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5 pautas para ser más eficiente

Cualquiera que sea tu profesión o cargo en la empresa que trabajes, este artículo aplica de forma exactamente igual. Todos queremos mejorar nuestra eficiencia para hacer las tareas del trabajo en menos tiempo y con más calidad. Sin embargo, lo más habitual que escucho a los profesionales en las empresas son frases como “No tengo tiempo”, “Es imposible planificar el día porque siempre me destrozan mi planificación”, “Los imprevistos y urgencias me comen el día”, “Nunca logro dedicar tiempo a mis temas prioritarios”…¿Es necesario que siga?

Todas estas frases tienen algo en común: el victimismo. En lugar de pensar en cómo podría hacer las cosas de otra forma o qué necesito cambiar de mi forma de organizarme, me dejo llevar por la resignación, asumiendo que es imposible que las cosas se puedan cambiar. Y desde luego hay un margen muy amplio de mejora si dejamos de lado el victimismo y la resignación y empezamos a asumir nuestra responsabilidad.  Pero claro, es más cómodo y fácil quejarse, echar balones fuera o culpar a elementos externos de algo que depende de nosotros. Sin embargo, esa actitud derrotista es un veneno que va contaminándonos silenciosa y lentamente, hasta que acaba con nuestro ánimo, energía y motivación. Por tanto, los mayores perjudicados somos nosotros.

A continuación voy a dar 5 pautas para ser más eficientes en el trabajo, que cualquier persona puede aplicar…si quiere:

  1. Haz pausas. Todos los expertos en alto rendimiento dicen que necesitamos parar de trabajar cada hora y media, durante unos 5 minutos, con el fin de rendir al máximo en nuestra jornada laboral. Sin embargo, lo normal es que el estrés nos arrastre y no paremos durante toda una mañana sin respirar, sin descansar, sin parar. A veces estamos sentados en nuestra silla de trabajo durante tres o cuatro horas seguidas, nos duele el culo o la espalda y sin embargo no paramos. La pausa puede ser de varios tipos. Simplemente dejo de hacer lo que estoy haciendo y hago un ejercicio de perspectiva para cuestionarme cómo estoy realizando una tarea, o si puedo delegarla en alguien. También puedo preguntarme si la tarea que estoy haciendo en este momento es la más importante y prioritaria (casi seguro que no) con el fin de refocalizarme. O me levanto y hago unos estiramientos, o doy un pequeño paseo. Lo que vas a notar si haces pausas a menudo en tu jornada es que cada vez que vuelves al trabajo, tu mente está más despejada y puedes concentrarte mucho mejor. Y también, que tienes menos estrés.
  2. No te disperses con la tecnología. Cuando estamos intentando concentrarnos en el trabajo es normal que tengamos el móvil al lado, así que a los pocos minutos vamos a ver que hemos recibido varios whatsapps y entonces lo habitual es lanzarnos a mirarlos, con la ansiedad que nos caracteriza. También los correos electrónicos que van llegando a la bandeja de entrada son una constante fuente de dispersión. Daniel Goleman, en su libro “Focus”, menciona que se han realizado estudios donde se demuestra que cuando estamos concentrados en una tarea y nos distraemos para contestar un correo electrónico o un WhatsApp, tardamos entre 10 y 15 minutos en volver a tener el mismo nivel de concentración que teníamos. Es decir, una enorme pérdida de eficiencia. Lo mejor es dejar el móvil en un cajón y cerrar el correo electrónico cuando queramos realizar una tarea con la mayor concentración. Y dedicar tiempos concretos y previamente establecidos para consultar los mensajes tanto profesionales como personales.
  3. Márcate objetivos muy realistas. Es también típico del ser humano querer abarcar más de lo que razonablemente puede. O lo que es lo mismo, plantearse objetivos inalcanzables, sencillamente porque no prevemos que un alto porcentaje del día se va en imprevistos y urgencias. Esto hay que asumirlo y aceptarlo positivamente, como algo natural. Lo contrario sería rigidez mental ante los cambios y la incertidumbre de nuestro mundo. Lo que recomiendo es planificar cada día en función de lo que preveamos que pueda llegar a ser. Normalmente sabemos si un día va a ser muy complicado de reuniones y temas urgentes, o bien va a ser un día en principio más tranquilo. En los días tranquilos, aun así, dejemos un margen amplio porque también surgirán imprevistos, y marquémonos un par de objetivos muy, muy realistas. Por supuesto, esos objetivos deben ser importantes para nosotros. Y durante ese día, mantengamos la atención para completarlos o al menos, avanzar en ellos. Si haces esto, junto con el resto de pautas, seguro que muchos días empezarás a comprobar que sí es posible lograr avanzar o terminar acciones y objetivos que consideras importantes para tu trabajo o responsabilidad.
  4. Ocúpate y no pospongas. Otro mal hábito en el que somos expertos es el de posponer las acciones, objetivos o tareas que nos dan pereza o que nos resultan incómodas o difíciles (una conversación, una tarea larga). Debemos dejar de jugar como los niños y ponernos serios con nosotros. Eso significa no permitirnos posponer esas tareas u objetivos importantes, y ocuparnos de ellos inmediatamente, sin pensar en ello. Cuando no nos ocupamos de las cosas importantes, lo que hacemos es preocuparnos por ellas, que es muy distinto. Preocuparse es estresante, genera ansiedad y desgasta nuestra energía. Preocuparse es totalmente inútil y destructivo. Y además, es incompatible con ocuparse. Así que deja de posponer y ocúpate ya: toma esa decisión, afronta aquella tarea, etc.
  5. Pon límites a los demás. Por último, nuestra eficiencia es bajísima porque el miedo a tener un conflicto o un problema en el trabajo provoca que no pongamos límites a los demás, y digamos sí a todo lo que nos piden o exigen. Aunque nos cueste, debemos aprender a decir no, porque esto incide directamente en el respeto que nos tendremos a nosotros mismos, y también en el respeto que nos tendrán los demás. Si no ponemos límites, nos saturaremos de trabajo y dejaremos de hacerlo con calidad y atención, cometeremos más errores y estaremos estresados todo el día. Ojo, que esto muchas veces es algo auto impuesto por nosotros, nadie nos está exigiendo las cosas para ya, y somos nosotros quienes nos montamos la película de que si no hacemos una tarea que nos han pedido de inmediato, nos van a despedir o algo parecido.

La alta eficiencia no es fácil. Nadie dijo que era algo sencillo, aunque sí es posible alcanzarla si uno trabaja en estos 5 puntos con paciencia y constancia. Dejemos de poner excusas y pongámonos serios con nosotros mismos. La recompensa por este esfuerzo es elevadísima. Tendremos más tiempo para descansar,  más tiempo para disfrutar de nuestras actividades de ocio o con nuestra familia y amigos. Nuestra autoestima subirá notablemente, al percibir que podemos lograr lo que nos proponemos, y la calidad de nuestro trabajo mejorará porque estaremos más enfocados en lo verdaderamente importante. Habremos tomado las riendas de nuestra vida y dejaremos de ser marionetas de las urgencias, de los imprevistos, de los caprichos de los demás y de nuestros propios miedos.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

By |Mayo 10th, 2017|Sin categoría|0 Comments

Resiliencia y mindfulness

El conocido neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, que superó el trauma de los campos de concentración nazis, incluyendo la matanza de sus padres, define el concepto de resiliencia como la capacidad para superar situaciones o experiencias dolorosas y traumas, saliendo fortalecido de ellos.

Es interesante la diferencia que hace Cyrulnik entre el concepto de resistencia y el de resiliencia. Resistencia sería la capacidad de mantenerse firme y fuerte en el momento de sufrir la situación traumática o dolorosa. Sin embargo, el hecho de mantenerse fuerte en ese momento crítico no significa que lo superes en tu vida, no significa que ese hecho no deje secuelas y consecuencias emocionales posteriores que condicionen tu vida. Aquí entra el concepto de resiliencia, que tiene que ver más con el post-trauma, es decir, con la capacidad de superar esa situación dolorosa después de haberse producido y además salir fortalecido, y crecer gracias a la experiencia.

Un ejemplo fácil de entender es el de los soldados cuando luchan en una guerra. Hay soldados que son muy valientes y resistentes psicológicamente, pero que después del conflicto, cuando vuelven a su vida normal, se hunden a nivel emocional. El caso de los resilientes es el de un soldado que, independientemente de lo valiente y resistente que haya sido en el conflicto, cuando vuelve es capaz de rehacer su vida, de superar los traumas de la guerra y salir fortalecido psicológicamente. Por tanto, la resiliencia podría resumirse en dos palabras: Superarlo y Crecer, o Superarlo y Ganar.

En el mundo empresarial del siglo XXI, que se ha definido por los gurús como VUCA (volátil, incierto, complejo y ambigüo), la resiliencia es algo fundamental. Salvando las distancias con respecto a eventos extremos como los mencionados, en la vida o el trabajo las personas se enfrentan a situaciones difíciles o incluso traumáticas como la muerte de un familiar muy cercano, el despido de tu puesto de trabajo, una enfermedad grave que te diagnostican, o simplemente la presión de los objetivos en el trabajo mes a mes. Y en esas situaciones la persona resiliente es más capaz de superarlas y salir fortalecido de ellas.

Una de las claves para desarrollar la resiliencia es reconocer la realidad y aceptarla. La razón por la cual no superamos situaciones graves y dolorosas es porque las negamos y además las rechazamos como injustas, anclándonos en estados emocionales negativos como el resentimiento. En definitiva, no hemos pasado página. Otra de las claves de la resiliencia es ser capaces de “ver” más allá de una experiencia difícil y dolorosa, detectando las oportunidades de aprendizaje y crecimiento. Esto sólo lo podemos lograr si abrimos nuestra mente, con una visión “out of the box”.

Pero ni la aceptación ni la apertura mental son algo fácil y rápido de conseguir, porque requieren un cambio en nuestro cerebro a nivel inconsciente y en gran parte emocional. ¿Y cómo se pueden desarrollar estas capacidades, relacionadas con la resiliencia, a nivel inconsciente? ¿Existe una herramienta para ello? Sí existe y se llama Mindfulness (atención plena), como se evidenció en una investigación en 2014 de la Universidad de California y la Escuela de Medicina de San Diego, en la cual un grupo de soldados marines estadounidenses incrementaron su resiliencia y su capacidad de recuperarse positivamente de experiencias estresantes relacionadas con su participación en la guerra, después de un entrenamiento basado en la metodología mindfulness.

El mindfulness es un entrenamiento mental a través del cual desarrollamos todo el potencial de nuestro cerebro. Para explicar de forma fácilmente recordable la esencia de dicho entrenamiento, he creado el modelo mnemotécnico de las 6 As (AAAAAA). Dirigir la Atención al Aquí y Ahora, con una actitud de Apertura, Aceptación y Amabilidad. A Continuación desarrollo las 6 As:

A: Atención. Aprendemos a través del entrenamiento mindfulness a dirigir y focalizar conscientemente nuestra atención, evitando que la mente se distraiga y divague.

A: Aquí. Focalizamos la atención en el lugar donde estamos en este instante, ya que no existe otro lugar que aquí.

A: Ahora. Focalizamos la atención en el momento presente, porque no hay otro momento que este (Carpe diem). Esto implica no engancharse a los pensamientos sobre el futuro y el pasado.

A: Apertura. Es una atención abierta, curiosa, en la cual evitamos juzgar las experiencias, y evitamos contaminarnos por ideas preconcebidas, prejuicios, etc. como si volviéramos a percibir las cosas con la mente de un niño.

A: Aceptación. Entrenamos la cualidad de aceptar lo que “es”, sin querer cambiar la experiencia, sin esperar un resultado determinado, aceptando también lo desagradable o incómodo que aparezca, y no rechazándolo.

A: Amabilidad. Desarrollamos la compasión y amabilidad con nosotros, combatiendo nuestra tendencia habitual a tratarnos dura y agresivamente, a juzgarnos y reprocharnos nuestros errores y decisiones.

A través del mindfulness, entrenamos al cerebro para que aprenda a relacionarse con todo tipo de experiencias de un modo más productivo, incluyendo las experiencias dolorosas. El mindfulness desarrolla la habilidad en el cerebro de aceptar toda experiencia como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento. Y dejamos de estar condicionados por nuestros hábitos mentales: juicios, expectativas, deseos, torturarse por hechos del pasado (que se llama rumiación), generarse ansiedad por acontecimientos del futuro que aún no han sucedido (llamado pre-ocupación). Todos estos hábitos de la mente nos generan, sin darnos cuenta, mucho sufrimiento, ansiedad y estrés.

En este sentido, es muy interesante el trabajo de investigación que lleva realizando desde hace más de 30 años el Center for Mindfulness de la Universidad de Massachusetts respecto a la efectividad del Mindfulness para aprender a manejar el estrés y la ansiedad, y el Centro de Mindfulness de la Universidad de Oxford relacionado con la eficacia del mindfulness para prevenir y superar la depresión. El mindfulness, cuando se practica con regularidad, cambia la fisiología del cerebro, activando el cortex prefrontal izquierdo, relacionado con un aumento de emociones positivas, y reduce la actividad de zonas cerebrales relacionadas con la depresión (el lóbulo temporal derecho), el miedo o la rabia (la amígdala).

En el libro “El camino del Mindfulness”, John Teasdale, Mark Williams y Zindel Segal, investigadores y responsables del programa de mindfulness de Oxford, describen 7 cambios claves que se producen en las personas que integran el mindfulness como una práctica regular:

  1. De vivir con el “piloto automático” a vivir de manera consciente y atenta.
  2. De hurgar en el pasado (rumiar) y en el futuro (pre-ocuparse) a estar plenamente en el momento presente.
  3. De condicionar la experiencia a través de la mente (con juicios, recuerdos) a sentir la experiencia directamente.
  4. De intentar evitar y escapar de las experiencias poco agradables a acercarse a ellas con curiosidad.
  5. De querer que las cosas y las personas sean diferentes a aceptar las cosas tal y como son.
  6. De creerse todos los pensamientos como si fueran la verdad absoluta, a verlos como simples interpretaciones o fenómenos mentales pasajeros, que no tienen por qué corresponder con la realidad.
  7. De tratarse a uno mismo duramente a tratarse con amabilidad, compasión y aceptación.

Podemos intuir claramente que las personas resilientes han aprendido a desarrollar estos comportamientos y actitudes como hábitos, que son las que se logran a través del entrenamiento mindfulness. ¿Qué impacto tendría en nuestra vida si desarrolláramos estos 7 hábitos del mindfulness? ¿Seríamos más felices? ¿Nos iría mejor también en nuestra carrera profesional? A mí no me cabe la menor duda.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 8 comportamientos del Líder-Coach

Esta semana he presentado un proyecto de programa formativo “Líder-Coach” para una empresa cliente con la que estamos trabajando en Execoach desde hace un año. El objetivo es formar a un grupo de directivos y mandos intermedios de la empresa en habilidades de liderazgo basadas en la metodología y filosofía del coaching.

En la presentación, les hablé de la conocida metáfora de la bellota y el roble. Una bellota, a primera vista, nos puede parecer fea y pequeña, pero es interesante recordar que si a esa bellota la cuidamos y la alimentamos proporcionándole agua y luz, poco a poco irá creciendo y convirtiéndose al cabo de unos años en un roble fuerte y majestuoso. Es decir, toda bellota tiene el potencial de convertirse en un roble.

Con las personas ocurre lo mismo. Muchas hemos sido, o hemos creído ser una bellota fea y pequeña. Yo mismo hace doce años tenía ese concepto de mí. Creía que no servía para mucho, y que era una persona débil y fracasada. Entonces descubrí el coaching, y decidí certificarme como coach profesional, y eso cambió mi vida. Poco a poco fue cambiando el concepto que tenía de mí, y también cambió la manera de observar el mundo. Con los años he ido consolidando la idea de que podía convertirme en un fuerte y majestuoso roble. De hecho, hoy puedo decir que me siento así, siento que he desplegado profundamente muchas de mis capacidades y habilidades, que estaban dormidas u ocultas en algún rincón oscuro de mi interior. Esto es aplicable a cualquier persona.

Cuando interiorizas la filosofía del coaching, te das cuenta de que no sólo tú tienes un roble dentro de ti, lo creas o no lo que creas. También lo tienen los demás, cualquier persona con la que te cruces. La clave es conectar con ese potencial y esa grandeza que toda persona tiene en su interior, para empezar a desarrollarla y desplegarla, como hace el buen jardinero que va alimentando y cuidando la bellota hasta que se convierte en el roble. En ese sentido, un buen líder cree en ese talento dormido en las personas, y basado en esa creencia, insiste en ayudar a sus colaboradores para que descubran y despierten esa grandeza.

 

¿Y cómo lo hace un líder-coach? Voy a enumerar los 8 comportamientos clave para desarrollar el potencial de una persona:

  1. Cuestiona tus “verdades” y creencias limitantes.
  2. Enfócate más en las personas que en las tareas.
  3. Conviértete en un Jefe Desarrollador de Personas y no un Jefe Solucionador o Papá-Jefe.
  4. Utiliza las preguntas poderosas del coaching para empoderar a las personas, en vez de dar órdenes o darles la solución.
  5. Escucha para comprender, y no para intentar convencer.
  6. Reconoce y felicita regularmente el esfuerzo y la actitud de tu equipo.
  7. Da y pide feedback de forma frecuente a tu equipo para promover la mejora continua.
  8. Desafía a tus colaboradores para que salgan de su zona de confort.

Todas estas conductas no son fáciles, porque lo fácil y rápido a corto plazo es decir a mi equipo lo que tiene que hacer y cómo. Lo fácil es que no te cuestionen como jefe. Lo fácil es no escuchar para no tener que cambiar la opinión o decisión. Lo fácil es no pedir feedback porque te pueden decir cosas que no te gusten, etc.

Convertirse en un auténtico líder-coach requiere entrenamiento y formación, paciencia y coraje. Tenemos que formarnos y aprender una nueva forma de tratar con las personas. No sólo con los colaboradores, sino con nuestros pares o jefes, el coaching es totalmente aplicable en todo tipo de relaciones profesionales. Sin embargo, el esfuerzo es imprescindible, porque las personas de las nuevas generaciones necesitan y exigen un nuevo estilo de liderazgo, alejado de la jerarquía, el autoritarismo y el paternalismo.

Como dije en la presentación a mi cliente, introducir este tipo de entrenamiento basado en el coaching en una empresa supone un cambio cultural muy profundo, que tiene que ver con una nueva forma de liderar, una nueva manera de hacer las cosas, un nuevo modo de trabajar con las personas para sacar lo mejor de ellas, todo el talento que tienen. Y esto también requiere compromiso, fe en la metodología del coaching, paciencia y constancia. Porque un cambio cultural puede requerir varios años de trabajo constante en una misma dirección.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

CARPE DIEM. Vive el momento presente.

La vida es corta. La vida se pasa en un suspiro. ¿Somos realmente conscientes de que dentro de unos cuantos años habremos desaparecido por completo? No lo creo. Sin embargo, nuestra vida sería mucho más plena y feliz si lo recordáramos más a menudo. En mi caso, la certeza de que voy a morir, la seguridad de que mi vida tiene fecha de caducidad me activa, me pone las pilas. Y entonces dejo de perder energía en pequeños problemas, y me focalizo en lo importante de mi vida.

Elisabeth Kübler Ross, autora del maravilloso libro “La rueda de la vida”, después de su larga experiencia atendiendo a enfermos terminales, decía que las personas que están a punto de morir fueron las que más le enseñaron sobre la vida. Todos conocemos casos reales en los que un problema grave de salud cambia la perspectiva de una persona, y por supuesto, sus prioridades.

Yo mismo tuve esa experiencia dolorosa, pero imprescindible, hace 12 años cuando me diagnosticaron un angioma en el cerebro, con sus potenciales conscuencias. De pronto experimenté mi fragilidad como ser humano, mi total vulnerabilidad. Y la certeza de que en un instante toda mi vida, mis esfuerzos, mi sufrimiento y mi felicidad podían desaparecer por completo. Después del shock que sentí y del periodo de adaptación psicológica que necesité realizar, me di cuenta de que mi perspectiva sobre las cosas había cambiado. De pronto, casi nada me parecía importante, empecé a relativizar todo y me sentí mucho más ligero. Ese estado mental me permitió tomar algunas de las mejores decisiones de mi vida y de mi carrera profesional.

Seguramente has visto la famosa secuencia de la película “El club de los poetas muertos” en la que el profesor Keating anima a sus alumnos a vivir la vida intensamente, mientras les enseña las fotografías de antiguos alumnos que ya fallecieron hace años. Y les transmite la filosofía del Carpe Diem, es decir “Vive el momento”. Esto, por cierto, es lo que nos enseña la práctica de la meditación: sólo existe este momento, ya que todo lo demás son creaciones mentales pasajeras y sin solidez. Preocupaciones del futuro que luego se desvanecen, pensamientos sobre acontecimientos del pasado que ya no volverán…Por lo tanto, vivamos este momento con la máxima plenitud. Y el siguiente. Y el siguiente.

Sin embargo, Carpe Diem se puede interpretar de manera irresponsable. Y utilizarlo como excusa nihilista para actuar sin freno ni límites, haciendo daño a los demás. Como no hay que preocuparse por nada del futuro, la excusa sería gastar todo nuestro dinero en nuestros caprichos, irnos constantemente de vacaciones, dejar nuestro trabajo y dedicarse a disfrutar de la dolce vita, o en casos más extremos podría servir de justificación para robar, contaminar el medio ambiente o incluso asesinar a otro ser humano. Esta interpretación distorsionada nos llevará a la autodestrucción y a una vida superficial y sin sentido.

No. Carpe Diem es aprovechar el momento presente con responsabilidad. Significa conectar con la auténtica vida para saborearla al máximo, y como consecuencia, cuidarla en todos los aspectos. El hecho de vivir el presente con intensidad no significa que nos olvidemos de planificar el futuro ni de reflexionar sobre nuestro pasado. No significa que nos dejemos llevar compulsivamente por nuestros deseos y caprichos. Se trata de evitar ser prisioneros de nuestros objetivos como si fueran el Santo Grial, y de evitar el aplazamiento constante de nuestra felicidad para otro momento. Esa tendencia a creer que: “Seré feliz cuando me vaya de vacaciones…” o “Seré feliz cuando esta persona cambie…” o “Seré feliz cuando por fin me cambie de trabajo”… Y así vamos aplazando la felicidad hasta que nos damos cuenta que hemos echado a perder nuestra vida…El único momento para empezar a ser feliz es este instante. Ahora mismo.

Por otro lado, el presente es perfecto porque nos da la lección que necesitamos en todo momento. Sin duda, siempre es una lección que necesitamos aprender para vivir con más plenitud nuestra vida, aunque nos duela mucho.

El poder de conectarnos con el ahora es inmenso y puede transformar nuestra vida totalmente. Es un auténtico despertar a otra forma de vivir la vida, con más libertad y consciencia. Rápidamente nos sentiremos más relajados, más ligeros al habernos quitado todas las mochilas del pasado y del futuro que tanto nos condicionan, y seremos conscientes de innumerables matices y detalles de la vida que se nos escapan de forma alarmante en el estado de inconsciencia en el que vivimos.

Por cierto, ¿Dónde estás en este momento, mientras lees este post? Da igual. Estés donde estés, este es tu momento para empezar a vivir de verdad. Carpe Diem.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Propósitos de nuevo año: ¿Cuantos lo consiguen?

¿Te has preguntado qué porcentaje de personas no cumplen sus propósitos de nuevo año? Cada vez que hago esta pregunta en la parte final de los cursos de Mindfulness que imparto en numerosas empresas, todos los participantes responden, entre sonrisas irónicas, que entre un 90% y un 99% no cumplen sus propósitos de nuevo año…

En Reino Unido se realizó esta misma pregunta a 3000 personas, y un 88% reconocieron que no habían cumplido sus propósitos de inicio de año. Es abrumador y realmente triste que prácticamente el 90% de la población no consiga sus objetivos. Entonces, ¿Para qué nos marcamos, año tras año, nuevos objetivos? ¿Para fracasar y sentirnos mal con nosotros mismos? Porque esta es la consecuencia de fracasar. Nos frustramos y desmotivamos, y eso nos lleva a pensar que no tenemos fuerza de voluntad, que no somos capaces, y cosas por el estilo que poco a poco van hundiendo nuestra autoestima. Es decir, es más serio de lo que parece.

Pero ¿Cual es la razón principal que declararon ese 88% del estudio? El motivo fundamental es que nos marcamos hitos demasiado ambiciosos a corto plazo. O dicho de otro modo, somos demasiado impacientes y poco realistas. Así que ¿Por qué no adoptamos la estrategia contraria? Es decir, marcarnos objetivos muy pequeños y poco ambiciosos al principio, y cuando los tengamos consolidados, continuamos avanzando y aumentando la dificultad de los mismos.

Lo más normal es que, si adoptamos esta estrategia de “pasitos pequeños constantes”, vayamos logrando pequeños éxitos, lo cual nos va a proporcionar motivación y autoconfianza, lo que desembocará en pensamientos positivos sobre nosotros (justo el proceso contrario al que describíamos anteriormente, tan destructivo e inútil). Es decir, se trata de jugar con una red de seguridad, de garantizarnos la imposibilidad de fracasar, y de ir aumentando nuestra autoestima poco a poco, pero de forma sólida.

El gurú del crecimiento personal Anthony Robbins dijo: “Nos subestimamos respecto a lo que podemos lograr en el largo plazo, y nos sobreestimamos respecto a lo que podemos conseguir a corto plazo”. Totalmente de acuerdo. Si no queremos formar parte de la legión de personas que se sienten fracasadas por no lograr, año tras año, sus propósitos de inicio de año, probemos por una vez la estrategia contraria a la habitual. Empecemos dando un pasito, y convirtámoslo en un hábito sólido antes de dar el siguiente pasito, y así sucesivamente.

Es mucho más fácil generar un hábito realizando avances pequeños y fáciles. Es la filosofía del Kaizen, metodología de origen japonés de hace 500 años, que luego se exportó a Occidente y al mundo empresarial con notable éxito (en la segunda guerra mundial, en la cadena de montaje de las fábricas de Toyota, en los procesos de calidad empresariales mediante la mejora continua…).

Además del kaizen (mejora continua a través de pequeñas mejoras o pasitos), es importante tener en cuenta que el cerebro funciona por repetición. Es decir, cuando queremos incorporar una acción o conducta como un hábito, debemos repetir dicha acción una y otra vez, hasta que nuestro cerebro ha generado las suficientes conexiones neuronales como para automatizarlo y pasarlo al inconsciente. Relacionado con esto, tenemos la teoría, validada por diversos estudios, de los 21 días consecutivos de media. Es decir, que para generar un hábito, debes repetir la misma acción unos 21 días consecutivos. Fue William James, el padre de la psicología moderna, quien defendió por primera vez esta teoría.

Si mezclamos el kaizen con la repetición de la conducta, es evidente que es mucho más fácil repetir 21 días consecutivos una acción sencilla y pequeña que una ambiciosa y compleja. Muchas personas empiezan con mucha fuerza con sus propósitos, pero luego se van deshinchando por el camino hasta que, pocos meses después, han vuelto al inicio. La razón es que es muy complicado repetir 21 días consecutivos un cambio demasiado grande. Sencillamente, al cerebro le cuesta enormemente sostener todo ese tiempo un gran cambio.

Conclusión. No tengas prisa ni impaciencia. Empieza poquito a poquito, márcate hitos totalmente alcanzables, incluso ridículamente sencillos y fáciles de conseguir. Y cuando notes que están consolidados, subes el siguiente escalón para consolidarlo de nuevo a través de la repetición. Aunque te parezca un proceso lento, te aseguro que no lo es. En poco tiempo te encontrarás inmerso en una nueva realidad, que te dará una gran confianza y motivación, que se extenderán a todas las facetas de tu vida y de tu trabajo. Y ya pertenecerás al selecto 20% de personas que sí logran sus propósitos de inicio de año.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La comunicación que soluciona conflictos

Todos tenemos conflictos en nuestras vidas o trabajos. Los conflictos son inevitables, e incluso a veces son necesarios para aclarar situaciones, resolver viejas heridas, o mejorar relaciones. Pero ¿Sabemos cómo resolverlos de forma positiva?

En general, solemos hacer lo contrario: aumentar el conflicto hasta límites totalmente innecesarios, lo que genera un gran sufrimiento y estrés en nosotros y también en los demás. El ser humano es paradójico y contradictorio, y es habitual que se haga daño a sí mismo y a sus seres queridos, consciente o inconscientemente. En primer lugar, identifiquemos algunos grandes enemigos de la resolución positiva de conflictos:

  • Orgullo mal entendido. Si crees que te han herido, tu objetivo inconfesable será vengarte y tratar de humillar o dañar a la persona que te ha herido. Tu objetivo no será resolver el problema, sino devolverle la afrenta a la otra persona.
  • Falta de empatía. Ir a resolver un conflicto en un momento poco oportuno, por ejemplo cuando la persona tiene prisa o está estresada por otros motivos. Esto es falta de empatía porque no te planteas las necesidades de la otra persona. Otro ejemplo de falta de empatía sería “vomitar” lo que quieres decirle sin haberle preguntado y escuchado antes.
  • Ideas de poder falsas. Hay determinados roles en los que confundimos autoridad con autoritarismo, respeto con poder. Por ejemplo, cuando somos responsables de un equipo, pensamos que ellos deben obedecernos y hacer lo que dice “el jefe”. De lo contrario, pensamos que no nos respetan. Otro rol en el cual nos confundimos con la idea del poder es el de padres, porque nos ponemos en un nivel de superioridad respecto a nuestros hijos, y asumimos que podemos imponerles las conductas o actitudes. Esta cultura es la del miedo, que no genera una mejora sostenible.
  • Querer tener la razón. Una vez escuché la frase “En la vida tenemos que elegir: tener razón o ser felices” y me impactó. Lo cierto que es que querer imponer al otro nuestra “verdad” es algo muy perjudicial para resolver un conflicto, ya que la otra persona también tiene su visión de la situación. Más veces de las que creemos nuestro objetivo principal es que nos dén la razón, con el único fin de satisfacer a nuestro ego.

Dicho esto, a continuación voy a exponer 5 aspectos fundamentales para comunicarnos con más efectividad e influencia, de manera que podamos resolver y prevenir nuestros conflictos vitales de un modo productivo y positivo.

  1. Elige un buen momento para ti (en el que estés sereno/a y tranquilo/a) y sobre todo, comprueba que es un buen momento para la otra persona para hablar y abordar el conflicto. Incluso pregúntale “¿Es un buen momento para hablar?” Si te dice que no, acéptalo y pregúntale cuando podéis hablar. Esto es demostrar empatía.
  2. Evita totalmente los reproches, juicios, culpabilizaciones o ataques personales. Lo único que vas a conseguir es que la otra persona se cierre y bloquee su escucha a lo que quieras decirle en el futuro. Nunca vas a resolver un conflicto con esa estrategia. Más bien al contrario, vas a empeorarlo, muchas veces dañando la relación con esa persona de forma irreversible.
  3. Plantea los hechos, de forma lo más objetiva posible, y verifica con la otra persona su versión de los mismos hechos, para llegar a un entendimiento y a un acuerdo sobre ello. Si hay algo en lo que tengáis perspectivas distintas, manifiesta tu respeto sobre su visión sin dejar de exponer la tuya.
  4. Mantén siempre presente tu objetivo de resolver el conflicto. Es fácil enredarse cuando la otra persona reacciona de forma agresiva y empieza a dispararnos con ataques personales o reproches. La clave para mantener el control emocional es recordar en todo momento qué quieres lograr con esa comunicación. ¿Es vencer al otro? ¿Es humillarle? ¿Es demostrarle que tienes razón? ¿O es entenderte con ella y llegar a acuerdos con los que os sintáis cómodos ambos?
  5. Interésate por las necesidades y emociones de la otra persona. Normalmente cuando estamos enfadados con alguien lo único que creemos que debemos hacer es manifestar nuestro enfado criticando a la otra persona. Y no nos preocupamos en absoluto de sus motivaciones y sentimientos, lo cual es esencial para que derribe sus barreras y desactive su actitud defensiva y agresiva. Escucha, escucha y escucha.

Hay muchas personas que confunden la agresividad con la asertividad (o lo que es lo mismo, la sinceridad empática). Ser agresivo es decir lo que piensas aunque no sea el momento adecuado, aunque sea gritando, aunque sea juzgando y reprochando al otro. Mientras que ser asertivo o empáticamente sincero es decir lo que piensas, necesitas y sientes de forma clara pero sin juzgar ni atacar a la otra persona, buscando el momento adecuado para la otra persona, sin gritar ni elevar el tono de voz, y por supuesto, interesándote por entender su “versión” de los hechos, sus necesidades y emociones.

Mi recomendación es que no intentes cumplir a la perfección con todo esto desde el primer momento, sino darte la oportunidad de ir mejorando poco a poco tu comunicación, aprendiendo de los errores que sin duda vas a seguir cometiendo. Lo peor de todo sería convertirte en un cínico que piensa que hay que decir las cosas tal cual las pensamos sin ningún tipo de filtro, y que lo planteado en este artículo es hipocresía o tonterías que están de moda.

Sin duda, si esa es “tu verdad” vas a sufrir mucho, y vas a hacer sufrir mucho a los demás. Y poco a poco, notarás cómo cada vez más personas de tu vida o trabajo, algunas de ellas las más importantes, se van progresivamente alejando de ti, dejando de contarte sus cosas, y manteniendo una distancia prudencial. En ese momento, te habrás quedado solo/a, aunque ni siquiera te des cuenta ni entiendas por qué.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

Los 3 hábitos tóxicos de la mente

Una mente no entrenada se convertirá casi con seguridad en nuestro peor enemigo. Sin embargo, una mente bien entrenada se convertirá en el mejor de nuestros amigos. Uno de mis grandes objetivos es enseñar a los demás lo que yo mismo he aprendido sobre el funcionamiento de la mente. Porque es una máquina impresionante si la sabemos utilizar y manejar. Y la única forma de dominar a la mente es conociéndola y entendiéndola.

Uno de los aspectos esenciales para conocer la mente son los comportamientos repetitivos o patrones, que hemos aprendido desde que nacemos y que sin embargo, nos generan un enorme sufrimiento sin ser conscientes. Es decir, los hábitos mentales tóxicos. Yo destacaría ahora mismo tres fundamentales:

  1. Juicios o prejuicios. Somos máquinas de emitir juicios y prejuicios de forma permanente. De alguna forma emitir juicios no es siempre malo, y de hecho, son necesarios para guiarnos en la vida, y no cometer errores del pasado. Sin embargo, ¿Cuantos errores cometemos también por dejarnos llevar por dichos juicios o prejuicios? ¿Cuantas oportunidades o experiencias nos estamos perdiendo en la vida o el trabajo por dejarnos condicionar por esos juicios? Los juicios contaminan la experiencia tal como es, y seremos muy ingenuos si pensamos que estamos realmente viendo y experimentando la realidad tal como es. En realidad filtramos con las gafas del juicio toda experiencia, hasta el punto que nos alejamos de la verdadera vida si no nos damos cuenta de esto.Un ejemplo de cómo los juicios nos perjudican es cuando alguien nos está contando algo, y nosotros nos creamos inmediatamente nuestra idea preconcebida de lo que nos cuenta, y en ese instante ya hemos dejado de escuchar a la persona. Los juicios, además, generan mucho más estrés en nosotros de lo que imaginamos. En el momento en que decimos “Es una situación horrible” o “Mi compañero es un hipócrita” estamos generando una tensión innecesaria, además de estar filtrando la realidad de modo totalmente subjetivo. Los juicios y prejuicios cierran nuestra mente progresivamente hasta convertirnos en personas rígidas y sin empatía.
  2. Las expectativas. También estamos fabricando expectativas de manera constante sobre absolutamente todo. “Seguro que me va a salir muy bien el examen porque me he esforzado mucho”, “Espero disfrutar mucho y relajarme en las vacaciones”, “Seguro que en esta fiesta voy a disfrutar muchísimo”, “Espero que me aumenten el sueldo este año” son expectativas. ¿Qué nos provocan normalmente estas expectativas? ….Frustración y decepción. Porque un altísimo porcentaje de las situaciones de la vida no son como lo habíamos imaginado, no son tal y como esperábamos que fueran. Por tanto, una persona que no domine esta generación automática y constante de expectativas está garantizándose sufrimiento y frustración para toda la vida. ¿Merece la pena? ¡Ojo! Digo lo mismo que con los juicios: no es que sea malo, en esencia, generar expectativas. Lo negativo y tóxico es no ser consciente de este hábito mental y por tanto, estar esclavizado por él. Y eso es lo que le ocurre a la mayoría de las personas, que no son conscientes de cómo las expectativas están generando una y otra vez frustración, enfado, desengaño, y destrucción de su autoestima.
  3. Los deseos. La sabiduría ancestral budista se centra en este hábito mental de forma muy especial, hasta el punto de definirlo como la principal fuente del sufrimiento humano. Estaremos de acuerdo en que también emitimos deseos constantes sobre todo, tanto positivos como negativos. Es decir, “deseo tener un nuevo móvil”, “deseo que no me despidan”, “deseo no sentir dolor de cabeza”, “deseo que nos concedan el proyecto”, “deseo que mis hijos me escuchen”, “deseo que mi pareja haga lo que yo quiero”, etc. Somos adictos a desear experiencias, vivencias y sensaciones agradables, y a no desear (o a sentir aversión por) experiencias y sensaciones desagradables. Y la adicción nos resta libertad. El deseo tiene una implicación tóxica: el querer que la realidad sea de una determinada manera, es decir, supone un intento por nuestra parte de manipulación de la vida, algo imposible y condenado al fracaso inevitablemente. Y ese fracaso implica infelicidad, contracción y estrés.Por supuesto, hay deseos tremendamente positivos y necesarios, como cuando queremos mejorar como personas, cuando queremos desarrollar alguna habilidad nueva, o potenciar nuestra carrera profesional, o mejorar cualquier aspecto de nuestra vida. Estos deseos nos ayudan a crecer y a salir de nuestra zona de confort. Sin embargo, si nos apegamos demasiado a dichos deseos, si hipotecamos nuestra felicidad a la consecución de dichos objetivos, estaremos siendo esclavos de nuestros deseos y objetivos. Y esto tiene que ver con dejar de ser libres.

Como conclusión a este repaso, es imposible dejar de emitir juicios, deseos y expectativas. Porque es algo que nuestra mente ha aprendido e interiorizado de forma inconsciente, y además los 3 hábitos a veces nos ayudan y benefician. Sin embargo, debemos permanecer muy atentos y despiertos a las consecuencias de dejarnos arrastrar constantemente por ellos, porque de lo contrario viviremos una vida sin libertad, presos de dichos hábitos que en muchísimos momentos son tremendamente tóxicos, nos alejan de la auténtica vida, cierran nuestra mente, eliminan nuestra flexibilidad y devastan nuestra felicidad y equilibrio emocional.

La mejor herramienta que tenemos está, cómo no, dentro de nosotros, y es la conciencia. Ser conscientes de que estamos emitiendo un prejuicio sobre una persona y cómo eso nos puede condicionar, darnos cuenta de que estamos deseando que una situación no suceda o no haya sucedido (y de la consecuencia negativa de resistirse ante la vida) o ser conscientes de que estamos generando una expectativa y cómo eso cierra nuestra mente y la convierte en rígida, es crucial, y de hecho, es la clave para desactivar el enorme poder que tienen sobre nosotros y sobre nuestra felicidad estos 3 hábitos tóxicos mentales.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La profundidad del mindfulness

La pasada semana he tenido el privilegio de participar en una formación intensiva de The Center for Mindfulness de la Universidad de Massachusetts para profesores del programa MBSR de mindfulness, el programa pionero creado por Jon Kabat Zin. Ha sido una mezcla entre curso de formación y retiro intensivo de práctica de meditación mindfulness, y los profesores han sido Florence Meyer y Saki Santorelli.

Estoy convencido de que los 120 participantes fuimos mucho más conscientes de la enorme profundidad e impacto social que está teniendo, y puede tener en el futuro, el mindfulness en el mundo. Sentirme partícipe de esta ola de personas comprometidas con el alivio del sufrimiento en el mundo, y con el desarrollo de la grandeza del ser humano, me emocionó intensamente. Estoy convencido de que lo que sucedió la pasada semana en ese lugar va a tener un gran impacto, no sólo en las vidas de cada uno de los que participamos, sino en las vidas de muchas personas con las que tenemos o tendremos contacto en el futuro. Sinceramente, estoy convencido de que el impacto se prolongará años, o incluso generaciones.

¿Y qué es lo que hicimos allí, en este curso llamado “MBSR en Medicina Cuerpo-Mente”? En primer lugar, mirar hacia dentro y hacia abajo, según palabras de Saki Santorelli. Según nos explicó maravillosamente, el único camino para vivir una vida plena es ir hacia dentro y hacia abajo, es decir, a nuestros sótanos oscuros (donde guardamos y ocultamos las heridas que arrastramos, las experiencias dolorosas, nuestras vulnerabilidades, inseguridades, miedos, creencias limitantes). Porque en la oscuridad más profunda es donde encontraremos la luz más brillante. O como dice Rumi en un poema: Si quieres la luna, no huyas de la oscuridad. Si quieres una rosa, no te escondas de sus espinas…”

Para ello, hicimos un viaje a través de la práctica intensiva del mindfulness, en sus distintas vertientes (meditación sentada, meditación caminando, yoga), para contactar con todo aquello que no queremos mirar en nuestra vida porque nos resulta incómodo o doloroso, pero también para contactar con la enorme grandeza que tenemos como seres humanos. Y en este sentido, lo que viví durante todo el curso me hizo reconectar con la fe en el ser humano, con la confianza en su inmenso potencial.

Todos tenemos una responsabilidad fundamental en esta vida. La responsabilidad de ser mejores cada día a nivel individual, para aportar al mundo lo mejor de nosotros, y así generar una influencia positiva para que este mundo sea un mundo más humano, más consciente, más compasivo, y más responsable. Y sólo podemos conseguirlo si miramos dentro de nosotros con humildad, con honestidad y valentía. No conozco ninguna disciplina más poderosa que el mindfulness en este sentido.

En definitiva, ha sido para mí una experiencia muy transformadora, gracias en gran parte al inspirador Saki Santorelli, que en cada frase, en cada gesto, desplegaba una sabiduría y una presencia impresionantes. Tuve muchos momentos emotivos, de conexión y empatía profunda con las personas que se atrevían a coger el micrófono para compartir experiencias tremendamente íntimas de sí mismos. O instantes de conexión íntima conmigo, cuando me dejé impregnar por las preguntas, citas, poemas, imágenes, anécdotas, o investigaciones científicas que nos trasladaron, así como cuando practiqué durante horas la meditación mindfulness.

Quizá podría concluir este post con el final de un poema de Mary Oliver que nos leyeron en el curso, y que dice:

“Dime, ¿Qué tienes planeado hacer
con tu única, salvaje y preciosa vida?”

Te traslado esta pregunta para tu reflexión personal.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

La fuerza del silencio y de “no hacer”

A primeros de agosto hice un retiro de meditación mindfulness (atención plena) de 5 días. En el retiro practicamos la meditación sentada, en periodos de 30 a 45 minutos, y también la meditación caminando, de forma intensiva durante todo el día. Había momentos para descansar, y cada día la maestra nos daba una charla sobre temas fundamentales, como el origen del sufrimiento, la felicidad, o cómo gestionar nuestros pensamientos y emociones.

No es el primer retiro que he hecho, ni será el último. Porque siempre constituyen para mí experiencias muy profundas y que tienen efectos importantísimos en el largo plazo, aunque no sea siempre consciente. En un retiro de este tipo no se habla, es decir, se hace todo en silencio. Se come en silencio, se camina en silencio, se medita en silencio, se escucha las charlas de la maestra en silencio.

Muchas personas dicen que les parece horroroso estar 5 días sin hablar, ¡¡y desconectado del móvil!!. Yo siempre creo que lo dicen porque no lo han experimentado nunca, ya que el silencio y la desconexión del móvil tiene unas enormes cualidades. Por ejemplo, te convierte en una persona más auténtica. ¿Por qué?

No nos damos cuenta de las máscaras que nos ponemos en nuestra vida para aparentar lo que no somos, para mostrar un personaje a la sociedad que cumpla con sus expectativas, y para complacer las normas y reglas sociales. Todo ello con el fin de sentirnos aceptados y queridos por los demás. En definitiva, sacrificamos la autenticidad por un “seudoamor” distorsionado y falso, en una especie de intercambio perverso que nos lleva a alejarnos cada vez más de nuestro ser.

Y eso lo hacemos, en gran medida, mediante la conversación social: contando nuestra vida, nuestros éxitos y experiencias, opinando, juzgando, comparando, etc. También proyectamos nuestro “personaje” cuando compartimos imágenes de nuestra vida “perfecta” en Facebook, Instagram o Twitter. O cuando hacemos algo sólo para complacer a los demás.

Por tanto, cuando estamos en silencio, no tenemos que hablar ni mostrar ninguna imagen “perfecta” de nosotros. No tenemos que cumplir con las convenciones sociales de tener que hablar, aunque no nos apetezca. Y es realmente liberador. Es muy liberador ser uno mismo, aunque también puede ser aterrador. Porque el silencio y las condiciones de un retiro intensivo de meditación provocan una conexión profunda con uno mismo. Y dicha conexión hace que veamos reflejadas también nuestras carencias emocionales, apegos, resistencias y miedos. Nuestra vulnerabilidad como seres frágiles que somos.

Después de experimentar varios retiros, estoy convencido de que nunca terminamos de conocernos. Siempre quedan cosas que descubrir, explorar, investigar y resolver. El autoconocimiento no tiene límites, y en mi caso, en este retiro he descubierto aspectos de mí que no me gustan, y otros que sí, he conectado con mis cualidades y también con mis debilidades. La clave aquí es permanecer abierto y compasivo con uno mismo y con todo lo que surja en el retiro.

Un retiro, por tanto, es como un viaje, tal y como nos dijo la maestra. Un viaje a nuestro interior, y en dicho viaje hay momentos dulces, y momentos amargos. Yo sentí paz interior, plenitud, felicidad, bienestar, y también miedo, preocupación, ansiedad, impaciencia. Como la vida misma. Sin embargo, al finalizar el retiro, y como siempre me sucede, me sentí eufórico, enérgico, con una enorme claridad mental y motivación para afrontar los desafíos de mi vida. Como decía antes, la experiencia es siempre transformadora. Y el silencio es un elemento esencial para que así sea.

¡No sabemos cuanto necesitamos silencio en nuestras vidas! Vivimos en medio de una sociedad frenética y ruidosa, y muchas veces generamos nosotros mismos ese ruido y ese movimiento sin sentido, porque nos incomoda el silencio y el hecho de parar y “no hacer”. Pero es el único camino hacia la autenticidad y la felicidad verdadera y duradera. Debemos buscar momentos frecuentes y regulares de silencio y de “no hacer”. Esto significa conectar con nuestro ser, al que se accede a través de la meditación mindfulness.

Quizá sea un buen propósito de inicio de curso el hecho de buscar un momento todos los días para “no hacer” nada, para estar en silencio con uno mismo, simplemente para ser. Y no me estoy refiriendo a un momento para sentarse y empezar a planificar, reflexionar, y hacer la lista de tareas. No, no tiene nada que ver con esto. Se trata de lo que promueve el mindfulness: estar presente de verdad con nuestra vida, de forma incondicional, con total aceptación, curiosidad y apertura.

Si ahora no tenemos esos momentos regulares de silencio y de “no hacer”, probablemente nos estemos perdiendo lo más importante: nuestra vida.

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JAVIER CARRIL. Conferenciante, Coach y escritor.

5 claves para escuchar de verdad

¡Qué poco escuchamos a los demás! ¡Cuanto déficit de escucha hay en nuestra sociedad! Y sin embargo, es una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar en nuestra vida. Repasemos en primer lugar sus enormes beneficios:

– Captamos la información importante, lo cual nos lleva a tomar mejores decisiones.
– Detectamos oportunidades que si no escuchamos pasarían por delante de nosotros sin darnos cuenta.
– Promovemos el trabajo en equipo y la colaboración con los demás, porque las personas quieren trabajar con nosotros.
– Entendemos mejor las necesidades de los otros, y por lo tanto, sabemos cómo cubrirlas más efectivamente.
– Si escuchamos de verdad a una persona, estará más dispuesta a escuchar nuestros argumentos y necesidades.
– Nos convertimos en personas más influyentes, tanto en la vida personal como en el trabajo.
– Potenciamos nuestra capacidad de liderazgo.

¿Y entonces por qué no nos esforzamos más por escuchar de forma profunda y atenta? Porque hay diversos elementos que nos distraen, tanto externos como internos. Y quizá porque no somos conscientes del impacto positivo que provocaría en nuestra vida y en nuestra carrera profesional el hecho de desarrollar esta habilidad de la escucha atenta.

Todos hemos experimentado, o lo experimentamos a diario, cómo tratamos de explicar algo a un amigo, a un compañero de trabajo, o incluso a nuestra pareja, pretendiendo que nos escuchen, y terminamos frustrados, tristes o enfadados porque no nos sentimos escuchados. Y es que el sentirse escuchado es una necesidad humana básica y común de todos. Debemos tener siempre muy presente esto: que estamos satisfaciendo una profunda necesidad humana de los demás. De ahí que aumente enormemente nuestra capacidad de influencia y liderazgo.

Pero ¿Cuales son las 5 claves más importantes a la hora de escuchar de verdad a los demás? A continuación te las expongo:

  1. Cuando escuches, sólo escucha. No te pongas a hacer tareas, ni mirar el móvil ni teclear en el ordenador. Todo eso lanza un mensaje nefasto a la otra persona, que interpreta que no te importa nada lo que te está contando, y pierde interés en compartir contigo sus reflexiones o necesidades no sólo ahora, sino para sucesivas ocasiones. La gente deja de acudir a ti para pedirte ayuda, consejo, porque sabe que no la vas a escuchar. Por tanto, escucha sin hacer otras cosas, escucha con toda tu atención y concentración.
  2. Elimina el ruido mental interno. El ruido mental interno es uno de nuestros principales enemigos, porque nuestra cabeza nunca para. El ruido mental implica tus pensamientos, preocupaciones, y también tus juicios, prejuicios y asunciones. Sin darte cuenta, tu mente rápidamente está pensando en otra cosa, y ya has dejado de escuchar. Y cuando prejuzgas, contaminas el contenido de lo que te están contando, y por tanto, terminas escuchando lo que quieres escuchar, no la auténtica información que te están dando. Recuerda, si tu mente está en otro sitio, aunque trates de disimular o asentir con la cabeza, los demás van a notar que no estás presente, que no estás escuchando de verdad. Y su opinión sobre ti se va a volver muy negativa, porque pensarán que no eres una persona centrada, equilibrada emocionalmente, o que eres alguien egocéntrico y poco empático.
  3. Conecta con el ser humano. Evita una escucha robótica, intentando comprender sólo a nivel racional el contenido de lo que te están contando. Ve más allá, interésate por el ser humano, trata de conectar con él, con sus necesidades y emociones. Se trata de una escucha no sólo cognitiva, sino emocional. Este tipo de escucha es la que moviliza a las personas, genera empatía e influencia en los demás, y promueve la colaboración.
  4. No interrumpas. Somos muy impacientes y ansiosos. La prisa y velocidad con la que hacemos todo la llevamos a la escucha, y no somos capaces de esperar a que terminen de hablar. Por tanto, nos impacientamos y empezamos a interrumpir, lo que demuestra una falta total de empatía y de interés por la otra persona. Hay una frase que muestra la esquizofrenia que inunda nuestra sociedad. “Me molesta que me interrumpas cuando te estoy interrumpiendo”.
  5. No dés tu opinión o consejos hasta que no te lo pidan. Nos precipitamos demasiado rápido a dar nuestra opinión, consejo, o a contar nuestra batallita (“Pues a mí me pasó también eso, y fue aún peor…”). Es como si quisiéramos coger el protagonismo de la conversación, o demostrar lo listos y experimentados que somos. El mensaje que estás dando es que eres un egocéntrico, y no te interesa lo que te cuenta la otra persona, sino sólo lo que tú dices o quieres demostrar.

Recuerda: los demás perciben rápidamente cuando no les estamos escuchando con interés. Aquí no vale con aprender una técnica y tratar de disimular y fingir que estoy escuchando, porque los demás se van a dar cuenta, no lo dudes. Si quieres obtener los beneficios enormes de una escucha atenta y empática, que enumeré al principio, no queda otra que entrenar esta habilidad día tras día, en todas las ocasiones que tenga, para ir mejorando y mejorando. Y para ello, puedes centrarte cada semana en una de las 5 claves que he mencionado, para ir entrenando cada semana un aspecto de la escucha plena. No sólo vas a notar el impacto positivo en tus relaciones con los demás, sino también en el trabajo, donde serás una persona más influyente, a la que la gente toma muy en cuenta y escucha con interés sus opiniones. Por tanto, más escucha, más éxito.

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