deseamos que suceda en un futuro, como las próximas vacaciones o el próximo fin de semana con la esperanza de darnos un poco de alivio y bienestar. Sean pensamientos positivos o negativos sobre el futuro, nos alejan de la realidad y nos impiden afrontar lo que de verdad importa. También en este caso es importante planificar y marcarse metas, pero una vez hecho, de nuevo debemos focalizarnos en lo que toca hacer ahora mismo.

3. Nuestros juicios sobre la realidad. Otro aspecto en el que basamos nuestra percepción falsa de la realidad son los juicios. Etiquetamos y juzgamos absolutamente todo (esto es bueno, esto es malo, esta persona es egocéntrica, esta otra es generosa, etc.). Dichos juicios son generados por patrones neuronales basados en la repetición de determinadas experiencias. El problema de dichos patrones aprendidos es que nos impiden ver a las personas y las experiencias con frescura, sin condicionamientos. Y nos llevan a cometer muchos errores, a dificultar nuestra relación con los demás, y a sumirnos en un estado de confusión y estrés.

4. Nuestras interpretaciones subjetivas de los hechos. Recuerda un acontecimiento en tu vida que haya sucedido hace unos 8 años, y que te haya generado mucho sufrimiento. ¿Cómo lo ves ahora, con la nueva perspectiva que te dan esos años? Seguramente ahora estás relativizando la experiencia. Lo que sentías hace 8 años ahora ha dejado de tener fuerza, simplemente no existe nada más que en tus recuerdos, ya ha dejado de ser real. Tu interpretación de aquel acontecimiento ha cambiado seguramente, o como mínimo se ha suavizado o relajado. Yo, por ejemplo, cuando veo con esa perspectiva algunas de las experiencias más duras de mi vida, las veo con un nuevo prisma, mucho más positivo, porque han provocado aprendizajes y experiencias posteriores muy importantes para mí. Han perdido toda su fuerza negativa, gracias a la interpretación que hago de ellas.

Basar nuestra vida en nuestros juicios condicionados, en nuestras evaluaciones subjetivas negativas, en los pensamientos sobre el pasado o el futuro, nos impide ver  la auténtica realidad, esa realidad que está ahí siempre, delante de nuestros ojos, esperando a ser descubierta, experimentada y disfrutada con nuevos ojos, con frescura. Sin embargo, muy pocas veces la sentimos a lo largo de toda nuestra vida. Es la realidad del momento presente, lo que está sucediendo ahora mismo, en este mismo instante, ahí es donde está el auténtico poder. Es esencial que viajemos frecuentemente a esa realidad del aquí y ahora que se nos escapa cuando estamos descentrados, estresados, ansiosos e infelices. Cuando nos desconectamos del momento presente, nos desconectamos de nosotros mismos, sentimos confusión e impedimos que salga nuestro talento y nuestros tesoros ocultos.

La buena noticia es que podemos entrenar nuestra mente para conectar frecuentemente con la auténtica vida y con esos tesoros interiores, a través de técnicas como la meditación Mindfulness. Para conectar con esa auténtica realidad, la del momento presente, sólo tenemos que quedarnos quietos y en silencio durante unos segundos. Expectantes, vigilantes a todo lo que suceda tanto dentro de nosotros como fuera de nosotros, y al mismo tiempo relajados, tratando de no emitir juicios sobre nada de lo que experimentemos. Escuchemos cualquier sonido que aparezca, sintamos nuestra respiración o cualquier sensación física, observemos qué sucede en nuestra mente aquí y ahora, momento tras momento y sin juzgar. Y conectaremos con la auténtica realidad.

No lo dudes, estamos dormidos, y necesitamos “despertar” para poder vivir la vida con plenitud.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Siempre estamos eligiendo

A menudo escucho expresiones como “Qué mala suerte tengo”, “¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?” “Qué injusta es la vida conmigo”, o “Estoy harto de mi trabajo pero no puedo hacer nada para cambiar la situación”. Si nos fijamos bien, este tipo de frases están dando por hecho que esas situaciones difíciles o dolorosas nos llegan sin motivo ni justicia, y que nosotros no tenemos ninguna responsabilidad en ellas. Es como si fueran externas, ajenas a mí y a mis decisiones o comportamientos.

Esa creencia fomenta a largo plazo una sensación de victimismo, además de una incapacidad para resolver la situación, precisamente por creer que el origen está fuera de nuestra influencia o causalidad directa. Es realmente peligroso porque desemboca en culpar a los demás de mis problemas, y por tanto genera resentimiento y deteriora nuestras relaciones, aumentando como un círculo vicioso el victimismo y el rencor.

Pero ¿Y si todo lo que nos sucediera tuviera una causa clara y nítida? ¿Y si esa causa fuera nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestras decisiones? Desde luego, todo sería mucho más fácil de resolver, ¿No? Porque estaría en lo que Stephen Covey llamó “nuestro círculo de influencia”. Sin embargo, reconocer esto puede llegar a resultar abrumador y durísimo para una persona acostumbrada a echar balones fuera y a culpar a los demás o a circunstancias externas de sus problemas.

La clave de todo es que, aunque nos parezca increíble, estamos siempre eligiendo. Elegimos qué hacer en cada instante, con quien relacionarnos y de qué manera, qué actitud tomamos ante las cosas, en qué empresa trabajamos y cuantas horas, y miles de decisiones más cada día. Lo que sucede es que la mayor parte de esas decisiones no son conscientes, sino inconscientes. Vienen del llamado modo mental automático, que es nuestro modo habitual de funcionar, condicionado por patrones, sesgos, prejuicios y carencias emocionales que tenemos integradas en nuestro inconsciente. Así, nuestra conducta diaria está programada por todos esos condicionamientos, pero eso no significa que no elijamos, sino que no somos conscientes de dichas elecciones.

Por ejemplo, si necesitamos cariño y aceptación por parte de los demás, nos costará poner límites y “decir no” a los demás, permitiendo que muchas veces invadan nuestro terreno y abusen de nuestra confianza. En ese ejemplo, no podemos culpar a los demás de haber abusado de nuestra confianza, debemos mirar hacia nosotros y resolver esa carencia emocional, con el fin de poder tomar otras decisiones, esta vez sí desde la consciencia.

Otro ejemplo típico es estar atrapado en un trabajo que no me motiva. En lugar de quejarme de mi situación y hacerme la víctima, debo reconocer que si sigo en mi trabajo es porque, aunque sea inconscientemente, lo estoy eligiendo yo, porque prefiero tener seguridad y un sueldo fijo, a verme abocado al riesgo de estar en paro, de quedarme sin ahorros, y que mi familia no tenga las necesidades mínimas cubiertas. Por tanto, es una elección mía, y es fundamental que lo reconozca.

No estamos acostumbrados a ver más allá, a mirar las consecuencias a medio y largo plazo que tienen nuestra conducta, nuestra actitud diaria y nuestras microdecisiones. El problema es que tienen muchas consecuencias, y cuando nos topamos bruscamente con ellas, entonces nos quedamos en estado de shock, sin entender absolutamente nada, y cayendo en el estado victimista y culpabilizador que comentaba al principio. Es como si fuera la única salida a ese estado de shock y confusión, aunque lamentablemente lo que hacemos es encerrarnos aún más en ese callejón sin salida.

La única solución es darle la vuelta a nuestro modo habitual de analizar las cosas. Volver la vista hacia uno mismo y preguntarse de qué forma he contribuido yo a crear esa situación conflictiva o difícil en mi vida, con qué actitudes o comportamientos, y desde luego, cual es el patrón o carencia emocional que hay detrás de mi conducta (necesidad de seguridad, necesidad de cariño, miedo al dolor o al fracaso, etc.)

El fin de todo es elegir, pero de forma totalmente consciente mi actitud y comportamiento. Ya decía Viktor Frankl que esa posibilidad de elegir mi respuesta ante cualquier estímulo, por muy doloroso que sea, es la última libertad del ser humano. De hecho, es la única libertad que nada ni nadie nos puede arrebatar. Y precisamente ahí reside el concepto crucial de la asunción de responsabilidad, que consiste en dejar de mirar hacia fuera y empezar a mirar dentro de nosotros. Aunque puede parecer muy duro al principio, a largo plazo es la mayor fuente de poder que existe. Asumir la responsabilidad y reconocer que nuestras elecciones son la causa de todo lo que nos ocurre, es imprescindible si queremos vivir una vida plena.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

5 claves de un excelente Coach

Esta semana la International Coach Federation está celebrando a nivel mundial la Semana Internacional del Coaching. Aprovechando este evento, quiero repasar los fundamentos sobre los que se asienta esta profesión tan nueva, y al mismo tiempo, tan de moda. Y lo voy a hacer repasando cuales son las ideas y actitudes que debe tener un buen coach. La semana pasada, mientras impartía formación para coaches profesionales en Coaching de Equipos, los participantes me decían que realizar coaching con excelencia es realmente difícil. Estoy de acuerdo.

Siempre digo, y lo baso en mi experiencia personal, que el coaching no es sólo una profesión, sino una actitud concreta ante la vida. Y esa actitud se basa en las siguientes ideas:

1. El coach confía incondicionalmente en el poder de las personas. Cree en la grandeza de los seres humanos por encima de todo y en su potencial para conseguir cualquier meta. Eso hace, por el llamado efecto Pigmalion, que la persona termine creyendo también en su propio poder, y compruebe que puede lograr objetivos que nunca se había imaginado.

2. El coach está convencido de que las respuestas están dentro de cada uno. Por eso, el coach nunca da consejos o recomendaciones a su cliente. El poder del coaching está en realizar las preguntas oportunas, esas preguntas que abren ventanas para que las personas sean capaces de mirar más lejos, sitúan espejos para que la persona se vea tal y como es, con su belleza y grandeza. El coach, por tanto, cree en la sabiduría del otro y no proporciona soluciones, porque sabe que serían sólo “sus” soluciones y que estarían condicionando y limitando a su cliente. El coach no es un consultor ni un formador ni un mentor.

3. El coach anima y provoca a los demás para que desafíen el status quo y salgan de la zona de comodidad. A través de las preguntas poderosas del coaching, el individuo comienza a salir de su zona de confort, a convivir con el miedo, a tomar decisiones que le lleven a sus metas. Porque nunca podremos lograr ninguno de nuestros sueños manteniéndonos en nuestra zona de confort.

4. El coach es humilde y sabe que los éxitos de su cliente son de su cliente. El coach es un catalizador, un impulsor, un despertador de lo que ya estaba dentro de la persona. Aunque el coach estimule la conciencia, la responsabilidad y la acción de su cliente, es éste quien se lanza a por sus metas, es quien tiene que lidiar con las dificultades y con los miedos, es quien se atreve a pedir más a la vida. Por tanto, el coach debe ser humilde y mantenerse siempre en la sombra, porque el protagonista es y será siempre su cliente. Esto contrasta con la versión falsa y distorsionada del coaching hoy en día, que se identifica más con un charlatán que arenga y motiva a las masas. Eso no es coaching.

5. El coach se centra en el aprendizaje y en el camino, más que en los resultados. A pesar de que el coaching nos ayuda a alcanzar resultados extraordinarios, el coach siempre está focalizado en el aprendizaje durante el camino. Paradójicamente, esta es la forma más sostenible y efectiva de conseguir resultados, poniendo atención y conciencia sobre lo que vamos descubriendo y aprendiendo sobre nosotros en ese camino apasionante de desarrollo y crecimiento.

En este sentido, recuerdo ahora la historia zen de un alumno que preguntó a su maestro cuantos años le llevaría alcanzar la sabiduría de su maestro.
– Cinco años -le contestó el maestro.
– ¿Y si estudio 14 horas al día, en cuantos años podré alcanzar tu sabiduría, maestro? -preguntó de nuevo el discípulo.
– Diez años -Respondió el maestro.
– ¿Y si no duermo por las noches y me dedico a estudiar y esforzarme aún más? -Preguntó el alumno desconcertado.
– Veinte años -Contestó el maestro con serenidad y firmeza.
El alumno, totalmente perdido, preguntó al maestro por qué cada vez que ponía más empeño y dedicación, le respondía de forma más desalentadora. Entonces, el maestro le dijo:
– Porque si tienes un ojo en tu destino, sólo te quedará el otro ojo para el camino. Y si pones los dos ojos en el destino, no tendrás ojos y caminarás totalmente ciego.

El coaching es una profesión totalmente necesaria y esencial en este siglo XXI donde hay tanto desconcierto, ansiedad y falta de valores.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

Mindfulness y autocontrol emocional

Esta semana recibí un correo electrónico que de inmediato me generó una gran indignación y enfado. Según mi opinión, el e-mail era totalmente injusto y me revolvió el estómago. Inmediatamente, me dispuse a contestar al individuo, tratando de comunicarme de la forma más objetiva posible, aportando datos y hechos al arbitrario y subjetivo mensaje que había recibido.

Una vez que lo había escrito lo revisé antes de enviarlo. Me di cuenta de que me había dejado llevar por mi enfado en una frase, en la cual yo hacía un juicio y un diagnóstico, en lugar de ceñirme a datos y hechos. Era una frase que seguramente activaba la agresividad ya existente en la persona que me envió el mensaje. Entonces, después de unos segundos pensándolo, decidí eliminar la frase. Me di cuenta de que esa frase sobraba, y de que sólo era una forma de desahogar mi ira. Dicha frase no era relevante y podía producir más tensión.

Envié el e-mail corregido. Pero durante las dos horas siguientes el mensaje hiriente que había recibido siguió revoloteando mi mente, seguía revuelto emocionalmente. Aunque eso sí, fui plenamente consciente de mis sentimientos, lo bastante como para no dejarme envolverme y confundirme por ellos, y poco a poco toda la vorágine emocional fue disolviéndose.

Posteriormente, ya después de comer, analicé todo el proceso y me resultó muy interesante como una experiencia donde mi práctica regular del mindfulness (meditación para la atención plena) salió a la superficie. A través del mindfulness entrenas tu cerebro en el autocontrol emocional, para no reaccionar inmediatamente a los estímulos que aparecen, por más desagradables o incómodos que sean. Simplemente lo observas, lo experimentas aunque sea negativo, y luego, si es necesario, actúas para hacerlo desaparecer. Pero lo habitual es que si somos lo suficientemente fuertes, no sea necesario hacer nada, porque se resuelve solo. Aquí estoy hablando, en realidad, de autoliderazgo. En este sentido, escribí hace poco un artículo sobre la relación entre mindfulness y liderazgo, si quieres leerlo pincha aquí.

En definitiva, se trata de generar un espacio cada vez más amplio entre el estímulo y nuestra respuesta, con el fin de poder decidir qué respuesta es la más adecuada y efectiva. Si me hubiera dejado arrastrar por mi enfado, le hubiera enviado ese e-mail con esa frase poco afortunada, que hubiera complicado aún más las cosas. En ese espacio entre el estímulo y mi respuesta estuvo la clave del autocontrol emocional y de la conducta correcta.

Gracias a la práctica regular del mindfulness, todos podemos ser mucho más autoconscientes de nuestras emociones, y podemos también ser capaces de controlar nuestras emociones negativas, para manejarlas mejor y poder elegir la conducta más efectiva y positiva en cada situación.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

Asertividad y empatía: mejora tu comunicación

Muchas personas no tienen del todo claro qué es la asertividad. Lo he comprobado en varias ocasiones, por ejemplo recuerdo un directivo al que hice coaching que decía que él era muy asertivo, porque decía las cosas muy claras. Esto no es exactamente ser asertivo.

Decir las cosas claras es importante, no es nada positivo callarse ante lo que consideramos injusto o erróneo. Esta actitud o forma de comunicarnos se denomina pasividad, que tiene consecuencias nefastas sobre todo para uno mismo. Pero decir las cosas claras a veces resulta ser muy agresivo, dependiendo de en qué momento o lugar lo digamos, o del estado de ánimo en el que estemos en el momento de decirlo. Por tanto, la asertividad no es decir las cosas claras.

Vamos a definirlo correctamente. La asertividad es la capacidad de decir y expresar mis opiniones, necesidades y emociones de forma clara, respetando las necesidades, emociones y  derechos de la otra parte. Para ser asertivo debemos pararnos antes de comunicar algo difícil, evaluando si es el momento o lugar más adecuado para la otra persona, y también tratando de adivinar cómo recibirá nuestra comunicación el otro, cómo se sentirá cuando yo se lo transmita.

Si has prestado atención al anterior párrafo, te habrás dado cuenta de que estamos hablando de empatía. Empatía es coloquialmente, “ponerse en los zapatos del otro”, o sea, la capacidad para tener en cuenta al otro e interesarnos realmente por sus necesidades y emociones cuando vamos a comunicarle algo. Para ser asertivos en la comunicación, debemos ser empáticos obligatoriamente. Si no cumplimos esta segunda parte, si no prestamos atención a cómo puede sentirse la otra persona o cual puede ser la mejor forma de comunicarle algo, entonces nuestra comunicación será percibida como agresiva.

La asertividad y la empatía son dos caras de la misma moneda. Es imposible ser asertivo sin ser empático, y es imposible que una persona empática resulte agresiva. Así que sí, debemos decir las cosas claras, pero pensando en la otra persona con verdadero interés, para si es necesario, adaptar nuestra comunicación a “su momento”, a “su necesidad”, a “sus sentimientos”. Esto no es disfrazar o envolver una comunicación difícil hasta hacerla irreconocible y que incluso no llegue a entenderse. Esto sería, una vez más, pasividad, no asertividad. El asertivo es empático, pero no condescendiente ni temeroso de decir lo que piensa, necesita y siente. El asertivo es firme, pero no agresivo.

La mayoría de los conflictos humanos, tanto en el ámbito laboral como en el personal, son debidos a una mala comunicación. La mala comunicación puede ser por dos motivos:

  • Falta de comunicación. Es decir, pasividad, no se dicen las cosas que es necesario decir.
  • Comunicación agresiva. Se dicen las cosas pero sin empatía, sin filtros, generando violencia y resentimiento.

La asertividad sería por tanto, el punto de equilibrio que, como de costumbre, es difícil de alcanzar, sobre todo cuando nos sentimos frustrados, enfadados o indignados con la otra persona. Por eso, para ser un comunicador asertivo necesitamos también ejercitar el autocontrol emocional, porque de lo contrario podemos dañar para siempre la relación con esa persona, y seguramente vamos a arrepentirnos durante mucho tiempo de nuestra reacción descontrolada.

Cuando no nos comunicamos con asertividad, y usamos alguno de los otros dos estilos de comunicación (pasivo o agresivo) vamos a pagar un precio muy alto en nuestro trabajo o en nuestra vida. Vamos a dañar a los demás y a nosotros mismos. Y no vale decir “Es que soy así, es que es mi carácter y no puedo evitarlo”. Esto es una excusa banal para escapar de nuestra responsabilidad. La asertividad y la empatía, si se tiene verdadero interés, son habilidades que se pueden aprender y desarrollar con el tiempo.

Y ahora, pregúntate.

  • ¿Hay alguna situación o relación en la que te estés callando cosas que necesitas expresar?
  • ¿Estás expresando demasiado agresivamente tus necesidades y opiniones, sin tener en cuenta cómo se siente la otra parte?

Entonces, es hora de empezar a cambiar y a mejorar tu comunicación.

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sobremi 

JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor. http://www.javiercarril.com

 

¿Estás despierto o estás anestesiado?

La pasada semana he estado recluido en un retiro de meditación zen. Ha sido, como otras veces, durísimo, tanto desde el punto de vista psicológico como físico. Sin embargo, la experiencia ha sido totalmente transformadora. Siempre lo es.

En un retiro zen (llamado sesshin) pones al límite tu capacidad de resistencia y autocontrol, y pasas muchos momentos oscuros y turbulentos. Por eso, no es una actividad apta para todos los públicos, aunque eso sí, uno rompe todas sus creencias limitantes cuando ve a hombres de casi ochenta años realizando el sesshin hasta el final.

Precisamente en los momentos de mayor sufrimiento y oscuridad, o precisamente por haber pasado por ellos, es cuando surgen los instantes mágicos de paz y serenidad total. Es cuando logras conectar contigo mismo, y cuando despiertas a la verdad y a la vida tal y como es. Hasta entonces, estás perdido, desorientado, anestesiado.

Hay tantas cosas que compartiría contigo de esta maravillosa experiencia, que es imposible escribirlos en un solo post, así que tendré que ir escribiendo sucesivos post en el blog.

Hay una palabra que me viene a la cabeza constantemente cuando analizo lo que ocurrió la semana pasada en el retiro. La palabra es compromiso. Las sesenta personas que estábamos allí realizando el retiro estábamos comprometidos hasta el final con lo que habíamos llegado a hacer. En cada uno de los numerosísimos e infinitos espacios de meditación sentada de 30 minutos que tuvimos, y por supuesto en el resto de actividades del sesshin, cada uno de nosotros entregaba el alma para dar lo mejor de sí mismo, y luchaba contra sí mismo para superar la dura prueba, tratando como podía de soportar el dolor, de mantener la concentración, de anclarse al presente, luchando contra sus propios personajes (el controlador, el miedoso, el vulnerable, el dependiente, etc.), otras veces siendo abrumado por ellos, y al final aceptándolos para llegar a la paz y a un estado de serenidad y olvido total, incluso de uno mismo.

Cuando vuelves a la realidad cotidiana después del retiro, las cosas siguen ahí donde las dejaste, las personas siguen siendo las mismas, el tráfico es igual y los problemas también siguen siendo los mismos. El que, definitivamente, ha cambiado eres tú, y tu forma de ver y vivir todo eso. De pronto lo que antes te resultaba tedioso o imposible de manejar, ahora te parece sencillo e incluso interesante. Lo que ha cambiado es tu forma de mirar el mundo, has despertado y has dejado de estar anestesiado, que es como está la mayoría de las personas, perdidas entre el materialismo, el consumismo, la codicia, el miedo y la envidia. Y todo ello sin apenas darse cuenta, porque están anestesiados.

Y tú, ¿Estás anestesiado también? Es el momento de despertar a la auténtica vida.

¿Quieres conocer mis Cuentos cortos motivacionales? Descárgate los 5 primeros de la serie, todos tienen mucho que ver con ese despertar a la vida del que hablo en este post. Descárgatelos de forma gratuita en este link: http://www.execoach.es/portfolio-item/cuentos-cortos/

JAVIER CARRIL. Coach, conferenciante y escritor. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
Autor de los libros Cuentos para adultos que quieren ser felices (Descárgatelos aquí) DesESTRÉSate, Ed. Alienta, 2010…y Zen Coaching, un método para potenciar tu vida profesional y personal, ed. Díaz de Santos, 2008.