Aunque hay muchos vídeos sobre personas sin brazos o piernas que salen adelante e incluso escriben libros o se convierten en famosos, hace poco me impactó el caso de un joven chino que toca fantásticamente el piano con los dedos de sus pies, porque cuando era niño, por un desgraciado accidente, le amputaron los dos brazos.

Y me impactó porque en un reportaje declaraba que su madre, desde el principio, le dijo una y otra vez durante años la siguiente frase: “Tú no eres diferente a los demás”. También le decía: “Tienes que ser autosuficiente”. Aunque parezca sorprendente, estas frases han marcado la vida de este joven.

Este es el poder de una creencia. En este caso, su madre instaló en el cerebro de su hijo la creencia positiva de que “No era diferente a los demás”, aunque obviamente sí lo era, ya que carecía de sus dos brazos. Esta creencia influyó decisivamente en el comportamiento del joven, y le hizo aprender a comer y a manejarse por sus propios medios (es decir, con sus pies), a manejar su ordenador con los pies, y finalmente a tocar el piano con maestría.

¿Qué hubiera sucedido si la madre le hubiera repetido lo contrario? Es decir, “eres diferente a los demás, eres un discapacitado y por tanto, no puedes llevar la misma vida que tienen las personas normales…, etc.” Pues que evidentemente, el chico no hubiera aprendido a valerse por sí solo, no hubiera aprendido a tocar el piano porque ni siquiera se hubiera planteado la posibilidad de que pudiera. Seguramente, el mismo joven se hubiera sentido una víctima del mundo, de la mala suerte, y se hubiera compadecido de sí mismo echando a perder su vida.

Cuando una persona entiende el poder que tienen en su vida sus creencias sobre sí mismo y sobre la vida, puede revolucionar su vida personal y profesional. Porque una creencia no es la realidad. Una creencia es una convicción que hemos fabricado de forma artificial durante posiblemente toda nuestra vida, empezando por nuestra infancia: lo que nos decía nuestra madre sobre nosotros, lo que decían nuestros profesores, familiares, amigos, etc. Y a eso hemos sumado, como las capas de una cebolla, experiencias que reforzaban esa creencia. Y finalmente, hemos identificado creencia con realidad. No las diferenciamos.

Lo importante no es si una creencia es real o no. Lo importante es si nos está limitando y haciendo sufrir o, por el contrario, nos está haciendo crecer y disfrutar. Si es una creencia limitadora o destructiva, entonces debemos y podemos cuestionarla y sustituirla por una creencia potenciadora.

La clave es que cuando creemos que podemos lograr un objetivo, entonces lo logramos. Y si creemos que no podemos lograrlo, no lo hacemos. Por lo tanto, es decisivo que tengamos creencias potenciadoras sobre nosotros mismos y sobre la vida. Es decisivo porque esas creencias se convertirán en autoprofecías cumplidas.

En un proceso de coaching uno de los elementos esenciales que se trabajan son, precisamente, las creencias. Porque según son nuestras creencias, así vemos la realidad y así nos comportamos. Y si estamos creyendo ideas que nos perjudican, nunca podremos ver lo que hay al otro lado del espejo.

Al otro lado del espejo está tu yo fuerte, seguro y poderoso, que aparecerá de forma enérgica y rápida en cuanto le dés una oportunidad. Y esa oportunidad comienza al desafiar esas creencias, ese software que te han instalado desde la infancia, y que te ha estado frenando durante tantos años sin darte cuenta. ¿Te atreves a creer en algo diferente?

O mejor dicho…¿Te atreves a creer en alguien diferente al que has sido hasta ahora?

JAVIER CARRIL. Coach. Visita mi web: http://www.zencoaching.es/
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