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Los 8 comportamientos del Líder-Coach

Esta semana he presentado un proyecto de programa formativo “Líder-Coach” para una empresa cliente con la que estamos trabajando en Execoach desde hace un año. El objetivo es formar a un grupo de directivos y mandos intermedios de la empresa en habilidades de liderazgo basadas en la metodología y filosofía del coaching.

En la presentación, les hablé de la conocida metáfora de la bellota y el roble. Una bellota, a primera vista, nos puede parecer fea y pequeña, pero es interesante recordar que si a esa bellota la cuidamos y la alimentamos proporcionándole agua y luz, poco a poco irá creciendo y convirtiéndose al cabo de unos años en un roble fuerte y majestuoso. Es decir, toda bellota tiene el potencial de convertirse en un roble.

Con las personas ocurre lo mismo. Muchas hemos sido, o hemos creído ser una bellota fea y pequeña. Yo mismo hace doce años tenía ese concepto de mí. Creía que no servía para mucho, y que era una persona débil y fracasada. Entonces descubrí el coaching, y decidí certificarme como coach profesional, y eso cambió mi vida. Poco a poco fue cambiando el concepto que tenía de mí, y también cambió la manera de observar el mundo. Con los años he ido consolidando la idea de que podía convertirme en un fuerte y majestuoso roble. De hecho, hoy puedo decir que me siento así, siento que he desplegado profundamente muchas de mis capacidades y habilidades, que estaban dormidas u ocultas en algún rincón oscuro de mi interior. Esto es aplicable a cualquier persona.

Cuando interiorizas la filosofía del coaching, te das cuenta de que no sólo tú tienes un roble dentro de ti, lo creas o no lo que creas. También lo tienen los demás, cualquier persona con la que te cruces. La clave es conectar con ese potencial y esa grandeza que toda persona tiene en su interior, para empezar a desarrollarla y desplegarla, como hace el buen jardinero que va alimentando y cuidando la bellota hasta que se convierte en el roble. En ese sentido, un buen líder cree en ese talento dormido en las personas, y basado en esa creencia, insiste en ayudar a sus colaboradores para que descubran y despierten esa grandeza.

 

¿Y cómo lo hace un líder-coach? Voy a enumerar los 8 comportamientos clave para desarrollar el potencial de una persona:

  1. Cuestiona tus “verdades” y creencias limitantes.
  2. Enfócate más en las personas que en las tareas.
  3. Conviértete en un Jefe Desarrollador de Personas y no un Jefe Solucionador o Papá-Jefe.
  4. Utiliza las preguntas poderosas del coaching para empoderar a las personas, en vez de dar órdenes o darles la solución.
  5. Escucha para comprender, y no para intentar convencer.
  6. Reconoce y felicita regularmente el esfuerzo y la actitud de tu equipo.
  7. Da y pide feedback de forma frecuente a tu equipo para promover la mejora continua.
  8. Desafía a tus colaboradores para que salgan de su zona de confort.

Todas estas conductas no son fáciles, porque lo fácil y rápido a corto plazo es decir a mi equipo lo que tiene que hacer y cómo. Lo fácil es que no te cuestionen como jefe. Lo fácil es no escuchar para no tener que cambiar la opinión o decisión. Lo fácil es no pedir feedback porque te pueden decir cosas que no te gusten, etc.

Convertirse en un auténtico líder-coach requiere entrenamiento y formación, paciencia y coraje. Tenemos que formarnos y aprender una nueva forma de tratar con las personas. No sólo con los colaboradores, sino con nuestros pares o jefes, el coaching es totalmente aplicable en todo tipo de relaciones profesionales. Sin embargo, el esfuerzo es imprescindible, porque las personas de las nuevas generaciones necesitan y exigen un nuevo estilo de liderazgo, alejado de la jerarquía, el autoritarismo y el paternalismo.

Como dije en la presentación a mi cliente, introducir este tipo de entrenamiento basado en el coaching en una empresa supone un cambio cultural muy profundo, que tiene que ver con una nueva forma de liderar, una nueva manera de hacer las cosas, un nuevo modo de trabajar con las personas para sacar lo mejor de ellas, todo el talento que tienen. Y esto también requiere compromiso, fe en la metodología del coaching, paciencia y constancia. Porque un cambio cultural puede requerir varios años de trabajo constante en una misma dirección.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

CARPE DIEM. Vive el momento presente.

La vida es corta. La vida se pasa en un suspiro. ¿Somos realmente conscientes de que dentro de unos cuantos años habremos desaparecido por completo? No lo creo. Sin embargo, nuestra vida sería mucho más plena y feliz si lo recordáramos más a menudo. En mi caso, la certeza de que voy a morir, la seguridad de que mi vida tiene fecha de caducidad me activa, me pone las pilas. Y entonces dejo de perder energía en pequeños problemas, y me focalizo en lo importante de mi vida.

Elisabeth Kübler Ross, autora del maravilloso libro “La rueda de la vida”, después de su larga experiencia atendiendo a enfermos terminales, decía que las personas que están a punto de morir fueron las que más le enseñaron sobre la vida. Todos conocemos casos reales en los que un problema grave de salud cambia la perspectiva de una persona, y por supuesto, sus prioridades.

Yo mismo tuve esa experiencia dolorosa, pero imprescindible, hace 12 años cuando me diagnosticaron un angioma en el cerebro, con sus potenciales conscuencias. De pronto experimenté mi fragilidad como ser humano, mi total vulnerabilidad. Y la certeza de que en un instante toda mi vida, mis esfuerzos, mi sufrimiento y mi felicidad podían desaparecer por completo. Después del shock que sentí y del periodo de adaptación psicológica que necesité realizar, me di cuenta de que mi perspectiva sobre las cosas había cambiado. De pronto, casi nada me parecía importante, empecé a relativizar todo y me sentí mucho más ligero. Ese estado mental me permitió tomar algunas de las mejores decisiones de mi vida y de mi carrera profesional.

Seguramente has visto la famosa secuencia de la película “El club de los poetas muertos” en la que el profesor Keating anima a sus alumnos a vivir la vida intensamente, mientras les enseña las fotografías de antiguos alumnos que ya fallecieron hace años. Y les transmite la filosofía del Carpe Diem, es decir “Vive el momento”. Esto, por cierto, es lo que nos enseña la práctica de la meditación: sólo existe este momento, ya que todo lo demás son creaciones mentales pasajeras y sin solidez. Preocupaciones del futuro que luego se desvanecen, pensamientos sobre acontecimientos del pasado que ya no volverán…Por lo tanto, vivamos este momento con la máxima plenitud. Y el siguiente. Y el siguiente.

Sin embargo, Carpe Diem se puede interpretar de manera irresponsable. Y utilizarlo como excusa nihilista para actuar sin freno ni límites, haciendo daño a los demás. Como no hay que preocuparse por nada del futuro, la excusa sería gastar todo nuestro dinero en nuestros caprichos, irnos constantemente de vacaciones, dejar nuestro trabajo y dedicarse a disfrutar de la dolce vita, o en casos más extremos podría servir de justificación para robar, contaminar el medio ambiente o incluso asesinar a otro ser humano. Esta interpretación distorsionada nos llevará a la autodestrucción y a una vida superficial y sin sentido.

No. Carpe Diem es aprovechar el momento presente con responsabilidad. Significa conectar con la auténtica vida para saborearla al máximo, y como consecuencia, cuidarla en todos los aspectos. El hecho de vivir el presente con intensidad no significa que nos olvidemos de planificar el futuro ni de reflexionar sobre nuestro pasado. No significa que nos dejemos llevar compulsivamente por nuestros deseos y caprichos. Se trata de evitar ser prisioneros de nuestros objetivos como si fueran el Santo Grial, y de evitar el aplazamiento constante de nuestra felicidad para otro momento. Esa tendencia a creer que: “Seré feliz cuando me vaya de vacaciones…” o “Seré feliz cuando esta persona cambie…” o “Seré feliz cuando por fin me cambie de trabajo”… Y así vamos aplazando la felicidad hasta que nos damos cuenta que hemos echado a perder nuestra vida…El único momento para empezar a ser feliz es este instante. Ahora mismo.

Por otro lado, el presente es perfecto porque nos da la lección que necesitamos en todo momento. Sin duda, siempre es una lección que necesitamos aprender para vivir con más plenitud nuestra vida, aunque nos duela mucho.

El poder de conectarnos con el ahora es inmenso y puede transformar nuestra vida totalmente. Es un auténtico despertar a otra forma de vivir la vida, con más libertad y consciencia. Rápidamente nos sentiremos más relajados, más ligeros al habernos quitado todas las mochilas del pasado y del futuro que tanto nos condicionan, y seremos conscientes de innumerables matices y detalles de la vida que se nos escapan de forma alarmante en el estado de inconsciencia en el que vivimos.

Por cierto, ¿Dónde estás en este momento, mientras lees este post? Da igual. Estés donde estés, este es tu momento para empezar a vivir de verdad. Carpe Diem.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Propósitos de nuevo año: ¿Cuantos lo consiguen?

¿Te has preguntado qué porcentaje de personas no cumplen sus propósitos de nuevo año? Cada vez que hago esta pregunta en la parte final de los cursos de Mindfulness que imparto en numerosas empresas, todos los participantes responden, entre sonrisas irónicas, que entre un 90% y un 99% no cumplen sus propósitos de nuevo año…

En Reino Unido se realizó esta misma pregunta a 3000 personas, y un 88% reconocieron que no habían cumplido sus propósitos de inicio de año. Es abrumador y realmente triste que prácticamente el 90% de la población no consiga sus objetivos. Entonces, ¿Para qué nos marcamos, año tras año, nuevos objetivos? ¿Para fracasar y sentirnos mal con nosotros mismos? Porque esta es la consecuencia de fracasar. Nos frustramos y desmotivamos, y eso nos lleva a pensar que no tenemos fuerza de voluntad, que no somos capaces, y cosas por el estilo que poco a poco van hundiendo nuestra autoestima. Es decir, es más serio de lo que parece.

Pero ¿Cual es la razón principal que declararon ese 88% del estudio? El motivo fundamental es que nos marcamos hitos demasiado ambiciosos a corto plazo. O dicho de otro modo, somos demasiado impacientes y poco realistas. Así que ¿Por qué no adoptamos la estrategia contraria? Es decir, marcarnos objetivos muy pequeños y poco ambiciosos al principio, y cuando los tengamos consolidados, continuamos avanzando y aumentando la dificultad de los mismos.

Lo más normal es que, si adoptamos esta estrategia de “pasitos pequeños constantes”, vayamos logrando pequeños éxitos, lo cual nos va a proporcionar motivación y autoconfianza, lo que desembocará en pensamientos positivos sobre nosotros (justo el proceso contrario al que describíamos anteriormente, tan destructivo e inútil). Es decir, se trata de jugar con una red de seguridad, de garantizarnos la imposibilidad de fracasar, y de ir aumentando nuestra autoestima poco a poco, pero de forma sólida.

El gurú del crecimiento personal Anthony Robbins dijo: “Nos subestimamos respecto a lo que podemos lograr en el largo plazo, y nos sobreestimamos respecto a lo que podemos conseguir a corto plazo”. Totalmente de acuerdo. Si no queremos formar parte de la legión de personas que se sienten fracasadas por no lograr, año tras año, sus propósitos de inicio de año, probemos por una vez la estrategia contraria a la habitual. Empecemos dando un pasito, y convirtámoslo en un hábito sólido antes de dar el siguiente pasito, y así sucesivamente.

Es mucho más fácil generar un hábito realizando avances pequeños y fáciles. Es la filosofía del Kaizen, metodología de origen japonés de hace 500 años, que luego se exportó a Occidente y al mundo empresarial con notable éxito (en la segunda guerra mundial, en la cadena de montaje de las fábricas de Toyota, en los procesos de calidad empresariales mediante la mejora continua…).

Además del kaizen (mejora continua a través de pequeñas mejoras o pasitos), es importante tener en cuenta que el cerebro funciona por repetición. Es decir, cuando queremos incorporar una acción o conducta como un hábito, debemos repetir dicha acción una y otra vez, hasta que nuestro cerebro ha generado las suficientes conexiones neuronales como para automatizarlo y pasarlo al inconsciente. Relacionado con esto, tenemos la teoría, validada por diversos estudios, de los 21 días consecutivos de media. Es decir, que para generar un hábito, debes repetir la misma acción unos 21 días consecutivos. Fue William James, el padre de la psicología moderna, quien defendió por primera vez esta teoría.

Si mezclamos el kaizen con la repetición de la conducta, es evidente que es mucho más fácil repetir 21 días consecutivos una acción sencilla y pequeña que una ambiciosa y compleja. Muchas personas empiezan con mucha fuerza con sus propósitos, pero luego se van deshinchando por el camino hasta que, pocos meses después, han vuelto al inicio. La razón es que es muy complicado repetir 21 días consecutivos un cambio demasiado grande. Sencillamente, al cerebro le cuesta enormemente sostener todo ese tiempo un gran cambio.

Conclusión. No tengas prisa ni impaciencia. Empieza poquito a poquito, márcate hitos totalmente alcanzables, incluso ridículamente sencillos y fáciles de conseguir. Y cuando notes que están consolidados, subes el siguiente escalón para consolidarlo de nuevo a través de la repetición. Aunque te parezca un proceso lento, te aseguro que no lo es. En poco tiempo te encontrarás inmerso en una nueva realidad, que te dará una gran confianza y motivación, que se extenderán a todas las facetas de tu vida y de tu trabajo. Y ya pertenecerás al selecto 20% de personas que sí logran sus propósitos de inicio de año.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La comunicación que soluciona conflictos

Todos tenemos conflictos en nuestras vidas o trabajos. Los conflictos son inevitables, e incluso a veces son necesarios para aclarar situaciones, resolver viejas heridas, o mejorar relaciones. Pero ¿Sabemos cómo resolverlos de forma positiva?

En general, solemos hacer lo contrario: aumentar el conflicto hasta límites totalmente innecesarios, lo que genera un gran sufrimiento y estrés en nosotros y también en los demás. El ser humano es paradójico y contradictorio, y es habitual que se haga daño a sí mismo y a sus seres queridos, consciente o inconscientemente. En primer lugar, identifiquemos algunos grandes enemigos de la resolución positiva de conflictos:

  • Orgullo mal entendido. Si crees que te han herido, tu objetivo inconfesable será vengarte y tratar de humillar o dañar a la persona que te ha herido. Tu objetivo no será resolver el problema, sino devolverle la afrenta a la otra persona.
  • Falta de empatía. Ir a resolver un conflicto en un momento poco oportuno, por ejemplo cuando la persona tiene prisa o está estresada por otros motivos. Esto es falta de empatía porque no te planteas las necesidades de la otra persona. Otro ejemplo de falta de empatía sería “vomitar” lo que quieres decirle sin haberle preguntado y escuchado antes.
  • Ideas de poder falsas. Hay determinados roles en los que confundimos autoridad con autoritarismo, respeto con poder. Por ejemplo, cuando somos responsables de un equipo, pensamos que ellos deben obedecernos y hacer lo que dice “el jefe”. De lo contrario, pensamos que no nos respetan. Otro rol en el cual nos confundimos con la idea del poder es el de padres, porque nos ponemos en un nivel de superioridad respecto a nuestros hijos, y asumimos que podemos imponerles las conductas o actitudes. Esta cultura es la del miedo, que no genera una mejora sostenible.
  • Querer tener la razón. Una vez escuché la frase “En la vida tenemos que elegir: tener razón o ser felices” y me impactó. Lo cierto que es que querer imponer al otro nuestra “verdad” es algo muy perjudicial para resolver un conflicto, ya que la otra persona también tiene su visión de la situación. Más veces de las que creemos nuestro objetivo principal es que nos dén la razón, con el único fin de satisfacer a nuestro ego.

Dicho esto, a continuación voy a exponer 5 aspectos fundamentales para comunicarnos con más efectividad e influencia, de manera que podamos resolver y prevenir nuestros conflictos vitales de un modo productivo y positivo.

  1. Elige un buen momento para ti (en el que estés sereno/a y tranquilo/a) y sobre todo, comprueba que es un buen momento para la otra persona para hablar y abordar el conflicto. Incluso pregúntale “¿Es un buen momento para hablar?” Si te dice que no, acéptalo y pregúntale cuando podéis hablar. Esto es demostrar empatía.
  2. Evita totalmente los reproches, juicios, culpabilizaciones o ataques personales. Lo único que vas a conseguir es que la otra persona se cierre y bloquee su escucha a lo que quieras decirle en el futuro. Nunca vas a resolver un conflicto con esa estrategia. Más bien al contrario, vas a empeorarlo, muchas veces dañando la relación con esa persona de forma irreversible.
  3. Plantea los hechos, de forma lo más objetiva posible, y verifica con la otra persona su versión de los mismos hechos, para llegar a un entendimiento y a un acuerdo sobre ello. Si hay algo en lo que tengáis perspectivas distintas, manifiesta tu respeto sobre su visión sin dejar de exponer la tuya.
  4. Mantén siempre presente tu objetivo de resolver el conflicto. Es fácil enredarse cuando la otra persona reacciona de forma agresiva y empieza a dispararnos con ataques personales o reproches. La clave para mantener el control emocional es recordar en todo momento qué quieres lograr con esa comunicación. ¿Es vencer al otro? ¿Es humillarle? ¿Es demostrarle que tienes razón? ¿O es entenderte con ella y llegar a acuerdos con los que os sintáis cómodos ambos?
  5. Interésate por las necesidades y emociones de la otra persona. Normalmente cuando estamos enfadados con alguien lo único que creemos que debemos hacer es manifestar nuestro enfado criticando a la otra persona. Y no nos preocupamos en absoluto de sus motivaciones y sentimientos, lo cual es esencial para que derribe sus barreras y desactive su actitud defensiva y agresiva. Escucha, escucha y escucha.

Hay muchas personas que confunden la agresividad con la asertividad (o lo que es lo mismo, la sinceridad empática). Ser agresivo es decir lo que piensas aunque no sea el momento adecuado, aunque sea gritando, aunque sea juzgando y reprochando al otro. Mientras que ser asertivo o empáticamente sincero es decir lo que piensas, necesitas y sientes de forma clara pero sin juzgar ni atacar a la otra persona, buscando el momento adecuado para la otra persona, sin gritar ni elevar el tono de voz, y por supuesto, interesándote por entender su “versión” de los hechos, sus necesidades y emociones.

Mi recomendación es que no intentes cumplir a la perfección con todo esto desde el primer momento, sino darte la oportunidad de ir mejorando poco a poco tu comunicación, aprendiendo de los errores que sin duda vas a seguir cometiendo. Lo peor de todo sería convertirte en un cínico que piensa que hay que decir las cosas tal cual las pensamos sin ningún tipo de filtro, y que lo planteado en este artículo es hipocresía o tonterías que están de moda.

Sin duda, si esa es “tu verdad” vas a sufrir mucho, y vas a hacer sufrir mucho a los demás. Y poco a poco, notarás cómo cada vez más personas de tu vida o trabajo, algunas de ellas las más importantes, se van progresivamente alejando de ti, dejando de contarte sus cosas, y manteniendo una distancia prudencial. En ese momento, te habrás quedado solo/a, aunque ni siquiera te des cuenta ni entiendas por qué.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 3 hábitos tóxicos de la mente

Una mente no entrenada se convertirá casi con seguridad en nuestro peor enemigo. Sin embargo, una mente bien entrenada se convertirá en el mejor de nuestros amigos. Uno de mis grandes objetivos es enseñar a los demás lo que yo mismo he aprendido sobre el funcionamiento de la mente. Porque es una máquina impresionante si la sabemos utilizar y manejar. Y la única forma de dominar a la mente es conociéndola y entendiéndola.

Uno de los aspectos esenciales para conocer la mente son los comportamientos repetitivos o patrones, que hemos aprendido desde que nacemos y que sin embargo, nos generan un enorme sufrimiento sin ser conscientes. Es decir, los hábitos mentales tóxicos. Yo destacaría ahora mismo tres fundamentales:

  1. Juicios o prejuicios. Somos máquinas de emitir juicios y prejuicios de forma permanente. De alguna forma emitir juicios no es siempre malo, y de hecho, son necesarios para guiarnos en la vida, y no cometer errores del pasado. Sin embargo, ¿Cuantos errores cometemos también por dejarnos llevar por dichos juicios o prejuicios? ¿Cuantas oportunidades o experiencias nos estamos perdiendo en la vida o el trabajo por dejarnos condicionar por esos juicios? Los juicios contaminan la experiencia tal como es, y seremos muy ingenuos si pensamos que estamos realmente viendo y experimentando la realidad tal como es. En realidad filtramos con las gafas del juicio toda experiencia, hasta el punto que nos alejamos de la verdadera vida si no nos damos cuenta de esto.Un ejemplo de cómo los juicios nos perjudican es cuando alguien nos está contando algo, y nosotros nos creamos inmediatamente nuestra idea preconcebida de lo que nos cuenta, y en ese instante ya hemos dejado de escuchar a la persona. Los juicios, además, generan mucho más estrés en nosotros de lo que imaginamos. En el momento en que decimos “Es una situación horrible” o “Mi compañero es un hipócrita” estamos generando una tensión innecesaria, además de estar filtrando la realidad de modo totalmente subjetivo. Los juicios y prejuicios cierran nuestra mente progresivamente hasta convertirnos en personas rígidas y sin empatía.
  2. Las expectativas. También estamos fabricando expectativas de manera constante sobre absolutamente todo. “Seguro que me va a salir muy bien el examen porque me he esforzado mucho”, “Espero disfrutar mucho y relajarme en las vacaciones”, “Seguro que en esta fiesta voy a disfrutar muchísimo”, “Espero que me aumenten el sueldo este año” son expectativas. ¿Qué nos provocan normalmente estas expectativas? ….Frustración y decepción. Porque un altísimo porcentaje de las situaciones de la vida no son como lo habíamos imaginado, no son tal y como esperábamos que fueran. Por tanto, una persona que no domine esta generación automática y constante de expectativas está garantizándose sufrimiento y frustración para toda la vida. ¿Merece la pena? ¡Ojo! Digo lo mismo que con los juicios: no es que sea malo, en esencia, generar expectativas. Lo negativo y tóxico es no ser consciente de este hábito mental y por tanto, estar esclavizado por él. Y eso es lo que le ocurre a la mayoría de las personas, que no son conscientes de cómo las expectativas están generando una y otra vez frustración, enfado, desengaño, y destrucción de su autoestima.
  3. Los deseos. La sabiduría ancestral budista se centra en este hábito mental de forma muy especial, hasta el punto de definirlo como la principal fuente del sufrimiento humano. Estaremos de acuerdo en que también emitimos deseos constantes sobre todo, tanto positivos como negativos. Es decir, “deseo tener un nuevo móvil”, “deseo que no me despidan”, “deseo no sentir dolor de cabeza”, “deseo que nos concedan el proyecto”, “deseo que mis hijos me escuchen”, “deseo que mi pareja haga lo que yo quiero”, etc. Somos adictos a desear experiencias, vivencias y sensaciones agradables, y a no desear (o a sentir aversión por) experiencias y sensaciones desagradables. Y la adicción nos resta libertad. El deseo tiene una implicación tóxica: el querer que la realidad sea de una determinada manera, es decir, supone un intento por nuestra parte de manipulación de la vida, algo imposible y condenado al fracaso inevitablemente. Y ese fracaso implica infelicidad, contracción y estrés.Por supuesto, hay deseos tremendamente positivos y necesarios, como cuando queremos mejorar como personas, cuando queremos desarrollar alguna habilidad nueva, o potenciar nuestra carrera profesional, o mejorar cualquier aspecto de nuestra vida. Estos deseos nos ayudan a crecer y a salir de nuestra zona de confort. Sin embargo, si nos apegamos demasiado a dichos deseos, si hipotecamos nuestra felicidad a la consecución de dichos objetivos, estaremos siendo esclavos de nuestros deseos y objetivos. Y esto tiene que ver con dejar de ser libres.

Como conclusión a este repaso, es imposible dejar de emitir juicios, deseos y expectativas. Porque es algo que nuestra mente ha aprendido e interiorizado de forma inconsciente, y además los 3 hábitos a veces nos ayudan y benefician. Sin embargo, debemos permanecer muy atentos y despiertos a las consecuencias de dejarnos arrastrar constantemente por ellos, porque de lo contrario viviremos una vida sin libertad, presos de dichos hábitos que en muchísimos momentos son tremendamente tóxicos, nos alejan de la auténtica vida, cierran nuestra mente, eliminan nuestra flexibilidad y devastan nuestra felicidad y equilibrio emocional.

La mejor herramienta que tenemos está, cómo no, dentro de nosotros, y es la conciencia. Ser conscientes de que estamos emitiendo un prejuicio sobre una persona y cómo eso nos puede condicionar, darnos cuenta de que estamos deseando que una situación no suceda o no haya sucedido (y de la consecuencia negativa de resistirse ante la vida) o ser conscientes de que estamos generando una expectativa y cómo eso cierra nuestra mente y la convierte en rígida, es crucial, y de hecho, es la clave para desactivar el enorme poder que tienen sobre nosotros y sobre nuestra felicidad estos 3 hábitos tóxicos mentales.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La profundidad del mindfulness

La pasada semana he tenido el privilegio de participar en una formación intensiva de The Center for Mindfulness de la Universidad de Massachusetts para profesores del programa MBSR de mindfulness, el programa pionero creado por Jon Kabat Zin. Ha sido una mezcla entre curso de formación y retiro intensivo de práctica de meditación mindfulness, y los profesores han sido Florence Meyer y Saki Santorelli.

Estoy convencido de que los 120 participantes fuimos mucho más conscientes de la enorme profundidad e impacto social que está teniendo, y puede tener en el futuro, el mindfulness en el mundo. Sentirme partícipe de esta ola de personas comprometidas con el alivio del sufrimiento en el mundo, y con el desarrollo de la grandeza del ser humano, me emocionó intensamente. Estoy convencido de que lo que sucedió la pasada semana en ese lugar va a tener un gran impacto, no sólo en las vidas de cada uno de los que participamos, sino en las vidas de muchas personas con las que tenemos o tendremos contacto en el futuro. Sinceramente, estoy convencido de que el impacto se prolongará años, o incluso generaciones.

¿Y qué es lo que hicimos allí, en este curso llamado “MBSR en Medicina Cuerpo-Mente”? En primer lugar, mirar hacia dentro y hacia abajo, según palabras de Saki Santorelli. Según nos explicó maravillosamente, el único camino para vivir una vida plena es ir hacia dentro y hacia abajo, es decir, a nuestros sótanos oscuros (donde guardamos y ocultamos las heridas que arrastramos, las experiencias dolorosas, nuestras vulnerabilidades, inseguridades, miedos, creencias limitantes). Porque en la oscuridad más profunda es donde encontraremos la luz más brillante. O como dice Rumi en un poema: Si quieres la luna, no huyas de la oscuridad. Si quieres una rosa, no te escondas de sus espinas…”

Para ello, hicimos un viaje a través de la práctica intensiva del mindfulness, en sus distintas vertientes (meditación sentada, meditación caminando, yoga), para contactar con todo aquello que no queremos mirar en nuestra vida porque nos resulta incómodo o doloroso, pero también para contactar con la enorme grandeza que tenemos como seres humanos. Y en este sentido, lo que viví durante todo el curso me hizo reconectar con la fe en el ser humano, con la confianza en su inmenso potencial.

Todos tenemos una responsabilidad fundamental en esta vida. La responsabilidad de ser mejores cada día a nivel individual, para aportar al mundo lo mejor de nosotros, y así generar una influencia positiva para que este mundo sea un mundo más humano, más consciente, más compasivo, y más responsable. Y sólo podemos conseguirlo si miramos dentro de nosotros con humildad, con honestidad y valentía. No conozco ninguna disciplina más poderosa que el mindfulness en este sentido.

En definitiva, ha sido para mí una experiencia muy transformadora, gracias en gran parte al inspirador Saki Santorelli, que en cada frase, en cada gesto, desplegaba una sabiduría y una presencia impresionantes. Tuve muchos momentos emotivos, de conexión y empatía profunda con las personas que se atrevían a coger el micrófono para compartir experiencias tremendamente íntimas de sí mismos. O instantes de conexión íntima conmigo, cuando me dejé impregnar por las preguntas, citas, poemas, imágenes, anécdotas, o investigaciones científicas que nos trasladaron, así como cuando practiqué durante horas la meditación mindfulness.

Quizá podría concluir este post con el final de un poema de Mary Oliver que nos leyeron en el curso, y que dice:

“Dime, ¿Qué tienes planeado hacer
con tu única, salvaje y preciosa vida?”

Te traslado esta pregunta para tu reflexión personal.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La fuerza del silencio y de “no hacer”

A primeros de agosto hice un retiro de meditación mindfulness (atención plena) de 5 días. En el retiro practicamos la meditación sentada, en periodos de 30 a 45 minutos, y también la meditación caminando, de forma intensiva durante todo el día. Había momentos para descansar, y cada día la maestra nos daba una charla sobre temas fundamentales, como el origen del sufrimiento, la felicidad, o cómo gestionar nuestros pensamientos y emociones.

No es el primer retiro que he hecho, ni será el último. Porque siempre constituyen para mí experiencias muy profundas y que tienen efectos importantísimos en el largo plazo, aunque no sea siempre consciente. En un retiro de este tipo no se habla, es decir, se hace todo en silencio. Se come en silencio, se camina en silencio, se medita en silencio, se escucha las charlas de la maestra en silencio.

Muchas personas dicen que les parece horroroso estar 5 días sin hablar, ¡¡y desconectado del móvil!!. Yo siempre creo que lo dicen porque no lo han experimentado nunca, ya que el silencio y la desconexión del móvil tiene unas enormes cualidades. Por ejemplo, te convierte en una persona más auténtica. ¿Por qué?

No nos damos cuenta de las máscaras que nos ponemos en nuestra vida para aparentar lo que no somos, para mostrar un personaje a la sociedad que cumpla con sus expectativas, y para complacer las normas y reglas sociales. Todo ello con el fin de sentirnos aceptados y queridos por los demás. En definitiva, sacrificamos la autenticidad por un “seudoamor” distorsionado y falso, en una especie de intercambio perverso que nos lleva a alejarnos cada vez más de nuestro ser.

Y eso lo hacemos, en gran medida, mediante la conversación social: contando nuestra vida, nuestros éxitos y experiencias, opinando, juzgando, comparando, etc. También proyectamos nuestro “personaje” cuando compartimos imágenes de nuestra vida “perfecta” en Facebook, Instagram o Twitter. O cuando hacemos algo sólo para complacer a los demás.

Por tanto, cuando estamos en silencio, no tenemos que hablar ni mostrar ninguna imagen “perfecta” de nosotros. No tenemos que cumplir con las convenciones sociales de tener que hablar, aunque no nos apetezca. Y es realmente liberador. Es muy liberador ser uno mismo, aunque también puede ser aterrador. Porque el silencio y las condiciones de un retiro intensivo de meditación provocan una conexión profunda con uno mismo. Y dicha conexión hace que veamos reflejadas también nuestras carencias emocionales, apegos, resistencias y miedos. Nuestra vulnerabilidad como seres frágiles que somos.

Después de experimentar varios retiros, estoy convencido de que nunca terminamos de conocernos. Siempre quedan cosas que descubrir, explorar, investigar y resolver. El autoconocimiento no tiene límites, y en mi caso, en este retiro he descubierto aspectos de mí que no me gustan, y otros que sí, he conectado con mis cualidades y también con mis debilidades. La clave aquí es permanecer abierto y compasivo con uno mismo y con todo lo que surja en el retiro.

Un retiro, por tanto, es como un viaje, tal y como nos dijo la maestra. Un viaje a nuestro interior, y en dicho viaje hay momentos dulces, y momentos amargos. Yo sentí paz interior, plenitud, felicidad, bienestar, y también miedo, preocupación, ansiedad, impaciencia. Como la vida misma. Sin embargo, al finalizar el retiro, y como siempre me sucede, me sentí eufórico, enérgico, con una enorme claridad mental y motivación para afrontar los desafíos de mi vida. Como decía antes, la experiencia es siempre transformadora. Y el silencio es un elemento esencial para que así sea.

¡No sabemos cuanto necesitamos silencio en nuestras vidas! Vivimos en medio de una sociedad frenética y ruidosa, y muchas veces generamos nosotros mismos ese ruido y ese movimiento sin sentido, porque nos incomoda el silencio y el hecho de parar y “no hacer”. Pero es el único camino hacia la autenticidad y la felicidad verdadera y duradera. Debemos buscar momentos frecuentes y regulares de silencio y de “no hacer”. Esto significa conectar con nuestro ser, al que se accede a través de la meditación mindfulness.

Quizá sea un buen propósito de inicio de curso el hecho de buscar un momento todos los días para “no hacer” nada, para estar en silencio con uno mismo, simplemente para ser. Y no me estoy refiriendo a un momento para sentarse y empezar a planificar, reflexionar, y hacer la lista de tareas. No, no tiene nada que ver con esto. Se trata de lo que promueve el mindfulness: estar presente de verdad con nuestra vida, de forma incondicional, con total aceptación, curiosidad y apertura.

Si ahora no tenemos esos momentos regulares de silencio y de “no hacer”, probablemente nos estemos perdiendo lo más importante: nuestra vida.

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5 claves para escuchar de verdad

¡Qué poco escuchamos a los demás! ¡Cuanto déficit de escucha hay en nuestra sociedad! Y sin embargo, es una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar en nuestra vida. Repasemos en primer lugar sus enormes beneficios:

– Captamos la información importante, lo cual nos lleva a tomar mejores decisiones.
– Detectamos oportunidades que si no escuchamos pasarían por delante de nosotros sin darnos cuenta.
– Promovemos el trabajo en equipo y la colaboración con los demás, porque las personas quieren trabajar con nosotros.
– Entendemos mejor las necesidades de los otros, y por lo tanto, sabemos cómo cubrirlas más efectivamente.
– Si escuchamos de verdad a una persona, estará más dispuesta a escuchar nuestros argumentos y necesidades.
– Nos convertimos en personas más influyentes, tanto en la vida personal como en el trabajo.
– Potenciamos nuestra capacidad de liderazgo.

¿Y entonces por qué no nos esforzamos más por escuchar de forma profunda y atenta? Porque hay diversos elementos que nos distraen, tanto externos como internos. Y quizá porque no somos conscientes del impacto positivo que provocaría en nuestra vida y en nuestra carrera profesional el hecho de desarrollar esta habilidad de la escucha atenta.

Todos hemos experimentado, o lo experimentamos a diario, cómo tratamos de explicar algo a un amigo, a un compañero de trabajo, o incluso a nuestra pareja, pretendiendo que nos escuchen, y terminamos frustrados, tristes o enfadados porque no nos sentimos escuchados. Y es que el sentirse escuchado es una necesidad humana básica y común de todos. Debemos tener siempre muy presente esto: que estamos satisfaciendo una profunda necesidad humana de los demás. De ahí que aumente enormemente nuestra capacidad de influencia y liderazgo.

Pero ¿Cuales son las 5 claves más importantes a la hora de escuchar de verdad a los demás? A continuación te las expongo:

  1. Cuando escuches, sólo escucha. No te pongas a hacer tareas, ni mirar el móvil ni teclear en el ordenador. Todo eso lanza un mensaje nefasto a la otra persona, que interpreta que no te importa nada lo que te está contando, y pierde interés en compartir contigo sus reflexiones o necesidades no sólo ahora, sino para sucesivas ocasiones. La gente deja de acudir a ti para pedirte ayuda, consejo, porque sabe que no la vas a escuchar. Por tanto, escucha sin hacer otras cosas, escucha con toda tu atención y concentración.
  2. Elimina el ruido mental interno. El ruido mental interno es uno de nuestros principales enemigos, porque nuestra cabeza nunca para. El ruido mental implica tus pensamientos, preocupaciones, y también tus juicios, prejuicios y asunciones. Sin darte cuenta, tu mente rápidamente está pensando en otra cosa, y ya has dejado de escuchar. Y cuando prejuzgas, contaminas el contenido de lo que te están contando, y por tanto, terminas escuchando lo que quieres escuchar, no la auténtica información que te están dando. Recuerda, si tu mente está en otro sitio, aunque trates de disimular o asentir con la cabeza, los demás van a notar que no estás presente, que no estás escuchando de verdad. Y su opinión sobre ti se va a volver muy negativa, porque pensarán que no eres una persona centrada, equilibrada emocionalmente, o que eres alguien egocéntrico y poco empático.
  3. Conecta con el ser humano. Evita una escucha robótica, intentando comprender sólo a nivel racional el contenido de lo que te están contando. Ve más allá, interésate por el ser humano, trata de conectar con él, con sus necesidades y emociones. Se trata de una escucha no sólo cognitiva, sino emocional. Este tipo de escucha es la que moviliza a las personas, genera empatía e influencia en los demás, y promueve la colaboración.
  4. No interrumpas. Somos muy impacientes y ansiosos. La prisa y velocidad con la que hacemos todo la llevamos a la escucha, y no somos capaces de esperar a que terminen de hablar. Por tanto, nos impacientamos y empezamos a interrumpir, lo que demuestra una falta total de empatía y de interés por la otra persona. Hay una frase que muestra la esquizofrenia que inunda nuestra sociedad. “Me molesta que me interrumpas cuando te estoy interrumpiendo”.
  5. No dés tu opinión o consejos hasta que no te lo pidan. Nos precipitamos demasiado rápido a dar nuestra opinión, consejo, o a contar nuestra batallita (“Pues a mí me pasó también eso, y fue aún peor…”). Es como si quisiéramos coger el protagonismo de la conversación, o demostrar lo listos y experimentados que somos. El mensaje que estás dando es que eres un egocéntrico, y no te interesa lo que te cuenta la otra persona, sino sólo lo que tú dices o quieres demostrar.

Recuerda: los demás perciben rápidamente cuando no les estamos escuchando con interés. Aquí no vale con aprender una técnica y tratar de disimular y fingir que estoy escuchando, porque los demás se van a dar cuenta, no lo dudes. Si quieres obtener los beneficios enormes de una escucha atenta y empática, que enumeré al principio, no queda otra que entrenar esta habilidad día tras día, en todas las ocasiones que tenga, para ir mejorando y mejorando. Y para ello, puedes centrarte cada semana en una de las 5 claves que he mencionado, para ir entrenando cada semana un aspecto de la escucha plena. No sólo vas a notar el impacto positivo en tus relaciones con los demás, sino también en el trabajo, donde serás una persona más influyente, a la que la gente toma muy en cuenta y escucha con interés sus opiniones. Por tanto, más escucha, más éxito.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El estímulo y la respuesta

En las conferencias y cursos que imparto sobre Mindfulness hay un aspecto que siempre destaco: el estímulo y la respuesta.

En nuestra vida recibimos millones de estímulos a diario, a una velocidad vertiginosa. Estímulos externos o internos. Ejemplos de estímulos externos son un whatsapp, un correo electrónico, un atasco de tráfico repentino, un grito de un compañero o jefe en el trabajo, una crítica o elogio de alguien en una reunión. En cuanto a estímulos internos, me refiero a pensamientos (se dice que llegamos a producir unos 70.000 pensamientos al día), emociones y sensaciones físicas.

Así que junta todo eso y sale un cóctel difícil de digerir para nuestro cerebro. El comportamiento habitual del cerebro es reaccionar automáticamente ante estos estímulos, y en principio esta reacción no está mal. Es más, es un modo de supervivencia y ahorro de energía de nuestro cerebro.

Sin embargo, muchas veces esta reacción automática, sin pensar la respuesta, nos causa enormes problemas personales, estrés, ansiedad y sufrimiento innecesarios. También nos lleva a convertirnos en marionetas de la tecnología, como avisan numerosos expertos en comportamiento humano, ya que reaccionamos a los tentadores estímulos de nuestros dispositivos móviles sin ser conscientes, de forma compulsiva, y muchas veces en situaciones en las que no es apropiado. Por ejemplo, cuando estamos en una reunión de trabajo o en una comida con nuestra familia y recibimos un whatsapp o e-mail. Muchas veces lo leemos e incluso respondemos sin darnos cuenta de que estamos manifestando una falta de interés o de respeto hacia las personas con las que estamos compartiendo ese momento.

En estas situaciones, entre el estímulo y nuestra respuesta no hay un espacio para pensar dicha respuesta. Simplemente, nos dejamos llevar por nuestro inconsciente para responder de forma automática. Y la mayoría de las veces, dicha respuesta automática no es la mejor que podemos dar.

Cuando alguien nos critica o dice algo que nos duele, muchas veces nuestra respuesta automática es atacar y defendernos, generando más conflicto y por supuesto más estrés en nuestra vida. En lugar de parar unos segundos a procesar la crítica o el ataque y pensar la respuesta, nos dejamos llevar por nuestro instinto agresivo.

El piloto automático también nos domina cuando aparecen cambios negativos en nuestro trabajo o vida personal. Aquí aparecen nuestras resistencias y miedos inconscientes, lo que genera una mala gestión de dicho cambio, ya que la mejor forma de manejar una situación de cambio o incertidumbre es abrirse a lo que pueda aportarnos dicha situación, en lugar de rechazarlo o resistirnos a él.

¿Cual es la alternativa? Aprender a generar una pausa o espacio entre los estímulos y mi respuesta, con el fin de pensar antes de actuar, con el objetivo de dar una respuesta más adecuada o positiva frente a ese estímulo. Cuando somos conscientes, somos mejores personas, más responsables, más inteligentes y empáticas. Por lo tanto, cuando generamos ese espacio de consciencia, respondemos desplegando todas nuestras capacidades y habilidades.

Viktor Frankl, famoso neurólogo y psiquiatra, fundador de la logoterapia, sobrevivió durante 3 años a los campos de concentración nazis Auschwitz y Dachau. Después de esta experiencia terrible, escribió numerosos libros en los que reflexionaba sobre el ser humano y el sentido de la vida. Su obra más conocida es “El hombre en busca de sentido”, y en la cual escribe su famosísima reflexión: “Entre el estímulo y la respuesta siempre hay un espacio. En este espacio reside nuestra libertad y nuestra capacidad para elegir la respuesta. Y en esta respuesta reside nuestro crecimiento personal y nuestra felicidad. Siempre podemos elegir nuestra respuesta y nuestra actitud ante las situaciones de nuestra vida, da igual lo críticas o dolorosas que sean.”

Viktor Frankl

Nuestra vida sería mucho más plena y feliz si entrenáramos nuestra capacidad para generar ese espacio entre los estímulos y nuestra respuesta. También tomaríamos mejores decisiones, viviríamos con mucho menos estrés, y proyectaríamos hacia el exterior una imagen de autocontrol y equilibrio emocional. Mantendríamos una actitud más abierta ante los cambios y dificultades de la vida, y evitaríamos la actitud de ataque y defensa automáticos que tantos problemas y sufrimiento nos ocasiona. Y todo ello nos llevaría a una drástica mejora de nuestra autoestima y autoconfianza. Porque simplemente estaríamos dando lo mejor de nosotros, como personas y profesionales.

El mindfulness es una disciplina de entrenamiento mental para generar y aumentar el espacio entre el estímulo y la respuesta. Una forma práctica de lograrlo es con lo que yo llamo la pausa mindfulness. Por ejemplo, imagina que estás concentrado en una tarea importante en tu trabajo y notas cómo el móvil está recibiendo varios e-mails y whatsapps. La pausa mindfulness nos ayudaría a no dejarnos llevar por la tentación de interrumpirnos y consultar dichos mensajes, con el fin de continuar y terminar con la tarea importante.

Otro ejemplo de pausa mindfulness es hacer una parada de un minuto en la mitad de la mañana. Durante ese minuto primero ponemos consciencia en nuestra respiración, observándola, conectando conscientemente con ella. A continuación, ponemos el foco en cómo llevamos los objetivos del día, por si debemos reenfocar nuestra agenda y evitar dedicar nuestro valioso tiempo a las urgencias o temas poco importantes. O también podemos chequear si la tarea que estamos realizando es la más importante en ese instante.

Esta pausa mindfulness nos va a permitir ser más conscientes de la calidad de nuestro trabajo, con el fin de que poco a poco vayamos focalizándonos en lo verdaderamente importante.

Recuerda. En el espacio entre el estímulo y nuestra respuesta está la clave de nuestra libertad y nuestra felicidad. Y todos podemos aprender a generar dicho espacio en nuestra vida y en nuestro trabajo, mediante entrenamiento, compromiso y constancia.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

El feedback en “MasterChef”

El mes pasado impartí una formación para casi 50 Managers de una organización sobre “Líder-Coach” (habilidades de coaching para mejorar su liderazgo). En dicha formación uno de los temas que trabajamos fue cómo dar y pedir feedback efectivo con su equipo, pares, jefes. Las 4 reglas demostradas del feedback efectivo son las siguientes:

1. Descriptivo, no evaluativo. El objetivo de un buen feedback es proporcionar información objetiva, no emitir juicios subjetivos. Este es, según mi experiencia, lo más difícil de conseguir ya que los seres humanos somos máquinas de emitir juicios. Sin embargo, los juicios, cuando son negativos, generan tensión y resistencia, y destruyen la autoestima y la autoconfianza.

2. Frecuente y regular. Debe formar parte del día a día, de la comunicación constante entre Manager y colaborador, para fomentar la mejora continua. No es útil ni efectiva la típica entrevista de evaluación de desempeño, que en la mayoría de las empresas se realiza sólo una vez al año. Esto no sirve de nada.

3. Focalizado en el comportamiento y no en la identidad. Debemos evitar frases como “Tú eres…” porque las personas, cuando damos un feedback negativo dirigido a la identidad, se sienten atacadas. El feedback, siempre enfocado en la conducta.

4. Observable, dando ejemplos concretos para ayudar a entenderlo. Lo mejor para evitar una discusión estéril de quien tiene razón es proporcionar ejemplos reales de situaciones en las cuales la conducta se ha puesto de manifiesto.

Este feedback es efectivo porque consigue el objetivo principal: ayudar a la persona a que libere todo su potencial, a crecer, a aumentar su autoconfianza, su autoestima, lo que le llevará a mejorar su desempeño. Y por supuesto, sólo puede funcionar de verdad cuando es bidireccional. Es decir, cuando el Manager pide proactivamente feedback a su equipo, y lo acepta y agradece, además de intentar trabajar en mejorar los aspectos débiles.

Ahora va mi reflexión. Ayer vi el programa de TVE “MasterChef” (he visto gran parte de los anteriores programas de esta temporada) y volví a quedarme perplejo respecto al feedback que proporcionan los Chefs del programa (Pepe, Jordi y Samanta). Totalmente contrario a los parámetros mencionados anteriormente. Todo son juicios subjetivos, la mayoría negativos y destructivos, sin poner ejemplos concretos, sin mencionar conductas observables (“Esto es una guarrada” “Este plato es propio de MasterChef Junior” “El sabor está malo” son ejemplos de este tipo de feedbak poco concreto y destructivo). La mayoría de las veces ese pseudofeedback se dirige a la identidad de la persona, y en no pocas ocasiones es agresivo, humillante y burlón (anoche uno de los concursantes mencionó que parecía que los Chefs se estaban riendo de ellos, y no le faltaba razón). No es de extrañar que en el programa de anoche terminaran llorando varios concursantes.

No sólo eso, se permiten en numerosas ocasiones amenazar a los participantes con represalias (como ayer) y encima, no permiten que los concursantes les den feedback negativo a ellos como maestros (sólo admiten que les muestren servilismo y admiración), porque por supuesto ellos (así lo demuestran con su conducta) están por encima del bien y del mal. Esto lo que fomenta es un entorno de miedo, en lugar de un entorno de confianza. Y el aprendizaje surge, sin duda, en un entorno de confianza, nunca de miedo.

¿Qué pensaríamos si los profesores de nuestros hijos les dieran ese tipo de feedback en el colegio?  Desde luego, sería totalmente intolerable y probablemente les cambiaríamos de colegio. Ese tipo de feedback humillante, arbitrario, sin ninguna consideración y falto de concreción, es el que proporcionan los Chefs del programa de TVE “Masterchef”. El programa, aparte de este aspecto, me parece muy pedagógico y divertido, pero no debemos olvidar qué es lo que está proyectando al exterior. Me imagino que el espectáculo y el morbo es lo más importante y es prioritario sobre cualquier otra cosa. Pero no creo que sea un buen ejemplo para mostrar, máxime si es desde una televisión pública.

En el programa de ayer, además de este deplorable feedback que destruye la autoestima y la motivación de las personas, y que en absoluto las ayuda a crecer, se fomentó la competitividad insana, a través de pruebas en las que se logró generar mal rollo entre los propios concursantes. Todo ello está muy lejos de fomentar valores como el trabajo en equipo, el respeto, la buena educación y el feedback constructivo. Hubo, para ser justos, excepciones positivas, como cuando los Chefs animaban a los concursantes a probar su propio plato, o cuando les preguntaban directamente qué opinaban de su plato o del plato de un compañero. Pero en general, la tónica fue muy destructiva. De todas formas, MasterChef no es el único ni el primer programa de televisión que fomenta ese tipo de comportamientos y actitudes agresivas. Ni será el último.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.